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07 mayo 2023

GERNIKA Y EL MINISTRO FULLERO

La propuesta del Gobierno español para declarar la Casa de Juntas de Gernika como lugar de memoria ha suscitado una polémica sutil, soterrada, que se ha deslizado entre bambalinas, entre insinuaciones y siseos, pero que sin estallar explícitamente ha dejado entrever una desazón en las instituciones autonómicas.

Nadie se ha atrevido a levantar la voz, y apenas se ha protestado entre dientes. Y sin embargo el gesto del ministro Bolaños de declarar Gernika (o la Casa de Juntas; más difuso aún) como lugar de memoria español no ha sentado bien en nuestra tierra. ¿Por qué? Porque la iniciativa surge con malicia y llega con retranca. Y porque el mismo debate es incómodo para todas las partes implicadas.

Veamos el tema paso a paso. Que Gernika era entre nosotros un vibrante lugar de memoria es de sobra conocido; ¡por eso la bombardearon! Gernika era el lugar juradero de Fueros del Señorío de Bizkaia y allí se reunían sus Juntas. Por eso mismo juró Jose Antonio Agirre su cargo de lehendakari ante el árbol legendario, por esa memoria de derechos y libertades propias. Por eso le dedicó Iparragirre su canto más famoso, que se convirtió en un himno político, religioso, de movilización y protesta, durante generaciones y para distintas fuerzas políticas del país, desde el carlismo hasta la izquierda abertzale, pasando por los jelkides.

Un lugar de memoria es su significado. Si se cambia o se difumina, el lugar desaparece para el relato y para la población que lo hace suyo. Es lo que está en juego en la propuesta ministerial de Gernika. Es a lo que apuesta el ministro Bolaños cuando recupera el símbolo nacional vasco para el imaginario español; para la ‘memoria democrática’… hispana. Jugada sibilina. Artera. Con ello se apropia de su significado y lo vacía. Lo resignifica y se lo birla a los fueristas de todas las épocas, a los defensores de las libertades vascas. Se lo choricea, incluso, a los batallones de carlistas que fueron a la guerra con su Gernikako Arbola. Incluso, si me apuran, se lo escamotea al lehendakari Agirre y lo convierte en el símbolo de una población civil bombardeada, una ciudad cualquiera, abstracta, sin más datos ni entretelas. La resignificación es evidente, de un imaginario nacional, a uno imperial; pero apenas han trascendido esas minucias.

Y no ha trascendido la polémica porque la trampa está tendida de antemano, y quizás por ello nadie se ha atrevido a montar un pollo. La trampa es que la legislación española, a la que se remiten todos los que invocan esa memoria oficial, no reconoce otra que la del 36 (democrática, eso sí). Pero española. Antes de esa fecha no existíamos los vascones, ni los euskaldunes, ni los navarros, ni había ocurrido nada que nos marcara. Cualquier otro pueblo del mundo tiene sus referencias. Escocia recuerda al luchador de su independencia, William Wallace, y la batalla del Puente de Stirling. Catalunya el 1714. Latinoamérica en general tiene la fecha del desembarco de Colón en su continente como referente de sus calamidades. Francia reivindica la gloria de Carlomagno, su gran emperador, como mito de su historia, aunque en Vasconia no se le mire con la misma gracia. Pero nosotros no jugamos en esa liga.

Dicho de otro modo, no tenemos existencia; no se nos reconoce que somos, que hemos sido, y que contamos un pasado que nos explica. No sólo que nos explica, sino que nos da consistencia; nos puede enorgullecer; nos aporta autoestima; memoria de agravios (como el bombardeo de Gernika, pero no sólo este); nos ofrece cohesión, conciencia de colectividad, energía de nación… Para eso son los lugares de memoria.

Ahí se entiende el silencio por nuestros lugares, Gernika antes del bombardeo de Gernika, Amaiur, Orreaga, lehendakari Agirre, Martin Ttipia, Jaime Velaz de Medrano…

Y para desmontar estos significados, una vez más, ha venido el taimado ministro de Presidencia del Estado español y nos ha ofrecido una manzana envenenada. Es una burla, un sarcasmo que, ahora, los herederos del crimen de 1937 se apropien de Gernika y lo reinventen como su “primer lugar de memoria”. El ministro de España nos propone reconocer un lugar, pero dentro del imaginario español, muy democrático siempre, y sin asumir sus violencias, ni admitir reparaciones, ni formular perdones, que eso no casa con la arrogancia imperial hispana.

Es natural que con esos antecedentes nadie se haya atrevido a tapar la boca al ministro. Para abordar este tema con solvencia hace falta una ley de memoria vasca, propia. Que reconozca nuestra existencia. Que exprese que hemos sido un Estado en el reino de Navarra. Que tenemos cultura, territorio, historia, lengua, euskara. Que hemos sufrido la enemiga de dos estados, dos potencias imperiales. Y que las fechas que nos significan las señalamos nosotros, no los ministros de presidencia que vienen a burlarse de nuestra paciencia.

Se dice que Picasso, cuando recibió la visita de unos nazis en París, y le preguntaron si el Gernika era obra suya, les respondió que no; que ellos eran los autores. Verdadero o falso, lo cierto es que nunca el régimen español ha pedido perdón por el crimen de Gernika; nunca lo ha reconocido como obra propia. Quousque tandem abutere patientia nostra!

Angel Rekalde, Luis Mª Mtz Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2023/05/10)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2023/05/14)



20 julio 2021

¿LOS REYES DE EUSKADI?

Rey de bastos

Resulta que el verano, antes pródigo en noticias fabulosas, las llamadas “serpientes de verano”, viene ahora dedicado al adoctrinamiento histórico. El nacionalismo español vuelve a su esencia, a la reconquista, en este caso de mentes y conciencias.

Si hace pocas semanas era Jaime Ignacio del Burgo quien nos aburría con sus alabanzas al emperador Carlos V, en esta ocasión es el historiador Pedro Chacón quien nos abruma con las glorias de Alfonso X de Castilla (“El rey sabio en Euskadi”. Diario Vasco, 16-VII-21). Los reyes españoles siempre son sabios, católicos, grandes, hermosos… Los nuestros tienen boina, que diría Eduardo Galeano.

El panegírico del rey hispánico nos recuerda la reflexión de Claudio Magris a propósito de otro monarca: “las iglesias, las torres, las casas patricias, las figuras esculpidas reflejan la majestad del pasado, una gloria que sólo se puede recordar y nunca poseer, que siempre ha sido y nunca es” (‘El Danubio’). Esa misma gloria apreciamos en el dominio castellano; las monsergas de siempre para justificar una violencia que nunca aceptamos; que todavía hoy dibuja nuestro mapa. Y que así se percibe en sus palabras: un elogio, una nostalgia de las épocas de expansión y batalla.

Lo cierto es que el relato de Chacón exhala todos los tufillos del discurso supremacista español. El primero, paradójico, chocante, es acusar de nacionalista a cualquiera que le discuta. “Todos estos municipios, sin excepción, están gobernados por el nacionalismo”. Los nacionalistas son los otros. Alguien que se lamenta de que un rey ajeno, castellano, no encuentra el menor recuerdo en las poblaciones vascas, cuando fue “uno de nuestros auténticos padres fundadores”, nos habla de nacionalismo. Pensamiento colonial encajado a rosca.

Otro de los rasgos que mueve a Chacón, que cruje por estar fuera de juego en nuestros días, es el de cambiar la grafía del país para describirnos con una geografía rancia, franquista. En su artículo Bergara es con v. Vergara. Kontrasta es con c, Contrasta. Como Korres, Corres. Agurain es Salvatierra. Tolosa y Segura permanecen porque no se les ha podido encontrar nombre sustitutorio (sic). Para él no es Ordizia sino ‘Villafranca de Ordicia’. No tenemos derecho a llamarnos como nos dé la gana. Bautiza quien manda, que para eso tiene la autoridad y la fuerza. Me recuerda a Humpty Dumpty. “Cuando yo empleo una palabra -insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso-, significa lo que yo quiero que signifique. –La cuestión está en saber quién manda” (Lewis Carroll).

El supremacismo es esa posición de un grupo humano que se considera superior a otros por tener la capacidad de someterlos y definirlos como quien define ‘un objeto propio’. Edward Said analizó cómo Egipto era definido por el dominio colonial del imperio inglés. Egipto era lo que los ingleses decidieran (a su conveniencia, obviamente). Parece que el modelo le gusta tanto a Chacón que lo adapta al pie de la letra. El rey de Castilla es nuestro padrecito fundador. Antes no existía el país. Castilla nos pone los nombres de las villas. ¿Quiénes nos creemos nosotros para cambiar esa tutela?

En conjunto el artículo de Chacón revela los tics habituales de estas lecturas interesadas de la historia. Manipulación, ocultamiento, versión oficial que legitima al vencedor… En 1200 Gipuzkoa y Araba pasaron a la órbita castellana, dice. Así; pasaron; como quien no quiere la cosa. No hubo, parece, guerra, ni violencia, ni invasión, ni ilegitimidad, ni desgarro del territorio vasconavarro. Luego vino el rey (¿de Euskadi? ¿De Castilla?) y fundó las villas para darnos una alegría. No para montar una frontera con la Navarra que no pudo ocupar, con el trozo del país que seguía siendo independiente. Tolosa, Ordizia, Segura, Agurain, Kontrasta, Korres, Kanpezu, Buradon… todas esas villas fundadas en la misma época (1256) en esa muga de guerra, recién inventada.

La fractura del país, la conquista, la violencia contra las gentes, los derechos, la aculturación de borrar hasta los nombres propios de la geografía… Todo son bagatelas ante la gloria de los reyes fundadores de la ‘patria’. ¡Supremacismo blanco y en botella!

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2021/07/21)


25 junio 2021

NOAIN: EL IMPERIO CONTRAATACA

Parece broma, pero no lo es. Resulta grotesco, eso sí, pero es la sensación que despierta la intervención de Vox y de Jaime Ignacio del Burgo en el aniversario de la batalla de Noain. El imperio contraataca. Con la llegada de la fecha y unos tímidos actos que recuerdan la defensa de la independencia del reino frente a la tropa imperial, han salido los ñordos de la caverna a liarla. A vociferar. Vox, a provocar, a reventar el homenaje de Salinas de Galar. Y Jaime Ignacio del Burgo, a cantar alabanzas al emperador Carlos V de Alemania y I de España, a injuriar a los navarros defensores y justificar aquel imperio en el que no se ponía el sol ni descansaba la barbarie.

Se preveía una cierta actividad con motivo del 500 aniversario de la derrota de Noain, que significó la debacle militar de aquella Navarra independiente. En efecto, fue la última bocanada del reino como tal, en la medida en que la rebelión de 1521 recuperó el dominio navarro sobre todo el territorio, liberó el país aunque fuera por un mes, y recomenzó la tarea de institucionalizarse. Con el apoyo general y la voluntad de las gentes. Así, pues, la vuelta de la tropa española fue una nueva invasión sobre un Estado europeo libre, legítimo, sostenido por una población que se había levantado en armas para defenderse. Más tarde hubo otras luchas (Amaiur, Hondarribia, etc. Hasta el presente); pero ya no tendrían ese carácter estatal de legitimidad de un Estado libre.

Como digo, se veía venir esta conmemoración. Lo que no se esperaba es esta euforia imperial, esta contraofensiva española con un discurso arrogante. Pensar la historia a partir del derecho de conquista, de pernada, del más fuerte. En efecto, una cosa es reflexionar sobre el pasado e indagar en el origen de los conflictos. Una cosa es reivindicar el valor de la memoria, en la medida en que es patrimonio simbólico que construye la sociedad y la cohesiona. Le otorga una suerte de argamasa imaginaria; una ética de la solidaridad y los orígenes que se comparten. Y otra muy distinta levantar la bandera del duque de Alba y los tercios de Flandes, aquellos que todavía se invocan para asustar a los niños flamencos que no quieren acostarse.

Anacrónico, trasnochado, improcedente… algo está fuera de lugar al referirse a aquellos tiempos con una mirada como la que bizquea del Burgo. No sólo porque miente, porque tergiversa los hechos y los adorna con un sentido que hace tiempo quedó desenmascarado. Ya nadie sostiene que el “día 30 de junio -500 aniversario de la batalla de Noáin- diremos que aquel día fueron derrotados los franceses, no el “ejército real” de Navarra como se pretende” (sic). Sabido es que a Ignacio de Loiola, cuando defendía el cuartel español, le hirieron los propios habitantes de Pamplona, que se levantaron contra la ocupación como en tantos otros lugares. No había ‘franceses’ en el levantamiento de Iruñea, como en Lizarra, Cáseda, Zangotza… Pero es que admitir que fue la propia población la que liberó el territorio navarro deja a las claras la identidad de los combatientes.

Lo más ridículo, en todo caso, más allá de estas argumentaciones, es la posición de del Burgo, y se ve que está más cerca de los fachas de Vox, fuerza inexistente en Navarra (a excepción de los cuarteles), que de cualquier posición navarrista. En sus artículos este fulano interpreta (miente, justifica…) aquellos sucesos desde una defensa cerrada del imperio español. “Luz perpetua para el emperador Carlos”. “Maya (Amaiur) es un monumento a la reconstrucción falsaria de la historia de Navarra dirigida a provocar nuestro divorcio con la gran familia española”.

Del Burgo es un sujeto retrógrado, servil con el poderoso, con un pensamiento rupestre. “El emperador Carlos que, gracias a su firmeza y magnanimidad…” Cuando defiende, en el siglo XXI, las bondades del imperio, parece un satélite que se mueve con la mentalidad del lado oscuro de Anakin Skywalker, que va por la vida pública con una espada de rayos fosforescentes, que piensa a lo duque de Alba, en términos de autoridad, fuerza, gloria, oro que rapiñar y estrella de la muerte.

No merece la pena debatir con del Burgo. Miente siempre. Si fuera más sibilino lo meteríamos en la categoría del príncipe Fernando el falsario que Maquiavelo analizó con su arte. Pero con lo cavernario que resulta, apenas da para retratarse en la épica de la ‘Guerra de las Galaxias’, con la sonrisa perruna de Chewbacca y el perfil psicológico de Darth Vader (“soy tu padre”).

Angel Rekalde / Luis Mª Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2021/06/26)

14 diciembre 2020

DELIRIOS DE GRANDEZA

En una de sus charlas telefónicas con el enemigo, decía Gila: “¿Mi general? ¿Que si vienen a fusilarnos o vamos nosotros?” Esta semana hemos comprobado que las ocurrencias de Gila no caducan. No pasan de moda. En el Estado español la realidad siempre supera a la ficción; y el humor (negro, mal humor o el que avinagra) te lo sirven en bandeja.

El escritor Mario Vargas Llosa ha publicado un alegato en El País, ‘La lengua oculta’, en el que se queja de la flaqueza del español ante el avasallamiento de las lenguas locales, menores, periféricas (sic).

A la vez, Francisco Beca, general de aviación, ha ladrado que para salvar España habría que fusilar a veintiséis millones de hijos de puta. Se podría pensar que no es conveniente mezclar churras con merinas, y no es lo mismo un premio nobel que un zascandil con chorreras. Pero, si leemos las argumentaciones, descubrimos que el relato que las sustenta es similar en ambas.

El texto de Vargas Llosa ha despertado críticas por la peste de supremacismo que atufa. “Nuestra lengua es universal… Las otras, dialectos, vocabularios…” Me recuerda a Eduardo Galeano cuando explicaba el choque de civilizaciones: la mía es religión; la vuestra, superstición, superchería. Mi lengua es universal, la tuya, local, vocerío, algarabía.

“El español -sostiene Vargas Llosa- nos trajo a los hispanoamericanos Grecia y Roma, Shakespeare (…), las instituciones que determinaron el progreso y la modernidad, así como la filosofía que permitió acabar con la esclavitud, que determinó la igualdad entre las razas y las clases, los derechos humanos y, en nuestros días, la lucha contra la discriminación de la mujer”. Quizás se deja en el tintero el preservativo y los viajes a la Luna. El español es la varita mágica que todo lo arregla, aunque no sé si al hablar de la esclavitud y la discriminación de la mujer en Latinoamérica no se haya pasado de la coca; digo, de la raya.

Pero, admitiendo que el tufo supremacista de Vargas Llosa, peruano con aspiraciones de ascender a español, atosiga, si comparamos su argumentación con la del general Beca, observamos que el relato que le justifica se sostiene en la misma lógica.

En efecto, explica, “el castellano o español reemplazó a las mil quinientas (que algunos lingüistas extienden hasta cuatro o cinco mil) lenguas, dialectos y vocabularios que hablaban en América del Sur.... Como no se entendían, vivieron muchos siglos entregados al pasatiempo de entrematarse”.

Es la misma casuística. Una lengua grande, imperial, “universal”, puede exterminar (perdón, reemplazar) mil quinientas, cinco mil, las lenguas que haga falta; con la argumentación de que no hacen otra cosa que inducir a sus tribus, clanes, chusma en resumen, a entrematarse.

Hay que salvarlos de ellos mismos. Su cultura (una lengua es una cultura, nos dice Vargas Llosa) no entiende a Shakespeare, es primitiva, mortífera, no está a la altura de lo universal (adjetivo que repite en cada párrafo, hasta la náusea).

¿A quién no le recuerda este argumentario a las justificaciones de la conquista de Navarra, desde la época de Fernando de Trastámara, que ‘tuvo que’ intervenir y conquistar el reino pirenaico porque entre agramonteses y beamonteses no hacían otra cosa que entrematarse? Siempre los reyes hispanos emprendieron sus conquistas por altruismo, para salvar a otras naciones de ellas mismas; de su herencia cainita. No por el poder y la rapiña. Y luego, como bien explica el peruano, para más gloria les llevaron Grecia y Roma, la paz, el progreso económico y la filosofía antiesclavista. (Aunque la esclavitud perduró en Latinoamérica hasta la independencia de Cuba, por lo menos. ¡Hasta que echaron a los españoles, vamos! Cánovas del Castillo era esclavista).

El supremacismo moral de esta argumentación hispánica se desliza entre líneas. Como no podía ser menos en estos relatos que sacan a colación a ETA, venga o no a cuento, las políticas educativas que debilitan el español y que Vargas Llosa critica se impregnan con el apoyo de Bildu, continuación de ETA (sic), la organización terrorista que asesinó a 900 personas. Eso sí, contrasta este toque de trementina con la ligereza con que se despacha el genocidio americano: “Murieron por la espada y la pólvora muchos indios”. ETA terrorista asesina; pero en la conquista de América los indiecitos se mueren solos. Esto recuerda también a las noticias de prensa en las que las mujeres fallecen (de muerte natural) después de que su agresor les propinara decenas de cuchilladas. ¡Vaya con el Vargas Llosa!

En el artículo de El País, y en las baladronadas tuiteras de Francisco Beca, la mentalidad es paralela. El relato de sus querencias y malquerencias recorre los mismos vericuetos mentales. El imperio se hunde; la lengua se pierde; la gloria, la grandeza… Si para salvar la universalidad de España hay que fusilar a veintiséis millones de españoles, o aniquilar cinco mil culturas, cinco mil idiomas, pues se hace. El bien de España es supremo, por encima de bagatelas como pueblos, libertades, incluso millones de vidas. El ser más y tener más fuerza les legitima.

El teléfono de Gila lo cuenta como chiste; como disparate y situación insólita. Pero Beca y Vargas Llosa piensan en serio que la razón de ser de los imperios está en reemplazar lenguas, borrar derechos, exterminar culturas; y que los pueblos del mundo esperan que les fusilen y hacen cola.

Angel Rekalde Luis María Martinez Garate

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/12/17)

NOTICIAS DE GIPUZKOA (2020/12/17)

CARLISMO DIGITAL (2020/12/17)


03 marzo 2020

ESPAÑA NOS ROBA Y OTROS MOTIVOS

Desde hace tiempo el mundo -y nosotros con él- mira a Cataluña. Con su reivindicación de independencia la sociedad catalana ha puesto contra las cuerdas al Estado español, hasta el punto de hacer tambalear la ‘modélica transición’, el régimen del 78 y los mismos principios del Estado corrupto.

La serie de acontecimientos iniciada con la consulta de Arenys de Munt en 2009 ha ido acompañada de éxitos de movilización y autoorganización de la población, ayudada a menudo por la torpe respuesta del poder hispano. 

Tras los aciertos de Cataluña en la última etapa –el ‘procés’- se ocultan muchos años de trabajo silencioso por la recuperación de la lengua, la cultura, la interpretación de la historia, la puesta en valor de la memoria colectiva. Omnium Cultural ofrece un modelo de intervención eficiente en este campo. El supremacismo lingüístico y cultural español se ha encontrado frente a una sociedad pertrechada con buenas defensas.

El expolio sistemático que supone el déficit fiscal de Cataluña y el maltrato que sufre en todo lo relacionado con infraestructuras, trenes de cercanías, corredor mediterráneo, etc., han sido argumentados por los catalanes de manera eficaz como arma de reivindicación y cohesión social.

Sobre estos motivos se ha ido construyendo una narrativa con capacidad de movilización popular: “España nos roba”; “Somos una nación, autodeterminación”; “Objetivo: independencia”; la rememoración de la fecha y la hora 14:17 de 1714 (entrada de las tropas borbónicas españolas en Barcelona); en resumen, “In, Inde, Independència!!!”,

Todo ello ha ido construyendo un relato de cómo los catalanes se ven a sí mismos, y a qué se enfrentan. En el mismo se expresa un punto de encuentro entre ellos y desde el que pueden proyectar su futuro. Y este modo de contarse a sí mismos y al mundo, se ha convertido en hegemónico. Este relato y esta hegemonía son la nación catalana de hoy.

La hegemonía no se define por los votos que obtienen unos partidos que se autodefinen como independentistas pero que, en gran parte, están integrados en el sistema clientelar español. La hegemonía social se expresa a través de una argumentación, un relato, que es coherente y que consigue una aceptación social generalizada. Es una visión de la realidad que goza de una credibilidad mayoritaria.  

A pesar de los conflictos internos puntuales que, sobre todo en periodos electorales, resurgen con fuerza, quien lleva la iniciativa del relato es el independentismo. No es fácil adivinar la evolución del conflicto ni su resultado, pero hoy se puede asegurar que tiene unas sólidas bases sociales, hegemónicas en el discurso. Siempre es posible dilapidar el capital adquirido en estos años, pero la consolidación de esos argumentos garantiza un largo recorrido.

¿Y nosotros?

Nosotros, nuestra nación, no ha sido desde el punto de vista argumental un modelo de construcción de relato, centrado en la memoria, en nuestra realidad, en la historia en nuestros conflictos. Nuestra narración se construye desde la perspectiva de los estados dominantes: España y Francia. No nos vemos como una nación definida sino como un ente difuso, como siete “territorios históricos”, o tres “Comunidades”, dos españolas y una francesa, llovidos del cielo, que, eso sí, han hablado desde milenios la misma lengua como único rasgo de cohesión.

Según el discurso coloquial, da la sensación de que los vascos nunca hemos tenido un Estado independiente, ni una historia singular. Nuestra memoria no existe. Las conquistas, asimiladas, se pierden en el olvido. Las damos por amortizadas. Las gestas de los marinos vascos, apropiadas por españoles y franceses. Los conflictos del siglo XIX, explicados como la reacción de un pueblo ultrarreligioso y conservador frente al ‘liberalismo’ español y la ‘razón’ francesa.
La memoria de la guerra de 1936 es apenas un apéndice de la IIª República española. Tras la disolución de ETA, el relato ha quedado por completo en manos de los servidores del Estado español, hasta el punto de que las figuras públicas de la izquierda abertzale acuden sumisamente a las conmemoraciones y homenajes de los ’mártires’ oficiales. Los otros, claro.

Se habla de “la nación foral”, pero no hay ni memoria ni conocimiento de qué han sido los Fueros. En su tiempo fuimos “un marco autónomo para la lucha de clases”, sin saber que la lucha de clases siempre ha sido internacional. En general, está muy extendida la especie de que “los vascos no hemos tenido un Estado”. Bueno, que tenemos dos: España y Francia. Pero que lo mejor es no tener ninguno.

Hemos citado el caso catalán. Otras naciones, por supuesto las que han accedido a su independencia, han construido el relato que las constituye como tales. Y ese relato es lingüístico, pero también memorial, histórico, festivo, religioso, institucional, de conflictos y luchas, de perspectiva de futuro. Aquí carecemos de algo parecido. Con la excepción de la referencia a la lengua, que es un dato tan claro y evidente que no hace falta quebrarse mucho la cabeza para admitirlo como elemento constitutivo.

Elementos de identidad (de memoria) como el proceso nacionalizador de nuestra sociedad medieval y moderna realizado por el Estado navarro, son cuestionados y despreciados desde las propias posiciones vascas. No disponemos de un relato dominante que nos cohesione, que sirva para enorgullecernos, constituirnos. Hay dos o tres, y ninguno que responda a las necesidades de esa visión compartida que requiere una sociedad moderna que pretenda ser protagonista en el mundo actual, como sujeto político. Uno es el de la sumisión total y, a falta de otro propio consistente, podemos intuir que sus argumentos son hegemónicos.

Hoy en día la nación vasca no puede hacer seguidismo de las fórmulas catalanas o de otros lugares. No tienen sentido consultas parciales, por ejemplo, si no se sitúan en una acumulación de fuerzas concreta, si previamente no se ha construido y aceptado globalmente el relato que nos constituye como nación. Hemos de pensar las herramientas que necesitamos. Y construirlas desde aquí.

No sirve de nada que se sienten a hablar partidos políticos, u otras organizaciones, para establecer acciones conjuntas y objetivos comunes si antes no se ha planteado una confluencia en el relato. No somos “siete territorios forales”. No somos “dos autonomías españolas” y una “comunidad especial francesa”. Algo tendremos que nos distinga y nos permita reconocernos. Eso es el relato. Y no es un debate para el futuro; sino el soporte del proceso. Es decir, lo básico. Algo imprescindible y necesario.  


Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

22 febrero 2020

ENTREVISTA EN NOTICIAS DE NAVARRA

Sobre la nueva edición de la Síntesis de la historia de Navarra promocionada por Diario de Noticias de Navarra (2020/02/22)

-Este libro nace con la intención de recuperar nuestra memoria histórica para construir una identidad fundamentada en lo que somos realmente. ¿De qué manera lo hace?

-La identidad, tanto de una persona como de un grupo, se constituye sobre la memoria. Sin memoria histórica una sociedad no tiene existencia propia, no es un sujeto social ni, menos aún, político. La memoria histórica está vinculada a la historia, pero se expresa de forma distinta. La memoria transmitida a muchos navarros, entre los que me encuentro, incluye la existencia de un reino independiente y que fue conquistado por Castilla.

Como dice Walter Benjamin en sus reflexiones sobre la historia, la memoria de los vencidos constituye el germen de la reparación y de la justicia. La memoria de los vencidos es un elemento revolucionario de primer orden. La memoria tiene mucho de movimiento social.

La memoria debe estar refrendada por la realidad histórica y, por ello, provoca y condiciona las investigaciones de los historiadores profesionales. Memoria e historia se realimentan entre sí. De modo que si una memoria está perdida o es débil puede ser sustituida con facilidad por otra inducida por los vencedores, con el objetivo de asimilar a los vencidos. Si esta segunda fase se culmina con éxito, Benjamin habla de una "doble derrota" de los vencidos donde nos encontramos en una situación difícilmente reversible.

-¿Por qué son necesarias estas lecturas que reescriben la historia de Navarra? Es decir, ¿por qué hemos tenido hasta la fecha una falsa o, mejor dicho, errónea visión sobre nuestra historia?

- Lo que ha sucedido es que en el caso de Navarra, como en el de todas las conquistas, la historia la escriben los vencedores y es la que ha prevalecido en los textos, tanto académicos como docentes. En ellos se muestra con frecuencia a Navarra como un reino medieval arcaico, con conflictos internos insalvables, inviable en la modernidad al que tuvo que llegar un reino, Castilla, con Fernando de Aragón -el Falsario- a la cabeza e incorporarlo 'pacíficamente' en su organización política moderna. Así se cumplía, además, el "destino histórico" de los pueblos ibéricos unidos bajo Castilla con el nombre de España.  

La historia como ciencia tiene un método de investigación y unas reglas que se deben cumplir para considerarla como tal, pero no es inocente. La elección del marco espacial y temporal para narrar una historia la condiciona tanto como los hechos que describe. La importancia del sujeto es capital. Y la mayor parte de las historias de Navarra la presentan como "una parte de España". No como un sujeto con personalidad propia. Creo que la historia narrada desde una u otra perspectiva cambia fundamentalmente, aunque cuente los mismos hechos. Uno de los errores de método más comunes en la narración histórica es el "finalismo". Es lo que, por ejemplo, muchos historiadores llaman el destino histórico de la unidad de España. Esto sucede con facilidad si el sujeto del que se narra la historia es la sociedad que conforma actualmente el Estado español. Lo que llaman nación española. 

Ambas cuestiones, la elección del sujeto y el hecho de tener un historia escrita por los vencedores, distorsionan nuestra realidad histórica. Sé perfectamente que la elección del sujeto navarro no es inocente; es una opción elegida desde el presente, pero sobre todo con perspectiva de futuro. Que nadie piense que los que prefieren el sujeto español están por encima de la política, lo que sucede es que en este caso su ideología se inscribe en lo que Michael Billig ha denominado como "nacionalismo banal". Su perspectiva es finalista y persigue como objetivo político mantener la sumisión de Navarra dentro del Estado español. Además olvidan esa parte de Navarra, Ultrapuertos, que se sigue denominando Navarra y que no es española. 

El texto está basado en hechos extraídos de trabajos de historiadores profesionales y los he procurado tratar con el mayor rigor. Mi aportación tiene como aspectos originales la elección del sujeto y el hecho de ser una obra sencilla de leer, de aquí el título de "Síntesis". 

-En esta publicación se sitúa al Reino de Navarra como eje de la construcción del pueblo vasco y, en cambio, este territorio siempre ha sido obviado. ¿Por qué?

- El pueblo vasco data de antiguo, como su lengua y su ordenamiento social basado en el uso y costumbre y en la prevalencia de los valores de la comunidad, lo que se ha denominado como 'Derecho Pirenaico'. Aparece en los textos de los historiadores romanos, las fuentes árabes también lo señalan, se enfrenta a francos y visigodos que pretenden dominarlo. Este pueblo se organiza en la tardoantigüedad y en la alta Edad Media como Ducado de Vasconia, pero su estructura política más perdurable y consistente comenzó tras el enfrentamiento con el imperio franco y las sucesivas victorias sobre el mismo de Orreaga. El pueblo vasco siguió con su lengua y su ordenamiento social, los preservó y desarrolló en el reino de Pamplona, consolidado a comienzos del siglo IX.

En el XII se produjeron cambios sustanciales en su organización política y con Sancho VI, el Sabio, comenzó a denominarse como reino de Navarra.
El reino, tanto siendo de Pamplona como de Navarra, hizo lo que hacen siempre los estados, de algún modo nacionalizó su sociedad. En la Alta Edad Media, según Koldo Mitxelena y estudiosos actuales como Koldo Zuazo, se establece una primera unificación del euskara en torno a la capital del reino, Iruñea-Pamplona y se concreta el sistema jurídico basado en el Derecho Pirenaico.

No es cierto que "este territorio" haya sido obviado. La mayor parte de investigadores, estudiosos e historiadores consideran lo navarro como central en hecho vasco, lo que ha sucedido recientemente es una separación entre ambos conceptos.

-El libro recoge uno de los acontecimientos más destacados, como fue la ocupación de 1512, pero también otra conquista de la cual apenas se ha hablado: la de 1200. ¿Qué pasó en este año?

- Así como de la conquista y ocupación de 1512-1529 quedan bastantes elementos de memoria de transmisión oral (familiar, de amigos, de sociedad en general) y hay más textos escritos, existe otra conquista en la que la historia como ciencia ha venido en auxilio de la memoria. Es la conquista de 1200. Hacia mediados del siglo XII la Rioja y la parte de la Bizkaia actual controlada por los señores de Haro se pasó a Castilla, que les ofrecía un control feudal del territorio más laxo que el de Navarra. En esta linea. en 1199 Castilla inició una ofensiva contra el reino navarro, sitió Vitoria-Gasteiz que se rindió ante Alfonso VIII de Castilla en 1200, conquistó el Duranguesado y, en general, todo el frente marítimo de Navarra, dejando al reino sin salida al mar de Bizkaia. A partir de estas ocupaciones y conquistas se inició, desde Castilla, el proceso de institucionalización de lo que luego serían las Provincias Vascongadas.

Como consecuencia, se generó una dicotomía entre la designación política -navarro-, que seguía siendo utilizada por los vascos de la Navarra independiente y la lingüístico-étnica en la que los habitantes de los territorios conquistados no se llamaban castellanos, ya que hablaban euskara, pero no no podían seguir siendo navarros y quedaron como simplemente vascos. Es la misma distinción que puede existir entre magiares y húngaros o entre lusos y portugueses. Entre etnia o lengua y organización política 

No ha sido fácil lograr la consideración como hecho histórico consolidado que en 1200 hubo una conquista de Castilla sobre parte de Navarra, pero, una vez conseguido, es un hecho que está construyendo memoria. Era evidente la necesidad de generar un "relato" común a todos los vascos ("una nación es un relato") y la constatación de estos episodios como conquista ha contribuido a ello de modo importante.

Así se conformó la primera diferenciación entre vascos y navarros.      

-¿Cuál considera que es la principal característica del Reino de Navarra que no debemos olvidar?

- En primer lugar la realidad de que los vascos constituimos un Estado independiente en el conjunto europeo. Es un hecho que ha sido negado, o cuando menos minusvalorado, con asiduidad, incluso desde sectores que se reclaman como nacionalistas vascos. Lo afirma también, por ejemplo,el famoso libro de Marc Kurlansky "The Basque History of the World" ("La historia vasca del mundo") Quienes niegan la estatalidad histórica de los vascos a través de Navarra contribuyen a la minoración de nuestro pueblo y al menosprecio de su autoestima.

En segundo lugar hay que destacar toda su institucionalización y adaptación a tiempos cambiantes basada en el Derecho Pirenaico. 

Son de gran importancia también las aportaciones a la modernidad a través de la Navarra de Ultrapuertos, independiente hasta 1620, como foco de las distintas reformas religiosas de su época y su aportación al pensamiento europeo en general. La corte de Margarita de Navarra, esposa del rey Enrique II, el Sangüesino,,que inspiró al Shakespeare de "Love's Labour's Lost", al afirmar "Navarre shall be the wonder of the world" es, tal vez, su muestra más importante. 

También lo es el desarrollo literario de la lengua vasca, cuyo principal exponente es la traducción del Nuevo Testamento al euskara de Joanes de Leizarraga, por encargo de la reina Juana II de Albret, en 1571. Hecho que incorpora nuestra lengua a las lenguas literarias europeas como había sido el alemán por Martin Lutero en 1534, la "King James Bible" en 1611 para el inglés o la de Kralice al checo hacia 1613.   

-Este libro ya se publicó en 2010. ¿Es una casualidad que haya sido reeditado justo ahora, en un momento en el que la derecha, y sus discursos correspondientes, ha ganado terreno político?

- Evidentemente en la conmemoración del 500 aniversario de la conquista en 2012 se consiguió una victoria importante en la hegemonía del relato en favor de una conquista y ocupación violentas, sufridas por la población navarra de la época. Los cuentos de unión "aeque principaliter" de Navarra a Castilla o de su "incorporación voluntaria" en la monarquía castellana para superar su atraso y sus guerras endémicas, quedaron con las vergüenzas al aire merced a estudios y trabajos como los de P. Monteano, P. Esarte, A. Pescador etc.

Es evidente que los sectores hegemónicos durante siglos no se han rendido con facilidad y cada vez que tienen oportunidad intentan abrir de nuevo vías a su discurso de incorporación voluntaria aunque algo más suave y matizado que el antiguo, No hay que bajar la guardia pues disfrutan de todos los medios que les otorga tener un Estado a su favor: en el sistema educativo y en los medios de comunicación y propaganda sobre todo. No es un problema exclusivo de la "derecha", es un asunto de Estado. Por eso es oportuno insistir en una visión autocentrada de nuestra historia.

En este contexto se constituye la parte más militante que promueve con ahínco la diferenciación entre vascos y navarros. Es una ofensiva que se concreta en la propaganda con la que estos sectores mantenidos por el Estado español intentan manipular con el miedo. Su eslogan es "que vienen los vascos" y quieren aniquilar la personalidad navarra. ¡Como si esta personalidad no hubiera estado en riesgo permanente desde las conquistas y ocupaciones castellanas citadas y en todos los conflictos con España de los siglos XIX y XX!. 

En este contexto se plantea como un asunto grave el modo como se presentan estos temas en el sistema educativo en lengua vasca. Se trata de textos, traducidos del español normalmente, en los que no se expresa con claridad una posición propia, generada desde el sujeto navarro. Y sobre los que pesa como una losa el control, inquisitorial, con el que son revisados por las autoridades oficiales.   

-¿Hay algún aspecto del pasado que, con este libro, podamos aprender y que nos sirva para los tiempos actuales? Más allá de saber bien nuestra historia, nuestro pasado. 

Sin la asunción de la identidad propia es imposible generar un proyecto de futuro autónomo. La identidad se soporta sobre la memoria y la memoria debe pasar por el tamiz crítico de la historia. No puede haber nación sin un relato propio y compartido por sus habitantes. Y la nación, más que la "tierra y los muertos"  de Maurice Barrès, es un proyecto de futuro. 

Evidentemente una tradición tan rica y abierta como la generada por nuestro Derecho Pirenaico, por el Fuero como constitución de Navarra, nos puede cargar de autoestima e inspiración, no para copiar sino para construir un Estado independiente y distinto al servicio de una nación cívica como corresponde a la modernidad. 

En este contexto hay que evitar el juicio de fenómenos actuales con criterios historicistas, como sería el simplificador "como fuimos independientes tenemos derecho a serlo hoy". Eso supone un cortocircuito demasiado fuerte. Tiene que haber varias mediaciones antes de llegar desde tal premisa a esta conclusión. El haber sido un Estado independiente propició la nacionalización de su sociedad y la creación de una conciencia política común. El hecho de haber sido injusta y violentamente conquistados es un punto importante de cara a cualquier reclamación internacional en la actualidad. Pero si en el presente no existe una conciencia nacional que lo exija y reivindique con suficiente fuerza social, todo eso se convierte en papel mojado 

-Por otro lado, ¿el libro esclarece algún hecho concreto del que no tuviéramos conocimiento con anterioridad?

- Todos los hechos que se narran eran conocidos ya que fueron investigados y expuestos por historiadores profesionales. La originalidad del trabajo radica, como ya he dicho antes, en la presentación del sujeto histórico como sujeto político, el Estado navarro. En el libro se hace hincapié en los momentos en los que el "reino" (el "pueblo" como dice Mikel Sorauren) toma decisiones trascendentes. Es el caso de la redacción del Fuero General, a partir de 1234, ante la llegada de la dinastía de Champaña, desconocedora por completo de la tradición jurídico-política pactista de Navarra y de la prevalencia "del uso y la costumbre" y "del común". Sucede cosa semejante tras la unión con la corona francesa al final de esta dinastía, cien años más tarde, cuando los asuntos de Navarra se decidían en París. En ese momento, los navarros deciden separarse, por cuestiones políticas, de Francia y utilizan como pretexto que en esta monarquía rige la ley Sálica por la que no podían reinar las mujeres y en 1328 designan como reina a Juana de Evreux, hija del último rey común con Francia: Luis Hutin.     

-¿Haría una 'Síntesis de la historia de Navarra' reciente? ¿Cómo la calificaría en la actualidad?

- Sería un trabajo bastante complejo. Habría que empezar por desbrozar nuestro siglo XIX y superar todos los complejos introducidos por la historiografía española. Sería necesario revisar toda la interpretación del carlismo, el origen del nacionalismo de Arana Goiri, los procesos de reconfiguración nacional en el siglo XIX europeo empezando por las unificaciones italiana y alemana, el paneslavismo etc., los conflictos nacionales surgidos en Europa tras la Primera Guerra Mundial (1914-18) y contextualizar nuestra realidad de modo bastante más amplio que el que ofrece la visión hispanocéntrica. 

Nos quedamos con demasiada simplicidad en un carlismo retrógrado y como un movimiento fuera de su tiempo, sin estudiar la complejidad de dicho fenómeno, de nuestra sociedad y las de su entorno. Y esto entra de lleno también en la guerra de 1936-39 y en el franquismo, tanto en vida del General como del posterior.

NOTICIAS DE NAVARRA (2020/02/22)

22 julio 2019

SANTIAGO MATAMOROS, FIESTA DE GUARDAR

De guardarse de ella. Santiago, Yaakov de Zebedeo según los evangelios, es el patrón de España. Su fiesta se celebra cada 25 de julio, de modo oficial, allá donde el Estado español extiende su dominio. No por casualidad, cuando en 1512 las tropas del duque Alba invadieron Navarra, entraron en Pamplona un 25 de julio, día de Santiago. ¿Qué nos dice la memoria de este santo patrono?

Según la tradición cristiana, Santiago fue discípulo de Jesús; un apóstol; y de los principales. De hecho con este nombre hubo dos: el Mayor y el Menor. O, más difícil todavía, tres, ya que a los dos anteriores se suma una Epístola que forma parte del Canon cristiano y cuyo autor es también… ¡Santiago!

En la tradición medieval, cuando los apóstoles de Jesús se dispersaron por el mundo para difundir su mensaje, Santiago recaló en la Hispania romana en la que, siguiendo otra leyenda, la propia virgen se le apareció en Zaragoza sobre una columna, cuando se hallaba en un momento de desesperación y zozobra. María, parece, le dio ánimos para continuar su labor evangelizadora. Aquí el relato español erige uno de sus lugares de memoria sobre el “pilar” en que la virgen se presentó al apóstol.

Tras muchos años de olvido, a finales del siglo IX se encontraron en Iría Flavia, junto a la actual población de Santiago de Compostela, los restos de una persona de importancia. Sobre estos restos humanos se construyó una leyenda de mucho trasiego en el medioevo hispano y europeo, un trasiego comercial, cultural y religioso. Se atribuyeron al retorno milagroso de los despojos de Santiago a Hispania. Y así arrancó el camino jacobeo. Con este mito el nacionalismo español construyó otro lugar de memoria que, a la larga, fue más relevante que el de Zaragoza. Santiago fue elevado a la categoría de Patrón de la patria, con un significado que evoca ideas de cierre y xenofobia.

El apodo de Santiago Matamoros nos remite a su sangrienta intervención en la batalla de Clavijo, en 844, ¡mira qué bien!, contra los sarracenos. Otra frase que le califica, explícita en el himno del Arma de Caballería del Ejército español, es ¡Santiago y cierra España! Esta expresión se asocia al cierre o clausura que define, desde el reinado de Felipe II por lo menos, la política de todo gobierno de la monarquía española. Cierre ante cualquier idea, ante cualquier avance técnico o científico. Clausura ante el pensamiento libre, emancipado de la tutela católica.

Desde que a comienzos del pasado siglo Benedetto Croce propuso la tesis según la cual ‘toda historia es historia del presente’, cada vez son más los historiadores que se suman a ella. Toda sociedad y todo grupo, en cada época, reconstruye su historia, su relato en general, en función de sus intereses en el presente. Su posición social o política en los conflictos actuales proporciona la base de sus investigaciones, la selección de los hechos y su interpretación. El nacionalismo español ha construido la parte esencial de su relato nacional con el cuento de la Reconquista y con Santiago como estandarte contra los ‘otros’ (moros).

Como decíamos, el 25 de julio de 1512, festividad de Santiago, las tropas castellanas conquistaron Pamplona, capital del reino de Navarra, en los primeros días de la invasión del duque de Alba (y el fin de la independencia del Estado vasco).

El simbolismo que supone la pérdida de la capital histórica del reino, Iruñea, no puede ser objeto de festejo alguno, porque expresa una derrota. Pero de la memoria de los vencidos, como dice Walter Benjamín, surge la reivindicación y la lucha por la superación y reparación de las injusticias. Nuestro futuro se puede construir precisamente sobre la memoria, sobre esos mimbres memoriales de los derrotados. Un futuro de libertad y emancipación nacional no se levanta ignorando las injusticias y derrotas anteriores. Buena parte de los conflictos que desde entonces hemos padecido en nuestra tierra tienen su origen, más o menos directo, en la pérdida de soberanía que supuso la conquista del Estado vasco a manos del Imperio español. En 1620 desapareció la Baja Navarra absorbida por la corona francesa.

La fiesta de Santiago, un santo cristiano, violento, racista, matamoros, imperial, reaccionario, no es para celebrar, si no es como ocasión de rechazo. Como signo de rebeldía, reclamación de justicia y pase de página. Es una metáfora ilustrativa de lo que nos ofrece España, y un relato de cómo se ha construido. Una buena ocasión para caer en la cuenta de cuánto nos conviene guardarnos de ella. ¿Fiesta de guardar? En todo caso, de protegernos. Cualquiera tiene un mal día.

Luis María Martinez Garate / Angel Rekalde

08 julio 2019

DEL BURGO, LUZ DE TRENTO

Si algo tiene Jaime Ignacio del Burgo es que nunca te deja indiferente. Responde a ese patrón de la tradición española que se define sin rubor por el ideario de Menéndez Pelayo en su Epílogo a la Historia de los Heterodoxos españoles: “España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad”. Nacional-catolicismo destilado, de 50 grados a la sombra.
La última aparición de este político en ‘el Mundo’ (Una ambición destructiva para Navarra y España, 26-06-2019) nos ofrece una nueva evidencia. Este tipo de personajes fundamenta sus posiciones y argumentos en una suerte de catastrofismo agorero. “Quieren crear la Eurorregión de Euskal Herria”, destaca en negrita. Su discurso es un batiburrillo de calamidades y desgracias que acaecen por culpa de sus adversarios; y es natural que ello les lleve a una justificación (cuando no demanda) de sanciones, castigos, represalias, operaciones de Estado y otras agudezas. El mundo es traidor, y no nos puede temblar la mano cuando está en juego la seguridad de la patria.
Este pensamiento es alarmista por naturaleza. Se nutre de las fábulas de terror y de una literatura desquiciada que han ido fabricando durante años a base de manipulación, retórica e insistencia. Todo es ETA. Los atentados de Madrid son ETA. El ex alcalde de Altsasu es ETA. La canícula de verano y las tormentas de granizo que puedan acaecer en sanfermines también son ETA.
Otra peculiaridad de esta verborrea patriótica es su tono patético, de melodrama. Nada existe en matices, en grados, en escala. Recuerda a los culebrones venezolanos. Todo ocurre a la tremenda. Si ya no me quieres, Amadeo Fernando, el mundo se derrumba. Si Geroa Bai se reúne con el PSN, es que mi amor me traiciona y me apuñala por la espalda. El PSOE está dispuesto a “archivar sus convicciones constitucionalistas”. Si une sus votos a Bildu para elegir a Unai Hualde (¡ex alcalde de Altsasu!) es que va con quien mancilla las calles al grito de “Gora ETA”. Si el cuatripartito ofrece el menor gesto a favor de la lengua vasca, es que impone “el euskara como si fuera oficial en toda Navarra”.
Un aspecto que desconcierta dentro de esta visión apocalíptica, dado su currículo de académico de la Historia, es su argumentación historicista (así, en ese sentido peyorativo del término). En efecto, sorprende su inconsistencia. Primero, porque es imperdonable en una persona que presume de saber historia que confunda la Constitución española de 1812 (la de “¡viva la Pepa!” con la de 1837, que es la que estaba en vigor al final de la guerra carlista, tanto cuando se produjo el ‘abrazo de Bergara’, como cuando se impuso la famosa Ley, que del Burgo llama “paccionada” (agosto de 1841), que significó el desmantelamiento foral de la Alta Navarra.
Pero, más grave aun, en segundo lugar, que califique de logros y bondades los cambios históricos e institucionales que se produjeron en 1515 y 1841 (la ‘incorporación de Navarra a Castilla’ y la desaparición del reino). Como cualquier limpiabotas sabe, ambas fechas se refieren a sendas y graves derrotas de Navarra; nos remiten a situaciones bélicas; ambas circunstancias son de desolación y castigo, de imposición y humillación al vencido en el campo de batalla. Una en la conquista del duque de Alba (1512) y otra la victoria de Espartero (1839).  ¡Hombre! Que nos venda como avance y beneficio lo que fue venganza y despojo de los vencidos, manu militari, es de traca.
En todo caso, al lado de todo este argumentario falaz, embrollado y marrullero, el artículo de JIB se orienta a defender su negocio. Por sentido de Estado, el PSOE tiene que entregar el gobierno de Navarra a los suyos. A Navarra Suma. A UPN, PP y Ciudadanos. Ahí el viejo zorro se nos presenta como protagonista de las alcantarillas del Estado, estratega de sus maniobras, honorable James I. Bond de una lucha contra el imperio del mal, acreedor de servicios a la corona. Por cierto, en ese alarde de autocomplacencia expone su peculiar interpretación de la democracia: “en la democracia española sólo es intangible la unidad de la nación cuya soberanía pertenece al pueblo español”. Por si alguien no lo entiende, todo es discutible menos la unidad de España: eso es impepinable, absoluto, previo a las leyes, a la dignidad humana y al sursum corda.
JIB pertenece a esa casta que configura lo que se ha dado en llamar deep statee, el Estado profundo. No es un partido, ni un lobby, ni una mafia, sino un conglomerado de funcionarios, élites, estructuras de poder, banqueros, que se retroalimentan entre ellos y se cooptan. No dudan en utilizar las cloacas del Estado para guardar sus intereses. En ella se incluyen los medios de prensa que se encargan de retransmitir y amplificar sus fake newsCon ellos la opinión pública flota entre la complacencia del supremacismo español y el somnífero del deporte y la farándula. Ahí, las figuras como JIB obtienen reconocimiento y prebendas.
Así funciona la máquina. Como advierte J.I. Bond, de lo que se trata es de que el gobierno del PSOE atienda a su razón de Estado: entrégame el chiringuito navarro; para los míos; es “Vital para la unidad de España”.