03 marzo 2020

ESPAÑA NOS ROBA Y OTROS MOTIVOS

Desde hace tiempo el mundo -y nosotros con él- mira a Cataluña. Con su reivindicación de independencia la sociedad catalana ha puesto contra las cuerdas al Estado español, hasta el punto de hacer tambalear la ‘modélica transición’, el régimen del 78 y los mismos principios del Estado corrupto.

La serie de acontecimientos iniciada con la consulta de Arenys de Munt en 2009 ha ido acompañada de éxitos de movilización y autoorganización de la población, ayudada a menudo por la torpe respuesta del poder hispano. 

Tras los aciertos de Cataluña en la última etapa –el ‘procés’- se ocultan muchos años de trabajo silencioso por la recuperación de la lengua, la cultura, la interpretación de la historia, la puesta en valor de la memoria colectiva. Omnium Cultural ofrece un modelo de intervención eficiente en este campo. El supremacismo lingüístico y cultural español se ha encontrado frente a una sociedad pertrechada con buenas defensas.

El expolio sistemático que supone el déficit fiscal de Cataluña y el maltrato que sufre en todo lo relacionado con infraestructuras, trenes de cercanías, corredor mediterráneo, etc., han sido argumentados por los catalanes de manera eficaz como arma de reivindicación y cohesión social.

Sobre estos motivos se ha ido construyendo una narrativa con capacidad de movilización popular: “España nos roba”; “Somos una nación, autodeterminación”; “Objetivo: independencia”; la rememoración de la fecha y la hora 14:17 de 1714 (entrada de las tropas borbónicas españolas en Barcelona); en resumen, “In, Inde, Independència!!!”,

Todo ello ha ido construyendo un relato de cómo los catalanes se ven a sí mismos, y a qué se enfrentan. En el mismo se expresa un punto de encuentro entre ellos y desde el que pueden proyectar su futuro. Y este modo de contarse a sí mismos y al mundo, se ha convertido en hegemónico. Este relato y esta hegemonía son la nación catalana de hoy.

La hegemonía no se define por los votos que obtienen unos partidos que se autodefinen como independentistas pero que, en gran parte, están integrados en el sistema clientelar español. La hegemonía social se expresa a través de una argumentación, un relato, que es coherente y que consigue una aceptación social generalizada. Es una visión de la realidad que goza de una credibilidad mayoritaria.  

A pesar de los conflictos internos puntuales que, sobre todo en periodos electorales, resurgen con fuerza, quien lleva la iniciativa del relato es el independentismo. No es fácil adivinar la evolución del conflicto ni su resultado, pero hoy se puede asegurar que tiene unas sólidas bases sociales, hegemónicas en el discurso. Siempre es posible dilapidar el capital adquirido en estos años, pero la consolidación de esos argumentos garantiza un largo recorrido.

¿Y nosotros?

Nosotros, nuestra nación, no ha sido desde el punto de vista argumental un modelo de construcción de relato, centrado en la memoria, en nuestra realidad, en la historia en nuestros conflictos. Nuestra narración se construye desde la perspectiva de los estados dominantes: España y Francia. No nos vemos como una nación definida sino como un ente difuso, como siete “territorios históricos”, o tres “Comunidades”, dos españolas y una francesa, llovidos del cielo, que, eso sí, han hablado desde milenios la misma lengua como único rasgo de cohesión.

Según el discurso coloquial, da la sensación de que los vascos nunca hemos tenido un Estado independiente, ni una historia singular. Nuestra memoria no existe. Las conquistas, asimiladas, se pierden en el olvido. Las damos por amortizadas. Las gestas de los marinos vascos, apropiadas por españoles y franceses. Los conflictos del siglo XIX, explicados como la reacción de un pueblo ultrarreligioso y conservador frente al ‘liberalismo’ español y la ‘razón’ francesa.
La memoria de la guerra de 1936 es apenas un apéndice de la IIª República española. Tras la disolución de ETA, el relato ha quedado por completo en manos de los servidores del Estado español, hasta el punto de que las figuras públicas de la izquierda abertzale acuden sumisamente a las conmemoraciones y homenajes de los ’mártires’ oficiales. Los otros, claro.

Se habla de “la nación foral”, pero no hay ni memoria ni conocimiento de qué han sido los Fueros. En su tiempo fuimos “un marco autónomo para la lucha de clases”, sin saber que la lucha de clases siempre ha sido internacional. En general, está muy extendida la especie de que “los vascos no hemos tenido un Estado”. Bueno, que tenemos dos: España y Francia. Pero que lo mejor es no tener ninguno.

Hemos citado el caso catalán. Otras naciones, por supuesto las que han accedido a su independencia, han construido el relato que las constituye como tales. Y ese relato es lingüístico, pero también memorial, histórico, festivo, religioso, institucional, de conflictos y luchas, de perspectiva de futuro. Aquí carecemos de algo parecido. Con la excepción de la referencia a la lengua, que es un dato tan claro y evidente que no hace falta quebrarse mucho la cabeza para admitirlo como elemento constitutivo.

Elementos de identidad (de memoria) como el proceso nacionalizador de nuestra sociedad medieval y moderna realizado por el Estado navarro, son cuestionados y despreciados desde las propias posiciones vascas. No disponemos de un relato dominante que nos cohesione, que sirva para enorgullecernos, constituirnos. Hay dos o tres, y ninguno que responda a las necesidades de esa visión compartida que requiere una sociedad moderna que pretenda ser protagonista en el mundo actual, como sujeto político. Uno es el de la sumisión total y, a falta de otro propio consistente, podemos intuir que sus argumentos son hegemónicos.

Hoy en día la nación vasca no puede hacer seguidismo de las fórmulas catalanas o de otros lugares. No tienen sentido consultas parciales, por ejemplo, si no se sitúan en una acumulación de fuerzas concreta, si previamente no se ha construido y aceptado globalmente el relato que nos constituye como nación. Hemos de pensar las herramientas que necesitamos. Y construirlas desde aquí.

No sirve de nada que se sienten a hablar partidos políticos, u otras organizaciones, para establecer acciones conjuntas y objetivos comunes si antes no se ha planteado una confluencia en el relato. No somos “siete territorios forales”. No somos “dos autonomías españolas” y una “comunidad especial francesa”. Algo tendremos que nos distinga y nos permita reconocernos. Eso es el relato. Y no es un debate para el futuro; sino el soporte del proceso. Es decir, lo básico. Algo imprescindible y necesario.  


Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

25 febrero 2020

LA TIERRA ES PLANA... EN ESPAÑA

Es un viejo debate. O al menos viene de lejos. La élite académica española ha publicado una obra de denuncia contra la manipulación catalana de la historia. “Seudohistoria contra Cataluña”. Ipurbeltz!! Zozoak beleari ipurbeltz.

Se trata de una crítica coral al Institut Nova Història, una iniciativa de la sociedad civil, y en concreto al historiador Jordi Bilbeny que lo encabeza. El País ha recogido el guante de los catedráticos hispanos (lo titulan: La tierra es plana… en Cataluña), lo ha cocinado a fuego lento y lo ha servido al público de masas como plato de escarnio. De propaganda. De paso, ha aprovechado el impulso y ha cargado contra Pujol, la prensa catalana, el ‘procés’, ERC, Carod-Rovira, el sociólogo Salvador Cardús, la escritora fallecida Patricia Gabancho, el periodista Enric Vila y el lucero del alba por si en algo les iluminaba.

El debate, de largo recorrido, no deja indiferente a nadie porque trasluce la sombra de muchos resabios e intereses. La historia de los pueblos siempre arrastra un trasfondo político, de relato nacional, y los Estados (y quienes pretenden serlo) se juegan mucho en ese campo. Claro que unos juegan con tiragomas, y otros con quincalla intergaláctica. De ahí el primer sobresalto, el de descubrir una falange de catedráticos de prestigiosas universidades arremetiendo contra un institut de la calle, privado, una iniciativa de la sociedad civil, como quien dice un cine de barrio. Y El País, con su potencia de fuego, con su arsenal pirotécnico, bombardea por todo lo alto.

La segunda reflexión, en clave irónica, nos lleva a constatar el esfuerzo invertido, seguramente con rigor y seriedad, para desmontar las mitificaciones e inexactitudes del Instituto catalán. Más de un autor, de las propias filas del catalanismo (Vicent Partal lo menciona en Vilaweb. “Bilbeny y los demás”) lo ha comentado hace mucho. Sin rigor histórico el relato no se sostiene. Se desacredita. Pero que sean los historiadores españoles quienes levanten la perdiz tiene su cosa.

Llevan años blanqueando la “historia de España” y tapando los chorretones que se les corren por la fachada. Porque la suya es fachada, de fachas. La leyenda negra de un imperio en el que no se ponía el sol, dice El País, es un invento inglés para descalificar la empresa hispánica de cristianizar el mundo. No hay justicia en hablar de genocidio en la conquista de América, ni del ‘hombre del saco’ (el duque de Alba) en la memoria infantil de Flandes, etc.

“La catalanidad de Colón es una hipótesis que menea el rabo desde hace más de un siglo” (sic). El País argumenta que es ridícula esta idea (lo rechaza científicamente la Seudohistoria…), que Cristóbal Colón fuera catalán. Pero ese rigor exquisito no viene a cuento cuando se sostiene que Elkano era español –y no vasco-; que el emperador Adriano era español –y no romano nacido en la Bética-; que el Cid fue un personaje histórico y no un mito de literatura o leyenda; que Roldán fuera un héroe (con monumentos en abundancia); que los musulmanes vencieran a Carlomagno; o que los reyes godos fueran el origen de la monarquía hispánica.

Vivimos en una atosigante atmósfera de historicismo y nacionalismo banal español, el castellano es la lengua elegida para hablar con Dios, con glorias subrepticias y calles dedicadas a generales franquistas, gobernantes genocidas, reyes despóticos, reinas corruptas… Y estos historiadores se crispan porque alguien discute el pueblo donde nació Colón.

La polémica nos preocupa porque no se limita a Cataluña ni al ‘procés’. También nos salpica. Nos inquieta porque si alguien ha manipulado y utilizado en su favor la historia es España. Las conquistas, expolios, destrucciones de lenguas y culturas en general llevadas a cabo por el imperio español, entre las que se incluye la nuestra, han sido reflejadas por historiadores de todo el mundo, y aquí se niegan. Con absoluta desfachatez. Y nos preocupa que se sostenga “académicamente” que Navarra se incorporó -por propia voluntad- a España. Que en San Marcial lucharon los iruneses (?) contra los franceses. En la guerra de Navarra. Que la regresión del euskera se debe a la desidia de la gente, y no a un supremacismo y una represión que todavía hoy colean (lo vemos a diario en la educación, en la prensa, en la calle).

En resumen, que la polémica y la manipulación de la Historia están ahí; es evidente; pero si hay alguien que sostenga, como dice El País, que la Tierra es plana, seguro que está en la Academia Española.

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/25)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2020/02/25)

NAIZ /2020/02/28)




22 febrero 2020

ENTREVISTA EN NOTICIAS DE NAVARRA

Sobre la nueva edición de la Síntesis de la historia de Navarra promocionada por Diario de Noticias de Navarra (2020/02/22)

-Este libro nace con la intención de recuperar nuestra memoria histórica para construir una identidad fundamentada en lo que somos realmente. ¿De qué manera lo hace?

-La identidad, tanto de una persona como de un grupo, se constituye sobre la memoria. Sin memoria histórica una sociedad no tiene existencia propia, no es un sujeto social ni, menos aún, político. La memoria histórica está vinculada a la historia, pero se expresa de forma distinta. La memoria transmitida a muchos navarros, entre los que me encuentro, incluye la existencia de un reino independiente y que fue conquistado por Castilla.

Como dice Walter Benjamin en sus reflexiones sobre la historia, la memoria de los vencidos constituye el germen de la reparación y de la justicia. La memoria de los vencidos es un elemento revolucionario de primer orden. La memoria tiene mucho de movimiento social.

La memoria debe estar refrendada por la realidad histórica y, por ello, provoca y condiciona las investigaciones de los historiadores profesionales. Memoria e historia se realimentan entre sí. De modo que si una memoria está perdida o es débil puede ser sustituida con facilidad por otra inducida por los vencedores, con el objetivo de asimilar a los vencidos. Si esta segunda fase se culmina con éxito, Benjamin habla de una "doble derrota" de los vencidos donde nos encontramos en una situación difícilmente reversible.

-¿Por qué son necesarias estas lecturas que reescriben la historia de Navarra? Es decir, ¿por qué hemos tenido hasta la fecha una falsa o, mejor dicho, errónea visión sobre nuestra historia?

- Lo que ha sucedido es que en el caso de Navarra, como en el de todas las conquistas, la historia la escriben los vencedores y es la que ha prevalecido en los textos, tanto académicos como docentes. En ellos se muestra con frecuencia a Navarra como un reino medieval arcaico, con conflictos internos insalvables, inviable en la modernidad al que tuvo que llegar un reino, Castilla, con Fernando de Aragón -el Falsario- a la cabeza e incorporarlo 'pacíficamente' en su organización política moderna. Así se cumplía, además, el "destino histórico" de los pueblos ibéricos unidos bajo Castilla con el nombre de España.  

La historia como ciencia tiene un método de investigación y unas reglas que se deben cumplir para considerarla como tal, pero no es inocente. La elección del marco espacial y temporal para narrar una historia la condiciona tanto como los hechos que describe. La importancia del sujeto es capital. Y la mayor parte de las historias de Navarra la presentan como "una parte de España". No como un sujeto con personalidad propia. Creo que la historia narrada desde una u otra perspectiva cambia fundamentalmente, aunque cuente los mismos hechos. Uno de los errores de método más comunes en la narración histórica es el "finalismo". Es lo que, por ejemplo, muchos historiadores llaman el destino histórico de la unidad de España. Esto sucede con facilidad si el sujeto del que se narra la historia es la sociedad que conforma actualmente el Estado español. Lo que llaman nación española. 

Ambas cuestiones, la elección del sujeto y el hecho de tener un historia escrita por los vencedores, distorsionan nuestra realidad histórica. Sé perfectamente que la elección del sujeto navarro no es inocente; es una opción elegida desde el presente, pero sobre todo con perspectiva de futuro. Que nadie piense que los que prefieren el sujeto español están por encima de la política, lo que sucede es que en este caso su ideología se inscribe en lo que Michael Billig ha denominado como "nacionalismo banal". Su perspectiva es finalista y persigue como objetivo político mantener la sumisión de Navarra dentro del Estado español. Además olvidan esa parte de Navarra, Ultrapuertos, que se sigue denominando Navarra y que no es española. 

El texto está basado en hechos extraídos de trabajos de historiadores profesionales y los he procurado tratar con el mayor rigor. Mi aportación tiene como aspectos originales la elección del sujeto y el hecho de ser una obra sencilla de leer, de aquí el título de "Síntesis". 

-En esta publicación se sitúa al Reino de Navarra como eje de la construcción del pueblo vasco y, en cambio, este territorio siempre ha sido obviado. ¿Por qué?

- El pueblo vasco data de antiguo, como su lengua y su ordenamiento social basado en el uso y costumbre y en la prevalencia de los valores de la comunidad, lo que se ha denominado como 'Derecho Pirenaico'. Aparece en los textos de los historiadores romanos, las fuentes árabes también lo señalan, se enfrenta a francos y visigodos que pretenden dominarlo. Este pueblo se organiza en la tardoantigüedad y en la alta Edad Media como Ducado de Vasconia, pero su estructura política más perdurable y consistente comenzó tras el enfrentamiento con el imperio franco y las sucesivas victorias sobre el mismo de Orreaga. El pueblo vasco siguió con su lengua y su ordenamiento social, los preservó y desarrolló en el reino de Pamplona, consolidado a comienzos del siglo IX.

En el XII se produjeron cambios sustanciales en su organización política y con Sancho VI, el Sabio, comenzó a denominarse como reino de Navarra.
El reino, tanto siendo de Pamplona como de Navarra, hizo lo que hacen siempre los estados, de algún modo nacionalizó su sociedad. En la Alta Edad Media, según Koldo Mitxelena y estudiosos actuales como Koldo Zuazo, se establece una primera unificación del euskara en torno a la capital del reino, Iruñea-Pamplona y se concreta el sistema jurídico basado en el Derecho Pirenaico.

No es cierto que "este territorio" haya sido obviado. La mayor parte de investigadores, estudiosos e historiadores consideran lo navarro como central en hecho vasco, lo que ha sucedido recientemente es una separación entre ambos conceptos.

-El libro recoge uno de los acontecimientos más destacados, como fue la ocupación de 1512, pero también otra conquista de la cual apenas se ha hablado: la de 1200. ¿Qué pasó en este año?

- Así como de la conquista y ocupación de 1512-1529 quedan bastantes elementos de memoria de transmisión oral (familiar, de amigos, de sociedad en general) y hay más textos escritos, existe otra conquista en la que la historia como ciencia ha venido en auxilio de la memoria. Es la conquista de 1200. Hacia mediados del siglo XII la Rioja y la parte de la Bizkaia actual controlada por los señores de Haro se pasó a Castilla, que les ofrecía un control feudal del territorio más laxo que el de Navarra. En esta linea. en 1199 Castilla inició una ofensiva contra el reino navarro, sitió Vitoria-Gasteiz que se rindió ante Alfonso VIII de Castilla en 1200, conquistó el Duranguesado y, en general, todo el frente marítimo de Navarra, dejando al reino sin salida al mar de Bizkaia. A partir de estas ocupaciones y conquistas se inició, desde Castilla, el proceso de institucionalización de lo que luego serían las Provincias Vascongadas.

Como consecuencia, se generó una dicotomía entre la designación política -navarro-, que seguía siendo utilizada por los vascos de la Navarra independiente y la lingüístico-étnica en la que los habitantes de los territorios conquistados no se llamaban castellanos, ya que hablaban euskara, pero no no podían seguir siendo navarros y quedaron como simplemente vascos. Es la misma distinción que puede existir entre magiares y húngaros o entre lusos y portugueses. Entre etnia o lengua y organización política 

No ha sido fácil lograr la consideración como hecho histórico consolidado que en 1200 hubo una conquista de Castilla sobre parte de Navarra, pero, una vez conseguido, es un hecho que está construyendo memoria. Era evidente la necesidad de generar un "relato" común a todos los vascos ("una nación es un relato") y la constatación de estos episodios como conquista ha contribuido a ello de modo importante.

Así se conformó la primera diferenciación entre vascos y navarros.      

-¿Cuál considera que es la principal característica del Reino de Navarra que no debemos olvidar?

- En primer lugar la realidad de que los vascos constituimos un Estado independiente en el conjunto europeo. Es un hecho que ha sido negado, o cuando menos minusvalorado, con asiduidad, incluso desde sectores que se reclaman como nacionalistas vascos. Lo afirma también, por ejemplo,el famoso libro de Marc Kurlansky "The Basque History of the World" ("La historia vasca del mundo") Quienes niegan la estatalidad histórica de los vascos a través de Navarra contribuyen a la minoración de nuestro pueblo y al menosprecio de su autoestima.

En segundo lugar hay que destacar toda su institucionalización y adaptación a tiempos cambiantes basada en el Derecho Pirenaico. 

Son de gran importancia también las aportaciones a la modernidad a través de la Navarra de Ultrapuertos, independiente hasta 1620, como foco de las distintas reformas religiosas de su época y su aportación al pensamiento europeo en general. La corte de Margarita de Navarra, esposa del rey Enrique II, el Sangüesino,,que inspiró al Shakespeare de "Love's Labour's Lost", al afirmar "Navarre shall be the wonder of the world" es, tal vez, su muestra más importante. 

También lo es el desarrollo literario de la lengua vasca, cuyo principal exponente es la traducción del Nuevo Testamento al euskara de Joanes de Leizarraga, por encargo de la reina Juana II de Albret, en 1571. Hecho que incorpora nuestra lengua a las lenguas literarias europeas como había sido el alemán por Martin Lutero en 1534, la "King James Bible" en 1611 para el inglés o la de Kralice al checo hacia 1613.   

-Este libro ya se publicó en 2010. ¿Es una casualidad que haya sido reeditado justo ahora, en un momento en el que la derecha, y sus discursos correspondientes, ha ganado terreno político?

- Evidentemente en la conmemoración del 500 aniversario de la conquista en 2012 se consiguió una victoria importante en la hegemonía del relato en favor de una conquista y ocupación violentas, sufridas por la población navarra de la época. Los cuentos de unión "aeque principaliter" de Navarra a Castilla o de su "incorporación voluntaria" en la monarquía castellana para superar su atraso y sus guerras endémicas, quedaron con las vergüenzas al aire merced a estudios y trabajos como los de P. Monteano, P. Esarte, A. Pescador etc.

Es evidente que los sectores hegemónicos durante siglos no se han rendido con facilidad y cada vez que tienen oportunidad intentan abrir de nuevo vías a su discurso de incorporación voluntaria aunque algo más suave y matizado que el antiguo, No hay que bajar la guardia pues disfrutan de todos los medios que les otorga tener un Estado a su favor: en el sistema educativo y en los medios de comunicación y propaganda sobre todo. No es un problema exclusivo de la "derecha", es un asunto de Estado. Por eso es oportuno insistir en una visión autocentrada de nuestra historia.

En este contexto se constituye la parte más militante que promueve con ahínco la diferenciación entre vascos y navarros. Es una ofensiva que se concreta en la propaganda con la que estos sectores mantenidos por el Estado español intentan manipular con el miedo. Su eslogan es "que vienen los vascos" y quieren aniquilar la personalidad navarra. ¡Como si esta personalidad no hubiera estado en riesgo permanente desde las conquistas y ocupaciones castellanas citadas y en todos los conflictos con España de los siglos XIX y XX!. 

En este contexto se plantea como un asunto grave el modo como se presentan estos temas en el sistema educativo en lengua vasca. Se trata de textos, traducidos del español normalmente, en los que no se expresa con claridad una posición propia, generada desde el sujeto navarro. Y sobre los que pesa como una losa el control, inquisitorial, con el que son revisados por las autoridades oficiales.   

-¿Hay algún aspecto del pasado que, con este libro, podamos aprender y que nos sirva para los tiempos actuales? Más allá de saber bien nuestra historia, nuestro pasado. 

Sin la asunción de la identidad propia es imposible generar un proyecto de futuro autónomo. La identidad se soporta sobre la memoria y la memoria debe pasar por el tamiz crítico de la historia. No puede haber nación sin un relato propio y compartido por sus habitantes. Y la nación, más que la "tierra y los muertos"  de Maurice Barrès, es un proyecto de futuro. 

Evidentemente una tradición tan rica y abierta como la generada por nuestro Derecho Pirenaico, por el Fuero como constitución de Navarra, nos puede cargar de autoestima e inspiración, no para copiar sino para construir un Estado independiente y distinto al servicio de una nación cívica como corresponde a la modernidad. 

En este contexto hay que evitar el juicio de fenómenos actuales con criterios historicistas, como sería el simplificador "como fuimos independientes tenemos derecho a serlo hoy". Eso supone un cortocircuito demasiado fuerte. Tiene que haber varias mediaciones antes de llegar desde tal premisa a esta conclusión. El haber sido un Estado independiente propició la nacionalización de su sociedad y la creación de una conciencia política común. El hecho de haber sido injusta y violentamente conquistados es un punto importante de cara a cualquier reclamación internacional en la actualidad. Pero si en el presente no existe una conciencia nacional que lo exija y reivindique con suficiente fuerza social, todo eso se convierte en papel mojado 

-Por otro lado, ¿el libro esclarece algún hecho concreto del que no tuviéramos conocimiento con anterioridad?

- Todos los hechos que se narran eran conocidos ya que fueron investigados y expuestos por historiadores profesionales. La originalidad del trabajo radica, como ya he dicho antes, en la presentación del sujeto histórico como sujeto político, el Estado navarro. En el libro se hace hincapié en los momentos en los que el "reino" (el "pueblo" como dice Mikel Sorauren) toma decisiones trascendentes. Es el caso de la redacción del Fuero General, a partir de 1234, ante la llegada de la dinastía de Champaña, desconocedora por completo de la tradición jurídico-política pactista de Navarra y de la prevalencia "del uso y la costumbre" y "del común". Sucede cosa semejante tras la unión con la corona francesa al final de esta dinastía, cien años más tarde, cuando los asuntos de Navarra se decidían en París. En ese momento, los navarros deciden separarse, por cuestiones políticas, de Francia y utilizan como pretexto que en esta monarquía rige la ley Sálica por la que no podían reinar las mujeres y en 1328 designan como reina a Juana de Evreux, hija del último rey común con Francia: Luis Hutin.     

-¿Haría una 'Síntesis de la historia de Navarra' reciente? ¿Cómo la calificaría en la actualidad?

- Sería un trabajo bastante complejo. Habría que empezar por desbrozar nuestro siglo XIX y superar todos los complejos introducidos por la historiografía española. Sería necesario revisar toda la interpretación del carlismo, el origen del nacionalismo de Arana Goiri, los procesos de reconfiguración nacional en el siglo XIX europeo empezando por las unificaciones italiana y alemana, el paneslavismo etc., los conflictos nacionales surgidos en Europa tras la Primera Guerra Mundial (1914-18) y contextualizar nuestra realidad de modo bastante más amplio que el que ofrece la visión hispanocéntrica. 

Nos quedamos con demasiada simplicidad en un carlismo retrógrado y como un movimiento fuera de su tiempo, sin estudiar la complejidad de dicho fenómeno, de nuestra sociedad y las de su entorno. Y esto entra de lleno también en la guerra de 1936-39 y en el franquismo, tanto en vida del General como del posterior.

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/22)