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21 agosto 2015

LA REVOLUCIÓN DE LAS SONRISAS

El llamado “proceso” catalán hacia la independencia se encuentra en una fase crucial. La disolución del parlamento autonómico catalán y la convocatoria de elecciones para el próximo 27 de septiembre, aboca a una situación compleja pero de una importancia enorme tanto para el propio Principado de Cataluña como para el resto de naciones del Estado español, incluida la nuestra, y también para el conjunto de Países Catalanes. 

En el seno de la sociedad catalana existía un movimiento que se definía con claridad por la independencia, por la constitución de un Estado independiente del español. Desde el punto de vista intelectual un dato de gran importancia fue la publicación en 1999 del libro “Jo no soc espanyol” de Víctor Alexandre, en el que un conjunto importante de personas de reconocido prestigio expresaban sin complejos no sólo su “ser catalán”, sino su “no ser españoles”. Todos se declaraban partidarios de la independencia. Fue un punto de inflexión a partir del cual defender un Estado catalán independiente dejaba de ser algo insólito o tabú para acceder a la normalidad cotidiana.

En 2006, por iniciativa del entonces presidente la Generalitat, Pasqual Maragall, y del líder de ERC, Josep Lluis Carod-Rovira, se planteó la necesidad de lograr para Cataluña un estatuto de autonomía más ambicioso en términos simbólicos –reconocimiento de Cataluña como nación-, que otorgara al Principado más competencias y que tenía puesta la mira en una reforma federal del Estado español. Estas aspiraciones rápidamente se vieron truncadas a pesar de su respaldo entre la población catalana en referéndum y su aprobación inicial por el Congreso español, con escaso margen e importantes conflictos, tanto entre los partidos catalanes que lo habían aprobado como, sobre todo, con las fuerzas españolas. El recurso ante el Tribunal Constitucional español en el mismo 2006, con la sentencia de 2010, en la que, en frase del inefable Alfonso Guerra, se lo “cepillaron”, supuso una enorme bofetada a la sociedad catalana.

Al menosprecio de esta sentencia se unieron varios hechos, entre los que destacan dos por su trascendencia. El primero, la agresividad del Estado español hacia la inmersión lingüística en catalán, agravio simbólico. El segundo, material y económico, el completo abandono de infraestructuras de comunicación básicas como el corredor mediterráneo y la estructura ferroviaria de cercanías en Barcelona por parte del Estado español.

Este cúmulo de circunstancias propició una reacción popular progresiva, cada vez de mayor calibre. Ya en 2007 hubo una manifestación sobre el déficit de infraestructuras en la que se reclamaba el “derecho a decidir”. En 2009 comenzaron a celebrarse consultas, la primera en Arenys de Munt, fuera de la legalidad española, sobre el apoyo a la independencia, en gran cantidad de poblaciones del Principado, incluyendo su capital Barcelona. En julio de 2010, contra la sentencia del Constitucional español con el lema “Somos una nación, nosotros decidimos”. “Cataluña, nuevo Estado en Europa”, en la Diada de 2012, supuso un salto cualitativo de gran importancia. Esta progresión aumentó en cuanto a participación y, sobre todo, la cualificación sobre la exigencia de la independencia la “Vía catalana” de 2013 y la gran “V” humana de 2014 fueron su consolidación numérica y popular. La exigencia de independencia por parte de Cataluña se ha convertido en un dato adquirido y sin vuelta atrás. Ante la cerrazón del Estado español se convocó otra consulta el 9 de noviembre de 2014, por supuesto también ilegal, a nivel general del Principado, sobre el apoyo a la independencia. Votaron unas 2.300.000 personas de las que más de 1.800.000 apoyaron la independencia. Artur Mas y una parte de su gobierno autonómico están procesados por los tribunales españoles a raíz de esta convocatoria.

Con todos estos datos en la mano Cataluña se enfrenta a cómo dar el paso desde la actual legalidad autonómica española a lo que consideran la legitimidad democrática de Cataluña mediante su constitución en Estado independiente. El actual estatus político autonomista no quiere dar saltos en el vacío ni pasos en falso para garantizar la estabilidad de una sociedad occidental con un relativo buen nivel de vida medio en un tránsito que consideran necesario para mantenerla, ya que caso de no darlo mantendría el expolio de Cataluña por parte del Estado español, la apabullante carencia en infraestructuras y la manifiesta actitud de supremacía lingüística y cultural de España.

Fecha crucial

Para lograr el paso de una “legalidad” que les asfixia, a una “legitimidad” que se presenta como emancipadora, las fuerzas de la sociedad civil catalana, secundadas por los partidos políticos del stablishment, han acordado una convocatoria “legal” de elecciones autonómicas por parte del presidente de la Generalitat autonómica, Artur Mas, para el próximo 27 de septiembre. En estas elecciones pretenden reflejar la voluntad de la sociedad catalana a favor de su independencia política. Tras complicadas negociaciones han logrado formar una candidatura unitaria, “Junts pel Sí”, cuyo único objetivo es proclamar la independencia del Principado. Esta candidatura engloba a los principales movimientos de la sociedad civil, como la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Omnium Cultural, personalidades destacadas del mundo intelectual, académico y deportivo, y a los dos partidos políticos con mayor peso: Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Con el mismo fin se suman las gentes de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), con un marcado carácter alternativo y anticapitalista.

En el campo contrario intervienen los partidos y agrupaciones del espectro nacionalista español descarado. Actúan abiertamente apoyados por las cloacas del Estado, fondos de reptiles, y la prensa amarilla, comenzando por El País y La Vanguardia como adalides mediáticos que en este campo no van a la zaga del zafio nacionalismo de ABC, La Razón o el grupo El Correo. En otro terreno pretenden jugar los adalides de una pretendida alternativa social, encabezada por Podemos y los antiguos dirigentes de Iniciativa per Catalunya (ICV-els Verts) que, en curiosa mezcolanza, han logrado la alcaldía de Barcelona en la persona de Ada Colau, Con un discurso seudoizquierdista y supuestamente alternativo se enfrentan, a veces con claridad y en otras con disimulo, al proceso liberador que supone la independencia real. Su presunto discurso “social” no plantea la ruptura con quien origina los principales problemas (“sociales” y en general) de Cataluña: el Estado español, con su estructura unitaria, autoritaria y corrupta, heredero directo del fascismo que rigió el Estado a partir de la victoria bélica de 1939.

Cataluña se juega el futuro en este momento. Las elecciones son un punto de convergencia de quienes quieren la emancipación del Principado. Pero, sobre todo, caso de ganarlas los independentistas, significan un punto de partida y no retorno a un conflicto mucho más serio y que se dirimirá en la propia relación de fuerzas interna, pero también en el contexto internacional. España sin Cataluña entrará en una crisis de la que no saldrá indemne. Y eso en el caso de que salga y no estalle en pedazos.

Entretanto nuestra nación, Euskal Herria, con nuestro Estado –Navarra-, duerme en el limbo de los justos. Parece que hechos de tanta trascendencia política, social y económica ocurren en otra galaxia, como si no nos afectaran. Se percibe una cierta expectación y simpatía a nivel popular, pero una absoluta ausencia en los programas y posiciones de los partidos políticos y otras organizaciones sociales, como los sindicatos que, teóricamente al menos, tienen gran peso entre nosotros.

Cualquiera diría que la posibilidad de que la crisis del Estado español genere una implosión, y un escenario propicio para nuestra propia independencia, no interesa demasiado a nuestros políticos. Pero si la tierra tiembla y se abre ante nuestros pies, ¿se puede pasar de puntillas?

Luis María Martínez Garate / Angel Rekalde

(*) La revolución de las sonrisas

16 agosto 2014

ZILEGITASUNIK GABEKO LEGERIAK

Labur aritu nahi dut. Hau gogoeta bat da, atzerrian aitortu gabeko kontuak zituela-eta Jordi Pujoli eginiko kritika zorrotzen gainean egina. Testu honen xedea ez da Jordi Pujolen alde egitea; mendean gaituzten parametro linguistiko eta ideologikoen inguruko gogoeta bat da, besterik gabe. Ez dut Pujol zuritzeko asmorik, atzerrian zituen diruak ogasun publikoari aitortu ez zizkiola eta. Kontzeptu biek hein batean barnean zer hartzen duten azaldu baino ez dut egingo.

Hasteko eta behin, ogasun publikoa. Arrotza zaion Estatu baten mende dagoen nazio batek ez du ogasun publikorik. Eta Estatu hori, arrotza bakarrik ez: oroz gain, arerioa zaio —zerga espoliazioari erreparatu besterik ez dago; inperioko agenteen neurriek ere erakusten dute; besteak beste, Montoro eta konpainiaren neurriek—. Ogasunak izen hori eramatekotan, nazioak Estatu propioa eduki beharko luke, eta Ogasun bat bere zerbitzura. Espainiako Ogasunari ez pagatzea, hortaz, ogasun publikoari iruzur egitea ote, Kataluniak ez badu ogasun propiorik?

Bigarrenik, zer da atzerria delako hori? Nire ustetan, Kataluniari dagokionez askozaz atzerritarragoa da Espainia, Andorra baino. Parametro nazionaletatik begiratzen badugu, Kataluniarentzat eta gure herrialdearentzat, Espainiako Estatua da benetako atzerritarra eta espoliatzailea. Zilegitasun propioaren aldetik, delitua al da haiei ez pagatzea?

Badugu adibide bat, gertukoa espazioari dagokionez eta ez hain urrunekoa denborari dagokionez: intsumisoak. Espainiako armadari intsumiso agertzea Espainiako gizarteari iruzur egiteko era bat zen. Armada zerbitzatzea beti hartu izan da gizartea zerbitzatzearen parekotzat; hura zerbitzatzeari uko egitea hari iruzur egiteko era bat zen. Norbaitek erantzun diezadake esanez gure intsumisoak, edo katalanak, beren gizartearekiko guztiz solidarioak zirela eta denetariko lan sozialak egiten zituztela. Bada, ados nago horrekin. Baina ez zuten zerbitzatzen armada atzerritar bat gerra eginkizunekin.

Zein printzipiori jarraikiz hitz egin daiteke iruzurrari buruz bakarrik diruaren zentzuan hitz egiten denean, ez bada «diruaren zentzu gurgarriaren» printzipioari jarraikiz, zeinari buruz Ramiro Maeztu arabarrak —arabar faxistak— hitz egiten baitzuen? Adiera hori bere-berea du zibilizazio judu-kristauak, zeinetan hezi garen, eta harekin zerikusia duen oro balioesten du, neurriz gain. Sexualitatearekin ere antzeko zerbait gertatzen da, baina hori beste kontu bat da.

Ezer gutxi dakit Pujolek frankismoaren garaian —baita haren erregimenak preso zuela ere— eta ondoren Kataluniaren alde egin zituen sakrifizio pertsonal eta ekonomikoen kostu pertsonalari buruz, baina, nire ustez, horren diru balioa ez litzateke hutsala izango, dezente handia baizik. Espainiako Ogasun publikoak ez du sekula ere aitortuko kostu horren balioa. Aitzitik, kostu hori gehitu egingo lioke, ahalko balu, berekiko dituen obligazio ekonomikoen zorrari.

Testu honen asmoa ez da Jordi Pujol errugabetzat jotzea, baizik eta gogoeta egitea mendekotasunaren testuinguru politikoak markatzen dizkigun irizpideei buruz. Jakin al dezakegu Pujolek eta haren familiak berdin jokatu izango zuketen Estatu katalan independente batean? Nire iritziz, egin dizkioten kritika gehienak, izan Kataluniatik zein beste toki batzuetatik, abiaburu dute «Espainiaren batasuna» delako aldez aurretiko ustea, eta ongiaren eta gaizkiaren gainetik funtzionatzen duen «Espainiako Estatu» baten existentziarena, zeinak herritar guztiei berdin ematen baitie zerbitzua. Premisa faltsua, argi eta garbi.

Arazo nagusia da bai Jordi Pujol eta bai, oro har, Kataluniako Printzerriko politika mundua azalduriko premisen barruan mugitzen direla. Uste dute Espainiako Ogasunari ez pagatzea, espoliatzen eta lapurtzen dieten horri ez pagatzea, iruzur delitua dela. Uste dute, gainera, Andorra, hizkuntza ofizialtzat katalana duen Estatu bat, Espainia baino atzerritarragoa dela. Lehendabiziko emantzipazioa mentala da.

28 julio 2014

LEGALIDADES ILEGITIMAS

Quiero ser muy breve. Se trata de reflexionar sobre las acerbas críticas a Jordi Pujol por sus cuentas no declaradas en el “extranjero”. Este texto no es una defensa de Jordi Pujol; es, sencillamente, una reflexión sobre los parámetros lingüísticos e ideológicos a los que estamos sometidos. No pretendo justificar a Pujol por no declarar a la “hacienda pública” sus dineros en el “extranjero”. Me limito a comentar una parte de lo que se incluye en ambos conceptos.

En primer lugar, “hacienda pública”. Una nación sometida a un Estado que no sólo le es ajeno sino, sobre todo, enemigo (basta con constatar el expolio fiscal reconocido incluso por las medidas de los agentes imperiales como Montoro y compañía) no tiene “hacienda pública”. Para ser una Hacienda con ese nombre la nación debería tener su propio Estado y una Hacienda a su servicio. No pagar a la Hacienda española ¿equivale a defraudar a la “hacienda pública” cuando Cataluña no tiene una “hacienda propia”?

En segundo, ¿qué es eso del “extranjero”? En mi opinión es mucho más extranjero, con relación a Cataluña, España que Andorra. Si nos movemos dentro de unos parámetros nacionales, para Cataluña y para nuestro país, el auténtico “extranjero” y expoliador es el Estado español. Desde el punto de vista de la legitimidad propia, ¿es un delito no pagarles?

Tenemos un ejemplo próximo, en el espacio y no tan lejano en el tiempo. Los insumisos. El ser “insumiso” al ejército español era una forma de “fraude” a la “sociedad española”. El servicio al ejército siempre ha sido considerado como un servicio a la “sociedad”. Negarse a hacerlo era una forma de “defraudarla”. Se me puede contestar diciendo que nuestros insumisos, o los catalanes, eran personas perfectamente solidarias con su sociedad y que realizaban todo tipo de tareas “sociales”. Y estoy de acuerdo. Pero no servían a un ejército extranjero con funciones bélicas.

¿En virtud de qué principio, como no sea el del “sentido reverencial del dinero” del que hablaba el alavés, fascista por otra parte, Ramiro de Maeztu, se puede hablar de fraude sólo cuando se habla en sentido monetario? Esa acepción es muy propia de la civilización judeocristiana en la que nos hemos educado y corresponde a una sobrevaloración de todo lo relacionado con el mismo. Algo parecido ocurre con la sexualidad, aunque ese sea otro asunto.

El coste personal de los sacrificios personales y económicos que Pujol haya podido hacer por Cataluña, en la etapa del franquismo, incluso encarcelado por su régimen, y posteriormente me resulta en gran parte desconocido, pero supongo que si se le asignara un valor monetario no sería nulo, sino bastante elevado. La Hacienda “pública” española no lo va a reconocer nunca. Incluso lo añadirían, si pudieran, al “debe” que suponen sus “obligaciones” económicas con ella misma.

Este texto no pretende ser un exculpatorio de Jordi Pujol, sino una reflexión sobre los criterios que nos marca un contexto político de subordinación. ¿Podemos saber si en un Estado catalán independiente Pujol y su familia habrían obrado de la misma manera? Creo que la mayor parte de las críticas que han surgido, tanto desde Cataluña como desde otras partes, parten de ese supuesto previo que es la “unidad de España” y la existencia de un “Estado español” que funciona por encima del bien y del mal y que da servicio a todos sus “ciudadanos” de forma equitativa. Premisa falsa a todas luces.

El principal problema es que tanto Jordi Pujol como, en general, el mundo político que se presenta en el Principado de Cataluña, se mueve dentro de las premisas denunciadas. Piensan que no pagar a la Hacienda española, una hacienda que les expolia y roba, es un delito de fraude. Creen, también, que Andorra, un Estado cuya lengua oficial es el catalán, es más “extranjero” que España. La primera emancipación es la mental.

NOTICIAS DE NAVARRA 2014/07/31

DEIA 2014/08/02