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20 julio 2021

¿LOS REYES DE EUSKADI?

Rey de bastos

Resulta que el verano, antes pródigo en noticias fabulosas, las llamadas “serpientes de verano”, viene ahora dedicado al adoctrinamiento histórico. El nacionalismo español vuelve a su esencia, a la reconquista, en este caso de mentes y conciencias.

Si hace pocas semanas era Jaime Ignacio del Burgo quien nos aburría con sus alabanzas al emperador Carlos V, en esta ocasión es el historiador Pedro Chacón quien nos abruma con las glorias de Alfonso X de Castilla (“El rey sabio en Euskadi”. Diario Vasco, 16-VII-21). Los reyes españoles siempre son sabios, católicos, grandes, hermosos… Los nuestros tienen boina, que diría Eduardo Galeano.

El panegírico del rey hispánico nos recuerda la reflexión de Claudio Magris a propósito de otro monarca: “las iglesias, las torres, las casas patricias, las figuras esculpidas reflejan la majestad del pasado, una gloria que sólo se puede recordar y nunca poseer, que siempre ha sido y nunca es” (‘El Danubio’). Esa misma gloria apreciamos en el dominio castellano; las monsergas de siempre para justificar una violencia que nunca aceptamos; que todavía hoy dibuja nuestro mapa. Y que así se percibe en sus palabras: un elogio, una nostalgia de las épocas de expansión y batalla.

Lo cierto es que el relato de Chacón exhala todos los tufillos del discurso supremacista español. El primero, paradójico, chocante, es acusar de nacionalista a cualquiera que le discuta. “Todos estos municipios, sin excepción, están gobernados por el nacionalismo”. Los nacionalistas son los otros. Alguien que se lamenta de que un rey ajeno, castellano, no encuentra el menor recuerdo en las poblaciones vascas, cuando fue “uno de nuestros auténticos padres fundadores”, nos habla de nacionalismo. Pensamiento colonial encajado a rosca.

Otro de los rasgos que mueve a Chacón, que cruje por estar fuera de juego en nuestros días, es el de cambiar la grafía del país para describirnos con una geografía rancia, franquista. En su artículo Bergara es con v. Vergara. Kontrasta es con c, Contrasta. Como Korres, Corres. Agurain es Salvatierra. Tolosa y Segura permanecen porque no se les ha podido encontrar nombre sustitutorio (sic). Para él no es Ordizia sino ‘Villafranca de Ordicia’. No tenemos derecho a llamarnos como nos dé la gana. Bautiza quien manda, que para eso tiene la autoridad y la fuerza. Me recuerda a Humpty Dumpty. “Cuando yo empleo una palabra -insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso-, significa lo que yo quiero que signifique. –La cuestión está en saber quién manda” (Lewis Carroll).

El supremacismo es esa posición de un grupo humano que se considera superior a otros por tener la capacidad de someterlos y definirlos como quien define ‘un objeto propio’. Edward Said analizó cómo Egipto era definido por el dominio colonial del imperio inglés. Egipto era lo que los ingleses decidieran (a su conveniencia, obviamente). Parece que el modelo le gusta tanto a Chacón que lo adapta al pie de la letra. El rey de Castilla es nuestro padrecito fundador. Antes no existía el país. Castilla nos pone los nombres de las villas. ¿Quiénes nos creemos nosotros para cambiar esa tutela?

En conjunto el artículo de Chacón revela los tics habituales de estas lecturas interesadas de la historia. Manipulación, ocultamiento, versión oficial que legitima al vencedor… En 1200 Gipuzkoa y Araba pasaron a la órbita castellana, dice. Así; pasaron; como quien no quiere la cosa. No hubo, parece, guerra, ni violencia, ni invasión, ni ilegitimidad, ni desgarro del territorio vasconavarro. Luego vino el rey (¿de Euskadi? ¿De Castilla?) y fundó las villas para darnos una alegría. No para montar una frontera con la Navarra que no pudo ocupar, con el trozo del país que seguía siendo independiente. Tolosa, Ordizia, Segura, Agurain, Kontrasta, Korres, Kanpezu, Buradon… todas esas villas fundadas en la misma época (1256) en esa muga de guerra, recién inventada.

La fractura del país, la conquista, la violencia contra las gentes, los derechos, la aculturación de borrar hasta los nombres propios de la geografía… Todo son bagatelas ante la gloria de los reyes fundadores de la ‘patria’. ¡Supremacismo blanco y en botella!

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2021/07/21)


19 abril 2020

EL GOBIERNO VASCO EN IPARRALDE


La propuesta de creación de una delegación del Gobierno Vasco en Iparralde, que han expresado públicamente Jon Gurutz Olaskoaga y José Manuel Castells en un escrito dirigido a la prensa, ofrece una ocasión excelente para observar y discernir cuál es la realidad nacional de nuestro país. Cómo se materializa el autogobierno, cómo se desmantela un sentimiento, una conciencia, una cultura, dónde queda la construcción nacional, qué capacidad y qué voluntad de hacer país tienen nuestros dirigentes y otros aspectos que, de cara a un futuro propio y en libertad, deberían preocuparnos hondamente.

Los autores enumeran una serie de circunstancias. Apenas existen instituciones que abarquen todo el territorio. De hecho se puede decir que, con solvencia, no hay ninguna. Las instituciones oficiales tienen su demarcación, y siempre hay quien vigila y se encarga de que no se salgan de su marco de referencia. ¡Ojo, que vienen los vascos! Hay un interés manifiesto en que los espacios territoriales sean estancos. Que no pase una ambulancia la frontera, que para eso es internacional. Pero lo cierto es que tampoco hay una praxis nacional en muchas actividades que, acostumbrado este pueblo a autoorganizarse en peores condiciones (guerras, persecuciones…), se podrían haber intentado. En el terreno socioeconómico el contrabando ha sido una de las pocas tareas que nos han vinculado por encima de las mugas fronterizas; y desde la entrada en la Unión Europea parece que ya no chuta (aunque al paso que vamos a lo mejor lo tenemos que recauchutar). En otros campos más simbólicos, torneos, selecciones deportivas, culturales, circuitos de orquestas, planificación de eventos interterritoriales, cualquier hipótesis que se nos ocurriera la veríamos vacía, sin nada en cartera.

Un capítulo que se puede añadir al escrito de Jon Gurutz y José Manuel es el de los medios de comunicación, que con su quehacer cotidiano son quienes mejor airean el nacionalismo banal que respiramos. Mapas del tiempo; entrevistas a personajes oficiales o de referencia; pero también noticias de agenda diaria; estadísticas; corresponsalías; etc. Estamos más al cabo de la calle de los asesinatos de género de Andalucía, Murcia o Canarias, que de los accidentes de tráfico de “allende la frontera”. Ahí al lado. En los noticiarios, teleberris y similares se dan los datos de ‘Euskadi’. Después los ‘nacionales’ (o sea, España). Más tarde, bien separados y sin que contaminen, los de la Alta Navarra. Y el Iparralde que citan Olaskoaga y Castells no entra en la carta. Nuestro país es en parte invisible; en otra parte opaco, en sombras; y la parte que está de brillante actualidad ya se encargan de integrarla a diario en un imaginario peninsular con una selección informativa milimetrada.

Se puede abundar en estas circunstancias, y desarrollar el cuadro que proponen los autores. Universidades… Pero aparte del ejercicio de autoflagelación y mortificación, tampoco serviría demasiado si no se acompaña con un diagnóstico más afilado. Es decir, que esto ocurre porque es el marco que tenemos. Que ese es el autogobierno regional, la ‘Autonomía’ que nos delegan. Que tampoco hay voluntad de saltar la valla. Que los informativos que nos riegan cada día se confeccionan a conciencia, y poco nos quejamos, poco criticamos. Que las instituciones están en ello. Y los partidos políticos que las ocupan no demuestran una línea de ruptura u orientación de otra naturaleza. Que el liderazgo que despliegan no va más allá de mantener esta evidente voluntad de dominio que ejercen sobre nuestro país los dos Estados.

También cuentan otros matices porque en el escrito de Olaskoaga y Castells se percibe una aceptación de esta situación de hecho. “Difícilmente seremos un Estado independiente”. “No creemos que la situación de… las tres Administraciones que conforman Euskal Herria vaya a cambiar de forma sustancial”. O ya, por rizar el rizo, ‘la mitad de la población navarra es ajena… a una concepción política’. Quizás haya que cuestionarse esta forma de encarar la realidad, y pensar que uno de los factores que nos desarman es el liderazgo que ejercen algunas fuerzas al dirigirse a la población navarra (y a la vascongada, ¡coño!); o a la cuestión territorial de fondo; o la naturaleza de la Autonomía que, como se ha visto con motivo de la pandemia, puede volatilizarse en un día por mor de una decisión unilateral hispana, sin derecho a réplica ni a pataleo (y, digámoslo de paso, sin pataleo explícito de ninguna fuerza).


Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2020/04/24)

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/06/01)

03 marzo 2020

ESPAÑA NOS ROBA Y OTROS MOTIVOS

Desde hace tiempo el mundo -y nosotros con él- mira a Cataluña. Con su reivindicación de independencia la sociedad catalana ha puesto contra las cuerdas al Estado español, hasta el punto de hacer tambalear la ‘modélica transición’, el régimen del 78 y los mismos principios del Estado corrupto.

La serie de acontecimientos iniciada con la consulta de Arenys de Munt en 2009 ha ido acompañada de éxitos de movilización y autoorganización de la población, ayudada a menudo por la torpe respuesta del poder hispano. 

Tras los aciertos de Cataluña en la última etapa –el ‘procés’- se ocultan muchos años de trabajo silencioso por la recuperación de la lengua, la cultura, la interpretación de la historia, la puesta en valor de la memoria colectiva. Omnium Cultural ofrece un modelo de intervención eficiente en este campo. El supremacismo lingüístico y cultural español se ha encontrado frente a una sociedad pertrechada con buenas defensas.

El expolio sistemático que supone el déficit fiscal de Cataluña y el maltrato que sufre en todo lo relacionado con infraestructuras, trenes de cercanías, corredor mediterráneo, etc., han sido argumentados por los catalanes de manera eficaz como arma de reivindicación y cohesión social.

Sobre estos motivos se ha ido construyendo una narrativa con capacidad de movilización popular: “España nos roba”; “Somos una nación, autodeterminación”; “Objetivo: independencia”; la rememoración de la fecha y la hora 14:17 de 1714 (entrada de las tropas borbónicas españolas en Barcelona); en resumen, “In, Inde, Independència!!!”,

Todo ello ha ido construyendo un relato de cómo los catalanes se ven a sí mismos, y a qué se enfrentan. En el mismo se expresa un punto de encuentro entre ellos y desde el que pueden proyectar su futuro. Y este modo de contarse a sí mismos y al mundo, se ha convertido en hegemónico. Este relato y esta hegemonía son la nación catalana de hoy.

La hegemonía no se define por los votos que obtienen unos partidos que se autodefinen como independentistas pero que, en gran parte, están integrados en el sistema clientelar español. La hegemonía social se expresa a través de una argumentación, un relato, que es coherente y que consigue una aceptación social generalizada. Es una visión de la realidad que goza de una credibilidad mayoritaria.  

A pesar de los conflictos internos puntuales que, sobre todo en periodos electorales, resurgen con fuerza, quien lleva la iniciativa del relato es el independentismo. No es fácil adivinar la evolución del conflicto ni su resultado, pero hoy se puede asegurar que tiene unas sólidas bases sociales, hegemónicas en el discurso. Siempre es posible dilapidar el capital adquirido en estos años, pero la consolidación de esos argumentos garantiza un largo recorrido.

¿Y nosotros?

Nosotros, nuestra nación, no ha sido desde el punto de vista argumental un modelo de construcción de relato, centrado en la memoria, en nuestra realidad, en la historia en nuestros conflictos. Nuestra narración se construye desde la perspectiva de los estados dominantes: España y Francia. No nos vemos como una nación definida sino como un ente difuso, como siete “territorios históricos”, o tres “Comunidades”, dos españolas y una francesa, llovidos del cielo, que, eso sí, han hablado desde milenios la misma lengua como único rasgo de cohesión.

Según el discurso coloquial, da la sensación de que los vascos nunca hemos tenido un Estado independiente, ni una historia singular. Nuestra memoria no existe. Las conquistas, asimiladas, se pierden en el olvido. Las damos por amortizadas. Las gestas de los marinos vascos, apropiadas por españoles y franceses. Los conflictos del siglo XIX, explicados como la reacción de un pueblo ultrarreligioso y conservador frente al ‘liberalismo’ español y la ‘razón’ francesa.
La memoria de la guerra de 1936 es apenas un apéndice de la IIª República española. Tras la disolución de ETA, el relato ha quedado por completo en manos de los servidores del Estado español, hasta el punto de que las figuras públicas de la izquierda abertzale acuden sumisamente a las conmemoraciones y homenajes de los ’mártires’ oficiales. Los otros, claro.

Se habla de “la nación foral”, pero no hay ni memoria ni conocimiento de qué han sido los Fueros. En su tiempo fuimos “un marco autónomo para la lucha de clases”, sin saber que la lucha de clases siempre ha sido internacional. En general, está muy extendida la especie de que “los vascos no hemos tenido un Estado”. Bueno, que tenemos dos: España y Francia. Pero que lo mejor es no tener ninguno.

Hemos citado el caso catalán. Otras naciones, por supuesto las que han accedido a su independencia, han construido el relato que las constituye como tales. Y ese relato es lingüístico, pero también memorial, histórico, festivo, religioso, institucional, de conflictos y luchas, de perspectiva de futuro. Aquí carecemos de algo parecido. Con la excepción de la referencia a la lengua, que es un dato tan claro y evidente que no hace falta quebrarse mucho la cabeza para admitirlo como elemento constitutivo.

Elementos de identidad (de memoria) como el proceso nacionalizador de nuestra sociedad medieval y moderna realizado por el Estado navarro, son cuestionados y despreciados desde las propias posiciones vascas. No disponemos de un relato dominante que nos cohesione, que sirva para enorgullecernos, constituirnos. Hay dos o tres, y ninguno que responda a las necesidades de esa visión compartida que requiere una sociedad moderna que pretenda ser protagonista en el mundo actual, como sujeto político. Uno es el de la sumisión total y, a falta de otro propio consistente, podemos intuir que sus argumentos son hegemónicos.

Hoy en día la nación vasca no puede hacer seguidismo de las fórmulas catalanas o de otros lugares. No tienen sentido consultas parciales, por ejemplo, si no se sitúan en una acumulación de fuerzas concreta, si previamente no se ha construido y aceptado globalmente el relato que nos constituye como nación. Hemos de pensar las herramientas que necesitamos. Y construirlas desde aquí.

No sirve de nada que se sienten a hablar partidos políticos, u otras organizaciones, para establecer acciones conjuntas y objetivos comunes si antes no se ha planteado una confluencia en el relato. No somos “siete territorios forales”. No somos “dos autonomías españolas” y una “comunidad especial francesa”. Algo tendremos que nos distinga y nos permita reconocernos. Eso es el relato. Y no es un debate para el futuro; sino el soporte del proceso. Es decir, lo básico. Algo imprescindible y necesario.  


Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

25 febrero 2020

LA TIERRA ES PLANA... EN ESPAÑA

Es un viejo debate. O al menos viene de lejos. La élite académica española ha publicado una obra de denuncia contra la manipulación catalana de la historia. “Seudohistoria contra Cataluña”. Ipurbeltz!! Zozoak beleari ipurbeltz.

Se trata de una crítica coral al Institut Nova Història, una iniciativa de la sociedad civil, y en concreto al historiador Jordi Bilbeny que lo encabeza. El País ha recogido el guante de los catedráticos hispanos (lo titulan: La tierra es plana… en Cataluña), lo ha cocinado a fuego lento y lo ha servido al público de masas como plato de escarnio. De propaganda. De paso, ha aprovechado el impulso y ha cargado contra Pujol, la prensa catalana, el ‘procés’, ERC, Carod-Rovira, el sociólogo Salvador Cardús, la escritora fallecida Patricia Gabancho, el periodista Enric Vila y el lucero del alba por si en algo les iluminaba.

El debate, de largo recorrido, no deja indiferente a nadie porque trasluce la sombra de muchos resabios e intereses. La historia de los pueblos siempre arrastra un trasfondo político, de relato nacional, y los Estados (y quienes pretenden serlo) se juegan mucho en ese campo. Claro que unos juegan con tiragomas, y otros con quincalla intergaláctica. De ahí el primer sobresalto, el de descubrir una falange de catedráticos de prestigiosas universidades arremetiendo contra un institut de la calle, privado, una iniciativa de la sociedad civil, como quien dice un cine de barrio. Y El País, con su potencia de fuego, con su arsenal pirotécnico, bombardea por todo lo alto.

La segunda reflexión, en clave irónica, nos lleva a constatar el esfuerzo invertido, seguramente con rigor y seriedad, para desmontar las mitificaciones e inexactitudes del Instituto catalán. Más de un autor, de las propias filas del catalanismo (Vicent Partal lo menciona en Vilaweb. “Bilbeny y los demás”) lo ha comentado hace mucho. Sin rigor histórico el relato no se sostiene. Se desacredita. Pero que sean los historiadores españoles quienes levanten la perdiz tiene su cosa.

Llevan años blanqueando la “historia de España” y tapando los chorretones que se les corren por la fachada. Porque la suya es fachada, de fachas. La leyenda negra de un imperio en el que no se ponía el sol, dice El País, es un invento inglés para descalificar la empresa hispánica de cristianizar el mundo. No hay justicia en hablar de genocidio en la conquista de América, ni del ‘hombre del saco’ (el duque de Alba) en la memoria infantil de Flandes, etc.

“La catalanidad de Colón es una hipótesis que menea el rabo desde hace más de un siglo” (sic). El País argumenta que es ridícula esta idea (lo rechaza científicamente la Seudohistoria…), que Cristóbal Colón fuera catalán. Pero ese rigor exquisito no viene a cuento cuando se sostiene que Elkano era español –y no vasco-; que el emperador Adriano era español –y no romano nacido en la Bética-; que el Cid fue un personaje histórico y no un mito de literatura o leyenda; que Roldán fuera un héroe (con monumentos en abundancia); que los musulmanes vencieran a Carlomagno; o que los reyes godos fueran el origen de la monarquía hispánica.

Vivimos en una atosigante atmósfera de historicismo y nacionalismo banal español, el castellano es la lengua elegida para hablar con Dios, con glorias subrepticias y calles dedicadas a generales franquistas, gobernantes genocidas, reyes despóticos, reinas corruptas… Y estos historiadores se crispan porque alguien discute el pueblo donde nació Colón.

La polémica nos preocupa porque no se limita a Cataluña ni al ‘procés’. También nos salpica. Nos inquieta porque si alguien ha manipulado y utilizado en su favor la historia es España. Las conquistas, expolios, destrucciones de lenguas y culturas en general llevadas a cabo por el imperio español, entre las que se incluye la nuestra, han sido reflejadas por historiadores de todo el mundo, y aquí se niegan. Con absoluta desfachatez. Y nos preocupa que se sostenga “académicamente” que Navarra se incorporó -por propia voluntad- a España. Que en San Marcial lucharon los iruneses (?) contra los franceses. En la guerra de Navarra. Que la regresión del euskera se debe a la desidia de la gente, y no a un supremacismo y una represión que todavía hoy colean (lo vemos a diario en la educación, en la prensa, en la calle).

En resumen, que la polémica y la manipulación de la Historia están ahí; es evidente; pero si hay alguien que sostenga, como dice El País, que la Tierra es plana, seguro que está en la Academia Española.

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/25)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2020/02/25)

NAIZ /2020/02/28)




02 septiembre 2017

JOANIKOT PASTORALA

Este verano, el 30 de julio y el 6 de agosto, se representó la Pastoral Joanikot en las poblaciones de Altzai y Lakarri de Zuberoa. Varios miles de personas presenciaron la representación (se calcula que unas 3.000 en la primera y 2.500 en la segunda); y se prevé que el próximo 10 de septiembre se volverá a representar en la Sala Baluarte de Pamplona.

Con un guión de la escritora zuberotarra Joana Etxart, esta escenificación popular narra la historia personal del capitán Joanikot que, en origen partidario del bando beaumontés, a la vista de las atrocidades de la tropa española tras la conquista de Navarra, se pasó al campo de los insurrectos y defendió la fortaleza de Donibane Garazi frente a la fuerza imperial. Apresado tras la derrota, fue (como nos explica Pello Esarte en su obra sobre la conquista de 1512) conducido a Pamplona, condenado, paseado por las calles, colgado, descolgado, decapitado y descuartizado, “poniendo su cabeza en lo alto de la horca”.

La pastoral, como cuenta Joana Etxart, es un homenaje a los defensores de Navarra, no tanto en la persona de reyes y reinas, habituales figuras de representación política, que hoy se nos atragantan, sino a través de la lucha de personajes populares, con menos intereses privativos y más comprometidas con la causa colectiva.

Pello Esarte detalla las circunstancias que rodean la historia y la intervención de Joanikot en la insurrección de 1521, su captura y la venganza hispana. “En agosto de 1521 Luis de Beaumont –condestable de Navarra, conde de Lerín y vizconde de Farfany- llegó a desempeñar el cargo de lugarteniente del virrey y capitán general, en ausencia del conde de Miranda y como tal acudirá a la toma de San Juan de Pie de Puerto al mando del ejército”. Recordamos que el relato nos sitúa en la tercera etapa de la guerra de Navarra, en el levantamiento colectivo facilitado por la insurrección de los Comuneros de Castilla y la liberación del país a cargo del ejército dirigido por el general Asparrots. En aquel entonces, “mientras tanto, la fortaleza de San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi), a cuyo frente figuraba el capitán Johanot de Arbela o Arbeloa, Juanicot, acompañado de navarros como Juan Remíriz de Baquedano y Juan de Jaso, resistió el bombardeo al que sometió la artillería castellana durante 21 días. Tras ellos, la plaza cayó conquistada al asalto de la caballería de Diego de Vera. El enfrentamiento armado entre las partes se saldó con la muerte de 300 defensores del fuerte. El alcaide de la fortaleza, Juanicot, fue apresado junto a sus compañeros y las cuatro banderas, y conducidos a Pamplona”.

La suerte de Joanikot fue trágica, ya que los españoles se ensañaron con él por su resistencia. Esarte nos cuenta: “Respecto al alcaide de la fortaleza, el capitán Juanicote, y según el relato de un espía: el 25 de este mes (agosto de 1521) fue traído a Pamplona (…) el cual vino prisionero en manos del capitán Villars”. Su ejecución se efectuó al día siguiente.

El capitán Martín de Ursúa testimonió que el único delito del capitán Joanikot fue el de defender la fortaleza con sueldo de los ‘franceses’. Según su posterior testimonio vio: en la ciudad de Pamplona al dicho Juanicot, arrastrarlo, justiciándolo y después que lo justiciaron vio sus cuartos desperdigados (…) fuera de los portales de Pamplona.

La historia quedó registrada, documentada como una cumplida venganza; lo confirman algunos testigos de la ejecución de la sentencia, como el notario de la Corte, Miguel de Arbizu, que señaló haber visto al reo ‘pasar por la calle a ser ajusticiado’, o Sancho de Estella, que manifestó la crueldad y atrocidad del castigo infligido a Juanikote: “vio (este testigo) que lo tajaron e hicieron cuartos.” (Pello Esarte)

El relato de Joana Etxart goza de algunos aciertos, que pocas veces encontramos en estas historias recreadas, que le dan fuerza e interés. Por ejemplo, es una narración que se centra en Navarra, que toma a nuestro país como eje de la historia, y sitúa así la trama, las posiciones de los personajes, sus intereses y referencias. Ello nos permite, de esta manera, observar un escenario que pocas veces reconocemos, como es un país en su realidad perdida, sin divisiones territoriales, en una recreación de lo que entonces era. Es, pues, una epopeya navarra, en unos términos que hoy se nos escapan.

Por la Pastoral de Etxart, a diferencia de tantas versiones poco contextualizadas, circulan muchos de los personajes relevantes de la época histórica, tanto de Navarra como de Castilla, y así nos encontramos con la presencia parlante de protagonistas tales como el cardenal Cisneros, o incluso vascongados como Iñigo de Loiola o el duque de Nájera.

En Altzai y Lakarri participaron en la escenificación de la Pastoral más de 90 actores locales, entre ellos 15 niños. Jean Pierra Rekalt se hizo cargo de la dirección y Jean Louis Aranburu fue el responsable del canto y la música. La representación de esta obra en el Baluarte de Pamplona es una oportunidad excepcional para acercarnos a nuestro pasado, a nuestra cultura, a una visión de nosotros mismos que nos hace buena falta.

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate 

NOTICIAS DE NAVARRA 2017/09/02

10 mayo 2017

CONCERTS I ALTRES GAITES

La negociació del cupo (la quota) del Concert basc entre el PNB i el PP, en ple procés català i enmig de l'evidència de tantes trames de corrupció espanyola, ha aixecat, més que un concert de veus, la tapa d'una olla de grills. Apuntalar o, almenys, donar aire a un PP xipollejant al fangar no és el més vistós dins d'una política d'imatge. L'oportunisme de la política del PNB - "peix al cove" - ​​pot ser criticable, però no aprofundir més en el moll de l’os de l'assumpte o aprofitar-lo directament per atacar el sistema fiscal basc suposa donar suport a la política més rància i reaccionària del nacionalisme espanyol.

Això ve al cas de moltes opinions expressades des de Catalunya, per articulistes i mitjans de comunicació en general, amb relació al Concert de la Comunitat autònoma basca (CAB) després de l'acord del nou cupo (quota), extensible amb claredat al futur Conveni a acordar entre l'Estat espanyol i la Comunitat foral navarresa (CFN). Moltes d'aquestes opinions, que van des de la ràbia a l'enveja, o engloben les dues, són emeses per persones que es posicionen inequívocament a favor del procés de Catalunya cap a la seva independència. La seva lectura des d'Euskal Herria produeix una certa indignació, passatgera, però de la qual queda un regust amarg. ¿Com pot ser que persones que, encara que estiguem en vaixells diferents, portem una trajectòria parella i naveguem en el mateix mar contra vents similars, ens trobem no només distants sinó aparentment enfrontades?

Aquestes persones haurien de, en primer, conèixer el procés històric que ha donat lloc al sistema de "Conveni-Concert" vigent en l'actualitat a Euskal Herria. No és aquest lloc ni moment d'estendre’ns en aquest assumpte. N'hi ha prou amb saber que aquesta situació suposa un punt d'equilibri inestable, a manera d'armistici, entre la sobirania històrica plena dels bascos a través de l'Estat de Navarra, arrabassada violentament al llarg de segles per Castella-Espanya i l'estatus derivat de la "transició" de 1978.

L'anomenat Conveni de Navarra té la seva font en la Llei, mal anomenada "paccionada", de 1841, després de la derrota de la primera guerra carlina (1833-1839). El Concert de les tres Províncies Bascongades, té un origen similar després de la segona per als basconavarresos- tercera per Catalunya- (1872-1876), amb la Llei Abolitòria de Furs de Cánovas del Castillo de 1876 i la posterior del Concert de 1878. Tots dos sistemes són semblants, paral·lels. No representen cap "privilegi" ni "concessió" de l'Estat espanyol. Signifiquen les restes, residus, d'una nació sobirana durant molts segles, la basca, i del seu Estat, el navarrès.

En segon lloc, entenc que Espanya vulgui jugar la basa de l'estratègia de joc de suma zero. Nosaltres perdem, ells guanyen. Encara que donada la seva cultura social i política, encara vigent per desgràcia, el possible excedent que els pogués suposar gestionar el que els sistemes de Conveni-Concert permeten avui a les hisendes forals, no redundaria en benefici de les inversions i despeses en les "comunitats autònomes de règim comú ", sinó que, amb total seguretat, acabaria absorbit pels embornals de la corrupció: casos Bárcenas, targetes black, Canal d'Isabel II, etc. i el malbaratament: com els AVE, PER andalusos etc. Per això crec que la supressió del règim de Conveni-Concert o els increments arbitraris de quota o aportació no beneficiarien Catalunya en absolut.

L'historiador Carlo M. Cipolla, en un llibre deliciós titulat: Allegro ma non troppo (Barcelona, ​​(1998), exposa "Les lleis fonamentals de l'estupidesa humana". La més coneguda és la tercera, la llei d'or segons l'autor. Resumint molt les seves explicacions es pot afirmar que sempre que interactuen dues persones es produeixen tres situacions rellevants: 1) que ambdues persones surtin beneficiades de la interacció, 2) que qui pren la iniciativa obtingui un benefici, almenys des del seu punt de vista, i que l'altra, la pacient, es vegi perjudicada. I 3) que la persona objecte de l'acció sigui perjudicada, però que la que origina el procés també ho sigui o que, en el menys dolent dels casos, no obtingui cap benefici.

El primer cas expressa una situació òptima. En teoria de jocs es diria estratègia win-win. Els dos vencedors. El segon seria, també segons la mateixa teoria, un joc que s'aproximaria al de suma zero. Un guanya, l'altre perd. Seria la pretensió espanyola d'eliminar el sistema de Conveni-Concert. La situació més difícil d'explicar és l'última, la tercera llei de Cipolla: la llei d'or. Textualment: "Una persona estúpida és una persona que causa un dany a una altra persona o grup de persones sense obtenir, al mateix temps, un profit per a si, o fins i tot obtenint un perjudici".

Que hi hagi "opinadors" catalans partidaris de la independència del seu país que considerin la "insolidaritat" del nostre sistema i preconitzin la seva supressió em fa pensar en la Llei d'Or de Carlo M. Cipolla. Sota l'imperi hispà, de la seva abolició mai obtindran cap benefici. Confio que respirin a fons, reflexionin i tornin al camí de la solidaritat internacional. Una abraçada a tots ells.

09 mayo 2017

CONCIERTOS Y OTRAS GAITAS

La negociación del cupo del Concierto vasco entre el PNV y el PP, en pleno proceso catalán y en medio de la evidencia de tantas tramas de corrupción española, ha levantado, más que un concierto de voces, la tapa de una jaula de grillos. Apuntalar o, al menos, dar aire a un PP chapoteando en el lodazal no es lo más vistoso dentro de una política de imagen. El oportunismo de la política del PNV –“pájaro en mano”- puede ser criticable, pero no profundizar más en el meollo del asunto o aprovecharlo directamente para atacar el sistema fiscal vasco supone apoyar la política más rancia y reaccionaria del nacionalismo español. 

Esto viene a cuento de muchas opiniones expresadas desde Cataluña, por articulistas y medios de comunicación en general, con relación al Concierto de la CAV tras el acuerdo del nuevo cupo, extensible con claridad al futuro Convenio a acordar entre el Estado español y la CFN. Muchas de estas opiniones, que van desde la rabia a la envidia, o engloban las dos, están emitidas por personas que se posicionan inequívocamente a favor del proceso de Cataluña hacia su independencia. Su lectura desde Euskal Herria produce una cierta indignación, pasajera, pero de la que queda un regusto amargo. ¿Cómo puede suceder que personas que, aunque estemos en barcos distintos, llevamos una trayectoria pareja y navegamos en el mismo mar contra vientos similares, nos encontremos no sólo distantes sino aparentemente encontradas?

Estas personas deberían, en primer lugar, conocer el proceso histórico que ha dado lugar al sistema de “Convenio-Concierto” vigente en la actualidad en Euskal Herria. No es este lugar ni momento de extender este asunto. Baste con saber que tal situación supone un punto de equilibrio inestable, a modo de armisticio, entre la soberanía histórica plena de los vascos a través del Estado de Navarra, arrebatada violentamente a lo largo de siglos por Castilla-España y el estatus derivado de la “transición” de 1978.

El llamado Convenio de Navarra tiene su fuente en la Ley, mal llamada “paccionada”, de 1841, tras la derrota de la primera guerra carlista (1833-39). El Concierto de las tres Provincias Vascongadas, tiene un origen similar tras la segunda para los vasconavarros -tercera para Cataluña- (1872-76), con la Ley Abolitoria de Fueros de Cánovas del Castillo de 1876 y la posterior del Concierto de 1878. Ambos sistemas son semejantes, paralelos. No representan ningún “privilegio” ni “concesión” del Estado español. Significan los restos, residuos, de una nación soberana durante muchos siglos, la vasca, y de su Estado, el navarro.

En segundo lugar, entiendo que España quiera jugar la baza de la estrategia de juego de suma cero. Nosotros perdemos, ellos ganan. Aunque dada su cultura social y política, todavía vigente por desgracia, el posible excedente que les pudiera suponer gestionar lo que los sistemas de Convenio-Concierto permiten hoy a las haciendas forales, no redundaría en beneficio de las inversiones y gastos en las “Comunidades Autónomas de Régimen Común”, sino que, con total seguridad, acabaría absorbido por los sumideros de la corrupción: casos Bárcenas, tarjetas black, Canal de Isabel II, etc. y el despilfarro: como los AVE’s, PER andaluces etc. Por eso creo que la supresión del régimen de Convenio-Concierto o los incrementos arbitrarios de cupo o aportación no beneficiarían a Cataluña en absoluto.

El historiador Carlo M. Cipolla, en un libro delicioso titulado: Allegro ma non troppo (Barcelona, (1998), expone “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”. La más conocida es la tercera, la ley de oro según el autor. Resumiendo mucho sus explicaciones se puede afirmar que siempre que interactúan dos personas se producen tres situaciones relevantes: 1) Que ambas personas salgan beneficiadas de la interacción. 2) Que quien toma la iniciativa obtenga un beneficio, por lo menos desde su punto de vista, y que la otra, la paciente, se vea perjudicada. Y 3) que la persona objeto de la acción sea perjudicada, pero que la que origina el proceso también lo sea o que, en el menos malo de los casos, no obtenga beneficio alguno.

El primer caso expresa una situación óptima. En teoría de juegos se llamaría estrategia win-win. Ambos vencedores. El segundo, sería también según la misma teoría, un juego que se aproximaría al de suma cero. Uno gana, el otro pierde. Sería la pretensión española de eliminar el sistema de Convenio-Concierto. La situación más difícil de explicar es la última, la tercera ley de Cipolla: la ley de oro. Textualmente: “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”.

Que haya “opinadores” catalanes partidarios de la independencia de su país que consideren la “insolidaridad” de nuestro sistema y preconicen su supresión me hace pensar en la Ley de Oro de Carlo M. Cipolla. Bajo el imperio hispano, de su abolición nunca obtendrán beneficio alguno. Confío en que se tomen un respiro, reflexionen y vuelvan a la senda de la solidaridad internacional. Un abrazo a todos ellos. 

02 marzo 2017

ZAZPIAK BAT Y NABARRA

“Hay que tener raíces y hay que tener alas” (Ramon Vilalta. RCR)
La nación, aquí y ahora, es un proyecto del siglo XXI, en el que nosotros, “gaurko euskaldunok”, construimos nuestro futuro mediante un instrumento que nos permita navegar en el difícil océano de la globalización: nuestro propio Estado. Eso poco tiene que ver con la “restauración” de estructuras políticas de los siglos XI y XII. En esos y otros siglos, una sociedad concreta –antecesores nuestros- tuvieron el coraje y la inteligencia de construir la herramienta que correspondía al momento: el reino de Navarra. Pero no es ése nuestro referente, sino otro, a menudo mal comprendido: el sujeto colectivo. Adaptado en cada época histórica a las condiciones concretas de su tiempo, pero sujeto agente, político, y no paciente como ocurrió tras las conquistas y como sigue sucediendo, desgraciadamente, ahora.
El sociólogo Odriozola Etxabe ha publicado en Naiz y Noticias de Gipuzkoa un artículo en el que deplora el pan-nabarrismo (por llamarlo de algún modo), calificándolo de simplista, torpe, desatino, anacrónico, mantra, y de ser primo hermano del navarrismo upenista. No queda claro si el citado sociólogo es capaz de definirlo correctamente; pero como sabemos a qué se refiere, le respondemos.
Dice el sociólogo que la referencia al territorio de Navarra no nos sirve pues sus fronteras fueron móviles. “El empeño de imaginar Navarra como un continuum territorial a lo largo del tiempo se estrella ante la evidencia de las discontinuidades históricas”. Parece que su interpretación de la memoria y del mundo no va muy lejos. ¿Qué pueblo, qué nación no ha visto sus fronteras alteradas en el transcurso de los siglos, sobre todo cuando, como en nuestro caso, han sufrido duros procesos de conquista y asimilación? ¿Polonia, Alemania, Grecia, Irlanda…? No es el territorio –a pesar de su importancia-, ni el rey, ni las fronteras, lo que da significado a la memoria, sino el colectivo; el sujeto político. Se trata, sobre todo, de un continuum político, humano. El continuum de un pueblo que se reconoce ante otros y construye una estructura política para ser independiente; para defenderse; para dotarse de una convivencia a tono con su cultura, su lengua, con sus intereses y sus designios. Es un sujeto en la historia, sujeto histórico y político.
Como estos razonamientos no parecen encajar en los esquemas del sociólogo (que no sabe qué es memoria histórica y qué proyecto de nación), intentaremos ilustrarle en las debilidades de su teorización, que no es de la época de Campión sino de la de Sabino Arana. Nos viene a contar que las fronteras del Zazpiak Bat son el futuro (‘lo sensato’ en una argumentación propia de Barrio Sésamo; tú torpe, anacrónico; yo listo, sensato). Es posible que se olvide de los inconvenientes de Trebiño, Truziotz, de Eskiula como espacios desencajados. Peor aún, los siete magníficos territorios atraviesan una frontera internacional, con el tajo convivencial y de grietas en los cimientos que eso supone; además de divisiones administrativas por autonomías, provincias, mancomunidades y otras fórmulas aún más difusas. Desvertebramiento interesado, del poder dominante, que el sociólogo hace bueno (y suyo). Si eso es un proyecto nacional de futuro, que baje Blas y lo vea; porque Epi ya se ha perdido.
Para información del sociólogo Odriozola Etxabe, añadamos que Zazpiak Bat es un derivado de historiadores hispanos (Garibay fundamentalmente), que pasó por un “Hirurak Bat” y un “Laurak Bat” antes del definitivo “Zazpi”, según la etapa histórica. Una reducción marcada por el imaginario castellanizante impuesto.
El proyecto que toma a Navarra por referente no es del siglo XI; todos los proyectos nacionales actuales son del siglo XXI; otra cosa es que tome como referencia a un sujeto político que viene del pasado; para proyectarse al futuro. Desde luego, ese proyecto se basa en nuestra voluntad; pero hay que construirlo, edificarlo, alimentarlo con autoestima y conocimiento. Desde el olvido y el desprecio de lo propio, difícilmente se construirá nada consistente y que no sea subordinado.
En Barrio Sésamo tampoco aparecía el concepto de memoria histórica y, sin embargo, es útil para conocer el presente, para rastrear en la historia, para dotarse de una conciencia crítica ante el constructo del poder, para saber cómo se ha erigido la realidad, sobre la injusticia y la dominación. Aporta cohesión social y sentido de pertenencia. Sirve, de paso, para reforzar el sujeto colectivo (otro concepto impropio de Barrio Sésamo) que nos permitirá afrontar con posibilidades de éxito, individuales y colectivas, el reto de la globalización. Y la violencia del dominio impuesto.

01 diciembre 2016

ID-ENTIDAD

Si hoy algún fantasma recorre nuestro mundo, es el fantasma de la identidad. Para desautorizar, desde el punto de vista político, a una persona o grupo, se utiliza con frecuencia el epíteto de ‘identitario’. En un folleto, bajo el título ‘Identitatea, democrazia, ongizatea.... Vías agotadas y nuevas perspectivas para la soberanía nacional’*, se puede leer, extraído de un texto de Raul Zelik (1), escritor, politólogo alemán y unos de los mentores de Podemos: “Los discursos identitarios en Euskal Herria, ¿no son reaccionarios?” El texto, bastante largo, termina: “Euskal Herria no existe en sí, la componen las personas que participan en ese proyecto”.

En el mismo folleto, pero centrado en Cataluña, aparece un texto de Quim Arrufat (2), una de las personas con mayor peso en la CUP: “la finalidad última no consiste en reafirmar una historia, una lengua, etcétera”.

Ambos casos ofrecen una concepción simplista, estática, de línea escolástica, de un concepto tan actual y activo en nuestra época como es el de identidad. En ambos textos se describe la argumentación del contrario tal como les gustaría que fuera, no como es, y esa es una manera reduccionista de presentar los debates. Entienden la identidad como una foto fija, algo estático, petrificado, que pretende preservar el pasado, una forma de ser de validez intemporal. La identidad es una categoría que define al sujeto, al ‘mismo’ sujeto, que asegura su continuidad aun cuando ese sujeto cambie, evolucione, envejezca, etc. Pensemos en un nombre o un certificado de propiedad, que deben referirse al ‘mismo’ sujeto, aunque el individuo sufra distintos avatares; esa referencia es la identidad. La identidad, pues, cuando no se banaliza el concepto, es algo que se construye permanentemente en los conflictos y situaciones de cada día, pero que define una continuidad. Que retiene unas raíces que lo constituyen –lengua, cultura, estructura social, paisaje, organización del trabajo, folklore, etc.- y es un elemento fundamental de la cohesión del sujeto. De la cohesión social (en el caso social). La id-entidad (la misma entidad) es el soporte de esa continuidad del sujeto, de su memoria, sea individual o social, y esa memoria y continuidad es el factor fundamental para proyectar el futuro. Sin proyecto no hay futuro, ni individual ni social.

Obviamente existen identidades, y nadie las discute: identidad estatal (italiano, francés, danés…), sexual, de género, profesional (médico, obrera…). La que se cuestiona es la nacional. Es decir, el engaño es que, aunque se discute la ‘identidad nacional’, es lo nacional lo que se pone en solfa, lo que no se quiere reconocer, y no la identidad como tal.

Zelik simplifica hasta un punto grotesco el conflicto identitario. Lo despacha con el calificativo zahiriente de “reaccionario”. Trata de dar “una de cal y otra de arena” al plantear que el discurso identitario (vasco) no ha sido excluyente con las identidades sociales, culturales y sexuales. Sería interesante saber qué entiende Zelik por identidad social, cuando la primera y más importante identidad social es, precisamente, la de la pertenencia nacional. Banaliza el conflicto subyacente al reducirlo a la cuestión lingüística. En suma, hace una caricatura para denostarlo con más facilidad.

Arrufat simplemente desprecia lo que representa un elemento constitutivo de las sociedades, olvidando que su hueco será ocupado por el de las naciones dominantes. Quim Arrufat, además, demuestra un profundo nivel de idealismo al mantener que “la finalidad es construir una realidad soberana que a la postre se pueda federar con otras realidades soberanas”. ¡Aterrice, señor Arrufat! ¿Qué son esas ‘realidades soberanas’ sino estados o naciones que aspiran a tenerlo? El único modo de lograrlo es que cada nación sometida, consciente de sí misma y con aspiración a ser sujeto a nivel internacional, construya su relato, basado en la memoria (de los vencidos, de los sometidos, como diría W. Benjamin) y que le permita constituirse como tal.   

En el mundo actual “hecho de naciones” (Joan F. Mira), pero también de estados, no hay tierras de nadie. Los estados son los más feroces forjadores de identidad. Defienden la de su nación, como en los  casos de España y Francia, y tratan de exportarla, mediante la imposición de su memoria, a las naciones que someten. De esta manera, con la sustitución memorial, pretenden lograr una asimilación identitaria. Si una colectividad no tiene fuerza, capacidad, para construir su propio relato, el que constituye su nación, acabará aceptando como propio el de quien le domina. Es falso que la identidad no tenga valor. Para quienes dominan e imponen la suya, es muy claro que sí lo tiene. Lo que le falta, para rematar su tarea, es convencer al dominado de que la suya es irrelevante y la puede olvidar. Y en esas estamos.

* ‘Identitatea, democrazia, ongizatea.... Vías agotadas y nuevas perspectivas para la soberanía nacional’. Instituto ‘Manu Robles Arangiz’, mayo de 2016.

(1) Texto de Raul Zelik: Los discursos identitarios en Euskal Herria ¿no son reaccionarios? Las identidades humanas son construcciones. No “somos”, “Nos hacemos” a nosotras mismas. De todas formas, el nacionalismo vasco de izquierdas, en mi opinión, siempre ha estado abierto para atraer a la gente y para transformarse. No defiende la sociedad de hace 100 años y está abierto a que la gente construya nuevas identidades, La emancipación humana y social consiste también en ser capaces de descubrir de nuevo quiénes somos. Un discurso identitario, sustentado en que hay que proteger una identidad existente, se vuelve reaccionario, porque excluye a las personas que no participan en él. El nacionalismo vasco no es un ejemplo típico, ya que ha tenido practicas trans-identitarias, aunque el discurso identitario siga ahí. No ha sido excluyente con las identidades sociales, culturales y sexuales. Pero el riesgo no desaparece. Tengo la duda de si Euskal Herria, en sí, existe: en estos momentos es fruto de una construcción, una construcción que parte del idioma. Una construcción vieja, es verdad, pero que se renueva y reinventa continuamente. Euskal Herria no existe en sí, la componen las personas que participan en ese proyecto.

(2) Texto de Quim Arrufat: …Y obviamente lo hacemos en Catalunya porque responde a una historia y una base cultural concreta que lo articula, pero la finalidad última no consiste en reafirmar una historia, una lengua, etcétera, no, la finalidad es construir una realidad soberana que a la postre se pueda federar con otras realidades soberanas. Y esto en contraposición a la concepción conservadora y nacionalista que ha hecho Convergencia.

Luis Mª Martínez Garate / Angel Rekalde


11 agosto 2016

UN NAVARRO DE OÑATI




Por edad era, evidentemente, una persona mayor de casi 96 años. Pero nadie que hablara con él podría pensar que estaba frente a un anciano. Se encontraba ante alguien de una vitalidad portentosa, de una capacidad de plantear la realidad –social, económica, política- del mundo y de Euskal Herria sin ningún tipo de complejos. Sonará a tópico pero Juan Zelaia era un hombre rebelde y crítico, joven en una palabra.

Los años le aportaron una capacidad constructiva de la que dio muestras toda su vida. Apoyó prácticamente todas las iniciativas surgidas en nuestro país en apoyo de su lengua, de su cultura, de su actividad política, no entendida al modo cortoplacista de los partidos que actualmente sufrimos, sino en su pleno sentido liberador de una nación sometida, ocupada, en una palabra sin libertad.

Desde el primer momento en que conoció el proyecto Nabarralde se sintió vinculado al mismo con la intensidad e ilusión propias de un joven. Como consecuencia de su implicación y como reconocimiento a su continua labor en pro de las iniciativas que fueran positivas para construir la nación que hoy debe ocupar su lugar en el concierto internacional como sujeto político, como un Estado, recibió en 2014 el Nabarralde Saria en su casa de Oñati.    

Se ha hablado de Juan Zelaia como mecenas de la cultura vasca. El concepto se queda corto para Juan Zelaia. Era mecenas en el sentido de apoyar de modo económico las causas relacionadas con la lengua, la cultura (incluyendo el deporte), la política que posibilitaran su emancipación, pero era mucho más. Participaba en todas las actividades con una enorme ilusión y empuje. No estaba detrás de las actividades que apoyaba, estaba a su frente tomando, en muchas ocasiones, la iniciativa.

Por su origen familiar, Gebara casa gamboina pronavarra por tanto, en la actual Araba; por su nacimiento, vida y, hoy, muerte en un territorio atípico, distinto, independiente en cierto modo, que no se incorporó a la provincia de Gipuzkoa hasta 1845, fue un vasco alejado de los conflictos “provincianos” que tanto mal nos han hecho a los vascos.

Lo que sí defendía Juan Zelaia con energía era su adscripción a Navarra como Estado histórico de los vascos y como perspectiva de futuro de una nación baqueteada por dos potencias imperiales, España y Francia, durante muchos siglos. Demasiados.

Esker anitz, Juan Zelaia.  




08 julio 2016

DE MAPAS Y COLORES

En la teoría de grafos funciona el famoso "teorema de los cuatro colores". Existe también la "conjetura de los tres colores". En ambos casos se trata de dilucidar cuántos tonos, como mínimo, son necesarios para colorear cualquier mapa de manera que todas las zonas contiguas (pero no que coincidan en un solo punto) tengan un color diferente. El teorema lo es porque ha sido demostrado. En cambio la conjetura espera ser refutada. Este teorema tuvo su origen precisamente en los mapas geográficos.
Tras las pasadas elecciones del 26 de junio, al Estado español le bastan dos colores: el azul y el morado. Ya no hacen falta tonos enrevesados para distinguir las "peculiaridades autonómicas", siempre incómodas. Con estos resultados la España eterna, la de charanga y pandereta, la de Frascuelo y María, la picaresca y el esperpento, viste de azul. ¡Feliz signo cromático! De morado van, en cambio, los que antes lucían aquellos colores autonómicos.
¿Qué ha sucedido? En primer lugar, que en política no existen los espacios vacíos. Mientras en Cataluña el Proces hacia la independencia ha avanzado con una cierta coherencia estratégica, con la unidad de la sociedad civil y los partidos políticos, el mapa seguía diferenciado. Las manifestaciones de las Diadas de 2012 a 2015, las votaciones populares iniciadas en Arenys de Munt en 2009, el referéndum del 9 de noviembre de 2014, las elecciones plebiscitarias de septiembre de 2015... marcaban un sendero nítido, estratégico. La zarabanda posterior ha dado sus frutos y una parte de su espacio ha sido ocupado por fuerzas electorales que, no sólo responden a otros intereses, sino que son directamente opuestos al Proces. Que actúan para desplazarlo. Los catalanes han sufrido el embate a través de la victoria electoral de Catalunya si es Pot (conglomerado de Podemos con ICV y otros sectores de la seudoprogresía hispana). Esta interferencia debe suponer para las fuerzas catalanas una profunda reflexión y una revisión de su hoja de ruta hacia la independencia.
Nuestra situación resulta todavía más lamentable. En Cataluña se trabaja un proceso iniciado y encarrilado. Con problemas, por supuesto, pero en marcha. Entre nosotros no existe nada. Tenemos un discurso vacío, o mejor un no-discurso. Se terminaron las épocas del tremendismo y, ante el cambio de ciclo propiciado por el fin de la actividad armada, la falta de definición, la incapacidad de enunciar un discurso, la ausencia en suma de un relato propio, que es lo constitutivo de una nación, nos ha llevado a disputar por el espacio de "izquierda". Como si ahí estuviera el meollo del conflicto. En ese terreno, pronto se ha impuesto la competencia española con todos los medios (televisión, prensa, redes sociales, etc.) a su favor. El resultado es que nuestro mapa cromático se asemeja -casi- al catalán y se diferencia apenas del resto del Estado español (pero, también, en colores españoles).
En el momento en que la situación europea e internacional propician un panorama proclive a la independencia, y el Estado español la bloquea como puede, parecía (y parece) el momento de trabajar por un proceso propio hacia la independencia.
La apuesta estratégica de nuestro procés debe tener capacidad de movilizar la sociedad civil. No olvidemos que, como decía Joan M. Tresserras hace pocos días, la independencia y la posibilidad de construir un nuevo Estado, es el proyecto de transformación política y social más radical y poderoso para las clases trabajadoras.
Los actuales partidos cargan con inercias (ventajas económicas, discursos pasados, comodidad, seguidismo) que serán en un principio una rémora. Es lo que pasó en Cataluña. Al final se apuntan al carro. Pero hay que arrastrarlos.
Nuestro problema es que la mayoría de lo que se llaman "movimientos sociales" tienen por detrás alguno de los partidos con toda la carga de instrumentalización que les frena. La victoria de Podemos en la CAV y su buen resultado en la CFN, marginando por completo a las fuerzas abertzales, indica que no se han establecido unas líneas de alcance estratégico. Es necesario un relato propio, asumido con energía y sin complejos. Tampoco aquí hay "tierras de nadie". En el presente estamos aceptando un relato (muy social y progre) que nos niega como sujeto. Por añadidura, hay bastante gente que piensa que la victoria vendrá de una bienpensante "unidad". Pero no está claro quiénes deben unirse, ni para qué. Una "unidad" sin contenido estratégico está condenada de antemano al fracaso.
Pretender competir con el gauchismo español con un discurso "más a la izquierda", cuando sabemos que todas estas posiciones no van más allá de la verborrea, de la mera retórica, es algo abocado a la derrota. Pretender seguir jugando a ser una "pieza clave" para la "gobernabilidad de España" es jugar un juego de perdedores y recibir la patada en cierto lugar cuando sus intereses de Estado se sobrepongan a los coyunturales de las disputas partidistas.
La única vía con visos de prosperar ha de tener un soporte directo en la sociedad civil organizada con ese fin. Sin interferencias partidistas. Así lo hicieron, y esperemos que sigan haciéndolo, en Cataluña. No podemos ni debemos imitarles, pero hemos de encontrar nuestra propia vía a la independencia. Algo que hoy por hoy no se enuncia. Para eso, hacia ese objetivo, debemos poner en marcha toda nuestra fuerza social. No sería malo aprovechar la crisis previsible que generaría un próxima independencia catalana.
En este camino (siempre que nos definamos en términos de relato propio, autoestima, estrategia) podemos ganar a todo el mundo y en cualquier campo, incluso en el de las elecciones, a pesar de los sesgos y marcas del régimen español. Pero, sobre todo, vencer en la constitución de nuestra vía a la independencia. Hay que cambiar los mapas. Sacarles los colores.
Angel Rekalde / Luis María Martínez Garate