Opiniones y puntos de vista sobre Navarra como perspectiva política de Euskal Herria y de la Vasconia histórica en el mundo actual y sobre cualquier aspecto que afecte al presente y futuro del planeta Tierra, su biodiversidad, y el papel de la inteligencia humana en todo ello, "Nos guste o no, estemos o no preparados, somos la mente y los guardianes del mundo vivo". (Edward O. Wilson)
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LA EXTRAÑA DERROTA
Un artículo de mi amigo Jaume Renyer
Marc Bloch, el eminente historiador francés, combatiente voluntario en la Segunda Guerra Mundial, dejó escritas sus reflexiones sobre la derrota del verano de 1940 en un ensayo titulado "L'Étrange Défaite", editado póstumamente tras su ejecución a manos de los colaboracionistas que no soportaban su condición de activo resistente y de judío. Fue el primer analista en señalar la responsabilidad de las élites francesas que hacía tiempo anhelaban un régimen como la Alemania nazi o la Italia fascista y abocados a una guerra que no querían de ningún modo prefirieron la victoria del nazismo antes que un eventual triunfo del frente popular. El resultado fue que el régimen de Vichy encabezado por Petain recibió el apoyo mayoritario no sólo de la burguesía sino de un amplio abanico de la clase política que optó por la rendición y la adopción de un fascismo a la francesa colaborando incluso activamente con los ocupantes alemanes en el combate contra la resistencia y los aliados.
Salvando las distancias, las deducciones de Marc Bloch son aplicables a la búsqueda de una explicación a la repentina y mayoritaria claudicación de los dirigentes independentista en el mismo octubre de 2017 divulgando, inmediatamente, el rumor de que el referéndum de autodeterminación del Primero de Octubre había sido una derrota nacional catalana. Sin autocrítica por la falta de preparación de estructuras de estado durante los años de proceso independentista, ni reflexión honesta y abierta a partir de la realidad jurídica y política de los hechos, el discurso propagandista de la derrota ha llegado a ser hegemónico a los cuatro años con la complicidad del poder español y sus adláteres entre nosotros.
La explicación radica en que muchos de los que aparentemente tenían prisa por hacer la independencia con 68 diputados, realmente no la deseaban porque su proyecto verdadero era lograr la gestión autonómica de las élites autóctonas de las que aspiran a formar parte. La larga y minuciosa deconstrucción del proceso independentista llevada por ERC ha culminado exitosamente para ese partido con la constitución del govern presidido por Pere Aragonés y bendecido por los asistentes al acto del Liceo convocado por Pedro Sánchez. La actitud de Esquerra tiene sus antecedentes en la ruptura que existe entre la etapa en que Ángel Colom y posteriormente Josep-Lluís Carod-Rovira, tenían en común la prioridad en la causa independentista, mientras que los liderazgos de Joan Puigcercós y Oriol Junqueras la subordinan a pactos con el PSOE como hicieron durante el segundo tripartito y donde reinciden desde 2017 a esta parte. ERC ha hecho suyo el modelo de partido de los capitanes del PSC y se ofrecen gratis al PSOE para la reforma del marco institucional estatal (como hicieron con la financiación autonómica de Rodríguez Zapatero). Al mismo tiempo que no tienen proyecto alguno de transformación de la situación estructural de dependencia política y expolio económico, sí lo tienen, por el contrario, de formar parte de los gestores que la perpetúan (así hay que interpretar, por ejemplo, el apoyo preferente a UGT en detrimento del sindicalismo nacional catalán).
La actitud de ERC tiene precedentes, Josep Tarradellas fue un verdadero Petain en el momento de restablecer la Generalitat, como acertadamente señaló Josep Rahola, senador de Esquerra, en el artículo que le dedicó cuando aún era president de la Generalitat, "De un pequeño De Gaulle a un Petain". Hoy, sin embargo no hay nadie dentro del partido capaz de denunciar los nuevos 'petains' que lo dirigen. Hay que decir, sin embargo, que nuestra "extraña derrota" no es responsabilidad sólo de Junqueras y sus acólitos, el PDECat plenamente, y en menor medida la CUP y Junts per Catalunya, son cómplices de este abatimiento vergonzoso, de palabra o con hechos, como el ridículo abrazo de Jordi Cuixart a Miquel Iceta o la amonestación a quienes abuchean a Ada Colau. El progresismo abstracto y banal de las "luchas compartidas" es trasversal desde el PSC a la CUP, pasando por los Comunes y Òmnium, que señalan a la extrema derecha como enemigo, ocultan que el conflicto real es entre el independentismo y el poder español.
La cobertura mediática a esta operación de estado para liquidar (aplazar, dicen los serviles políticos catalanes) el independentismo es tan abrumadora como ficticios son los argumentos de los gregarios que divulgan imposturas a medida que no resisten la crítica razonada. Un muestra es el artículo "Paisaje vasco después de la batalla", de Antoni Batista, el pasado 10 en el Ara. Equipara, "la derrota del independentismo vasco que era armado, y la derrota del independentismo catalán, que es pacífico", para concluir que "el Estado se ha impuesto a los dos soberanismos nacionales más potentes, y ahora, uno y otro, se ven abocados a una larga travesía de autonomía aún más restringida que cuando empezaron sus respectivas luchas, y a verlas venir aún mucho peor si en España gobierna la extrema derecha".
En primer lugar, la autonomía vasca y navarra ha incrementado competencias, en buena parte a las espaldas de los catalanes que, efectivamente, somos castigados colectivamente por haber osado desafiar el orden establecido. En segundo lugar, el final de la lucha de ETA no debería supuesto necesariamente la derrota del independentismo vasco si, por ejemplo, la disolución unilateral se hubiera adoptado a raíz de los acuerdos de Lizarra/Garazi 1998, como el final unilateral de 'Terra Lliure' ('Tierra Libre') entre 1991 y 1995 no fue una derrota del independentismo catalán a pesar de las detenciones de la operación Garzón. Por el contrario, el crecimiento de ERC y del soberanismo en general, fue espectacular a partir de ese gesto y de aquel momento. El dicurso derrotista, pues, es una interpretación distorsionada que no soporta el contraste con la argumentación jurídica de la validez del referéndum del 1 de octubre -que hizo, entre otros, el Colectivo Maspons i Anglasell-, ni la validez política que reiteradamente sustenta, entre otros, Vicent Partal en los editoriales de Vilaweb. Nunca el pueblo catalán había llegado efectivamente tan lejos, ni en el 14 de abril de 1931, ni el 6 de octubre de 1934, y nunca como ahora tiene las condiciones internas e internacionales para persistir con expectativas reales de éxito a medio plazo.
Desgraciadamente, no tenemos todavía nuestro Marc Bloch que escriba "La extraña derrota", la nuestra; tenemos aspirantes a Petain que se ufanan del paso dado del (falso) conflicto al (real) colaboracionismo con el poder español, cuyo 'botiflerismo' se irá haciendo más agresivo a medida que fracase la mesa de diálogo y deje al descubierto su actitud claudicante, como hizo Pierre Laval (¿quién será?). En estos momentos, los cómplices de la dependencia son políticamente mayoritarios, mientras que los resistentes son claramente minoritarios. ¿Quién será el De Gaulle que invierta la correlación de fuerzas? Sólo puede serlo al frente de un Consejo para la República efectivo el president Carles Puigdemont, como se atrevió a decir Julia Taurinyà en Vilaweb el 28 de enero de 2020: "Hay que apostar por el govern en el exilio, Puigdemont hace pensar en De Gaulle", unas palabras que le comportaron su retirada como delegada en la Cataluña Norte de ese organismo a instancias de su partido. Por ello, ERC contribuye al acoso español a Puigdemont boicoteando el 'Consell per la República' ('Consejo para la República').
09 mayo 2021
BLOG DE JAUME RENYER
Traduzco del catalán del blog de mi amigo Jaume Renyer un post de 2021/04/25 que me ha parecido de gran interés para entender la situación política en el Principado de Cataluña.
Anotaciones sobre la (no) conmemoración del 90 aniversario de ERC: ni unidad, ni unilateralidad, ni independencia
Hoy hace doce años que me di de baja de ERC, después de haber militado dieciocho, con un escrito que titulé “Abrir la puerta de la izquierda de la libertad“, que encuentro -por desgracia- vigente en lo sustancial, y que quiero completar y actualizar.
He observado que ni en los actos conmemorativos del 90º aniversario de la fundación de ERC, ni tampoco en las declaraciones de los actuales dirigentes, ha aparecido ni el objetivo de la independencia del país como prioritario del partido ni referencia alguna a los liderazgos precedentes (Barrera, Carod). Todo ello responde a un proceso de involución ideológica y estratégica para retrotraerlo a la etapa anterior a 1987, cuando comienza la transformación hacia la organización que tenía que aspirar a liderar y aglutinar el conjunto del movimiento independentista. Hoy, Esquerra busca integrar votantes federalistas o simplemente autonomistas, (Nuet, por ejemplo) por lo tanto, sin otra pretensión que llegar a ser una fuerza de centro dentro del orden estatal y autonómico, lejos de todo rupturismo ni conflicto para con el expolio fiscal, (España ya no nos roba), la dominación política (el PSOE puede ser un aliado), ni la minorización del catalán (bilingüismo para siempre), ni con los poderes socio-económicos (connivencia con la patronal y los sindicatos españolistas).
Coincido con el diagnóstico que hacer Francesc Abad en su blog ‘Días de furia’ el pasado 21 de marzo:
“La primera cosa que me ha llamado la atención es que ni una sola vez, en ninguno de los tuits, ni del partido, ni de los diferentes líderes, ni de militantes, han utilizado la palabra “independencia”. Nunca. Nadie. Raro, pensé. Pero lo segundo me resultaba más misterioso e inquietante: los mensajes de felicitación sólo hacían referencia al partido, como si no hubiera nada más. Como si estos 90 años pasados fueran el fundamento de su legitimidad y la garantía de que cualquier cosa que hagan estará siempre bien hecha. Y, lo más importante, que no necesitan absolutamente a nadie más.
El tono tan ahistórico, en el sentido de presentar un partido que nace y llega a hoy habiendo sido siempre el partido de referencia y único me ha hecho pensar en lo extraño que sería que en una señalada celebración de cumpleaños de cualquiera de nosotros, con nuestros familiares y amigos, que quien cumple los años tome la palabra y no deje de felicitarse a sí mismo, que no hay nadie como él, que es el mejor, que está llamado a llegar muy lejos, etc. Y que no haga ni la más mínima referencia a sus padres, a sus hermanos, a su familia. Que se sitúe a sí mismo como lo único importante en su vida, y no haga referencia alguna ni a los amigos, ni a personas que le han podido ayudar, ni a personas con las que ha hecho cosas y/o espera seguirlas haciendo.
Un tono tan ahistórico también desde el punto de vista de presentarse como si siempre hubiera sido el mismo partido, el día de la fundación ahora, 90 años después, como si siempre hubiera sido igual a como es ahora. Y entonces he visto que la omisión de la palabra independencia, que no haya salido nunca, que nadie la haya citada, no era nada casual, y tenía muchas implicaciones”.
ERC se sitúa voluntariamente, pero sin atreverse a explicitarlo aún, fuera (y en contra) del independentismo: ni unidad, ni unilateralidad, ni independencia. Sólo un “trabajar duro” permanente sin norte ni cordura, como predican Puigcercós, Huguet y Codina. El partido (la herramienta) sustituye al objetivo (la independencia), adoptando un izquierdismo sectario como identidad sustitutoria de la catalanidad, la impostura intelectual contraponiendo “la Cataluña pura a la Cataluña libre” se ha convertido en la palabra de orden del nuevo discurso. El hecho de que consideren a los Comunes como sus aliados preferentes (a pesar de la nefasta gestión de Colau y el creciente españolismo que gastan) ya lo dice todo
Mi amigo, compañero y maestro, Josep Lluís Carod-Rovira también acabó marchando unos años después del partido que había contribuido de manera determinante a relanzar ideológica y políticamente. Hoy, los que lo forzaron a partir campan en Esquerra reclamándose sus herederos pero tergiversando su mensaje hasta el punto de dar la vuelta al patriotismo catalán republicano fundacional hacia un progresismo abstracto, banal y contra identitario, que hace imposible reunir el independentismo catalán y liderarlo.
El triplete Puigcercós-Vendrell-Vall ha acabado imponiendo su modelo organizativo copiado del PSC (endogamia, cooptación, nepotismo) y una dialéctica interna sectaria que terminó desbancando a Carod-Rovira, y que ahora asume Junqueras extrapolándola al conjunto de la política catalana (liquidar a Puigdemont como objetivo). Hoy, esta Esquerra expresa una cultura política (si es que lo puede llegar a calificar así) partitocrática, desconectada de su pasado histórico y desvinculada del movimiento independentista, empeñada en deconstruir el proceso iniciado en 2010 para sustituirlo por un ‘pájaro en mano’ estéril en Madrid y en el Govern de la Generalitat. Para definir el momento presente, vuelvo a citar el apunte de Francesc Abad de hace diez días: “Nos lo estamos jugando absolutamente todo”, (refiriéndose a la independencia), el problema es que los actuales dirigentes de ERC tanto les da.
Post Scriptum, 1 de mayo de 2021.
El análisis de Odei A.-Etxearte, hoy en Vilaweb, desmenuza, el obstruccionismo de Esquerra y las ambigüidades de CUP y Òmnium a la hora de asumir que el CXR sea la dirección estratégica colegiada del independentismo: “¿’Quién para la reformulación del Consejo por la República’? El CXR emplaza a ERC a responder a la estrategia del “Preparémonos” para acoger el estado mayor y reconsiderar la estructura. La ANC y Òmnium abogan por un solo órgano de dirección colegiada del movimiento, que podría ser el Consejo si se modificara”.
Post Scriptum, 9 de mayo de 2021.
El artículo de Oriol Junqueras, de anteayer en El Periódico, “Reconstrucción republicana” (contraponiendo republicanismo en independentismo, como hacen también con el nacionalismo), es el punto culminante de la impostura, el sectarismo y la mediocridad que ha practicado ERC en los últimos años con unos efectos demoledores para el proceso independentista del que Esquerra se desdice tras tener “prisa” para hacer la independencia. Oriol Junqueras y su partido pasan a engrosar las filas del contra-independentismo, haciendo por muchos años, inviable la consecución de este objetivo. Todo dependerá, sin embargo, de la capacidad de resistencia y respuesta de Carles Puigdemont y los sectores que se reúnan a su alrededor para persistir, en tiempos de una represión más selectiva y punzante, en un conflicto que el poder español no detendrá hasta el exterminio de la nación catalana, como señala hoy Vicent Partal en Vilaweb “Cuando Junqueras pide que aguantemos esto veinte años más“.
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¿VOLVEREMOS A VENCER?
La presentación en Vilaweb (2020/09/08) del libro “Tornarem a vencer (i com ho farem)”, traducido al español “Volveremos a vencer (y cómo lo haremos)”, escrito a cuatro manos por Oriol Junqueras y Marta Rovira y presentado como la vía que preconiza ERC para alcanzar la independencia de Cataluña, me ha llevado a las consideraciones que expongo a continuación.
Roger Torrent, actual President del Parlament de Catalunya, comenzó el acto con una conocida frase de Joan Fuster: “Toda política que no hagamos nosotros será hecha contra nosotros”. Una gran frase, y cierta por lo menos en el caso de que nosotros “hagamos política”. Y aquí, ya, me entra la duda. ¿ERC propone actualmente “hacer política”? Mi respuesta es: no, o, por lo menos, no una politica propia en el sentido de Fuster. Y lo razono.
Me da la sensación de que ERC tiene una visión plana de lo que es política. Se queda en un electoralismo de corto alcance Estoy seguro de que muchas personas en ERC tienen una idea más cabal de lo que es, pero el aparato que actualmente dirige el partido, diría que no.
Esto tiene varios aspectos. El primero consiste en que, según ellos, el proceso político se basa en las elecciones. Se asume su valor “democrático” en el contexto actual, sin poner en cuestión el sistema de dominio del Estado español sobre los Países Catalanes, Navarra-Euskal Herria, etc., ni su corrupción estructural y la participación que tienen en ella los partidos políticos que sustentan el Régimen del 78.
El segundo, es que tienen una visión muy “estática” de lo que es la política, hacen equivaler los resultados electorales al concepto de “relación de fuerzas sociales” y, también, confunden la idea de “hegemonía” con la del triunfo electoral. Son, ambos, conceptos de largo alcance, pero muy devaluados por ERC. La política debe basarse en un análisis que perciba la realidad en su conjunto: estados de opinión, reivindicaciones de calle, encuestas, resultados electorales, movilizaciones sociales, propaganda, artículos en prensa, twitters, muros de Facebook. Todos ellos están, por supuesto, sesgados hacia alguna postura, empezando por la de los que callan. De lo que se trata es de percibir si existe un hilo conductor que indique una tendencia.
Sobre la política inciden muchos factores, todos relacionados con el poder. El poder en mayúsculas, el de los estados, las grandes corporaciones y empresas, organismos internacionales… pero también los de los movimientos sociales, sin olvidar los micropoderes, que funcionan sin notarse como son las reglas familiares y sociales en general y del modo básico como opera el nacionalismo banal.
La relación de fuerzas sociales es un factor profundo y marca la tendencia del conflicto. Los partidos políticos o los sindicatos responden a los valores de alguna de las fuerzas en presencia, pero no representan plenamente los intereses en juego, sobre todo en el caso español en el que están controlados por la burocracia y subvenciones estatales de todo tipo.
El tercero sería el olvido que manifiesta el aparato de ERC de la jerarquización de las contradicciones sociales, reflejadas a partir de los diversos intereses en presencia. En cada momento, dado un sistema politico, hay que tener en cuenta cuál es la contradicción principal, frente a las secundarias. Sólo así se puede incidir en ella a la hora de afrontar estrategias, coaliciones, incluso tácticas a corto plazo. Se propone constituir lo que, según Gramsci, se denomina un bloque histórico. Éste es otro concepto notable, que poco tiene que ver con las alianzas de los partidos políticos al uso. Va alineado con la idea de hegemonía, como expresión de una forma de percibir el conflicto y su posible solución, con independencia de las fuerzas organizadas burocráticamente,
Si nos ceñimos al caso de Cataluña dentro del Estado español, la contradicción principal, definida por el propio Estado, se produce entre el movimiento independentista y las fuerzas partidarias de mantener el “estatus quo”, que podemos describir como “Régimen del 78“, continuador del franquismo, para abreviar. Es la contradicción que más duele al aparato del Estado y sus intereses. De acuerdo con esto, la “relación de fuerzas sociales” se expresa hoy en Cataluña, en el conflicto entre los partidarios de la independencia, -movimientos y asociaciones de todo tipo, grupos de presión, medios de comunicación, sindicatos, partidos politicos, incluso individuos- y quienes defienden el mantenimiento de la unión con España dentro de su Estado y con el apoyo de todo su aparato.
Una de las mayores aportaciones del Proceso (desde las primeras votaciones en Arenys de Munt en 2009) ha sido conseguir que la hegemonía social en el Principado estuviera en manos del independentismo. Y aquí entra en juego uno de los principios estratégicos de base, que consiste en avanzar siempre sobre los llamados datos adquiridos. No se debe insistir en refrendar datos ya consolidados. Hay que avanzar sobre ellos, con objetivos cada vez más ambiciosos de cara al objetivo, la independencia. En Cataluña se han hecho múltiples consultas; muchas, inicialmente, a nivel local, como las comenzadas en Arenys de Munt -ya citada antes- en 2009, y, posteriormente, dos más en todo el Principado: la de Artur Mas en 2014, tolerada por el Régimen, y el 1-O de 2017 sañudamente perseguido y castigado. Su desarrollo y resultados dejan a las claras cuál es la relación de fuerzas y dónde se ubica la hegemonía en Cataluña. Es ocioso seguir dando vueltas a la rueda del hámster. Las fuerzas unionistas ponen en cuestión permanentemente estos logros, pero son maniobras distractivas.
Cuando una nación dominada consigue adquirir unos datos, asumidos por su parte (más) activa desde el punto de vista político, y conforma una perspectiva propia de ver su nación y el mundo en general, se constituye en sujeto político, condición necesaria para su emancipación. Este grupo cohesionado y hegemónico concreta el núcleo de la nación, es su mayoria cualificada. Liderará la lucha por su liberación, por su constitución en Estado. Y es, precisamente, ese conflicto, esa lucha, la que con su movilización social (y no con la pasividad del “puerta a puerta” o el “buen gobierno autonómico” que propone ERC) frente al Estado podrá ampliar la base de verdad y constituir un movimiento imparable capaz de consolidar la independencia. Se trata de entrar en una espiral virtuosa, que se amplía en su propio movimiento.
Hay otro asunto que conviene recordar y que en política (la de verdad) es muy importante. Es la clásica dialéctica entre fines y medios. Es un engaño grave, afirmar que se busca un fin –la independencia- cuando los caminos que se siguen van en sentido contrario. ERC dice que persigue la independencia como fin, pero todos los “medios” que utiliza son los que le ofrece el (escaso) marco autonómico del Estado español. Los medios que emplea son los que determinan sus fines. El resto es una farsa.
En resumen, ERC plantea un independentismo mágico alejado por completo del análisis de la realidad social y basado exclusivamente en la buena voluntad de las personas, su capacidad de sacrificio por la causa y… los resultados electorales. No es fácil saber si ese posicionamiento de su aparato responde a unos intereses limitados de quienes lo controlan, pero es constatable que sólo lleva a sostener el Régimen del 78. Y dentro del mismo… lasciate ogni speranzza…
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