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25 octubre 2014

LA INDEPENDENCIA EXPLICADA A MI HIJO



Cada vez que actúas dejando de pensar por ti mismo, estás actuando de acuerdo con el pensamiento de otro

Víctor Alexandre

El autor, Víctor Alexandre, construye en este libro la ficción de un padre que explica a su hijo, en diálogo con él, los asuntos más relevantes concernientes al proceso iniciado en Cataluña hacia su independencia política con relación a España. Uno de sus mensajes centrales consiste en transmitir al chaval un pensamiento crítico. Un pensamiento propio, capaz de tamizar la enorme cantidad de datos que recibimos desde fuentes, dispares sí, pero siempre sesgadas por los intereses políticos a los que sirven. Ese conjunto de datos; aparentemente caótico, no constituye de por sí información. Eso es lo que debe procesar cada persona, de acuerdo con unos criterios propios adquiridos a lo largo de la vida, para constituirse en información. Tales criterios no serán inmutables, evolucionarán con la persona y dependerán de su madurez, pero siempre deberán ser propios.

El último trabajo de Alexandre es un trabajo didáctico. Su objetivo es figurar cómo un padre puede transmitir a un hijo casi adolescente, de trece años, pautas que le sirvan de ayuda para conformar tanto su identidad personal como colectiva -cuestiones no separables con facilidad-, con criterios propios.

El arraigo social de una persona comienza desde que nace, algunos dirán que incluso desde que el feto oye las voces de su entorno o la música que suena en su alrededor. La primera lengua que escucha y aprende ya inicia ese proceso. La infancia es una etapa decisiva, y la familia y las amistades su principal medio transmisor. Según va creciendo, su mundo de relaciones se amplía y recibe multitud de datos de los medios de comunicación, de su escuela, de sus amigos, de los padres de sus amigos, cúmulo que sigue aumentando a lo largo de toda su vida.

La evolución de la persona, la construcción de su personalidad, genera conflictos que debe resolver, en lo posible, de modo positivo. Estos conflictos se centran normalmente sobre identidades: sexual, de estatus social y económico, de pertenencia, etc. Cuando una nación disfruta de un Estado que le es favorable, que “nacionaliza” a sus ciudadanos de modo positivo, que favorece su lengua y cultura propias, que presenta su memoria histórica y su relato de modo centrado, se genera en la persona eso que se ha llamado “nacionalismo banal” (Billig, 1998) y que supone su adhesión acrítica a la nación en que la ha nacido y sido educado. Los conflictos derivados de la pertenencia nacional son de poca importancia.

Por el contrario, surge un conflicto cuando el niño crece en una sociedad en la que su lengua y cultura, habituales en el medio familiar y de amistades, son perseguidas, cuestionadas o deformadas desde las instancias –sistema educativo, medios de comunicación etc.- en las que se manifiesta la “autoridad” de un Estado adverso. Son estos entornos –familia, amistades- los que deben apoyar el desarrollo de su personalidad para que, en su evolución, adquiera la capacidad crítica necesaria para discriminar los mensajes que tienden a asimilarle a la nación dominante (nacionalismo banal) de los que son capaces de integrarlo en una visión del mundo en la que el centro sea su propia nación, su propia lengua y cultura. Abierta al resto de lenguas, cultura y naciones, por supuesto, pero anclada en las suyas.

Esto sucede entre nosotros, en Vasconia, donde la lengua, la cultura, la historia, la memoria han sido y siguen siendo ocultadas, perseguidas o tergiversadas desde las estructuras de las naciones dominantes: España y Francia. En los Países Catalanes ocurre lo mismo, sólo que con variantes distintas según el territorio de los mismos del que se trate.

Hoy está en marcha un potente movimiento en pro de la independencia del Principado de Cataluña, el País que dentro del conjunto catalanoparlante, de la nación catalana, ha logrado mantener una conciencia más profunda de su personalidad y sus exigencias lingüísticas y sociales y, por lo mismo una mayor capacidad de movilización. Este proceso se mueve a contracorriente de lo que es “políticamente correcto” en el Estado español, va en contra del ya citado varias veces “nacionalismo banal”. Pero es un movimiento de gran fuerza y que ha movilizado en varias ocasiones a cientos de miles de personas; bastante más de un millón en las dos últimas diadas de 2013 y 2014.

La edad en la que Víctor Alexandre ubica a “su hijo”, 13 años, ya le supone una capacidad de razonamiento y crítica intelectual casi adultos. Aunque le falten por desarrollar determinados aspectos emocionales, algunos de los mismos, como el sentido de pertenencia, están ya muy desarrollados. Y aquí está el núcleo de su trabajo: un padre explica a su hijo el porqué de la independencia. Los motivos que conducen a su necesidad y la crítica de las posiciones –conservadoras- que se oponen a ella. Los capítulos van desarrollando los diversos asuntos. Identidad, países catalanes, historia, lengua, economía, deportes, democracia, dependencia, nacionalismo y libertad son sus diferentes secciones.

Alexandre se esfuerza, y según mi opinión lo logra, en expresarse en un lenguaje sencillo, asequible a la edad de “su hijo”, con ejemplos muy cercanos al mundo de la adolescencia, como es el de los deportes. Se nota que es un trabajo didáctico dedicado más a padres y educadores que a los propios niños. Un gran mérito de Víctor.

Quien escribe este comentario no tiene hijos, pero cree conocer el mundo de quienes los han tenido lo suficiente como para pensar que se trata de una obra oportuna y de gran interés y ayuda para transmitir a esa juventud incipiente la autoestima y asertividad necesarias para hacer frente a las distorsiones y ocultamientos de los sistemas sociales mayoritarios en los estados que nos dominan a ambas naciones. Considero que es un trabajo altamente recomendable para todos los que tienen puesta sus miradas y anhelos en la próxima independencia del Principado de Cataluña.

Enhorabona, Víctor! Zorionak!


Referencia bibliográfica

Alexandre, Víctor
Barcelona 2014
Editorial Meteora

25 septiembre 2013

EUSKAL BIDEA

Caminante no hay camino; se hace camino al andar (A. Machado)

Tras comprobar en la Diada la fortaleza que demuestra la “Vía Catalana a la Independencia”, a través de la Asamblea Nacional (ANC), comentamos con algunos de la organización: ¿Cómo habéis logrado esta movilización descomunal, reunir tanta gente y con semejante orden? Es evidente que para conseguirlo se precisa la firme voluntad de una nación que, harta de España, quiere ser sujeto político con urgencia. Pero, en un sentido práctico, nos respondieron: hemos contado con 30.000 voluntarios. Desde la red “Independentistak”, uno de los presentes exclamó: ¡Ya nos gustaría reunir esa cifra en una manifestación!

Nos quedamos un tanto perplejos. ¿Sería impensable en nuestro país reunir 30.000 personas en una manifestación por la independencia? Más lejos aún, ¿no habría capacidad para encontrar esa cifra de voluntarios, si se planteara un proceso nítido, bien encaminado...? Pensamos que la respuesta es afirmativa, que hay entre nosotros ese mismo potencial (salvando las distancias proporcionales con Catalunya), o más. Claro está, con una serie de condiciones previas.

Quizás por ello hemos visto con mucho interés la iniciativa que presenta la Izquierda Abertzale. “Eraiki dezagun elkarrekin Euskal Etxea”, o con más brevedad, lo que llaman la “Vía Vasca”, en paralelo a la “Vía Catalana” que organizó la Diada del pasado 11 de septiembre, por la independencia de Cataluña, con más de 400 kilómetros de cadena humana.

De entrada, un punto sensato de esta propuesta es que no pretende realizar algo mimético a lo catalán. Las copias no siempre salen como el original. Las condiciones de partida son también distintas. Ya era hora de que alguien planteara en nuestro país una “vía” propia por la independencia; llevamos demasiado tiempo enredados en pleitos y conflictos que siempre son urgentes, candentes, pero no nos permiten avanzar, en las últimas décadas, un solo paso: presos, fiscalidades, gestión de instituciones, basuras, subidas y bajadas de banderas... Todo muy serio; pero sin movernos del sitio. Ya está bien; un objetivo claro: la independencia.

Otro capítulo, también acertado, es su llamada a la sociedad civil, a que ocupe su posición central sin dejarse suplantar y gobernar por las organizaciones burocráticas al uso, partidos y sindicatos. Si ello fuera posible, eludiríamos la camisa de fuerza de los ritmos electorales, el fuego cruzado entre facciones por la hegemonía, los intereses sectarios, la fijación cortoplacista de los objetivos, los protagonismos innecesarios, etc, etc, etc.  Con tales presupuestos, si se cumplen, sí vemos posible recuperar una capacidad de intervención que nos permita abordar retos equivalentes al de esa reciente Diada.

Una cuestión añadida, en la que entramos poco convencidos, es el llamamiento a que esta “vía” dé cabida a todos los ciudadanos, tanto a los que hoy están a favor como a los que están en contra de la independencia. Vocación de unidad, encomiable cuando menos. Por supuesto, a todos nos entusiasma la posibilidad de activar los distintos sectores del espectro ideológico al unísono; pero las cosas no funcionan en abstracto, y la unidad, como el camino, se construye paso a paso. No tiene mucho sentido hablar de aproximación de posturas y acercamiento si empezamos la casa por el tejado; si convocamos al enemigo, al contrario acérrimo a cualquier atisbo de soberanía para nuestra sociedad, y no somos capaces de convencer o dejar sitio al más cercano. Se apuesta por una vía que reúna a soberanistas y no soberanistas, pero tal vez sería más natural reunirnos antes quienes compartimos sentimientos y pensamientos. Quienes estamos abiertamente por la independencia; quienes creemos en la existencia (y el derecho a ser y decidir) de nuestro pueblo, quienes nos sentimos vascos, navarros, sometidos, con la urgencia de existir en el concierto del mundo con un lugar propio... Y luego, ya veremos.

Otra condición que nos preocupa y, en el contraste del éxito de la Diada, no vemos que se cuide, es que se necesita hablar sobre ello. Nuestro país lleva demasiado tiempo atascado, inmerso en procesos agotados, en un callejón sin salida, y no vemos que nadie trabaje otros horizontes. Si queremos independencia y proponemos una “Vía Vasca” para alcanzarla hay que pensarla, urdirla, debatirla, cargarla de razones, sugerir ideas, objetivos, iniciativas, propuestas... Hay que motivar a la población. Y entre nosotros no vemos ese debate. Se habla de proceso de paz, de nuevo estatuto... pero nada de ello nos orienta hacia lo que necesitamos. Hay que debatir de las ventajas de la independencia, de la dura carga de seguir bajo el despotismo de Estados ajenos, tan corruptos como España y tan jacobinos como Francia, de los retos de construir un Estado propio.

Por eso, saludamos con alegría la declaración de la Izquierda Abertzale en pro de la Vía Vasca, y quedamos a la espera de que nos aclare estas dudas, de que inicie los pasos, o simplemente los facilite, de que abra puertas al campo, y se inicie un proceso que nos acerque hacia la independencia. Como decía Machado, caminante son tus huellas el camino y nada más. Sin pasos no hay camino; nada más.

EUSKAL BIDEA

Ibiltari, ez dago biderik, ibiliz egiten da bidea (A. Machado)

Diadan "Independentziaranzko Bide Katalanak" Asamblea Nacional (ANC) delakoaren bitartez erakutsitako indarra ikusi ondoren, antolatzaileetako batzuekin hitz egin genuen: nola lortu duzue sekulako mobilizazio hau, hainbeste jenderekin eta halako ordenarekin? Bistakoa da hori lortzeko beharrezkoa dela nazio baten borondate irmoa, Espainiarekin gogaituta subjektu politikoa berehala izan nahi duenarena. Zentzu praktikoaz erantzun ziguten: 30.000 boluntario eduki ditugu. "Independentistak" sareko batek hasperen egin zuen: "Nahiko genuke guk kopuru hori manifestazio batean biltzea!"

Harri eta zur geratu ginen. Pentsaezina izango litzateke, hortaz, independentziaren aldeko manifestazio batean 30.000 pertsona biltzea? Areago, ezin izango genuke boluntario-kopuru hori aurkitu, ongi bideratutako prozesu garbi bat planteatuz gero? Baiezkoan gaude; gure ustez, gure artean badago potentzial hori (Kataluniarekin dauden distantzia proportzionalak alde batera utzita), edo handiagoa ere. Baina, jakina, aldez aurretik baldintza jakin batzuk betetzen badira.

Horregatik beharbada, interes handiarekin ikusi  dugu Ezker Abertzaleak aurkeztutako ekimena, "Eraiki dezagun elkarrekin Euskal Etxea", edo laburrago esanda, "Euskal Bidea", joan den irailaren 11n Kataluniaren independentziaren aldeko Diada, 400 kilometrotik gorako giza katea, antolatu zuen "Vía Catalana" delakoaren paraleloa.

Hasteko, proposamen horrek zuhurtasunez dio ez duela katalanen mimetismo hutsa izan nahi. Kopiak ez dira inoiz jatorrizkoa bezalakoak izaten. Abiapuntuak ere ez dira berberak. Bazen garaia norbaitek independentziaren aldeko "bide" propioa planteatzeko; izan ere, denbora luzeegia daramagu ika-mika eta gatazka antzuetan kateatuta; beti dira premiazkoak eta beti daude puri-purian, baina azken hamarkadaotan ez digute utzi pauso bakar bat aurrera egiten: presoak, fiskalitatea, erakundeen kudeaketa, zaborrak, banderak jartzea eta kentzea... Oso serioa dena, baina gauden tokitik mugitu gabe. Eta aski da; helburu garbi bat behar dugu: independentzia.

Beste puntu batean ere asmatzen du: gizarte zibilari egiten dion deian, berak posizio zentrala har dezan, erakunde burokratikoek (alderdiek eta sindikatuek) berari dagokion lekuan jarri eta mendean hartu ez dezaten. Hori posible balitz, saihestu egingo genituzke hainbeste baldintzatzen gaituzten hauteskundeekiko menpekotasuna, hegemoniagatik liskarrean dabiltzanen bandoen ika-mikak, interes sektarioak, beharrik gabeko protagonismoak, etab., etab., etab. Hori hala izanez gero, uste dugu posible dela Diada horren antzeko erronkei heltzeko ekimena berreskuratzea.

Besterik da, eta hor ez gaude hain konbentzituta, "bide" horrek herritar guztiak bildu ahal izatea, bai independentziaren alde daudenak, bai kontra daudenak. Batasuna bilatze hori laudagarria da behintzat. Jakina, denok nahiko genuke ideologia askotako sektoreak batera aktibatu ahal izatea, baina gauzek ez dute abstraktuki funtzionatzen eta batasuna, bidea bezalaxe, urratsez urrats eraikitzen da. Ez du zentzu handirik jarrerak hurbiltzeaz hitz egiteak baldin eta etxea teilatutik eraikitzen hasten bagara, gure etsaiari, gure herriaren subiranotasunaren aurkako sutsuari deitzen badiogu eta hurbilekoari argudiorik emateko edo lekurik uzteko gauza ez bagara. Subiranotasunaren aldekoak eta aurkakoak biltzen dituen bidea da apustua, baina beharbada naturalagoa izango litzateke lehenbizi sentimenduak eta pentsamenduak partekatzen ditugunok biltzea, hau da, independentziaren alde argi eta garbi gaudenok. Gure herria badela (eta baduela izateko eta erabakitzeko eskubidea) uste dugunok, euskaldun, nafar, menperatu sentitzen garenok, munduan leku propioa edukitzeko premia ikusten dugunok... Eta gero, gerokoak.

Kezkatzen gaituen beste gauza bat da, Diadaren arrakastarekin alderatuta batere zaintzen ez dena, hau da: gaiari buruz hitz egiteko beharra. Gure herriak denbora luzeegia darama ez atzera eta ez aurrera, agortutako prozesuetan murgilduta, hortik atera ezinik, eta ez dugu inor ikusten lan horri ekiteko prest. Independentzia nahi badugu, "Euskal Bidea" nahi badugu, pentsatu egin behar da, eta ehundu, eztabaidatu, arrazoiak eman, eta landu ideiak, helburuak, ekimenak, proposamenak... Motibatu egin behar da jendea. Eta gure artean ez dugu halakorik ikusten. Hitz egiten dugu bake-prozesuaz, estatutu berriaz... baina horrek ez gaitu behar dugunerantz eramaten. Independentziaren abantailez eztabaidatu behar dugu, Espainia ustela eta Frantzia jakobinoa estatu arrotzen despotismoa jasan beharraren zama astunaz, estatu propio bat eraikitzearen erronkez.

Horregatik, pozik hartu dugu independentziaren alde Ezker Abertzaleak egin duen Euskal Bidearen adierazpena, eta espero dugu zalantza horiek argitzea, urratsak egiten hastea edo behintzat horretara bultzatzea, ateak zabaltzea eta independentziara hurbilduko gaituen prozesuari hasiera ematea. Machadok zioenez, ibiltariaren pausuak dira bidea. Eta kito. Pausurik gabe ez dago biderik.






13 mayo 2011

UNA REFLEXIÓN POLÍTICA

La actual estructura básica del Estado español es prolongación directa del sistema creado a partir de la sublevación y guerra consiguiente de 1936, en la que triunfó un modelo fascista. El vodevil que se desarrolló tras la muerte en cama del general y dictador Franco fue bautizado por sus protagonistas como transición democrática, cuando en realidad no depuró ninguna de las responsabilidades de su régimen y todos los poderes sociales y del Estado siguieron en las mismas manos. A la hora de definir la forma de su “nuevo” Estado optaron, en buena lógica, por seguir el modelo unitario del franquismo. En ningún momento se planteó como elemento democrático básico el reconocimiento, previo a cualquier nueva organización, de la existencia de las realidades nacionales vasca y catalana aceptadas, sobre todo de hecho, desde los tiempos de la 2ª república española y la guerra. Este axioma originario implica la inexistencia política práctica de Navarra o Cataluña. En su sistema no existen tales entidades políticas, si no es como “partes” de ese todo que es España. No existe ni el “pueblo vasco” ni el “pueblo catalán”, sólo el “español”, que es el que funda la legitimidad del entramado jurídico y legal de su Estado. En realidad fue una transición intratotalitaria en la que la sedicente oposición democrática lo único que hizo fue aceptar sus premisas y entrar en el juego. La constitución de 1978 refrendó, legal y jurídicamente, una estructura de poder y unas relaciones de fuerza previamente existentes, definidas y consensuadas entre el fascismo y la “oposición”.

Al principio, el “nuevo” régimen tuvo preocupación por los núcleos democráticos resistentes, sobre todo en Navarra y Cataluña. El PC y compañeros fueron rápidamente fagocitados. La sumisión inicial de las fuerzas catalanas resultó bastante sorprendente, pero así fue y hoy es el día en que están apareciendo estudios sobre aquella etapa y las cesiones que hizo Cataluña, como por ejemplo el reciente de Patricia Gabancho (2011). Los poderes del Estado español temían más la virtualidad vasca. Su previsible capacidad de movilización y oposición fue dilapidada en sucesivas convocatorias a votaciones y en la complementaria actuación de los “institucionalistas armados y no armados” (Iparla, 2011) En cuanto la “oposición vasca” aceptó la participación electoral en las votaciones convocadas y se descubrieron sus resultados, el régimen perdió el miedo. En las primeras elecciones tras la muerte del dictador, en 1977, hubo una abstención importante, aunque no multitudinaria. Menos aún, boicot. La trayectoria seguida desde entonces transcurre en una deriva cada vez más degradada. La subordinación total de cualquier poder, medio u organización a un ejecutivo apoyado indistintamente en sus fuerzas militares, policiales, judiciales y de intoxicación, expresa la realidad de su “división de poderes”. Es el reino de la arbitrariedad y de la corrupción. El Estado español impone su modelo castellanizante y homogéneo. Es, en resumen, un paradigma de Estado totalitario.

Todas sus actuaciones sobre Euskal Herria en los últimos tiempos (cierres de periódicos, ilegalizaciones de partidos y grupos etc.) remachan el mismo clavo pero no ofrecen novedad alguna respecto a situaciones pasadas. La naturaleza del régimen no se alteró por la anterior ilegalización de Batasuna, tampoco ha cambiado por la no aceptación de Sortu y la actual legalización de Bildu. Se equivocan de fórmula quienes hablan de “volver a la normalidad democrática”. No se puede hablar de normalidad, y menos de democracia, en un sistema originado en una rebelión militar, una guerra y posguerra genocidas, una dictadura militar fascista de treinta y cinco años y una transición que incluye las premisas de todas ellas. No se puede definir como democrática la situación de un régimen totalitario en función de que permitan participar a determinados sectores o no. Su naturaleza antidemocrática es previa a estas decisiones. Por eso con Bildu e incluso Sortu legalizados (cosa que sinceramente deseo a estos últimos, si ellos lo quieren así), confiar en convencer razonadamente al régimen de lo justo de las demandas vascas, es una tarea condenada de antemano al fracaso. Esperar ganarles en lo que denominan “confrontaciones democráticas”, votaciones a las que llaman elecciones, supone jugar en un terreno contrario, con árbitro casero y compitiendo uno contra diez.

La única forma de hacer frente a esta difícil situación es constituirse en agente político de verdad, con capacidad de llevar a cabo un enfrentamiento estratégico con el Estado español sobre todo, ya que es el que controla la mayor parte de nuestra población y territorio. La capacidad y fuerza social del pueblo vasco ha sido probada repetidamente en la última etapa histórica, pero lo que nunca ha logrado alcanzar es una cualificación política. No es una cuestión de “unidad de las fuerzas vascas”, sobre todo cuando se refiere a los aparatos burocráticos en que se han convertido los partidos políticos. Es una cuestión de unidad estratégica que ponga en valor la capacidad de la sociedad navarra del siglo XXI para constituirse como sujeto político. Cualquier “unidad” que se realice formalmente pero sin contenido estratégico no sirve para nuestra emancipación. Puede generar una ilusión temporal, pero vacía de contenido y de duración breve. La ilusión es necesaria, pero no debe ser consecuencia de espejismos o alucinaciones, sino de la puesta en marcha de un movimiento social efectivo que haga frente positivamente a las continuas imposiciones del Estado español.

Esto exige dejar de lado partidismos y sometimientos, muchas veces inconscientes de tan habituales, y liberar nuestras propias perspectivas individuales y sociales. Exige un debate profundo y democrático entre las personas y agentes que estén realmente por la labor de alcanzar la emancipación de nuestra nación. Obliga a reconocer el logro de un Estado propio como principal objetivo democrático y aceptar que cualquier otra situación, aunque mejore la actual, sólo podrá ser tolerada y aceptada transitoriamente, pero nunca como meta final propia. Debemos elaborar nuestra particular “hoja de ruta” hacia la independencia, en la que la coordinación de esfuerzos y el aprovechamiento de todos los recursos que ofrece nuestra capacidad son factores imprescindibles para afrontar con posibilidades reales de éxito una confrontación social ineludible. Este camino debe ser recorrido con base exclusiva en nuestra fuerza, aunque podemos y debemos tratar de lograr complicidades y apoyos tácticos con otras naciones sometidas a los mismos estados, como es el caso de los Países Catalanes. De igual modo puede suceder con otros pueblos europeos en situaciones similares, como Escocia o Flandes por ejemplo.

La situación política de Navarra es de extrema gravedad y en inminente peligro de desaparición del conjunto de las naciones europeas. Nuestros enemigos son fuertes, confiados en sí mismos y legitimados internacionalmente. Tenemos urgencia en utilizar nuestro demostrado potencial, con inteligencia y democracia. Bien sé que es fácil decir todo lo anterior sin plantear alternativas concretas, sin indicar, o atisbar por lo menos, cuál puede ser el camino a seguir. Ésta es una reflexión que debemos hacer los vascos conjunta y democráticamente. Como ya he indicado antes, el objetivo es la consecución de un Estado propio. Es también evidente que dentro del juego de partidos y votaciones impuesto por el Estado español, nuestras posibilidades son, por el momento, nulas. Es asimismo obvio el potencial político de nuestra sociedad civil. La creación de las ikastolas al margen del sistema educativo oficial hispano, el montaje cooperativo de Arrasate, la inmediata “resurrección” de periódicos como Berria y Gara tras los “asesinatos” de Egunkaria y Egin, las manifestaciones que convocaron, el movimiento de insumisión frente al Ejército español y otros muchos, son logros que no están al alcance de cualquier sociedad.

Tenemos capacidad para llevar a buen puerto cualquier plante, boicot o resistencia, activa o pasiva. Podemos conseguir ser ingobernables. Necesitamos inteligencia para dosificarlo y plantearlo en etapas alcanzables y con objetivos realistas. En este camino debemos olvidar los beneficios y prebendas derivados de la participación incondicional en el régimen del imperio. Es imprescindible dotarnos de una clase política cualificada y de unos líderes insobornables, con capacidad e ideas claras. Habrá sin duda fallos, fracasos parciales e incluso retrocesos, pero el logro de los objetivos parciales que se planteen provocará ilusión y posibilitará acciones cada vez más potentes y arriesgadas. Hace falta que lo queramos realmente. La libertad no se regala, hay que conquistarla. Pero merece el esfuerzo.

NOTAS

Gabancho, Patricia. "A la intemperie: una memoria cruel de la transició catalana (1976-1978)". Barcelona 2011. Columna Edicions S.A.

Iparla 10. 2011.

11 mayo 2011

DOS HERENCIAS

Los recientes resultados de las elecciones canadienses y escocesas están provocando comentarios variopintos en los medios de comunicación. Sobre todo en lo referente a Québec y, en concreto, a los resultados del Bloc Québécois dentro del conjunto del Estado canadiense y a los del SNP en Escocia. Cada cual intenta acarrear el agua a su molino. El unitarismo hispano resalta el fracaso del soberanismo québécois. El tibio posibilismo de los autonomistas de la CAV hace hincapié en que el triunfo de Salmond en Escocia no se debe a su inequívoco posicionamiento soberanista sino a una buena gestión económica de la autonomía. Desde perspectivas partidarias del acceso a un Estado propio en Cataluña se resalta su compromiso a convocar un referendo para determinar en esta legislatura el estatus deseado por los escoceses en su relación con el Reino Unido, mientras se relativiza el resultado de Québec. Y así sucesivamente.

Pocos son los que, además de reflexionar sobre los diversos resultados electorales de Canadá y Escocia, tratan de analizar la estructura real de poder de los estados de los que las dos naciones, Québec (Canadá) y Escocia (Reino Unido), forman parte. Tampoco de las respectivas culturas políticas de ambos. Prácticamente desde el comienzo de la baja Edad Media en el continente europeo se desarrollaron dos modelos de estructura de poder y de su correspondiente cultura política. Uno de ellos se manifestó en un eje que se podría denominar predemocrático, que comprende Gran Bretaña, Flandes, Norte del actual estado italiano, Cataluña y Navarra, caracterizado por un equilibrio entre los diversos poderes y con un sistema pactista como vía de afrontar los problemas internos. El otro, cuyo paradigma es Francia y de la que Castilla primero y España después fueron sucesivas y aprovechadas discípulas, desarrolló progresivamente el absolutismo monárquico para llegar al totalitarismo contemporáneo.

El primer modelo permitió, y permite hoy en día, desarrollar, aunque no sin conflicto, expresiones de la diferencia y de la variedad social, lingüística, cultural y religiosa, y llegó a situaciones de equilibrio democrático. Entretanto, en el segundo la disidencia fue, y sigue siendo, perseguida y aniquilada. El modelo británico fue el exportado al norte de América y posibilitó el desarrollo de sistemas políticos como el de Estados Unidos y el de Canadá. El segundo, básicamente el hispano, fue el hegemónico en el sur y centro del continente americano, incluyendo a México a pesar de ser, desde el punto de vista geográfico, parte de su norte.

Las secuelas de ambas formas de estructurar el poder político, las culturas políticas respectivas y sus herencias americanas se manifiestan con claridad en los dos conflictos políticos antes citados, en relación con los estados de los que forman parte. Las diferencias con las realidades catalana o vasca, divididas e integradas por fuerza entre los dos estados paradigma del absolutismo monárquico primero y del totalitarismo contemporáneo después, son evidentes. No sirve extraer conclusiones de unos casos para aplicarlas mecánicamente a los otros. Tampoco se pueden analizar las situaciones de Québec o Escocia con los parámetros derivados de la ocupación franco-española. Escocia y Québec requieren sendos análisis específicos, contextualizados y tranquilos.

Nosotros nos movemos en unas coordenadas completamente distintas de las de Escocia y Québec. La nuestra es una realidad aparte. Es todo lo contrario de lo que debe ser un Estado de Derecho: el imperio de la ley. Es evidente que en el Estado español no existe la famosa división de poderes con paternidad atribuida a Montesquieu. Son el ejecutivo y sus fuerzas militares, policiales y de intoxicación, quienes imponen su ley. Corresponde al reino de la arbitrariedad y de la corrupción. Es, en resumen, un modelo de Estado totalitario.

Detenciones, tortura y cárceles son sus medios cotidianos de comportamiento. La intoxicación informativa aliña la salsa correspondiente. Para que no quede elemento fuera de su control, cierran a su gusto medios de comunicación (Egunkaria, Egin…), ilegalizan partidos, asociaciones etc. Todo eso, sí, de modo preventivo. Incluso han inventado el concepto de “contaminación política”, que se extiende y ramifica a personas y grupos a través de familiares, amigos o vecinos. Todo son trampas, de manera que ellos ganan siempre.

La trampa más simple se encuentra en la base de su propia estructura política, que es el unitarismo de su Estado, la base constituyente de todo su proceso político: la soberanía del pueblo español, del que, obviamente, y querámoslo o no, formamos parte obligada. Esta premisa originaria implica la inexistencia política de Navarra o Cataluña. En su sistema no existen tales entidades políticas, si no es como “partes” de ese todo que es España. En ese no reconocimiento, imperialismo, radica su base antidemocrática fundamental. Brilla por su ausencia, por lo tanto, cualquier atisbo de cultura democrática.

Cuando las situaciones son tan alejadas, los análisis y las actuaciones políticas deben también ser distintos y acordes con las mismas. No podemos mirarnos tan sencillamente en los espejos québécois o escocés; es necesario que planteemos las alternativas y soluciones desde nuestra realidad concreta, aunque el objetivo, el Estado propio, sea el mismo.

23 mayo 2010

HISTORIA DE UN DESCONOCIMIENTO

Comunicación presentada al Congreso Euskal Herria-Países Catalanes, celebrado en Gasteiz del 10 al 12 de mayo de 2010.

1.- INTRODUCCIÓN

Recientemente se publicó un libro, suficientemente conocido en los ámbitos intelectuales de los Países Catalanes aunque, por desgracia, ignorado en el País Vasco, consistente en una larga entrevista a Joan F. Mira realizada por Pere Antoni Pons (2009).

Conviene indicar que Joan Francesc Mira (1984 y 2008, por ejemplo) es un referente intelectual de primer orden, no sólo del País Valenciano, sino de todo el ámbito de los Países Catalanes, por sus reflexiones sobre temas tan actuales como el hecho nacional, la identidad y otros muchos, tanto a nivel nacional como internacional.

Como consecuencia de su lectura extraje la idea del enorme desconocimiento que existe en los Países Catalanes sobre la realidad histórica y política del País Vasco. Como consecuencia escribí un artículo publicado por diversos medios digitales de los Países Catalanes, Página 26 , por ejemplo:

La Comunicación que presento a este Congreso responde, precisamente, a la necesidad de subsanar la ignorancia mutua, obviamente desde la perspectiva vasca.


2.- RELACIONES CULTURALES Y POLÍTICAS EN EL SIGLO XIX

La relación histórica fundamental de Vasconia siempre ha sido con la Cataluña estricta y muy escasa o nula con el País Valenciano u otros territorios de los Países Catalanes. En esta relación se pueden distinguir dos fases principales: la anterior al surgimiento del nacionalismo moderno con Arana Goiri y la posterior al mismo.

Todavía, justo en la fase anterior a Arana Goiri, las relaciones de Vasconia con el mundo catalán se establecen entre personalidades de la Asociación Eúskara de Navarra, como Campión y Olóriz..

Poco después (1888) Campión y Olóriz iban a mantener cordial relación y grande influencia en el catalanismo. El propio Prat de la Riba, figura cumbre, inspiró sus primeros escritos en la Cartilla foral de Navarra (1894), de Olóriz. (Etayo Zalduendo, 2004: 319)

Sobre la relaciones entre la Asociación éuskara de Navarra, los ya citados Campión y Olóriza además de Iturralde y Suit y Olave, con Cataluña y principalmente con personalidades como Pí y Margall y Víctor Balaguer, en primer lugar, y Mañé y Flaquer y Valentí Almirall un poco más tarde. Es de destacar la especial relación del éuskaro Serafín Olave con Pí y Margall, ambos unidos por su republicanismo federal. (Sánchez-Prieto / Nieva Zardoya, 2004: 147-181)

El fundador de la Asociación euskara de Navarra, Iturralde y Suit, pasó el final de su vida en Barcelona, donde falleció en 1909.

La familia Arana Goiri se trasladó en 1893 a Barcelona. Allí, sobre todo Luis Arana, hermano de Sabino y más que probable ideólogo inicial del movimiento nacional vasco moderno, tuvo su formación política y cultural.

A partir del momento en que surge el bizkaitarrismo (Juramento de Larrazabal en 1893) protagonizado por ambos hermanos y germen del posterior Partido Nacionalista Vasco, desde los Países Catalanes se percibe lo vasco principal, y casi exclusivamente, a través de Euzkadi primero y Euskadi en la etapa posterior a la muerte del general Franco y se acepta sin crítica la identificación de País Vasco con Euskadi y las tres históricas Provincias Vascongadas. Comúnmente, y hasta la etapa actual, se asume Navarra como una realidad diferente de “lo vasco”.


3.- NECESIDAD DE RECTIFICAR LA PERSPECTIVA

La perspectiva antes indicada responde hoy en día, sobre todo, al proyecto global del nacionalismo español y es aceptada como “normal” desde los Países Catalanes. En el presente trabajo intento desmontar esta construcción ideológica, creada a su medida y según sus intereses.

3.1.- Tres modelos para concebir Vasconia y explicar su proceso histórico.

La autopercepción de los vascos ha evolucionado históricamente siguiendo básicamente tres modelos o paradigmas: La interpretación de la realidad de Vasconia, tras la conquista de la parte sur del reino, la Alta Navarra, por Castilla a comienzos del siglo XVI se ha realizado en las edades moderna y contemporánea, fundamentalmente desde tres planteamientos diferentes que, aun siendo consecutivos cronológicamente, siguen coexistiendo, con mayor o menor fuerza, en el imaginario colectivo de nuestro pueblo. Estos tres planteamientos o modelos se pueden resumir en: el paradigma “foral”, el “bizkaitarra” y el “navarro”.

3.1.1.- Paradigma foral

Es el que presenta, por una parte, las primitivas relaciones entre el reino de Castilla y las Provincias como “pactadas” y, por otra, con el Reino tras la conquista, como una “incorporación aequae principal”, es decir de igual a igual, también “pactada”. Desde la perspectiva de las Provincias Vascongadas, un importante representante, ya en el siglo XVI, de esta visión es el historiador de la monarquía de los Austrias (Cronista oficial de Felipe II de España) Esteban de Garibay. También lo es Manuel Larramendi S.J., en el XVIII, así como parte del pensamiento de la tradición carlista en los siglos XIX y XX.

3.1.2.- Paradigma bizkaitarra

Es el que surge tras la derrota de la defensa del sistema foral vasco en las guerras carlistas. Arana Goiri, consciente de los movimientos nacionales en la Europa de su época, no rechaza el modelo foral, pero lo supera incorporándolo en una visión nacional. Arana, desde una perspectiva bizkaitarra y con una insuficiente reflexión sobre la realidad navarra da, no obstante, un paso de gigante. Afirma que los vascos no somos españoles ni franceses, que somos sencillamente vascos, que constituimos una nación y que tenemos derecho a nuestra independencia, a nuestro Estado propio.

3.1.3.- Paradigma navarro

Xaho, durante la primera guerra carlista, percibió o intuyó, como pone de manifiesto en su libro “Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos” (1865), la centralidad de Navarra en Vasconia. Posteriormente este enfoque se nutrió de los estudios y trabajos realizados por las personas que formaron la “Asociación Eúskara de Navarra” (1878-1886), como Arturo Campión, Juan Iturralde y Suit, Hermilio de Oloriz, Serafín Olave Estanislao Aranzadi y otros (Jimeno Jurío, 2007).

Anacleto de Ortueta, ya en el siglo XX, con su obra “Nabarra y la unidad política vasca” (1931), y su afirmación rotunda de la centralidad política de Navarra para el conjunto vasco; Federico Krutwig con su “Vasconia” (1962), quien con la mirada puesta en la “Gran Vasconia” constató su plena coincidencia con la máxima extensión del reino navarro y Pierre Narbaitz con “Navarra, o cuando los vascos tenían reyes” (1978) son aportaciones básicas. En la época más reciente ha sido fundamental “La Navarra marítima” (Urzainqui / Olaizola, 1998). Posteriormente Iñaki Sagredo, con los cuatro volúmenes de su trabajo sobre los “Castillos que defendieron un Reino” (2006-2009), obra en la que se superponen de forma precisa los datos arqueológicos sobre los castillos, la toponimia vasca y la territorialidad política del reino de Pamplona-Navarra.

Hasta el primer tercio del siglo XX, fue la parte de Navarra que conservaba su referencia nominal al Estado independiente de los vascos, quien llevó la voz cantante en las reivindicaciones políticas de la Vasconia ibérica (D’Oihénart, 1656) frente al Estado español. En la época de los intentos de consolidación de su Estado unitario, la “intelligentsia” hispana pronto se percató de la trascendencia política de la realidad y alcance internacional de Navarra y, tras los episodios bélicos del siglo XIX y la famosa Gamazada (1894) de su final, decidió la necesidad de neutralizar sus veleidades emancipadoras. Para ello utilizó infinidad de medios: legales, paralegales e ilegales, pero todos ellos ilegítimos. Hasta llegar a la política actual de Upn a la que, de inmediato, se sometió el PsoE. En todos ellos, la “razón de Estado”, español, obviamente, se impuso con claridad.

Todo lo citado en el párrafo anterior se desarrollaba, a comienzos del siglo XX, sobre una sociedad con graves carencias y limitaciones, consecuencia del esfuerzo bélico del siglo anterior. Las guerras y conflictos con su secuela de muertes, exilios, emigraciones masivas, conflictividad social, empobrecimiento general y delincuencia, provocaron un proceso profundo de postración y decadencia. En resumen, actuaban sobre un grupo humano desestructurado y, en gran medida, inerme.

Esta estrategia del Estado español se aprovechó también, sobre todo en la etapa conocida como “Transición” tras la muerte del General Franco, de los favores que sus “enemigos” les ofrecían en bandeja. Como ejemplo fundamental en este sentido tenemos la famosa disposición Transitoria Cuarta de la Constitución española de 1978. El planteamiento de “incorporación de ‘Navarra’ a ‘Euskadi’” no se podía haber hecho de forma más torpe, suponiendo que lo hubieran redactado quienes pretendían la reunificación e independencia de Vasconia. La simple pretensión de “incorporar” la parte simbólica, política, territorial, histórica y, durante mucho tiempo, demográficamente más importante del conjunto vasconavarro, el “reino”, al resto del país, hasta ese momento denominado en su parte ibérica (D’Oihénart, 1656) como “las Provincias”, resultaba un planteamiento, cuando menos, poco oportuno y con nulas posibilidades de prosperar en el territorio sudpirenáico denominado como Alta Navarra. Todo ello, además, bajo un nombre rechazado, Euzkadi, casi desde su invención por Arana Goiri (Campión, 1907).

Cuando Arana Goiri se vio en la necesidad de asignar una denominación política al país de los vascos, inventó la palabra Euzkadi sin percibir, posiblemente, que la organización política de mayor rango que había creado nuestro pueblo era un Estado que funcionó en igualdad de condiciones que el resto de estados europeos, con plena soberanía, durante muchos siglos y que su nombre ya estaba inventado: era Navarra. Cuando Sabino Arana creó banderas y símbolos para que el país se sintiera identificado y motivado como nación, principalmente la bicrucífera o ikurriña, ignoró todos los símbolos que, también durante siglos, habían representado a su Estado: el reino, primero de Pamplona y posteriormente de Navarra. Navarra ha sido la única organización política independiente y soberana de Vasconia, ha sido realmente el Estado de los vascos. Euskal Herria es la denominación del país, como pueblo, en relación con su lengua y cultura, pero su nombre político ha sido Navarra.

3.2.- Cuatro conclusiones provisionales

Opino que Navarra es un paradigma capaz de explicar y permitir una comprensión adecuada de muchos hechos que son realidades operativamente eficaces en la actualidad. Sin duda, pienso que el reino de Navarra, en su condición de único estado de pleno derecho a nivel internacional creado por los vascos, fue la organización social y política que permitió la supervivencia de nuestro país en condiciones aceptables, a pesar de los episodios de conquista, desmembración y violencia generalizada sufridos.

A modo de hipótesis, creo poder afirmar que la subsistencia secular de Navarra como Estado independiente propició o, cuando menos, facilitó:

a) La pervivencia del Sistema foral vasco tal y como se presentaba a finales del siglo XVIII. Sin la consolidación política del reino durante tan larga etapa histórica y la plasmación del sistema jurídico propio en leyes del más alto rango, seguramente no habría existido, o aparecería de forma muy distinta y empobrecida.

b) El mantenimiento de una sociedad vasca viva y con un fuerte sentido de pertenencia, prevaleciendo sobre las fronteras impuestas, tras las conquistas, por las monarquías española y francesa primero, y los estados español y francés más tarde; sociedad y pueblo reconocidos en cualquier instancia internacional, tanto científica como cultural, social o política.

c) La continuidad hasta nuestros días del vascuence como lengua viva. Sin el apoyo otorgado por las más altas instituciones del reino soberano durante el siglo XVI, mediante la traducción por ejemplo, del Nuevo Testamento por Lizarraga o Leiçarraga (1571), nuestra lengua difícilmente hubiera superado el tránsito a la modernidad como lengua de cultura. No se puede olvidar tampoco la pervivencia del Sistema foral vascongado como soporte social y político de la continuidad de la lengua vasca hasta nuestra época.

d) El planteamiento político nacional de Arana Goiri, por lo menos con la radicalidad que lo hizo. Creo, asimismo, que se puede afirmar con claridad que sin la pervivencia secular del reino de Navarra, Arana Goiri, su pensamiento claro está, no habría existido. Y, también, que es altamente probable que sin Arana Goiri tampoco se hubiera perfilado y concretado el paradigma navarro en su versión actual. El resultado es consecuencia de un bucle de realimentación positivo.

En cualquier caso de trata de cuatro hipótesis que podrán ser probadas, en parte o en su conjunto, o, en el mismo sentido, invalidadas o refutadas (Popper, 1994). El estudio de procesos políticos paralelos en otras zonas de Europa me lleva a intuir su corrección básica en general, sobre todo de las más controvertidas como pueden ser las referentes a la pervivencia del sistema foral y a la vitalidad de la lengua vasca. En este sentido son muy interesantes los planteamientos de Zuazo (2008) sobre la coincidencia en el tiempo de los procesos de desmembración del reino de Navarra con el surgimiento, o una mayor diferenciación de formas preexistentes, a lo largo de la Edad Media de los actuales dialectos vascos. De hecho, parece bastante probable poder concluir que una situación de unidad política, con organización propia independiente, como lo fue el reino de Navarra en este caso, se asocia a unificación o, cuando menos a no dispersión, lingüística.


4- LA MEMORIA Y EL PRESENTE

Las conquistas y ocupaciones no prescriben, por lo menos mientras las sociedades dominadas sigan considerando injustos y no sometidos a derecho tales actos. Por eso es importante saber que los vascos sí hemos tenido un Estado independiente. De este modo, al recordarlo, nuestra autoestima, nuestra dignidad, como sociedad se ve reforzada y la estrategia necesaria para el logro de la propia emancipación se podrá constituir más fácilmente. Incluso puede ser una base objetiva para su reclamación en instancias jurídicas internacionales.

La insumisión, la rebeldía, el apego a la equidad, la valoración del trabajo y de la palabra dada, el apoyo a las causas justas de cualquier rincón del mundo y muchas otras, son características incluidas en nuestra cultura social y política. Estas señas no se adquieren por “ciencia infusa” en un momento puntual del devenir histórico. Proceden del acervo de generaciones con una organización social y política asentada y equilibrada para su época, aun con las lógicas tensiones internas y externas propias de cualquier grupo humano. Organización sometida, más tarde, a profundos, convulsos y largos conflictos bélicos productos de la ocupación y resistencia consecuente.

A pesar de todo, la sociedad vasca del siglo XXI, sin Estado propio, sigue presentando unas características, fácilmente percibidas desde el exterior, que la diferencian de sus vecinas España y Francia. Para lograr la emancipación no basta con las características que objetivamente nos diferencian de nuestros vecinos. Es necesario, sobre todo, desmontar el edificio ideológico en el que se basa, desde la conquista, la justificación de su dominio.

Los conquistadores aplicaron con precisión el famoso “manual del ocupante”, que aunque no se halle escrito en ningún sitio con tal nombre, sí existe en la práctica. Consiste fundamentalmente en controlar la sociedad ocupada, sustituir lengua y cultura propias, provocar la amnesia colectiva y construir una nueva versión de los hechos violentos de modo que aparezcan como “uniones voluntarias”, “pacificaciones”, “progreso económico”, etc., realizadas mediante “pactos” y “acuerdos”. Como consecuencia de todo ello se inicia un proceso de asimilación e integración en la estructura de las sociedades dominantes. Muchos pueblos han sucumbido en esta fase. No obstante, cuando el sistema impuesto contraría las formas de ser, de hablar y de actuar de los propios del país, se produce rechazo y, ante actos violentos de asimilación y si se tiene capacidad suficiente, se responde con violencia de nivel estratégico, como es el caso de las guerras del siglo XIX, conocidas como Carlistas.

Los esfuerzos españoles por anular la conciencia de la sociedad dominada, su memoria, en el territorio que hoy conserva el nombre de Navarra han sido y son violentos y pertinaces. Un caso concreto y muy grave para nuestro pueblo, lo constituye la trivialización del contenido real del concepto “Navarra”. Para los autodenominados como navarros, hasta no hace demasiado tiempo, tenía un inequívoco valor político. Su contenido realzaba la realidad de un Estado independiente que fue conquistado, ocupado y sometido, aunque la propaganda española, con el vergonzante asentimiento de algunas elites colaboracionistas con los dominadores, lo reconvertía en “unión aeque principal” o en “pacto entre iguales”. Se trata de la misma monserga que justificaba el estatus foral de las Provincias Vascongadas, ocultando la realidad de su conquista y desgajamiento del reino. Del mismo modo se ha ignorado también el origen navarro, el reino de Pamplona, de La Rioja, ocupada por Castilla en una etapa anterior, en siglo XII.

La forzada transición de “reino a provincia” fue en un principio muy mal aceptada por lo que quedaba nominalmente del Estado navarro en el XIX (Rodríguez Garraza, 1968). En menos de un siglo su asimilación había sido muy fuerte. Sólo así se puede explicar la participación de importantes sectores, que habían sido resistentes a la misma en dicha época (principalmente el carlismo), en la rebelión militar-fascista de 1936. Cierto es que su sociedad sufrió en el XIX gravísimas pérdidas demográficas y llegó al XX con un relativo retraso, dentro del contexto europeo, en los procesos de industrialización, a pesar de sus evidentes avances en la modernización del mundo agrícola. La propaganda española achacaba estos desfases a su “obsoleto régimen foral”, cuando ellos, su sistema político, eran los auténticos responsables de tal situación.

No obstante, el conjunto de agravios a los que históricamente se había visto sometida la sociedad navarra permanecía de algún modo como “memoria” en nuestra colectividad y era, precisamente, un factor de cohesión y de fuerza política. No era solamente historia escrita sino, sobre todo, memoria de agravios pasados, con capacidad de intervención en la actividad política y social del presente.

La realidad es, aunque parezca una contradicción, que lo que hoy se denomina como Navarra no es realmente Navarra. Es una reducción (forzada), una desfiguración de la Navarra real. Tan lejana queda de Navarra, como visión política de Vasconia, la actual CFN, como la denominada, también en la jerga política española, CAV. En ambos casos se están aceptando las denominaciones impuestas por el ocupante. En este sentido es importante consultar la obra de Sorauren “Historia de Navarra, el Estado vasco” (1998).

Hay autores que contraponen el concepto de “Historia”, como concepto científico y estable, con el de “Memoria”, como cuestión interna y generadora de actividad y fuerza liberadora. Para esta visión, la “Historia” consiste en el proceso de acceso al conocimiento de los hechos que constituyeron las sociedades que nos precedieron. Muchos autores han criticado su pretensión de “objetividad” y una de las objeciones más importantes, y válidas para su logro, es que cada cual busca e investiga en la Historia según los intereses del presente con objeto de justificar su realidad actual. Tal actitud sesga ya definitivamente su pretensión de objetividad. La Historia oficial española busca siempre una pretendida convergencia hacia la unidad de las diversas “regiones” que hoy, según ellos, son España, aunque en épocas anteriores hayan constituido estados independientes. Nosotros buscamos, lógicamente ya que lo consideramos real, todos los testimonios que documenten nuestra independencia pasada y narren los procesos de conquista, ocupación y sometimiento que sufrimos.

El concepto de “Memoria” es básico. La memoria de los dominados, de los vencidos, no aparece en la “Historia” y si aparece es como parte fagocitada, recuperada, por la Historia de los vencedores. Nuestra “Memoria” de agravios y sometimientos es larga. Hay memorias permanentes como la de la conquista de 1512, pero que por desgracia no están operativas en la mente de todos los navarros con la fuerza crítica necesaria. El olvido, por parte de los vencidos, de la memoria de su derrota, de los elementos que la soportan, sean narraciones, historias o leyendas o bien sean lugares de recuerdo o geografías de memoria, supone una segunda derrota, tal vez definitiva, de la sociedad que sufrió la primera desde el punto de vista militar y político.


5.- EL ESTADO NAVARRO: PRESENTE Y FUTURO

Considero que lo que anteriormente he denominado como “Paradigma navarro” constituye el modelo que permite explicar más profundamente y con mayor rigor la trayectoria histórica de nuestro pueblo en su conjunto, por lo menos desde la constitución del reino en el siglo IX hasta los conflictos de los siglos XIX y XX. Pero opino, además, que el “Paradigma navarro” tiene mucho que aportar a la comprensión de la realidad actual del conjunto de Vasconia y a su proyecto de futuro, como Estado independiente.

El rapidísimo sesgo, la deriva, que está tomando la actual situación política del Estado español no hace sino confirmar la imperiosa necesidad del alejamiento de la misma por nuestra parte. Quienes llevamos muchos años manifestando la imposibilidad de una estructura democrática basada en el unitarismo del actual Estado español, en la consideración de que la soberanía popular reside en lo que los españoles consideran que es su “nación”, incluyendo forzosamente en ella a catalanes, gallegos y navarros, no podemos seguir manteniendo la actual farsa con la que se manifiesta su régimen político en el concierto internacional. Ellos la quieren validar como “democrática”, cuando es en realidad totalitaria.

La Constitución española de 1978 es una manifestación formal del contenido profundo de la realidad política que conforma la “constitución real” del Estado español. Los detalles, como su renombrado artículo 8º en el que se coloca a las fuerzas armadas como garantes de la unidad de la patria (española), por muy fuertes que parezcan, son un simple reflejo de la estructura política y social básica del régimen y de su origen.

Tras la “transición” española vinieron varias oleadas de independencias nacionales, en Europa sobre todo, con la reorganización política que supuso la caída del muro de Berlín y el derrumbe de los sistemas políticos del Este europeo, conocidos hasta ese momento como regímenes comunistas. Montenegro, en 2006, fue la penúltima en lograr su independencia. La siguiente, Kosovo en 2007. ¿Cuál será la próxima? ¿Escocia? ¿Los Países Catalanes? ¿Navarra, para cuándo?

La memoria histórica de haber sido conquistados se mantiene en la sociedad de la actual Alta Navarra (conocida vulgarmente como CFN), mientras que es muy escasa en la denominada como Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV). Pero la propaganda oficial del Estado español aprovechó, todo hay que decirlo, algunos graves errores políticos que en la ya citada “transición” protagonizaron los diversos partidos autodenominados nacionalistas vascos, que pretendían “incorporar” o “absorber”, a “Navarra” en la CAV. De ahí se ha seguido, en parte ya que tiene antecedentes tan remotos como la conquista de 1200, la falsa tesis que contrapone “Navarra” con “País Vasco” o a “vascos” con “navarros”. Y bien sabemos que una mentira repetida con insistencia acaba pasando por verdad. Sobre todo si se controlan los medios de comunicación y el sistema educativo.

Sectores importantes de la actual sociedad de la Alta Navarra mantienen una cierta conciencia política diferenciada con relación a la del resto del Estado español en cuanto a su lengua originaria, cultura y modos de vida propios en general, a pesar de la disolución que ha sufrido por la fortísima presión de los ya citados y sucesivos sistemas educativos y de los medios de propaganda, añadido todo ello a la represión política del propio régimen. La sociedad vascongada, en cambio, la que presenta una mayor penetración “nacionalista vasca”, mantiene un nivel relativamente alto de conciencia en los aspectos lingüístico-culturales, pero un desolador desconocimiento de su realidad histórica. Aunque, por desgracia, tampoco se puede decir que la actual sociedad de la CFN tenga un gran conocimiento de su propia historia.

Los españoles siempre han considerado Navarra como una cuestión de Estado, desde su conquista principal en 1512 hasta hoy. El desarrollo de la Primera Guerra Carlista en el territorio de la Alta Navarra supuso un enorme desgaste demográfico y económico. Tras la misma quedó una sociedad inerme, diezmada por la guerra y el exilio. La frontera del territorio en que se hablaba euskera retrocedió rápidamente, en beneficio del castellano por supuesto, en más de 40 Km. en pocos años (Angel Irigaray, 1974). El proceso aculturizador provocado por las autoridades españolas fue efectivo desde el punto de vista lingüístico. No tanto desde la perspectiva política propia, memoria en el sentido antes indicado, que ha seguido considerando la realidad de la existencia de un reino independiente y conquistado como algo arrebatado o, cuando menos perdido, pero siempre deseable de recuperar.

La actual política del Estado español sobre Navarra se analiza normalmente con una perspectiva coyuntural o cortoplacista, en función de los estrechos intereses partidarios. Esto da, en ocasiones, mucho juego y permite a nuestra imaginación construir grandes e ideales edificios. La triste realidad es que el actual sistema político español está creado precisamente contra Navarra y contra la nación catalana. Respetando su “democracia”, en su letra y en su trasfondo, nunca conseguiremos, ni unos ni otros, nuestra realización nacional plena. Siempre seremos elementos dispersos y subordinados, minoritarios en suma, a su voluntad “general”. Es necesario aportar por nuestra parte un importante plus social y político que fuerce el cambio de unas reglas de juego que, desde su interior y con los medios que ellas mismas permiten, aparecen como inamovibles.

La existencia objetiva de un pueblo no garantiza su supervivencia. Es necesario además, como afirma Ariznabarreta (2007), que ejerza poder, que tenga voluntad de ser y que lo manifieste explícitamente en su actividad cotidiana, social y política. Ese es el principal atributo, también objetivo, que caracteriza a un pueblo.

La necesidad real de lograr un Estado propio para ser y actuar en el mundo actual con nombres y apellidos propios, para mejor garantizar la buena supervivencia de nuestra sociedad y su patrimonio (lingüístico, cultural, social, económico etc.), para poder expresar nuestra solidaridad efectiva con otros “desposeídos de la tierra”, unida a las referencias históricas que configuran nuestra cultura política obtienen una respuesta coherente y positiva, precisamente, mediante el “paradigma navarro”. Nuestro “estado” en Europa y en el mundo, pienso que deberá ser precisamente el Estado navarro.


6.- EPÍLOGO: NAVARRA Y EL PAIS VALENCIANO

En muchas ocasiones, sobre todo desde los Países Catalanes, se plantea una posible semejanza entre la situación presente en el País Valenciano y la de lo que actualmente, según la actual organización política y administrativa del Estado español, se denomina como Comunidad Foral de Navarra (CFN).

Es indudable el paralelismo en la línea política de asimilación que sigue el Estado español, considerándola como “cuestión de Estado”, en ambos territorios. Tanto desde el punto de vista de política lingüística como de menosprecio de su propio patrimonio histórico y cultural. Es obvio el intento, en ambos casos, de provocar la división de las respectivas naciones, vasca y catalana, y azuzar las divisiones internas.

Hasta ahí las afinidades pueden funcionar, pero no hay mucho más. Las diferencias históricas y de conciencia producen realidades bastante lejanas entre sí. Evidentemente puedo hablar con más conocimiento de causa sobre la situación navarra que sobre la valenciana.

Navarra es el eje simbólico, histórico y político de Euskal Herria, mientras que el País Valenciano se construye como un apéndice del Principado de Cataluña en el siglo XIII, institucionalizado por Jaume I como reino, y que, poco a poco va logrando un desarrollo social, cultural y político cada vez más fuerte y con más personalidad, llegando Valencia, en algunos momentos, a eclipsar a Barcelona.

Pienso que los Países Catalanes, por lo menos el Principado de Cataluña, el País Valenciano y “Les Illes” se pueden concebir perfectamente como una federación de entidades políticas de rango semejante. En el caso navarro, las entidades que tras las sucesivas conquistas conforman lo que se puede conocer hoy como Euskal Herria, proceden, precisamente de la desagregación del Estado navarro, y son producto de conquistas y ocupaciones seculares, como se puede comprobar en la cronología histórica adjunta a esta Comunicación (Irujo, 1950).


7.- RESUMEN

Navarra constituye un modelo de lo que es un Estado conquistado, ocupado y dominado, con las correspondientes consecuencias sobre su sociedad nacional. Los modos de acción de los poderes castellanos, que enseguida se convirtieron en españoles, para derrotar la resistencia y asimilar su población tras la conquista en 1512-1524, son modélicos y predecesores de otras ocupaciones posteriores, en Canarias y América. En este sentido son fundamentales las obras de Huici Goñi (1993) y las de Esarte Muniain (2001 y 2007). Sobre la evolución de la lengua vasca son muy importantes los trabajos de Irigaray (1974) y Jimeno Jurio (1997 y 1998, sobre todo).

Por otra parte, la historia y la realidad política de Navarra pueden constituir el paradigma de un país, conocido desde tiempos remotos como Vasconia y que tras la derrota y asimilación de su Estado independiente, se ha llamado también, en textos clásicos de su literatura (por ejemplo: Pérez Lazarraga, 1564-67, Lizarraga o Leiçarraga, 1571 o Axular, 1643), como Euskal Herria.

El resumen del planteamiento que presento en esta Comunicación consiste en considerar Euskal Herria como el nombre lingüístico, étnico o cultural que se otorgan los vascos a sí mismos; mientras que el nombre de su Estado histórico es el de Navarra. Lo que sencillamente equivale a decir que los vascos son navarros desde el punto de vista político, como los lusos son portugueses.


8.- ANEXO

BREVE CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DE NAVARRA (Irujo, 1950)

824
Eneko Aritza, rey de Pamplona o, cuando menos, jefe militar. Durante la dinastías Aritza y Jimena se completa la territorialidad del reino y su dominio sobre los territorios vascones, con excepción de los acupados por los musulmanes, Banu Qasi, parientes de los primeros. Su plenitud tiene lugar con Sancho Garcés III “el Mayor”.

1035
Batalla de Atapuerca. Comienza la gran presión de Castilla y derrota y muerte del rey García Sánchez III “el de Nájera”. El reino pierde los territorios de Oña y Bureba.

1076
Muere asesinado el rey Sancho Garcés IV en Peñalén tras conspiración palaciega. Castilla y Aragón invaden el territorio navarro y lo ocupan durante 30 años. El rey de Aragón se convierte en rey de Pamplona.

1106
Alfonso I “el Batallador” recupera Vascongadas y el Estado propio.

1127
Pacto de Tamara en el que las mugas del reino vuelven a la situación de 1016.

1134
Al morir Alfonso I “el Batallador” Castilla ocupa La Rioja, hasta hoy. Durante este siglo las guerras continúan sin fin y las mugas sufren continuos cambios.

1177
Laudo arbitral de Londres entre Navarra y Castilla. Malmasin pasa a poder castellano

1200
La parte occidental de Navarra cae en poder de Castilla hasta nuestros días.

1460-63
Castilla ocupa la Sonsierra (La Guardia, San Vicente de la Sonsierra etc.) hasta hoy.

1512
El territorio que sigue llamándose Navarra es ocupado militarmente por Castilla.

1512-1524
Tras varios intentos de recuperación del reino, en 1521 su ejército es derrotado en Noain. La Alta Navarra queda en poder de Castilla hasta hoy. En la Baja Navarra y Bearne se mantiene el ejercicio soberano del poder por los reyes de Navarra.

1589
Enrique III de Navarra comienza a reinar en Francia como Enrique IV.

1620
Su hijo, Luis XIII de Francia, mediante el “Decreto de la Unión” provoca la unificación de los reinos de Navarra y Francia. Ocupación militar de Baja Navarra y Bearne.


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Sarrailh de Ihartza, Fernando (seudónimo, véase Krutwig Sagredo, Federico).

Sorauren, Mikel. “Historia de Navarra, el Estado Vasco”. Pamplona-Iruñea 1998. Editorial Pamiela.

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Xaho, Joseph Augustin. “Voyage en Navarre pendant l’insurrection des basques (1830-1835). Baiona-Bayonne 1865. Reimpresión facsímil en Marsella 1979. Laffitte Reprints. Hay varias ediciones en español, por ejemplo: Donostia 1976 por Txertoa. En Iruñea-Pamplona 2003 en Biblioteca Básica Navarra. Editado por el Diario de Navarra. Otra en 2006 por el diario Gara, ediciones Astero, en la colección Erroa.

Zuazo, Koldo. Ver Haria 21. Iruñea 2008.

30 abril 2010

25 DE ABRIL

El 25 de abril de 1974 resulta una fecha evocadora para quienes entonces teníamos un cierto uso de razón política. En esa fecha el pueblo portugués, apoyado por sus militares, hartos de las costosas, y carentes de sentido, guerras coloniales se rebeló contra un Estado autoritario que prolongaba una larga y agónica decadencia. La revolución de los claveles constituyó una explosión de alegría y, sobre todo, una reivindicación de libertad.

Mientras esto sucedía en la nación que existe al oeste, al “poniente”, de la península Ibérica, Portugal, las sometidas al dominio del Estado español soñábamos con un cambio de sistema político tras lo que se percibía ya como próximo: la muerte del dictador Franco. Nuestras esperanzas se vieron defraudadas por razones que han sido explicadas muchas veces. El régimen surgido a partir de la muerte del general en 1975 fue, desde su comienzo, la simple continuación del fascismo. Franco lo dejó todo, efectivamente, “atado y bien atado”.

El entramado que se montó en los años inmediatos a su muerte en cama consiguió “legitimar” un régimen nacido del totalitarismo y construir otro que, bajo el prostituido nombre de ”democracia”, lo siguió siendo. Comenzando por la monarquía, encarnada en una persona que había jurado ante Franco los “Principios fundamentales del Movimiento”. Siguiendo por el mantenimiento en todas las estructuras del poder real (ejército, policía, judicatura y tantos otros) a los funcionarios adictos al Régimen y sin la menor depuración. Pasando por una ley de Amnistía que lo que pretendía en realidad era hacer borrón y cuenta nueva de los crímenes del franquismo. Y, como culminación, promulgando una Constitución en la que el único sujeto político, constituyente y constituido, es “el pueblo español”, cuya unidad plantea como indiscutible y al ejército como su garante, y del que formamos parte obligada, tanto navarros como catalanes.

Los años transcurridos desde aquél, lejano en el tiempo pero próximo en sus efectos políticos, 1975 han ido mostrando cada vez con más claridad las vergüenzas de un régimen, simple prolongación del anterior. Su unitarismo cada vez más duro; la corrupción como elemento estructural del mismo, unos partidos políticos y sindicatos que, los que funcionan a nivel de todo el territorio del Estado español por lo menos, son simples correas de transmisión de su política; un estamento judicial, sucesor perfecto del antiguo Tribunal de Orden Público (TOP), y tantos otros. Todo ello dibuja un panorama desolador desde el punto de vista democrático. Simplemente no aparece como tal.

Los partidos políticos “nacionalistas” existentes en las naciones subordinadas al Estado español, principalmente la vasca y la catalana, han fracasado en el logro de lo que suele ser el objetivo de las naciones sometidas: la consecución de su libertad. En mi opinión, son responsables, en gran medida, del bloqueo de su proceso de emancipación. Las tendencias del mundo actual, sobre todo en el entorno de los dos estados de los que dependemos, conducen a la necesidad de la constitución en sendos estados independientes a ambos países. Otras naciones europeas, sometidas a estados de un unitarismo menos férreo, como Escocia, Flandes o la parte no liberada de Irlanda, por ejemplo, persiguen el mismo objetivo. Esta situación de bloqueo se ha producido, en gran parte, por el hecho de que estos partidos forman parte de la estructura de ese mismo Estado totalitario, del que reciben sus subvenciones y, en cierta manera, aunque en descenso continuo, la gestión de determinados recursos de sus respectivas “comunidades”, a través de los llamados “gobiernos autónomos”.

El único modo que, en mi opinión, se percibe para salir del pozo en que nos hallamos consiste en reencontrar a la propia sociedad civil. Tanto la catalana como la vasca son sociedades fuertes, cohesionadas, con una cultura social y política mucho más integrada en Europa que la española. Ambas, además, presentan una fuerte conciencia nacional, de identidad y de pertenencia. Todos estos factores que se incluyen en el haber de las dos naciones no han sido suficientemente puestos en valor por los citados partidos políticos que disfrutan de las prebendas del imperio. Al contrario, han sido relegados al “baúl de los recuerdos”.

En la nación que se ubica en el otro extremo geográfico de la península, el este o “levante”, en los Países Catalanes, en el territorio del Principado de Cataluña, ha surgido recientemente una iniciativa cívica con la reivindicación de la “libre disposición” como eje central. Creo que en Cataluña se ha recorrido un camino importante. El debate sobre la necesidad de un Estado propio centra los artículos de opinión incluso de periódicos tan hispánicos como La Vanguardia o El Periódico de Cataluña. En mi opinión un paso más en el camino hacia la emancipación, como método de gran valor didáctico, están los recientemente convocados referendums por la soberanía de Cataluña. Es una forma de llevar a la calle a mucha gente que hasta ahora sólo se mostraba independentista “en privado”, de mostrar que si se quiere, si hay voluntad, la independencia se puede lograr no sólo sin desestabilizar la propia sociedad, sino con la vista puesta en una mucho más cohesionada, próspera y, por lo mismo, estable.

El 25 de abril estuve en uno de los pueblos del Tarragonés en los que se votaba el referéndum y fue un domingo normal. Un día festivo, incluyendo la exhibición de los “castellers”. La votación fue un acto cívico sin alharacas, serio, pero al mismo tiempo se podía percibir la satisfacción de las personas que habían ejercido un derecho, “su” derecho, y, en su inmensa mayoría, elegido la opción de que Cataluña se convierta en “un Estado de Derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea”, como reza la papeleta de voto, a pesar de todos los intentos de boicot por parte del Estado español y sus devotos. Esto no es más que un paso; pero con una sociedad civil fuerte, cohesionada e imaginativa, creo que pueden seguir dando muchos más en la vía de la emancipación. Los datos están ahí y muestran una realidad que constituye un dato adquirido que puede servir de punto de lanzamiento para su logro.

También nosotros tenemos una sociedad fuerte y con iniciativas de gran valor, aunque, por desgracia, no en el campo político. Ya es hora de que nos marquemos como primer objetivo democrático el logro, o recuperación si preferimos, del Estado que durante muchos siglos fue el que nos constituyó como sujeto político en el mundo, el de Navarra. Nuestra sociedad, nuestro pueblo, lo necesita y se lo merece. Y para nosotros, como decía Salvador Cardús recientemente en relación con Cataluña, tiene que ser una exigencia, un deber, tanto o más que un derecho.

21 octubre 2009

CATALANES Y VASCOS

Desde mucho tiempo atrás, entre Vasconia y los Países Catalanes se manifiesta una especie de “juego de espejos”. Desde un país hacia el otro se producen un conjunto de idealizaciones, basadas en aspectos distintos y probablemente complementarios, que hacen ver al “otro” como el modelo a seguir.

Estas idealizaciones hay que es percibirlas desde dos punto de vista. El primero está ligado al ámbito del pensamiento, a la reflexión intelectual, mientras que el segundo está vinculado a la capacidad que presenta, por lo menos en potencia, cada una de nuestras sociedades respectivas.

En el primer asunto, opino que la ventaja se manifiesta, por goleada, a favor de Cataluña. En el segundo, por el contrario, es casi seguro que somos nosotros quienes llevamos la delantera. De ahí proviene, posiblemente, la ambivalencia citada y que se traduce en exageradas muestras de admiración recíproca, sin un detenido análisis o reflexión sobre las diferencias entre ambas sociedades y los efectos que provocan en su actividad social y política cotidiana.

Desde el punto de vista intelectual, de la producción de un pensamiento democrático, acorde con la realidad presente de Europa y del mundo, y capaz de dar respuesta firme a los problemas planteados en este momento a nuestras respectivas sociedades, Cataluña presenta un panorama vivo, con creatividad y debate profundos y serios. Hay una larga lista de “pensadores” que no vale la pena citar exhaustivamente, sobre todo por aquéllo de los agravios comparativos, pero de los que no puedo olvidar a Salvador Cardús como sociólogo y analista certero ni a Víctor Alexandre, periodista y escritor, además de amigo, comprometido e insobornable. La polémica sobre la necesidad de un Estado propio es permanente en cualquier medio de comunicación catalán, desde los periódicos de gran tirada y con intereses no precisamente catalanistas, como La Vanguardia, hasta personas corrientes, simples blogueros, pasando por el resto de medios, impresos o digitales, de mayor o menor difusión.

Nuestra situación, desde este punto de vista, resulta bastante penosa. Los medios de comunicación vascos producen una sensación de extravío total. Lo que aparece escrito en su práctica totalidad, impreso o en la red y en la mayoría de los blogs, es una respuesta espontánea e inmediata a la agresión con la que cotidianamente nos provocan los servidores del Estado español. Apenas se percibe en ellos la reflexión que podría conducir al análisis serio de la situación real y de las acciones a plantear a favor de la recuperación de nuestro Estado propio, Navarra. Ambas, reflexión y perspectivas de acción, pienso que no deberían ser, ni exclusiva ni tan siquiera principalmente, reactivas a dichas provocaciones.

En Vasconia no existe un debate, ni profundo ni superficial, sobre el reto de las sociedades subordinadas, sin Estado propio, en la Europa actual y sobre la necesidad de su logro para acceder a un estatus democrático y normal. Entre nosotros el único debate se centra en un espacio limitado en el que aflora la afectividad, el simbolismo y, sobre todo, la inmediatez, el corto plazo; pero no la cruda la realidad política y sus ineludibles necesidades. Quitan 100 fotos de presos y se intentan poner 200, siendo como son quienes las quitan muchos más y todos dedicados a eso en exclusiva. Cierran medios, ilegalizan partidos, detienen arbitraria e injustamente a personas y, sin embargo, la reacción es la protesta inmediata, pero no una reflexión profunda sobre el embrollo en el que estamos metidos y las posibles vías, la estrategia, para salir del mismo.

En el ámbito de la capacidad social, da la sensación de una mayor fortaleza en nuestro caso sobre la de Cataluña. Esta energía no procede principalmente de su importancia numérica que, en proporción con el total de habitantes será real, sino, sobre todo, del entramado y cohesión social manifiestos cotidianamente. En este aspecto, parece que llevamos ventaja a Cataluña; lo que produce una cierta envidia por su parte. Pero esta fuerza tiene bastante de fuegos artificiales, mucho ruido y mucha luz, pero poca efectividad capaz de estructurar una política de emancipación nacional con fundamento. Tal fuerza corre el riesgo de languidecer poco a poco para terminar desapareciendo si no se produce su cualificación, basada en el necesario debate democrático y en la suficiente racionalización de las posiciones sociales como para ser calificadas de políticas.

Las vías que ofrecen, por un lado, quienes se amparan en la vigente organización de partidos, sometida a la antidemocrática estructura del Estado español y la de quienes siguen apostando por la (nula) capacidad de coacción de una organización que se afirma como “armada”, por otro, son caminos cerrados y sin posibilidad de apertura a no ser que se propicien, desde la propia sociedad civil, profundos cambios ideológicos, organizativos y, opino, también de personas.

29 septiembre 2009

CRÓNICA DE UNA MAÑANA EN MIRAMAR

En una hermosa mañana de finales de septiembre (2009/09/26), en Donostia, Hamaikabat, partido surgido recientemente como escisión de Eusko Alkartasuna, nos ha hecho compartir una perspectiva amplia del momento político actual en Cataluña. Daba cierta pena contemplar desde los luminosos ventanales del Palacio de Miramar el sol otoñal que se diluía, manso, sobre una bahía de la Concha sin apenas olas e invitaba a disfrutar de un baño tonificante; pero la realidad sociopolítica se impuso y mereció la pena la asistencia al acto y, por un día, perder el chapuzón. El título o emplazamiento del mismo era: Zer ari da gertatzen Catalunyan?

La sola mención de las personas invitadas constituía un atractivo por sí mismo. Los cito por orden de intervención: El primero, Salvador Cardús, sociólogo, doctor, profesor universitario y decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UAB. También es un certero analista social y político en los medios más importantes de Cataluña y aquí mismo, hasta su defenestración de Radio Euskadi por la “nueva” línea política adoptada por EiTB tras los recientes cambios. El segundo, Toni Strubell, licenciado en Oxford y reconocido periodista en ejercicio y que vive en nuestro país desde 1981, donde imparte clases en el Campus de Donostia de la Universidad de Deusto. Strubell es también colaborador habitual de múltiples medios de comunicación. La tercera intervención correspondió a Francesc Homs, licenciado en derecho y político en ejercicio como militante desde 1993 en Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) y con altas responsabilidades en la actualidad en dicho partido. El cuarto, “last but not least”, fue Jaume Renyer, también licenciado en Derecho, profesor universitario y con varios cargos políticos en la Generalitat de Catalunya. Su nombre saltó a los medios como el acompañante, ideológicamente seguro, de Carod Rovira en su famosa entrevista con ETA en 2004. Renyer mantiene cotidianamente un blog de gran interés político.

Con estos integrantes, asunto y personas, estaba asegurada una mañana de gran interés. Y, de corazón, he de decir que no me defraudó.

Salvador Cardús

El contenido de su intervención consistía en presentar el ambiente político actual de Cataluña.

Comenzó Cardús con una síntesis muy clara sobre la actual situación política de Cataluña. Dividió su intervención en tres partes. En la primera analizó la evolución del panorama político catalán en los últimos 5 o 6 años; en la segunda, planteó sus consecuencias sobre el estado actual de Cataluña y en la tercera, presentó el panorama catalán de la actualidad más próxima.

En la primera parte, Cardús afirmó que el origen de la situación de estos últimos años ya estaba presente en 1988 y que sus características proceden de ambigüedades y confusiones básicas presentes ya en la etapa de la transición. A este respecto, citó cuatro aspectos determinantes:

• La frustración de las expectativas de todos quienes pusieron en marcha el proceso del nuevo Estatuto de Cataluña (Maragall en la calle, eliminado por su propio partido; el fracaso de lo que ERC denominó como “segunda transición” y la desaparición del mapa político del concepto que CDC llamó “soberanía compartida”, principalmente)
• La enorme erosión política de los partidos políticos catalanes y su incapacidad para defender, conjuntamente, su interés nacional.
• El alumbramiento de un Estatuto que ha dejado (o, por lo menos, amenaza dejar) sin horizonte nacional a Cataluña.
• El tremendo retroceso autonómico del Estado español, con un marco cada vez más antiautonomista.

En segundo lugar, sobre la situación actual, Cardús constató la no existencia de un espacio para lo que podría haber sido una “España plurinacional”, afirmó asimismo que es una imposibilidad contrastada, de modo semejante a una estructura federal del Estado español. Citó como ejemplos significativos en este sentido el progresivo cambio de actitud en personas no proclives a la independencia de Cataluña, como Juan José López Burniol, Francesc de Carreras, Ferrán Mascarell o Josep Ramoneda que coinciden en el diagnóstico de que entre Cataluña y España no hay, ni puede haber, en la actualidad relaciones bilaterales.

Añadió Cardús que no hay posiciones intermedias y que aceptar el “estatu quo” político implica la desaparición de Cataluña como nación. A este respecto afirmó claramente que hablar del “derecho a decidir” es no decir nada, que es una expresión vacía de contenido político, lo mismo que el concepto de “soberanía compartida”.

De igual modo que lo dicho sobre la “imposibilidad contrastada” de la España plurinacional o federal habló de la independencia de Cataluña como de una “imposibilidad no contrastada”, es decir como un factor a intentar. Esta opción al ser “no contrastada” se admite como viable ya que, según la exposición de Cardús: depende sólo de los propios catalanes, permite el diálogo y respeto mutuo con España, es comprensible por todo el mundo (para lo que es necesario hablar claro, sin ambigüedades) y tiene como aspecto firme el que supera la “cultura de la resistencia” actualmente vigente y de que se expresa “en positivo”. El principal obstáculo a la independencia es, precisamente, la incapacidad de imaginar tal escenario, dificultad basada principalmente en la colonización mental.

En tercer lugar, presentó la situación actual, caracterizada por la efervescencia de plataformas independentistas, muchas de gran radicalidad. En este sentido se centró brevemente en el nuevo movimiento Reagrupament, aglutinado por Joan Carretero, que nace con la ambición de reunir y cohesionar a todos los independentistas “salidos del armario”, según la expresión utilizada por el propio Cardús.

Toni Strubell

En su exposición presentó un punto de vista sobre los medios de comunicación en Cataluña.

Lo primero que expresó es que su planteamiento iba a ser una visión subjetiva, ya que opina que la prensa que vale realmente es la que tiene ciertas dosis de subjetividad.

Strubell planteó que hay mucha gente en el País Vasco que piensa que la situación de los medios de comunicación propios está mejor en Cataluña que en Euskal Herria y que, evidentemente, es así desde el punto de vista lingüístico por lo menos y tal vez no tanto desde el político. En efecto, en Cataluña constató que hay dos periódicos y medio en catalán (Avui, El Punt y la mitad de El Periódico, ya que éste tiene su edición básica en español y edita también una traducción de la misma al catalán). Constató que El Periódico vende significativamente más ejemplares que Avui y El Punt juntos.

Reflexionó también sobre La Vanguardia, que es un diario en el que el idioma catalán no aparece prácticamente nada, pero que es un periódico de un espectro ideológico más amplio que el de otros periódicos españoles adscritos a cualquier ideología o partido. En este sentido rebatió la tesis de que la compra de Avui por el grupo del Conde de Godó (La Vanguardia) hubiera significado una homogeneización ideológica entre ambos. Desde el punto de vista comercial, dijo, la concentración de la propiedad permite variedad y la variedad da ventajas en ventas a los propietarios. Concretamente explicó el papel de Antoni Batista en La Vanguardia, sobre todo a partir de la tregua de 1998, que logró que dicho periódico no cayera ni en el españolismo ni el amarillismo totales.

Explicó cómo se produjo un intento, desde Madrid, de crear un gran “hub” (centro neurálgico) periodístico español que absorbiera al resto de grupos, pero que el intento ha fracasado por ahora, ya que tanto el grupo Godó como Mediapro han escapado de su control. Explicó la calidad y expansión del suplemento semanal de El Punt, Presencia, con más de 100.000 ejemplares todos los domingos.

Strubell citó a Giffreu en su afirmación de que el Estado propio es la única garantía real para un país de tener prensa propia. En ese sentido hizo una reflexión sobre cómo los medios de comunicación españoles desconocen la mentalidad y el imaginario catalanes desde un punto de vista afectivo, ni se esfuerzan en conocerlos, mientras que sí sucede con los de los andaluces, por ejemplo.

Con relación al País Valenciano Strubell nombró como muy importante la labor de la revista de actualidad y opinión El Temps, editada en Valencia pero con acceso al ámbito de todos los países Catalanes. En este sentido habló del error de elegir como cabecera del que pretendía ser el periódico nacional para los Países Catalanes una de las pocas palabras diferentes entre el catalán del País Valenciano y el de la Cataluña estricta. En efecto, el “Avui” catalán (“hoy” en español) en Valencia se dice “Ui”. En cualquier caso afirmó que la política lingüística de la Generalitat Valenciana es realmente genocida y que desde 1976 hasta hoy se cuentan en el País Valenciano 200.000 hablantes de catalán menos.

Constató la debilidad del nacionalismo catalán en el control de medios y lo contrapuso a la situación vasca con el relativo control que ejerce el vasco, aparte de Berria y Gara, sobre Deia y el grupo Noticias en general.

Se extendió hablando sobre el PSC y la no existencia en el mismo de “dos almas”, una catalanista y otra españolista, sino simplemente de la realidad de “un furgón de cabeza y otro de cola”. Afirmó que el pensamiento del PSC sobre el ideal de lo que debería ser un medio de comunicación catalán es algo así como la Cadena SER con “algo más de catalán”. Del mismo modo que hace pocos años el PSOE planteó TVE como un medio para “vertebrar la nación española”, se constata la españolización efectuada por el mismo sobre TV3 y citó al respecto el libro de Víctor Alexandre “TV3 a traició”. En este sentido habló también críticamente del veto a TV3 en el País Valenciano y la eliminación progresiva de sus repetidores.

Terminó con una visión moderadamente optimista sobre el futuro, ya que, dijo, se terminó la cobardía y al igual que Cardús afirmó que el independentismo “ha salido del armario” y que en cualquier medio de comunicación catalán se encuentran opiniones soberanistas o independentistas. Citó a Carles Boix y J. R. Resina como ejemplo de periodistas catalanes con importante influencia a nivel internacional, ambos residentes en los Estados Unidos.

Francesc Homs

Su intervención estuvo centrada en explicar el concepto de “La casa gran del catalanisme” preconizada por Convergencia Democrática de Catalunya (CDC).

Explicó que, en su origen, CDC era más un movimiento que un partido y que esta es la idea que ha presidido la génesis del concepto “La Casa Gran”. Para llegar a esta idea han constatado tanto el agotamiento del modelo político actual como el de un cierto éxito del catalanismo a través de las instituciones del autogobierno y del logro de un modelo económico más abierto. Homs afirmó que el objetivo consiste en profundizar en ambos conceptos creando un movimiento de vocación mayoritaria que logre, por un lado, “refundar el catalanismo” y, por otro, “regenerar la democracia”. En todo este propósito planteó que no existe una ruptura con la situación actual.

Homs terminó afirmando que este movimiento tiene la ambición de ser mayoritario en número de votos en Cataluña, aunque eso suponga ciertas cesiones ideológicas y acceder así al ejercicio del poder en servicio de su pueblo. En este sentido dijo que Artur Más había afirmado que en un referéndum sobre la independencia de Cataluña votaría sí, pero que “La Casa gran” no se define en tal sentido.

Jaume Renyer

Su presentación se centró en los nuevos movimientos soberanistas.

Comenzó manifestando su discrepancia con el anterior ponente, Francesc Homs, ya que afirmó que piensa que ha habido un cambio fundamental de coyuntura, mientras que el planteamiento de Homs se basa en pensar que “todo sigue más o menos igual”.

Renyer pasó a afirmar que hoy en día en Cataluña el partido de orden por antonomasia es el PSC, estrictamente vinculado al PSOE, y que es un partido conservador sobre todo en el sentido del mantenimiento lo más intacto posible del estatus político.

En el ámbito cultural expuso que la hegemonía está actualmente en manos de una izquierda a la que denominó como banal y que une un determinado cristianismo progresista postconciliar a un tardomarxismo acrítico. Por el contrario, Renyer defendió un sistema de valores republicano que, por supuesto, no se reduce a defender una forma de gobierno, la república, frente a la monarquía, sino que engloba todo un sistema de valores ya expresados en determinados ámbitos del mundo mediterráneo, en Italia sobre todo, desde el siglo XVI hasta el XVIII. Este sistema está constituido por valores cívicos, de solidaridad y democráticos fundamentalmente.

Hoy en día, constató, se nota una tremenda desorientación y al mismo tiempo se percibe que el discurso independentista incomoda mucho en determinados sectores. Al mismo tiempo, verificó que la confianza en la propia población da mucho más juego de lo que muchas veces se piensa.

Afirmó Renyer que la crisis cultural del país, antes citada, provoca el crecimiento del proyecto nacionalista español, que se manifiesta en un sentimiento de fuerza creciente. A más debilidad catalana aparece más arrogancia por parte del Estado español.

Una reflexión interesante expresada por Renyer fue que aunque la sociedad en general no comparte en muchas ocasiones la propuestas que se le ofrecen en el campo electoral, sí manifiesta un amplio deseo de participar en la actividad política. Esto, constató Renyer, se traduce en la necesidad de diferenciar el proyecto político de los proyectos electorales. Cada vez se produce con más frecuencia la participación desde fuera de los partidos, desde plataformas cívicas, al modo de Arenys de Munt, que dan, y pueden dar todavía, mucho juego. Pero, según afirmó Renyer, estas plataformas deben converger en una concreción política.

La regeneración del movimiento nacional en un país como Cataluña y el acceso a un Estado propio exigen, según su exposición, en primer lugar de un núcleo económico potente y que asuma el hecho nacional sin complejos; en segundo lugar, de una intelectualidad nacional que exprese claramente toda la potencia cultural del país y en tercer lugar, de la actividad política como elemento determinante para su consecución.

Notas

Nota 1

El hecho de participar en último lugar hizo que el tiempo disponible para Jaume Renyer fuera considerablemente reducido, debido a la prolongación de anteriores intervenciones. Esto produjo una exposición tal vez demasiado rápida. Para compensar este posible déficit y dado el interés de su intervención, tomo del blog del propio Jaume Renyer el resumen de su intervención elaborado por él mismo.

Texto de Jaume Renyer:

En primer lugar, para entender lo que está pasando actualmente en Catalunya, hay que tener en cuenta que confluyen una serie de factores económicos y políticos. El balance de treinta años de régimen constitucional y autonómico presenta un balance negativo para el pueblo catalán: de ser la primera economía del Estado español, la catalana está hoy en claro retroceso comparada con la megalópolis madrileña o los territorios vasco-navarros con concierto económico. A ello hay que añadir la devaluación del papel de Barcelona, motor cultural y empresarial de Catalunya, hasta llegar al nivel de provincialización actual en todos los órdenes. Estos retrocesos tienen causas internas -el caso Millet, la corrupción de las elites autóctonas-, pero sobre todo externas: la deliberada discriminación de las políticas públicas estatales, el expolio fiscal, la dependencia económica y, en resumen, la dominación política.

En segundo lugar, este año 2009, se hacen patentes el fracaso del nuevo estatuto (inservible para atajar los problemas estructurales descritos anteriormente) y la animadversión a cualquier reivindicación proveniente de Catalunya en el conjunto del Estado. La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto del 2006, independientemente de cual sea su contenido, aún en el caso que deje intacto el texto autonómico, no alterará la convicción (hoy en día muy extendida socialmente) de que no supone la solución a los problemas del país.

En tercer lugar, tras seis años de gobiernos tripartitos capitaneados por el PSC-PSOE, la doctrina oficial continua siendo la de separar la gestión de los problemas sociales con los derechos nacionales, postergando los segundos aduciendo que no caben en el orden constitucional establecido. Fuera de los estrechos márgenes de la Constitución no hay -según los servidores del poder- reivindicaciones legítimas, como el derecho a la autodeterminación. El soporte ideológico a esta actitud se basa en la hegemonía -en los últimos treinta años- del progresismo abstracto (animadversión a la catalanidad), defensor de causas lejanas (antisionismo, antiamericanismo, antiliberalismo, etc.), incapaz de concretar políticas de transformación social y construcción nacional.

En cuarto lugar, la distancia entre los objetivos teóricos y la práctica real de los partidos integrantes del subsistema parlamentario catalán se ha traducido en abstención masiva, descrédito de la política y desorientación social. Por ejemplo, hace ahora veinte años, ICV, ERC y CIU aprobaron una resolución en el Parlamento de Catalunya según la cual no renunciaban a ejercer el derecho de autodeterminación en cuanto las condiciones lo permitiesen. No solo no han creado estas condiciones sino que esta primavera han votado -por unanimidad- contra la admisión a trámite en ese mismo Parlament de una iniciativa legislativa popular en pro del derecho de autodeterminación.

En quinto lugar, el éxito de la consulta de Arenys de Munt ha hecho aflorar en el seno de todos los partidos catalanes voces favorables al derecho a decidir, sumándose las cúpulas de los teóricos partidos nacionalistas a su extensión a otras poblaciones. Pero la divergencia entre estas estructuras profesionalizadas e integradas en el orden establecido y las plataformas soberanistas que desde el 2006 han surgido en Catalunya son cada vez más evidentes y profundas. El reto actual es si desde el movimiento cívico se puede plasmar un proyecto político con incidencia electoral capaz de regenerar la vida pública catalana y hacer posible un proceso de autodeterminación.

Nota 2

Texto de la intervención de Toni Strubell

Reproduzco el texto completo de la intervención de Toni Strubell, amablamente enviado por él mismo:

¿Qué está pasando en Catalunya?

Palacio de Miramar. 26.9.2009
Hamaikabat

Egun on denori. Mila esker konbidatzeagatik. Gaur Kataluinako prentsari buruz zerbait esateko eskatu dit Hamaikabatak eta, egia esateko, oso denbora eskasa izan dut zerbait onargarri prestatzeko. Gainera, jakin dut gero zeinek izango ziren nire ondean parte hartu beharko dutenek… eta jakina, beldurteko zen pasa dut unea. Abibidez, zerbait esatea Kataluinako prentsari buruz Salva Cardús aurre aurrean dagonean, oso ausarti egon behar zara! Berak da “Política de Paper” liburu ospetxu hori idatzi zuenak, oraindela 14 urte, eta bera da ere Catalunyako prentsari buruz erreferenzia ezinobea, noski. Eta zer ez esan Jaume Renyé eta Francesc Oms-i buruz? Behintzat haiek erakurtzen edo entzuten dute egunero Kataluinako prentsa. Nik ez! Baina tira, zerbait esango dut. Interesatuko zaizuela espero dut.

Como decía, hoy tengo delante un considerable reto. Hablarles de medios de comunicación en Catalunya en presencia, seguramente, de gente que saben bastante más que yo y que por lo menos están en contacto con ellos a diario. Yo no. Tratándose de la prensa, sólo hay que recordar el libro de un de ellos, Salva Cardús, con el título “Política de Paper”, publicado en 1995, para echarse a temblar. Por lo tanto, aun a sabiendas de que estas nobles salas suelen albergar muy informativas y rabiosamente documentadas lecciones sobre los temas universitarios más diversos, optaré por darles una visión más de estar por casa, más subjetiva que la que sin duda se merecen. Creo que alguien dijo alguna vez que la única prensa que valía la pena era la que tenía una dosis identificable de subjetividad. Espero que eso sirva también para cuando esa prensa hay que describirla. Allá vamos pues.

En un primer instante se me pasó por la cabeza preparar datos en power point y explicarles las cifras y los números del mundo mediático catalán. Pero aparte de asegurarles que esto lo tienen mejor y más cómodamente disponible en Internet, tendría que añadir que desde el momento que supimos que la degana de la Facultad de Economicas, la catedrática Elisenda Paluzie, no les iba a poder hablar hoy, estaba visto que los números iban a ser los grandes perdedores de la jornada.

Quisiera empezar mi aproximación a la situación de los medios de comunicación catalanes con un aspecto clave cuando se plantea este tema visto desde Euskal Herria. Entre vascos no es extraño de oír, en determinados círculos bienpensantes, que las cosas de la cultura - en que incluiremos, claro está, la prensa- siempre estan mejor en Catalunya. Y aquí es, creo yo, donde deberíamos empezar a hacer importantes matizaciones, sobre todo ante las dificultades que siempre conlleva decir qué es mejor, y que peor.

Si vamos con criterios estrictamente lingüísticos, es verdad que Catalunya tiene dos diarios y medio en catalán que cubren la mayor parte del territorio del Principat en ediciones diarias. Como sin duda saben, se trata de los diarios Avui, el Punt y la edición catalana de El Periódico, que cuento como medio periódico ya que simplemente es la versión en catalán de un diario pensado y hecho en castellano. En este sentido, y abusando de una complicidad no sé si del todo merecida, cabe recordar que el actual lema publicitario de Avui és “el diari fet i pensat en català”. Cogen la directa? Verdad que sí? Bien, a pesar de considerar un poco despectivamente El Períodico hasta aquí, lo cierto es que nuestras críticas no deben hacer sangre porqué realmente lo que ha hecho este diario, promovido por el Grupo Zeta, es tan extraño como meritorio.

Resulta que el diario un catalán hecho por no nacionalistas, y con exiguas dosis de catalanidad y catalanismo, resulta que vende significativamente más que los otros dos diarios en catalán juntos. Es sorprendente, claro está, hasta el momento en que nos ponemos a pensar en los recursos disponibles para promocionar unos y otros proyectos respectivamente. Puestos a criticar, desde una optica más catalana, un blanco mucho más asequible debería ser La Vanguardia, campeona de la prensa en castellano. En Catalunya no hay debate sobre cuando va a construirse el nuevo San Mamés o si Donosti supera en atractivos a Bilbao. Pero si se debate con un morbo incansable sobre cuando hará su aparición una edición en catalán de este periódico. Siempre amenazan los rumores, pero nunca se acaban de concretar. Los más pesimistas recuerdan como hace unos años el Grupo Godó no tuvo empacho en dejar con la miel en la boca a los catalanistas con el anuncio de una entrega semanal sobre cultura de título “Cultura/s”. “Ahora sí!” pensamos muchos, “con esa “s” pluralizante de “Culturas” por fin el Conde de Godó nos va a abrir un hueco para la prensa en catalán en su empresa”. Poco duró la alegría. Era un amago más, este rayando en el insulto, porque son muchas las semanas seguidas en que en su revista no sale una sola palabra en catalán como no sea en algún apellido.

Pero para ser justos, cabe decir, en honor al buen y tenístico conde, que su grupo sí compró el diario Avui. He hablado con Vicent Sanchis, su ex Director, sobre el tema que significaba esta compra en el panorama mediático catalán. El defendió el paso en una entrevista que le hice hace un mes y que saldrá en parte en mi siguiente libro. Lo puedo citar sin miedo a enrabietar a ningún editor porque todavía no tengo! Otra cosa es que yo sostenga todo lo que dice Sanchis. En todo caso, él opina esto:

“Muchos se enfadaron con la compra del AVU” dice. “ Incluso se dice la estupidez de que Godó compró el diario para hacerlo desparecer. No. Lo que debe saber la gente es que hoy el concepto de “concentración” es clave en el campo de los medios. La pureza es una entelequia. Una fórmula para la desparición. Unas cuantas empresas controlan todo el mercado. Es así. Estas concentraciones puede que tengan aspectos malos, pero también buenos. Hay propietarios de derechas que promocionan y se hacen ricos con medios de izquierda moderada. Y vice-versa. Es lo que hay. Godó no es catalanista, apoyó a Franco hasta el final. Pero con la compra de Avui, y sobre todo de la radio privada RAC1, puede sacar muchas ventajastanto él como el medio comprado. Godó sabe que si los descatalaniza, los echará a perder. En estos tiempos de concentración pues, hay que valorar que los productos catalanes se hagan un hueco en los catálogos de productos de los poderosos. Porqué así no sólo se sigue el patrón que domina actualmente, aquí y en la China, sino que aseguramos el futuro de estos productos altamente frágiles pero que, bien llevados, pueden dar muchos frutos y ayudar a potenciar nuestra cultura.”

Mucho de lo que dice Sanchis sobre la concentración y la necesidad de llegar a unos acuerdos que a menudo carecen de estética, podríamos aplicarlo al caso de Mediapro. El ex director de Avui recuerda, con sin razón, que en los años 90 en Madrid se hablaba del hub mediático madrileño como el gran futuro español que barrería a las alternativas periféricas como la catalana. Pensaban, con la clásica arrogancia que les caracteriza, que todos los medios serios estarían radicados en Madrid. OK. Las grandes cadenas de TV, Tele5, Antena 3, TVE, lo están. Prisa lo está. Pero les fallo el plan. Grupos como el Godó y Mediapro se salvaron de la quema. Resisten en esa “periferia”. Incluso, mejor que algunas vacas sagradas del pasado, como Prisa, que ahora se las ve y se las desea ante el poderío de Mediapro, que no será todo lo catalán que quisiéramos, pero al menos existe, cosa que no todos pueden decir. Y produce películas catalanas, y en catalán, cosa que no siempre ha sido capaz de asegurar la propia administración catalana. Habrá que esperar como queda todo el tema de la TDT, donde seguramente habrá oportunidades para más canales en catalán. Esperémoslo al menos. Pero no olvidemos las reservas que hace Josep Gifreu, catedrático de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra, que ve el peligro de que todos los chavales catalanes acaben viendo Disney Channel en castellano, como seguramente amenaza de ocurrir aquí en Euskal Herria. Habrá que estar muy atento, pues, a las normativas y evoluciones. En todo caso las espadas siguen en alto. Habrá que seguir luchando para que un día estén blindados los medios en catalán y en euskera, como lo son los medios en idiomas de Estado. Pero pienso que con lo que acabo de decir, la letra está bien claramente escrita en la pared para el que la quiera ver. El mensaje es: el estado propio es la única garantía real. Nos lo recuerdan a diario.

Ha salido inevitablemente el nombre de Gifreu. En relación con los medios, quisiera mencionar de pasada un tema que poco investiga y denuncia con preocupación el catedrático de la Universitat Pompeu Fabra. El tema de la dificultad que hay en transmitir un mundo emocional catalán a través de los medios. Seguro que Salva también diría la suya en este ámbito. Para los medios españoles, no existe una emotividad catalana sana, ni una cultura popular, ni un universo lingüístico. Y esto en los canales televisivos que tienen el 80% de la audiencia en Catalunya, y el 100 en España. Un excelente trabajo de Xavier Ruiz Collantes, de la UAB, lo denuncia en toda su crudeza al comprar el torrente emocional que sí proyectan estos medios para con la identidad andaluza. Y Gifreu se centra más a fondo en los efectos que esto tiene. Por si alguien no acaba de entender a lo que me refiero, piensen en una noticia producida ayer mismo en la prensa. El catalanísmo ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, denunciaba al PP por que con sus ataques a Catalunya, “hacía daño a Espanya”. Es decir, el mundo al revés. Resulta que no es dañado el que recibe el ataque sino el país de donde nace el ataque. ¿O no es así? Como dice el monólogo de Shylock, de Shakespeare, en que se queja que se piense que los judíos no sangran si se les pincha, los catalanes tampoco parece que sean capaces de sentir, ni de sufrir. Solo son capaces de causar problemas a España, cosa que debe compensar, lógicamente, vaciando sus bolsillos. Es evidente que estamos ante un hecho muy dañino para la creación de opinión pública no solo en Catalunya sino en España, con un resultado siempre nefasto para el primero. Sin embargo es un tema que rara vez manejan los políticos, y que queda lejos del debate general. Como tantas cosas vitales.

Pero antes de perdernos en tema complejos y antes de perder del todo el hilo de lo que venía describiendo, quisiera volver atrás y añadir cuatro palabras más sobre otros medios escritos en catalán. El Punt, es actualmente, el segundo más leído en catalán, según el control de medios. Es un diario joven, muy abierto ideológicamente. Tiene una fuerte implantación en ese territorio que la actual lider del PP Catalán, Alicia Sanchez Camacho, describió como “difícil”, es decir Girona. Allí es el medio más leído en un territorio, por cierto, tan difícil, que los únicos dos diarios que hay son en lengua comanche, ay perdón, en catalán, uno con vocación nacional, el otro –Diari de Girona- regional. Digno de apuntar también es que El Punt tiene o ha tenido ediciones menos regulares en Catalunya Nord y València. Además tiene un magnífico dominical, de un origen muy parecido a Argia, por cierto, que comparte con otros periódicos de Catalunya, les Illes y Andorra. Se llama “Presencia” y tiene ventas por encima de los 100.000 ejemplares, lo cual es todo un éxito. Quizás el “problema” para El Punt, en un país tan centralista como Catalunya –digamos la verdad– es que al haber surgido en Girona, y a pesar del traslado logístico de algunas secciones clave a Barcelona, sigue siendo percibido como un diario gerundense. Ante esto cabría preguntarse si comprarían los bilbaínos un diario alabés…

Volviendo a las comparaciones con Euskal Herria, una debe haber quedado implícita en mi pobre descripción. La distribución o implantación del proyecto con respecto al conjunto del territorio catalanohablante. Comparados con Gara, Deia o Berria, que llegan, bien o mal, a todos los territorios euskaldunes, ni Avui ni El Periódico tienen esa vocación actualmente. Por cierto, el haber escogido precisamente el nombre “Avui”, cuando arrancó en abril en 1976, por mucho que se proclamara de Països Catalans, demuestra, una vez más, ese tendencia al centralismo porque se da la casualidad de que una de esas pocas palabras que varían del catalán de Barcelona al de València es “avui”, que en València dicen “ui”. Ui, ui, ui. Ya era un mal nombre pues. Y lo que mal arranca, mal futuro tiene.

En revancha hay que decir que la gran revista semanal de actualidad, de nombre El Temps, nace y se produce desde Valencia, aunque su financiación seguramente tiene bastante que ver con el Principado y sus instituciones. Semanalmente cuenta con firmas de prestigio y es un referente importante. De la administración autonómica valenciana, ni que decir, no recibe un euro. No es extraño como no lo es que el País Valenciano es la única comunidad de lengua propia que ha perdido cuantitativa y proporcionalmente hablantes desde 1976. Unos 200,000 se calcula, una auténtica barbaridad achacable sin duda a la gran sintonía existente entre populares y socialistas en el tema lingüístico.

Una palabra también creo que sería interesante de añadir respecto al color político de las diferentes cabeceras. Quizás es donde más me arriesgue a dar mis opiniones porqué seguro que los venidos de Catalunya tendrán información más fresca y profunda. En todo caso permítanme apuntar algunos fenómenos y algunos episodios que ayudan a dar con el traste con el tópico de las lealtades políticas. Quizás sea otra cara de ese engendro que algunos gustan de llamar “hecho diferencial catalán”.

De hecho en Catalunya no hay una prensa de partido, o de clara marca política: Incluso me atrevería a decir que la falta de un hermetismo sectario absoluto da interesantes derivas. Quizás sorprenda de ver, por ejemplo, que dos de los diarios que más contribuyeron, con sangrantes editoriales, a la caída y eventual defenestración de Pasqual Maragall fueron El País y El Periódico, medios aparentemente encuadrados en la propia órbita socialista. Sin embargo es evidente que cabe preguntar, sin tempo de responder por falta de tiempo, ¿a qué socialistas exactamente nos estamos refiriendo? ¿A los de Madrid o los de Barcelona? ¿Y a cuáles de Barcelona? Los matices, evidentemente, son claves. Y las contradicciones también. ¿Por qué este diario regaló, como quien dice, páginas casi gratis para promocionar un gran acto en el Palau Sant Jordi de protesta por la impuntualidad socialista en la devolución de los famosos papeles de Salamanca a finales de 2007? Si era un acto claramente perjudicial para los socialistas. Para saltar a otro medio tradicionalmente ligado a una opción, Avui, también cabe destacar algunos prontos editoriales inesperados como fue el apoyo dado al acuerdo de financiación firmado últimamente. Era el previsible zarpazo godoista contra una Convergencia i Unió que el sistema decidía castigar por su aproximación al radicalismo? En todo caso viene a subrayar la debilidad que tiene el nacionalismo catalán para encontrar plataformas que expresen sus ideas y posiciones. ERC aparentemente ha tenido control del área de comunicación del Tripartito, pero brilla por su ausencia la capacidad de este grupo por hacerse oir. Un último apunte para insistir en la relativa falta de ortodoxia partidista de la actual prensa, en comparación con la vasca o la Francesa por ejemplo. Esto da casos tan curiosos como la portada de La Vanguardia al día siguiente del referendum de Arenys de Munt. Se destacaba en ella el triunfo del civismo que había significado. Quizás no sea más que la inevitabilidad de la prensa a hablar bien de lo que se ha hecho bien, abstracción hecha de los cachetes y reubicaciones que pueden seguir en días subsiguientes. Tendemos a decir que La Vanguardia es todo conservadurismo y españolismo, pero con eso damos una imagen simplista y tópica. Recordemos que Salvador Cardús publica regularmente sus excelentes artículos, a pesar de la insistencia por suprimir su colaboración por parte de algún partido tenido por muy catalanista. Igualmente hay que recordar que La Vanguardia, con el mismo propietario que hoy, fue el medio que capitaneó mediaticamente, y no sin simpatía por la operación, el anuncio de la Tregua de 1998 bajo la batuta de Juan Tapia y el cerebro y corazón del periodista y escritor Antoni Batista. Y también fue el diario que permitió, en marzo de 2007, la extraordinaria exposición que hizo Jordi Barbeta del documento jurídico del PSOE, entonces secreto, en que - en teoria - se recogían argumentos para “desmontar” las alegaciones del PP contra el Estatut. Lo que revelaba ese documento, aparte del cinismo del PSOE, era que al gobierno le constaba que ninguna de los artículos sensibles del Estatut iban a tener ningún tipo de virtualidad y que los reivindicaciones claves de Catalunya iban a ser papel mojado. Igualmente hay que recordar que este incidente tuvo muy graves consecuencias con amenazas contra Barbeta procedentes del entorno del propio Montilla, episodio que acabó en sonadas dimisiones, aunque también tuviera alguna repercusión para el propio periodista. No se debe acusar demasiado alegremente, pues, a La Vanguardia de amarillismo ni españolismo del más rancio en todas las ocasiones. Solo en algunas. En todo caso, lo que suele prevaler es su gubernamentalismo español desbaratado en esta ocasión y en alguna más.

Pero supongo que los presentes también tendrán curiosidad por conocer la suerte de otros medios públicos de comunicación bajo control tripartito, bajo control socialista en definitiva, para hacer comparaciones con lo que se está dando en Euskal Herria ahora bajo el control del turno pacífico PP-PSOE. Pues bien quizás haríamos bien en hablar de un término que puede resultar nuevo para alguno: la palabra “crosta”. Fue introducido en el panorama por el portavoz, nada menos, del PSC en el Parlament, Joan Ferran. Algunos dicen que el PSC es un partido con dos almas. Quizás lo fue. Creo que actualmente cabría hablar de un partido con dos furgones. El de primera y el de la cola. Creo que se confunde quien dice que el PSC es un partido catalanista, si por catalanismo entendemos algo mínimamente político y serio. En todo caso el PSC es hoy un partido que alguien ayer me definió como una ramificación del Estado con una cierta inercia catalanista. Nunca una iniciativa catalanista. Un partido que siempre ha considerado los medios de la CCRTV como algo ajeno. Un representante del sector cultural del PSC me definió su modelo ideal de radio como el de “una Cadena Ser con algo más de catalán”. No da para más. No nos engañemos, hoy es el dia en que el PSC está votando pueblo a pueblo contra el derecho más sagrado que tienen los pueblos, es decir el de decidir, incluso en poblaciones donde algún despistado del PP al menos se abstiene. Volviendo a lo de la “crosta”, Joan Ferran dijo que de los medios de comunicación públicos catalanes había que quitarle la crosta, la corteza, la capa superior, como si se tratara de un pan o de un arroz con leche. Qué era eso de la crosta? Se debía referir el buen hombre al acento nacionalista que tenían, en su opinión, algunos programas y presentadores de programas en TV3 y Catalunya Ràdio. Esto no era una opinión de un franco tirador cercano a al Partido de los Ciudadanos de Boadella. Lo decía el portavoz del partido. Es pues la cara pública del partido, que ni ha sido sustituido ni expedientado. Porqué es lo que piensan. Les da igual que el dial y las ondas televisivas catalanas estén repletos de castellano. Incluso que una TV como Telecinco se haya adherido a la campaña “Por la lengua común” que era un ataque frontal a la cooficialidad efectiva del catalán. Eso les trae sin cuidado. Ese partido que durante años, cuando hablaba de cultura popular, a través de su grupo Crisol, se interesaba mucho más por la cultura andaluza en Catalunya. En mi último libro, que para Durango saca Ttarttalo en castellano, hago una análisis de esta realidad actual del PSC. Las comparaciones con el proyecto de Patxi López quizás no son tan lejanas como dicen los tópicos. Por que la españolización del PSC, que cada día ve sectores como el de Nadal o Castells como crecientemente “exóticos”, está avanzando a un ritmo apreciable. No en vano dijo no hace mucho Raimon Obiols, ex primer secretario del PSC, que su partido corría el riesgo de convertirse en una Peña Rociera. Si lo dicen ellos…

Pero volvamos a los medios. ¿Qué hay de esto de la crosta? ¿Podemos hablar de depuración? Yo creo que sí hay una laminación de la presencia de lo catalanista en los medios públicos de la CCRTV aunque es difícil de medir y seguramente la razón exacta por la cual han saltado tantos nombres destacados habrá que esperar más tiempo para conocerla. Aunque los telenoticias de TV3 i Catalunya Ràdio todavía distan de los partes ministeriales en que se han convertido los de Radio Euskadi, es significativo que la CCRTV no haya tenido ningú reparo en cargarse profesionales que daban enormes audiencias a la casa. Es el caso de Antoni Bassas, que era un institución en Catalunya Ràdio. Su traslado a Estados Unidos, donde hace de reportero adocenado de crónica sociopolitica, muerte de Michael Jackson incluida, es de lo más insultante. Parece un castigo. ¿Tendría que ver con ello su moderado catalanismo o episodios como su aceptación de presentar actos de inclinación nacionalista pocos meses antes de su destitución, hecho presentado en términos de una simple falta de acuerdo en el capítulo de horarios y honorarios? No les tembló la mano a la hora de cargarse un presenbtador con 14 años de éxitos a la espalda. Su apartamento de los micrófonos significó una caída de audiencia de 70.000 oyentes para la cadena que en poco tiempo pasó de cadena estrella a disputarse el tercer puesto con la SER. La gente se pasó en masa a RAC1. También levanta sospechas en el mismo sentido -pero inconcluso por el hermetismo que da la exquisitez de los apartados- los casos de Albert Oms en la TV3 donde conducía con brillantez un magazine de la tarde seguido por centenares de miles de amas de casa. Era un programa bien distinto a los amarillos circos mediáticos de Madrid y en donde lo políticamente incorrecto y reivindicativo era sin duda presente. Curiosamente, Oms dejó el programa a los pocos meses de verse finalmente sobreseido el caso en que los tribunales españoles investigaban su responsabilidad, como entrevistador, en las declaraciones hechas contra la derecha españolista por el actor Pepe Rubianes. ¿Casualidad? ¿O quizás Albert Oms realmente quería cambiar de aires? Pero Bassas y Oms son solo dos de la larga nómina de periodistas apartados de estos medios como denunció en 2006 en su magnífico libro “TV3 a traició” el también destituido periodista Víctor Alexandre.

En cuanto a los perjuicios a la capacidad de TV3 de ser una herramienta de concienciación y disfrute más, como las televisiones que tienen todos los países del mundo, hay un capítulo de otro cariz, y mucho más oscuro todavía, que afecta el conjunto de los Països Catalans. Un episodio que si ocurriera en otros países de Europa, seguramente constituiría uno de los grandes escándalos genocidas de nuestros tiempos, al menos en la acepción cultural de la palabra “genocidio”. Me estoy refiriendo al desmantelamiento por parte del sistema judicial español, Guardia Civil y gobierno valenciano del PP, de los repetidores televisivos de la señal de TV3 en todo el País Valencià. No me estoy refiriendo a algo ocurrido en el franquismo, ni en Bosnia, ni a consecuencia del estalinismo. Me estoy refiriendo a lo que ocurre hoy, en septiembre de 2009. Los repetidores, heroicamente colocados, con mucho gasto, en las sierras de Valencia por entidades populares como Acció Cultural del País Valencia, están siendo cerradas en este mismo momento. De uno en uno. Lo más grave es que fuera de nuestras fronteras nadie protesta. Hay veinte ONGs en París para protestar por el veto chino a los medios tibetanos. Pero que a 1500 kms de Paris pase exactamente lo mismo les trae sin cuidado. ¿Por qué no hay lamas catalanes? Habrá que improvisarlos. El problema es muy parecido a lo que ocurre con Euskal Herria Irratia en Iruñaaldea y las noticias de ayer nos hablaron de pintadas de la Falange en repetidores de ETB en algún monte navarro. De lo que se trata es de aniquilar toda opción de respeto a la diversidad, fortaleciendo al fuerte, que gozo del apoyo del estado, y machacando al débil. Por fortuna hay

Quizás deba decir algo sobre medios de comunicación en Catalunya en relación al enunciado de esta jornada. Efectivamente, ¿qué está pasando en Catalunya? Bien, aquí también tendré que recurrir a la subjetividad, a la opinión personal. Aquí estamos intentando explicar cosas que están ocurriendo en Catalunya no tienen fácil explicación. Cosas como que un President de la Generalitat absolutamente proespañol, por partido y cultura, haya ido dos veces a Madrid a avisar de la desafección catalana. Que dos expresidents de la Generalitat hayan participado en una movilización convocada por una entidad de nombre tan sugerente como Plataforma por el Derecho a Decidir. Que destacados miembros del sector pro-socialista como Lopez Burniol, Ferran Masacarell, Xavier Rubert de Ventós, o Josep Ramoneda hayan progresado a posiciones públicas próximas al nacionalismo, e incluso el independentismo, llegando a afirmar el periodista de El País que en un referéndum probablemente votaría sí. Pero hay otras cosas. Lógicamente los procesos de referéndum como el celebrado, que pronto serán una avalancha más. Y de todo esto creo que podríamos apuntar a un gran paradigma, por lo que hace a la prensa, a los medios. Su práctica completa . Un ex Conseller de la Generalitat ha llamado a favor de la creación de un opción electoral abiertamente independentista en las siguientes elecciones. El hecho no tendría nada de particular si no fuera que las presentaciones de esta idea, en un sinfín de actos, están encontrando un respaldo muy considerable con salas llenas en un país donde los actos políticos son sinónimo de soponcio y sillas vacias. Algo está pasando, efectivamente, pero se enteran los medios. De estos actos, solo El Punt da ninguna reseña. El nerviosismo de ERC, al respecto, ya sería noticiable. Es pues de esta capacidad de despiste de los medios, por no decir su desbordamiento silencioso, que creo que hay que hablar. Lo haré con una anécdota.

Durante la primera masiva manifestación celebrada el 18 de febrero de 2006, por el derecho a decidir, me llamó un reportero de TV3 por el móbil. Una hora y cuarto después del arranques de la manifestació, me preguntó donde me encontraba. Yo dije que en la Plaza España en medio de una inmensa masa de gente incapaz de desplazarse en ninguna dirección. Su respuesta fue muy de país: “Collons”, palabra que el mojigato corrector de mi ordenador se emperra en dejar en Collins. El arrebato de mi interlocutor se debía al hecho de que le habían hecho bajar de Girona con una cámara y un micro a cubrir una manifestación en que los cálculos más conservadores hablaron de 350,000 manifestantes. Y yo digo. Si una oscura entidad por el derecho a decidir es capaz de desbordar el principal medio de comunicación público, ¿que no será capaz de desbordar ese mismo pueblo que se ha manifestado? El 1 de diciembre del 2007 se repitió la movilización, sólo que ahora los partidos no madrileños no volvieron a hacer el ridículo de esconder la cabeza, y enviaron sus primeras espadas. ¿Y qué más podemos decir de la prensa en este fértil y movedizo momento? Poco más que reconocer que los artículos de independentistas y soberanistas, si es que hay diferencia, te pueden aparecer por cualquier lado. Se acabó la cobardía de los 80, la parsimonia de los 90, y el globalismo falsamente cosmopolizante del nuevo milenio. Con todo el afer del nuevo Estatut y, añadiría, con la incapacidad española de superar el franquismo como ha documentado tan fielmente la versión final de la Ley de la Memoria, algo ha hecho “clac!” en Catalunya. Ha contribuido a todo ello aspectos físicos como el clopaso de las infrastructuras o el déficil fiscal tan citados. Pero tambien el alud de documentos y evidencias de tipo incriminatorio que han ido apareciendo sobre el franquismo –documentales, la revelación tanto de los crímenes franquistas como de la absoluta falta de ganas de los españoles de investigarlos, la constancia de la enorme incompatibilidad con la manera española de ver las cosas etc- siendo todas estas cosas que han hecho cristalizar una nueva conciencia, un nuevo cabreo, es el famoso sindrome del “català emprenyat”. El miedo se va evaporando y las encuestas sobre independentismo que a veces reflejan algunos medios hacen frotar los ojos incluso a los entendidos en estas materias. Hechos como el mal trato dispensado y la incomprensión sistemática que Madrid ha esgrimido como única respuesta a todo lo catalán, contrariamente a lo que auguraban los más conciliadores, no ha pasado en balde. Ahí está. Y los medios no tienen más remedio que reflejarlo.

Pero también hay más datos en torno a los medios catalanes que ayudan a entender cosas sobre lo que está ocurriendo en la Catalunya de hoy. Aunque en apariencia los principales medios privados están atados y bien atados, en manos de grupos tan poco catalanistas como Prisa, Zeta, y Godó, lo cierto es que hay toda un red de prensa menor, a veces casi invisible, que teje una extensa red de complicidades en el país. Aunque sigo siendo de la opinión que el pueblo catalán está peor informado en términos generales que el vasco, respecto al panorama nacional propio –para mi salta a la la vista– la revolución en Internet con la aparición de un mundo de páginas web y diarios electrónicos en catalán, ha tenido una efectividad considerable. Las cifras de consultas en las principales webs, como el de la Radio y Televisión Catalanas o Vilaweb, son sorprendentes, situando el catalán entre los primeros 25 idiomas del mundo en tráfico en la red. También debe figurar entre los grandes logros del catalanismo la consecución del dominio PUNTO CAT para lo catalán en el mundo. Todo esto ha llevado a una situación que permite que la información catalana y catalanista conozca un boom considerable, aunque sería un error pensar que será suficiente para cambiar la situación política. Pero sin duda está contribuyendo a ello. Campañas como las de llevar a 10.000 catalanes a Bruselas, para internacionalizar el conflicto catalán ante las instituciones europeas, en febrero de 2009, se basaron en gran parte en el poder de convocatoria de Internet. Evidentemente el catalanismo no puede esperar ninguna clase de ayuda de los principales medios, incluso los públicos, para dar cobertura a sus actividades.

Un último apunte sobre lo que está pasando en Catalunya en relación con evoluciones en los medios. Quiero referirse sobre la eclosión que ha habido en los últimos años de un discurso abiertamente independentista. Si bien los años 90, tras los vergonzosos sucesos de 1992 con las detenciones masivas i tortura de independentistas, fue una época de des-criminalización del independentismo, hay que decir que los últimos años han significado un enorme paso adelante en este sentido. Se ha hecho absolutamente normal oír opinión independentista en casi todas las tertulias. En paralelo a esto, son decenas de intelectuales y figuras públicas que están saliendo del armario para expresar su convicción de que con España, no hay nada, o muy poco, que hacer. La presencia en universidades claves de Estados Unidos, nada menos, como Stanford y Princeton, de catedráticos catalanes como Joan Ramon Resina o Carles Boix, abiertamente favorables al soberanismo, es un fenómeno impensable en años pasados. Y se hacen escuchar mucho. Los dos escriben regularmente en los principales diarios y participan de lleno en el debate público junto con decenas de pensadores más. Cardús, Paluzie, Terricabras y tantos más ocupan cátedras y decanatos clave en las Universidades catalanas y se han convertido en verdaderos azotes del estatus quo autonómico y sumiso que viene marcando los últimos años con Pujol, Maragall y, sobretodo, Montilla. Y los medios no tienen más remedio que exponer sus argumentos, que difícilmente hubieran llegado al gran público en épocas anteriores.

Todo esto, pues, creo que son unas claves, seguramente no todas, para entender las evoluciones del mundo mediático en Catalunya en este tiempo de novedades y de posibles cambios en el mapa electoral catalán. En el año 2004 organizamos las Topaketak sobre Catalunya en el Koldo Mitxelena, con algún acto en el Kursaal, que sirvió para verter luz sobre Catalunya vista desde Euskal Herria. Zorionak, hoy, a Hamaikabat por insistir en ese camino de intercambio y abrazo entre nuestros dos pueblos que nos sirvan de mutuo enriquecimiento. Buena falta nos hace. Eskerrik asko.