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10 febrero 2008

REFLEXIONES CUARESMALES

Primera:

Leo en "Izaro News" en el episodio, último según parece, número 15 de Pablo de Iboa sobre "El nefasto siglo XIX" el siguiente texto:

"Sabino de Arana-Goiri fundó el Partido Nacionalista Vasco, agrupación patriótica, cuyo fin social es conservar, robustecer y resucitar todas las manifestaciones del espíritu vasco, y cuyo fin político es conseguir la anulación de la ley de 25 de octubre de 1839, para estar en disposición de iniciar la vasquización de Euzkadi."

Siempre he creido que, con más o menos acierto en sus bases históricas, la aportación fundamental de Arana Goiri consistía en considerar a los vascos como una nación diferente de España y Francia y que su afirmación de que los vascos no somos "ni españoles ni franceses" constituye el fundamento para la que la sociedad vasca de su época, y la actual, perciba la necesidad de constituir un Estado propio independiente.

Pensar que el fin perseguido por Arana era únicamente "conseguir la anulación de la ley de 25 de octubre de 1839" constituye un sarcasmo con relación a su pensamiento. Cualquier carlista o fuerista anterior a Arana, contemporáneo del mismo o actual suscribiría tal objetivo.

También resulta, cuando menos, chocante que lo hiciera para "iniciar la vasquización de Euzkadi". Según nuestro articulista ¿qué era entonces el pueblo vasco? ¿no era vasco? Creo que aquí Iboa superpone dos planos: el lingüístico y cultural, en el que evidentemente nuestro país seguía siendo "vasco", y además con mucha fuerza, y el plano político, en el que la desorientación era muy grande y donde Arana intentó, con más o menos acierto, poner orden.

Arana Goiri supuso una ruptura, acorde con el pensamiento europeo de su época, con cualquier planteamiento fuerista. Siguiendo la perspectiva de Iboa bien se puede decir que "para ese viaje no hacían falta alforjas". Arana percibió con claridad la necesidad de la concreción política de Vasconia en un Estado e incluso se consideró en la obligación de otorgar a Euskal Herria una denominación política; de ahi surgió el controvertido nombre de "Euzkadi" ya criticado en su época por Arturo Campión, por ejemplo.

Hoy en día, por lo menos desde Anacleto de Ortueta, estamos en condiciones de pensar que Arana se equivocó al "inventar" algo que ya existía desde muy antiguo. La denominación política de Euskal Herria, a lo largo de muchos siglos, ha sido Navarra y es eso lo que muchos pretendemos recuperar para nuestro futuro en libertad.

Segunda:

La convocatoria de la autodenominada "izquierda abertzale" para el domingo 10 de febrero de 2008, según infomación aparecida en Gara del día 9, se realiza para "poner freno al estado de excepción". Es muy claro que todas las arbitrarias decisiones políticas realizadas desde cualquier manifestación del poder español (ejecutivo, judicial o legislativo, que tanto da) con relación a nuestro país constituyen expresiones de un permanente "estado de excepción".

No obstante, pienso que para llegar esa conclusión no hacía falta esperar a la ilegalización de ANV o EHAK. El "estado de excepción" para nuestro país es norma desde mucho tiempo atrás. En los últimos tiempos en él se inscriben los cierres de medios de comunicación como Egin y Egunkaria, el macroproceso 18/98, el procesamiento de Ibarretxe, las condenas a Atutxa y compañía, las torturas a detenidos, el sistema penal con la dispersión como elemento particularmente odioso y un larguísimo etc. sin que el orden citado indique prioridad alguna de su importancia.

Es evidente que todo esto procede del franquismo y de la nunca realizada "transición democrática", pero su origen tampoco radica en el 18 de julio de 1936. Nuestro "estado de excepción" ya existía en los tiempos de las guerras carlistas y de Arana Goiri y fue precisamente uno de los motivos de aquellos conflictos y posicionamientos.

Nuestro "estado de excepción" se origina en el momento en que españoles y franceses suprimen y anulan la máxima organización política generada por el pueblo vasco: el Estado de Navarra. Y, en mi opinión, solo terminará, real y efectivamente, cuando logremos nuestra independencia mediante el acceso a sujeto político a nivel internacional con la consitución de la República Navarra como Estado independiente.

Tercera:

Pienso que ya es hora de que nos percatemos todos los que aspiramos a una sociedad vasca libre, a una sociedad de ciudadanos navarros iguales en derechos y deberes, de que nuestro "principal enemigo" no está en el portal próximo sino en los centros de decisión de los estados que llevan tantos siglos de dominación y en las sociedades que secundan su nacionalismo expansionista.

13 enero 2008

CENTRAR EL PROBLEMA

Centrar o plantear adecuadamente un problema, en el sentido de ajustarlo fielmente a su objeto, sus incógnitas y requerimientos, constituye más de la mitad del camino para lograr su resolución.

La encrucijada en que se desenvuelve nuestra sociedad en la etapa presente requiere precisamente ese ejercicio de “centrar el problema”. Los datos que cotidianamente recibimos a través de las actuaciones de los estados español y francés con relación a nuestro pueblo no son precisamente proclives a la garantía, en el presente o en el inmediato futuro, de un estatus firme con desarrollo libre y pleno de su personalidad en todos los niveles: social, lingüístico, cultural, económico.

Por el contrario, son los intereses foráneos quienes marcan las hojas de ruta que nuestra sociedad, cuarteada territorial, administrativa y políticamente, se ve obligada a seguir. No planteo, en este momento, asuntos relacionados con el transporte o las infraestructuras como aeropuertos, ferrocarriles, carreteras y puertos. Tampoco los lingüísticos y culturales, o los de bienestar social en general como sanidad, educación y vivienda, ni los que afectan a sectores como la agricultura, pesca o industria. Menos aun los relacionados con lo que se conoce, de manera reducida y superficial, como “política” (partidos, campañas electorales, coaliciones...)

Me voy a centrar en dos problemas que atañen directamente al núcleo de cualquier sociedad que se pretenda democrática. El primero se refiere a la libertad de expresión y asociación. El segundo, a esa lacra de la humanidad que es la tortura.

El tristemente famoso macroproceso 18/98 ha dejado al aire las vergüenzas del régimen político que impera en España. Mucho, casi todo, se ha dicho y escrito sobre el procedimiento incoado: falta de pruebas, acusaciones genéricas, imputaciones arbitrarias y sobre todo el sofisma que supone igualar judicialmente, por coincidencia de fines (políticos), a quienes practican atentados y quienes no lo hacen y se sirven exclusivamente de cauces como la movilización social, la insumisión o la desobediencia civil. No voy a repetir argumentos; intentaré sacar conclusiones.

Los últimos episodios de torturas y el descaro y chulería manifestados por los responsables políticos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado español que incurriendo conscientemente en claras contradicciones las asumen y ratifican, muestran de modo todavía más descarnado la auténtica faz de su régimen político.

El análisis de ambas realidades nos debe conducir a “centrar el problema”. No se trata de “extralimitaciones” del poder judicial, en el primer caso, o del ejecutivo, en el segundo. Se trata más bien de la cruda expresión de su completa “no-democracia”. No son “déficits democráticos”, son su ausencia total. Y ésta es una cuestión radicalmente política.

Ante esta situación deberíamos de una vez por todas asumir la necesidad de separarnos de ese cuerpo en descomposición que es el Estado español, rehacer la unidad de nuestra sociedad, asumir nuestra capacidad como sujeto político y plantearnos, con toda seriedad y también con todas las consecuencias, como objetivo estratégico acceder al estatus de Estado independiente, en Europa y en el mundo.

Las características de nuestra sociedad, sobre todo su conciencia nacional diferenciada de España y Francia, nos permiten definir el proyecto realista de este objetivo en un plazo no muy largo. Nuestra cultura política, patrimonio del único Estado independiente creado por los vascos, Navarra, viva a pesar de siglos de imposición y dominio, constituye un elemento de primer orden de cara a su consecución.

Hay quienes proponen otra alternativa, en teoría también democrática, que consistiría en la “conversión” de España, es decir del Estado español, y del francés también por supuesto, en una democracia en forma de estado confederal con aceptación del derecho a la secesión, con inequívoco reconocimiento de los derechos de expresión y asociación, con acoso, erradicación y penalización total de la tortura etc. Personalmente considero esta opción claramente inviable. Nuestra abrumadora minoría demográfica y el hondo nacionalismo que impregna hasta la médula la sociedad española la convierten en utópica y más alejada de la realidad política que el logro de nuestra independencia, a pesar de poder contar con los catalanes como aliados en tal proceso. En todo caso, también es posible, y deseable, coordinar con ellos los esfuerzos emancipadores para nuestra liberación simultánea.

Por otra parte, las reivindicaciones parciales, de objetivos limitados, como pueden ser la “amnistía”, el “stop a la tortura”, el “reconocimiento” de los partidos políticos “ilegalizados” por el más que ilegítimo régimen que gobierna hoy el estado español, son formas de plantear nuestros conflictos que, en mi opinión, sólo pueden recuperar su profundo sentido democrático a través de la consecución del Estado independiente propio como objetivo inmediato.

Pienso que “centrar el problema” consiste en otorgarle su dimensión política en el ámbito internacional y plantear nuestra independencia como una conquista democrática de primer orden. Posiblemente la única capaz de garantizar nuestra continuidad creativa y solidaria en el mundo. Opino, también, que deberán ser radicalmente políticos los medios para conseguirla. Es evidente que dicha batalla deberá resolverse en un campo no marcado por los intereses de los estados que actualmente nos controlan con toda su legislación (“leyes de partidos” o “sistemas electorales”, por ejemplo), su regulación arbitraria de derechos, sus sistemas educativos y de propaganda y su poder ejecutivo, sino en el de la profunda relación de fuerzas sociales. Por supuesto que en esta estrategia se podrán utilizar también los medios que otorga su propio sistema, pero siendo siempre conscientes de sus limitaciones y los fines para los que han sido creados.

Creo que cuanto más se demore el debate y la práctica necesarios para la consecución de la República de Navarra más graves serán nuestros problemas. Y que la democracia estará más lejos de Europa, incluidas por supuesto España y Francia.

30 noviembre 2007

CUANTO ANTES NOS VAYAMOS, MEJOR

La primera noticia que salta por la radio, tras llegar a casa esta noche, consiste en la "ejecución" del tristemente famoso proceso 18/98. Antes de dictaminar la sentencia los inculpados son detenidos y enviados a la cárcel. Aun sin tener conocimiento completo de la misma ya "se sabe" que las condenas van a superar, en algunos casos, a las peticiones del fiscal.

Para quienes hemos defendido desde hace mucho tiempo la tesis de la radical ausencia de democracia en el actual régimen político que impera en el Estado español, legítimo sucesor del franquismo, esta sentencia ejecutada sin ser conocida no supone una gran sorpresa.

Todas las circunstancias que rodean el hecho corroboran la tesis y la amplian. A la falta de pruebas y al conjunto de anomalías que presidieron los meses de juicio se une la actuación final. En su conjunto, la farsa expresa con claridad la estructura profunda del Estado español. No se trata sólo de la sumisión de su "poder judicial" al "ejecutivo" que es realmente policiaco; se trata de algo más profundo: su carácter totalitario.

Se ha afirmado que el imperialismo es especie del totalitarismo. El imperialismo que desde siglos ejercen España y Francia sobre Vasconia se ha expresado de forma "clara y distinta" en estas actuaciones. El totalitarismo ha ejecutado de forma radical la aniquilación de quienes se oponen al mismo.

Se puede, y se debe, protestar en la calle y con voz muy alta, pero pienso que sobre todo es momento de volver a plantear la urgente necesidad de alejarnos cuanto antes del Estado que practica tales desmanes. La constitución de la República de Navarra, como Estado en Europa y en el mundo, aparece como condición necesaria para que nuestro pueblo acceda a una situación democrática. La cultura política de la única estructura política soberana creado por los vascos, el reino de Navarra, es una base firme para su construcción.

La democracia exige que nos vayamos ya, y nuestra dignidad también.