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27 febrero 2012

PARADIGMA FORAL Y BIZKAITARRA



Leído el artículo de Juan Karlos Pérez ('El fuero de Vizcaya', Deia) es necesario convenir que lo que afirma es cierto y que responde a lo que ha sido la realidad histórica del Señorío de Vizcaya, por lo menos desde el siglo XV hasta nuestros días. A una conclusión diferente se llegaría si consideráramos al conjunto de la nación vasca y un periodo de tiempo más amplio. El trabajo constituye un modelo de lo que es el paradigma foral o el bizkaitarra a la hora de enfocar nuestra historia, nuestra situación en el mundo y nuestras perspectivas futuro.


La historia de los vascos comienza mucho antes de que Vizcaya acceda al estatus de “sujeto político”, siempre relativo por su subordinación a la monarquía de Castilla. El mismo autor lo reconoce al hablar, por una parte, de su dependencia de la Chancillería de Valladolid en los aspectos judiciales y, por otra y muy significativa, en su explicación a la razón por la que los fueros tenían que estar escritos “en castellano”, para que el señor de Vizcaya –rey de Castilla- los pudiera entender. En ambos casos se manifiesta con claridad el diferente rango político de Castilla, Estado soberano, y Vizcaya, como entidad aneja y supeditada al mismo.

La euforia del foralismo bizkaitarra expresada por Juan Karlos Pérez descubre las limitaciones de su planteamiento y se ubica en una territorialidad y nacionalidad hispana, no en una realidad nacional y estatal del conjunto vasco. Las “realidades jurídico políticas” de las que habla Juan Karlos Pérez, por el contrario, asientan sus orígenes en el primitivo Derecho Pirenaico, hecho recogido por el propio José Antonio de Aguirre en su carta de 1946 a Ceferino de Jemein, en la que trata con profundidad estos asuntos y reconoce el origen pirenaico de la organización política vasca, centrada primero en el reino de Pamplona y en el de Navarra posteriormente.

El Fuero Antiguo y el Fuero General de Navarra expresan una filosofía política semejante a la del de Vizcaya, sólo que con algo más de dos siglos de anticipación. Y, además, constituían el soporte de un Estado europeo independiente, soberano, y que fue la máxima expresión política que los vascos construyeron a lo largo de su historia.

Desde una perspectiva nacional, pienso que no se puede despachar la guerra de banderizos con la consideración de un simple conflicto interno, en un “intento de unos de sobreponerse sobre otros”. Además de que el fenómeno, que se produjo en el conjunto de lo que entonces eran Vascongadas (Vizcaya junto con Alava y Guipúzcoa), tuvo una relación directa tanto con los conflictos del siglo XII, cuando, como indica Aguirre en el texto de su carta a Jemein, se produjo la traición a Navarra de los Haro y los Guevara y su paso al servicio de Castilla, como con la conquista, en 1200, de Alava, el Duranguesado y las tres tenencias navarras que posteriormente constituirían Guipúzcoa.

Otra forma en que se expresa el “paradigma foral” en este artículo y su olvido del hecho nacional vasco, y su consiguiente incardinación hispana, se produce por partida doble. Por un lado, menciona las libertades de Castilla y la guerra de las Comunidades, pero no hace referencia alguna a hechos contemporáneos, tan trascendentales para Vasconia, como la conquista y ocupación de Navarra por España, ni del decisivo papel que jugó la derrota de los comuneros en Villalar en la de los navarros en Noain en junio de 1521. En efecto la derrota de los comuneros supuso la posibilidad para Castilla de disponer de todos sus efectivos militares contra Navarra. Por otra parte, cuando habla de “Castilla y Levante”. En una perspectiva europea global se conoce como “Levante” a las tierras del Oriente Medio. Cuando Juan Karlos Pérez habla de “Levante” parece que se quiere referir a un país con nombre y apellidos, el País Valenciano, al que los españoles han arrebatado nombre y personalidad, para convertirlo en una denominación geográfica relativa a su “centro”, Madrid.

La ideología que subyace al artículo es de sometimiento, el punto de vista del colonizado que se vanagloria de su dependencia y subordinación. Aunque no aparezca con claridad, el texto es un híbrido entre el foralismo decimonónico de los carlistas y el bizkaitarrismo de Arana Goiri y expresa con claridad las limitaciones de ambos modos de ver la realidad vasca. Es una ideología que acepta y celebra su dependencia y subordinación.

Termina el artículo con una pregunta retórica cuya mejor respuesta es otra, directamente política y que afecta de pleno a la realidad actual vasca: ¿Por qué no plantear directa y rotundamente la exigencia de un Estado propio?

18 diciembre 2011

PARADIGMA NAVARRO



Un tema recurrente en diversos medios de comunicación españoles es aquel que dice que el País Vasco y Catalunya no han tenido jamás un Estado propio, con lo cual su historia no podría ser considerada una historia nacional dado que se trataría de una parte de la historia de España. Los españoles, claro está, sí que tendrían un pasado nacional. Los vascos y los catalanes, en cambio, no. Ello se explicaría mediante las conclusiones a las que ha llegado el ámbito científico español, después de múltiples estudios, según las cuales el origen de España se encontraría en el Big Bang. Es cierto que la Conferencia Episcopal Española mantiene un punto de discrepancia en esta cuestión, ya que considera la creación del mundo obra de Dios y no la consecuencia de una explosión cosmológica, con lo cual, según ella, España no sería el fruto de una expansión del universo, sino de una voluntad divina. Pero se trata sólo de un matiz intrascendente, ya que, más allá de la duda eclesiástica de si el nacimiento de España se produjo en el primero o en el sexto día de la Creación, es decir, si fue con la creación de la Tierra o con la creación de los humanos, tanto la Conferencia Episcopal Española como la ciencia coinciden en que la antigüedad sería la misma.

Me temo, por todo ello, que el libro “Paradigmanafarra/El paradigma navarro”, de Luis Mª. Martínez Garate, publicado estos días por Nabarralde, será recibido como una herejía en los ambientes científicos y eclesiásticos españoles, ya que tiene la osadía de afirmar con pruebas documentales no sólo que los vascos no son españoles sino que tuvieron su Estado hasta que fue ocupado por España y Francia. Y además lo hace de manera diáfana, ilustrativa y amena con el fin de aumentar la autoestima vasca, de dotarla de argumentos irrebatibles y, en definitiva, de fortalecer su conciencia nacional. En tan sólo 115 páginas, que en realidad son la mitad puesto que está en dos idiomas, euskera y español, Martínez Garate desmonta un montón de tópicos sobre la pretendida españolidad de los vascos a través de diversos ámbitos entre los cuales hallamos la historia, la memoria, la identidad, la nación, el territorio, la lengua y la emancipación.

En este fragmento, el autor nos habla del Estado de los vascos: “Navarra es el eje de la realidad vasca, su centralidad política. Por eso es tan importante la memoria de los hechos que acompañaron y sustentaron la conquista y la dominación, de los intentos de asimilación y de todos los acontecimientos de los siglos XIX, XX y XXI. Navarra es el único Estado histórico del pueblo vasco, con todos los atributos y trascendencia que el término conlleva. (…) Sin la existencia de un Estado navarro independiente y los restos de su soberanía tras las conquistas –el llamado sistema foral–, el euskera habría pasado casi con seguridad a engrosar la lista de lenguas muertas”.

En el apartado dedicado a la identidad, Martínez Garate habla de la importancia de mantener viva la conciencia nacional para no sucumbir a las estrategias del dominador: “Si una sociedad dominada no plantea su propia memoria histórica, de hechos y de lugares, ese espacio será automática e inmediatamente ocupado por los de la sociedad correspondiente a la estructura política dominante. Así lo experimentamos los vascos en la cotidianeidad más vulgar. A través del imaginario con el que se ha representado peyorativamente a nuestra sociedad, el vasco aparece bruto, aunque noble; un poco tonto, pero despierto para algunas labores; tal vez alguno, “versolari” y, sobre todo, fundamentalmente aldeano. Españoles y franceses, en cambio, se muestran reyes, generales, presidentes, científicos, literatos, músicos y pintores. Todo un ejemplo de intoxicación “no identitaria”. (…) Dicho de otro modo: si no somos capaces de tener un punto de vista propio, nuestra centralidad, geográfica o territorial sí, pero sobre todo histórica y social, adoptaremos indefectiblemente la de quienes a lo largo del proceso histórico conquistaron y ocuparon nuestro país, le arrebataron su soberanía y minoraron y persiguieron su lengua, cultura e instituciones políticas propias”.

Finalmente, “Paradigma nafarra/El paradigma navarro” aborda el lavado de cerebro a que ha sido sometido el pueblo vasco: “El problema no somos nosotros para España y Francia. Ellos son nuestro problema real, ellos constituyen el problema que nos impide un desarrollo “normal” a cualquier nivel: lingüístico, cultural, económico, social, etc. (…) Los términos que utilizamos cotidianamente indican nuestro pensamiento de fondo. La colonización a la que estamos sometidos alcanza niveles insospechados. (…) La triste realidad es que el actual sistema político español está creado precisamente contra Navarra y contra Catalunya. Respetando su “democracia”, en su letra y en su trasfondo, nunca conseguiremos, ni unos ni otros, nuestra realización nacional plena. Siempre seremos elementos dispersos y subordinados a su voluntad “general”.

El libro, como vemos, aborda diferentes aspectos de la realidad vasca y constituye una inyección de firmeza y asertividad como escudo de protección contra el pensamiento oficial, que es aquel que transmiten los grandes altavoces mediáticos españoles cuya raíz, pese a su apariencia democrática, es tristemente totalitaria. Hay una solución, sin embargo, y se encuentra en la comprensión de esta frase del libro: “La existencia objetiva de un pueblo no es garantía de su supervivencia. Es necesario además que ejerza poder, que tenga voluntad de ser y que lo manifieste explícitamente”.


Berria, 2011/12/18

EL PARADIGMA NACIONAL



Paradigma nafarraUn tema recurrent en diversos mitjans de comunicació espanyols és aquell que diu que Catalunya i el País Basc no han tingut mai un Estat propi, per la qual cosa la seva història no podria ser considerada una història nacional, atès que es tractaria d'una part de la història d'Espanya. Els espanyols, és clar, sí que en tindrien, de passat nacional. Els bascos i els catalanes, en canvi, no. Això s'explicaria gràcies a les conclusions a què ha arribat l'àmbit científic espanyol, després de múltiples investigacions, segons les quals l'origen d'Espanya es trobaria en el Big Bang. És cert que la Conferència Episcopal Espanyola manté un punt de discrepància en aquesta qüestió, ja que considera la creació del món obra de Déu i no pas la conseqüència d'una explosió cosmològica, raó per la qual, segons ella, Espanya no seria el fruit d'una expansió de l'univers, sinó d'una voluntat divina. Però es tracta només d'un matís intranscendent, ja que, més enllà del dubte eclesiàstic de si el naixement d'Espanya es va produir en el primer o en el sisè dia de la Creació, és a dir, si va ser amb la creació de la Terra o amb la creació dels humans, tant la Conferència Episcopal Espanyola com la ciència coincideixen en què l'antiguitat seria la mateixa.
Davant d'això, em temo que el llibre Paradigma nafarra / El paradigma navarro, de Luis M. Martínez Garate, publicat aquests dies, serà rebut com una heretgia en els ambients científics i eclesiàstics espanyols, ja que té la gosadia d'afirmar amb proves documentals no sols que els bascos no són espanyols sinó que van tenir el seu Estat fins que va ser ocupat per Espanya i per França. I a més ho fa de manera diàfana, il·lustrativa i amena a fi d'augmentar l'autoestima basca, de dotar-la d'arguments irrebatibles i, en definitiva, d'enfortir la seva consciència nacional. En només 115 pàgines, que en realitat són la meitat, perquè està en dues llengües, èuscar i espanyol, Martínez Garate esmicola un munt de tòpics sobre la pretesa espanyolitat dels bascos en diversos camps, com ara la historia, la memòria, la identitat, la nació, el territori, la llengua i l'emancipació.

En aquest fragment, l'autor ens parla de l'Estat dels bascos:
  •  "Navarra es l'eix de la realitat basca, la seva centralitat política. Per això és tan important la memòria dels fets que acompanyaren i sostingueren la conquesta i la dominació, dels intents d'assimilació i de tots els esdeveniments dels segles XIX, XX i XXI. Navarra es l'únic Estat històric del poble basc, amb tots els atributs i transcendència que el terme implica. (...) Sense l'existència d'un Estat navarrès independent i les restes de la seva sobirania després de les conquestes -l'anomenat sistema foral-, és gairebé segur que l'èuscar hauria passat a engruixir la llista de llengües mortes."
En l'apartat dedicat a la identitat, Martínez Garate parla de la importància de mantenir viva la consciència nacional per no sucumbir a les estratègies del dominador:
  • "Si una societat dominada no planteja la seva pròpia memòria històrica, de fets i de llocs, aquell espai serà immediatament ocupat pels de la societat corresponent a l'estructura política dominant. Així ho experimentem els bascos en la quotidianitat més vulgar. A través de l'imaginari amb què s'ha representat pejorativament la nostra societat, el basc apareix rude, tot i que noble; un xic babau, però despert per a algunes tasques; potser algun sigui "versolari", i, fonamentalment provincià. Espanyols i francesos, en canvi, es mostren reis, generals, presidents, científics, literats, músics i pintors. Tot un exemple d'intoxicació "no identitària". (...) En altres paraules: si no som capaços de tenir un punt de vista propi, la nostra centralitat, geogràfica o territorial sí, però sobretot històrica i social, adoptarem indefectiblement la dels qui al llarg del procés històric van conquerir i ocupar el nostre país, li arrabassaren llur sobirania i minoraren i perseguiren llur llengua, cultura i institucions polítiques pròpies."
Finalment, Paradigma nafarra / El paradigma navarro aborda la rentada de cervell que ha patit el poble basc:
  • "El problema no som nosaltres per a Espanya i França. Ells són el nostre problema real, ells constitueixen el problema que ens impedeix un desenvolupament "normal" a qualsevol nivell: lingüístic, cultural, econòmic, social, etc. (...) Els termes que emprem quotidianament indiquen el nostre pensament de fons. La colonització a què estem sotmesos assoleix nivells insospitats. (...) La trista realitat és que l'actual sistema polític espanyol està creat precisament contra Navarra i contra Catalunya. Respectant la seva 'democràcia', en la seva lletra i en el seu rerefons, mai no aconseguirem, ni els uns ni els altres, la nostra realització nacional plena. Sempre serem elements dispersos i subordinats a la seva voluntat 'general'."
El llibre, com veiem, aborda diferents aspectes de la realitat basca i constitueix una injecció de fermesa i d'assertivitat com a escut de protecció contra el pensament oficial, que és aquell que transmeten els grans altaveus mediàtics espanyols l'arrel dels quals, malgrat la seva aparença democràtica, és tristament totalitària. Hi ha una solució, tanmateix, i es troba en la comprensió d'aquesta frase del llibre: "L'existència objectiva d'un poble no és garantia de la seva supervivència. Cal, a més, que exerceixi poder, que tingui voluntat de ser i que ho manifesti explícitament".

Víctor Alexandre

Twitter: @valex_cat

e-noticies 2011/12/18

PARADIGMA NAFARRA


Komunikabide espainol batzuetan, behin eta berriz aipatu ohi dute Euskal Herriak eta Kataluniak sekula estatu propiorik izan ez dutelakoa; hortaz, haien historia ez litzateke nazio historiatzat hartu beharko, Espainiako historiaren parte bat izango bailitzateke. Espainolek bai, jakina, izango lukete iragan nazional bat. Euskaldunek eta katalanek, aldiz, ez. Hori, berriz, eremu zientifiko espainolak azkenaldian atera duen ondorio batek azalduko luke, ikerlan asko egin eta gero ondorioztatu baitu Big Bang-ean bertan dagoela Espainiaren jatorria. Egia da Espainiako Apezpikuen Biltzarra ez datorrela guztiz bat kontu horretan, Jainkoaren lantzat baitauka munduaren sorrera, eta ez leherketa kosmologiko baten ondoriotzat; hortaz, haren ustez, Espainia ez litzateke izango unibertsoaren hedapen baten emaitza, baizik eta Jainkoaren nahiarena. Baina hori ñabardura garrantzigabe bat besterik ez da; izan ere, zalantza eklesiastikoaz harago —Espainiaren jaiotza Sorrerako lehen edo seigarren egunari ote dagokion, alegia, Lurraren sorrerarekin edo gizakien sorrerarekin bat datorren—, Espainiako Apezpiku Biltzarra eta zientzia bat datoz berbera izango litzatekeela antzinatasuna.

Horregatik guztiagatik, beldur naiz Luis M. Martinez Garateren Paradigma nafarra liburua, Nabarraldek egunotan argitaratua, ez ote duten heresiatzat hartuko Espainiako alor zientifiko eta eklesiastikoetan; hainbat dokumentu froga gisa baliatuta, egileak ausardiaz baieztatzen baitu, batetik, euskaldunak ez direla espainolak, eta, bestetik, beren estatua izan zutela Espainiak eta Frantziak okupatu zuten arte. Eta, gainera, modu argi, adierazgarri eta atseginean azaldu du, euskaldunen autoestimua areagotzeko, ezin gezurtatuzko argudioak emateko eta, azken batean, haien nazio kontzientzia sendotzeko. Guztira 115 orrialde besterik ez du —egiaz, erdia, hizkuntza bitan baitago: euskaraz eta gaztelaniaz—, eta, horietan, Martinez Garatek desegin egiten du euskaldunei egotziriko nahitako espainoltasunaren inguruko topiko mordoa, hainbat alorretakoak: hala nola historia, memoria, identitatea, nazioa, lurraldea, hizkuntza eta emantzipazioa.

Honako zati honetan, euskaldunen estatuaz mintzo zaigu egilea: «Nafarroa da euskal errealitatearen ardatza, erdigune politikoa. Horregatik da hain garrantzitsua memoria: besteak beste, konkistak eta menderakuntzak ekarritako eta euskarri izandako egintzena, asimilazio ahaleginena eta XIX., XX. eta XXI. mendeetako gertakari guztiena. Nafarroa da euskal herriaren Estatu historiko bakarra, horrek berekin dakartzan ezaugarriekin eta garrantziarekin. […] Estatu nafar independenterik izan ez balitz eta konkisten ondoren haren subiranotasunak hondarrik utzi ez balu —foru sistema deritzona—, hizkuntza hilen artean beste bat izango litzateke euskara, ia ziur».

Identitateari buruzko atalean, Martinez Garatek hizpidera dakar nazio kontzientziari bizirik iraunaraztearen garrantzia, menderatzailearen estrategiei ez amore emateko. «Gizarte menderatu batek ez badu proposatzen bere egintza eta tokien memoria historiko propiorik, haien tokia hartuko dute, modu automatikoan eta berehala, egitura politiko garaileari dagokion gizartearen egintza eta tokiak. Hala bizi izan dugu euskaldunok eguneroko bizimodurik arruntenean. Gure gizartea iruditeria gaitzesgarri baten bidez agertu izan dute: basa baina noble agertu izan dute euskalduna; tonto samarra baina bizkorra zenbait zereginetarako; agian, bat edo beste, bertsolari; eta, batik bat, zeharo abarkadun. Espainolak eta frantsesak, ordea, errege, jeneral, presidente, zientzialari, literato, musikari eta pintore agertu izan dituzte. Intoxikazio «ez-identitarioaren» erakusgarri ederra. […] Bestela esanda: ez baldin bagara gai ikuspegi propio bat izateko, gure zentraltasun bat izateko —geografiari edo lurraldeari dagokiena, bai, baina batik bat historiari eta gizarteari dagokiena—, ezinbestean geuretzat hartuko dugu prozesu historiko osoan gure lurraldea konkistatu eta okupatu zutenen zentraltasuna, subiranotasuna ebatsi zigutenen, eta hizkuntza, kultura eta erakunde propioak gutxitu zizkigutenen eta haiei jazarri zitzaizkienen zentraltasuna». Azkenik, euskal herriari burua jan diotela du hizpide Paradigma nafarra-k: «Gu ez gara arazo Espainiarentzat eta Frantziarentzat. Haiek dira benetako arazo guretzat, haiek ditugu arazo, eta haiek eragozten digute garapen normal bat izatea edozein mailatan: hizkuntzan, kulturan, ekonomian, gizartean, eta abarretan. […] Egunero darabiltzagun hitzak ditugu barreneko pentsamoldearen adierazgarri. Ezin susmatuzkoa da zein mailatarainoko kolonizaziora behartzen gaituzten. […] Egia tristea da, hain zuzen, Nafarroaren eta Kataluniaren kontra sortutakoa dela gaur egungo sistema politiko espainola. Haien demokrazia errespetatuta, hitzetan eta muinean, sekula ez dugu erabat lortuko, ez haiek eta ez guk, gure nazioa burutan ateratzerik. Betiere osagai sakabanatuak izango gara, haien nahi orokorraren mendekoak».

Liburuak, bada, euskal errealitatearen hainbat alderdi ditu hizpide, eta sendotasun eta asertibotasun injekzio halako bat da, pentsamendu ofizialaren kontrako babes ezkutu bat, huraxe transmititzen baitute bozgorailu mediatiko espainolek, itxuraz demokratikoak izanagatik sustrai totalitarioa baitute zoritxarrez. Bada konponbide bat, ordea, eta liburuko esaldi hau ulertzean datza: «Herri baten existentzia objektiboak ez du bermatzen haren iraupena. Horrez gainera, beharrezkoa du boterea erabiltzea, izateko nahia edukitzea eta hori berariaz adieraztea».




IDAZLE ETA KAZETARIA


(Erredakzioan itzulia)

BERRIA 2011/12/18

17 noviembre 2011

EL PARADIGMA NAVARRO





Las naciones “normales”, con Estado propio, cuando escriben su historia toman como marco el territorio y población de su propio Estado. Naciones, como la nuestra, sometidas a estados extraños, no pueden tomar como referencia la historia escrita por los vencedores y dominantes. Deben hacerlo desde su propia centralidad y tomar como referencia el conjunto de su patrimonio (memoria, lengua, cultura social y política, territorio histórico, paisaje, elementos arquitectónicos, música etc.)

La forma de explicar el proceso histórico de Euskal Herria se ha realizado mediante tres modelos o paradigmas:

1.- El modelo foral, con origen en la fase inmediatamente posterior a la pérdida de independencia del reino de Navarra en los siglos XVI y XVII; su origen es atribuible a historiadores como Garibay, Ohienart y Moret, principalmente. Presenta la realidad vasca como un “pacto” con la monarquía (española o francesa) y fue parte fundamental del imaginario carlista en el siglo XIX.

2.-, El bizkaitarra, con origen en la etapa en la que el principio nacional se ha extendido por Europa a lo largo del siglo XIX; su paternidad data de la visión de los hermanos Luis y Sabino Arana Goiri. Sigue aceptando la existencia de un “pacto originario”, aunque considera irrenunciable el derecho de la nación vasca a su independencia.

3.- Ante la limitación de los anteriores modelos y su escasa capacidad de integrar con armonía, humana y territorialmente, al conjunto vasco, a finales del siglo XX se plantea el paradigma navarro. Son fundamentales las obras de Sorauren, Olaizola y Urzainqui.

El paradigma navarro considera que Navarra fue el Estado de los vascos, su máxima construcción política, en la que gozaron de soberanía en pie de igualdad con otros estados europeos. Presenta la posterior institucionalización foral tras las diversas fases de ocupación militar, no como pactos libres sino como una especie de estatus de equilibrio entre la derrota militar y la conquista y el mantenimiento de sus propias instituciones basadas en el Derecho Pirenaico.

El paradigma navarro permite explicar y comprender mejor que cualquier otro modelo hasta la fecha el proceso histórico nacional de los vascos y su situación en los comienzos del siglo XXI, ya que:


·      Incorpora la globalidad humana y territorial del país
·     No se circunscribe a las limitaciones impuestas por los sistemas políticos y administrativos de la dominación
·      No acepta ninguna autolimitación humana ni territorial de la propia sociedad
·     Plantea unas perspectivas de futuro, realistas e integradoras, a las demandas de libertad y democracia, concretadas en el principio irrenunciable a la “libre disposición”
·     Presenta nuestra reivindicación en el plano internacional, no como un simple asunto interno de los estados español y francés


Referencia bibliográfica

"Paradigma nafarra" / "El paradigma navarro". Luis María Martínez Garate
Pamplona-Iruñea 2011. Nabarralde



23 mayo 2010

HISTORIA DE UN DESCONOCIMIENTO

Comunicación presentada al Congreso Euskal Herria-Países Catalanes, celebrado en Gasteiz del 10 al 12 de mayo de 2010.

1.- INTRODUCCIÓN

Recientemente se publicó un libro, suficientemente conocido en los ámbitos intelectuales de los Países Catalanes aunque, por desgracia, ignorado en el País Vasco, consistente en una larga entrevista a Joan F. Mira realizada por Pere Antoni Pons (2009).

Conviene indicar que Joan Francesc Mira (1984 y 2008, por ejemplo) es un referente intelectual de primer orden, no sólo del País Valenciano, sino de todo el ámbito de los Países Catalanes, por sus reflexiones sobre temas tan actuales como el hecho nacional, la identidad y otros muchos, tanto a nivel nacional como internacional.

Como consecuencia de su lectura extraje la idea del enorme desconocimiento que existe en los Países Catalanes sobre la realidad histórica y política del País Vasco. Como consecuencia escribí un artículo publicado por diversos medios digitales de los Países Catalanes, Página 26 , por ejemplo:

La Comunicación que presento a este Congreso responde, precisamente, a la necesidad de subsanar la ignorancia mutua, obviamente desde la perspectiva vasca.


2.- RELACIONES CULTURALES Y POLÍTICAS EN EL SIGLO XIX

La relación histórica fundamental de Vasconia siempre ha sido con la Cataluña estricta y muy escasa o nula con el País Valenciano u otros territorios de los Países Catalanes. En esta relación se pueden distinguir dos fases principales: la anterior al surgimiento del nacionalismo moderno con Arana Goiri y la posterior al mismo.

Todavía, justo en la fase anterior a Arana Goiri, las relaciones de Vasconia con el mundo catalán se establecen entre personalidades de la Asociación Eúskara de Navarra, como Campión y Olóriz..

Poco después (1888) Campión y Olóriz iban a mantener cordial relación y grande influencia en el catalanismo. El propio Prat de la Riba, figura cumbre, inspiró sus primeros escritos en la Cartilla foral de Navarra (1894), de Olóriz. (Etayo Zalduendo, 2004: 319)

Sobre la relaciones entre la Asociación éuskara de Navarra, los ya citados Campión y Olóriza además de Iturralde y Suit y Olave, con Cataluña y principalmente con personalidades como Pí y Margall y Víctor Balaguer, en primer lugar, y Mañé y Flaquer y Valentí Almirall un poco más tarde. Es de destacar la especial relación del éuskaro Serafín Olave con Pí y Margall, ambos unidos por su republicanismo federal. (Sánchez-Prieto / Nieva Zardoya, 2004: 147-181)

El fundador de la Asociación euskara de Navarra, Iturralde y Suit, pasó el final de su vida en Barcelona, donde falleció en 1909.

La familia Arana Goiri se trasladó en 1893 a Barcelona. Allí, sobre todo Luis Arana, hermano de Sabino y más que probable ideólogo inicial del movimiento nacional vasco moderno, tuvo su formación política y cultural.

A partir del momento en que surge el bizkaitarrismo (Juramento de Larrazabal en 1893) protagonizado por ambos hermanos y germen del posterior Partido Nacionalista Vasco, desde los Países Catalanes se percibe lo vasco principal, y casi exclusivamente, a través de Euzkadi primero y Euskadi en la etapa posterior a la muerte del general Franco y se acepta sin crítica la identificación de País Vasco con Euskadi y las tres históricas Provincias Vascongadas. Comúnmente, y hasta la etapa actual, se asume Navarra como una realidad diferente de “lo vasco”.


3.- NECESIDAD DE RECTIFICAR LA PERSPECTIVA

La perspectiva antes indicada responde hoy en día, sobre todo, al proyecto global del nacionalismo español y es aceptada como “normal” desde los Países Catalanes. En el presente trabajo intento desmontar esta construcción ideológica, creada a su medida y según sus intereses.

3.1.- Tres modelos para concebir Vasconia y explicar su proceso histórico.

La autopercepción de los vascos ha evolucionado históricamente siguiendo básicamente tres modelos o paradigmas: La interpretación de la realidad de Vasconia, tras la conquista de la parte sur del reino, la Alta Navarra, por Castilla a comienzos del siglo XVI se ha realizado en las edades moderna y contemporánea, fundamentalmente desde tres planteamientos diferentes que, aun siendo consecutivos cronológicamente, siguen coexistiendo, con mayor o menor fuerza, en el imaginario colectivo de nuestro pueblo. Estos tres planteamientos o modelos se pueden resumir en: el paradigma “foral”, el “bizkaitarra” y el “navarro”.

3.1.1.- Paradigma foral

Es el que presenta, por una parte, las primitivas relaciones entre el reino de Castilla y las Provincias como “pactadas” y, por otra, con el Reino tras la conquista, como una “incorporación aequae principal”, es decir de igual a igual, también “pactada”. Desde la perspectiva de las Provincias Vascongadas, un importante representante, ya en el siglo XVI, de esta visión es el historiador de la monarquía de los Austrias (Cronista oficial de Felipe II de España) Esteban de Garibay. También lo es Manuel Larramendi S.J., en el XVIII, así como parte del pensamiento de la tradición carlista en los siglos XIX y XX.

3.1.2.- Paradigma bizkaitarra

Es el que surge tras la derrota de la defensa del sistema foral vasco en las guerras carlistas. Arana Goiri, consciente de los movimientos nacionales en la Europa de su época, no rechaza el modelo foral, pero lo supera incorporándolo en una visión nacional. Arana, desde una perspectiva bizkaitarra y con una insuficiente reflexión sobre la realidad navarra da, no obstante, un paso de gigante. Afirma que los vascos no somos españoles ni franceses, que somos sencillamente vascos, que constituimos una nación y que tenemos derecho a nuestra independencia, a nuestro Estado propio.

3.1.3.- Paradigma navarro

Xaho, durante la primera guerra carlista, percibió o intuyó, como pone de manifiesto en su libro “Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos” (1865), la centralidad de Navarra en Vasconia. Posteriormente este enfoque se nutrió de los estudios y trabajos realizados por las personas que formaron la “Asociación Eúskara de Navarra” (1878-1886), como Arturo Campión, Juan Iturralde y Suit, Hermilio de Oloriz, Serafín Olave Estanislao Aranzadi y otros (Jimeno Jurío, 2007).

Anacleto de Ortueta, ya en el siglo XX, con su obra “Nabarra y la unidad política vasca” (1931), y su afirmación rotunda de la centralidad política de Navarra para el conjunto vasco; Federico Krutwig con su “Vasconia” (1962), quien con la mirada puesta en la “Gran Vasconia” constató su plena coincidencia con la máxima extensión del reino navarro y Pierre Narbaitz con “Navarra, o cuando los vascos tenían reyes” (1978) son aportaciones básicas. En la época más reciente ha sido fundamental “La Navarra marítima” (Urzainqui / Olaizola, 1998). Posteriormente Iñaki Sagredo, con los cuatro volúmenes de su trabajo sobre los “Castillos que defendieron un Reino” (2006-2009), obra en la que se superponen de forma precisa los datos arqueológicos sobre los castillos, la toponimia vasca y la territorialidad política del reino de Pamplona-Navarra.

Hasta el primer tercio del siglo XX, fue la parte de Navarra que conservaba su referencia nominal al Estado independiente de los vascos, quien llevó la voz cantante en las reivindicaciones políticas de la Vasconia ibérica (D’Oihénart, 1656) frente al Estado español. En la época de los intentos de consolidación de su Estado unitario, la “intelligentsia” hispana pronto se percató de la trascendencia política de la realidad y alcance internacional de Navarra y, tras los episodios bélicos del siglo XIX y la famosa Gamazada (1894) de su final, decidió la necesidad de neutralizar sus veleidades emancipadoras. Para ello utilizó infinidad de medios: legales, paralegales e ilegales, pero todos ellos ilegítimos. Hasta llegar a la política actual de Upn a la que, de inmediato, se sometió el PsoE. En todos ellos, la “razón de Estado”, español, obviamente, se impuso con claridad.

Todo lo citado en el párrafo anterior se desarrollaba, a comienzos del siglo XX, sobre una sociedad con graves carencias y limitaciones, consecuencia del esfuerzo bélico del siglo anterior. Las guerras y conflictos con su secuela de muertes, exilios, emigraciones masivas, conflictividad social, empobrecimiento general y delincuencia, provocaron un proceso profundo de postración y decadencia. En resumen, actuaban sobre un grupo humano desestructurado y, en gran medida, inerme.

Esta estrategia del Estado español se aprovechó también, sobre todo en la etapa conocida como “Transición” tras la muerte del General Franco, de los favores que sus “enemigos” les ofrecían en bandeja. Como ejemplo fundamental en este sentido tenemos la famosa disposición Transitoria Cuarta de la Constitución española de 1978. El planteamiento de “incorporación de ‘Navarra’ a ‘Euskadi’” no se podía haber hecho de forma más torpe, suponiendo que lo hubieran redactado quienes pretendían la reunificación e independencia de Vasconia. La simple pretensión de “incorporar” la parte simbólica, política, territorial, histórica y, durante mucho tiempo, demográficamente más importante del conjunto vasconavarro, el “reino”, al resto del país, hasta ese momento denominado en su parte ibérica (D’Oihénart, 1656) como “las Provincias”, resultaba un planteamiento, cuando menos, poco oportuno y con nulas posibilidades de prosperar en el territorio sudpirenáico denominado como Alta Navarra. Todo ello, además, bajo un nombre rechazado, Euzkadi, casi desde su invención por Arana Goiri (Campión, 1907).

Cuando Arana Goiri se vio en la necesidad de asignar una denominación política al país de los vascos, inventó la palabra Euzkadi sin percibir, posiblemente, que la organización política de mayor rango que había creado nuestro pueblo era un Estado que funcionó en igualdad de condiciones que el resto de estados europeos, con plena soberanía, durante muchos siglos y que su nombre ya estaba inventado: era Navarra. Cuando Sabino Arana creó banderas y símbolos para que el país se sintiera identificado y motivado como nación, principalmente la bicrucífera o ikurriña, ignoró todos los símbolos que, también durante siglos, habían representado a su Estado: el reino, primero de Pamplona y posteriormente de Navarra. Navarra ha sido la única organización política independiente y soberana de Vasconia, ha sido realmente el Estado de los vascos. Euskal Herria es la denominación del país, como pueblo, en relación con su lengua y cultura, pero su nombre político ha sido Navarra.

3.2.- Cuatro conclusiones provisionales

Opino que Navarra es un paradigma capaz de explicar y permitir una comprensión adecuada de muchos hechos que son realidades operativamente eficaces en la actualidad. Sin duda, pienso que el reino de Navarra, en su condición de único estado de pleno derecho a nivel internacional creado por los vascos, fue la organización social y política que permitió la supervivencia de nuestro país en condiciones aceptables, a pesar de los episodios de conquista, desmembración y violencia generalizada sufridos.

A modo de hipótesis, creo poder afirmar que la subsistencia secular de Navarra como Estado independiente propició o, cuando menos, facilitó:

a) La pervivencia del Sistema foral vasco tal y como se presentaba a finales del siglo XVIII. Sin la consolidación política del reino durante tan larga etapa histórica y la plasmación del sistema jurídico propio en leyes del más alto rango, seguramente no habría existido, o aparecería de forma muy distinta y empobrecida.

b) El mantenimiento de una sociedad vasca viva y con un fuerte sentido de pertenencia, prevaleciendo sobre las fronteras impuestas, tras las conquistas, por las monarquías española y francesa primero, y los estados español y francés más tarde; sociedad y pueblo reconocidos en cualquier instancia internacional, tanto científica como cultural, social o política.

c) La continuidad hasta nuestros días del vascuence como lengua viva. Sin el apoyo otorgado por las más altas instituciones del reino soberano durante el siglo XVI, mediante la traducción por ejemplo, del Nuevo Testamento por Lizarraga o Leiçarraga (1571), nuestra lengua difícilmente hubiera superado el tránsito a la modernidad como lengua de cultura. No se puede olvidar tampoco la pervivencia del Sistema foral vascongado como soporte social y político de la continuidad de la lengua vasca hasta nuestra época.

d) El planteamiento político nacional de Arana Goiri, por lo menos con la radicalidad que lo hizo. Creo, asimismo, que se puede afirmar con claridad que sin la pervivencia secular del reino de Navarra, Arana Goiri, su pensamiento claro está, no habría existido. Y, también, que es altamente probable que sin Arana Goiri tampoco se hubiera perfilado y concretado el paradigma navarro en su versión actual. El resultado es consecuencia de un bucle de realimentación positivo.

En cualquier caso de trata de cuatro hipótesis que podrán ser probadas, en parte o en su conjunto, o, en el mismo sentido, invalidadas o refutadas (Popper, 1994). El estudio de procesos políticos paralelos en otras zonas de Europa me lleva a intuir su corrección básica en general, sobre todo de las más controvertidas como pueden ser las referentes a la pervivencia del sistema foral y a la vitalidad de la lengua vasca. En este sentido son muy interesantes los planteamientos de Zuazo (2008) sobre la coincidencia en el tiempo de los procesos de desmembración del reino de Navarra con el surgimiento, o una mayor diferenciación de formas preexistentes, a lo largo de la Edad Media de los actuales dialectos vascos. De hecho, parece bastante probable poder concluir que una situación de unidad política, con organización propia independiente, como lo fue el reino de Navarra en este caso, se asocia a unificación o, cuando menos a no dispersión, lingüística.


4- LA MEMORIA Y EL PRESENTE

Las conquistas y ocupaciones no prescriben, por lo menos mientras las sociedades dominadas sigan considerando injustos y no sometidos a derecho tales actos. Por eso es importante saber que los vascos sí hemos tenido un Estado independiente. De este modo, al recordarlo, nuestra autoestima, nuestra dignidad, como sociedad se ve reforzada y la estrategia necesaria para el logro de la propia emancipación se podrá constituir más fácilmente. Incluso puede ser una base objetiva para su reclamación en instancias jurídicas internacionales.

La insumisión, la rebeldía, el apego a la equidad, la valoración del trabajo y de la palabra dada, el apoyo a las causas justas de cualquier rincón del mundo y muchas otras, son características incluidas en nuestra cultura social y política. Estas señas no se adquieren por “ciencia infusa” en un momento puntual del devenir histórico. Proceden del acervo de generaciones con una organización social y política asentada y equilibrada para su época, aun con las lógicas tensiones internas y externas propias de cualquier grupo humano. Organización sometida, más tarde, a profundos, convulsos y largos conflictos bélicos productos de la ocupación y resistencia consecuente.

A pesar de todo, la sociedad vasca del siglo XXI, sin Estado propio, sigue presentando unas características, fácilmente percibidas desde el exterior, que la diferencian de sus vecinas España y Francia. Para lograr la emancipación no basta con las características que objetivamente nos diferencian de nuestros vecinos. Es necesario, sobre todo, desmontar el edificio ideológico en el que se basa, desde la conquista, la justificación de su dominio.

Los conquistadores aplicaron con precisión el famoso “manual del ocupante”, que aunque no se halle escrito en ningún sitio con tal nombre, sí existe en la práctica. Consiste fundamentalmente en controlar la sociedad ocupada, sustituir lengua y cultura propias, provocar la amnesia colectiva y construir una nueva versión de los hechos violentos de modo que aparezcan como “uniones voluntarias”, “pacificaciones”, “progreso económico”, etc., realizadas mediante “pactos” y “acuerdos”. Como consecuencia de todo ello se inicia un proceso de asimilación e integración en la estructura de las sociedades dominantes. Muchos pueblos han sucumbido en esta fase. No obstante, cuando el sistema impuesto contraría las formas de ser, de hablar y de actuar de los propios del país, se produce rechazo y, ante actos violentos de asimilación y si se tiene capacidad suficiente, se responde con violencia de nivel estratégico, como es el caso de las guerras del siglo XIX, conocidas como Carlistas.

Los esfuerzos españoles por anular la conciencia de la sociedad dominada, su memoria, en el territorio que hoy conserva el nombre de Navarra han sido y son violentos y pertinaces. Un caso concreto y muy grave para nuestro pueblo, lo constituye la trivialización del contenido real del concepto “Navarra”. Para los autodenominados como navarros, hasta no hace demasiado tiempo, tenía un inequívoco valor político. Su contenido realzaba la realidad de un Estado independiente que fue conquistado, ocupado y sometido, aunque la propaganda española, con el vergonzante asentimiento de algunas elites colaboracionistas con los dominadores, lo reconvertía en “unión aeque principal” o en “pacto entre iguales”. Se trata de la misma monserga que justificaba el estatus foral de las Provincias Vascongadas, ocultando la realidad de su conquista y desgajamiento del reino. Del mismo modo se ha ignorado también el origen navarro, el reino de Pamplona, de La Rioja, ocupada por Castilla en una etapa anterior, en siglo XII.

La forzada transición de “reino a provincia” fue en un principio muy mal aceptada por lo que quedaba nominalmente del Estado navarro en el XIX (Rodríguez Garraza, 1968). En menos de un siglo su asimilación había sido muy fuerte. Sólo así se puede explicar la participación de importantes sectores, que habían sido resistentes a la misma en dicha época (principalmente el carlismo), en la rebelión militar-fascista de 1936. Cierto es que su sociedad sufrió en el XIX gravísimas pérdidas demográficas y llegó al XX con un relativo retraso, dentro del contexto europeo, en los procesos de industrialización, a pesar de sus evidentes avances en la modernización del mundo agrícola. La propaganda española achacaba estos desfases a su “obsoleto régimen foral”, cuando ellos, su sistema político, eran los auténticos responsables de tal situación.

No obstante, el conjunto de agravios a los que históricamente se había visto sometida la sociedad navarra permanecía de algún modo como “memoria” en nuestra colectividad y era, precisamente, un factor de cohesión y de fuerza política. No era solamente historia escrita sino, sobre todo, memoria de agravios pasados, con capacidad de intervención en la actividad política y social del presente.

La realidad es, aunque parezca una contradicción, que lo que hoy se denomina como Navarra no es realmente Navarra. Es una reducción (forzada), una desfiguración de la Navarra real. Tan lejana queda de Navarra, como visión política de Vasconia, la actual CFN, como la denominada, también en la jerga política española, CAV. En ambos casos se están aceptando las denominaciones impuestas por el ocupante. En este sentido es importante consultar la obra de Sorauren “Historia de Navarra, el Estado vasco” (1998).

Hay autores que contraponen el concepto de “Historia”, como concepto científico y estable, con el de “Memoria”, como cuestión interna y generadora de actividad y fuerza liberadora. Para esta visión, la “Historia” consiste en el proceso de acceso al conocimiento de los hechos que constituyeron las sociedades que nos precedieron. Muchos autores han criticado su pretensión de “objetividad” y una de las objeciones más importantes, y válidas para su logro, es que cada cual busca e investiga en la Historia según los intereses del presente con objeto de justificar su realidad actual. Tal actitud sesga ya definitivamente su pretensión de objetividad. La Historia oficial española busca siempre una pretendida convergencia hacia la unidad de las diversas “regiones” que hoy, según ellos, son España, aunque en épocas anteriores hayan constituido estados independientes. Nosotros buscamos, lógicamente ya que lo consideramos real, todos los testimonios que documenten nuestra independencia pasada y narren los procesos de conquista, ocupación y sometimiento que sufrimos.

El concepto de “Memoria” es básico. La memoria de los dominados, de los vencidos, no aparece en la “Historia” y si aparece es como parte fagocitada, recuperada, por la Historia de los vencedores. Nuestra “Memoria” de agravios y sometimientos es larga. Hay memorias permanentes como la de la conquista de 1512, pero que por desgracia no están operativas en la mente de todos los navarros con la fuerza crítica necesaria. El olvido, por parte de los vencidos, de la memoria de su derrota, de los elementos que la soportan, sean narraciones, historias o leyendas o bien sean lugares de recuerdo o geografías de memoria, supone una segunda derrota, tal vez definitiva, de la sociedad que sufrió la primera desde el punto de vista militar y político.


5.- EL ESTADO NAVARRO: PRESENTE Y FUTURO

Considero que lo que anteriormente he denominado como “Paradigma navarro” constituye el modelo que permite explicar más profundamente y con mayor rigor la trayectoria histórica de nuestro pueblo en su conjunto, por lo menos desde la constitución del reino en el siglo IX hasta los conflictos de los siglos XIX y XX. Pero opino, además, que el “Paradigma navarro” tiene mucho que aportar a la comprensión de la realidad actual del conjunto de Vasconia y a su proyecto de futuro, como Estado independiente.

El rapidísimo sesgo, la deriva, que está tomando la actual situación política del Estado español no hace sino confirmar la imperiosa necesidad del alejamiento de la misma por nuestra parte. Quienes llevamos muchos años manifestando la imposibilidad de una estructura democrática basada en el unitarismo del actual Estado español, en la consideración de que la soberanía popular reside en lo que los españoles consideran que es su “nación”, incluyendo forzosamente en ella a catalanes, gallegos y navarros, no podemos seguir manteniendo la actual farsa con la que se manifiesta su régimen político en el concierto internacional. Ellos la quieren validar como “democrática”, cuando es en realidad totalitaria.

La Constitución española de 1978 es una manifestación formal del contenido profundo de la realidad política que conforma la “constitución real” del Estado español. Los detalles, como su renombrado artículo 8º en el que se coloca a las fuerzas armadas como garantes de la unidad de la patria (española), por muy fuertes que parezcan, son un simple reflejo de la estructura política y social básica del régimen y de su origen.

Tras la “transición” española vinieron varias oleadas de independencias nacionales, en Europa sobre todo, con la reorganización política que supuso la caída del muro de Berlín y el derrumbe de los sistemas políticos del Este europeo, conocidos hasta ese momento como regímenes comunistas. Montenegro, en 2006, fue la penúltima en lograr su independencia. La siguiente, Kosovo en 2007. ¿Cuál será la próxima? ¿Escocia? ¿Los Países Catalanes? ¿Navarra, para cuándo?

La memoria histórica de haber sido conquistados se mantiene en la sociedad de la actual Alta Navarra (conocida vulgarmente como CFN), mientras que es muy escasa en la denominada como Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV). Pero la propaganda oficial del Estado español aprovechó, todo hay que decirlo, algunos graves errores políticos que en la ya citada “transición” protagonizaron los diversos partidos autodenominados nacionalistas vascos, que pretendían “incorporar” o “absorber”, a “Navarra” en la CAV. De ahí se ha seguido, en parte ya que tiene antecedentes tan remotos como la conquista de 1200, la falsa tesis que contrapone “Navarra” con “País Vasco” o a “vascos” con “navarros”. Y bien sabemos que una mentira repetida con insistencia acaba pasando por verdad. Sobre todo si se controlan los medios de comunicación y el sistema educativo.

Sectores importantes de la actual sociedad de la Alta Navarra mantienen una cierta conciencia política diferenciada con relación a la del resto del Estado español en cuanto a su lengua originaria, cultura y modos de vida propios en general, a pesar de la disolución que ha sufrido por la fortísima presión de los ya citados y sucesivos sistemas educativos y de los medios de propaganda, añadido todo ello a la represión política del propio régimen. La sociedad vascongada, en cambio, la que presenta una mayor penetración “nacionalista vasca”, mantiene un nivel relativamente alto de conciencia en los aspectos lingüístico-culturales, pero un desolador desconocimiento de su realidad histórica. Aunque, por desgracia, tampoco se puede decir que la actual sociedad de la CFN tenga un gran conocimiento de su propia historia.

Los españoles siempre han considerado Navarra como una cuestión de Estado, desde su conquista principal en 1512 hasta hoy. El desarrollo de la Primera Guerra Carlista en el territorio de la Alta Navarra supuso un enorme desgaste demográfico y económico. Tras la misma quedó una sociedad inerme, diezmada por la guerra y el exilio. La frontera del territorio en que se hablaba euskera retrocedió rápidamente, en beneficio del castellano por supuesto, en más de 40 Km. en pocos años (Angel Irigaray, 1974). El proceso aculturizador provocado por las autoridades españolas fue efectivo desde el punto de vista lingüístico. No tanto desde la perspectiva política propia, memoria en el sentido antes indicado, que ha seguido considerando la realidad de la existencia de un reino independiente y conquistado como algo arrebatado o, cuando menos perdido, pero siempre deseable de recuperar.

La actual política del Estado español sobre Navarra se analiza normalmente con una perspectiva coyuntural o cortoplacista, en función de los estrechos intereses partidarios. Esto da, en ocasiones, mucho juego y permite a nuestra imaginación construir grandes e ideales edificios. La triste realidad es que el actual sistema político español está creado precisamente contra Navarra y contra la nación catalana. Respetando su “democracia”, en su letra y en su trasfondo, nunca conseguiremos, ni unos ni otros, nuestra realización nacional plena. Siempre seremos elementos dispersos y subordinados, minoritarios en suma, a su voluntad “general”. Es necesario aportar por nuestra parte un importante plus social y político que fuerce el cambio de unas reglas de juego que, desde su interior y con los medios que ellas mismas permiten, aparecen como inamovibles.

La existencia objetiva de un pueblo no garantiza su supervivencia. Es necesario además, como afirma Ariznabarreta (2007), que ejerza poder, que tenga voluntad de ser y que lo manifieste explícitamente en su actividad cotidiana, social y política. Ese es el principal atributo, también objetivo, que caracteriza a un pueblo.

La necesidad real de lograr un Estado propio para ser y actuar en el mundo actual con nombres y apellidos propios, para mejor garantizar la buena supervivencia de nuestra sociedad y su patrimonio (lingüístico, cultural, social, económico etc.), para poder expresar nuestra solidaridad efectiva con otros “desposeídos de la tierra”, unida a las referencias históricas que configuran nuestra cultura política obtienen una respuesta coherente y positiva, precisamente, mediante el “paradigma navarro”. Nuestro “estado” en Europa y en el mundo, pienso que deberá ser precisamente el Estado navarro.


6.- EPÍLOGO: NAVARRA Y EL PAIS VALENCIANO

En muchas ocasiones, sobre todo desde los Países Catalanes, se plantea una posible semejanza entre la situación presente en el País Valenciano y la de lo que actualmente, según la actual organización política y administrativa del Estado español, se denomina como Comunidad Foral de Navarra (CFN).

Es indudable el paralelismo en la línea política de asimilación que sigue el Estado español, considerándola como “cuestión de Estado”, en ambos territorios. Tanto desde el punto de vista de política lingüística como de menosprecio de su propio patrimonio histórico y cultural. Es obvio el intento, en ambos casos, de provocar la división de las respectivas naciones, vasca y catalana, y azuzar las divisiones internas.

Hasta ahí las afinidades pueden funcionar, pero no hay mucho más. Las diferencias históricas y de conciencia producen realidades bastante lejanas entre sí. Evidentemente puedo hablar con más conocimiento de causa sobre la situación navarra que sobre la valenciana.

Navarra es el eje simbólico, histórico y político de Euskal Herria, mientras que el País Valenciano se construye como un apéndice del Principado de Cataluña en el siglo XIII, institucionalizado por Jaume I como reino, y que, poco a poco va logrando un desarrollo social, cultural y político cada vez más fuerte y con más personalidad, llegando Valencia, en algunos momentos, a eclipsar a Barcelona.

Pienso que los Países Catalanes, por lo menos el Principado de Cataluña, el País Valenciano y “Les Illes” se pueden concebir perfectamente como una federación de entidades políticas de rango semejante. En el caso navarro, las entidades que tras las sucesivas conquistas conforman lo que se puede conocer hoy como Euskal Herria, proceden, precisamente de la desagregación del Estado navarro, y son producto de conquistas y ocupaciones seculares, como se puede comprobar en la cronología histórica adjunta a esta Comunicación (Irujo, 1950).


7.- RESUMEN

Navarra constituye un modelo de lo que es un Estado conquistado, ocupado y dominado, con las correspondientes consecuencias sobre su sociedad nacional. Los modos de acción de los poderes castellanos, que enseguida se convirtieron en españoles, para derrotar la resistencia y asimilar su población tras la conquista en 1512-1524, son modélicos y predecesores de otras ocupaciones posteriores, en Canarias y América. En este sentido son fundamentales las obras de Huici Goñi (1993) y las de Esarte Muniain (2001 y 2007). Sobre la evolución de la lengua vasca son muy importantes los trabajos de Irigaray (1974) y Jimeno Jurio (1997 y 1998, sobre todo).

Por otra parte, la historia y la realidad política de Navarra pueden constituir el paradigma de un país, conocido desde tiempos remotos como Vasconia y que tras la derrota y asimilación de su Estado independiente, se ha llamado también, en textos clásicos de su literatura (por ejemplo: Pérez Lazarraga, 1564-67, Lizarraga o Leiçarraga, 1571 o Axular, 1643), como Euskal Herria.

El resumen del planteamiento que presento en esta Comunicación consiste en considerar Euskal Herria como el nombre lingüístico, étnico o cultural que se otorgan los vascos a sí mismos; mientras que el nombre de su Estado histórico es el de Navarra. Lo que sencillamente equivale a decir que los vascos son navarros desde el punto de vista político, como los lusos son portugueses.


8.- ANEXO

BREVE CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DE NAVARRA (Irujo, 1950)

824
Eneko Aritza, rey de Pamplona o, cuando menos, jefe militar. Durante la dinastías Aritza y Jimena se completa la territorialidad del reino y su dominio sobre los territorios vascones, con excepción de los acupados por los musulmanes, Banu Qasi, parientes de los primeros. Su plenitud tiene lugar con Sancho Garcés III “el Mayor”.

1035
Batalla de Atapuerca. Comienza la gran presión de Castilla y derrota y muerte del rey García Sánchez III “el de Nájera”. El reino pierde los territorios de Oña y Bureba.

1076
Muere asesinado el rey Sancho Garcés IV en Peñalén tras conspiración palaciega. Castilla y Aragón invaden el territorio navarro y lo ocupan durante 30 años. El rey de Aragón se convierte en rey de Pamplona.

1106
Alfonso I “el Batallador” recupera Vascongadas y el Estado propio.

1127
Pacto de Tamara en el que las mugas del reino vuelven a la situación de 1016.

1134
Al morir Alfonso I “el Batallador” Castilla ocupa La Rioja, hasta hoy. Durante este siglo las guerras continúan sin fin y las mugas sufren continuos cambios.

1177
Laudo arbitral de Londres entre Navarra y Castilla. Malmasin pasa a poder castellano

1200
La parte occidental de Navarra cae en poder de Castilla hasta nuestros días.

1460-63
Castilla ocupa la Sonsierra (La Guardia, San Vicente de la Sonsierra etc.) hasta hoy.

1512
El territorio que sigue llamándose Navarra es ocupado militarmente por Castilla.

1512-1524
Tras varios intentos de recuperación del reino, en 1521 su ejército es derrotado en Noain. La Alta Navarra queda en poder de Castilla hasta hoy. En la Baja Navarra y Bearne se mantiene el ejercicio soberano del poder por los reyes de Navarra.

1589
Enrique III de Navarra comienza a reinar en Francia como Enrique IV.

1620
Su hijo, Luis XIII de Francia, mediante el “Decreto de la Unión” provoca la unificación de los reinos de Navarra y Francia. Ocupación militar de Baja Navarra y Bearne.


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Xaho, Joseph Augustin. “Voyage en Navarre pendant l’insurrection des basques (1830-1835). Baiona-Bayonne 1865. Reimpresión facsímil en Marsella 1979. Laffitte Reprints. Hay varias ediciones en español, por ejemplo: Donostia 1976 por Txertoa. En Iruñea-Pamplona 2003 en Biblioteca Básica Navarra. Editado por el Diario de Navarra. Otra en 2006 por el diario Gara, ediciones Astero, en la colección Erroa.

Zuazo, Koldo. Ver Haria 21. Iruñea 2008.

15 abril 2010

BERRIAREN AGENDAN

BERRIA (2010/04/15)

Koldo Martinez Garate.Nabarralderen sortzailea

'El paradigma nabarro' hitzaldia emango du gaur, Donostian, ingeniari iruindarrak. Foruen eta Sabino Aranaren ereduen ordez, 'bide nafarra' proposatzen du Euskal Herrirako estatua lortzeko.

«Katalunian independentziari buruz eginiko herri galdeketen bidea ez da egokia hemen»

Edu Lartzanguren.

Koldo Martinez Garate (Iruñea, 1949) telekomunikazio ingeniaria da. Nafarroaren inguruan gogoeta egiteko, Iturralde elkartea sortu zuen, beste batzuekin batera, eta, horretan ateratako ondorioak gizarteratzeko, Nabarralde elkartea. El paradigma nabarro hitzaldia emango du gaur, 19:00etan, Tomasene kultur etxean (Altza, Donostia).

Paradigma forala, bizkaitarra eta nafarra planteatzen dituzu, eta azkenaren alde egiten duzu.

Paradigma hitzak eredua esan nahi du, eta asko erabiltzen da beste zientzietan. Nola interpretatu izan dugu gure herrialdea? Paradigma forala Nafarroa XVI. mendean konkistatzen amaitu zutenean ezarri zuten: euskal lurraldeek hitzartu egin zuten independentzia galtzea eta Gaztelan sartzea. Espainiarrek, ordea, argi ikusi zuten ez zegoela itunik. Haiek irabazi egin zuten, eta foruak garaipenaren ondorengo egoera justifikatzeko.

Sabino Aranak ere huts egin zuela uste duzu?

Foru paradigma hondoratu zenean, Aranak esan zuen gure eskubideak ez zetozela soilik foruak izan genituelako, baizik eta nazioa garelako. Modernitatearekin bat egin zuen, nazio afera modan zegoelako orduan Europan. Halere, hutsune handiak zituen ikuspegi historikoan, ezjakintasunarengatik edo. Horregatik ez zuen haren nazionalismoak arrakastarik izan Nafarroan.

Zeintzuk dira Aranaren hutsune horiek?

Pentsatu zuen euskal lurraldeak independenteak izan zirela baina bakoitza bere aldetik, Frantzian eta Espainian sarrarazi aurretik. Independente izan ziren, bai, baina Nafarroaren bidez. Ez zuen behar bezala baloratu estatu independentea izan genuela mende askotan. Euskal Herria subjektu politikoa izan da Historian, Nafarroako Erresumaren bidez. Euskaldunok antolaturiko egitura politikoa, nazioartean mende askotan burujabe izan dena, Nafarroa da. Espainiarrek eta frantsesek ahaleginak eta bi egin dituzte beti hori ezkutatzeko. Horretarako, barne zatiketak eragin dizkigute, geografikoak eta politikoak, besteak beste.

Egotzi izan dizuete historiaren interpretazio hori ad hoc eraiki duzuela independentzia justifikatzeko.

Iragana interpretatzeko modu hori da guretzat zuzena, eta, gainera, horrek emango digu aukera etorkizunean berriz estatua izateko. Nafarroako Estatua izan zelako heldu da Euskal Herria gaurdaino. Horregatik dugu beste herri bat izatearen kontzientzia, hizkuntza, kultura politiko eta sozial propioa. Eta garrantzitsuena: horregatik sentitzen dugu estatua sortu behar dugula etorkizunera begira. Izan ginelako gaude hemen gaur, eta izaten jarraitzeko gogoa dugu, izan ziren beste asko ez baitira dagoeneko.

Eskozian eta Katalunian bide horretan doaz, baina hemen badirudi espainiazaleen aroa dela hau.

Gauza asko konpondu behar ditugu barruan. Alderdien mundua lur jota dago: ez badago katarsi handi bat, ez dut uste alderdiak halako mugimendu bat gidatzeko gauza izango direnik. Gizarte zibilak egin beharko du. Kataluniako herri galdeketen bidea ez dut egokia ikusten gurerako, halere, lurralde zatiketa handegia dugulako. ETAren jarduera amaitzea beharrezkoa litzateke, porrotera kondenatuta dagoelako aurrez aurreko militarra, horretarako itxaron behar ez badugu ere.

Kristalezko bola atera dezagun: noizko sortuko da berriz Nafarroako Estatua?

Polita izango litzateke konkistaren 500. urteurrenerako izatea, baina hori bi urte barru da. Agian data horretarako bidean izango gara.

10 noviembre 2008

ENTREVISTA EN KAZETA NABARRALDE

Luis Mª Mtz Garate es un escritor insólito, al que hay que conocer de cerca. Culto, lúcido, penetrante, didáctico y directo en su exposición. Pero hay que seguirle en corto en su andadura, porque no se anima a dar el salto a la escritura pública. Apenas se le conoce obra escrita, a pesar de la profundidad de sus análisis sobre la realidad vasca. Con Nabarralde ha publicado una reflexión imprescindible sobre el paradigma navarro, el modelo de interpretación que necesitamos para abordar nuestro particular nudo gordiano (Haria 26. Nabarralde).

- Cuando hablas del paradigma navarro, ¿puedes resumir esquemáticamente lo que significa?

En mi opinión, a lo largo de la historia, e incluso actualmente, hay tres modelos, es decir tres paradigmas, para interpretar la realidad de Vasconia. Esta interpretación tiene mucha trascendencia, ya que no sólo hace referencia al "modo" de explicar nuestro pasado sino, sobre todo, de la forma de proyectarnos como sociedad hacia el futuro.

Nuestro país fue visto por la mayor parte de nuestros historiadores clásicos, como Garibay, Larramendi y otros entre los que se puede incluir incluso a Moret, a través del paradigma foral. Los carlistas del siglo XIX y principios del XX fueron sus principales valedores políticos e incluso esgrimieron las armas en su defensa. En dicho paradigma, aunque no se niega la existencia de algunas conquistas, como es el caso de la de 1512 sobre Navarra, afirma que su "superación" siempre ha tenido lugar a través de "pactos". Bizkaia, Araba y Gipuzkoa "pactaron" de igual a igual con el reino de Castilla su sistema foral propio. De modo análogo lo hizo lo que quedaba de Navarra, con ese nombre, a partir de 1512; fue, afirma dicho modelo, una unión "aeque principaliter", un pacto "entre iguales". Esto tiene una enorme trascendencia, ya que quienes así lo plantearon, y siguen planteándolo hoy, buscan para el futuro de nuestra sociedad un esquema análogo. En el mismo se encuentra, por ejemplo, la propuesta Urkullu-Imaz de un nuevo “concierto político" con España.

Tras las derrotas sufridas por nuestro país en las guerras decimonónicas y la nueva perspectiva del hecho nacional como factor renovador de la política en Europa, Arana Goiri planteó un nuevo paradigma. En su visión, nuestro país era representado como una nación en el pleno sentido de la palabra. Según Arana, los vascos no somos ni españoles ni franceses, somos simplemente "vascos", con todo lo que implica de necesidad de reconocimiento internacional y de capacidad de acceso a una independencia real de España y Francia. La perspectiva de Arana Goiri fue un importantísimo salto cualitativo con relación a la foral. No obstante, tuvo tres aspectos que supusieron para ella un lastre de gran importancia: la primera consistió en una aceptación parcial del paradigma foral, ya que, por un lado, seguía manteniendo la visión "pactista"; por otro, que aceptaba siete territorios históricamente independientes entre sí como base del país y, por último y muy fuertemente unido a lo anterior, la necesidad de encontrar una denominación política para el país de los vascos, de Euskal Herria (literalmente, "pueblo vasco", "pueblo del euskara"). Sabino Arana Goiri inventó un nombre, Euzkadi, sin percatarse de que los vascos, desde hacía ya muchos siglos, teníamos una denominación política, la de su Estado histórico: Navarra. Concediéndole el "beneficio de la duda", voy a suponer que fue por simple ignorancia de nuestra historia o por su conocimiento parcial y sesgado aprendido a través de los historiadores españoles. Puso como "centro" del país a Bizkaia , tal y como correspondía a su vigor económico en aquella época, por eso lo he denominado como "paradigma bizkaitarra".

El tercer paradigma, pienso que viene a corregir los fallos de los planteamientos de Arana Goiri. Por un lado, consiste en afirmar que en el País Vasco-Navarro nunca hubo "pactos" sino que hubo conquistas, ocupaciones y dominación extranjera. La teoría de los pactos procede de la forma de encontrar un "acomodo", por parte de las élites vascas dominantes en su época sobre todo, en la política castellana de los siglos XVI al XVIII. El momento en que este estatus "hace aguas" coincide con la época en las que las monarquías absolutistas como Francia y España intentan dar el paso al estado moderno, desde su perspectiva unitaria. La imposibilidad del mantenimiento del "paradigma foral" da lugar a las guerras carlistas. De nuestra derrota en las mismas, surge Arana Goiri y el "paradigma bizkaitarra". Vistas sus limitaciones y su no superación real, práctica, de la perspectiva foral, según se desprende con nitidez del modo de hacer política de sus herederos (pnv y eta, fundamentalmente), surge la necesidad de un nuevo paradigma. Se trata del "paradigma navarro". En primer lugar, como ya he dicho antes, no hubo "pactos" hubo conquistas y ocupaciones sobre un Estado que existía y tenía todos sus atributos a nivel internacional; era el Estado de los vascos: el reino de Navarra. 1200, 1461, 1512-24, 1620 son fechas de conquista y dominación por parte de los estados "vecinos", Castilla y Francia. Si añadimos 1841 y 1873, tendremos casi todas las fechas de minoración y sustitución institucional en Vasconia.

Navarra es la máxima estructura política de la que se ha dotado el pueblo vasco a través de su historia. Es el soporte histórico del nuevo paradigma. Pero hay más: la perspectiva mundial del momento presente, con la globalización y la crisis, con la Unión europea, la OTAN y otras alianzas y con todos los tipos de conflictos que se encuentran en activo hoy en nuestro planeta, se percibe como una exigencia que nuestra participación democrática en todos los foros internacionales sea hecha con voz propia, con nombre y apellidos, como sujeto político, como Estado independiente. Nuestra existencia, feliz a ser posible, como seres humanos, el ejercicio democrático de nuestra ciudadanía, con su lengua, cultura y patrimonio en general, garantizado, con sus perspectivas de futuro, pienso que exigen nuestro acceso a la situación estatal. Y ese Estado, opino que no puede tener otro nombre que el de nuestro Estado histórico, debidamente actualizado: la República de Navarra.

El “paradigma navarro” no surge de la noche a la mañana se va gestando en un proceso bastante largo cuyo origen posiblemente esté en la personalidad de Xaho, pero que se desarrolla durante el siglo XIX con la “Sociedad Euskara de Navarra”, con Arturo Campión como figura más significativa. Son muy importantes las aportaciones de Anacleto de Ortueta, Pierre Narbaitz y, por supuesto, Tomás Urzainqui, Mikel Sorauren y las reflexiones de la sociedad Iturralde. Nabarralde surge como un medio, un instrumento, para promocionar este mensaje.

-¿Navarra ha sido tan importante para la sociedad vasca, hasta el punto de que un proyecto de libertad y de futuro pase ineludiblemente por ella?

Creo que en la respuesta a la anterior pregunta se encuentra una perspectiva bastante clara de lo que ha supuesto Navarra para Euskal Herria. Son dos caras de la misma moneda: Euskal Herria fue capaz, como pueblo, de construir un Estado: Navarra. Navarra, como Estado, supuso la garantía para la pervivencia de Euskal Herria, el pueblo vasco, el pueblo del euskara.

Los procesos de realimentación positiva (o negativa según los casos) entre "pueblo y estado" y "estado y nación" han sido muy bien estudiados. Nuestro principal problema consiste, tal vez, en que cuando este proceso de realimentación, sobre todo en la fase de máxima intensidad de "nacionalización" del estado sobre sus territorios, en los siglos XIX y XX, el nuestro estaba ocupado y casi destruido. Y caemos en la órbita española o francesa y en sus “amables” procesos de “nacionalización”.

Sin Estado propio difícilmente recuperaremos un estatus normalizado para el euskara, para nuestra cultura o para cualquier otra faceta de nuestra vida social, económica o lúdica. Bien sé que no es una condición suficiente, pero creo que si tenemos la voluntad y fuerza social suficiente para recuperarlo, la vamos a tener también para normalizar nuestras propias "señas de identidad", como es el euskara o como puede ser la revitalización de nuestra "cultura política".

En pura teoría, es planteable la exigencia de un Estado propio (necesidad ineludible en el mundo actual como ya he dicho) sin avales históricos. Pero me resultaría muy difícil de entender que quienes pudieran defender tal situación, hicieran "tabla rasa" de nuestro Estado histórico. Un Estado que, además, tuvo unas características muy especiales y avanzadas con relación a otros de su entorno y época. Además, un Estado que fue pionero en el proceso, interrumpido violentamente, de "nacionalización" de su territorio, como se produjo, por ejemplo, con la promoción literaria de la lengua propia, en el siglo XVI, desde sus máximas instituciones. Sería dilapidar un capital valiosísimo. Máxime cuando el tipo de conquistas y ocupaciones que ha sufrido nuestra nación no prescriben, en el campo del Derecho Internacional, mientras quienes las han padecido sigan reivindicándolas.

Por todo ello, me producen un enfado especial situaciones en las que un señor como Ibarretxe con su responsabilidad "institucional", española sí, pero como "vasco" en el Congreso de los Diputados de España, es incapaz de responder a la objeción de que "los vascos no han tenido nunca un Estado". ¡Qué fácil es la respuesta!, pero ¡qué difícil de verbalizar se le hace a Ibarretxe o, en general, a todo su entorno político!

-¿Puede la historia ayudarnos a interpretarnos, a comprender nuestra realidad y nuestros problemas?

Es un elemento clave. Todas las naciones del mundo que disfrutan de su Estado propio lo hacen cotidianamente y sin que apenas se note. Más todavía si esos estados están en fase de "aculturizar", en todos los sentidos, a naciones ocupadas por ellos y asimilarlas. Ellos no dudan en utilizarla, es más, se sienten obligados a hacerlo, al mismo tiempo que a nosotros nos insinúan, de modo melifluo pero completamente hipócrita, que "eso de la historia está superado", "no conduce más que a exacerbar odios étnicos" y otras lindezas intelectuales. Mientras tanto, ellos siguen celebrando su "reconquista contra los moros", su 1492 con conquista y exterminio de indios incluidos, su guerra de la "independencia" por un lado; sus "antepasados los galos", su Juana de Arco, su "revolución" o su "gloriosa resistencia al nazismo", por el otro. Desde cualquier estado constituido y ejerciente se cultiva la "identidad" de sus ciudadanos, pero sólo en tanto en cuanto coincide con los intereses de la nación dominante (en nuestro caso España o Francia). La de los dominados como catalanes, bretones, vascos y tantos otros es, sencilla y llanamente, "etnicismo".

A través de la historia somos capaces de comprender el proyecto político de Castilla, seguido posteriormente por su sucesora política, España, de dominación estratégica de la Península Ibérica. Percibimos con nitidez todos sus intentos para lograr nuestro aniquilamiento. También se pueden encontrar atisbos de esperanza y excepciones en su proceso asimilador como lo fue la independencia de Portugal a mediados del siglo XVII.

-¿No corremos el peligro de quedarnos como la mujer de Lot, convertidos en estatua de sal por mirar demasiado hacia atrás?

El "Angelus Novus" de Klee simboliza para Walter Benjamin precisamente este proceso. El "ángel" mira hacia atrás, pero se encuentra arrastrado por un fuerte viento, un torbellino, hacia el futuro. Mirar atrás puede ser, efectivamente, un acto de "autogratificación colectiva" o de "autocomplacencia". Pero no es ese nuestro caso. Pienso que tenemos que saber nuestra historia sobre todo, porque en su conocimiento no hay "lugares vacíos". Los mimbres que no pongamos nosotros, desde nuestra perspectiva de vencidos, los van a poner los vencedores y serán, como también dice Benjamin, doblemente vencedores: en el proceso histórico y en su reconstrucción.

Para no volver a ser derrotados tenemos que construir nuestro propio discurso, tanto o más válido del que han elaborado quienes nos han dominado. Será, obviamente, muy diferente del suyo, corresponderá a la perspectiva de los dominados y colaborará en la toma de conciencia necesaria para lograr la emancipación. En el fondo será mucho más valioso para el conjunto de la humanidad.

Además conocer nuestra realidad histórica sirve para reafirmar la propia autoestima como sociedad y este es un factor de rearme social de primer orden para el logro de nuestra emancipación.

-¿Cómo podría abordarse un equilibrio territorial interno que integrara las diversas marchas con que avanza, en sus distintos núcleos o zonas, norte, sur, este, oeste, la comunidad vasca?

Esta es una pregunta para "matrícula de honor" y no sé si me la merezco. Creo que no, me conformo con aprobar. Intentar una respuesta medianamente válida es todo un reto; acertar, casi un imposible.

Históricamente el polo central, el núcleo político de Vasconia, se ha ubicado en su Estado, Navarra. Con el agotamiento, por asfixia provocada, del sistema foral, la Navarra que seguía manteniendo tal nombre fue el elemento humano y territorial básico en el soporte de las guerras carlistas. A partir de las derrotas fue, sin discusión, el territorio que más sufrió. La sensación de derrota colaboró con la derrota real, en un proceso de realimentación negativa, sobre una población y un territorio inermes. El euskara retrocedió demográfica y territorialmente a nivel de vértigo en su geografía. La "decadencia" de esa parte de Navarra que seguía llamándose "Navarra" fue abrupta en todos los sentidos. Una consecuencia de tal situación fue su participación masiva, vía carlista, en la sublevación militar de 1936. Es evidente que en ese año no era una sociedad "homogénea", ya que constituyó el único territorio del Estado español que no teniendo frente de guerra produjo la “friolera” de 4.000 asesinatos "legales". Creo que la actual situación política de lo que los españoles denominan en la organización política y administrativa de su Estado como CFN sufre intensamente sus consecuencias.

A este proceso de hundimiento acompaña, en los finales del siglo XIX, el auge vizcaino. El hierro de Bizkaia se erige en nodo de un crecimiento económico muy fuerte. Bilbao se encuentra controlado por una clase burguesa que es realmente rica. Y eso se manifiesta en su estructura urbana, en sus edificios y en su nivel cultural. A la decadencia del polo "navarro" se une el auge del polo "vizcaino". El análisis profundo y centrado, desde la propia perspectiva vasca, del crecimiento industrial y financiero de Bizkaia en esa época requeriría muchas tesis doctorales. Muchas. El polo de crecimiento vizcaino (ojo, no digo bizkaitarra) se encuentra completamente asimilado a la evolución económica y política de la oligarquía dominante en el Estado español y sus intereses nacionales son totalmente españoles. Esto se manifiesta claramente en su activa participación en la sublevación militar-fascista de 1936. El bizkaitarrismo, Arana Goiri, pienso que surge como una rama lateral de este auge económico, aunque sea una rama con mucha fuerza social en la Bizkaia profunda, rural, pero bastante poco atractiva desde el punto de vista del análisis histórico y político. De hecho, no se produce la eclosión de una burguesía nacional propia en Bizkaia en aquel momento y donde surge, bastantes años después, es en Gipuzkoa y con base en empresas de tamaño pequeño y medio. Esta estructura social, ya industrial, sí dio soporte a un determinado tipo de "nacionalismo vasco", pero que básicamente asume también los postulados de Arana Goiri.

Hay algunos autores que a partir de la crisis del polo "navarro" y el auge del "vizcaino" han hablado una "bipolaridad vasca". En cierto modo pienso que tienen razón. Lo que sucede es que no se puede confundir esa perspectiva "vizcaina" con el "bizkaitarrismo". Aunque hoy en día determinados sectores del mismo, como por ejemplo el alcalde de Bilbao y el diputado general de Bizkaia, más parecen haberse integrado en ese mundo "vizcaino", que no "bizkaitarra".

A mi entender, sí existe una cierta polaridad en nuestro país. Bizkaia y Navarra son sus expresiones más comunes. Pero para que una de las partes fuera realmente "Bizkaia" tendría que entrar en una perspectiva "nacional" vasca de verdad y eso no lo veo nada claro. En el territorio de Bizkaia existe una gran fuerza social que la apoya, desde su perspectiva "aranista", por supuesto. Pero ahí existe una batalla que no sé hasta que punto se está disputando; por lo menos en el campo político no se percibe fácilmente. Los clásicos intereses de lo que se llamaba la "oligarquía bilbaína", hace mucho tiempo que pasaron al control "público" del Estado español (Iberduero, otras muchas empresas, los bancos etc.). Hoy existen muchas realidades económicas y sociales que, debido al clientelismo de quienes gobiernan en la CAV, da la sensación de que están bajo control "vasco". Sobre estos elementos habría que trabajar fuerte, en profundidad. El polo navarro supone la expresión simbólica de nuestro conflicto secular. Sin su adecuada comprensión nunca llegaremos a percibirnos como nación en el pleno sentido de la palabra. El polo navarro, ya es tópico, representa su base territorial y estratégica fundamental.

Necesidad ineludible es, en mi opinión, que con toda esta ingente cantidad de material en forma de cuestiones históricas y de perspectivas de futuro: de ordenación del territorio, de sistemas educativos, etc., algo debemos hacer. Pienso que el objetivo de la consecución de un Estado propio, como ya he dicho antes, es estratégicamente el primero y sin el que el resto quedan diluidos, se pierden. Bien sabemos que sin los polos o ejes económicos de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba nuestro país tiene un futuro incierto en Europa y en el mundo, pero también sabemos que sólo con eso tampoco lo tiene.

Nuestro pueblo, en sus manifestaciones sociales, muestra en todo momento y por todas partes su unidad básica. En el fondo, expresa la cultura política recibida por la "nacionalización" que realizó su Estado histórico, el reino de Navarra, bien directamente o bien, de forma indirecta, a través del "sistema foral" vascongado, procedente del mismo o con un origen similar. Las expresiones espontáneas de su capacidad de autoorganización son una manifestación de esa "cultura política". Ikastolas, cooperativas, iniciativa empresarial o, incluso, los movimientos antimilitaristas, son algunas de las manifestaciones que, desde mediados del siglo pasado, lo confirman.

En esta estrategia deberemos hilar muy fino para concertar intereses hoy aparentemente divergentes con el mismo objetivo. Tendremos que buscar modos de complementar nuestras realidades actualmente dispersas o, incluso, contrapuestas, definir apoyos mutuos y la capacidad interna de enriquecernos con nuestras experiencias. Yo creo que parafraseando al victorioso presidente Obama: “bai, guk ahal dugu!”