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19 junio 2010

VIAJE DE INVIERNO

Desde hace muchos años, Franz Schubert es uno de mis compositores preferidos. Mis primeros recuerdos se encuentran en la audición, en el Teatro Gayarre de Iruñea, de su quinta Sinfonía interpretada por la Orquesta Santa Cecilia de Pamplona bajo la batuta del maestro Bello-Portu. Sería hacia el año 1965; ayer. Recuerdo la impresión que me produjo esta, para mí, primera música de Schubert. Presente tengo también uno de mis primeros vinilos, con la sinfonía Italiana de Mendelssohn y la Inacabada de Schubert interpretadas por la Orquesta de la Radiodifusión Francesa, dirigida por Igor Markevitch. Más tarde fueron llegando los cuartetos, las sonatas de piano y tantas otras de sus obras.

La cumbre llegó a mediados de los años 80 del pasado siglo, cuando se puso de moda promocionar, en los quioscos de prensa, la música clásica en CD. Gracias a una de esas colecciones, conocí Winterreise (Viaje de Invierno), en su adaptación para barítono, cantada por Fischer-Dieskau. La emoción sentida en las primeras audiciones, la desolación del ambiente que transmite con tanta fuerza, la sensación de abandono e impotencia que provoca, son inolvidables, incluso a pesar del ímpetu de “Mut” (Valor), situada casi al final del conjunto. Cuando, algo más tarde, accedí al texto de los poemas de Wilhelm Müller sobre los que está escrita la música de Schubert, me di cuenta de que estaba a un paso de la gloria, a punto de alcanzar la belleza en el nivel más alto posible.

El pasado jueves 17 de junio en el Kursaal de Donostia tuve la oportunidad de escuchar la versión original de Winterreise para tenor. En mi opinión, una interpretación fantástica a cargo del tenor londinense Mark Padmore, acompañado al piano, en un gran encuentro, por el también británico Roger Vignoles. Escuchar el “Gute Nacht” (Buenas noches) , “Der Lindenbaum” (El tilo) hasta llegar a esa enorme profundidad de desconsuelo que es el último lied de la serie “Der Leiermann” (El hombre del organillo), en el que descubres un organillero, sólo, en una noche helada, sin una ochena en el platillo con el que pedía por unas interpretaciones que nadie escuchaba. No ves a la persona con los ojos, pero la percibes viva y sufriente; sientes, con intensidad, su abandono y tristura. Puedes recogerte en ti mismo y llorar, aunque sea sin lágrimas.

Más tarde vendrían los lieder de La Bella Molinera, El Canto del Cisne y tantas otras maravillas creadas por el gran genio vienés. La del pasado jueves fue una jornada memorable. El único defecto reseñable podría ser que este tipo de música, profundo, intimista y melancólico exige un auditorio pequeño, retirado y sin grandes multitudes escuchándolo. Sobre todo si durante el recital suenan teléfonos, toses abundantes e incluso los taconeos de una persona que abandonó la sala en el momento más íntimo del Organillero, el último lied de este viaje de invierno, logrando, sin querer supongo, emular un zapateado a ritmo de milonga desacompasada, mientras a través de la música se iba descubriendo un músico en el frío, la soledad y la tristeza. Una auténtica gozada de recital y una suerte haber estado presente para escucharlo.

26 enero 2009

UNA FÁBULA DE MÚSICA

A modo de hipótesis podemos suponer que nos encontramos durante el frío invierno de 1988 en Riga, capital de Letonia, nación que en aquel momento formaba parte obligada de la también fría URSS. Supongamos también que una orquesta vasca en gira por la URSS acompañada de una de sus solistas vocales de más calidad y prestigio y dirigida por una joven, y también excelente, batuta ofrece un concierto en el auditorio más importante de Riga.

Imaginemos un concierto de música clásica centroeuropea interpretado magníficamente. Sinfonías de Mozart y Haydn y arias de óperas se suceden y entrelazan ante una gran recepción por parte del público. Este aplaude a rabiar y los bravos surgen con fuerza de muchas gargantas presentes; se repiten las salidas y saludos de solista y director.

El público, expectante, hace silencio ante la intervención del director que va a presentar la primera "propina". Rompe a hablar en un ruso perfecto y dice, poco más o menos:

"Aprovechando que estamos de gira por Rusia y en honor al público vamos a ofrecer un bis de música rusa".

La orquesta ataca las "Danzas de los Pólovtsy" o "Danzas Polovotsianas" de la ópera "El Príncipe Igor" de Borodin. Nacionalismo musical ruso en estado puro, eso sí, épico y de una gran fuerza.

A continuación la solista, expresándose en un ruso más que aceptable, dice que va a cantar un aria de la ópera "Ruslán y Liudmila" de Glinka, música también espléndida y bellísima, asímismo expresión poderosa del gran nacionalismo ruso.

¿Se lo pueden imaginar, queridos lectores? A mi me resulta difícil de creer que la falta de respeto de los intérpretes por el público presente en Riga alcanzase tal nivel de menosprecio. También me hubiera resultado extraño, por parte de este último, una reacción de delirio enfervorizado por las obras interpretadas. Más me hubiera cuadrado un silencio, entre despectivo y respetuoso, por alta que hubiera sido la calidad de la interpretación.

Colocando los términos en nuestra próxima realidad, poniendo que el lugar de la actuación no era Riga sino el Kursaal de Donostia el pasado día 25 de enero, que la orquesta era la de Cámara de Basilea, el director, Karel Mark Chichon, la solista, la mezzosoprano letona Elïna Garança. La gira, según el director Chichon, era "por España" y "en honor al auditorio español" presente en la sala, interpretaban los correspondientes bises de J
Giménez, el primero, con orquesta sóla y de Chapí, el segundo, con la participación de la mezzo Garança, tras presentar ella misma la pieza.

Pensando en la hipotética situación en Riga que he planteado al principio, pasé dolor y vergüenza, ajena y propia. Pocos años después de 1988, Letonia se independizaba de la URSS y recuperaba su propio Estado. A partir de ese momento estoy convencido que escuchan con mucho más alegría y despreocupación la música rusa, por nacionalista que fuere.

Estoy deseando de poder hacer lo mismo con la música española, que la hay magnífica, y que, además, me gusta. Pero para eso pienso que necesitamos el respeto de los demás, para lo que es necesario, en primer lugar, el propio. Elementos necesarios son la autoestima y el destierro de los complejos a que nos inducen cotidianamente.

Por otra parte, el concierto fue realmente de fábula. Una maravilla tanto la orquesta como el director Chichon y la mezzo Garança, musicalmente hablando, claro está. Sobre todo dentro del programa previsto. Espero, cuando seamos independientes y disfrutemos de nuestro propio Estado, poder gozar con estos mismos bises o de otros cualesquiera y de cualquier sitio, siempre que sean buenos, estén bien interpretados y no pretendan ningunearnos ni adoctrinarnos.

02 agosto 2008

WAGNER, ¿ENTRAÑABLE?

En este atardecer, suave y claro, del comienzo del agosto donostiarra y antes de comenzar el maratón de la Quincena Musical, estoy oyendo por radio la retransmisión del "Ocaso de los Dioses". En días anteriores escuché la introducción, "El Oro del Rin", y las dos primeras partes ("Walkiria" y "Sigfried") y, curiosamente, llego a la conclusión de que Wagner me resulta entrañable.

Este año he escuchado también "Maestros Cantores", en mi opinión la mejor ópera de Richard Wagner, pero hoy, con el "Ocaso", he llegado a la conclusión de que Wagner me aparece como "entrañable". Me sorprende a mi mismo. Una música que ha sido presentada por algunos como paradigma del terror nazi, del antisemitismo más burdo y feroz, de la expresión de la capacidad agresiva de la especie humana a sus niveles más altos, y yo, aquí y ahora, "viéndola" -escuchándola- como "entrañable".

Creo que el final del "Ocaso" es una música tan melancólica, llena de "lembranzas", "saudades" y "morriñas" que más que pertenecer al mundo germánico está muy próxima del universo galaico-portugués (¿algo de celta?) en el que los dioses caen, se desvanecen y desaparecen. Todo lo cual, desde un punto de vista social y político, es positivo y acorde con la marcha de la humanidad hacia su "liberación", o su emancipación.

No obstante nos queda ese tremendo escollo contra el que el racionalismo excesivamente simplificador siempre ha tropezado: caidos los dioses, ¿somos capaces de comprender y explicar toda la realidad en la que vivimos y de la que somos parte y coautores?

Los dioses han caido hace ya mucho tiempo, a pesar de los intentos integristas de restaurarlos, pero nuestra "fe" en la capacidad de la "razón" para atrapar el universo, la vida, las sociedades, aparece todavía orgullosa, como su alternativa, ¿no será otro dios más?

La razón humana es un instrumento que en la "trama de la vida" (Fritjof Capra, 1998) intenta representar y comprender el "mundo" y (auto)representarse, (auto)comprenderse, sin lograrlo plenamente. Tal vez por todo ello, pienso que "El Ocaso de los Dioses" convierte, para mí, la música de Wagner en algo entrañable, en el que percibo nuestras propias cavilaciones, dudas y límites.

12 marzo 2008

MÚSICA, MAESTRO KAHANE

Constato clara y distintamente, como diría Descartes, que un elemento tan aparentemente "apolítico" como es la música, en muchas ocasiones se ve acompañado de poderosas cargas de política "profunda".

Quienes sigan las entradas de este blog comprobarán que, efectivamente, hay varios comentarios críticos referentes al ámbito musical, casi todos en relación con los programas. En algunos se trata del programa del concierto en sí mismo y de su inoportunidad política, mientras que en otros, fundamentalmente en conciertos de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, la mención crítica la recibe el redactor de los programas.

Hoy, con un cierto retraso, el comentario va por la "actuación" en el escenario de un director. Estoy hablando del concierto, ofrecido por la Fundación Kursaal junto con Cultura Musical en Donostia, del pasado viernes 7 de marzo de 2008.

El programa era espléndido y la Orquesta de Cámara de Los Ángeles lo bordó. La actuación del pianista Uri Caine, de primera, y su director, también. El único pero estriba en sus intervenciones orales. Efectivamente, Jeffrey Kahane tanto al comienzo del concierto como al final, justo antes de la "propina", y expresándose ambas situaciones en un correctísimo español, expresó unos comentarios claramente políticos. Soy el primero en deplorar, criticar, desautorizar y lo que haga falta, el atentado de Arrasate, pero de ahí a tener que aceptar sus palabras sobre la pertenencia de Donostia, y por lógica extensión del conjunto de nuestro país, a España, median muchas leguas de distancia.

Lo siento, pero no estamos para comulgar con ruedas de molino. Kahane ese viernes no estaba "en España". Donostia, villa de fundación navarra en el siglo XII, no es España. Mal que les pese a muchos, el conjunto de Vasconia tampoco; recordemos que Navarra fue conquistada y ocupada por las armas; y aún seguimos. Y al señor Kahane, persona con alto nivel cultural y, supongo, sin intención de meterse en política, le aconsejo que se informe de la realidad de la sociedad ante la que habla antes de abrir la boca.

03 marzo 2008

MÁS SOBRE MÚSICA

El redactor de programas de la Orquesta de Euskadi ataca de nuevo. En esta ocasión se trata del programa del último concierto ofrecido por nuestra (?) orquesta y se refiere a la obra del ilustre intérprete y compositor de Iruñea Pablo Sarasate.

Según el escriba de la orquesta "...otro filón muy explotado por Sarasate fue el folclore español en todas sus facetas (Serenata andaluza, Capricho vasco, Petenera, Bolero, Playera, Zapateado, Malagueña, Jota Navarra, Jota Aragonesa...). Pero el violinista tampoco descuidó los diversos rincones de la geografía europea: así nacieron Aires escoceses, Barcarola veneciana, Melodía rumana, Canciones rusas, y tampoco hay que olvidar su interés por la música de los gitanos, como atestigua su Zigeunerwieser."

Vamos por partes, ya que el asunto no tiene desperdicio. La primera: ¿no son también de "diversos rincones de la geografía europea" el conjunto de obras citados en primer lugar?. La segunda: ¿por qué incluye obras como el Capricho vasco o la Jota Navarra dentro del folclore "español"?. La tercera: ¿no son también europeos los Aires gitanos, al menos tal y como los recoge Sarasate?. La cuarta: ¿por qué y con qué criterios ha delimitado esos tres grupos?.

Me produce hastío el sesgo político, con su expreso y pertinaz nacionalismo español, que introduce habitualmente el responsable de los programas de la OSE. Ya lo dije en otra ocasión, ¿no pretende ser nuestra orquesta "nacional"? Si es así, nuestra música "nacional" será "navarra", "vasca" o "vasco-navarra", que me da igual el nombre; será, por supuesto, "europea", pero nunca será "española". En caso contrario, las melodías zuberotarras, por ejemplo, adaptadas al piano, a la música de cámara o sinfónica por tantos compositores (Guridi, Aita Donostia etc.) ¿qué serán? ¿música "francesa"?

25 enero 2008

VARIACIONES POLÍTICO-MUSICALES

Salgo de escuchar un muy buen concierto de la Orquesta Sinfónica de Euskadi con un programa de mi agrado, sobre todo la suite "Alexander Nevsky" de Sergei Prokofiev, basada en episodios musicales de la película homónima dirigida por Sergei Mijailovich Eisentein y cantada con el Orfeón Pamplonés. La ví hace muchos años y me produjo un impacto duradero basado, sobre todo, en la magnífica conjunción de imágenes y sonido, música en particular. Es una música épica y de gran expresividad, manifiesta un apabullante nacionalismo ruso, pero con enorme fuerza y belleza.

Hace pocos días escuchaba "El amor de las tres naranjas", del mismo autor, que es una música también muy hermosa, pero alejada de cualquier perspectiva épica. Es muy interesante constatar la variedad de la música compuesta por Prokofiev en cuanto a géneros y estilos. Cosa parecida sucede con el otro gran ruso, casi de su generación aunque algo más joven, que es Dimitri Shostakovich. También tiene sus grandes obras épicas, sobre todo su sinfonía número 7, "Leningrado", dedicada a la heroica batalla librada contra el nazismo alemán en dicha ciudad. Shostakovich compuso maravillosas músicas de cámara, muy distantes de todo planteamiento épico.

Tanto Prokofiev como Shostakovich pasaron por etapas muy diversas en sus relaciones con el aparato político de la URSS, sobre todo en la época de Stalin. Ambos compositores son, en mi opinión, de los más interesantes surgidos en el siglo XX. Tal vez sólo superados por el gran Bela Bartok. Sin olvidar a nuestro compatriota Maurice Ravel.

Todavía no he olvidado el título, por lo que, a continuación, viene la coda política:

Leo, con estupor, en el programa distribuido por la Orquesta para el concierto de hoy, que el Orfeón Pamplonés "es una de las formaciones corales españolas más veteranas..." ¿Dónde estamos? ¿Quién escribe? ¿Desde cuando el Orfeón Pamplonés es una "formación coral española"? Por supuesto que es una (gran) formación coral, pero, ¿española? Es navarra. Y punto.

Las cosas se pueden decir de muchas maneras que, además, ya están inventadas (del "Estado español", de la Península Ibérica etc. etc.) Pero atribuir el calificativo de "español" a nuestro Orfeón me parece deplorable. Sobre todo procediendo de las mentes rectoras de la que piensan que la suya es la "Orquesta nacional de Euskadi".

Un cero a quien redacta sus programas.

27 agosto 2007

MÚSICA Y POLÍTICA

La Quincena Musical constituye la cúspide de los eventos musicales que a lo largo de cada año acontecen en Donostia. El pasado jueves 23 de agosto asistí a un recital de la soprano fiterana María Bayo, incluido en su programación.

Cuando, hace meses, se presentó el programa general y encontré su intervención no dudé en el interés del concierto. En la presentación aparecía, textual y exclusivamente: “obras de G. Bizet, H. Berlioz y selección de zarzuela”.

Una persona amiga, ya me había indicado desde Bilbao sobre la precariedad del programa que María Bayo realizaba en esta temporada. Y, además, de su sesgo político. También conocía algunas críticas desde Catalunya, concretamente del festival de Perelada.

Al llegar al auditorio Kursaal y leer el programa completo, intuí una primera parte interesante y una segunda, en cierto modo, “folklórica”. En efecto, la primera obra del programa era la superclásica, en todos los sentidos del término, “Sinfonía en Do Menor” de George Bizet con orquesta limpia, sin voz. Una preciosidad.

A continuación, dos obras de Berlioz, ahora sí, con María Bayo. La primera, una exquisita aria de la ópera “Béatrice et Bénedict”, creo que maravillosamente cantada; la segunda, un Bolero de “Zaide” que encaja a la perfección en lo que se conoce habitualmente como “españolada” y que, aunque no soy crítico musical sino un simple aficionado, me pareció muy pobre.

En mi opinión, la segunda parte del recital ofreció también un escaso balance, sobre todo desde el punto de vista de la programación seleccionada. La piezas orquestales de Jerónimo Giménez insertas en la primera línea del nacionalismo musical español del siglo XX, los intermedios de “Las Bodas” y “El Baile de Luís Alonso” respectivamente, son fragmentos de una buena factura y agradables de escuchar. Por el contrario, la música de la Obertura de “La Marsellesa” de Ruperto Chapí me pareció fuera de lugar. Obligar al público donostiarra al trágala que supone el escuchar el himno nacional francés y uno de sus cánticos emblemáticos como es el: “Ah ça ira, ça ira, ça ira...” en una pobre orquestación, es muy triste. Por lo que corresponde a las obras cantadas en esta segunda parte... demasiado “folklore” (en el peor sentido de la palabra) también. Posiblemente con la excepción cubana de “Cecilia Valdés”.

Sobre este concierto se me ocurren dos reflexiones que se superponen. Una, puramente musical, en la que aprecio un programa que desmerece tanto de la propia María Bayo, como de la Quincena Musical de Donostia. En este sentido recuerdo un precioso recital en el Victoria Eugenia en el que interpretó los “Cuatro líeder” de Richard Strauss; difícilmente olvidaré la primera ópera que le escuché en el Arriaga bilbaíno, “El Barbero de Sevilla”, y tantas otras a lo largo de su carrera. Recuerdo, también, un recital en el Baluarte de Iruñea con música de zarzuela del siglo XVIII, música española también pero alejada de ese género seudofolklórico que se ha denominado como “españolada”; y bastantes otras.

Cuando se prepara un programa musical no se puede hacer abstracción de la realidad social y política en la que se va a producir el evento. La música española me puede gustar igual que la italiana, checa o vasca, siempre que sea buena. Pero cuando se propone un programa mediocre, y esta es la segunda reflexión, en la que en la actual situación de Vasconia lo único que se enaltece es el nacionalismo, a través de las ya citadas “españoladas”... pues qué quieren que les diga: no me gusta. Y, además, me parece una provocación gratuita.

08 marzo 2005

MÚSICA Y AUTOESTIMA

El asunto va del programa de mano de una representación de ballet. La obra en cuestión es Carmen (la de Bizet, obviamente, pero en versión ballet). El lugar de representación, el Kursaal de Donostia.

Cita, textual, de la presentación de don José (el amante Carmen y vasco, como ella) y de la propia Carmen:

"José, el vasco, procede de una región cuyos estrictos códigos morales se basan en el antiguo sistema feudal. Carmen, la gitana, vive en una ciudad más moderna e industrializada..."

Carmen es también vasca, lo que indica, en contra de lo que intenta transmitir el autor del texto, que la sociedad vasca, pese a todas las conquistas y despojos anteriores, es en el siglo XIX una sociedad plural, una sociedad que acoge e integra, en lo posible, muchas "culturas" y "modos de vida". Y eso es, precisamente, la cultura vasca y su riqueza.

El autor del texto comentado resalta un aspecto que, además, es erróneo y tendencioso, cuando no malintencionado. Mucho habría que hablar del "antiguo sistema feudal" en Vasconia. Es la forma más sencilla de menospreciar la independencia de los vascos a través de su único Estado independiente: Navarra.

¿Dónde está la autoestima del patronato que gestiona el Kursaal donostiarra para haber evitado lo que no sólo es un error de interpretación, sino un desprecio por la propia historia?

05 marzo 2005

MÚSICA CON VARIACIONES

Reconozco que la música siempre me ha acompañado. Me ha proporcionado emociones gozosas desde muy joven. Recuerdo la primera vez que escuché la quinta sinfonía de Schubert a la Orqusta Santa Cecilia de nuestra capital, Iruñea, dirigida por Javier Bello Portu. No tendría 16 años. Muy poco más tarde, en Donostia, escuché una "propina" de la Orquesta de la Radio Televisión francesa, dirigida por Charles Munch, que me puso los pelos como escarpias. Al día siguiente la obra estaba en el programa y era... ¡la obertura de Los Maestros Cantores, de Wagner!

Hoy sigo escuchando música en esta Vasconia de nuestros pecados y me encuentro con que el "buque insignia" de nuestras orquestas, pomposamente llamada "Orquesta Sinfónica de Euskadi", no tiene rubor en incluir en su programa, en una obra de estreno, el siguiente texto: "Lehen aldiz interpretaturiko obra, estreinaldia Espainian. Obra interpretada por primera vez, estreno en España". Y esto en los programas que interpreta en Bilbo, Donostia y Gazteiz y, por supuesto, en Iruñea. Evidentemente para los gestores de "nuestra" orquesta estas cuatro ciudades son... España.

Y no se lo pierdan, la interesantísima idea de contextualizar cada obra en su época, aun conteniendo datos realmente significativos, está trufada de otros, relacionados con la historia de España, que no viene a cuento. O bueno, vienen a cuento para recordarnos que para ellos, los gestores, estamos en España.

¡Quousque tandem...!