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22 julio 2025

LOS REYES DE NAVARRA Y LOS CAÍDOS

Parece que las estatuas de los reyes de Navarra que flanquean el Paseo de Sarasate de Iruñea van a ser trasladadas a un lugar de menor visibilidad pública, a un rincón apartado y recóndito. Vamos, que serán defenestradas.

Y esto, ¿por qué? Por lo visto, en la reurbanización que pretende el Ayuntamiento, sus figuras monumentales estorban. Los símbolos de la soberanía de un Estado que durante largos siglos fue independiente menoscaban un espacio visible, central, de la ciudad.

Se me ocurre que sería más interesante aplicar este procedimiento a un monumento que, dejando de lado su incómodo contenido memorial, resulta incongruente. Los Caídos es un edificio feo estéticamente y, desde el punto de vista urbanístico, un tapón para cualquier solución armoniosa que enlace el Segundo Ensanche con el sur de la ciudad.

En una palabra: propongo trasladar los Caídos a un lugar con menos presencia pública. Por ejemplo, al Polígono de Tiro de las Bardenas. A lo mejor tenemos suerte y unos cuantos pepinazos acaban de arreglarlo.

Si alguien piensa que esta solución es onerosa, se me ocurre que podemos reducir su coste a la mitad. No lo reconstruyan ni en las Bardenas ni en ningún otro sitio. A la escombrera. Es un elemento nefasto del pasado, sin posibilidad de resignificación.

Pero reivindiquen nuestra historia, la de un Estado europeo que todavía puede maravillar al mundo, y no hagan a sus reyes un apartheid que los convierta en apestados.

Luis Mª Martinez Garate,  Angel Rekalde

26 julio 2023

EUSKO IKASKUNTZA: ESPEJISMOS Y PREJUICIOS

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Al menos así la interpretaba la versión más dicharachera del marxismo, la de Groucho Marx. En efecto, la polémica en torno al estudio sobre Navarra y el euskera, de Eusko Ikaskuntza, parece ajustarse grotescamente a esta fórmula. Al dedillo. Lamentablemente, diríamos, porque lo que pretende presentarse como estudio científico está contaminado, preñado de conceptos, etiquetas y prejuicios políticos.

El primero, según su propia explicación-justificación (“Hablemos de Navarra y su ciudadanía”, Deia, Noticias de Gipuzkoa y Noticias de Navarra 19-22.07.23) lo encontramos en la difuminación del objeto de estudio. “¿Dónde queda la navarridad?”, dice el texto de forma literal. Esta pérdida de referente se traduce en la definición de la investigación en términos de una supuesta “disputa nacional en Navarra entre los nacionalismos vasco y español”. ¿Navarra no existe? ¿Hablamos de un ente imaginario, sin voz propia? ¿No ha existido históricamente un sujeto político con dimensión institucional, que durante siglos ha dado cohesión, defensa, cultura, vida económica y social, a una población, sobre un territorio? ¿No queda nada de eso?

Parece que no, a juzgar por las interpretaciones y los presupuestos metodológicos que emplean los ‘científicos’ de EI. Y como sabemos que sí ha existido, podemos colegir que estos investigadores presuponen que esa realidad estatal no ha dejado huella. No ha conformado una conciencia de pertenencia, no ha dejado poso en una memoria colectiva, no ha sedimentado en referencias simbólicas (de las que beben, quizás, esos nacionalismos que cita EI, pero que son previas), en lugares de memoria, en significantes con singularidad y personalidad propias. Por ejemplo, en una adhesión al euskera que entre la población va más allá de las corrientes partidistas, como patrimonio colectivo, lingua navarrorum, no propiedad del nacionalismo sino consustancial al país vasconavarro, en su territorio y su cultura.

En ese espejismo prejuiciado sobre el que han operado los investigadores de EI, se diría que les ha confundido el poder concluyente que, en las opiniones de la sociedad navarra, adjudican a unas ideologías concretas. Pero, ¿eso es real? ¿Tanto poder performativo tienen? ¿Solo se puede ser nacionalista vasco o nacionalista español? ¿No existen los anarquistas navarros -digamos Lucio Urtubia…-? ¿No se puede ser vegano-ecologista de Valdorba, o ribero amante de la huerta, o contrabandista euskaldun del Pirineo con sede en Urdazubi? ¿La ideología de partido, cortoplacista, electoralista, lo define todo? ¿La memoria del euskera de los abuelos/as de Otsagabia, tan fresco su recuerdo, no ha intervenido y facilitado la recuperación lingüística del valle, y matizado obviamente la opinión de los salacencos/as?

Para un investigador de EI, los valores de la sociedad, la posición de uno mismo en su tiempo, su comprensión del patrimonio con que opera su comunidad, ¿se guían (determinan) exclusivamente por una ideología, programa o discurso nacionalista?

Son muchas las falacias y los prejuicios sobre los que se sostiene el presunto estudio “científico” de EI. Otro supuesto que desfigura y desacredita el resultado que presentan es que, en esas disputas, de hondo calado histórico (dicho sea de paso. La aculturación -en torno al euskera, y más- viene de lejos, desde la conquista), “ambas ideologías y sentimientos son legítimos en democracia” (sic). ¿Lo son? ¿De verdad? ¿De la misma manera? ¿Es equivalente la actitud y autoridad del dominante español -o francés-, a la que se sufre en la zonificación de la lengua vasca? ¿No pesan los siglos de prohibición y diglosia de la realidad euskerica? Dicho de otro modo, ¿se puede hacer un corte temporal, presente absoluto, en la muestra societaria que se toma, y que no pese el pasado, ni la violencia, ni las leyes o los tribunales estatales, ni la institucionalización de la vida municipal, educativa, medios de comunicación, universidades…?

O, en otro sentido, ¿se pueden considerar igualmente legítimos dos sentimientos, dos identidades -lenguas, culturas, comunidades, simbologías, estatus…-, cuando una está en el poder del Estado, y la otra no tiene Estado, ni poder, sostenida únicamente por el tesón y el voluntarismo de sus nacionales? ¿La psicología del sujeto las contempla, legitima y se identifica con la misma naturalidad? ¿Es similar o equivalente la posición del dominante -agresivo, arrogante, empoderado- que la del dominado? ¿No es posible que, en estas condiciones, la miopía de ideologías nacionalistas nos impida percibir la existencia de otras versiones del país que no tienen tantos recursos, pero que están ahí?

Interpretar todo este barullo, en una situación de conflicto, de presión, lucha, imposición y resistencia, a partir de unos constructos ideológicos (en el peor sentido del término) como son los discursos de dos nacionalismos, se convierte en un ejercicio de primero de sociología, condenado al suspenso.

Si los investigadores de EI se interesan por el valor que el euskera tiene para la población navarra, les sugeriríamos que empezaran por revisar su propio aparato metodológico. Un principio científico señala que la primera condición para abordar un problema es establecer un diagnóstico acertado (ello nos permitiría alejarnos de las tesis de Groucho Marx sobre la política). Siendo el euskera, como es, un elemento societario y cultural, parte del patrimonio colectivo de Navarra, deberían sostener su investigación a partir de esas claves disciplinarias: memoria colectiva, cultura política, conflicto, toponimia, historia… Quizás se llevaran más de una sorpresa. Sea como fuere, no aplicarían conceptos vascongados a una realidad que, evidentemente, se les escapa.

 Luis Mª Martinez Garate,  Angel Rekalde

NOTICIAS DE NAVARRA (2023/07/28)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2023/07/31)



13 enero 2023

¿VUELTA AL RUEDO?

Comprender la historia equivale a comprender el pasado como una fuerza que actúa sobre el presente

J. M. Coetzee

Sin ser muy aficionado al deporte de masas (léase, espectáculo), me entero de que la Vuelta a España pasará por Zuberoa este 2023. El Tour de France también, pero esta competición además empezará en Bilbao. Ambos eventos deportivos cruzan la muga, como ‘buenos europeos’. En cambio, la Itzulia (Euskal Herriko Itzulia o Itzulia Basque Country) discurrirá por los territorios peninsulares pero no cruzará a Iparralde. ¿Acto fallido? ¿Simbólico? Significativo por supuesto. Desconcertante, en cualquier caso.

Ocurre que cada vez más nos acostumbramos a que las actividades de nuestro país en clave simbólica, nacional, se refieran a la EAE. Lo vemos en ETB y tantas otras entidades e instituciones. Hace unos días un escritor ¿vasco? explicaba que la trama de su última novela transcurría en una cueva del corazón de Euskal Herria, en el macizo de Aizkorri. Desde luego, Aizkorri está en el país pero, sin negarlo, al presentarlo como el corazón del territorio (a veces como la montaña más alta de Euskadi) diríase que esa visión del mapa nos remite a la EAE/CAV.

A cuenta del ‘procés’ catalán el periodista Vicent Partal advierte que muchos observadores ajenos, pero también naturales, han acabado por identificar Cataluña con el Principado. “A este respecto, en el Principado todavía pesa demasiado el mapa de la región española que lleva el nombre de Cataluña y la identificación acrítica entre comunidad autónoma española y nación” (“Macron no es el extranjero invitado: no menosprecien la Cataluña Norte”, V. Partal, Vilaweb, 9.1.23). Es un problema de enorme calado, que incide en la comprensión que los propios sujetos tienen de su nación.

Esta identificación entre el mapa autonómico español y la comunidad nacional nos está sucediendo también a nosotros. País Vasco. Basque Country. Euskadi… ¿No es lo que pasa con el nombre que Sabino Arana propuso para designar el actual país del antiguo reino de Navarra, y se ha quedado en un reducido ámbito autonómico, un parque temático de la vasquidad occidental?

Sin embargo, Partal añade una reflexión inquietante. “Reducida a comunidad autónoma, Cataluña sólo se explica por referencia a España y en España. Reducida a puro departamento, Cataluña sólo se explica por referencia a Francia y en Francia. Pero Cataluña, si quiere ser una nación –y quien dice Cataluña dice Països Catalans– debe explicarse por sí sola”.

Esta identificación acrítica entre comunidad autónoma y nación (País Vasco, Cataluña) tiene mucho que ver con la fragmentación territorial que nos aqueja, y que proviene de siglos de violencias, imposiciones, ocupaciones y guerras sobrevenidas desde ambos Estados. En efecto, las divisiones administrativas que nos han encajado han acabado, por la inercia del discurrir cotidiano y la dinámica del nacionalismo banal (Michael Billig), por generar identidades apócrifas. Parciales. Bastardas. Guipuzcoanos, navarros (sólo los de Alta Navarra), vascos (solo los de una parte), vizcainos…

Es un problema de conciencia nacional, evidentemente, y por ello un problema de relato. Una nación, como dice Partal, “debe explicarse por sí sola”. No hemos desarrollado un relato nacional que nos englobe, que nos dé entidad colectiva, y que explique esas vicisitudes y fragmentaciones territoriales –históricas, sobrevenidas, violentas– que inciden sobre el concepto de nuestra nación.

Es natural que, sin un argumento narrativo detallado, crítico, explícito, de episodios tales como la conquista de 1512 (y la fractura territorial de Alta y Baja Navarra), la invasión de 1200 (y la fractura entre el territorio actual de la EAE/CAV y Navarra), el Renacimiento en Baja Navarra, el fracaso del proyecto de Estatuto de 1931, etc., etc., no dispongamos de una percepción unitaria de la nación vasconavarra.

Al contrario, la aculturación y la asimilación de relatos españoles y franceses nos ha conducido a la celebración de los más indignos episodios de ruptura interior, de quiebra y división interna, y los acabamos festejando y transformando en hitos colectivos: la batalla de San Marcial, Beotibar, López de Haro, Ignacio de Loyola, los cañones de Belate en el escudo…

El escritor Miquel de Palol, en un artículo reciente, afirmaba: “Un Estado no es un ente sociopolítico que una comunidad es, sino que la comunidad tiene. Lo que se es o no se es, es una nación. Y una nación se fundamenta en un relato, y el relato se construye en torno a elementos que los actuales gestores de la catalanidad parecen desconocer, o ser incapaces de articular: la historia, las realidades y los emblemas, los símbolos, las tradiciones, las costumbres, las figuras, los mitos. Las arterias que discurren por estos ámbitos son las de la cultura: pensamiento, ciencia y arte”. ("Mirar hacia adelante o no ser". Miquel de Palol. El Punt-Avui. 28/12/22)

Cuando celebramos eventos colectivos tan simbólicos (nacionales, de acuerdo con Michael Billig) como una vuelta ciclista al país, o estas fiestas locales tan vinculadas a la identidad, deberíamos tener presente esta reflexión que atañe al relato. Para que no suceda que, como Iparralde en la Itzulia, acabe sirviendo para fragmentarnos, para alejar y enajenar territorios. Para que, en definitiva, no sea una vuelta de tuerca más; una Vuelta al Ruedo (ibérico; sin la menor pretensión de bromear ni hacer juegos de palabras).

Angel Rekalde, Luis Mª Mtz Garate, Gurutz Olaskoaga

NOTICIAS DE NAVARRA (2023/01/18)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2023/01/19)


07 marzo 2022

LA BANALIZACIÓN DEL 'CONFLICTO VASCO'

 Charles Tilly (…) nos decía, hace ya 30 años, que la Ciencia Social, sin la Historia, es como un escenario de Hollywood en el que no hay nada detrás”.

(Gerardo del Cerro. Guerra en Europa)

La banalización del conflicto que afecta a nuestra sociedad, tras el desarme de ETA y la pérdida de referentes, está llevando a sectores de la Izquierda Abertzale a posiciones y argumentos insólitos. Hablamos de convivencia, nacionalidad, democracia… como si todo el monte fuera orégano; con una ligereza que el discurso parece sacado de una dieta de adelgazamiento: sin grasas, sin calorías, sin hidratos de carbono. Sin fundamento.

Hace unos días un profesor de universidad describía nuestra relación con el Estado español en términos de plurinacionalidad. Por resumir su argumentación, en sus propios términos, citaba tres tesis o axiomas: las naciones no tienen derechos; Euskal Herria es plurinacional (como el Estado); y lo sensato sería asumir esta realidad y olvidarnos de referéndums de autodeterminación.

Ojipláticos ante este giro argumental de ‘pensadores’ antaño abertzales, intentaremos asomarnos a las honduras de esos principios teóricos. Lo de que las naciones y los pueblos no tienen derechos adheridos nos suena a ecos savaterianos, aquel articulista que aseveraba que sólo existen derechos individuales, y que los entes colectivos no tienen condición de sujeto de derecho (a excepción de los Estados, obviamente), más allá de lo retórico o ideológico. Le recomendaría la lectura de algunas constituciones de Estados actuales. Por supuesto, en nuestra opinión las naciones no tienen derechos si no los defienden o renuncian a ellos (que parece ser el caso). Pero diríamos que es más plausible pensar que son los Estados los que, en el ejercicio de su fuerza y su poder, no se los reconocen, y punto.

En el desarrollo argumental de este principio, el profesor de marras sostiene que “la capacidad de poder decidir estaría por encima de supuestos derechos históricos o esenciales”. Dejemos lo de esenciales, que no está claro a qué viene. Por supuesto, todos estamos a favor del derecho a decidir; pero poner ese derecho en el eje del problema como principio estratégico, por encima y al margen de las realidades históricas y los procesos societarios en pugna, nos lleva a absurdos y disparates de este calibre. Las relaciones entre naciones y Estados solo se entienden y tienen su sentido (y su arreglo) en el contexto de la historia; y en consecuencia eliminar el pasado de la ecuación del conflicto nos conduce a desnaturalizarlo. A confundirlo. A banalizarlo. A borrar del análisis la violencia originaria, el genocidio, la conquista del pueblo sometido; su resistencia; su desarticulación política, institucional, su aculturación; la ruptura con su propia existencia; la negación de sus derechos…

¿Se puede entender el conflicto vasco sin la violencia histórica, sin la resistencia de Amaiur, sin las conquistas de Castilla, sin la existencia del imperio español, sin el bombardeo de Gernika, sin las prohibiciones del euskara, sin la represión, sin Franco, sin la derogación de los fueros…?

El derecho a decidir, así formulado, como principio estratégico por encima de la realidad histórica de los conflictos -falso, además, porque no está recogido ni reconocido en ningún ordenamiento (a diferencia del Derecho de Autodeterminación, en la ONU…)-, nos lleva a un profundo falseamiento de la naturaleza de los mismos. Al enmascaramiento del papel de los Estados imperiales en el origen de la violencia y en la construcción nacional de los pueblos.

Con respecto al segundo punto, que en Euskal Herria concurran varios sentimientos nacionales no significa que sea plurinacional (o al menos no en la misma medida que el Estado español); porque no se dan en régimen de igualdad, de convivencia o poder compensado. Euskal Herria no es un Estado. Como por otra parte, tampoco ocurre en el Estado; decir que el español es plurinacional es bastante discutible; como Estado es abiertamente unitario. En todo caso, no se puede poner en el mismo plano la situación nacional -conflictiva- en una colonia o en el Estado dominante. No son lo mismo. Y compararlas acríticamente es mezclar churras con merinas (y ponerse del lado del poder, dicho sea de paso).

Digamos, como comentario, que para constituirse en Estado independiente una nación no necesita un sentimiento de diferencia, como sugiere el profesor; sino un sentimiento de pertenencia. Un ‘nosotros’. La referencia de un sujeto colectivo que dé sentido a la acción colectiva, a la construcción del futuro, del que formar parte. Estos conceptos poco rigurosos, que flotan en el artículo, dan la sensación de estar desenfocados.

Por no alargarnos en el asombro de esta dieta de adelgazamiento que nos sirven como discurso digamos que el mismo concepto de ‘democratizar’ el Estado español es absurdo. Peregrino, insisto. No tiene fundamento. España no se puede democratizar sin renunciar a su naturaleza imperial, originaria, a su herencia de cárcel de pueblos; es decir, un territorio de poder con sus colonias y pueblos conquistados. Para que existan libertades y democracia España como tal debe saltar por los aires. Luego, ya veremos.

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2022/03/11) 


20 enero 2022

LA NACIÓN VASCONAVARRA

 La historia se compone de lo pasado y lo futuro, de esperanza y recuerdo  (Novalis 1799)

En la que posiblemente sea su única novela, Santos y eruditos, Terry Eagleton afirma que lo bello de ser un conquistador era que uno jamás necesitaba preocuparse por saber quién era. Se refería a los ingleses en Irlanda. El reverso de esta reflexión es la permanente puesta en cuestión de la identidad de los conquistados. Este es el gran triunfo de los conquistadores: las cuestiones referentes a la identidad surgen en las naciones conquistadas. Las conquistadoras la tienen de “por sí”, como quien dice “de toda la vida”.

En nuestro país, cuando nos planteamos cuál será el futuro en medio de tantos avatares, incertidumbres y conflictos, una enorme duda que nos sacude es esa de la identidad. O, dicho de modo más prosaico, cuál es el sujeto de ese futuro. Porque, como se ve en la reflexión de Eagleton, también nosotros fuimos conquistados. Al no ser vencedores, ni agresores ni conquistadores, no nos asiste ningún sobreentendido que resuelva esta incógnita. Por eso, cuando nos preguntamos cómo definimos la nación vasca, quién es el sujeto, es habitual que entre las respuestas se deslicen confusiones, manipulaciones, incluso disparates sin cuento.

Sin ir muy lejos, hace unos días nos tropezamos en la prensa con una opinión que afirmaba que los distintos patriotismos que concurren en el país eran (o debían ser) compatibles. Literalmente, el vasco con el español y el francés (sic). No es fácil imaginar desde qué atalaya cósmica o autismo intelectual se puede asumir dicha compatibilidad, sin tener presentes los siglos de imperialismo, la violencia de los estados, el genocidio de nuestras lengua y cultura, y en conjunto todas las formas de dominación y sometimiento (guerras, leyes, prohibiciones…) que se han sucedido. Quizás -no lo sé- es que se puede entender la sociedad y su devenir real (no el oficial, académico o relatado) sin atender a la lógica del poder, a los intereses de dominación y a la naturaleza conflictiva -violenta- de los estados. Especialmente los que nos han tocado. Pero sería más justo afirmar que no se puede asimilar los patriotismos de uno y otro signo (de resistencia, liberación, uno; de dominio y poder imperial, otros), y sobre todo que su “compatibilidad” es un oxímoron, un chiste de mal gusto.

Por otra parte, ¡cómo entendemos la realidad nacional de una colectividad histórica sin citar siquiera la existencia de un Estado real en su pasado, Navarra, que actuó durante siglos sobre esa comunidad! Ordenándola, defendiéndola, instituyéndola, representándola…

Cuando hablamos de nuestra nación, en términos de sujeto colectivo, de futuro, hemos de tener presente que ese colectivo histórico se soporta en la convivencia real de un pueblo, en siglos de existencia comunitaria, compartida sobre unas bases que se vivían como naturales, propias: lingua navarrorum, territorio, cultura; pero también leyes, instituciones, simbología… Todo ello existió durante siglos y en cierto modo llegó al presente porque existía una realidad jurídico-política en forma de Estado que le daba un ámbito propio. Navarra. Vasconia, el pueblo vasco, actuó, perduró y se defendió a través de esa estructura institucional. Sin considerar este dato no es posible entender ni definir la nación vasca, por mucho que esgrimamos la excusa de que ‘sólo miramos al futuro’.

Decía Andoni Esparza Leibar que “los símbolos ayudan a la pervivencia de una sociedad” (“La nación vasca ya está aquí”). Por supuesto, sin nombrarse, sin reconocerse, sin dotarse simbólicamente, no puede existir el colectivo. La nación. Pero volviendo a las situaciones de conflicto y poder, no podemos pensar que los símbolos son transparentes, inmaculados o inocuos. Al contrario, pueden ser vaciados de contenido, manipulados o pervertidos. Hay que prestar atención al significado de los símbolos para que no sean utilizados contra la propia nación: para dividirla, desfigurarla, debilitarla; para que no la reconozcan ni los propios individuos. De eso, en nuestro país, tenemos buenos ejemplos. Aquello de “Nafarroa Euskadi da” puede darnos alguna pista sobre estos errores y despropósitos, máxime si pensamos qué es hoy Euskadi.

Nuestra esperanza como nación vasconavarra debe incluir la referencia al Estado que la hizo posible y su simbolismo da sentido a un proyecto liberador en el concierto de los estados. Esa institución le dio significado nacional a nuestro pueblo, y sin ella hoy no tendríamos identidad vasca. Ni, probablemente, tampoco futuro

Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde




20 julio 2021

¿LOS REYES DE EUSKADI?

Rey de bastos

Resulta que el verano, antes pródigo en noticias fabulosas, las llamadas “serpientes de verano”, viene ahora dedicado al adoctrinamiento histórico. El nacionalismo español vuelve a su esencia, a la reconquista, en este caso de mentes y conciencias.

Si hace pocas semanas era Jaime Ignacio del Burgo quien nos aburría con sus alabanzas al emperador Carlos V, en esta ocasión es el historiador Pedro Chacón quien nos abruma con las glorias de Alfonso X de Castilla (“El rey sabio en Euskadi”. Diario Vasco, 16-VII-21). Los reyes españoles siempre son sabios, católicos, grandes, hermosos… Los nuestros tienen boina, que diría Eduardo Galeano.

El panegírico del rey hispánico nos recuerda la reflexión de Claudio Magris a propósito de otro monarca: “las iglesias, las torres, las casas patricias, las figuras esculpidas reflejan la majestad del pasado, una gloria que sólo se puede recordar y nunca poseer, que siempre ha sido y nunca es” (‘El Danubio’). Esa misma gloria apreciamos en el dominio castellano; las monsergas de siempre para justificar una violencia que nunca aceptamos; que todavía hoy dibuja nuestro mapa. Y que así se percibe en sus palabras: un elogio, una nostalgia de las épocas de expansión y batalla.

Lo cierto es que el relato de Chacón exhala todos los tufillos del discurso supremacista español. El primero, paradójico, chocante, es acusar de nacionalista a cualquiera que le discuta. “Todos estos municipios, sin excepción, están gobernados por el nacionalismo”. Los nacionalistas son los otros. Alguien que se lamenta de que un rey ajeno, castellano, no encuentra el menor recuerdo en las poblaciones vascas, cuando fue “uno de nuestros auténticos padres fundadores”, nos habla de nacionalismo. Pensamiento colonial encajado a rosca.

Otro de los rasgos que mueve a Chacón, que cruje por estar fuera de juego en nuestros días, es el de cambiar la grafía del país para describirnos con una geografía rancia, franquista. En su artículo Bergara es con v. Vergara. Kontrasta es con c, Contrasta. Como Korres, Corres. Agurain es Salvatierra. Tolosa y Segura permanecen porque no se les ha podido encontrar nombre sustitutorio (sic). Para él no es Ordizia sino ‘Villafranca de Ordicia’. No tenemos derecho a llamarnos como nos dé la gana. Bautiza quien manda, que para eso tiene la autoridad y la fuerza. Me recuerda a Humpty Dumpty. “Cuando yo empleo una palabra -insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso-, significa lo que yo quiero que signifique. –La cuestión está en saber quién manda” (Lewis Carroll).

El supremacismo es esa posición de un grupo humano que se considera superior a otros por tener la capacidad de someterlos y definirlos como quien define ‘un objeto propio’. Edward Said analizó cómo Egipto era definido por el dominio colonial del imperio inglés. Egipto era lo que los ingleses decidieran (a su conveniencia, obviamente). Parece que el modelo le gusta tanto a Chacón que lo adapta al pie de la letra. El rey de Castilla es nuestro padrecito fundador. Antes no existía el país. Castilla nos pone los nombres de las villas. ¿Quiénes nos creemos nosotros para cambiar esa tutela?

En conjunto el artículo de Chacón revela los tics habituales de estas lecturas interesadas de la historia. Manipulación, ocultamiento, versión oficial que legitima al vencedor… En 1200 Gipuzkoa y Araba pasaron a la órbita castellana, dice. Así; pasaron; como quien no quiere la cosa. No hubo, parece, guerra, ni violencia, ni invasión, ni ilegitimidad, ni desgarro del territorio vasconavarro. Luego vino el rey (¿de Euskadi? ¿De Castilla?) y fundó las villas para darnos una alegría. No para montar una frontera con la Navarra que no pudo ocupar, con el trozo del país que seguía siendo independiente. Tolosa, Ordizia, Segura, Agurain, Kontrasta, Korres, Kanpezu, Buradon… todas esas villas fundadas en la misma época (1256) en esa muga de guerra, recién inventada.

La fractura del país, la conquista, la violencia contra las gentes, los derechos, la aculturación de borrar hasta los nombres propios de la geografía… Todo son bagatelas ante la gloria de los reyes fundadores de la ‘patria’. ¡Supremacismo blanco y en botella!

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2021/07/21)


25 junio 2021

NOAIN: EL IMPERIO CONTRAATACA

Parece broma, pero no lo es. Resulta grotesco, eso sí, pero es la sensación que despierta la intervención de Vox y de Jaime Ignacio del Burgo en el aniversario de la batalla de Noain. El imperio contraataca. Con la llegada de la fecha y unos tímidos actos que recuerdan la defensa de la independencia del reino frente a la tropa imperial, han salido los ñordos de la caverna a liarla. A vociferar. Vox, a provocar, a reventar el homenaje de Salinas de Galar. Y Jaime Ignacio del Burgo, a cantar alabanzas al emperador Carlos V de Alemania y I de España, a injuriar a los navarros defensores y justificar aquel imperio en el que no se ponía el sol ni descansaba la barbarie.

Se preveía una cierta actividad con motivo del 500 aniversario de la derrota de Noain, que significó la debacle militar de aquella Navarra independiente. En efecto, fue la última bocanada del reino como tal, en la medida en que la rebelión de 1521 recuperó el dominio navarro sobre todo el territorio, liberó el país aunque fuera por un mes, y recomenzó la tarea de institucionalizarse. Con el apoyo general y la voluntad de las gentes. Así, pues, la vuelta de la tropa española fue una nueva invasión sobre un Estado europeo libre, legítimo, sostenido por una población que se había levantado en armas para defenderse. Más tarde hubo otras luchas (Amaiur, Hondarribia, etc. Hasta el presente); pero ya no tendrían ese carácter estatal de legitimidad de un Estado libre.

Como digo, se veía venir esta conmemoración. Lo que no se esperaba es esta euforia imperial, esta contraofensiva española con un discurso arrogante. Pensar la historia a partir del derecho de conquista, de pernada, del más fuerte. En efecto, una cosa es reflexionar sobre el pasado e indagar en el origen de los conflictos. Una cosa es reivindicar el valor de la memoria, en la medida en que es patrimonio simbólico que construye la sociedad y la cohesiona. Le otorga una suerte de argamasa imaginaria; una ética de la solidaridad y los orígenes que se comparten. Y otra muy distinta levantar la bandera del duque de Alba y los tercios de Flandes, aquellos que todavía se invocan para asustar a los niños flamencos que no quieren acostarse.

Anacrónico, trasnochado, improcedente… algo está fuera de lugar al referirse a aquellos tiempos con una mirada como la que bizquea del Burgo. No sólo porque miente, porque tergiversa los hechos y los adorna con un sentido que hace tiempo quedó desenmascarado. Ya nadie sostiene que el “día 30 de junio -500 aniversario de la batalla de Noáin- diremos que aquel día fueron derrotados los franceses, no el “ejército real” de Navarra como se pretende” (sic). Sabido es que a Ignacio de Loiola, cuando defendía el cuartel español, le hirieron los propios habitantes de Pamplona, que se levantaron contra la ocupación como en tantos otros lugares. No había ‘franceses’ en el levantamiento de Iruñea, como en Lizarra, Cáseda, Zangotza… Pero es que admitir que fue la propia población la que liberó el territorio navarro deja a las claras la identidad de los combatientes.

Lo más ridículo, en todo caso, más allá de estas argumentaciones, es la posición de del Burgo, y se ve que está más cerca de los fachas de Vox, fuerza inexistente en Navarra (a excepción de los cuarteles), que de cualquier posición navarrista. En sus artículos este fulano interpreta (miente, justifica…) aquellos sucesos desde una defensa cerrada del imperio español. “Luz perpetua para el emperador Carlos”. “Maya (Amaiur) es un monumento a la reconstrucción falsaria de la historia de Navarra dirigida a provocar nuestro divorcio con la gran familia española”.

Del Burgo es un sujeto retrógrado, servil con el poderoso, con un pensamiento rupestre. “El emperador Carlos que, gracias a su firmeza y magnanimidad…” Cuando defiende, en el siglo XXI, las bondades del imperio, parece un satélite que se mueve con la mentalidad del lado oscuro de Anakin Skywalker, que va por la vida pública con una espada de rayos fosforescentes, que piensa a lo duque de Alba, en términos de autoridad, fuerza, gloria, oro que rapiñar y estrella de la muerte.

No merece la pena debatir con del Burgo. Miente siempre. Si fuera más sibilino lo meteríamos en la categoría del príncipe Fernando el falsario que Maquiavelo analizó con su arte. Pero con lo cavernario que resulta, apenas da para retratarse en la épica de la ‘Guerra de las Galaxias’, con la sonrisa perruna de Chewbacca y el perfil psicológico de Darth Vader (“soy tu padre”).

Angel Rekalde / Luis Mª Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2021/06/26)

19 abril 2020

EL GOBIERNO VASCO EN IPARRALDE


La propuesta de creación de una delegación del Gobierno Vasco en Iparralde, que han expresado públicamente Jon Gurutz Olaskoaga y José Manuel Castells en un escrito dirigido a la prensa, ofrece una ocasión excelente para observar y discernir cuál es la realidad nacional de nuestro país. Cómo se materializa el autogobierno, cómo se desmantela un sentimiento, una conciencia, una cultura, dónde queda la construcción nacional, qué capacidad y qué voluntad de hacer país tienen nuestros dirigentes y otros aspectos que, de cara a un futuro propio y en libertad, deberían preocuparnos hondamente.

Los autores enumeran una serie de circunstancias. Apenas existen instituciones que abarquen todo el territorio. De hecho se puede decir que, con solvencia, no hay ninguna. Las instituciones oficiales tienen su demarcación, y siempre hay quien vigila y se encarga de que no se salgan de su marco de referencia. ¡Ojo, que vienen los vascos! Hay un interés manifiesto en que los espacios territoriales sean estancos. Que no pase una ambulancia la frontera, que para eso es internacional. Pero lo cierto es que tampoco hay una praxis nacional en muchas actividades que, acostumbrado este pueblo a autoorganizarse en peores condiciones (guerras, persecuciones…), se podrían haber intentado. En el terreno socioeconómico el contrabando ha sido una de las pocas tareas que nos han vinculado por encima de las mugas fronterizas; y desde la entrada en la Unión Europea parece que ya no chuta (aunque al paso que vamos a lo mejor lo tenemos que recauchutar). En otros campos más simbólicos, torneos, selecciones deportivas, culturales, circuitos de orquestas, planificación de eventos interterritoriales, cualquier hipótesis que se nos ocurriera la veríamos vacía, sin nada en cartera.

Un capítulo que se puede añadir al escrito de Jon Gurutz y José Manuel es el de los medios de comunicación, que con su quehacer cotidiano son quienes mejor airean el nacionalismo banal que respiramos. Mapas del tiempo; entrevistas a personajes oficiales o de referencia; pero también noticias de agenda diaria; estadísticas; corresponsalías; etc. Estamos más al cabo de la calle de los asesinatos de género de Andalucía, Murcia o Canarias, que de los accidentes de tráfico de “allende la frontera”. Ahí al lado. En los noticiarios, teleberris y similares se dan los datos de ‘Euskadi’. Después los ‘nacionales’ (o sea, España). Más tarde, bien separados y sin que contaminen, los de la Alta Navarra. Y el Iparralde que citan Olaskoaga y Castells no entra en la carta. Nuestro país es en parte invisible; en otra parte opaco, en sombras; y la parte que está de brillante actualidad ya se encargan de integrarla a diario en un imaginario peninsular con una selección informativa milimetrada.

Se puede abundar en estas circunstancias, y desarrollar el cuadro que proponen los autores. Universidades… Pero aparte del ejercicio de autoflagelación y mortificación, tampoco serviría demasiado si no se acompaña con un diagnóstico más afilado. Es decir, que esto ocurre porque es el marco que tenemos. Que ese es el autogobierno regional, la ‘Autonomía’ que nos delegan. Que tampoco hay voluntad de saltar la valla. Que los informativos que nos riegan cada día se confeccionan a conciencia, y poco nos quejamos, poco criticamos. Que las instituciones están en ello. Y los partidos políticos que las ocupan no demuestran una línea de ruptura u orientación de otra naturaleza. Que el liderazgo que despliegan no va más allá de mantener esta evidente voluntad de dominio que ejercen sobre nuestro país los dos Estados.

También cuentan otros matices porque en el escrito de Olaskoaga y Castells se percibe una aceptación de esta situación de hecho. “Difícilmente seremos un Estado independiente”. “No creemos que la situación de… las tres Administraciones que conforman Euskal Herria vaya a cambiar de forma sustancial”. O ya, por rizar el rizo, ‘la mitad de la población navarra es ajena… a una concepción política’. Quizás haya que cuestionarse esta forma de encarar la realidad, y pensar que uno de los factores que nos desarman es el liderazgo que ejercen algunas fuerzas al dirigirse a la población navarra (y a la vascongada, ¡coño!); o a la cuestión territorial de fondo; o la naturaleza de la Autonomía que, como se ha visto con motivo de la pandemia, puede volatilizarse en un día por mor de una decisión unilateral hispana, sin derecho a réplica ni a pataleo (y, digámoslo de paso, sin pataleo explícito de ninguna fuerza).


Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2020/04/24)

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/06/01)

03 marzo 2020

ESPAÑA NOS ROBA Y OTROS MOTIVOS

Desde hace tiempo el mundo -y nosotros con él- mira a Cataluña. Con su reivindicación de independencia la sociedad catalana ha puesto contra las cuerdas al Estado español, hasta el punto de hacer tambalear la ‘modélica transición’, el régimen del 78 y los mismos principios del Estado corrupto.

La serie de acontecimientos iniciada con la consulta de Arenys de Munt en 2009 ha ido acompañada de éxitos de movilización y autoorganización de la población, ayudada a menudo por la torpe respuesta del poder hispano. 

Tras los aciertos de Cataluña en la última etapa –el ‘procés’- se ocultan muchos años de trabajo silencioso por la recuperación de la lengua, la cultura, la interpretación de la historia, la puesta en valor de la memoria colectiva. Omnium Cultural ofrece un modelo de intervención eficiente en este campo. El supremacismo lingüístico y cultural español se ha encontrado frente a una sociedad pertrechada con buenas defensas.

El expolio sistemático que supone el déficit fiscal de Cataluña y el maltrato que sufre en todo lo relacionado con infraestructuras, trenes de cercanías, corredor mediterráneo, etc., han sido argumentados por los catalanes de manera eficaz como arma de reivindicación y cohesión social.

Sobre estos motivos se ha ido construyendo una narrativa con capacidad de movilización popular: “España nos roba”; “Somos una nación, autodeterminación”; “Objetivo: independencia”; la rememoración de la fecha y la hora 14:17 de 1714 (entrada de las tropas borbónicas españolas en Barcelona); en resumen, “In, Inde, Independència!!!”,

Todo ello ha ido construyendo un relato de cómo los catalanes se ven a sí mismos, y a qué se enfrentan. En el mismo se expresa un punto de encuentro entre ellos y desde el que pueden proyectar su futuro. Y este modo de contarse a sí mismos y al mundo, se ha convertido en hegemónico. Este relato y esta hegemonía son la nación catalana de hoy.

La hegemonía no se define por los votos que obtienen unos partidos que se autodefinen como independentistas pero que, en gran parte, están integrados en el sistema clientelar español. La hegemonía social se expresa a través de una argumentación, un relato, que es coherente y que consigue una aceptación social generalizada. Es una visión de la realidad que goza de una credibilidad mayoritaria.  

A pesar de los conflictos internos puntuales que, sobre todo en periodos electorales, resurgen con fuerza, quien lleva la iniciativa del relato es el independentismo. No es fácil adivinar la evolución del conflicto ni su resultado, pero hoy se puede asegurar que tiene unas sólidas bases sociales, hegemónicas en el discurso. Siempre es posible dilapidar el capital adquirido en estos años, pero la consolidación de esos argumentos garantiza un largo recorrido.

¿Y nosotros?

Nosotros, nuestra nación, no ha sido desde el punto de vista argumental un modelo de construcción de relato, centrado en la memoria, en nuestra realidad, en la historia en nuestros conflictos. Nuestra narración se construye desde la perspectiva de los estados dominantes: España y Francia. No nos vemos como una nación definida sino como un ente difuso, como siete “territorios históricos”, o tres “Comunidades”, dos españolas y una francesa, llovidos del cielo, que, eso sí, han hablado desde milenios la misma lengua como único rasgo de cohesión.

Según el discurso coloquial, da la sensación de que los vascos nunca hemos tenido un Estado independiente, ni una historia singular. Nuestra memoria no existe. Las conquistas, asimiladas, se pierden en el olvido. Las damos por amortizadas. Las gestas de los marinos vascos, apropiadas por españoles y franceses. Los conflictos del siglo XIX, explicados como la reacción de un pueblo ultrarreligioso y conservador frente al ‘liberalismo’ español y la ‘razón’ francesa.
La memoria de la guerra de 1936 es apenas un apéndice de la IIª República española. Tras la disolución de ETA, el relato ha quedado por completo en manos de los servidores del Estado español, hasta el punto de que las figuras públicas de la izquierda abertzale acuden sumisamente a las conmemoraciones y homenajes de los ’mártires’ oficiales. Los otros, claro.

Se habla de “la nación foral”, pero no hay ni memoria ni conocimiento de qué han sido los Fueros. En su tiempo fuimos “un marco autónomo para la lucha de clases”, sin saber que la lucha de clases siempre ha sido internacional. En general, está muy extendida la especie de que “los vascos no hemos tenido un Estado”. Bueno, que tenemos dos: España y Francia. Pero que lo mejor es no tener ninguno.

Hemos citado el caso catalán. Otras naciones, por supuesto las que han accedido a su independencia, han construido el relato que las constituye como tales. Y ese relato es lingüístico, pero también memorial, histórico, festivo, religioso, institucional, de conflictos y luchas, de perspectiva de futuro. Aquí carecemos de algo parecido. Con la excepción de la referencia a la lengua, que es un dato tan claro y evidente que no hace falta quebrarse mucho la cabeza para admitirlo como elemento constitutivo.

Elementos de identidad (de memoria) como el proceso nacionalizador de nuestra sociedad medieval y moderna realizado por el Estado navarro, son cuestionados y despreciados desde las propias posiciones vascas. No disponemos de un relato dominante que nos cohesione, que sirva para enorgullecernos, constituirnos. Hay dos o tres, y ninguno que responda a las necesidades de esa visión compartida que requiere una sociedad moderna que pretenda ser protagonista en el mundo actual, como sujeto político. Uno es el de la sumisión total y, a falta de otro propio consistente, podemos intuir que sus argumentos son hegemónicos.

Hoy en día la nación vasca no puede hacer seguidismo de las fórmulas catalanas o de otros lugares. No tienen sentido consultas parciales, por ejemplo, si no se sitúan en una acumulación de fuerzas concreta, si previamente no se ha construido y aceptado globalmente el relato que nos constituye como nación. Hemos de pensar las herramientas que necesitamos. Y construirlas desde aquí.

No sirve de nada que se sienten a hablar partidos políticos, u otras organizaciones, para establecer acciones conjuntas y objetivos comunes si antes no se ha planteado una confluencia en el relato. No somos “siete territorios forales”. No somos “dos autonomías españolas” y una “comunidad especial francesa”. Algo tendremos que nos distinga y nos permita reconocernos. Eso es el relato. Y no es un debate para el futuro; sino el soporte del proceso. Es decir, lo básico. Algo imprescindible y necesario.  


Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

25 febrero 2020

LA TIERRA ES PLANA... EN ESPAÑA

Es un viejo debate. O al menos viene de lejos. La élite académica española ha publicado una obra de denuncia contra la manipulación catalana de la historia. “Seudohistoria contra Cataluña”. Ipurbeltz!! Zozoak beleari ipurbeltz.

Se trata de una crítica coral al Institut Nova Història, una iniciativa de la sociedad civil, y en concreto al historiador Jordi Bilbeny que lo encabeza. El País ha recogido el guante de los catedráticos hispanos (lo titulan: La tierra es plana… en Cataluña), lo ha cocinado a fuego lento y lo ha servido al público de masas como plato de escarnio. De propaganda. De paso, ha aprovechado el impulso y ha cargado contra Pujol, la prensa catalana, el ‘procés’, ERC, Carod-Rovira, el sociólogo Salvador Cardús, la escritora fallecida Patricia Gabancho, el periodista Enric Vila y el lucero del alba por si en algo les iluminaba.

El debate, de largo recorrido, no deja indiferente a nadie porque trasluce la sombra de muchos resabios e intereses. La historia de los pueblos siempre arrastra un trasfondo político, de relato nacional, y los Estados (y quienes pretenden serlo) se juegan mucho en ese campo. Claro que unos juegan con tiragomas, y otros con quincalla intergaláctica. De ahí el primer sobresalto, el de descubrir una falange de catedráticos de prestigiosas universidades arremetiendo contra un institut de la calle, privado, una iniciativa de la sociedad civil, como quien dice un cine de barrio. Y El País, con su potencia de fuego, con su arsenal pirotécnico, bombardea por todo lo alto.

La segunda reflexión, en clave irónica, nos lleva a constatar el esfuerzo invertido, seguramente con rigor y seriedad, para desmontar las mitificaciones e inexactitudes del Instituto catalán. Más de un autor, de las propias filas del catalanismo (Vicent Partal lo menciona en Vilaweb. “Bilbeny y los demás”) lo ha comentado hace mucho. Sin rigor histórico el relato no se sostiene. Se desacredita. Pero que sean los historiadores españoles quienes levanten la perdiz tiene su cosa.

Llevan años blanqueando la “historia de España” y tapando los chorretones que se les corren por la fachada. Porque la suya es fachada, de fachas. La leyenda negra de un imperio en el que no se ponía el sol, dice El País, es un invento inglés para descalificar la empresa hispánica de cristianizar el mundo. No hay justicia en hablar de genocidio en la conquista de América, ni del ‘hombre del saco’ (el duque de Alba) en la memoria infantil de Flandes, etc.

“La catalanidad de Colón es una hipótesis que menea el rabo desde hace más de un siglo” (sic). El País argumenta que es ridícula esta idea (lo rechaza científicamente la Seudohistoria…), que Cristóbal Colón fuera catalán. Pero ese rigor exquisito no viene a cuento cuando se sostiene que Elkano era español –y no vasco-; que el emperador Adriano era español –y no romano nacido en la Bética-; que el Cid fue un personaje histórico y no un mito de literatura o leyenda; que Roldán fuera un héroe (con monumentos en abundancia); que los musulmanes vencieran a Carlomagno; o que los reyes godos fueran el origen de la monarquía hispánica.

Vivimos en una atosigante atmósfera de historicismo y nacionalismo banal español, el castellano es la lengua elegida para hablar con Dios, con glorias subrepticias y calles dedicadas a generales franquistas, gobernantes genocidas, reyes despóticos, reinas corruptas… Y estos historiadores se crispan porque alguien discute el pueblo donde nació Colón.

La polémica nos preocupa porque no se limita a Cataluña ni al ‘procés’. También nos salpica. Nos inquieta porque si alguien ha manipulado y utilizado en su favor la historia es España. Las conquistas, expolios, destrucciones de lenguas y culturas en general llevadas a cabo por el imperio español, entre las que se incluye la nuestra, han sido reflejadas por historiadores de todo el mundo, y aquí se niegan. Con absoluta desfachatez. Y nos preocupa que se sostenga “académicamente” que Navarra se incorporó -por propia voluntad- a España. Que en San Marcial lucharon los iruneses (?) contra los franceses. En la guerra de Navarra. Que la regresión del euskera se debe a la desidia de la gente, y no a un supremacismo y una represión que todavía hoy colean (lo vemos a diario en la educación, en la prensa, en la calle).

En resumen, que la polémica y la manipulación de la Historia están ahí; es evidente; pero si hay alguien que sostenga, como dice El País, que la Tierra es plana, seguro que está en la Academia Española.

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/25)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2020/02/25)

NAIZ /2020/02/28)




22 febrero 2020

ENTREVISTA EN NOTICIAS DE NAVARRA

Sobre la nueva edición de la Síntesis de la historia de Navarra promocionada por Diario de Noticias de Navarra (2020/02/22)

-Este libro nace con la intención de recuperar nuestra memoria histórica para construir una identidad fundamentada en lo que somos realmente. ¿De qué manera lo hace?

-La identidad, tanto de una persona como de un grupo, se constituye sobre la memoria. Sin memoria histórica una sociedad no tiene existencia propia, no es un sujeto social ni, menos aún, político. La memoria histórica está vinculada a la historia, pero se expresa de forma distinta. La memoria transmitida a muchos navarros, entre los que me encuentro, incluye la existencia de un reino independiente y que fue conquistado por Castilla.

Como dice Walter Benjamin en sus reflexiones sobre la historia, la memoria de los vencidos constituye el germen de la reparación y de la justicia. La memoria de los vencidos es un elemento revolucionario de primer orden. La memoria tiene mucho de movimiento social.

La memoria debe estar refrendada por la realidad histórica y, por ello, provoca y condiciona las investigaciones de los historiadores profesionales. Memoria e historia se realimentan entre sí. De modo que si una memoria está perdida o es débil puede ser sustituida con facilidad por otra inducida por los vencedores, con el objetivo de asimilar a los vencidos. Si esta segunda fase se culmina con éxito, Benjamin habla de una "doble derrota" de los vencidos donde nos encontramos en una situación difícilmente reversible.

-¿Por qué son necesarias estas lecturas que reescriben la historia de Navarra? Es decir, ¿por qué hemos tenido hasta la fecha una falsa o, mejor dicho, errónea visión sobre nuestra historia?

- Lo que ha sucedido es que en el caso de Navarra, como en el de todas las conquistas, la historia la escriben los vencedores y es la que ha prevalecido en los textos, tanto académicos como docentes. En ellos se muestra con frecuencia a Navarra como un reino medieval arcaico, con conflictos internos insalvables, inviable en la modernidad al que tuvo que llegar un reino, Castilla, con Fernando de Aragón -el Falsario- a la cabeza e incorporarlo 'pacíficamente' en su organización política moderna. Así se cumplía, además, el "destino histórico" de los pueblos ibéricos unidos bajo Castilla con el nombre de España.  

La historia como ciencia tiene un método de investigación y unas reglas que se deben cumplir para considerarla como tal, pero no es inocente. La elección del marco espacial y temporal para narrar una historia la condiciona tanto como los hechos que describe. La importancia del sujeto es capital. Y la mayor parte de las historias de Navarra la presentan como "una parte de España". No como un sujeto con personalidad propia. Creo que la historia narrada desde una u otra perspectiva cambia fundamentalmente, aunque cuente los mismos hechos. Uno de los errores de método más comunes en la narración histórica es el "finalismo". Es lo que, por ejemplo, muchos historiadores llaman el destino histórico de la unidad de España. Esto sucede con facilidad si el sujeto del que se narra la historia es la sociedad que conforma actualmente el Estado español. Lo que llaman nación española. 

Ambas cuestiones, la elección del sujeto y el hecho de tener un historia escrita por los vencedores, distorsionan nuestra realidad histórica. Sé perfectamente que la elección del sujeto navarro no es inocente; es una opción elegida desde el presente, pero sobre todo con perspectiva de futuro. Que nadie piense que los que prefieren el sujeto español están por encima de la política, lo que sucede es que en este caso su ideología se inscribe en lo que Michael Billig ha denominado como "nacionalismo banal". Su perspectiva es finalista y persigue como objetivo político mantener la sumisión de Navarra dentro del Estado español. Además olvidan esa parte de Navarra, Ultrapuertos, que se sigue denominando Navarra y que no es española. 

El texto está basado en hechos extraídos de trabajos de historiadores profesionales y los he procurado tratar con el mayor rigor. Mi aportación tiene como aspectos originales la elección del sujeto y el hecho de ser una obra sencilla de leer, de aquí el título de "Síntesis". 

-En esta publicación se sitúa al Reino de Navarra como eje de la construcción del pueblo vasco y, en cambio, este territorio siempre ha sido obviado. ¿Por qué?

- El pueblo vasco data de antiguo, como su lengua y su ordenamiento social basado en el uso y costumbre y en la prevalencia de los valores de la comunidad, lo que se ha denominado como 'Derecho Pirenaico'. Aparece en los textos de los historiadores romanos, las fuentes árabes también lo señalan, se enfrenta a francos y visigodos que pretenden dominarlo. Este pueblo se organiza en la tardoantigüedad y en la alta Edad Media como Ducado de Vasconia, pero su estructura política más perdurable y consistente comenzó tras el enfrentamiento con el imperio franco y las sucesivas victorias sobre el mismo de Orreaga. El pueblo vasco siguió con su lengua y su ordenamiento social, los preservó y desarrolló en el reino de Pamplona, consolidado a comienzos del siglo IX.

En el XII se produjeron cambios sustanciales en su organización política y con Sancho VI, el Sabio, comenzó a denominarse como reino de Navarra.
El reino, tanto siendo de Pamplona como de Navarra, hizo lo que hacen siempre los estados, de algún modo nacionalizó su sociedad. En la Alta Edad Media, según Koldo Mitxelena y estudiosos actuales como Koldo Zuazo, se establece una primera unificación del euskara en torno a la capital del reino, Iruñea-Pamplona y se concreta el sistema jurídico basado en el Derecho Pirenaico.

No es cierto que "este territorio" haya sido obviado. La mayor parte de investigadores, estudiosos e historiadores consideran lo navarro como central en hecho vasco, lo que ha sucedido recientemente es una separación entre ambos conceptos.

-El libro recoge uno de los acontecimientos más destacados, como fue la ocupación de 1512, pero también otra conquista de la cual apenas se ha hablado: la de 1200. ¿Qué pasó en este año?

- Así como de la conquista y ocupación de 1512-1529 quedan bastantes elementos de memoria de transmisión oral (familiar, de amigos, de sociedad en general) y hay más textos escritos, existe otra conquista en la que la historia como ciencia ha venido en auxilio de la memoria. Es la conquista de 1200. Hacia mediados del siglo XII la Rioja y la parte de la Bizkaia actual controlada por los señores de Haro se pasó a Castilla, que les ofrecía un control feudal del territorio más laxo que el de Navarra. En esta linea. en 1199 Castilla inició una ofensiva contra el reino navarro, sitió Vitoria-Gasteiz que se rindió ante Alfonso VIII de Castilla en 1200, conquistó el Duranguesado y, en general, todo el frente marítimo de Navarra, dejando al reino sin salida al mar de Bizkaia. A partir de estas ocupaciones y conquistas se inició, desde Castilla, el proceso de institucionalización de lo que luego serían las Provincias Vascongadas.

Como consecuencia, se generó una dicotomía entre la designación política -navarro-, que seguía siendo utilizada por los vascos de la Navarra independiente y la lingüístico-étnica en la que los habitantes de los territorios conquistados no se llamaban castellanos, ya que hablaban euskara, pero no no podían seguir siendo navarros y quedaron como simplemente vascos. Es la misma distinción que puede existir entre magiares y húngaros o entre lusos y portugueses. Entre etnia o lengua y organización política 

No ha sido fácil lograr la consideración como hecho histórico consolidado que en 1200 hubo una conquista de Castilla sobre parte de Navarra, pero, una vez conseguido, es un hecho que está construyendo memoria. Era evidente la necesidad de generar un "relato" común a todos los vascos ("una nación es un relato") y la constatación de estos episodios como conquista ha contribuido a ello de modo importante.

Así se conformó la primera diferenciación entre vascos y navarros.      

-¿Cuál considera que es la principal característica del Reino de Navarra que no debemos olvidar?

- En primer lugar la realidad de que los vascos constituimos un Estado independiente en el conjunto europeo. Es un hecho que ha sido negado, o cuando menos minusvalorado, con asiduidad, incluso desde sectores que se reclaman como nacionalistas vascos. Lo afirma también, por ejemplo,el famoso libro de Marc Kurlansky "The Basque History of the World" ("La historia vasca del mundo") Quienes niegan la estatalidad histórica de los vascos a través de Navarra contribuyen a la minoración de nuestro pueblo y al menosprecio de su autoestima.

En segundo lugar hay que destacar toda su institucionalización y adaptación a tiempos cambiantes basada en el Derecho Pirenaico. 

Son de gran importancia también las aportaciones a la modernidad a través de la Navarra de Ultrapuertos, independiente hasta 1620, como foco de las distintas reformas religiosas de su época y su aportación al pensamiento europeo en general. La corte de Margarita de Navarra, esposa del rey Enrique II, el Sangüesino,,que inspiró al Shakespeare de "Love's Labour's Lost", al afirmar "Navarre shall be the wonder of the world" es, tal vez, su muestra más importante. 

También lo es el desarrollo literario de la lengua vasca, cuyo principal exponente es la traducción del Nuevo Testamento al euskara de Joanes de Leizarraga, por encargo de la reina Juana II de Albret, en 1571. Hecho que incorpora nuestra lengua a las lenguas literarias europeas como había sido el alemán por Martin Lutero en 1534, la "King James Bible" en 1611 para el inglés o la de Kralice al checo hacia 1613.   

-Este libro ya se publicó en 2010. ¿Es una casualidad que haya sido reeditado justo ahora, en un momento en el que la derecha, y sus discursos correspondientes, ha ganado terreno político?

- Evidentemente en la conmemoración del 500 aniversario de la conquista en 2012 se consiguió una victoria importante en la hegemonía del relato en favor de una conquista y ocupación violentas, sufridas por la población navarra de la época. Los cuentos de unión "aeque principaliter" de Navarra a Castilla o de su "incorporación voluntaria" en la monarquía castellana para superar su atraso y sus guerras endémicas, quedaron con las vergüenzas al aire merced a estudios y trabajos como los de P. Monteano, P. Esarte, A. Pescador etc.

Es evidente que los sectores hegemónicos durante siglos no se han rendido con facilidad y cada vez que tienen oportunidad intentan abrir de nuevo vías a su discurso de incorporación voluntaria aunque algo más suave y matizado que el antiguo, No hay que bajar la guardia pues disfrutan de todos los medios que les otorga tener un Estado a su favor: en el sistema educativo y en los medios de comunicación y propaganda sobre todo. No es un problema exclusivo de la "derecha", es un asunto de Estado. Por eso es oportuno insistir en una visión autocentrada de nuestra historia.

En este contexto se constituye la parte más militante que promueve con ahínco la diferenciación entre vascos y navarros. Es una ofensiva que se concreta en la propaganda con la que estos sectores mantenidos por el Estado español intentan manipular con el miedo. Su eslogan es "que vienen los vascos" y quieren aniquilar la personalidad navarra. ¡Como si esta personalidad no hubiera estado en riesgo permanente desde las conquistas y ocupaciones castellanas citadas y en todos los conflictos con España de los siglos XIX y XX!. 

En este contexto se plantea como un asunto grave el modo como se presentan estos temas en el sistema educativo en lengua vasca. Se trata de textos, traducidos del español normalmente, en los que no se expresa con claridad una posición propia, generada desde el sujeto navarro. Y sobre los que pesa como una losa el control, inquisitorial, con el que son revisados por las autoridades oficiales.   

-¿Hay algún aspecto del pasado que, con este libro, podamos aprender y que nos sirva para los tiempos actuales? Más allá de saber bien nuestra historia, nuestro pasado. 

Sin la asunción de la identidad propia es imposible generar un proyecto de futuro autónomo. La identidad se soporta sobre la memoria y la memoria debe pasar por el tamiz crítico de la historia. No puede haber nación sin un relato propio y compartido por sus habitantes. Y la nación, más que la "tierra y los muertos"  de Maurice Barrès, es un proyecto de futuro. 

Evidentemente una tradición tan rica y abierta como la generada por nuestro Derecho Pirenaico, por el Fuero como constitución de Navarra, nos puede cargar de autoestima e inspiración, no para copiar sino para construir un Estado independiente y distinto al servicio de una nación cívica como corresponde a la modernidad. 

En este contexto hay que evitar el juicio de fenómenos actuales con criterios historicistas, como sería el simplificador "como fuimos independientes tenemos derecho a serlo hoy". Eso supone un cortocircuito demasiado fuerte. Tiene que haber varias mediaciones antes de llegar desde tal premisa a esta conclusión. El haber sido un Estado independiente propició la nacionalización de su sociedad y la creación de una conciencia política común. El hecho de haber sido injusta y violentamente conquistados es un punto importante de cara a cualquier reclamación internacional en la actualidad. Pero si en el presente no existe una conciencia nacional que lo exija y reivindique con suficiente fuerza social, todo eso se convierte en papel mojado 

-Por otro lado, ¿el libro esclarece algún hecho concreto del que no tuviéramos conocimiento con anterioridad?

- Todos los hechos que se narran eran conocidos ya que fueron investigados y expuestos por historiadores profesionales. La originalidad del trabajo radica, como ya he dicho antes, en la presentación del sujeto histórico como sujeto político, el Estado navarro. En el libro se hace hincapié en los momentos en los que el "reino" (el "pueblo" como dice Mikel Sorauren) toma decisiones trascendentes. Es el caso de la redacción del Fuero General, a partir de 1234, ante la llegada de la dinastía de Champaña, desconocedora por completo de la tradición jurídico-política pactista de Navarra y de la prevalencia "del uso y la costumbre" y "del común". Sucede cosa semejante tras la unión con la corona francesa al final de esta dinastía, cien años más tarde, cuando los asuntos de Navarra se decidían en París. En ese momento, los navarros deciden separarse, por cuestiones políticas, de Francia y utilizan como pretexto que en esta monarquía rige la ley Sálica por la que no podían reinar las mujeres y en 1328 designan como reina a Juana de Evreux, hija del último rey común con Francia: Luis Hutin.     

-¿Haría una 'Síntesis de la historia de Navarra' reciente? ¿Cómo la calificaría en la actualidad?

- Sería un trabajo bastante complejo. Habría que empezar por desbrozar nuestro siglo XIX y superar todos los complejos introducidos por la historiografía española. Sería necesario revisar toda la interpretación del carlismo, el origen del nacionalismo de Arana Goiri, los procesos de reconfiguración nacional en el siglo XIX europeo empezando por las unificaciones italiana y alemana, el paneslavismo etc., los conflictos nacionales surgidos en Europa tras la Primera Guerra Mundial (1914-18) y contextualizar nuestra realidad de modo bastante más amplio que el que ofrece la visión hispanocéntrica. 

Nos quedamos con demasiada simplicidad en un carlismo retrógrado y como un movimiento fuera de su tiempo, sin estudiar la complejidad de dicho fenómeno, de nuestra sociedad y las de su entorno. Y esto entra de lleno también en la guerra de 1936-39 y en el franquismo, tanto en vida del General como del posterior.

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/22)