27 mayo 2011

CHUCUITO













Leía estos días pasados diversos libros sobre la etapa colonial española en América, entre los que me resultó curioso un texto de Fray Reginaldo de Lizarraga, dominico, de nombre real Baltasar de Ovando (¿1545-1615?), sobre el Virreinato del Perú en una obra llamada "Cronistas que describen la Colonia". El texto que atrajo mi atención de modo particular tenía por título "De la laguna de Chucuito". Dice Fray Reginaldo:

"Es la más famosa del mundo y mayor, muy poblada por una parte y por otra. Tiene en torno, y si hablamos como marineros, de boj, 80 leguas y 40 de travesía; casi a la playa de ella están las poblaciones; los vientos causan en ella tormentas como en el mar, y aun más ásperas, por no tener puerto fondeable. Lo que sirve de puerto son totorales, que son una juncia gruesa como el dedo pulgar, y más; aunque allá dentro (digamos en alta mar) se hunda con vientos y tempestades, en llegando a la totora la ola, cesa toda tormenta; el agua es muy gruesa; nadie la bebe, con no ser tan salada como la del mar, es abundante de peces por la una y la otra costa. Algunas veces se mete tierra adentro, pero porque el camino de Inga (Inca) iba muy derecho, no lo torcía; antes, por medio de la ensenada, más o menos conforme a la derecera del camino, se proseguía, hechas a mano unas calzadas derechas como una vira, y a trechos sus ojos llanos, por los cuales corría el agua. Hay calzada de dos leguas y más, a lo menos, por el otro camino, llamado de Omasuyo; también las hay menores conforme a como es la ensenada; pero ya muchas de ellas por esta parte se han perdido por descuido de nuestras justicias, y se rodean en partes de más de dos leguas y en otras menos, y ver aquellas calzadas y caminos derechos es compasión"

Acababa de descubrir una descripción del lago Titicaca escrita en los comienzos del siglo XVII por un fraile colonial. Además me dí de bruces con un topónimo, Chucuito, que corresponde a una población, obviamente la misma que describe Lizarraga, en la que estuve el mes de octubre del pasado 2010 en el último día de sus fiestas dedicadas a la Virgen del Rosario. El ambiente era realmente auténtico y animado. Todo el mundo participaba en la música y el baile, en la comida y bebida. La banda que marcaba el ritmo era boliviana. Con parte de sus componente estuve un buen rato de plática y compartiendo alguna cerveza.

Se trata de un lugar de población muy antigua e importante, obviamente preincaica. Fue capital del reino Lupaca en el Tiahuanaco, aproximadamente 900 años antes de nuestra era. Lupaca era un reino de cultura aymara en la muga con la quechua, realidad que se mantiene actualmente en Chucuito.

Chucuito tiene un curioso "templo de la fertilidad" repleto de piedras talladas de muy diversos tamaños, pero todas ellas en forma de falo. Parece que el recinto donde se encuentran actualmente correspondió a un antiguo palacio llamado Inca Uyo, ya abandonado a la llegada de los colonizadores hispanos. La piedras son antiguas pero estaban dispersas por diversos lugares de su término y se han ido incorporando paulatinamente a los restos de este antiguo palacio, hasta formar una especie de "jardín fálico" de donde, posiblemente, proceda el nombre de "templo de la fertilidad".

Junto a este templo se encuentra una iglesia renacentista colonial, llamada de la Asunción. En en la parte derecha de su nave se puede contemplar una hermosa imagen de nuestro Francés de Xabier. En lo más alto de su torre se adivina otro falo que, desde la distancia, se puede suponer de buen tamaño.

Si se viaja por el entorno del Lago Titicaca merece la pena acercarse a Chucuito. Por lo menos en sus fiestas de la Virgen del Rosario.


Notas bibliográficas:

Carrillo E. Francisco. "Cronistas que describen la Colonia. Las relaciones geográficas. La extirpación de idolatrías". Lima 1990. Enciclopedia histórica de la literatura peruana. Editorial Horizonte.

Lizarraga, Fray Reginaldo (Ovando, Baltasar). "Descripción breve de toda la tierra del Perú. Tucumán, Río de la Plata y Chile".

17 mayo 2011

ENCUESTAS QUE ILUMINAN

He escuchado alguna vez a Angel Rekalde decir que los políticos utilizan las encuestas como los borrachos las farolas. Para apoyarse en ellas. Sin ser ni político ni borracho profesional, me voy a arrimar a una encuesta aparecida en un blog descaradamente amarillo (y rojo por lo de español) llamado “Navarra Confidencial”. En una entrada de la pasada semana publicaba una macroencuesta, “Pulso de España 2010”, organizada por la Fundación José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón.

En la encuesta, con todas las dudas sobre su fiabilidad, se refleja una vez más el valor que tiene la “navarridad” como factor identitario. Que en la actual Comunidad Foral de Navarra se obtenga que el conjunto de personas que se consideran “sólo españolas” o “más españolas que navarras” sea el 8% resulta un dato muy importante. Que en lo que llaman Comunidad Autónoma Vasca este resultado dé un 10% de suma de “sólo españolas” y “más españolas que vascas” también significa mucho. En Cataluña este dato supone el 19%.

El problema está en que esa “navarridad” resultante corresponde en muchas ocasiones a una caricatura de lo que supone ser, de verdad, navarro. Para eso hay que asumir el conjunto de su patrimonio, sea histórico, lingüístico o cultural. Esa es una labor difícil ya que quienes actualmente controlan los medios de esa parte que se sigue denominando Navarra procuran banalizarlo hasta el ridículo. De modo que consiguen una parodia de su realidad. Es un camino para afianzar su integración en la España imperial que la invadió y ocupó ya desde 1200, pero fundamentalmente desde 1512.

Algo semejante sucede con la visión de lo “vasco” desde lo que llaman Euskadi. Es evidente que la mutilación que supone para esa población y territorio la manipulación y ocultamiento de su historia como parte que fue del reino de Navarra, a través de su conquista en 1200 y de su posterior reorganización política y administrativa por Castilla, es un lastre que también dificulta el conocimiento propio que exige la propia dignidad y la autoestima.

Es significativo que los porcentajes sean tan similares en las dos partes en que quedó dividida políticamente Navarra… ¡en 1200! Este dato expresa con claridad la existencia de una cultura social y política en Vasconia diferente de la que impera en las tierras de su entorno, en España. La nación vasca -navarra- persiste con la tozudez propia de la realidad.

En cualquier caso, un resultado de este calibre implica una enorme dosis de deslegitimación para el Estado español. Que en una parte tan definida, por sí misma y por ellos –recordemos por ejemplo desde cuestiones ya antiguas, como el famoso Plan ZEN protagonizado por el PsoE de Felipe González, hasta sus políticas cotidianas más recientes en el ámbito de la persecución de medios y organizaciones relacionadas con la lengua y cultura vasca- manifieste en una sencilla encuesta un porcentaje tan bajo de adhesión identitaria a la nación de la que teóricamente forman parte indisoluble, es un fracaso de estrépito.

El problema está en que debería ser nuestra propia sociedad la que asumiera este hecho y fuera consecuente. La situación y las tendencias de la realidad mundial así como nuestra pertenencia obligada a dos de los estados más totalitarios de occidente nos ponen en grave riesgo de extinción como pueblo, como sociedad, como nación. Esta encuesta realza el papel que juega Nabarralde en estos momentos como medio difusor de un mensaje imprescindible para que Euskal Herria alcance el nivel de sujeto político capaz de lograr su emancipación a través de un Estado propio. El de Navarra, pensamos muchos.

13 mayo 2011

UNA REFLEXIÓN POLÍTICA

La actual estructura básica del Estado español es prolongación directa del sistema creado a partir de la sublevación y guerra consiguiente de 1936, en la que triunfó un modelo fascista. El vodevil que se desarrolló tras la muerte en cama del general y dictador Franco fue bautizado por sus protagonistas como transición democrática, cuando en realidad no depuró ninguna de las responsabilidades de su régimen y todos los poderes sociales y del Estado siguieron en las mismas manos. A la hora de definir la forma de su “nuevo” Estado optaron, en buena lógica, por seguir el modelo unitario del franquismo. En ningún momento se planteó como elemento democrático básico el reconocimiento, previo a cualquier nueva organización, de la existencia de las realidades nacionales vasca y catalana aceptadas, sobre todo de hecho, desde los tiempos de la 2ª república española y la guerra. Este axioma originario implica la inexistencia política práctica de Navarra o Cataluña. En su sistema no existen tales entidades políticas, si no es como “partes” de ese todo que es España. No existe ni el “pueblo vasco” ni el “pueblo catalán”, sólo el “español”, que es el que funda la legitimidad del entramado jurídico y legal de su Estado. En realidad fue una transición intratotalitaria en la que la sedicente oposición democrática lo único que hizo fue aceptar sus premisas y entrar en el juego. La constitución de 1978 refrendó, legal y jurídicamente, una estructura de poder y unas relaciones de fuerza previamente existentes, definidas y consensuadas entre el fascismo y la “oposición”.

Al principio, el “nuevo” régimen tuvo preocupación por los núcleos democráticos resistentes, sobre todo en Navarra y Cataluña. El PC y compañeros fueron rápidamente fagocitados. La sumisión inicial de las fuerzas catalanas resultó bastante sorprendente, pero así fue y hoy es el día en que están apareciendo estudios sobre aquella etapa y las cesiones que hizo Cataluña, como por ejemplo el reciente de Patricia Gabancho (2011). Los poderes del Estado español temían más la virtualidad vasca. Su previsible capacidad de movilización y oposición fue dilapidada en sucesivas convocatorias a votaciones y en la complementaria actuación de los “institucionalistas armados y no armados” (Iparla, 2011) En cuanto la “oposición vasca” aceptó la participación electoral en las votaciones convocadas y se descubrieron sus resultados, el régimen perdió el miedo. En las primeras elecciones tras la muerte del dictador, en 1977, hubo una abstención importante, aunque no multitudinaria. Menos aún, boicot. La trayectoria seguida desde entonces transcurre en una deriva cada vez más degradada. La subordinación total de cualquier poder, medio u organización a un ejecutivo apoyado indistintamente en sus fuerzas militares, policiales, judiciales y de intoxicación, expresa la realidad de su “división de poderes”. Es el reino de la arbitrariedad y de la corrupción. El Estado español impone su modelo castellanizante y homogéneo. Es, en resumen, un paradigma de Estado totalitario.

Todas sus actuaciones sobre Euskal Herria en los últimos tiempos (cierres de periódicos, ilegalizaciones de partidos y grupos etc.) remachan el mismo clavo pero no ofrecen novedad alguna respecto a situaciones pasadas. La naturaleza del régimen no se alteró por la anterior ilegalización de Batasuna, tampoco ha cambiado por la no aceptación de Sortu y la actual legalización de Bildu. Se equivocan de fórmula quienes hablan de “volver a la normalidad democrática”. No se puede hablar de normalidad, y menos de democracia, en un sistema originado en una rebelión militar, una guerra y posguerra genocidas, una dictadura militar fascista de treinta y cinco años y una transición que incluye las premisas de todas ellas. No se puede definir como democrática la situación de un régimen totalitario en función de que permitan participar a determinados sectores o no. Su naturaleza antidemocrática es previa a estas decisiones. Por eso con Bildu e incluso Sortu legalizados (cosa que sinceramente deseo a estos últimos, si ellos lo quieren así), confiar en convencer razonadamente al régimen de lo justo de las demandas vascas, es una tarea condenada de antemano al fracaso. Esperar ganarles en lo que denominan “confrontaciones democráticas”, votaciones a las que llaman elecciones, supone jugar en un terreno contrario, con árbitro casero y compitiendo uno contra diez.

La única forma de hacer frente a esta difícil situación es constituirse en agente político de verdad, con capacidad de llevar a cabo un enfrentamiento estratégico con el Estado español sobre todo, ya que es el que controla la mayor parte de nuestra población y territorio. La capacidad y fuerza social del pueblo vasco ha sido probada repetidamente en la última etapa histórica, pero lo que nunca ha logrado alcanzar es una cualificación política. No es una cuestión de “unidad de las fuerzas vascas”, sobre todo cuando se refiere a los aparatos burocráticos en que se han convertido los partidos políticos. Es una cuestión de unidad estratégica que ponga en valor la capacidad de la sociedad navarra del siglo XXI para constituirse como sujeto político. Cualquier “unidad” que se realice formalmente pero sin contenido estratégico no sirve para nuestra emancipación. Puede generar una ilusión temporal, pero vacía de contenido y de duración breve. La ilusión es necesaria, pero no debe ser consecuencia de espejismos o alucinaciones, sino de la puesta en marcha de un movimiento social efectivo que haga frente positivamente a las continuas imposiciones del Estado español.

Esto exige dejar de lado partidismos y sometimientos, muchas veces inconscientes de tan habituales, y liberar nuestras propias perspectivas individuales y sociales. Exige un debate profundo y democrático entre las personas y agentes que estén realmente por la labor de alcanzar la emancipación de nuestra nación. Obliga a reconocer el logro de un Estado propio como principal objetivo democrático y aceptar que cualquier otra situación, aunque mejore la actual, sólo podrá ser tolerada y aceptada transitoriamente, pero nunca como meta final propia. Debemos elaborar nuestra particular “hoja de ruta” hacia la independencia, en la que la coordinación de esfuerzos y el aprovechamiento de todos los recursos que ofrece nuestra capacidad son factores imprescindibles para afrontar con posibilidades reales de éxito una confrontación social ineludible. Este camino debe ser recorrido con base exclusiva en nuestra fuerza, aunque podemos y debemos tratar de lograr complicidades y apoyos tácticos con otras naciones sometidas a los mismos estados, como es el caso de los Países Catalanes. De igual modo puede suceder con otros pueblos europeos en situaciones similares, como Escocia o Flandes por ejemplo.

La situación política de Navarra es de extrema gravedad y en inminente peligro de desaparición del conjunto de las naciones europeas. Nuestros enemigos son fuertes, confiados en sí mismos y legitimados internacionalmente. Tenemos urgencia en utilizar nuestro demostrado potencial, con inteligencia y democracia. Bien sé que es fácil decir todo lo anterior sin plantear alternativas concretas, sin indicar, o atisbar por lo menos, cuál puede ser el camino a seguir. Ésta es una reflexión que debemos hacer los vascos conjunta y democráticamente. Como ya he indicado antes, el objetivo es la consecución de un Estado propio. Es también evidente que dentro del juego de partidos y votaciones impuesto por el Estado español, nuestras posibilidades son, por el momento, nulas. Es asimismo obvio el potencial político de nuestra sociedad civil. La creación de las ikastolas al margen del sistema educativo oficial hispano, el montaje cooperativo de Arrasate, la inmediata “resurrección” de periódicos como Berria y Gara tras los “asesinatos” de Egunkaria y Egin, las manifestaciones que convocaron, el movimiento de insumisión frente al Ejército español y otros muchos, son logros que no están al alcance de cualquier sociedad.

Tenemos capacidad para llevar a buen puerto cualquier plante, boicot o resistencia, activa o pasiva. Podemos conseguir ser ingobernables. Necesitamos inteligencia para dosificarlo y plantearlo en etapas alcanzables y con objetivos realistas. En este camino debemos olvidar los beneficios y prebendas derivados de la participación incondicional en el régimen del imperio. Es imprescindible dotarnos de una clase política cualificada y de unos líderes insobornables, con capacidad e ideas claras. Habrá sin duda fallos, fracasos parciales e incluso retrocesos, pero el logro de los objetivos parciales que se planteen provocará ilusión y posibilitará acciones cada vez más potentes y arriesgadas. Hace falta que lo queramos realmente. La libertad no se regala, hay que conquistarla. Pero merece el esfuerzo.

NOTAS

Gabancho, Patricia. "A la intemperie: una memoria cruel de la transició catalana (1976-1978)". Barcelona 2011. Columna Edicions S.A.

Iparla 10. 2011.

11 mayo 2011

DOS HERENCIAS

Los recientes resultados de las elecciones canadienses y escocesas están provocando comentarios variopintos en los medios de comunicación. Sobre todo en lo referente a Québec y, en concreto, a los resultados del Bloc Québécois dentro del conjunto del Estado canadiense y a los del SNP en Escocia. Cada cual intenta acarrear el agua a su molino. El unitarismo hispano resalta el fracaso del soberanismo québécois. El tibio posibilismo de los autonomistas de la CAV hace hincapié en que el triunfo de Salmond en Escocia no se debe a su inequívoco posicionamiento soberanista sino a una buena gestión económica de la autonomía. Desde perspectivas partidarias del acceso a un Estado propio en Cataluña se resalta su compromiso a convocar un referendo para determinar en esta legislatura el estatus deseado por los escoceses en su relación con el Reino Unido, mientras se relativiza el resultado de Québec. Y así sucesivamente.

Pocos son los que, además de reflexionar sobre los diversos resultados electorales de Canadá y Escocia, tratan de analizar la estructura real de poder de los estados de los que las dos naciones, Québec (Canadá) y Escocia (Reino Unido), forman parte. Tampoco de las respectivas culturas políticas de ambos. Prácticamente desde el comienzo de la baja Edad Media en el continente europeo se desarrollaron dos modelos de estructura de poder y de su correspondiente cultura política. Uno de ellos se manifestó en un eje que se podría denominar predemocrático, que comprende Gran Bretaña, Flandes, Norte del actual estado italiano, Cataluña y Navarra, caracterizado por un equilibrio entre los diversos poderes y con un sistema pactista como vía de afrontar los problemas internos. El otro, cuyo paradigma es Francia y de la que Castilla primero y España después fueron sucesivas y aprovechadas discípulas, desarrolló progresivamente el absolutismo monárquico para llegar al totalitarismo contemporáneo.

El primer modelo permitió, y permite hoy en día, desarrollar, aunque no sin conflicto, expresiones de la diferencia y de la variedad social, lingüística, cultural y religiosa, y llegó a situaciones de equilibrio democrático. Entretanto, en el segundo la disidencia fue, y sigue siendo, perseguida y aniquilada. El modelo británico fue el exportado al norte de América y posibilitó el desarrollo de sistemas políticos como el de Estados Unidos y el de Canadá. El segundo, básicamente el hispano, fue el hegemónico en el sur y centro del continente americano, incluyendo a México a pesar de ser, desde el punto de vista geográfico, parte de su norte.

Las secuelas de ambas formas de estructurar el poder político, las culturas políticas respectivas y sus herencias americanas se manifiestan con claridad en los dos conflictos políticos antes citados, en relación con los estados de los que forman parte. Las diferencias con las realidades catalana o vasca, divididas e integradas por fuerza entre los dos estados paradigma del absolutismo monárquico primero y del totalitarismo contemporáneo después, son evidentes. No sirve extraer conclusiones de unos casos para aplicarlas mecánicamente a los otros. Tampoco se pueden analizar las situaciones de Québec o Escocia con los parámetros derivados de la ocupación franco-española. Escocia y Québec requieren sendos análisis específicos, contextualizados y tranquilos.

Nosotros nos movemos en unas coordenadas completamente distintas de las de Escocia y Québec. La nuestra es una realidad aparte. Es todo lo contrario de lo que debe ser un Estado de Derecho: el imperio de la ley. Es evidente que en el Estado español no existe la famosa división de poderes con paternidad atribuida a Montesquieu. Son el ejecutivo y sus fuerzas militares, policiales y de intoxicación, quienes imponen su ley. Corresponde al reino de la arbitrariedad y de la corrupción. Es, en resumen, un modelo de Estado totalitario.

Detenciones, tortura y cárceles son sus medios cotidianos de comportamiento. La intoxicación informativa aliña la salsa correspondiente. Para que no quede elemento fuera de su control, cierran a su gusto medios de comunicación (Egunkaria, Egin…), ilegalizan partidos, asociaciones etc. Todo eso, sí, de modo preventivo. Incluso han inventado el concepto de “contaminación política”, que se extiende y ramifica a personas y grupos a través de familiares, amigos o vecinos. Todo son trampas, de manera que ellos ganan siempre.

La trampa más simple se encuentra en la base de su propia estructura política, que es el unitarismo de su Estado, la base constituyente de todo su proceso político: la soberanía del pueblo español, del que, obviamente, y querámoslo o no, formamos parte obligada. Esta premisa originaria implica la inexistencia política de Navarra o Cataluña. En su sistema no existen tales entidades políticas, si no es como “partes” de ese todo que es España. En ese no reconocimiento, imperialismo, radica su base antidemocrática fundamental. Brilla por su ausencia, por lo tanto, cualquier atisbo de cultura democrática.

Cuando las situaciones son tan alejadas, los análisis y las actuaciones políticas deben también ser distintos y acordes con las mismas. No podemos mirarnos tan sencillamente en los espejos québécois o escocés; es necesario que planteemos las alternativas y soluciones desde nuestra realidad concreta, aunque el objetivo, el Estado propio, sea el mismo.

09 mayo 2011

LA INVASIÓN DE NAVARRA


El posiblemente máximo experto, en la actualidad, sobre las cuestiones relacionadas con la conquista y ocupación de Navarra durante la etapa 1512-1530, Pedro Esarte Muniain, acaba de publicar un nuevo trabajo sobre el asunto con el título de “Breve historia de la invasión de Navarra (1512-1530)”. Ante la inminencia del 500 aniversario del inicio de la conquista resulta oportuna la presentación de una obra con este título, sobre todo si responde efectivamente a las expectativas que provoca el hablar de “breve historia”. Máxime cuando la principal y exhaustiva obra del autor “Conquista, ocupación y sometimiento militar, civil y eclesiástico” de 2001 resultaba, en cierto modo, intimidante por su magnitud.

Sin ninguna duda puedo afirmar que este último trabajo logra perfectamente el objetivo que se propone. Ofrece en poco más de 200 páginas una exposición completa y coherente de los principales acontecimientos sufridos por Navarra en el crucial periodo histórico en el que la mayor parte de lo que quedaba como independiente del reino pirenaico perdió su independencia política, su soberanía y pasó a formar parte subordinada de la monarquía española en la etapa de su expansión imperial.

La división en capítulos de la obra coincide, de forma muy didáctica, con las cuatro fases de la etapa que se estudia: la conquista de 1512 y el primer intento de recuperación el mismo año; la tentativa, rápidamente frustrada, de 1516; la liberación de 1521 quebrada con la trágica derrota de Noain y, por último el episodio de Hondarribia, culminado con la rendición de la fortaleza en 1524. En este último se incluye también la posterior evolución de las tierras de la Baja Navarra, abandonadas por los ocupantes españoles ante la imposibilidad de mantener la ocupación como consecuencia de la férrea oposición de sus naturales.

A pesar de no tener un capítulo aparte, que tal vez lo habría merecido, está el último apartado referente a las “Repercusiones de la colonización”. Constituye, sin duda un buen resumen de las consecuencias que para el reino supuso la conquista y ocupación por parte de Castilla.

En esta obra, resulta particularmente interesante la Introducción. Son ocho páginas claras, muy bien escritas, densas y de valor teórico, en las que se reflexiona sobre la tarea del historiador, la forma de historiar, el valor de las fuentes y las formas de interpretarlas, la impronta de la ideología propia de quien las escribe y de quien narra la historia. Es un texto sobre el que merece la pena detenerse, leerlo con tranquilidad y extraer conclusiones

En el libro, en el que apenas hay erratas, se encuentra una, curiosa, en la página 116 donde dice: “Valentín de Jaso relató en 1939 que todos los presos navarros –con la significativa excepción del mariscal Pedro de Navarra- fueron puestos en libertad unos meses después…". Es evidente que la fecha de 1939 queda por completo fuera de contexto. Pero no podemos saber en qué año Jaso redacto su texto.

Me parece un acierto el haber publicado ahora este libro, más aún dentro de la perspectiva de los fastos glorificadores con que nos amenazan las instituciones impuestas desde la legalidad española, con base en una legitimidad inexistente y que el trabajo de Esarte, con exposición detallada y rigurosa, contribuye a denunciar.

Referencia bibliográfica

Esarte Muniain, Pedro. “Breve historia de la invasión de Navarra (1512-1530)”. Pamplona-Iruñea 2011. Editorial Pamiela.

Otras obras de Esarte referidas al mismo asunto:

Esarte Muniain, Pedro. “Navarra, 1512-1530. Conquista, ocupación y sometimiento militar, civil y eclesiástico”. Pamplona-Iruñea 2001. Editorial Pamiela.

Esarte Muniain, Pedro. “Represión y reparto del Estado navarro (siglos XVI y XVII). La nación vasca, expolio franco-español”. Pamplona-Iruñea 2007. Editorial Pamiela.

03 mayo 2011

GERNIKA

A los 68 años del bombardeo de la ciudad símbolo del pueblo vasco, Federico Borras Alcain, presidente de la Asociación Vasca Urrundik de Paraná, Argentina, escribía en mayo de 2005 en el sitio web de EUSKOSARE:

El 26 de abril de 1937 era un lunes de mercado en la villa vasca de Gernika. La ciudad es un lugar sagrado. Allí se encuentra el Árbol de Gernika, símbolo de las libertades del pueblo vasco, ante cuya sombra los monarcas juraban respetar las milenarias libertades de los euskaldunes, costumbre que se remonta al año 1317. Bajo ese árbol, los representantes del pueblo se reunían en juntas, y según escribiera Rousseau, “siempre toman las decisiones más justas”.

Pero ese lunes no sería un día más para Gernika, ni para el resto de la humanidad. Pasadas las cuatro de la tarde, la villa sufriría la primera destrucción masiva contra una población civil indefensa producto de un bombardeo aéreo que registra la historia.


¿Qué es Gernika? Gernika es un lugar perfectamente ubicado en un entorno geográfico concreto; constituye el comienzo de la ría que forma el río Oka en su desembocadura al mar de Bizkaia, conocida como ría de Mundaka. El paraje, de extraordinario valor paisajístico y ecológico, es conocido como Urdaibai. En su entorno se encuentra la cueva de Santimamiñe, con restos y pinturas del Paleolítico Superior, entre 14.000 y 9.000 ANE. Gernika, Urdaibai, lugar sagrado de nuestros antepasados.

Gernika es una villa fundada en 1366 en el lugar de la anteiglesia de Lumo, cuya primera mención histórica aparece en el Cartulario de San Millán de la Cogolla y data de 1051. En esta población de tantos siglos y avatares, y posiblemente debido a su excelente ubicación, se comenzaron a reunir los junteros forales de Bizkaia en la etapa en que el sistema foral vasco se constituyó, durante el siglo XIV, como alianza de las villas con los monarcas castellanos, frente a los desmanes endémicos de los parientes mayores, en los que el mayor perdedor era siempre el pueblo llano.

Parece que existía en la anteiglesia de Lumo un robledal con una pequeña ermita en sus inmediaciones, la Iglesia Juradera de Nuestra Señora Santa María La Antigua. Andando los siglos, del robledal sólo se conservó un ejemplar: el Árbol Foral o Árbol de Gernika. Testimonios abundantes del siglo XVI indican que dichas juntas se realizaban “so el árbol”; es verosímil que fuera el mismo. El hecho es que, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el lugar en el que se juraban los fueros del Señorío de Bizkaia se fue transformando, por extensión de su significado, unido a toda la simbología ancestral del “árbol del mundo” o del “árbol originario” de tantas cosmovisiones, en el “Árbol” de los fueros.

El reencuentro entre los territorios segregados de Navarra y ocupados por Castilla durante los siglos XI y XII, que la ofensiva antiforal del poder del Estado español propició y que se expresó a través de las guerras carlistas del siglo XIX, elevó al Árbol de Gernika a símbolo del conjunto de los fueros vascos. La apoteosis se alcanzó gracias a un bardo, poeta y músico, voluntario carlista de la primera guerra, exiliado por necesidades políticas y económicas, de vida bohemia y, sobre todo, amante de la libertad: José María Iparragirre. Él compuso la letra y la música del “himno foral vasco” por antonomasia. El Gernikako Arbola. El zortziko-himno de Iparragirre arrasó. Se cantaba, todos puestos en pie, en cualquier reunión de carácter social o político de Euskal Herria en los siglos XIX y XX, por lo menos hasta que la llamada “Transición” de los años 70 del pasado siglo lo fue arrinconando.

Gernika y su Árbol fueron un símbolo de la libertad vasca. Muchos, casi todos, lo aprendimos en casa. Mi padre, carlista, de pie y con la cabeza descubierta como signo de respeto y acatamiento. Con él, abertzales de todo tipo y tantas personas de cualquier, o de ningún, pelaje político, pero todos vascos o vasconavarros. Gernika era un “lugar de memoria”.

El 7 de octubre de 1936, en plena guerra, se eligió en Bilbao, con participación de concejales de Araba, Gipuzkoa y Bizkaia, a José Antonio Agirre como lehendakari del Gobierno Vasco, por mayoría absoluta. Ése mismo día juró el cargo en la Casa de Juntas de Gernika, al pie del árbol. Gernika, lugar de los Fueros.

Gernika fue, por lo mismo, el lugar elegido por Franco para desmoralizar y humillar a los vascos. Siguiendo con la narración de Borras Alcain:

El corresponsal inglés Steer, entre otros muchos analistas, sostiene que el objetivo del bombardeo era desmoralizar a la población civil, atacando una ciudad símbolo para el pueblo vasco. El argumento bien puede enlazarse dentro de la blitzkrie aérea alemana, que combinaba no solo bombas rompedoras, incendiarias y ametrallamiento, sino también, cómo no, el terror.

…Winston Churchill lo diría mejor que nadie: “Gernika fue un horror… experimental."


Pablo Picasso afirmó: “No, la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo”. Su Gernika, cuadro pintado en los meses de mayo y junio de 1937, es alusión clara al bombardeo del 26 de abril de dicho año. Su interpretación puede ser objeto de polémica, pero su valor artístico está fuera de discusión. No sólo es considerado una de las obras más importantes del arte del siglo XX, sino que se ha convertido en un auténtico icono del mismo, símbolo de los terribles sufrimientos que la guerra infringe a los seres humanos. Gernika, lugar contra los horrores de la guerra.

Muchos otros artistas e intelectuales plasmaron el terrible suceso en sus obras. En 1966, un gran compositor donostiarra, Pablo Sorozábal, recogió la tragedia en “Gernika, marcha fúnebre vasca para una plantilla de txistus, trompas y tambores”, dedicada a su madre. Diez años más tarde, en 1976, realizó una segunda versión que subtituló “Eusko kantata para coro y orquesta” con alguna modificación del original. En la música se reconoce la melodía popular “Lurraren pean”, recogida por Sallaberry en Lapurdi. Se estrenó el 15 de enero de 1987. Gernika, también, lugar sonoro de memoria.

Artículo publicado en Haria, número 28, dedicado a Lugares de memoria. Mayo de 2011.

01 mayo 2011

INICIATIVA CATALANA POR EL ESTADO PROPIO

El sábado 30 de abril de 2011 se reunieron más de 1.500 personas convocadas por la Conferència Nacional per l'Estat Propi (MxI) en el Palau de Congressos de la Fira de Barcelona en Montjuic. Aprovechando mi estancia en Cataluña durante estos días tuve la oportunidad de acudir al evento y participar en un acto democrático de primer orden.

La sociedad catalana en estos momentos presenta algunos puntos de gran fortaleza. Uno de ellos es, indudablemente, su potencia intelectual para mostrar un discurso desacomplejado en favor de la necesidad de acceder a un Estado propio. Otro se refiere a la capacidad de movilizar en su defensa a una parte importante de la sociedad civil. El acto del pasado sábado se inscribe en este contexto. La convocatoria fue, en mi opinión , un éxito ya que concentró a más de 1.500 personas, al margen de partidos políticos, en la reivindicación de la independencia de la nación catalana.

La idea matriz de esta convocatoria radica en estructurar un movimiento que, con base en la antes citada capacidad de movilización de la sociedad catalana, sea capaz de reunir una Assemblea Nacional Catalana que proclame la independencia de Cataluña a través de un referéndum vinculante. Este poder ha sido puesto de manifiesto recientemente tanto en las consultas por la independencia celebradas en cientos de municipios catalanes, desde Arenys de Munt en 2009 a Barcelona en 2011, como en la multitudinaria manifestación del 10 de julio de 2010 como protesta contra la actuación general del Estado español frente a la nación catalana.

En el acto del pasado sábado se aprobaron, tras la correspondiente votación de las enmiendas presentadas, la Declaración de Principios, la Hoja de Ruta planteada y la elección de un Consejo Permanente formado por cien personas y una Secretaría de treinta. Se estableció el compromiso de un plazo de seis a ocho meses para convocar la ya citada Asamblea, bajo la responsabilidad de dicha Secretaría.

Muchas personas de gran peso en la sociedad civil catalana estuvieron presentes o dieron su apoyo a la iniciativa. Entre ellas estaba Lluis Llach quien, en un tono pausado y más bien plano según él mismo afirmó es su estilo, terminó con un emotivo discurso, en el que la reivindicación de la independencia fue la referencia central. En el mismo, Llach dijo que “si Kavafis (con relación a su “Viatge a Ítaca”) hubiera sido catalán y no griego, habría dicho viaje a Ítaca si , pero tan largo no”. Tras su intervención, el canto de Els Segadors constituyó la clausura del acto.

En el Palau de Congressos de la Fira de Barcelona no encontré ninguna persona de Euskal Herria salvo al incombustible Toni Strubell, que tantos años ha vivido entre nosotros, y que hoy ejerce de político en el Parlamento de Cataluña por Solidaritat per l'Independencia.

El sábado 30 de abril participé en un acto democrático de gran intensidad, aunque su su proyecto no represente al conjunto de las opiniones que hoy se expresan en el ámbito del independentismo en Cataluña respecto al modo de declarar su independencia. Hay muchos que creen que debe ser el propio Parlamento de Cataluña, el actual, quien la declare y, una vez consolidada a nivel internacional, convoque el referéndum. En el acto del pasado sábado 30 de abril se expresó otra vía, al margen de las actuales instituciones surgidas de la estructura política del Estado español, basada exclusivamente en la sociedad civil.

No me siento con criterio suficiente para juzgar cuál de ambas vías puede constituir el camino más positivo hacia la constitución del Estado propio en Cataluña, en el conjunto de los Países Catalanes; puede ser que ambas sean complementarias, o puede que surja otra diferente. En cualquier caso, lo mismo que en el caso vasco, en la realidad de la nación navarra, ha de ser la fuerza de la propia sociedad la que impulse y determine este acto de libertad, de constitución democrática.

UN MUNDO AL REVÉS

La prensa ha publicado estos días un artículo de Sabino Cuadra con el título “Érase una vez una lobita buena” que hace referencia a la conocida poesía de Goytisolo. Es triste pensar que la falta de originalidad no lo hace menos oportuno. Todos los días encontramos muestras de lo que Sabino nos recuerda. Ahí están las asombrosas (por no decir algo ofensivo) declaraciones de la señora Cospedal, Secretaria General del Partido Popular, que reclamaba la ilegalización de Bildu ante las próximas elecciones que se celebran dentro del ya muy restrictivo y antidemocrático, totalitario dirían algunos, régimen constitucional del reino de España.

Resulta sorprendente que una de las personas que quedaría ilegalizada, si el sistema político español accede a las presiones de la tal Cospedal, sería el actual alcalde de Gernika, la ciudad bombardeada hace 74 años por la Legión Condor bajo las órdenes del ejército sublevado el 18 de julio de 1936. Los generales Franco y Mola no sólo conocían la acción, sino que la habían planificado y ordenado. Fueron responsables directos de aquella atrocidad. Hoy es el día en que Alemania ha pedido perdón a Gernika por el brutal bombardeo, ya que alemanes fueron sus ejecutores inmediatos. Hoy es, también, el día en el que ningún gobierno del Estado español, ni ninguna institución del mismo, ha hecho lo propio.

Todo el actual sistema político español está basado en esa continuidad de poderes e instituciones que simbólicamente representa ese hecho de no haber pedido perdón por dichos actos criminales dirigidos contra la población civil. Entre ellos y en primera fila se encuentra, precisamente, el partido del que la señora Cospedal es Secretaria General. Resulta sangrante que la heredera política de quienes bombardearon Gernika en 1937 reclame en 2011 la ilegalización del alcalde actual de aquella villa, sin haber pasado nunca por una fase de solicitud pública de perdón y de arrepentimiento.

Por un lado puede parecer que estamos volviendo a una especie de punto de partida tras un largo recorrido en el que las cosas se complicaron por culpa de “los violentos” y en el que, los que quieren ejercer de compañeros de viaje de tales descarriados en su actual trayectoria, se ven por ello “contaminados”. Condenados, por lo mismo, a las tinieblas exteriores. La realidad es otra. No ha habido periplo. No hay una “vuelta”, ya que nunca ha habido una “ida”.

De pocos sistemas como del régimen español se puede decir con tanta propiedad la conocida frase del Príncipe de Salina en Il Gatopardo de Lampedusa: “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Y al final todo sigue donde estaba. El régimen de Franco se pudo maquillar e incluso travestir después de la muerte del dictador en su cama, pero la estructura social, económica y política profunda del Estado sigue estando en las mismas manos.

Los hijos de los que bombardearon Gernika son los que hoy piden la ilegalización de su alcalde. José Mari Gorroño, con el aire de quien no acaba de creérselo, lo ha dicho: “que dios nos coja confesados”. Es la frase justa de quien ha vivido toda su existencia con la memoria de los bombarderos en el cielo. Puede parecer un sarcasmo, pero es la cruda realidad de un sistema político totalitario surgido de la guerra y la muerte de inocentes, en el que impera la corrupción y la arbitrariedad. Y en el que la señora Cospedal aparece como la amenaza que asoma en el horizonte. Tantos años a vueltas con el terrorismo, es hora de preguntarse: las bombas de Gernika, ¿de quién son? ¿A quién amenazan?


Angel Rekalde y Luis M. Martínez Garate

28 abril 2011

EL ESTADO TE QUIERE A TI

Aunque tu no le quieras al Estado, ni tan siquiera desees tener un Estado, hay algún Estado que te quiere. Puede ser con uno de esos amores que matan, pero quiere apropiarse de ti. Entero y verdadero. En todos los ámbitos de la vida, los cotidianos y los menos cotidianos. Ya lo dijo Hobbes; “entre los monstruos fríos el más frío es el Estado” y tenía razón.

Entre nosotros hay mucha gente que afirma rotundamente: ¿para qué queremos un Estado? Y ahí está el meollo del asunto. No es que nosotros queramos o no un Estado, sino que siempre tenemos encima un Estado que nos quiere a nosotros. El mundo es así, y no hay espacios en blanco, o en gris, donde se pueda existir al margen de ellos. O tienes el Estado que tú eliges, o si te desentiendes tendrás el que otro elija por ti.

El Estado nos nacionaliza, nos chupa los impuestos y, en teoría, nos devuelve una parte en forma de prestaciones sociales, educación, sanidad, etc., y de conceptos inmateriales como defensa, seguridad, cohesión social, sentido de pertenencia o la identidad. Y encima se lo anota en su “haber”, en forma de presunción de eficiencia, legitimidad, orden...

El problema surge cuando las prestaciones sociales que genera el “monstruo frío”, tangibles e inmateriales, se manifiestan contrarias a la de la sociedad que lo sostiene. Que le paga con sus impuestos. Es lo que ocurre cuando una sociedad no encaja en los proyectos de sus élites, quizás porque pertenecen a otro grupo social y tienden a promover lo que les conviene. Es un conflicto de poder y de intereses. Efectivamente, un sistema educativo que favorece a la nación dominante, unos medios de propaganda que la ejercen descaradamente en favor de su identidad (y en contra de la que no tiene medios para imponerse), un sistema judicial claramente estructurado para penalizar a los dominados y unas fuerzas represivas en el mismo sentido, sólo pueden ir al “debe” de la sociedad subordinada.

Ejército, policía, sistema judicial por un lado. Lengua, educación, medios de comunicación y propaganda, por otro... Pueden ser servicios si responden a los intereses de una sociedad dada. Pero serán cargas opresivas, insoportables, cuando responden a los intereses de un grupo nacional extranjero con intenciones asimiladoras.

Recuerdo hace bastantes años un eslogan del Pnv que decía “Euzkadik behar zaitu”. Hoy no hablaríamos de “Euzkadi” sino de “Navarra”, “Euskal Herria” o “Nafarroa”. Pero hay algo que se sobrepone a esa necesidad que es el querer. El Estado te necesita. Estatuak nahi zaitu. Nadie puede permanecer al margen de esa querencia. Por eso precisamente es necesario tener un Estado propio. Si no lo tienes, los que ejercen esa función porque así se lo han propuesto te quieren para ellos. Para pagar sus impuestos, para chuparte la sangre, para engrandecerse, sí, pero, sobre todo, para que sirvamos como un eslabón más en su proceso nacionalizador, español o francés, en la asimilación en sus respectivas sociedades y en la aniquilación de la nuestra.

El Estado te quiere, te necesita. Pero una condición necesaria para que eso funcione sin que destruya la sociedad que lo sostiene es que tú lo legitimes, que lo admitas, que quieras al Estado, aunque sea con todas las reticencias que merece el “monstruo frío”. Es necesario que en cierto modo sea “tuyo”, que permita el desarrollo equilibrado de la sociedad, de su lengua y cultura, de su presencia como sujeto en el mundo. Y para eso, es necesario un Estado propio. Podemos decir que “el Estado te necesita”, pero si es un Estado que va a la contra de nuestra sociedad, nos sobra, lo rechazamos. Para legitimarlo tenemos que utilizarlo como nuestro, para nuestro bien y nuestra defensa. La necesidad es recíproca y entonces la querencia, relativa siempre, será también reciproca. Siempre, por supuesto, un amor por interés.

Eneko Urliaga

30 marzo 2011

TESTAMENTOS REALES


La reciente aparición del trabajo de Iñigo Bolinaga El Testamento supone una lectura renovada de la conquista de Navarra en 1512. Poco se ha escrito sobre este asunto en clave narrativa con tanto rigor histórico como el relato de Bolinaga.


La desazón y el apremio de los gobernantes de Castilla tras los procesos bélicos en los que sus ejércitos conquistaron y ocuparon los territorios navarros, aunque siempre fuera bajo el señuelo de incorporaciones “voluntarias” o “de igual a igual”, es un asunto al que los navarros de hoy deberíamos prestar más atención. Efectivamente, tanto tras la conquista de su parte occidental en 1200, de la que se habló desde Castilla como “voluntaria entrega”, como la de la oriental en 1512-29, de la que se dijo fue “equae principal” (“entre iguales”), tenemos constancia histórica de sus remordimientos de conciencia.


Sabemos perfectamente que ambos acontecimientos históricos estaban motivados por las ambiciones políticas de Castilla. En ambas situaciones primó el interés de su Estado sobre cualquier consideración de justicia. En el primer caso, en 1200, reinando en Castilla Alfonso VIII, se trataba, entre otras cuestiones, tanto de lograr un acceso al mar como el de negárselo a Navarra. En el segundo, en 1512, el objetivo era evitar la existencia de un Estado independiente en la zona pirenaica occidental que el incipiente imperio español consideraba estratégico para sus ambiciones europeas y peligroso por su independencia y relaciones, sobre todo, con la monarquía francesa. Reinaba en España Fernando II de Aragón y IV de Castilla.


Es conocido que en 1204, ante una grave enfermedad, Alfonso VIII de Castilla hizo un testamento en el que prometía devolver a Navarra todo lo que ocupó en 1200, si “Dios le devolvía la salud”. Don Alfonso recuperó la salud pero olvidó por completo la promesa hecha en situación tan delicada.


En 1512, Fernando, llamado el Católico, ocupó Navarra e inició una guerra para lograr estabilizar su dominio. Fernando falleció en 1516 y su nieto y sucesor, el emperador Carlos, continuó la ocupación del reino. Carlos dictó testamento en 1554 en Bruselas, en el que constaba:


En lo que toca al reino de Navarra, nos remitimos a lo que va escrito en una hoja suelta, firmada de nuestro nombre, inclusa en este testamento, y aquello mandamos que se cumpla como cláusula y parte de él.

La hoja suelta desapareció, aunque existe una copia del siglo XVII en la que se afirma que decía:


En lo que toca al reino de Navarra… para mayor seguridad de nuestra conciencia encargamos y mandamos al serenísimo Príncipe don Felipe, mi hijo y sucesor en todos nuestros reinos y señoríos, que haga mirar y con diligencia examinar y averiguar ella; y sinceramente, si de justicia y razón seré obligado a restituir el dicho reino…


Felipe II llegó a las puertas de la muerte sin haber resuelto nada al respecto, pero en 1597, último año de su vida, parece que tuvo algún escrúpulo y encargó a su vez a su hijo Felipe que abriera una encuesta y debate sobre el citado asunto. Felipe II murió en septiembre de 1598 y, ya en noviembre, Felipe III convocó un “consejo de expertos”, cuya lista estaba prácticamente cerrada en las disposiciones testamentarias de Felipe II. Esta junta dictaminó el 28 de noviembre de 1598 que todo estaba en orden, que la conquista había sido justa, oportuna y políticamente provechosa, para Castilla, obviamente. Las almas del emperador Carlos y de su hijo Felipe II podían descansar tranquilas en el cielo; y la de Felipe III, tras descargar su conciencia, en la tierra.

El dictamen de los expertos se conserva en los archivos en forma de texto, que como todos los escritos oficiales y más aún los del siglo XVI, resulta tedioso. Con base en el contenido del dictamen y a sus amplios conocimientos de historia, como profesional que es, Iñigo Bolinaga ha construido una magnífica fabulación de los debates que sostuvieron durante aquel mes de noviembre los comisionados. Bolinaga pone en boca de todos y cada uno de ellos las razones que favorecían a Navarra y las que Castilla utilizaba para respaldar su agresión. La narración es amena, de una gran frescura, a pesar de mantener con precisión los conceptos y expresiones de la época en la que se desarrolló el debate. Además, responde a una construcción histórica ajustada a la realidad. Es destacable la ironía que utiliza Bolinaga cuando da forma a los razonamientos justificativos de la conquista.


Considero un acierto la publicación de este trabajo y su divulgación para dar a conocer de modo informal las tramas y tretas de los episodios de 1512-29, de gran importancia. Es “como” una novela ya que su estilo narrativo no es el habitual de un historiador profesional. Los diálogos de los expertos protagonistas son evidentemente inventados, pero el relato es fiel a una realidad histórica que nos han intentado ocultar a los navarros durante muchos siglos. Merece ser leído con calma y ocupar un puesto destacado en nuestra biblioteca.


Merece la pena destacar que, a diferencia de otros reyes, Fernando nunca tuvo remordimientos ni escrúpulos.



Referencia bibliográfica

Bolinaga, Iñigo. “El Testamento. Cómo zanjó Castilla la cuestión sobre la legitimidad de la conquista de Navarra”. Andoain, 2011. Txertoa

24 marzo 2011

LA INEFABLE INFINITUD DE SANTI LEONE

“Beharbada Nafarroaren konkistak badu bere alde ona ere. Euskaldun guziok batuko zituen (edo ez) Estatu baten faltan, guzion iruditerian habia egin lezakeen balizko Estatu erdi-mitikoa dugu” (Memoriaren konkista. Berria).

Decía Einstein que hay dos cosas infinitas; el universo y la estupidez humana. “Y del universo no estoy seguro”.

Por suerte Leone se ha propuesto que de la memez humana no tengamos la menor duda. Con lo ingenioso que es (irudimentsu, alardea literalmente de sí mismo) está claro que invierte toda su imaginación en demostrar que puede ir más lejos que Einstein en sus mejores conjeturas.

No me imagino a los judíos especulando con que el Holocausto tuvo su lado positivo (¡Tus muertos!). Ni a los armenios calculando el aspecto beneficioso de su genocidio turco. Ni a los nativos de América valorando la porción de suerte que les cayó encima con la aparición de las naves de Colón en sus costas y su inminente exterminio. Pero debo suponer que la infinitud que proponía Einstein da para mucho.

Es curioso el predicamento que tiene Leone en el mundo abertzale y euskaltzale, y que tan animosamente utiliza para arrojar piedras al propio tejado del país. Resulta inquietante que todas sus aprensiones metafísicas en estos lugares de la memoria histórica le asalten por el lado de Nabarralde y de quienes valoran que Euskal Herria haya tenido un lugar en la historia en términos de independencia, soberanía, presencia internacional y estas ocurrencias. Y en cambio no se le escape el menor comentario cuando el nacionalismo español y el navarrismo de tradición cunetera están celebrando con todos sus medios y recursos la conquista de 1512, o la vinculan con la batalla de las Navas de Tolosa, victoria rancia de la cristiandad contra el sarraceno, efeméride racista donde las haya. En esos vomitivos eventos el ingenio de Leone sólo ve pulgas en los esfuerzos de Nabarralde por despertar una conciencia crítica que nos permita entender los orígenes de la situación actual y nuestra ubicación (indeseada en mi caso) en el Reyno de España.
Resulta divertido que ahora distinga en Nabarralde entre buenos y malos (zintzoak eta besteak); como otros nos han clasificado –en esta larga travesía- entre duros y blandos, moderados y radicales... Esperemos que esta clasificación objetivadora no llegue a la conclusión habitual de quienes, cuando descubren en el horizonte una turba de contrarios, acaban pensando que el único indio bueno es el indio muerto.

Preocupante, de verdad, que Berria le publique sus gracias.

Josemi Mtz Urmeneta

Completamente de acuerdo,
Luis María Martínez Garate

SANTI LEONEREN IRUDIMEN IRUDIMENTSUA

“Beharbada Nafarroaren konkistak badu bere alde ona ere. Euskaldun guziok batuko zituen (edo ez) Estatu baten faltan, guzion iruditerian habia egin lezakeen balizko Estatu erdi-mitikoa dugu” (Memoriaren konkista. Berria)

Einsteinek zioenez, bi gauza dira infinituak: unibertsoa eta giza ergelkeria. “Eta unibertsoarenaz ez nago ziur”.

Santi Leonek, baina, giza ergelkeriari dagokionez zalantzarik izan ez dezagun nahi du itxuraz. Hain irudimentsua izaki (hala dio harro-harro), irudimena Einstein baino urrunago irits daitekeela frogatzeko erabiltzen du, antza.

Izan ere, ez ditut irudikatzen juduak Holokaustoaren alde onari buruz espekulatzen (bai zera!). Ez eta armeniarrak turkoek eragindako genozidioaren alderdi onuragarria kalkulatzen ere. Ez eta Ameriketako indioak, Kolonen ontziek ekarritako sarraskien ondoren, beren zorte ona aintzakotzat hartzen ere. Einsteinek aipatzen zuen infinitutasunak halako gauzak dakartza, ordea.

Bitxia da Leonek mundu abertzale eta euskaltzalean duen ospea, herriaren teilatura harriak alaiki botatzeko erabiltzen duena. Gogaikarria da oroimen historikoari buruz dituen irudipen eta ustekeria metafisiko guztien jomuga Nabarralde eta Euskal Herriak historian bere lekua izan duela (independentzia, subiranotasun, nazioarteko presentzia eta abarri dagokionez) uste dutenak izatea. Eta, aitzitik, txintik ez esatea nazionalismo espainola eta tradizio faxistako nabarrismoa bere baliabide eta bitarteko guztiekin 1512ko konkista ospatzen ari direnean, edota Navas de Tolosako gudua goraipatzen hasten direnean, sarrazenoen aurkako kristiandadearen garaipen zaharmindua alegia, ospakizun erabat arrazista, ezer izatekotan. Ekitaldi okaztagarri horien aurrean, baina, gure gaurko egoeraren sorburua eta Espainiako Erreinuan dugun lekua (nahi ez duguna) ulertzeko kontzientzia kritikoa pizteko Nabarraldek egiten duen ahalegina erretolika hutsa da Leone irudimentsuarentzat. Gauza barregarria da orain Nabarralden “zintzoak eta besteak” bereiztea, beste zenbaitek ere, ibilbide luze eta gogor honetan, horrela sailkatu baigaitu: gogorrak eta bigunak, moderatuak eta erradikalak... Espero dezagun sailkapen hori ez iristea, urrutian arerio piloa ikusten dutenean, indio zintzo bakarra indio hila dela pentsatzen dutenen ondorioetara.

Kezkagarria, benetan, Berriak xelebrekeria horiek argitaratzea.

Josemi Mtz Urmeneta

Erabat ados nago,
Luis María Martínez Garate

22 marzo 2011

EL INNOMBRABLE

Con este título cerró Samuel Beckett en 1953 la trilogía que constituye una de sus obras más importantes (“El innombrable”, junto con “Mohillo” y “Malone muere”). En el caso de la invención de Beckett, lo que no se puede nombrar es un algo que existe, piensa y reflexiona, pero que no tiene forma o, si la tiene, es indefinida, aunque es capaz de hablar consigo mismo. Aquí, con el mismo título, vamos a intentar una aproximación a una fábula distinta; a una ficción que podría tomar forma concreta, a una quimera que en sí misma ni piensa ni reflexiona, pero sobre la que algunos intereses tangibles y próximos piensan, especulan y manipulan.

Podemos hablar sobre un supuesto lugar situado en la costa de un mar en el que otrora se avistaban, y posteriormente se cazaban, ballenas. La ubicación de sus acantilados lo facilitaba. Su altura sobre el mar y la ausencia de edificaciones importantes los hacía bellos, pero también estratégicos. Militares ocupantes utilizaban parte de sus tierras desde bastante tiempo atrás como campo para sus ejercicios bélicos. Tras sus acantilados se ocultaba la desembocadura de un pequeño río que al transformarse en ría a la proximidad del mar, fue convertido, gracias a la laboriosidad de la sociedad que habitaba su entorno, en un puerto de primera magnitud, por supuesto también ficticio.

Estos hipotéticos lugares, incluido el puerto, formaban parte de una imaginada nación que había sido independiente, pero que fue despojada de su ilusorio Estado y sometida a unos aparentes poderes extranjeros que consiguieron subordinarla y trocearla en artificiosos territorios cuyas identidades particulares fueron atizadas para lograr enfrentarlas entre sí, mientras su conjunto aceptaban dócilmente la sumisión al benevolente Estado que la había conquistado.

El ficticio pueblo conquistado tenía una fuerte personalidad y una cultura social y política consistente. Su sociedad había logrado un buen nivel de desarrollo económico, del que un ejemplo era el propio puerto que se encontraba protegido por los estratégicos acantilados. Pero había otros muchos ejemplos de su etérea actividad. Concretamente, en el mundo de los puertos de mar tenía otros dos en sus proximidades, en la misma figurada nación, bien equipados y dispuestos a prestar los servicios necesarios para competir eficazmente en la prodigiosa y utópica época en la que sucedían los hechos narrados.

Además de su sumisión a unos estrictos intereses extranjeros, la imaginada nación había generado una prodigiosa casta de constructores que habían hecho del ladrillo y el cemento su medio principal de amasar fabulosas riquezas. En ese fantástico mundo y en la legendaria nación de la que hablamos había sucedido un fenómeno que los fatuos expertos de la época llamaban crisis. Fenómeno que afectó de forma importante a la portentosa casta constructora.

La asombrosa casta comenzó a hacer rumiar su magín y encontró lo que los alquimistas medievales hubieran llamado sin dudar su piedra filosofal. “Vamos a edificar un puerto de dimensiones colosales” se dijeron, discípulos de los antiguos judíos que narra el Génesis (11,4), “para seguir enriqueciéndonos”. Y definieron un plan en el que se horadaría el monte innominado, desde el interior hacia el mar y bajo los acantilados que antes avistaron ballenas y barcos, amigos y enemigos, y se construiría un enorme “puerto exterior”. No les importaba el servicio que su proyecto pudiera reportar al pueblo que vivía en aquella imaginada nación. Tampoco se plantearon si la fantástica obra que planeaban construir era necesaria, ni los destrozos paisajísticos y ecológicos, esos sí reales, que pudiera a acarrear, ni los costes sociales, también tangibles y ciertos, que posiblemente produjera sobre la sociedad concreta que albergaban aquellos viejos (desde el punto de vista geológico) acantilados y el antiguo (desde el histórico) puerto. Sólo les preocupaba su insaciable voracidad de cemento y ladrillo y su sed de enriquecimiento. Recordaban al viejo Marx, cuando decía proféticamente: “¡acumulad, acumulad, he ahí la ley y los profetas!”

¿Todo lo narrado es pura invención, simple fábula? ¿O sencillamente innombrable? El tabú tampoco se puede mencionar, ni tocar. Y de eso hablamos.


Notas
1.- Si alguien a estas alturas alguien sigue sin aclararse de qué estoy hablando, puede consultar mi blog en el que con el título de “Una piedra en el camino” aparece un texto muy explícito. Fue enviado, sin éxito de publicación, a los periódicos que normalmente se publican en el figurado territorio en el que se encuentran los acantilados imaginarios y el puerto ficticio. ¡Qué poca imaginación tienen nuestros periódicos!

2.- De la prensa del domingo 20 de marzo de 2011: Diario Vasco, Noticias de Gipuzkoa

27 febrero 2011

¡CARAMBA, QUÉ COSAS LEES!


Víctor Alexandre
Escritor y periodista
“¡Caramba, qué cosas lees!”, me han dicho algunas personas, en Cataluña, al verme con el libro “Síntesis de la historia de Navarra”, de Luis Martínez Garate. No, no había nada peyorativo en el comentario. Simplemente les llamaba la atención que alguien como yo, que no soy vasco, me interesara por la historia de otro país. Creo que habrían dicho lo mismo si el libro hubiese sido una síntesis de la historia del Tíbet o del Senegal. Es decir, que lo que sorprende es que alguien pueda sentir interés por la historia de un país que no es el suyo. Es un prejuicio que denota apatía hacia las realidades que consideramos lejanas, no hay duda, pero está tan extendido que nos parece normal. De todos modos, hay algo mucho más grave que todo eso. Algo muy propio de las naciones sin Estado, o, como diría el historiador Tomás Urzainqui, de las naciones que en realidad son estados secuestrados por otros estados. Me refiero al desconocimiento de la propia historia. Fijémonos que son mayoría los catalanes y vascos que ignoran la historia de su país, más allá de un par de episodios o fechas relevantes. Saben más cosas, naturalmente, pero se trata más bien de cuestiones de carácter cultural que, además, les resulta muy difícil desligar de España –si son catalanes o vascos del sur– o de Francia –si son del norte. Son demasiados años de escuchar el mismo mensaje oficial y de vernos sometidos a la formación del espíritu nacional español.

Sin embargo, una cosa es lo que nos han obligado a interiorizar y otra muy distinta la realidad histórica. No hay más que ver a que extremos está llegando la alianza nacionalista española en Euskadi entre el Partido Socialista y el Partido Popular. Franco estaría orgulloso de ellos. Nada más llegar al poder –amordazando antes a un sector de la sociedad vasca– han comenzado a llenar el país de banderas españolas y a criminalizar, despreciar o folklorizar todo lo que es euskaldun, aislando las ikastolas, españolizando la enseñanza, llevando a cabo una caza de brujas en las emisoras vascas contra la izquierda abertzale y el PNV y desarrollando un programa de desnaturalización del país. No se podía esperar otra cosa, teniendo un nacionalista español como lehendakari.

A pesar de ello, no creo que haya motivos para sentirse intimidado. Basta con darse cuenta que alguien que necesita prohibir el voto a una parte de la ciudadanía para poder ganar unas elecciones no sólo es un totalitario, también es un tigre de papel, un alfeñique cuyo poder tiene los días contados. Al fin y al cabo, su fuerza se nutre únicamente de todo cuanto ignoramos de nosotros mismos. O, dicho de otro modo, es nuestra propia ignorancia lo que nos debilita. Por suerte, hay diversas maneras de invertir esa tendencia, y una de ellas es el libro que he mencionado de Luis Martínez Garate.

“Síntesis de la historia de Navarra”, publicado por Nabarralde, tiene, de inmediato, dos grandes valores. En primer lugar, combate la ignorancia; y, en segundo, transforma en autoestima la inseguridad inherente a esa ignorancia. Es obvio que el nombre de Navarra, en este caso, no se refiere tan sólo a la parte del país que hoy lleva ese nombre, sino a todo el pueblo vasco: “Todos los navarros somos, lingüística y étnicamente, vascos. También todos los vascos somos navarros desde el punto de vista político”. En el libro, además de los datos y la narración de los diversos episodios que configuran la historia de Euskal Herria –“Un reino soberano”, “La evolución vascongada”, “La conquista de 1512”, “Una cultura que asombró al mundo”, “El ataque a los fueros y su destrucción”...–, Martínez Garate hace reflexiones muy interesantes que me gustaría aproximar al lector. Esta es una de ellas: “La percepción que tiene cualquier sociedad sobre los hechos o lugares que marcaron hitos de su vida común es lo que constituye la memoria histórica y los lugares de memoria que la definen. Cuando la memoria se refiere a situaciones de injusticia, opresión o sufrimiento y dolor tiene, para los que las soportan, un valor reivindicativo que les permite acceder a la reparación de los agravios padecidos y a su liberación. Los vencedores tienden a borrar o desfigurar la memoria de los derrotados. Si lo logran, han triunfado en una segunda, y tal vez definitiva, ocasión. La labor de la historia consiste en poner en su sitio a la memoria, sobre todo en un caso como el nuestro, en el que la manipulación de los hechos por parte de los vencedores ha buscado por todos los medios la distorsión de nuestra memoria y su integración en su sistema cultural, social y político”.

Y esta es otra de las reflexiones: “El valor de la historia estriba en llegar al conocimiento del proceso que nos ha permitido construir el ‘nosotros’ actual, con la lengua y patrimonio que poseemos; con la cultura social y política que define nuestra sociedad y los conflictos en los que participamos y, tantas veces, sufrimos. En resumen, consiste en acceder a una explicación y comprensión de quiénes y por qué somos así, aquí y ahora, y servir de apoyo para la proyección del porvenir que necesitamos construir. Es una forma de aclarar algo tan importante, al mismo tiempo que denostado por los que la tienen ya garantizada por su propio Estado, la propia identidad. Ninguna sociedad sin una percepción clara de su identidad tiene futuro”.

Un libro de consulta necesaria y un magnífico antídoto contra quienes afirman que la nación de los vascos es España. Es decir, el nacionalismo español y su corte vasca de aduladores.

BERRIA 27/02/2011

Versión en euskera
Versión en catalán

ARRAIOA, HORI DA HORI IRAKURGAIA!


Victor Alexandre
Idazlea eta kazetaria

Arraioa, hori da irakurgaia darabiltzazuna!», esan izan didate zenbaitek, Katalunian, Luis Martinez de Garateren Síntesis de la historia de Navarra (Nafarroako historiaren laburpena) liburuarekin ikusi nautelarik. Ez, ez zegoen ezer gaitzesgarririk haien iruzkinetan. Besterik gabe, atentzioa ematen zien, esaterako, nik, euskalduna ez izanda, beste herrialde batekiko jakin-mina izatea. Uste dut beste horrenbeste esango lidaketela Tibeteko edo Senegalgo historiari buruzko liburu bat izango balitz ere. Alegia, harrigarria da norbaitek berea ez duen beste herrialde batekiko jakin-mina sentitzea. Aurreriritzi bat da, urrutikotzat dauzkagun errealitateekiko apatiaren adierazgarri; ez dago horren zalantzarik, baina normala iruditzen zaigu, hain baitago zabaldua. Nolanahi ere, bada hori baino askoz ere larriagoa den zerbait. Estaturik gabeko nazioek oso berezkoa duten ezaugarri bat, edo, Tomas Urzainki historialariak esango lukeenez, egiaz beste estatu batzuek bahituta dauzkaten estatuena. Norbere historiari buruzko ezjakintasunaz ari naiz. Errepara diezaiogun katalan eta euskaldun gehienek ez dakitela beren herrialdeko historiaren berri, pasarte eta data nabarmen pare batez harago. Askoz kontu gehiago dakizkite, jakina, baina kultura alorrekoak dira, nolabait; gainera, oso nekez bereizten dituzte Espainiatik —katalanak edo Hegoaldeko euskaldunak baldin badira— edo Frantziatik —Iparraldekoak baldin badira—. Urte gehiegi dira, beti mezu ofizial berbera entzuten eta geure burua espiritu nazional espainola eratzera behartuta ikusten.

Hala ere, kontu bat da nahitaez barneratu digutena, eta oso besterik, errealitate historikoa. Ikusi besterik ez dago Euskadin noraino iristen ari den aliantza nazionalista espainola, alderdi sozialistaren eta alderdi popularraren artekoa. Horietaz harro egongo litzateke Franco. Boterera iritsi orduko —aurrez euskal gizarteko sektore bat isilarazita—, herrialdea bandera espainolez josten hasi dira, eta euskalduna den guztia kriminalizatzen, gutxiesten eta folklore bihurtzen, ikastolak bakartuta, irakaskuntza espainolduta, euskal irratietan ezker abertzalearen eta EAJren aurkako sorgin ehizan jardunda, eta herrialdea desnaturaltzeko programa bat garatuta. Ezin espero zen besterik, nazionalista espainol bat izanda lehendakari.

Hala eta guztiz ere, ez dut uste kikilduta sentitzeko motiborik dagoenik. Konturatu besterik ez dago totalitario bat dela hauteskundeak irabazteko herritarren zati bati boza galarazi beharra daukan hori; are, paperezko tigre bat, erkin halako bat, zeinaren botere egunak bakanak baitira. Haren indarrak, azken batean, geure buruaz ez dakigun guztia du bazka bakar. Edo, bestela esanda, geure ezjakintasunak ahultzen gaitu. Zorionez, modu asko daude joera halakoa iraultzeko, eta horietako bat da arestian aipatu dudan liburua, Luis Martinez de Garaterena.

Síntesis de la historia de Navarra Nabarralde-k argitaratu du, eta, behinik behin, balio handi bi ditu. Lehenik, ezjakintasuna borrokatzen du; eta, bigarrenik, buruestimu bihurtzen du ezjakintasunak berezkoa duen segurtasunik eza. Begien bistakoa da Nafarroaren izena bera ez dagokiola bakarrik gaur egun izen hori duen herrialde zatiari, baizik eta euskal herri osoari: «Nafar guztiok euskaldunak gara, hizkuntza eta etnia aldetik. Halaber, eskaldun guztiok ere nafarrak gara, politika ikuspegitik». Liburuan, Euskal Herriaren historia osatzen duten hainbat datu eta pasarte ageri dira —Erresuma subirano bat, Bilakaera baskongadoa, 1512ko konkista, Mundua harritu zuen kultura bat, Foruen kontrako erasoa eta haien desegitea…—; baina horiez gainera, hainbat gogoeta jakingarri egiten ditu Martinez Garatek, eta horiexen berri eman nahi nioke irakurleari. Hona hemen bat: «Edozein gizartek bere ohiko bizimoduan mugarriak izan diren egintzei eta lekuei buruz duen pertzepzioak osatzen du oroitzapen historikoa eta hura definitzen duten leku oroigarriak. Oroitzapenak injustizia, zapalkuntza, sufrimendu eta oinaze egoerak badakartza gogora, aldarri balioa du hark erasandako pertsonentzat, eta oroitzapenari esker eskuratu ahal izango dute pairatutako laidoengatiko ordaina, bai eta haietatik libratzea. Garaileek, berriz, garaituen oroitzapena ezabatzeko edo desitxuratzeko joera izan ohi dute. Lortuz gero, garaile izango dira bigarrengoz eta, beharbada, behin betiko. Historiaren zeregina da dagokion tokian jartzea oroitzapena; esate baterako eta batik bat, gure kasuan, egintzak kosta ahala kosta manipulatuz oroitzapena desitxuratu nahi izan baitigute garaileek, beren kultura, gizarte eta politika sisteman txertatzeraino».

Eta bada beste gogoeta bat ere: «Honetan datza historiaren balioa: jakitea behingoz zer prozesuk ahalbidetu digun eratzea gure gaur egungo gu-a, gure hizkuntza eta ondare eta guzti; gure gizartea definitzen duten gizarte eta politika kultura eta guzti; eta partaide gaituzten eta, makina bat alditan, pairatzen ditugun gatazkak eta guzti. Laburbildurik, lortzea azaltzen eta ulertzen nortzuk garen eta zergatik garen honelakoak, orain eta hemen, eta laguntzea ikusarazten eratu beharra daukagun etorkizuna. Bide bat da argitzeko hain garrantzitsua den zerbait —baina, aldi berean, nori bere Estatuak bermatua dienek hain laidoztatua—: norbere izaera. Ezein gizartek ez du etorkizunik, baldin eta ez badu bere izaerari buruzko pertzepzio argirik».

Kontsulta liburu ezinbestekoa, eta euskaldunen nazioa Espainia dela diotenen aurkako antidoto bikaina. Alegia, nazionalismo espainolaren eta haren euskal gorte lausengariaren kontrakoa.

(Erredakzioan itzulia)

BERRIA 2011/02/27

11 febrero 2011

CAMÕES Y ETXEPARE

Hacia 1572 Luis de Camões publicó Os Lusiadas, un poema épico que nombra por primera vez en la literatura escrita al pueblo portugués. Según la leyenda recogida por el humanista André de Resende, este pueblo descendía de Luso, hijo del dios Baco, que conquistó por las armas el territorio que luego, y por tal razón, sería Lusitania, es decir el Portugal histórico.

No se sabe con certeza dónde nació Camões, si en Lisboa o en Coimbra. Parece que fue en 1524, dentro de una familia venida a menos, de la baja nobleza, y llevó una vida azarosa y complicada, vinculada con el hampa lisboeta. De esta ciudad tuvo que escapar varias veces. En una de ellas, en Ceuta, ciudad ocupada por Portugal desde 1415, perdió un ojo. En 1553 marchó a Oriente y en la India escribió el gran poema de la nación portuguesa. En 1570 regresó a su tierra.

En 1578, Camôes se enteró de la terrible derrota de Portugal en la batalla de Alcazarquivir, donde el rey Sebastián murió y el ejército portugués fue destruido por completo. Felipe II aprovechó este fracaso para conquistar Portugal y añadir su imperio a la monarquía española. Las tropas hispanas se aproximaban a Lisboa. En ese momento el poeta escribió al capitán general de Lamego que estaba contento no sólo de morir en su país, sino con él. Murió en 1580, año en que Felipe II se apoderó de Portugal.

En el momento en que Camões escribió Os Lusiadas, Portugal era un Estado poderoso y rico, con un importante imperio colonial, sostenido en su supremacía marítima. La conciencia de esa hegemonía queda perfectamente reflejada en el poema y en el éxito fulgurante que tuvo en su momento en Portugal. Precisamente, tras la conquista de Felipe II, esa conciencia expresada con fidelidad por Camões constituyó una de las bases de la resistencia nacional al dominio español.

Durante años se fue incubando la rebelión en Portugal. En 1640, tras la revuelta que siguió al intento del Conde-Duque de Olivares de usar tropas portuguesas frente a los catalanes alzados por su independencia, consiguió Portugal la suya, con apoyo británico. Como curiosidad, a partir de esa fecha, Portugal fue independiente mientras que Ceuta siguió perteneciendo a España.

Camões perteneció por formación y gusto al Renacimiento y al humanismo extendido en Europa durante el siglo XVI. Precisamente uno de los principales exponentes europeos de este pensamiento lo constituye Margarita de Navarra. Margarita nació en 1492 y falleció en 1549. Casó en 1527 con Enrique II de Albret, rey de Navarra tras la muerte de sus padres Juan y Catalina, que reinaban en los territorios libres de Navarra y Bearne tras la conquista y ocupación de la Alta Navarra por las tropas españolas de Fernando de Aragón y Castilla, y de su nieto, el emperador Carlos.

La Baja Navarra junto con el Bearne constituían los estados libres gobernados por la monarquía navarra y conocieron en esa época un gran esplendor cultural. Su cabeza visible fue Margarita. Los principales humanistas y reformadores europeos pasaron por su corte en Pau. Su nivel intelectual fue tan alto que el propio Shakespeare basó en ella su obra Love’s Labour’s Lost (“Trabajos de amor perdidos”), en la que aparece la trillada frase de que “Navarra será la admiración del mundo”.

Tras la muerte del rey Enrique, en 1555, le sucedió en el trono de Navarra su hija Juana III de Albret. Gracias a su iniciativa el euskera llegó a la modernidad mediante la traducción del Nuevo Testamento realizada en 1571 por Joanes de Leizarraga. En aquella época la traducción de la Biblia a las lenguas vulgares constituía un elemento fundamental en esa transición.

Años antes, en 1545, se había editado en Burdeos un libro de poemas de contenido variopinto, Linguae Vasconum Primitiae, escrito por el clérigo Bernat Etxepare, que nació en 1480 en Eiheralarre, cerca de Donibane Garazi. Fue el primer libro que se conoce impreso en euskera. Es decir, tanto el primer texto en euskera que conoció la imprenta como la primera traducción de la Biblia correspondiente al Nuevo Testamento fueron realizados por personas que pertenecían a Navarra, un Estado europeo independiente. En el segundo caso, por el encargo expreso de sus gobernantes.

Ninguna referencia a Camões o a su obra, Os Lusiadas, se puede entender sin una mención al contexto en que fue producida, escrita y publicada. Ningún autor riguroso trataría este tema sin un conocimiento mínimo de su tiempo. Nunca una exposición en la que se presentaran obras literarias del renacimiento portugués, comenzando por la obra de Camões, sería descrita al margen de la potencia comercial y política de Portugal, de las amenazas a su independencia por parte de España, ni del mantenimiento de la conciencia propia y del anhelo de la recuperación de su independencia.

Todo eso se ha hecho en Gasteiz con la exposición organizada por el llamado “Gobierno vasco” y denominada “Euskara jalgi adi plazara”. Pero no es sólo que quienes la organizan oculten todo esto. Quienes transmiten la noticia en los medios también lo hacen. Ni siquiera la prensa que publica en euskera ha mostrado el mínimo rigor de esta contextualización. Podía haber sucedido perfectamente que a mediados del siglo XVI un extraterrestre pasara por Iparralde, que hubiera aprendido la lengua de los nativos y que, antes de volver a su planeta, pasando por Burdeos la hubiese dejado en una imprenta.

Nos hubiera gustado titular este artículo “Etxepare y Navarra”, pero en estos términos nadie lo entendería. Visto lo visto, tal vez hubiera sido más apropiado “Etxepare en tierra de nadie”. Y, como eso no existe, al fin habría tenido que ser español o francés.

Este silencio referido, por sistema, a las claves de nuestro patrimonio, sea histórico, político, cultural o arquitectónico si se da el caso, nos conduce inexorablemente a la aculturación más nefasta y a la integración progresiva en los universos culturales dominantes, el español y el francés. Perdemos de vista quiénes somos, de dónde venimos, qué hemos sido o qué nos han hecho. La historia vasca, nuestra mera presencia, se vela tras una cortina de inexistencia. Nuestras obras no tienen autoría. Literalmente, no somos nadie. Y así nos va.

Angel Rekalde y Luis M. Martínez Garate

17 enero 2011

UNA PIEDRA EN EL CAMINO









Jaizkibel de nuevo. No sé hasta que punto la crisis que sufrimos habrá influido en los faraónicos proyectos que pretendían horadar Jaizkibel y construir un macropuerto en su costa y seguirán vigentes para quienes controlan la obra pública en Gipuzkoa. Desconozco si los habrán abandonado por su inviabilidad económica y su nula, o negativa, rentabilidad incluso desde el pacato punto de vista del desarrollismo más obsoleto, más allá de los beneficios directos e inmediatos derivados de su construcción.

Una vez más, aprovechando una luminosa mañana de este mes de enero, he paseado por el camino que conduce desde Donostia hasta Pasaia por Ulia. He contemplado de nuevo los fantásticos acantilados de Jaizkibel, casi a plomo, sobre nuestro mar de Bizkaia. Y he vuelto a sentir la nausea que produce el ver algo tan hermoso, tan querido y tan “nuestro”, como una presa en manos de especuladores sin escrúpulos, capaces de arrebatarnos uno de los paisajes más espléndidos de nuestro país para su lucro privado e inmediato.

No es sólo, que también lo es, la perspectiva desde la que nuestros antepasados avistaban las ballenas en su transitar por el Cantábrico, con el objetivo claro de su captura como elemento fundamental de supervivencia. Es, sobre todo, la de un paisaje hermoso, sin desmesura, acorde con la perspectiva de una nación de regular dimensión espacial, no muy grande, pero con nervio suficiente para plantear su persistencia en el mundo actual.

Desde mi punto de vista, Jaizkibel es un lugar en el que el paisaje se percibe como un elemento de identidad de primer orden. Tiene la ya citada perspectiva de lugar marcado históricamente, así como una belleza especial. El paisaje es territorio, una porción de espacio, sí, pero es espacio percibido por una sociedad concreta, con su cultura. Y no sólo percibido, sino creado, recreado, contemplado, preservado y, que debería ser, tenido en cuenta en cualquier futura planificación territorial, en la cual incluyo, obviamente, la paisajística.

Joan Nogué en su reciente libro “Paisatge, territori i societat civil”, ganador el pasado 2010 del “Premi d’assaig Joan Fuster", afirma:

El paisaje es el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza; es la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado; es el rostro del territorio. Y no sólo en lo referente a su dimensión material, sino también a su dimensión espiritual y simbólica. Las sociedades humanas, a través de su cultura, transforman los medios naturales originarios en paisajes culturales, caracterizados no solamente por una determinada materialidad (formas de construcción y tipos de cultivos, por ejemplo), sino también por la traslación al mismo paisaje de sus valores, de sus sentimientos. El paisaje es, por tanto, un concepto enormemente impregnado de connotaciones culturales, de valores, y se puede interpretar como un dinámico código de símbolos que nos habla de la cultura de su pasado, de su presente y quizás también de su futuro.

En el mismo trabajo, Nogué cuenta cómo cuando el Ministerio español del Medio Ambiente proyectó una obra faraónica, un gran dique y puerto exterior, para Ciutadella (Menorca), tuvo muchas alegaciones de tipo técnico y jurídico, pero una de las alegaciones que tuvo más soporte decía:

Uno de los principales atractivos del puerto de Ciutadella es su gran belleza. La imagen del entorno de la entrada del puerto, todavía sin transformar, constituye un patrimonio de primer orden que Ciutadella ha de conservar. La construcción de un dique en la bocana cambiaría radicalmente la actual vista hacia el mar desde la ciudad y se perderían por siempre jamás espectáculos de gran belleza, como las puestas de sol…

Y concluye Nogué:

No es, en efecto, un argumento técnico, ni tampoco jurídico. No necesita un especial soporte técnico ni se sustenta en ninguna premisa científica… (el argumento) tiene una fuerza y una trascendencia enormes, porque pone sobre la mesa… lo que realmente está en juego: el sentido del lugar, la íntima comunión del individuo con un paisaje determinado.

En este sentido, mantengo que, aun siendo válidos todos los argumentos ecológicos, económicos y políticos contra el puerto exterior de Jaizkibel, el de más peso, inmediato y desgraciadamente irreversible, es desde mi punto de vista, el paisajístico. El paisaje, como ya se ha expresado, en un elemento identitario de primer orden, pero, además, es un factor importantísimo de bienestar social, de equilibrio psicológico personal y colectivo. Hasta ahora no ha sido considerado con el interés debido. Ha sido marginado como algo superfluo y partícipe del lujo o de las cuestiones propias de la sociedad de la abundancia. Hoy se ve que no es así.

Como casi todas las cuestiones de trascendencia social su conservación, gestión y planificación requiere las herramientas necesarias que sean capaces de pasar del puro voluntarismo y de la constatación de una necesidad a la efectividad y práctica reales. Mientras sigamos formando parte de unos estados que tienen como una de sus tareas negarnos los instrumentos que permiten desarrollar nuestras capacidades en estos terrenos, tenemos un futuro negro. Sólo en un ámbito de democracia pueden ser bien resueltos estos problemas. Por lo mismo, pienso que un Estado propio, como elemento democrático básico, es condición necesaria para dar pasos efectivos en este sentido, desde una perspectiva nacional propia.


Nota

La primera imagen corresponde a una vista de los acantilados de Jaizkibel tomada de internet. En las dos imágenes siguientes aparecen dos de los proyectos de puerto exterior. El primero es lo que llaman "puerto isla", mientras que el segundo sería un puerto convencional, anexo a la costa y son fáciles de encontrar en la red. La cuarta, es una fotografía realizada por el autor del blog el domingo 16 de enero de 2011. Debido a la situación de la mar y a la hora en que fue tomada, hacia las 11 de la mañana, no es una imagen excesivamente clara, pero tiene el valor de reflejar lo que percibí en ese momento.


Referencia bibliográfica

Nogué, Joan. “Paisatge, territori i societat civil”. València 2010. Edicions 3 i 4