25 febrero 2020

LA TIERRA ES PLANA... EN ESPAÑA

Es un viejo debate. O al menos viene de lejos. La élite académica española ha publicado una obra de denuncia contra la manipulación catalana de la historia. “Seudohistoria contra Cataluña”. Ipurbeltz!! Zozoak beleari ipurbeltz.

Se trata de una crítica coral al Institut Nova Història, una iniciativa de la sociedad civil, y en concreto al historiador Jordi Bilbeny que lo encabeza. El País ha recogido el guante de los catedráticos hispanos (lo titulan: La tierra es plana… en Cataluña), lo ha cocinado a fuego lento y lo ha servido al público de masas como plato de escarnio. De propaganda. De paso, ha aprovechado el impulso y ha cargado contra Pujol, la prensa catalana, el ‘procés’, ERC, Carod-Rovira, el sociólogo Salvador Cardús, la escritora fallecida Patricia Gabancho, el periodista Enric Vila y el lucero del alba por si en algo les iluminaba.

El debate, de largo recorrido, no deja indiferente a nadie porque trasluce la sombra de muchos resabios e intereses. La historia de los pueblos siempre arrastra un trasfondo político, de relato nacional, y los Estados (y quienes pretenden serlo) se juegan mucho en ese campo. Claro que unos juegan con tiragomas, y otros con quincalla intergaláctica. De ahí el primer sobresalto, el de descubrir una falange de catedráticos de prestigiosas universidades arremetiendo contra un institut de la calle, privado, una iniciativa de la sociedad civil, como quien dice un cine de barrio. Y El País, con su potencia de fuego, con su arsenal pirotécnico, bombardea por todo lo alto.

La segunda reflexión, en clave irónica, nos lleva a constatar el esfuerzo invertido, seguramente con rigor y seriedad, para desmontar las mitificaciones e inexactitudes del Instituto catalán. Más de un autor, de las propias filas del catalanismo (Vicent Partal lo menciona en Vilaweb. “Bilbeny y los demás”) lo ha comentado hace mucho. Sin rigor histórico el relato no se sostiene. Se desacredita. Pero que sean los historiadores españoles quienes levanten la perdiz tiene su cosa.

Llevan años blanqueando la “historia de España” y tapando los chorretones que se les corren por la fachada. Porque la suya es fachada, de fachas. La leyenda negra de un imperio en el que no se ponía el sol, dice El País, es un invento inglés para descalificar la empresa hispánica de cristianizar el mundo. No hay justicia en hablar de genocidio en la conquista de América, ni del ‘hombre del saco’ (el duque de Alba) en la memoria infantil de Flandes, etc.

“La catalanidad de Colón es una hipótesis que menea el rabo desde hace más de un siglo” (sic). El País argumenta que es ridícula esta idea (lo rechaza científicamente la Seudohistoria…), que Cristóbal Colón fuera catalán. Pero ese rigor exquisito no viene a cuento cuando se sostiene que Elkano era español –y no vasco-; que el emperador Adriano era español –y no romano nacido en la Bética-; que el Cid fue un personaje histórico y no un mito de literatura o leyenda; que Roldán fuera un héroe (con monumentos en abundancia); que los musulmanes vencieran a Carlomagno; o que los reyes godos fueran el origen de la monarquía hispánica.

Vivimos en una atosigante atmósfera de historicismo y nacionalismo banal español, el castellano es la lengua elegida para hablar con Dios, con glorias subrepticias y calles dedicadas a generales franquistas, gobernantes genocidas, reyes despóticos, reinas corruptas… Y estos historiadores se crispan porque alguien discute el pueblo donde nació Colón.

La polémica nos preocupa porque no se limita a Cataluña ni al ‘procés’. También nos salpica. Nos inquieta porque si alguien ha manipulado y utilizado en su favor la historia es España. Las conquistas, expolios, destrucciones de lenguas y culturas en general llevadas a cabo por el imperio español, entre las que se incluye la nuestra, han sido reflejadas por historiadores de todo el mundo, y aquí se niegan. Con absoluta desfachatez. Y nos preocupa que se sostenga “académicamente” que Navarra se incorporó -por propia voluntad- a España. Que en San Marcial lucharon los iruneses (?) contra los franceses. En la guerra de Navarra. Que la regresión del euskera se debe a la desidia de la gente, y no a un supremacismo y una represión que todavía hoy colean (lo vemos a diario en la educación, en la prensa, en la calle).

En resumen, que la polémica y la manipulación de la Historia están ahí; es evidente; pero si hay alguien que sostenga, como dice El País, que la Tierra es plana, seguro que está en la Academia Española.

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/25)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2020/02/25)


22 febrero 2020

ENTREVISTA EN NOTICIAS DE NAVARRA

Sobre la nueva edición de la Síntesis de la historia de Navarra promocionada por Diario de Noticias de Navarra (2020/02/22)

-Este libro nace con la intención de recuperar nuestra memoria histórica para construir una identidad fundamentada en lo que somos realmente. ¿De qué manera lo hace?

-La identidad, tanto de una persona como de un grupo, se constituye sobre la memoria. Sin memoria histórica una sociedad no tiene existencia propia, no es un sujeto social ni, menos aún, político. La memoria histórica está vinculada a la historia, pero se expresa de forma distinta. La memoria transmitida a muchos navarros, entre los que me encuentro, incluye la existencia de un reino independiente y que fue conquistado por Castilla.

Como dice Walter Benjamin en sus reflexiones sobre la historia, la memoria de los vencidos constituye el germen de la reparación y de la justicia. La memoria de los vencidos es un elemento revolucionario de primer orden. La memoria tiene mucho de movimiento social.

La memoria debe estar refrendada por la realidad histórica y, por ello, provoca y condiciona las investigaciones de los historiadores profesionales. Memoria e historia se realimentan entre sí. De modo que si una memoria está perdida o es débil puede ser sustituida con facilidad por otra inducida por los vencedores, con el objetivo de asimilar a los vencidos. Si esta segunda fase se culmina con éxito, Benjamin habla de una "doble derrota" de los vencidos donde nos encontramos en una situación difícilmente reversible.

-¿Por qué son necesarias estas lecturas que reescriben la historia de Navarra? Es decir, ¿por qué hemos tenido hasta la fecha una falsa o, mejor dicho, errónea visión sobre nuestra historia?

- Lo que ha sucedido es que en el caso de Navarra, como en el de todas las conquistas, la historia la escriben los vencedores y es la que ha prevalecido en los textos, tanto académicos como docentes. En ellos se muestra con frecuencia a Navarra como un reino medieval arcaico, con conflictos internos insalvables, inviable en la modernidad al que tuvo que llegar un reino, Castilla, con Fernando de Aragón -el Falsario- a la cabeza e incorporarlo 'pacíficamente' en su organización política moderna. Así se cumplía, además, el "destino histórico" de los pueblos ibéricos unidos bajo Castilla con el nombre de España.  

La historia como ciencia tiene un método de investigación y unas reglas que se deben cumplir para considerarla como tal, pero no es inocente. La elección del marco espacial y temporal para narrar una historia la condiciona tanto como los hechos que describe. La importancia del sujeto es capital. Y la mayor parte de las historias de Navarra la presentan como "una parte de España". No como un sujeto con personalidad propia. Creo que la historia narrada desde una u otra perspectiva cambia fundamentalmente, aunque cuente los mismos hechos. Uno de los errores de método más comunes en la narración histórica es el "finalismo". Es lo que, por ejemplo, muchos historiadores llaman el destino histórico de la unidad de España. Esto sucede con facilidad si el sujeto del que se narra la historia es la sociedad que conforma actualmente el Estado español. Lo que llaman nación española. 

Ambas cuestiones, la elección del sujeto y el hecho de tener un historia escrita por los vencedores, distorsionan nuestra realidad histórica. Sé perfectamente que la elección del sujeto navarro no es inocente; es una opción elegida desde el presente, pero sobre todo con perspectiva de futuro. Que nadie piense que los que prefieren el sujeto español están por encima de la política, lo que sucede es que en este caso su ideología se inscribe en lo que Michael Billig ha denominado como "nacionalismo banal". Su perspectiva es finalista y persigue como objetivo político mantener la sumisión de Navarra dentro del Estado español. Además olvidan esa parte de Navarra, Ultrapuertos, que se sigue denominando Navarra y que no es española. 

El texto está basado en hechos extraídos de trabajos de historiadores profesionales y los he procurado tratar con el mayor rigor. Mi aportación tiene como aspectos originales la elección del sujeto y el hecho de ser una obra sencilla de leer, de aquí el título de "Síntesis". 

-En esta publicación se sitúa al Reino de Navarra como eje de la construcción del pueblo vasco y, en cambio, este territorio siempre ha sido obviado. ¿Por qué?

- El pueblo vasco data de antiguo, como su lengua y su ordenamiento social basado en el uso y costumbre y en la prevalencia de los valores de la comunidad, lo que se ha denominado como 'Derecho Pirenaico'. Aparece en los textos de los historiadores romanos, las fuentes árabes también lo señalan, se enfrenta a francos y visigodos que pretenden dominarlo. Este pueblo se organiza en la tardoantigüedad y en la alta Edad Media como Ducado de Vasconia, pero su estructura política más perdurable y consistente comenzó tras el enfrentamiento con el imperio franco y las sucesivas victorias sobre el mismo de Orreaga. El pueblo vasco siguió con su lengua y su ordenamiento social, los preservó y desarrolló en el reino de Pamplona, consolidado a comienzos del siglo IX.

En el XII se produjeron cambios sustanciales en su organización política y con Sancho VI, el Sabio, comenzó a denominarse como reino de Navarra.
El reino, tanto siendo de Pamplona como de Navarra, hizo lo que hacen siempre los estados, de algún modo nacionalizó su sociedad. En la Alta Edad Media, según Koldo Mitxelena y estudiosos actuales como Koldo Zuazo, se establece una primera unificación del euskara en torno a la capital del reino, Iruñea-Pamplona y se concreta el sistema jurídico basado en el Derecho Pirenaico.

No es cierto que "este territorio" haya sido obviado. La mayor parte de investigadores, estudiosos e historiadores consideran lo navarro como central en hecho vasco, lo que ha sucedido recientemente es una separación entre ambos conceptos.

-El libro recoge uno de los acontecimientos más destacados, como fue la ocupación de 1512, pero también otra conquista de la cual apenas se ha hablado: la de 1200. ¿Qué pasó en este año?

- Así como de la conquista y ocupación de 1512-1529 quedan bastantes elementos de memoria de transmisión oral (familiar, de amigos, de sociedad en general) y hay más textos escritos, existe otra conquista en la que la historia como ciencia ha venido en auxilio de la memoria. Es la conquista de 1200. Hacia mediados del siglo XII la Rioja y la parte de la Bizkaia actual controlada por los señores de Haro se pasó a Castilla, que les ofrecía un control feudal del territorio más laxo que el de Navarra. En esta linea. en 1199 Castilla inició una ofensiva contra el reino navarro, sitió Vitoria-Gasteiz que se rindió ante Alfonso VIII de Castilla en 1200, conquistó el Duranguesado y, en general, todo el frente marítimo de Navarra, dejando al reino sin salida al mar de Bizkaia. A partir de estas ocupaciones y conquistas se inició, desde Castilla, el proceso de institucionalización de lo que luego serían las Provincias Vascongadas.

Como consecuencia, se generó una dicotomía entre la designación política -navarro-, que seguía siendo utilizada por los vascos de la Navarra independiente y la lingüístico-étnica en la que los habitantes de los territorios conquistados no se llamaban castellanos, ya que hablaban euskara, pero no no podían seguir siendo navarros y quedaron como simplemente vascos. Es la misma distinción que puede existir entre magiares y húngaros o entre lusos y portugueses. Entre etnia o lengua y organización política 

No ha sido fácil lograr la consideración como hecho histórico consolidado que en 1200 hubo una conquista de Castilla sobre parte de Navarra, pero, una vez conseguido, es un hecho que está construyendo memoria. Era evidente la necesidad de generar un "relato" común a todos los vascos ("una nación es un relato") y la constatación de estos episodios como conquista ha contribuido a ello de modo importante.

Así se conformó la primera diferenciación entre vascos y navarros.      

-¿Cuál considera que es la principal característica del Reino de Navarra que no debemos olvidar?

- En primer lugar la realidad de que los vascos constituimos un Estado independiente en el conjunto europeo. Es un hecho que ha sido negado, o cuando menos minusvalorado, con asiduidad, incluso desde sectores que se reclaman como nacionalistas vascos. Lo afirma también, por ejemplo,el famoso libro de Marc Kurlansky "The Basque History of the World" ("La historia vasca del mundo") Quienes niegan la estatalidad histórica de los vascos a través de Navarra contribuyen a la minoración de nuestro pueblo y al menosprecio de su autoestima.

En segundo lugar hay que destacar toda su institucionalización y adaptación a tiempos cambiantes basada en el Derecho Pirenaico. 

Son de gran importancia también las aportaciones a la modernidad a través de la Navarra de Ultrapuertos, independiente hasta 1620, como foco de las distintas reformas religiosas de su época y su aportación al pensamiento europeo en general. La corte de Margarita de Navarra, esposa del rey Enrique II, el Sangüesino,,que inspiró al Shakespeare de "Love's Labour's Lost", al afirmar "Navarre shall be the wonder of the world" es, tal vez, su muestra más importante. 

También lo es el desarrollo literario de la lengua vasca, cuyo principal exponente es la traducción del Nuevo Testamento al euskara de Joanes de Leizarraga, por encargo de la reina Juana II de Albret, en 1571. Hecho que incorpora nuestra lengua a las lenguas literarias europeas como había sido el alemán por Martin Lutero en 1534, la "King James Bible" en 1611 para el inglés o la de Kralice al checo hacia 1613.   

-Este libro ya se publicó en 2010. ¿Es una casualidad que haya sido reeditado justo ahora, en un momento en el que la derecha, y sus discursos correspondientes, ha ganado terreno político?

- Evidentemente en la conmemoración del 500 aniversario de la conquista en 2012 se consiguió una victoria importante en la hegemonía del relato en favor de una conquista y ocupación violentas, sufridas por la población navarra de la época. Los cuentos de unión "aeque principaliter" de Navarra a Castilla o de su "incorporación voluntaria" en la monarquía castellana para superar su atraso y sus guerras endémicas, quedaron con las vergüenzas al aire merced a estudios y trabajos como los de P. Monteano, P. Esarte, A. Pescador etc.

Es evidente que los sectores hegemónicos durante siglos no se han rendido con facilidad y cada vez que tienen oportunidad intentan abrir de nuevo vías a su discurso de incorporación voluntaria aunque algo más suave y matizado que el antiguo, No hay que bajar la guardia pues disfrutan de todos los medios que les otorga tener un Estado a su favor: en el sistema educativo y en los medios de comunicación y propaganda sobre todo. No es un problema exclusivo de la "derecha", es un asunto de Estado. Por eso es oportuno insistir en una visión autocentrada de nuestra historia.

En este contexto se constituye la parte más militante que promueve con ahínco la diferenciación entre vascos y navarros. Es una ofensiva que se concreta en la propaganda con la que estos sectores mantenidos por el Estado español intentan manipular con el miedo. Su eslogan es "que vienen los vascos" y quieren aniquilar la personalidad navarra. ¡Como si esta personalidad no hubiera estado en riesgo permanente desde las conquistas y ocupaciones castellanas citadas y en todos los conflictos con España de los siglos XIX y XX!. 

En este contexto se plantea como un asunto grave el modo como se presentan estos temas en el sistema educativo en lengua vasca. Se trata de textos, traducidos del español normalmente, en los que no se expresa con claridad una posición propia, generada desde el sujeto navarro. Y sobre los que pesa como una losa el control, inquisitorial, con el que son revisados por las autoridades oficiales.   

-¿Hay algún aspecto del pasado que, con este libro, podamos aprender y que nos sirva para los tiempos actuales? Más allá de saber bien nuestra historia, nuestro pasado. 

Sin la asunción de la identidad propia es imposible generar un proyecto de futuro autónomo. La identidad se soporta sobre la memoria y la memoria debe pasar por el tamiz crítico de la historia. No puede haber nación sin un relato propio y compartido por sus habitantes. Y la nación, más que la "tierra y los muertos"  de Maurice Barrès, es un proyecto de futuro. 

Evidentemente una tradición tan rica y abierta como la generada por nuestro Derecho Pirenaico, por el Fuero como constitución de Navarra, nos puede cargar de autoestima e inspiración, no para copiar sino para construir un Estado independiente y distinto al servicio de una nación cívica como corresponde a la modernidad. 

En este contexto hay que evitar el juicio de fenómenos actuales con criterios historicistas, como sería el simplificador "como fuimos independientes tenemos derecho a serlo hoy". Eso supone un cortocircuito demasiado fuerte. Tiene que haber varias mediaciones antes de llegar desde tal premisa a esta conclusión. El haber sido un Estado independiente propició la nacionalización de su sociedad y la creación de una conciencia política común. El hecho de haber sido injusta y violentamente conquistados es un punto importante de cara a cualquier reclamación internacional en la actualidad. Pero si en el presente no existe una conciencia nacional que lo exija y reivindique con suficiente fuerza social, todo eso se convierte en papel mojado 

-Por otro lado, ¿el libro esclarece algún hecho concreto del que no tuviéramos conocimiento con anterioridad?

- Todos los hechos que se narran eran conocidos ya que fueron investigados y expuestos por historiadores profesionales. La originalidad del trabajo radica, como ya he dicho antes, en la presentación del sujeto histórico como sujeto político, el Estado navarro. En el libro se hace hincapié en los momentos en los que el "reino" (el "pueblo" como dice Mikel Sorauren) toma decisiones trascendentes. Es el caso de la redacción del Fuero General, a partir de 1234, ante la llegada de la dinastía de Champaña, desconocedora por completo de la tradición jurídico-política pactista de Navarra y de la prevalencia "del uso y la costumbre" y "del común". Sucede cosa semejante tras la unión con la corona francesa al final de esta dinastía, cien años más tarde, cuando los asuntos de Navarra se decidían en París. En ese momento, los navarros deciden separarse, por cuestiones políticas, de Francia y utilizan como pretexto que en esta monarquía rige la ley Sálica por la que no podían reinar las mujeres y en 1328 designan como reina a Juana de Evreux, hija del último rey común con Francia: Luis Hutin.     

-¿Haría una 'Síntesis de la historia de Navarra' reciente? ¿Cómo la calificaría en la actualidad?

- Sería un trabajo bastante complejo. Habría que empezar por desbrozar nuestro siglo XIX y superar todos los complejos introducidos por la historiografía española. Sería necesario revisar toda la interpretación del carlismo, el origen del nacionalismo de Arana Goiri, los procesos de reconfiguración nacional en el siglo XIX europeo empezando por las unificaciones italiana y alemana, el paneslavismo etc., los conflictos nacionales surgidos en Europa tras la Primera Guerra Mundial (1914-18) y contextualizar nuestra realidad de modo bastante más amplio que el que ofrece la visión hispanocéntrica. 

Nos quedamos con demasiada simplicidad en un carlismo retrógrado y como un movimiento fuera de su tiempo, sin estudiar la complejidad de dicho fenómeno, de nuestra sociedad y las de su entorno. Y esto entra de lleno también en la guerra de 1936-39 y en el franquismo, tanto en vida del General como del posterior.

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/22)

22 julio 2019

SANTIAGO MATAMOROS, FIESTA DE GUARDAR

De guardarse de ella. Santiago, Yaakov de Zebedeo según los evangelios, es el patrón de España. Su fiesta se celebra cada 25 de julio, de modo oficial, allá donde el Estado español extiende su dominio. No por casualidad, cuando en 1512 las tropas del duque Alba invadieron Navarra, entraron en Pamplona un 25 de julio, día de Santiago. ¿Qué nos dice la memoria de este santo patrono?

Según la tradición cristiana, Santiago fue discípulo de Jesús; un apóstol; y de los principales. De hecho con este nombre hubo dos: el Mayor y el Menor. O, más difícil todavía, tres, ya que a los dos anteriores se suma una Epístola que forma parte del Canon cristiano y cuyo autor es también… ¡Santiago!

En la tradición medieval, cuando los apóstoles de Jesús se dispersaron por el mundo para difundir su mensaje, Santiago recaló en la Hispania romana en la que, siguiendo otra leyenda, la propia virgen se le apareció en Zaragoza sobre una columna, cuando se hallaba en un momento de desesperación y zozobra. María, parece, le dio ánimos para continuar su labor evangelizadora. Aquí el relato español erige uno de sus lugares de memoria sobre el “pilar” en que la virgen se presentó al apóstol.

Tras muchos años de olvido, a finales del siglo IX se encontraron en Iría Flavia, junto a la actual población de Santiago de Compostela, los restos de una persona de importancia. Sobre estos restos humanos se construyó una leyenda de mucho trasiego en el medioevo hispano y europeo, un trasiego comercial, cultural y religioso. Se atribuyeron al retorno milagroso de los despojos de Santiago a Hispania. Y así arrancó el camino jacobeo. Con este mito el nacionalismo español construyó otro lugar de memoria que, a la larga, fue más relevante que el de Zaragoza. Santiago fue elevado a la categoría de Patrón de la patria, con un significado que evoca ideas de cierre y xenofobia.

El apodo de Santiago Matamoros nos remite a su sangrienta intervención en la batalla de Clavijo, en 844, ¡mira qué bien!, contra los sarracenos. Otra frase que le califica, explícita en el himno del Arma de Caballería del Ejército español, es ¡Santiago y cierra España! Esta expresión se asocia al cierre o clausura que define, desde el reinado de Felipe II por lo menos, la política de todo gobierno de la monarquía española. Cierre ante cualquier idea, ante cualquier avance técnico o científico. Clausura ante el pensamiento libre, emancipado de la tutela católica.

Desde que a comienzos del pasado siglo Benedetto Croce propuso la tesis según la cual ‘toda historia es historia del presente’, cada vez son más los historiadores que se suman a ella. Toda sociedad y todo grupo, en cada época, reconstruye su historia, su relato en general, en función de sus intereses en el presente. Su posición social o política en los conflictos actuales proporciona la base de sus investigaciones, la selección de los hechos y su interpretación. El nacionalismo español ha construido la parte esencial de su relato nacional con el cuento de la Reconquista y con Santiago como estandarte contra los ‘otros’ (moros).

Como decíamos, el 25 de julio de 1512, festividad de Santiago, las tropas castellanas conquistaron Pamplona, capital del reino de Navarra, en los primeros días de la invasión del duque de Alba (y el fin de la independencia del Estado vasco).

El simbolismo que supone la pérdida de la capital histórica del reino, Iruñea, no puede ser objeto de festejo alguno, porque expresa una derrota. Pero de la memoria de los vencidos, como dice Walter Benjamín, surge la reivindicación y la lucha por la superación y reparación de las injusticias. Nuestro futuro se puede construir precisamente sobre la memoria, sobre esos mimbres memoriales de los derrotados. Un futuro de libertad y emancipación nacional no se levanta ignorando las injusticias y derrotas anteriores. Buena parte de los conflictos que desde entonces hemos padecido en nuestra tierra tienen su origen, más o menos directo, en la pérdida de soberanía que supuso la conquista del Estado vasco a manos del Imperio español. En 1620 desapareció la Baja Navarra absorbida por la corona francesa.

La fiesta de Santiago, un santo cristiano, violento, racista, matamoros, imperial, reaccionario, no es para celebrar, si no es como ocasión de rechazo. Como signo de rebeldía, reclamación de justicia y pase de página. Es una metáfora ilustrativa de lo que nos ofrece España, y un relato de cómo se ha construido. Una buena ocasión para caer en la cuenta de cuánto nos conviene guardarnos de ella. ¿Fiesta de guardar? En todo caso, de protegernos. Cualquiera tiene un mal día.

Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

08 julio 2019

DEL BURGO, LUZ DE TRENTO

Si algo tiene Jaime Ignacio del Burgo es que nunca te deja indiferente. Responde a ese patrón de la tradición española que se define sin rubor por el ideario de Menéndez Pelayo en su Epílogo a la Historia de los Heterodoxos españoles: “España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad”. Nacional-catolicismo destilado, de 50 grados a la sombra.
La última aparición de este político en ‘el Mundo’ (Una ambición destructiva para Navarra y España, 26-06-2019) nos ofrece una nueva evidencia. Este tipo de personajes fundamenta sus posiciones y argumentos en una suerte de catastrofismo agorero. “Quieren crear la Eurorregión de Euskal Herria”, destaca en negrita. Su discurso es un batiburrillo de calamidades y desgracias que acaecen por culpa de sus adversarios; y es natural que ello les lleve a una justificación (cuando no demanda) de sanciones, castigos, represalias, operaciones de Estado y otras agudezas. El mundo es traidor, y no nos puede temblar la mano cuando está en juego la seguridad de la patria.
Este pensamiento es alarmista por naturaleza. Se nutre de las fábulas de terror y de una literatura desquiciada que han ido fabricando durante años a base de manipulación, retórica e insistencia. Todo es ETA. Los atentados de Madrid son ETA. El ex alcalde de Altsasu es ETA. La canícula de verano y las tormentas de granizo que puedan acaecer en sanfermines también son ETA.
Otra peculiaridad de esta verborrea patriótica es su tono patético, de melodrama. Nada existe en matices, en grados, en escala. Recuerda a los culebrones venezolanos. Todo ocurre a la tremenda. Si ya no me quieres, Amadeo Fernando, el mundo se derrumba. Si Geroa Bai se reúne con el PSN, es que mi amor me traiciona y me apuñala por la espalda. El PSOE está dispuesto a “archivar sus convicciones constitucionalistas”. Si une sus votos a Bildu para elegir a Unai Hualde (¡ex alcalde de Altsasu!) es que va con quien mancilla las calles al grito de “Gora ETA”. Si el cuatripartito ofrece el menor gesto a favor de la lengua vasca, es que impone “el euskara como si fuera oficial en toda Navarra”.
Un aspecto que desconcierta dentro de esta visión apocalíptica, dado su currículo de académico de la Historia, es su argumentación historicista (así, en ese sentido peyorativo del término). En efecto, sorprende su inconsistencia. Primero, porque es imperdonable en una persona que presume de saber historia que confunda la Constitución española de 1812 (la de “¡viva la Pepa!” con la de 1837, que es la que estaba en vigor al final de la guerra carlista, tanto cuando se produjo el ‘abrazo de Bergara’, como cuando se impuso la famosa Ley, que del Burgo llama “paccionada” (agosto de 1841), que significó el desmantelamiento foral de la Alta Navarra.
Pero, más grave aun, en segundo lugar, que califique de logros y bondades los cambios históricos e institucionales que se produjeron en 1515 y 1841 (la ‘incorporación de Navarra a Castilla’ y la desaparición del reino). Como cualquier limpiabotas sabe, ambas fechas se refieren a sendas y graves derrotas de Navarra; nos remiten a situaciones bélicas; ambas circunstancias son de desolación y castigo, de imposición y humillación al vencido en el campo de batalla. Una en la conquista del duque de Alba (1512) y otra la victoria de Espartero (1839).  ¡Hombre! Que nos venda como avance y beneficio lo que fue venganza y despojo de los vencidos, manu militari, es de traca.
En todo caso, al lado de todo este argumentario falaz, embrollado y marrullero, el artículo de JIB se orienta a defender su negocio. Por sentido de Estado, el PSOE tiene que entregar el gobierno de Navarra a los suyos. A Navarra Suma. A UPN, PP y Ciudadanos. Ahí el viejo zorro se nos presenta como protagonista de las alcantarillas del Estado, estratega de sus maniobras, honorable James I. Bond de una lucha contra el imperio del mal, acreedor de servicios a la corona. Por cierto, en ese alarde de autocomplacencia expone su peculiar interpretación de la democracia: “en la democracia española sólo es intangible la unidad de la nación cuya soberanía pertenece al pueblo español”. Por si alguien no lo entiende, todo es discutible menos la unidad de España: eso es impepinable, absoluto, previo a las leyes, a la dignidad humana y al sursum corda.
JIB pertenece a esa casta que configura lo que se ha dado en llamar deep statee, el Estado profundo. No es un partido, ni un lobby, ni una mafia, sino un conglomerado de funcionarios, élites, estructuras de poder, banqueros, que se retroalimentan entre ellos y se cooptan. No dudan en utilizar las cloacas del Estado para guardar sus intereses. En ella se incluyen los medios de prensa que se encargan de retransmitir y amplificar sus fake newsCon ellos la opinión pública flota entre la complacencia del supremacismo español y el somnífero del deporte y la farándula. Ahí, las figuras como JIB obtienen reconocimiento y prebendas.
Así funciona la máquina. Como advierte J.I. Bond, de lo que se trata es de que el gobierno del PSOE atienda a su razón de Estado: entrégame el chiringuito navarro; para los míos; es “Vital para la unidad de España”.

07 mayo 2019

ZENHERRIA Y EL EJÉRCITO DE OCUPACIÓN


¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga? 
Jorge Luis Borges


Apostaría por que fuera un imperio lo que se apaga, pero mucho me temo que sea una sencilla luciérnaga entre muchas que no alcanzan a proyectar un foco capaz de orientar un país con sensación de derrota y rumbo perdido.

El imperio, los imperios, que soportamos sufren todos los quehaceres derivados de un mundo en transformación a no se sabe dónde ni en qué condiciones: transiciones energéticas, cambios climáticos, modelos sociales y económicos, organizaciones políticas… pero, en contra de lo anunciado décadas atrás, no acaban de apagarse. Los estados, modelo paradigmático de su organización, permanecen activos y protagonistas.

Vuelve a tomar auge la idea de identidad. La identidad no es principalmente un buscar en un pasado, más o menos idílico, las características comunes que definen un grupo humano, pueblo, sociedad, nación… sino los proyectos que se plantea hacia el futuro. Normalmente los problemas identitarios, los nacionales, no surgen hasta cuando el transcurrir de un pueblo o nación se encuentra obstruido, interceptado, destruido muchas veces, por intervenciones extrañas. La identidad como problema emerge cuando un grupo humano interfiere sobre los modos de organización social, lingüística, política, festiva, religiosa, etc., de otro y pretende imponer los suyos. Las definiciones nacionales se expresan en este contexto. Siempre una identidad o una nación se problematizan y se expresan con relación a otras, sobre todo cuando esas otras pretenden anularla.

En nuestro caso podemos tratar de construir nuestro relato con base en un modelo de organización social, una lengua, una historia, una memoria… y todos son elementos importantes para construir el sujeto histórico que en una nación desestructurada y sometida es el soporte para constituirse en sujeto político. Pero muchas veces, y es nuestro caso, parece que no es suficiente esta perspectiva del sujeto social. Es tan importante, o más, la percepción externa, sobre todo cuando procede de alguien que pretende disolver, o incluso aniquilar, la identidad colectiva o nacional del sujeto. De este modo, la objetiviza en los dos sentidos del término: por un lado la convierte en un objeto, pero, por otro, al ser distante, puede ser más objetiva.

A lo largo de los conflictos que la sociedad vasca ha sufrido a partir del siglo XIX, como consecuencia inmediata de los intentos de emulación del modelo de Estado francés por parte del español, hay una constante que nos define como sujeto —objeto para ellos—,  y es el Norte. Ya sabemos que nosotros tenemos nuestros puntos cardinales propios: nuestros norte, sur, este y oeste están bastante claros, o deberían estarlo. Pero para los españoles somos el Norte, su norte.

La guerras carlistas eran, para los cronistas hispanos, las guerras del Norte. Cuando en plena efervescencia del franquismo montaron un plan especial contra la insurrección vasca lo denominaron Zona Especial Norte (ZEN). Nosotros que andamos enfrascados en la descripción de un relato que nos dé sentido de nación, nos posibilite constituirnos como sujeto, lo podemos aprovechar también. Es el enemigo quien define nuestra identidad, nuestra nación. Ellos se proclamaban como el ejército de ocupación. Nosotros, los zen, los ocupados.

¿Por qué vamos a discutir que si Euskadi, Euskal Herria, Vasconia, Navarra… si ya nos han dado un nombre de resonancias culturales universales: ZEN-Herria? Ya nos han definido: el pueblo del ZEN. Bien sé que adoptar la definición que otorga el enemigo es, normalmente, contrario a los intereses del dominado, pero en este caso, tanto su autodefinición como la marginalidad simplemente geográfica en que nos ubica, expresan su cultura imperial.

El Zen es, también, la variante japonesa del budismo mahāyāna (el ‘gran vehículo’). Un modo característico de expresión del Zen son los haikus o formas poéticas muy breves (tres versos en general) en relación con situaciones cotidianas, pero siempre con una disrupción final que provoca asombro o emoción. Modelo Borges. Aspiramos a ser luciérnagas en nuestro caos.

NOTICIAS DE NAVARRA (2019/05/10)

02 mayo 2019

USTARITZ 1789




LUIS Mª MARTÍNEZ GARATE: “Los estados español y francés siempre han tratado de centrar a cada parte de Vasconia en su imaginario nacional”





























Nabarralde acaba de publicar el último libro de Luis Mª Martínez Garate, Ustaritz 1789. Laburdi en la Revolución Francesa, en la que habla de la situación de dominio que sufre el pueblo vasco por parte de dos estados (el español y el francés) y la existencia de una frontera que lo divide desde 1659, con lo que ello implica: el desconocimiento mutuo de la historia de la vasconia peninsular y la vasconia continental. El libro pretende dar a conocer al conjunto vasco hispanohablante algunos de los acontecimientos acaecidos en Lapurdi como consecuencia de la Revolución Francesa y sus efectos sobre la población.
 ¿Cómo y dónde surge la idea de escribir este libro?
En la primavera de 2017 un amigo uztariztarra, Beñat Castorene, me propuso la idea de conocer a Michel Duhart y hablar sobre sus estudios referidos a Ustaritz y Laburdi en general. Duhart es un gran conocedor de la historia, de los acontecimientos y lugares, del País Vasco continental. Pasa de los noventa años y goza de un mente espléndida. Uno de sus trabajos lleva por título Ustaritz au temps de la Révolution y versa sobre los avatares de la comuna en los tiempos convulsos de la misma (1789-1800). La intención de Michel Duhart era hacer partícipe a la población hispanohablante del área peninsular de Euskal Herria de los acontecimientos vividos y sufridos por su zona continental, desconocidos, en gran parte, a causa de los sistemas educativos de los estados que dividen nuestro país.  
Se trataba de dar a conocer unos hechos que afectaron de modo muy grave la cohesión social y política de la Vasconia norpirenaica y sin los que no podríamos construir el relato completo de nuestra nación. Acepté el reto y, aprovechando una etapa de retiro forzado por una rotura del tendón de Aquiles, trabajé en una contextualización histórica de la Revolución francesa y en una breve síntesis de la historia de Laburdi y Baiona que junto con la organización de los datos recogidos por Duhart en su estudio, constituyen el fundamento de mi trabajo divulgativo. Porque hay que resaltar que no es una obra de investigación ni de reflexión. Simplemente de divulgación.
En el mismo, hablas de cómo afectó la Revolución Francesa en Ustaritz. ¿Por qué, precisamente, ese lugar?
Por tres razones. La primera porque el trabajo de campo estaba realizado ya por Michel Duhart con base a los archivos municipales de Ustaritz. En segundo, porque Ustaritz es la “capital” histórica de Laburdi al haber acogido las reuniones de su biltzar o asamblea de los representantes de su organización foral. Y la tercera, por ser una comuna representativa del conjunto lapurtarra, de modo que lo acontecido en la misma podría ser extrapolable al resto.
El pueblo vasco lleva siglos dominado por dos estados, divididos por una muga férrea. ¿Cuáles dirías que son las principales consecuencias de esta división?
La pregunta implica una respuesta larga, pero para sintetizar al máximo diré que la partición de Euskal Herria entre dos estados absolutistas, predecesores de los modernos sistemas totalitarios, fue creando ‘dos’ vasconias ya reconocidas por Oihenart en 1637 en su Notitia Utriusque Vasconiae…, la ibérica y la aquitana. Los estados son elementos fundamentales para la construcción nacional y el español y el francés siempre han tratado de centrar a cada parte de Vasconia en su imaginario nacional. Para ello reescriben la historia según sus intereses e inculcan una memoria adscrita a los mismos.
¿Dirías que es tal la división, que desconocemos la historia del otro?
Por supuesto que la desconocemos. Pero sobre todo lo que sufrimos es una aculturación memorial. Desde niños, los franceses construyen sus personajes y lugares de memoria basados en la grandeur de la France. Los galos, nuestros antepasados; Clovis, el gran rey converso; San Luis, el rey santo; Juana Arco, la heroína de la independencia; Luis XIV, el esplendor de la monarquía absoluta; el Siglo de la Luces, con Diderot, Voltaire, Rousseau..; la gran Revolución, partera de la democracia moderna; Napoleón y su imperio; etc. Los españoles nos han inculcado los suyos. El esplendor de la Hispania romana; la gran unificación visigoda entorno a Toledo; su recuperación, tras la conquista musulmana, en ocho siglos de Reconquista; los gloriosos descubrimiento, conquista y cristianización de América; el Imperio en el que “no se ponía el sol”; el Siglo de Oro; la Guerra de la Independencia frente a los franceses, con Agustina de Aragón al frente; etc.
Quitando la fuerza del hecho lingüístico, han tratado de destruir todos los referentes comunes entre ambas vasconias.
Principalmente, ¿qué consecuencias tuvo la Revolución Francesa en Lapurdi y en general, sobre el pueblo vasco de la parte continental?
La fundamental fue la destrucción de la organización social y política propia, expresada en la abolición del sistema foral en 1789. También fue la consolidación del sistema unitario francés, incluyendo sobre todo la persecución lingüística.
¿Que suponía ser vasco en la Lapurdi de la Revolución Francesa?
Suponía tener un modo de organización social y económica propio y un sistema político, aun subsidiario al francés, de una relativa autonomía. La Revolución se lo llevó todo por delante.
¿Se puede reconstruir o construir, de alguna manera, el imaginario y el relato de la historia común del pueblo vasco, alejado del español y el francés?
No sólo se puede, sino que se debe. Hay que desvelar todos los mitos impuestos por ambos estados y rebelarse contra ellos. El modo mejor de hacerlo es (re)construir la historia desde un punto de vista auto-centrado, desde la perspectiva nuestro pueblo como sujeto. Y trabajar los lugares y hechos memoriales propios con esta perspectiva.
¿A qué se refiere Carod Rovira cuando dice que una nación es, sobre todo, un relato? ¿Y cómo se aplica esto al pueblo vasco?
Es una feliz idea de Carod Rovira. Sin un relato compartido, no se puede considerar que una sociedad constituya una nación. Ese relato es sobre todo un hecho memorial vivido. La memoria común lo construye y, a su vez, el relato la realimenta.
Sin memoria común no se pueden hacer planes y sin planes compartidos no hay un futuro propio viable. El hilo que va de la memoria al futuro pasa por el relato. De ahí el interés de los estados que nos dominan de controlar la historia, sí, pero sobre todo la memoria y el relato. Y así, mantener su dominio. En nuestro caso, se trata de reconocer como propios los referentes memoriales de la parte ocupada por el otro Estado, de relacionarlos con los ya asumidos y construir un relato autocentrado, el de la nación vasca y su Estado, Navarra.

29 marzo 2019

LA CONFUSA MEMORIA DEL PRESENTE


La guerra de España en América fue plenamente moderna, precisamente gracias a su decidida voluntad de gestionar la memoria a través de la confusión 
(Jorge Luis Marzo)

Hace pocos días se ha conmemorado el 500 aniversario de la Batalla de Centla, en la que los mayas chontales fueron derrotados por tropas muy inferiores en número al mando de Hernán Cortés, gracias a su dominio de las armas de fuego y el uso de la caballería, que los indígenas desconocían. La masacre fue brutal. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha recordado los hechos afirmando que la conquista "se hizo con la espada y la cruz"; de paso recriminó que hubo "matanzas", "imposiciones" y "se construyeron iglesias encima de los templos" prehispánicos. Con este motivo, afirmó que próximamente se dará a conocer "la postura del Gobierno de México" en cuanto al "rescate de nuestra memoria histórica".

La reacción de la prensa y la casta política española ha sido lamentable. Hemos asistido a una descalificación del presidente mexicano a base de insultos e improperios. La querencia imperial del nacionalismo hispano se ha manifestado sin tapujos; de derecha a izquierda, de arriba abajo, por el centro y los resquicios, las declaraciones han sido elocuentes: de Vargas Llosa a Pérez Reverte o Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española; Abascal, Borrell, Casado y Rivera se han unido en santa cruzada para despreciar y recriminar al presidente mexicano.

La polémica abierta tiene su interés por varios motivos, de los que algunos nos conciernen. De entrada porque pone de evidencia la naturaleza imperial del Estado en que nos vemos, que se ha construido sobre la brutalidad y la violencia ilegítima empleada sobre las gentes, en contra de cualquier derecho o razón civilizatoria. De paso, también sirve para que comprobemos que el nacionalismo español, en el poder y con los recursos de este Estado en sus manos, está contaminado por una ideología supremacista, agresiva, con un fundamento argumental y de valores que se asienta en siglos muy pasados, en épocas y pensamientos medievales.

Pero como apunta el historiador Jorge Luis Marzo, la gestión de estos debates es plenamente moderna porque se mantiene una voluntad de encarar los hechos del pasado a través de la confusión del relato y la memoria. Y eso nos atañe.

Si hoy, en nuestro propio país, planteamos el debate en los términos de López Obrador, nos encontramos con que desde la derecha o la izquierda, desde el ordenamiento legal o los movimientos políticos y sociales, en Euskal Herria como en España, no se admite más memoria que la del 36. Se sostiene, legal y argumentalmente, que la memoria histórica no va más allá de la sublevación militar en 1936 y la represión posterior hasta la muerte del dictador Franco. Si aludimos a la conquista de Navarra, se nos responde que somos historicistas y estamos fuera del debate. No hace mucho un responsable institucional nos reprochaba: “eso no es memoria; es ideología”.

Como el presidente mexicano, los Estados latinoamericanos tienen muy claro el legado de calamidades que les dejó el imperio español con su historia de genocidio, latrocinio, saqueo, desestructuración social y política y demás secuelas. Y denuncian que no se entiende su realidad actual sin esa premisa memorial.

Sin embargo en esta tierra no admitimos la cadena de agresiones, expolios, brutalidades y despropósitos que marca la historia y nos conduce hasta el presente, la que explica los sucesos del 36 y el siglo XX, pero más allá la Gamazada, las guerras carlistas, las rebeliones y matxinadas, el desmantelamiento del Estado navarro independiente (aunque todo ello sea posterior a los hechos que cita López Obrador). Admitimos la memoria de Latinoamérica, pero no la que nos incumbe.

La confusión que menciona J.L. Marzo llega hasta hoy, gobierna nuestras conciencias y lo hará hasta que no tengamos un Estado, un presidente, vasco, navarro, pero independiente, que alce la voz y reclame la memoria y la condena de las conquistas y desmanes de los gobernantes españoles.

Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

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