En estos momentos de “cambio” en el control de las instituciones de la Comunidad Autónoma del País Vasco, “Euskadi”, según el otro término “oficial”, afloran preocupaciones sobre el futuro de la educación “pública” y, con gran resonancia mediática, de los medios de comunicación, televisión sobre todo, también “públicos”, en el territorio de su administración.
Desde una perspectiva sesgada desde el punto de vista ideológico, normalmente se enfrenta lo “publico”, con una valoración positiva, a lo “privado”, algo que conlleva un pago como contraprestación en el caso de la educación o el uso de publicidad en los medios de comunicación. De este modo se hace coincidir lo “privado” con algo elitista, sólo al alcance de una minoría, en el primer caso, o con algo interferido por sórdidos intereses empresariales, en el segundo.
Por otra parte, existe la visión de lo “propio” frente a lo “ajeno”. En esta alternativa se encuentra una percepción mucho más cercana a la realidad, más próxima a la vida cotidiana. Es “propio” lo que un grupo humano percibe como tal y con lo que se siente identificado inmediatamente. Es “ajeno” aquello que es obligado desde unas instancias de poder extrañas, cuando no impuestas o asimiladoras.
Lo que se considera como “público” exige estabilidad y unos planteamientos anclados en valores firmes y profundos. Precisamente, tanto el sistema educativo como los medios de comunicación son elementos fundamentales de estabilidad para cualquier organización social y para su constitución en sistema político y la exigen para realizar su misión. Lo son porque “generan” sociedad, son los cimientos de la identidad personal. Esta identidad implica siempre, por definición, un ámbito de pertenencia, unos referentes lingüísticos y culturales en general. Es la que permite la socialización de las personas y la constitución de un grupo humano cohesionado, en el que se procura minimizar los conflictos.
Las naciones que históricamente se han constituido en Estado han obtenido con el mismo, en primer lugar, el principal factor de creación de identidad, de conciencia de pertenencia a una colectividad y, en segundo, de ciudadanía para el uso de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes. En estas sociedades lo “público” se identifica, de forma genérica y sin apenas conflicto, con lo “propio”. Las actividades organizadas por el mismo Estado, o por cualquiera de sus instituciones de rango inferior, se consideran como “propias”.
El problema surge cuando una sociedad como la nuestra, que fue capaz de organizar históricamente su Estado independiente, Navarra, y que le fue arrebatado por conquista y ocupación, se inserta en la organización política de un Estado (estados en nuestro caso) ajeno(s) y con apetencias de dominio. Si esa inserción se hubiese producido a través de una estructura confederal, a la que se hubiera llegado con un reconocimiento previo de las entidades incorporadas, el problema sería distinto. Pero nuestro caso no fue así. Tras conquistas, ocupaciones y derrotas de todo tipo llegamos, con ocasión de la muerte del General Franco, en 1975, a la posibilidad de forzar un cambio político real en la organización del Estado español, en la que se hubiera podido reconocer, de forma incondicional y previa a su constitución, nuestra existencia como sociedad diferenciada. Algunos hablaron entonces de la “autonomía inmediata” como premisa democrática. El régimen surgido de la “transición” se estructuró sobre la “unidad indisoluble” de España y de la correspondiente soberanía, indivisible, del “pueblo español”.
En esta forma de organización política, aun estructurada como “Estado de la autonomías”, el depositario último de la soberanía, según lo dice claramente la Constitución española de 1978 en su artículo 2, es el “pueblo español”, sin fisuras. Cualquier institución política de rango inferior es subordinada, en todas las acepciones del término. Cuando se habla, con demasiada facilidad posiblemente, de que el gobierno de Vitoria, el de Iruñea o la actual Generalitat catalana son “instituciones del Estado”, se está constatando una realidad. Lo malo es que esa realidad implica, aunque intente disimularlo, que dichas instituciones están subordinadas en la práctica política a la ya citada soberanía del “pueblo español” en su conjunto, sin fisuras. Y en ese juego tanto vascos como catalanes, como tales, no existimos.
Si, además, el Estado español, sin olvidar al francés por el norte, histórica y reiteradamente, ha manifestado y sigue manifestando su objetivo homogeneizador, con el consiguiente sometimiento, lingüístico y cultural sí, pero también social y económico, de Navarra y Cataluña, podemos comprobar fácilmente que andamos sobre arenas movedizas. Más todavía al observar de forma cotidiana sus arbitrarias ilegalizaciones de grupos políticos, cierres de medios de comunicación, detenciones caprichosas y otras muchas iniciativas que son, en su conjunto, expresiones de su realidad totalitaria.
Si, dando otra vuelta de tuerca, se asocia lo “público” a cuestiones dispuestas directamente por el Estado o por sus instituciones subordinadas (como lo es el gobierno de Vitoria en los casos antes citados) encontramos que todo lo que se organice en su ámbito, en la CAV y en la CFN, como “público” está, en realidad, en sus manos, las del Estado español, en este caso. Es decir que, en su actual régimen, todo lo que se conoce como educación o medios de comunicación “públicos”, aun apareciendo nominalmente como “vascos” o “navarros”, son suyos y están siempre, por definición, en la cuerda floja. Están a expensas de la siguiente “trampa” que nos tiendan y en la que, por desgracia, solemos caer.
Claramente se percibe que en nuestro caso lo “público” no encaja con lo “propio”, más bien coincide con lo “ajeno”, con lo impuesto; mientras que lo “propio” tiende a ajustarse mejor con lo “privado”, que denota realmente lo que la capacidad social es capaz de generar en función de sus intereses y objetivos, casi siempre contrarios a lo “ajeno” o impuesto, aunque se disfrace con el atractivo nombre de “público”. Será “público” posiblemente, pero de otro público, no del nuestro.
Queda claro asimismo cómo estamos subordinados a su mayoría soberana, también cómo su función histórica ha sido la persecución e intento de aniquilamiento de nuestra identidad propia (lengua, memoria histórica, cultura etc.) para diluirnos y recuperarnos para la suya. Una de las últimas “trampas” fue la que llamaron “Ley de partidos”. Algo así como el manual de “Cómo obtener una mayoría de una minoría manifiesta con una urna mágica”. Aunque haya que reconocer que con la “trampa” antes citada, la de la soberanía del “pueblo español”, no sólo nos marcaron un gol sino que nos hicieron permanecer por una larga etapa en “regional”, donde nos habían hecho descender desde mucho tiempo atrás.
En alguna ocasión se dijo, con razón, que en nuestro país eran más “públicas” las ikastolas o los medios de comunicación con vocación de servicio a nuestra sociedad cívica, a nuestro pueblo, que todas las dependientes, en el fondo, del sistema estatal. Ambos eran “propios”. Las ikastolas surgieron de lo más profundo de nuestro pueblo, lo mismo que las cooperativas. Otro caso clamoroso aconteció tras el arbitrario e injusto cierre de Egunkaria; Berria estaba en la calle a los pocos meses.
No basta con rasgarnos las vestiduras por los cambios que se avecinan en “nuestro” sistema educativo y en “nuestros” medios de comunicación. Nunca han sido realmente nuestros; no han sido, ni son, “propios”. Constituían una cesión temporal mientras considerasen que su administración era la adecuada para sus intereses o no tuvieran el descaro que manifiestan ahora para gestionarlos directamente. No podemos resignarnos a soportar pasivos esta triste situación. A pesar de que el profundo enfado y sensación de injusticia, de cabreo en suma, que experimentamos nos pueda conducir a reacciones irreflexivas, hemos de plantear con seriedad nuestra ubicación y perspectivas en el mundo. Debemos aclarar nuestras necesidades y objetivos y definir los fines y medios para alcanzarlos.
Al margen de otras características como la lengua propia, el euskera, constituimos una sociedad con una cultura política importante y cualificada, que se forjó a lo largo de siglos y cuya base está, precisamente, en la forma que le dio su Estado, el reino de Navarra. La voluntad social necesaria para lograr el cambio político que nos permita, de verdad, acceder a una situación estable (dentro de la estabilidad que se puede encontrar en el convulso mundo en que vivimos), en cualquier ámbito social o económico por supuesto, pero sobre todo en los que dan pie a estas reflexiones, los relacionados con la identidad y estabilidad sociales, pienso que debe apoyarse en esa cultura política. El sistema educativo y los medios de comunicación son ámbitos básicos para garantizar una sociedad cohesionada y sólida y un desarrollo viable, solidario con el resto de pueblos del mundo y respetuoso con el planeta.
No encuentro otra forma de concretarlo, no veo otra solución democrática, que la consecución de un Estado propio, centrado en la recuperación del nuestro, el Estado navarro. De este modo seremos realmente un sujeto político en el mundo, con nombre y apellidos propios. En cualquier otro caso continuaremos navegando en el airado mar de la subordinación y de la interinidad. En la práctica seguiremos siendo inexistentes.
Opiniones y puntos de vista sobre Navarra como perspectiva política de Euskal Herria y de la Vasconia histórica en el mundo actual y sobre cualquier aspecto que afecte al presente y futuro del planeta Tierra, su biodiversidad, y el papel de la inteligencia humana en todo ello, "Nos guste o no, estemos o no preparados, somos la mente y los guardianes del mundo vivo". (Edward O. Wilson)
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04 abril 2009
07 julio 2006
SOBRE LA REALIDAD Y LA POLÍTICA
La polémica sobre el currículo es la “punta del iceberg” de un debate mucho más profundo, ideológico y político. Para comprender la realidad de una sociedad no es suficiente con la descripción de sus aspectos concretos, uno de los cuales sería el educativo y, dentro del mismo, el currículo. El sistema educativo está inmerso activa y pasivamente dentro del contexto social, ideológico y político. Pienso que no se ha escamoteado el currículo, simplemente se ha profundizado en aspectos que lo condicionan de forma muy importante.
Voy a intentar resumir en puntos concretos algunas de las cuestiones de divergencia con Ramón Zallo:
1.- Pienso que Zallo confunde lo que el llama Realidad con mayúscula y la equipara con el conocimiento mediado (aquí sí que hay “mediaciones”) y condicionado por los aparatos de todo tipo (educacionales, mediáticos, coercitivos etc.) de los estados dominantes. A la realidad opino que se debe acceder mediante la investigación en todo el entramado de relaciones sociales y, sobre todo, debe relativizar la “objetividad” de su posicionamiento. La percepción de la realidad, ya desde Marx, responde a los intereses sociales de quien la analiza.
2.- Debo reiterar, en el mismo sentido, que Zallo se mueve en los parámetros de la dominación. Las identidades sobre las que trabaja la “sociología cuantitativa” (evidentemente más allá del bien y del mal) no sólo no son “neutras”, sino que tienen una enorme carga ideológica y política. Con los “datos objetivos” de este tipo de sociología pasa algo muy semejante a lo que sucede con los votos en las sociedades dominadas. Sólo se puede votar lo que los dominantes permiten en su propio sistema y con sus propias reglas de juego. Lo cual no quiere decir que tanto unas como otros no tengan valor para conocer la realidad de una sociedad, pero hay muchos más factores que se deben sopesar y tener en cuenta para acceder a un conocimiento más profundo.
3.- Opino que Zallo juega el papel de “reductor” de las reivindicaciones de nuestra sociedad. Las reduce, de manera semejante a como lo hacen determinados sectores del PNV, a lo que él juzga, otra vez por encima del bien y del mal, como “lo posible”. Y tras despacharlas como “imposibles”, por utópicas, plantea la pregunta retórica de “cómo se crea un Estado ahora ya!”. Para colmo, afirma que “faltan los agentes y los actores”. Es muy revelador de su papel en este juego, en el que sirve de freno y distracción de las muchas capacidades de nuestra sociedad.
4.- En este sentido, me apena profundamente la visión que tiene Ramón Zallo de la sociedad de la CFN. La equiparación que hace entre el número (una valoración puramente cuantitativa) de euskaldunes y de emigrantes sería ofensiva si no fuera ignorante. Parece que Zallo no se ha enterado de la visión política de Navarra como Estado independiente durante muchos siglos, de la memoria histórica que esto representa para la sociedad de la CFN, del valor social y político que supone para su autoestima y de su función movilizadora. Esta perspectiva supera, cuantitativa y cualitativamente, con amplitud el peso numérico de los euskaldunes en la CFN. Tal aspecto es ignorado, cuando no menospreciado, desde la muchos sectores de la CAV y de la propia CFN. Pero no creo que estemos en condiciones de tirarnos los trastos unos y otros en beneficio de quienes nos dominan.
5.- Zallo tergiversa el concepto de estrategia. Estrategia es, de algún modo, una articulación de medios y fines. Una estrategia sin fines claros se pierde en el oportunismo y eso es lo que, según creo, le sucede a Zallo. Y, para mí, es evidente que todos los medios, el corto plazo, la táctica, la gestión del currículo, etc., etc., sólo tienen un sentido político real si se enmarcan en una estrategia propia de recuperación del Estado. Ahí es, en mi opinión, donde Zallo naufraga ya que no sólo no se lo plantea como objetivo estratégico, sino que lo margina. Desde mi propia posición, u otras semejantes, nunca hemos dicho que menospreciemos ni el corto plazo, ni el día a día, pero contemplados siempre dentro de una perspectiva que consideramos estratégica.
6.- Zallo habla de “pasos que puedan ir en la buena dirección”. Pero, ¡señor mío!, si eso es precisamente lo que queremos. Pero para eso es necesario coincidir en definir cual es la “buena dirección”. Y ahí, me temo que haya también alguna divergencia. Para nosotros el objetivo de la consecución del Estado propio es democráticamente irrenunciable. Otra cosa es que en las distintas fases del conflicto se pueda llegar a situaciones “intermedias” como serían fórmulas federales o confederales. Repito, no es nuestro objetivo, pero si llegan, serán bienvenidas. No somos de los que opinan que “cuanto peor, mejor”.
7.- En la interpretación que da Zallo del soberanismo creo que se produce una importante confusión entre la realidad política del Estado español y los deseos que tiene de que fuera de otro modo. El ejemplo de las andanzas de ERC en el tripartito catalán y en su relación con el gobierno del Estado español en la gestación del Estatuto de Catalunya dejan bien claros los márgenes de maniobra. Y no son, precisamente confederales, ni tan siquiera federales. Siguen siendo unitaristas al viejo estilo.
8.- Quiéralo o no Ramón Zallo el choque social ya existe y no es precisamente cediendo posiciones, siendo “buenos”, como se ganan los conflictos que intencionadamente se plantean como juegos “de suma cero”. Pienso que no es así y que España y Francia saldrían ganando en calidad democrática si Vasconia fuese independiente. Pero ellos, sus respectivos nacionalismos, parece que no lo perciben de este modo y fuerzan un juego de suma cero: lo que tú ganas, yo lo pierdo. Será triste, pero es así. Y nuestra capacidad demográfica no nos permite actuar como misioneros para “convertir” a españoles y franceses al nuevo “juego”.
9.- Tengo muy claro quienes son nuestros adversarios y dónde se ubican sus guarniciones; son los defensores a ultranza del unitarismo de los estados bajo los que se encuentra repartida nuestra sociedad. En mi opinión, aquí Zallo se despista un poco. Lo que pretendemos quienes somos miembros de Iturralde y trabajamos a través de Nabarralde, es precisamente que entre todos aquellos grupos, movimientos, asociaciones personas etc. que estén próximos en su visión de Euskal Herria, se organice un debate democrático en el que los asuntos antes expuestos, y otros muchos, salgan a la luz. Nosotros aportamos nuestro punto de vista, y lo debatiremos con quien haga falta.
10.- Pienso que una sociedad adulta y con autoestima se independiza como las personas. Desde Iturralde y a través de Nabarralde trabajamos en que nuestra sociedad, Vasconia entera, adquiera el nivel de autoestima (mediante el reconocimiento de su patrimonio, historia etc.) necesario y suficiente para exigir su emancipación, su independencia. Y pienso que esto sólo puede venir de la mano del Estado propio.
11.- Quiero terminar estas puntualizaciones con el agradecimiento a Ramón Zallo como agente de un debate, desde mi punto de vista, positivo y enriquecedor. Quiero también agradecer a los medios que han servido de vehículo al mismo, bien sean electrónicos, como Izaro News y Nabarralde, bien sea en la prensa escrita, como Berria.
Voy a intentar resumir en puntos concretos algunas de las cuestiones de divergencia con Ramón Zallo:
1.- Pienso que Zallo confunde lo que el llama Realidad con mayúscula y la equipara con el conocimiento mediado (aquí sí que hay “mediaciones”) y condicionado por los aparatos de todo tipo (educacionales, mediáticos, coercitivos etc.) de los estados dominantes. A la realidad opino que se debe acceder mediante la investigación en todo el entramado de relaciones sociales y, sobre todo, debe relativizar la “objetividad” de su posicionamiento. La percepción de la realidad, ya desde Marx, responde a los intereses sociales de quien la analiza.
2.- Debo reiterar, en el mismo sentido, que Zallo se mueve en los parámetros de la dominación. Las identidades sobre las que trabaja la “sociología cuantitativa” (evidentemente más allá del bien y del mal) no sólo no son “neutras”, sino que tienen una enorme carga ideológica y política. Con los “datos objetivos” de este tipo de sociología pasa algo muy semejante a lo que sucede con los votos en las sociedades dominadas. Sólo se puede votar lo que los dominantes permiten en su propio sistema y con sus propias reglas de juego. Lo cual no quiere decir que tanto unas como otros no tengan valor para conocer la realidad de una sociedad, pero hay muchos más factores que se deben sopesar y tener en cuenta para acceder a un conocimiento más profundo.
3.- Opino que Zallo juega el papel de “reductor” de las reivindicaciones de nuestra sociedad. Las reduce, de manera semejante a como lo hacen determinados sectores del PNV, a lo que él juzga, otra vez por encima del bien y del mal, como “lo posible”. Y tras despacharlas como “imposibles”, por utópicas, plantea la pregunta retórica de “cómo se crea un Estado ahora ya!”. Para colmo, afirma que “faltan los agentes y los actores”. Es muy revelador de su papel en este juego, en el que sirve de freno y distracción de las muchas capacidades de nuestra sociedad.
4.- En este sentido, me apena profundamente la visión que tiene Ramón Zallo de la sociedad de la CFN. La equiparación que hace entre el número (una valoración puramente cuantitativa) de euskaldunes y de emigrantes sería ofensiva si no fuera ignorante. Parece que Zallo no se ha enterado de la visión política de Navarra como Estado independiente durante muchos siglos, de la memoria histórica que esto representa para la sociedad de la CFN, del valor social y político que supone para su autoestima y de su función movilizadora. Esta perspectiva supera, cuantitativa y cualitativamente, con amplitud el peso numérico de los euskaldunes en la CFN. Tal aspecto es ignorado, cuando no menospreciado, desde la muchos sectores de la CAV y de la propia CFN. Pero no creo que estemos en condiciones de tirarnos los trastos unos y otros en beneficio de quienes nos dominan.
5.- Zallo tergiversa el concepto de estrategia. Estrategia es, de algún modo, una articulación de medios y fines. Una estrategia sin fines claros se pierde en el oportunismo y eso es lo que, según creo, le sucede a Zallo. Y, para mí, es evidente que todos los medios, el corto plazo, la táctica, la gestión del currículo, etc., etc., sólo tienen un sentido político real si se enmarcan en una estrategia propia de recuperación del Estado. Ahí es, en mi opinión, donde Zallo naufraga ya que no sólo no se lo plantea como objetivo estratégico, sino que lo margina. Desde mi propia posición, u otras semejantes, nunca hemos dicho que menospreciemos ni el corto plazo, ni el día a día, pero contemplados siempre dentro de una perspectiva que consideramos estratégica.
6.- Zallo habla de “pasos que puedan ir en la buena dirección”. Pero, ¡señor mío!, si eso es precisamente lo que queremos. Pero para eso es necesario coincidir en definir cual es la “buena dirección”. Y ahí, me temo que haya también alguna divergencia. Para nosotros el objetivo de la consecución del Estado propio es democráticamente irrenunciable. Otra cosa es que en las distintas fases del conflicto se pueda llegar a situaciones “intermedias” como serían fórmulas federales o confederales. Repito, no es nuestro objetivo, pero si llegan, serán bienvenidas. No somos de los que opinan que “cuanto peor, mejor”.
7.- En la interpretación que da Zallo del soberanismo creo que se produce una importante confusión entre la realidad política del Estado español y los deseos que tiene de que fuera de otro modo. El ejemplo de las andanzas de ERC en el tripartito catalán y en su relación con el gobierno del Estado español en la gestación del Estatuto de Catalunya dejan bien claros los márgenes de maniobra. Y no son, precisamente confederales, ni tan siquiera federales. Siguen siendo unitaristas al viejo estilo.
8.- Quiéralo o no Ramón Zallo el choque social ya existe y no es precisamente cediendo posiciones, siendo “buenos”, como se ganan los conflictos que intencionadamente se plantean como juegos “de suma cero”. Pienso que no es así y que España y Francia saldrían ganando en calidad democrática si Vasconia fuese independiente. Pero ellos, sus respectivos nacionalismos, parece que no lo perciben de este modo y fuerzan un juego de suma cero: lo que tú ganas, yo lo pierdo. Será triste, pero es así. Y nuestra capacidad demográfica no nos permite actuar como misioneros para “convertir” a españoles y franceses al nuevo “juego”.
9.- Tengo muy claro quienes son nuestros adversarios y dónde se ubican sus guarniciones; son los defensores a ultranza del unitarismo de los estados bajo los que se encuentra repartida nuestra sociedad. En mi opinión, aquí Zallo se despista un poco. Lo que pretendemos quienes somos miembros de Iturralde y trabajamos a través de Nabarralde, es precisamente que entre todos aquellos grupos, movimientos, asociaciones personas etc. que estén próximos en su visión de Euskal Herria, se organice un debate democrático en el que los asuntos antes expuestos, y otros muchos, salgan a la luz. Nosotros aportamos nuestro punto de vista, y lo debatiremos con quien haga falta.
10.- Pienso que una sociedad adulta y con autoestima se independiza como las personas. Desde Iturralde y a través de Nabarralde trabajamos en que nuestra sociedad, Vasconia entera, adquiera el nivel de autoestima (mediante el reconocimiento de su patrimonio, historia etc.) necesario y suficiente para exigir su emancipación, su independencia. Y pienso que esto sólo puede venir de la mano del Estado propio.
11.- Quiero terminar estas puntualizaciones con el agradecimiento a Ramón Zallo como agente de un debate, desde mi punto de vista, positivo y enriquecedor. Quiero también agradecer a los medios que han servido de vehículo al mismo, bien sean electrónicos, como Izaro News y Nabarralde, bien sea en la prensa escrita, como Berria.
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01 julio 2006
IDEOLOGIA ETA POLITIKA HEZKUNTZA SISTEMETAN
XIX. mendearen amaieran Jules Ferryk, Frantziako Estatuan, eskola bateratu baten beharra planteatu zuenetik, hezkuntza sistemaren oinarri izango zenarena, ez dago inolako errugaberik arlo horretan. «Abertzale jatorrak» sortzea zen hezkuntzaren helburua, eta hizkuntzaren, kulturaren eta «betiko» Frantziaren balioen irakaskuntzan zetzan curriculuma; gainera, Renanen tesiekin egiten zuen bat eta, horien arabera, Frantziako «nazioaren» izenean, ahaztu egin behar zen batasunera heltzeko erabilitako indarkeria.
Nazioa eta estatua bi gizarte errealitate dira. Herria, gizartea, nazio bihur daiteke. Eta horrek gainerako herrialdeekiko harremanetan arrakasta badu, estatu bihurtzera hel daiteke. Helburu hori lortuta, estatuak finkatzen ditu oinarri izan duen nazioaren ezaugarriak. Frantziari dagokionez, batez ere; izan ere, horren monarkiaren jatorri absolutistak izaera unitarista eta totalitarioa eman zion iraultzaren ondorioz sortutako estatuari, oraindik orain ere baduena. Espainiari dagokionez, berriz, maisua imitatzen saiatzen den ikaslea da hori, horren bikaintasuna lortzen ez badu ere.
Garai jakin bateko gatazka politikoen eta koiuntura jakin batean horien inguruan hartutako erabakien ondorio da ikastetxe «ofizialetako» hezkuntza. Ez da sekula horietatik kanpo egon, eta are gutxiago horien gainetik. Gure nahiak edo interesak gizarte errealitatearekin ez nahasten saiatu behar dugu, setatia baita hori Marx zaharrak zioenez.
Arazo larria da indarkeriaren «legezko» monopolioa duenaren -estatua- planteamenduak «ez politikotzat» hartzea beti, eta gizarte zibilarenak, berriz, «ideologiko» edo «politikotzat», eta horiei karga peioratibo handia ematea.
Gure gizartea «askotarikoa» dela pentsatzea da estatu propioa dutenen eta ez dutenen arteko planteamendu distantziakide horien akatsa, nahiz eta azken horiek ere Estatua nahi eta horren beharra ikusi. Nafarroako (Euskal Herriko) gizartea ez da askotarikoa, Suitzakoaren neurrian. Suitzako gizartea gizarte normalizatua da. Estatu konfederala du, eta kantonamendutan banatuta dago; horiek, gainera, askatasun handia dute arlo askotan. Baina gizarte demokratikoa da batez ere, estatuaren kanpo erakundeen mende ez dagoena. Gurea, berriz, gizarte desegituratua da; konkista, okupazio eta murrizte prozesuek «askotariko» itxura eman badiote ere, pluraltasun hori ez dago subiranotasunaren mende, kanpoko interes arrotzena baizik; gehienetan, gainera, horren egituratzearen beraren kontra daudenena.
Nafarrok badakigu Fernando Buesak zer-nolako «erabakia» hartu zuen Hezkuntza sailburu zenean. Eta hortxe datza arazoa (edo arazoak), hain zuzen. Espainiako eta Frantziako estatuetan oso erantzun zakarra eragiten du hizkuntz edo kultur pluraltasunaren inguruko edozerk eta, ondorioz, gai dira berriz ere konkistarako deia egiteko. Hori helburu politiko ez badut ere, estatu konfederal edo federala edukiz gero, benetan demokratikoa, inolako oldarkortasunik gabe jorra genitzake arazo horiek, eta bidezko akordioetara ere hel gintezke. Espainiako Estatuari dagokionez ERCk Katalunian egin duen apustuak alde eztabaidaezinik izan badu, aukera hori bideraezintzat ematea izan da hori, orain arte, bederen.
Ikastolak erabat desager zitezen nahi zuen Fernando Buesak. Horren alde borrokatu zen, eta emaitzak onak ere lortu zituen hein batean. Espainiakoa bezalako erregimen politiko batean, baina, jarrera nazionala erabat uztea da hori Nafarroaren ikuspegitik, hori suntsitzea helburu eta harrotasun dutenen onerako.
Nafarrok badakigu zuk esandako guztia, Zallo jauna; izan ere, sinatzaile honen iritziz, Baskoniako herritar guztiak gara nafarrak, zentzu politikoan. Uste dut, gainera, Euskal Herriko herritarrak sailkatzeko erabili dituzun irizpideak menderatzaileen parametroetan daudela: euskaldun «nazionalistak» eta «ez nazionalistak», «euskaldunak» eta «nafarrak», «euskaldunak» eta «espainolak», «nafarrak» eta «euskaldunak», «nafarrak» eta «frantsesak» eta abar, ad nauseam.
Badakigu guztiok estatua ez dela munduko subjektu politiko agente bakarra, baina badakigu, era berean, estatu propiorik gabe ez garela ia ezer. Zergatik onartzen dute EBn maltera edo esloveniera eta ez katalana, askoz ere lagun gehiagok dakitena? Gure arrantzaleek zergatik ez dute ahots propiorik; zergatik mintzatu behar dira Espainiako eta Frantziako ordezkarien bidez? Ez al da bidezkoagoa pentsatzea Bizkaiko Golkoak -batasun ekologiko, geologiko eta soziala- ahaleginak bateratu beharko lituzkeela arrantza eta bestelako «baliabideak» (antropozentrikoa bada ere, egungo errealitatea ongi islatzen duen hitza erabiliz) hobeto ustiatzeko, Espainiaren eta Frantziaren interesak alde batera utzita?
Konplexurik gabeko nazio bati buruz ari gara, Zallo jauna. Oso erraza da nazio horri «etnizista» edo «komunitarista» kontzeptu peioratiboak aplikatzea, hitz horiek mintzagai dugun nazioa bahituta daukatenentzat egokiagoak ez ote diren galdetu gabe. Beste Nafarroako Estatu bat, Baskoniako herritar guztien estatua, sortzea da nire helburua, bai eta Iturralden lanean ari diren beste lagun askorena ere; izan ere, herritar horiek ez dute sekula beren ondare edota historia arbuiatu; ez dute sekula onartu ez okupazioa, ez eta Frantziak eta Espainiak ondoren egindako ordezkatzeak ere.
Konkista eta okupazioan dago gaur egungo gatazken jatorria egiazkoa eta sakona, eta gatazken erroa zein den ezagutu gabe ezin dira horiek konpondu. Hori ezagutzeak gure gizarteari kontzientzia nahikoa eman diezaion nahi dut, lehen adierazitako helburuak lortzeko beharra azter dezan beharrezko autoestimuarekin. Eta XXI. mendeko gizarteak, herritar askeek osatutakoak, aurrekari propio gisa onartuko ditu foru sistema eta Arana Goiriren planteamenduak, baina ez da horietara mugatuko.
Euskal nazio berrian, Nafarroako estatuan eta munduko beste edozein estatu demokratikotan, konstituzioan errespetatu beharko dira nortasun linguistiko eta kultural guztiak. Baina nortasun ezaugarri guztiak errespetatu behar dira lehenik eta behin; euskara edo gure herriak antolatzeko erabili izan dituen moduak besteak beste. Konkista garaitik, zapaldu eta suntsitu egin dituzte horiek estatuek, eta berdin jarraitzen dute egun ere.
Nazioa eta estatua bi gizarte errealitate dira. Herria, gizartea, nazio bihur daiteke. Eta horrek gainerako herrialdeekiko harremanetan arrakasta badu, estatu bihurtzera hel daiteke. Helburu hori lortuta, estatuak finkatzen ditu oinarri izan duen nazioaren ezaugarriak. Frantziari dagokionez, batez ere; izan ere, horren monarkiaren jatorri absolutistak izaera unitarista eta totalitarioa eman zion iraultzaren ondorioz sortutako estatuari, oraindik orain ere baduena. Espainiari dagokionez, berriz, maisua imitatzen saiatzen den ikaslea da hori, horren bikaintasuna lortzen ez badu ere.
Garai jakin bateko gatazka politikoen eta koiuntura jakin batean horien inguruan hartutako erabakien ondorio da ikastetxe «ofizialetako» hezkuntza. Ez da sekula horietatik kanpo egon, eta are gutxiago horien gainetik. Gure nahiak edo interesak gizarte errealitatearekin ez nahasten saiatu behar dugu, setatia baita hori Marx zaharrak zioenez.
Arazo larria da indarkeriaren «legezko» monopolioa duenaren -estatua- planteamenduak «ez politikotzat» hartzea beti, eta gizarte zibilarenak, berriz, «ideologiko» edo «politikotzat», eta horiei karga peioratibo handia ematea.
Gure gizartea «askotarikoa» dela pentsatzea da estatu propioa dutenen eta ez dutenen arteko planteamendu distantziakide horien akatsa, nahiz eta azken horiek ere Estatua nahi eta horren beharra ikusi. Nafarroako (Euskal Herriko) gizartea ez da askotarikoa, Suitzakoaren neurrian. Suitzako gizartea gizarte normalizatua da. Estatu konfederala du, eta kantonamendutan banatuta dago; horiek, gainera, askatasun handia dute arlo askotan. Baina gizarte demokratikoa da batez ere, estatuaren kanpo erakundeen mende ez dagoena. Gurea, berriz, gizarte desegituratua da; konkista, okupazio eta murrizte prozesuek «askotariko» itxura eman badiote ere, pluraltasun hori ez dago subiranotasunaren mende, kanpoko interes arrotzena baizik; gehienetan, gainera, horren egituratzearen beraren kontra daudenena.
Nafarrok badakigu Fernando Buesak zer-nolako «erabakia» hartu zuen Hezkuntza sailburu zenean. Eta hortxe datza arazoa (edo arazoak), hain zuzen. Espainiako eta Frantziako estatuetan oso erantzun zakarra eragiten du hizkuntz edo kultur pluraltasunaren inguruko edozerk eta, ondorioz, gai dira berriz ere konkistarako deia egiteko. Hori helburu politiko ez badut ere, estatu konfederal edo federala edukiz gero, benetan demokratikoa, inolako oldarkortasunik gabe jorra genitzake arazo horiek, eta bidezko akordioetara ere hel gintezke. Espainiako Estatuari dagokionez ERCk Katalunian egin duen apustuak alde eztabaidaezinik izan badu, aukera hori bideraezintzat ematea izan da hori, orain arte, bederen.
Ikastolak erabat desager zitezen nahi zuen Fernando Buesak. Horren alde borrokatu zen, eta emaitzak onak ere lortu zituen hein batean. Espainiakoa bezalako erregimen politiko batean, baina, jarrera nazionala erabat uztea da hori Nafarroaren ikuspegitik, hori suntsitzea helburu eta harrotasun dutenen onerako.
Nafarrok badakigu zuk esandako guztia, Zallo jauna; izan ere, sinatzaile honen iritziz, Baskoniako herritar guztiak gara nafarrak, zentzu politikoan. Uste dut, gainera, Euskal Herriko herritarrak sailkatzeko erabili dituzun irizpideak menderatzaileen parametroetan daudela: euskaldun «nazionalistak» eta «ez nazionalistak», «euskaldunak» eta «nafarrak», «euskaldunak» eta «espainolak», «nafarrak» eta «euskaldunak», «nafarrak» eta «frantsesak» eta abar, ad nauseam.
Badakigu guztiok estatua ez dela munduko subjektu politiko agente bakarra, baina badakigu, era berean, estatu propiorik gabe ez garela ia ezer. Zergatik onartzen dute EBn maltera edo esloveniera eta ez katalana, askoz ere lagun gehiagok dakitena? Gure arrantzaleek zergatik ez dute ahots propiorik; zergatik mintzatu behar dira Espainiako eta Frantziako ordezkarien bidez? Ez al da bidezkoagoa pentsatzea Bizkaiko Golkoak -batasun ekologiko, geologiko eta soziala- ahaleginak bateratu beharko lituzkeela arrantza eta bestelako «baliabideak» (antropozentrikoa bada ere, egungo errealitatea ongi islatzen duen hitza erabiliz) hobeto ustiatzeko, Espainiaren eta Frantziaren interesak alde batera utzita?
Konplexurik gabeko nazio bati buruz ari gara, Zallo jauna. Oso erraza da nazio horri «etnizista» edo «komunitarista» kontzeptu peioratiboak aplikatzea, hitz horiek mintzagai dugun nazioa bahituta daukatenentzat egokiagoak ez ote diren galdetu gabe. Beste Nafarroako Estatu bat, Baskoniako herritar guztien estatua, sortzea da nire helburua, bai eta Iturralden lanean ari diren beste lagun askorena ere; izan ere, herritar horiek ez dute sekula beren ondare edota historia arbuiatu; ez dute sekula onartu ez okupazioa, ez eta Frantziak eta Espainiak ondoren egindako ordezkatzeak ere.
Konkista eta okupazioan dago gaur egungo gatazken jatorria egiazkoa eta sakona, eta gatazken erroa zein den ezagutu gabe ezin dira horiek konpondu. Hori ezagutzeak gure gizarteari kontzientzia nahikoa eman diezaion nahi dut, lehen adierazitako helburuak lortzeko beharra azter dezan beharrezko autoestimuarekin. Eta XXI. mendeko gizarteak, herritar askeek osatutakoak, aurrekari propio gisa onartuko ditu foru sistema eta Arana Goiriren planteamenduak, baina ez da horietara mugatuko.
Euskal nazio berrian, Nafarroako estatuan eta munduko beste edozein estatu demokratikotan, konstituzioan errespetatu beharko dira nortasun linguistiko eta kultural guztiak. Baina nortasun ezaugarri guztiak errespetatu behar dira lehenik eta behin; euskara edo gure herriak antolatzeko erabili izan dituen moduak besteak beste. Konkista garaitik, zapaldu eta suntsitu egin dituzte horiek estatuek, eta berdin jarraitzen dute egun ere.
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22 junio 2006
IDEOLOGÍA Y POLÍTICA EN LOS SISTEMAS EDUCATIVOS
Desde que Jules Ferry planteó en el Estado francés, a finales del siglo XIX, la necesidad de una escuela unificada como base de un sistema educativo cuya finalidad fundamental fuera la de crear “buenos patriotas” y en la que el currículo consistía en la enseñanza de la lengua, cultura y valores de la Francia “eterna”, adoptando además la tesis de Renan por la que en aras de la “nación” francesa era necesario olvidar los violentos procesos mediante los que se logró su unificación, ya nada ni nadie es inocente en este campo. Y menos aún en el Estado español.
La nación y el Estado son dos realidades sociales que se realimentan. Un pueblo, una sociedad, pueden llegar a constituirse en un hecho nacional. Si esta realidad tiene éxito político en su relación con otras naciones puede llegar a constituirse en Estado. Una vez logrado tal objetivo, es el Estado el que reafirma de modo inequívoco los atributos de la nación sobre la que se construyó. Especialmente en el caso francés en el que el origen absolutista de su monarquía trasladó al Estado surgido de la Revolución una vocación unitarista y totalitaria que aún conserva. El caso español es el del aprendiz que imita al maestro sin alcanzar su perfección.
La enseñanza que se imparte en las escuelas “oficiales” es una resultante de los conflictos políticos de una determinada época y de su resolución en una coyuntura concreta. Nunca ha estado al margen ni, menos aún, por encima de los mismos. Hay que procurar evitar el error de confundir nuestros deseos, o nuestros intereses, con la realidad social que, como decía el viejo Marx, es tozuda.
Un problema muy serio lo constituye el hecho de que los planteamientos que surgen de quien posee el monopolio “legítimo” de la violencia, el Estado, siempre son calificados como de “no políticos”, mientras que los que florecen a partir de la sociedad civil, en oposición a los mismos, son calificados, con una fuerte carga peyorativa, de “ideológicos” o “políticos”.
Considerar que nuestra sociedad es “plural” constituye otro de los errores de bulto de los planteamientos aparentemente equidistantes entre quienes poseen su Estado propio y los que no lo tienen, aunque lo desearan y fueran conscientes de la necesidad de tenerlo. La sociedad navarra (vasca) no es una sociedad plural en el mismo sentido que lo puede ser la sociedad suiza. La sociedad suiza es una sociedad normalizada en la que existe un Estado confederal y unos cantones con una enorme independencia práctica en muchísimos aspectos; pero, sobre todo, es una sociedad democrática y no sometida a instancias estatales externas. La nuestra, por el contrario, es una sociedad desestructurada en la que los procesos de conquista, ocupación y minoración han llevado a una apariencia de “pluralidad”, pero una pluralidad que no está controlada por su propia soberanía sino por intereses ajenos, extraños y, en la mayor parte de las ocasiones, opuestos a su propia estructuración.
Los navarros conocemos la “resolución” que hizo Fernando Buesa como Consejero de Educación en Vitoria. Y es ahí precisamente donde radica el problema, o los problemas. El Estado español, como el francés, es un Estado en el cualquier asomo de pluralidad lingüística o cultural provoca unas reacciones alérgicas de tal calibre que son capaces de cualquier llamada a una nueva reconquista. Aun no siendo éste mi objetivo político, en un Estado confederal o federal, realmente democrático, podríamos tratar todos estos problemas sin agresividad y con posibilidad de acuerdos equitativos. Si algo ha tenido de indiscutible la apuesta de ERC en Catalunya con relación al Estado español, ha sido el desenmascarar la inviabilidad de esta opción, por lo menos hasta el momento actual.
Fernando Buesa quería que de las Ikastolas desapareciera hasta la “I”. Luchó por ello y, en parte, obtuvo sus frutos. Pero en un régimen político como el español, tal planteamiento desde el punto de vista navarro, supone un abandono total de las posiciones nacionales en beneficio de quienes tienen como objetivo y orgullo su destrucción.
Los navarros, señor Zallo, conocemos todo lo que nos dice, porque, en opinión de quien suscribe, navarros, en el sentido político, somos todos los ciudadanos de Vasconia. Considero además que sus criterios de clasificación de la ciudadanía de Euskal Herria corresponden a los parámetros de la dominación: vascos “nacionalistas” y “no nacionalistas”, “vascos” y “navarros”, “vascos” y “españoles”, “navarros” y “vascos”, “navarros” y “franceses” y así ad nauseam.
Todos sabemos que el Estado no es el único sujeto político agente en el mundo, pero también todos somos conscientes que, en el mismo, sin Estado propio no se es casi nada. ¿Por qué a nivel de la UE se reconoce el maltés o el esloveno y no el catalán que lo hablan infinidad de personas más? ¿Por qué nuestros arrantzales no tiene voz propia sino vicaria a través de los estados español y francés? ¿No parece más razonable pensar que la unidad ecológica -geológica, biológica y social- que es el mar de Bizkaia debería aunar sus esfuerzos en pro de una explotación razonable y sostenible de la pesca y otros “recursos” (por emplear un término que, aunque antropocéntrico, refleja bastante bien la realidad actual) al margen de los intereses de los estados español y francés?
Señor Zallo, estamos hablando de una nación sin complejos. Una nación a la que es muy fácil aplicar los conceptos peyorativos de “etnicista” o “comunitarista” sin profundizar en que los mismos se aplican con mucho mayor propiedad a las naciones que la tienen secuestrada. Mi aspiración, y la de muchas otras personas que trabajamos desde Iturralde, es la de construir el nuevo Estado navarro, el Estado de todos los ciudadanos de Vasconia, ciudadanos que nunca renegaron de su patrimonio y de su historia, que nunca reconocieron la ocupación ni las sucesivas suplantaciones institucionales practicadas por los estados francés y español.
En la conquista y ocupación se manifiesta el origen real y profundo de los conflictos actuales y sin conocer el origen radical -de raíz- de los conflictos es imposible resolverlos. Deseo que dicho conocimiento permita acceder a nuestra sociedad a un nivel de conciencia suficiente para que, con la necesaria autoestima, valore la necesidad de la consecución de los objetivos antes expuestos. Y una sociedad de ciudadanos libres en pleno siglo XXI podrá reconocer como antecedentes propios tanto el Sistema Foral como los planteamientos de Arana Goiri, pero nunca se podrá reducir a los mismos.
En la nueva nación vasca, en el Estado navarro, como en cualquier Estado democrático del mundo, todas las identidades lingüísticas y culturales deberán ser respetadas en su sistema constitucional. Pero el primer respeto debe ser también para las señas de identidad que, como el euskera o las formas de organización social en las que históricamente se ha expresado nuestro pueblo, han sido perseguidas y arrasadas por los estados que desde la conquista hasta hoy continúan en la misma labor.
La nación y el Estado son dos realidades sociales que se realimentan. Un pueblo, una sociedad, pueden llegar a constituirse en un hecho nacional. Si esta realidad tiene éxito político en su relación con otras naciones puede llegar a constituirse en Estado. Una vez logrado tal objetivo, es el Estado el que reafirma de modo inequívoco los atributos de la nación sobre la que se construyó. Especialmente en el caso francés en el que el origen absolutista de su monarquía trasladó al Estado surgido de la Revolución una vocación unitarista y totalitaria que aún conserva. El caso español es el del aprendiz que imita al maestro sin alcanzar su perfección.
La enseñanza que se imparte en las escuelas “oficiales” es una resultante de los conflictos políticos de una determinada época y de su resolución en una coyuntura concreta. Nunca ha estado al margen ni, menos aún, por encima de los mismos. Hay que procurar evitar el error de confundir nuestros deseos, o nuestros intereses, con la realidad social que, como decía el viejo Marx, es tozuda.
Un problema muy serio lo constituye el hecho de que los planteamientos que surgen de quien posee el monopolio “legítimo” de la violencia, el Estado, siempre son calificados como de “no políticos”, mientras que los que florecen a partir de la sociedad civil, en oposición a los mismos, son calificados, con una fuerte carga peyorativa, de “ideológicos” o “políticos”.
Considerar que nuestra sociedad es “plural” constituye otro de los errores de bulto de los planteamientos aparentemente equidistantes entre quienes poseen su Estado propio y los que no lo tienen, aunque lo desearan y fueran conscientes de la necesidad de tenerlo. La sociedad navarra (vasca) no es una sociedad plural en el mismo sentido que lo puede ser la sociedad suiza. La sociedad suiza es una sociedad normalizada en la que existe un Estado confederal y unos cantones con una enorme independencia práctica en muchísimos aspectos; pero, sobre todo, es una sociedad democrática y no sometida a instancias estatales externas. La nuestra, por el contrario, es una sociedad desestructurada en la que los procesos de conquista, ocupación y minoración han llevado a una apariencia de “pluralidad”, pero una pluralidad que no está controlada por su propia soberanía sino por intereses ajenos, extraños y, en la mayor parte de las ocasiones, opuestos a su propia estructuración.
Los navarros conocemos la “resolución” que hizo Fernando Buesa como Consejero de Educación en Vitoria. Y es ahí precisamente donde radica el problema, o los problemas. El Estado español, como el francés, es un Estado en el cualquier asomo de pluralidad lingüística o cultural provoca unas reacciones alérgicas de tal calibre que son capaces de cualquier llamada a una nueva reconquista. Aun no siendo éste mi objetivo político, en un Estado confederal o federal, realmente democrático, podríamos tratar todos estos problemas sin agresividad y con posibilidad de acuerdos equitativos. Si algo ha tenido de indiscutible la apuesta de ERC en Catalunya con relación al Estado español, ha sido el desenmascarar la inviabilidad de esta opción, por lo menos hasta el momento actual.
Fernando Buesa quería que de las Ikastolas desapareciera hasta la “I”. Luchó por ello y, en parte, obtuvo sus frutos. Pero en un régimen político como el español, tal planteamiento desde el punto de vista navarro, supone un abandono total de las posiciones nacionales en beneficio de quienes tienen como objetivo y orgullo su destrucción.
Los navarros, señor Zallo, conocemos todo lo que nos dice, porque, en opinión de quien suscribe, navarros, en el sentido político, somos todos los ciudadanos de Vasconia. Considero además que sus criterios de clasificación de la ciudadanía de Euskal Herria corresponden a los parámetros de la dominación: vascos “nacionalistas” y “no nacionalistas”, “vascos” y “navarros”, “vascos” y “españoles”, “navarros” y “vascos”, “navarros” y “franceses” y así ad nauseam.
Todos sabemos que el Estado no es el único sujeto político agente en el mundo, pero también todos somos conscientes que, en el mismo, sin Estado propio no se es casi nada. ¿Por qué a nivel de la UE se reconoce el maltés o el esloveno y no el catalán que lo hablan infinidad de personas más? ¿Por qué nuestros arrantzales no tiene voz propia sino vicaria a través de los estados español y francés? ¿No parece más razonable pensar que la unidad ecológica -geológica, biológica y social- que es el mar de Bizkaia debería aunar sus esfuerzos en pro de una explotación razonable y sostenible de la pesca y otros “recursos” (por emplear un término que, aunque antropocéntrico, refleja bastante bien la realidad actual) al margen de los intereses de los estados español y francés?
Señor Zallo, estamos hablando de una nación sin complejos. Una nación a la que es muy fácil aplicar los conceptos peyorativos de “etnicista” o “comunitarista” sin profundizar en que los mismos se aplican con mucho mayor propiedad a las naciones que la tienen secuestrada. Mi aspiración, y la de muchas otras personas que trabajamos desde Iturralde, es la de construir el nuevo Estado navarro, el Estado de todos los ciudadanos de Vasconia, ciudadanos que nunca renegaron de su patrimonio y de su historia, que nunca reconocieron la ocupación ni las sucesivas suplantaciones institucionales practicadas por los estados francés y español.
En la conquista y ocupación se manifiesta el origen real y profundo de los conflictos actuales y sin conocer el origen radical -de raíz- de los conflictos es imposible resolverlos. Deseo que dicho conocimiento permita acceder a nuestra sociedad a un nivel de conciencia suficiente para que, con la necesaria autoestima, valore la necesidad de la consecución de los objetivos antes expuestos. Y una sociedad de ciudadanos libres en pleno siglo XXI podrá reconocer como antecedentes propios tanto el Sistema Foral como los planteamientos de Arana Goiri, pero nunca se podrá reducir a los mismos.
En la nueva nación vasca, en el Estado navarro, como en cualquier Estado democrático del mundo, todas las identidades lingüísticas y culturales deberán ser respetadas en su sistema constitucional. Pero el primer respeto debe ser también para las señas de identidad que, como el euskera o las formas de organización social en las que históricamente se ha expresado nuestro pueblo, han sido perseguidas y arrasadas por los estados que desde la conquista hasta hoy continúan en la misma labor.
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31 mayo 2006
EUSKAL CURRICULUMA, RAMON ZALLOREN ARABERA
Orain gutxi (2006/05/12), Euskal Curriculuma erabat izeneko artikulua argitaratu zuen Ramon Zallok hainbat hedabidetan.
Sozializazio elementu ezinbestekoa da hezkuntza sistema giza talde guztientzat. Horren bitartez, horren garapena kontrolatzen eta zuzentzen duten sektoreen ustez belaunaldi berrientzat -orokorrean eta errealitatearen ikuspegi zehatza kontuan hartuta- garrantzitsuak izan daitezkeen eskema edo ereduak sortzen edo aplikatzen dira.
Horrek gatazkak eragin ditzake edozein gizartetan. Bai, gerta daiteke hainbat gertaera historiko azaltzeko orduan interpretazio desberdinak edo guztiz kontrakoak egitea. Har ditzagun, adibide gisa, Errusiako iraultzaren inguruko bertsioak. Gizartea iraultzaren bidez aldatzeko asmoz, langileek klase berri gisa izandako funtzioa azpimarra dezakete horietako batzuek; beste batzuek, berriz, faktore ekonomikoak eta sistema demokratikoa Errusian finkatu ez izana, feudalismoaren zamaren eta industrializazio eskasaren ondorioz.
Interpretazioak nazio ikuspegitik nahiko homogeneoa den eta estatu propioa duen gizarte baten bilakaerari buruzkoak badira, «solidaritate nazionalera» joz konpon daitezke desberdintasun horiek. Desberdinak izango dira bertsioak, bai, baina bateragarriak. Zallok bere artikuluan dioen bezala, ikuspegi «integratzaileetara» ere hel daiteke horiekin.
Hori normalizatu gabeko gizarte batean gertatuz gero, baina, nazio kontzientzia berezia duen batean, alegia, horren errealitatea ukatzen duen nazio bakarreko estatu baten edo batzuen mende dagoen batean, askoz ere sakonagoa eta larriagoa bihurtzen da arazoa. Kasu horretan, nazio nagusiaren «solidaritate inperiala» da «solidaritate nazional» bakarra. Mendeko nazioa «ez da existitzen» (legez bederen) eta, beraz, ezin du elkartasun hori eskatu.
Zentzugabea da pentsatzea hezkuntza ideologien gainetik egon daitekeela; batez ere gure kasuan, mendean hartutako gizarte nazional batean bizi baikara. Gauza bat da hezkuntza eta curriculum proiektuak alderdien aukera politikoen gainetik egotea, baina kutsu ideologikoa edukiko dute horiek beti, horixe da errealitatea. Edozein hezkuntza sistemarentzat oinarrizkoa da nortasuna, ordea, eta gai horretan ezinekoa da neutral izatea. Gainera, ideologiaren aurrekoa da hori. Ziurtzat ematen dute hori ideologiek, guk, lurtarrok, arnasten dugun airea bezala.
Ramon Zallok darabiltzan publiko eta pribatu kontzeptuen kritika bat ere erantsi beharko litzaieke orain arteko gogoetei. Mendeko gizarte batean, estatu nagusiak inposatutakoari deitzen zaio publiko, eta pribatu, berriz -gure kasuan, ikastolen mugimenduari dagokionez, bederen-, mendeko gizarte zibil horretatik sortzen diren elkarteei. Ez al litzateke bidezkoagoa esatea ikastolak hezkuntza publikoaren ardatz izango direla normalizazio politikoa, independentzia eta estatu propioan islatuko den subiranotasuna lortzen ditugunean?
Bien bitartean, nahiago dut publikotzat hartu gure indarraren barru-barrutik sortzen dena, estatu nagusiek proposatutako hezkuntza planak onartu nahi ez izate horretatik.
Ramon Zalloren jarrera horrek, distantziakidea ez izateaz gain ongitik eta gaizkitik haratago dagoenak, ez du laguntzen eztabaida argitzen. Ezta Espainiaren eta Frantziaren nortasun inposizio horren aurkako txerto eta botika izango den curriculum propioa garatzen ere.
Bi estatu horien aurka egonarazten gaituen gatazka ukatzen edo gutxienez ezkutatzen duen planteamendu horrekin, horien hezkuntza sistemen ustezko neutraltasunaren -gezurrezkoa- alde baino ez da egiten. Ondo dakite horiek zein den beren betebeharra. Eta eraginkorrak dira. Guk txoritan jarraitzen dugu, bien bitartean.
Ziri hori sartzen badigute, mesede txikia egingo dugu gure gizarteak bere nortasuna gorde dezan eta Europan eta munduan elkartasunean gara dadin. Garai batean izan baziren ere, gaur egun existitzen ez diren gizarteen zerrendan sartuko gara.
Sozializazio elementu ezinbestekoa da hezkuntza sistema giza talde guztientzat. Horren bitartez, horren garapena kontrolatzen eta zuzentzen duten sektoreen ustez belaunaldi berrientzat -orokorrean eta errealitatearen ikuspegi zehatza kontuan hartuta- garrantzitsuak izan daitezkeen eskema edo ereduak sortzen edo aplikatzen dira.
Horrek gatazkak eragin ditzake edozein gizartetan. Bai, gerta daiteke hainbat gertaera historiko azaltzeko orduan interpretazio desberdinak edo guztiz kontrakoak egitea. Har ditzagun, adibide gisa, Errusiako iraultzaren inguruko bertsioak. Gizartea iraultzaren bidez aldatzeko asmoz, langileek klase berri gisa izandako funtzioa azpimarra dezakete horietako batzuek; beste batzuek, berriz, faktore ekonomikoak eta sistema demokratikoa Errusian finkatu ez izana, feudalismoaren zamaren eta industrializazio eskasaren ondorioz.
Interpretazioak nazio ikuspegitik nahiko homogeneoa den eta estatu propioa duen gizarte baten bilakaerari buruzkoak badira, «solidaritate nazionalera» joz konpon daitezke desberdintasun horiek. Desberdinak izango dira bertsioak, bai, baina bateragarriak. Zallok bere artikuluan dioen bezala, ikuspegi «integratzaileetara» ere hel daiteke horiekin.
Hori normalizatu gabeko gizarte batean gertatuz gero, baina, nazio kontzientzia berezia duen batean, alegia, horren errealitatea ukatzen duen nazio bakarreko estatu baten edo batzuen mende dagoen batean, askoz ere sakonagoa eta larriagoa bihurtzen da arazoa. Kasu horretan, nazio nagusiaren «solidaritate inperiala» da «solidaritate nazional» bakarra. Mendeko nazioa «ez da existitzen» (legez bederen) eta, beraz, ezin du elkartasun hori eskatu.
Zentzugabea da pentsatzea hezkuntza ideologien gainetik egon daitekeela; batez ere gure kasuan, mendean hartutako gizarte nazional batean bizi baikara. Gauza bat da hezkuntza eta curriculum proiektuak alderdien aukera politikoen gainetik egotea, baina kutsu ideologikoa edukiko dute horiek beti, horixe da errealitatea. Edozein hezkuntza sistemarentzat oinarrizkoa da nortasuna, ordea, eta gai horretan ezinekoa da neutral izatea. Gainera, ideologiaren aurrekoa da hori. Ziurtzat ematen dute hori ideologiek, guk, lurtarrok, arnasten dugun airea bezala.
Ramon Zallok darabiltzan publiko eta pribatu kontzeptuen kritika bat ere erantsi beharko litzaieke orain arteko gogoetei. Mendeko gizarte batean, estatu nagusiak inposatutakoari deitzen zaio publiko, eta pribatu, berriz -gure kasuan, ikastolen mugimenduari dagokionez, bederen-, mendeko gizarte zibil horretatik sortzen diren elkarteei. Ez al litzateke bidezkoagoa esatea ikastolak hezkuntza publikoaren ardatz izango direla normalizazio politikoa, independentzia eta estatu propioan islatuko den subiranotasuna lortzen ditugunean?
Bien bitartean, nahiago dut publikotzat hartu gure indarraren barru-barrutik sortzen dena, estatu nagusiek proposatutako hezkuntza planak onartu nahi ez izate horretatik.
Ramon Zalloren jarrera horrek, distantziakidea ez izateaz gain ongitik eta gaizkitik haratago dagoenak, ez du laguntzen eztabaida argitzen. Ezta Espainiaren eta Frantziaren nortasun inposizio horren aurkako txerto eta botika izango den curriculum propioa garatzen ere.
Bi estatu horien aurka egonarazten gaituen gatazka ukatzen edo gutxienez ezkutatzen duen planteamendu horrekin, horien hezkuntza sistemen ustezko neutraltasunaren -gezurrezkoa- alde baino ez da egiten. Ondo dakite horiek zein den beren betebeharra. Eta eraginkorrak dira. Guk txoritan jarraitzen dugu, bien bitartean.
Ziri hori sartzen badigute, mesede txikia egingo dugu gure gizarteak bere nortasuna gorde dezan eta Europan eta munduan elkartasunean gara dadin. Garai batean izan baziren ere, gaur egun existitzen ez diren gizarteen zerrendan sartuko gara.
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24 mayo 2006
EL “CURRÍCULO VASCO” SEGÚN RAMÓN ZALLO
Recientemente (12/05/2006) en diversos medios de información se publicó un artículo, firmado por Ramón Zallo, cuyo título era “Un ‘currículo vasco’ integral”.
El sistema educativo es en cualquier grupo humano un elemento fundamental de socialización. A través del mismo se construyen y reproducen los esquemas o patrones que los sectores que controlan y rigen su desarrollo deciden que deben ser significativos para las nuevas generaciones, tanto en la perspectiva general como en la visión concreta de su realidad.
Esto, de por sí, puede generar conflictos en cualquier sociedad. En efecto, a la hora de exponer determinados hechos históricos es posible dar interpretaciones distintas e inclusos opuestas. Pongamos por caso las diversas versiones sobre la revolución rusa. En unas se puede hacer hincapié en el papel del proletariado como clase emergente y con vocación de transformar revolucionariamente la sociedad; en otras se puede insistir en factores de tipo económico y de falta de consolidación del sistema democrático en Rusia, con un pesado lastre “feudal” y escasa industrialización.
Cuando las interpretaciones se realizan sobre la evolución de una sociedad relativamente homogénea desde el punto de vista nacional y con Estado propio, dichas divergencias pueden solventarse apelando, precisamente, a la “solidaridad nacional”. Serán versiones diferentes, pero que pueden convivir. Con ellas incluso se puede llegar, como dice Zallo en su artículo, a visiones “integradoras”
Si la situación se produce en una sociedad “no normalizada”, en una sociedad con conciencia nacional diferenciada y sometida a la soberanía de uno, o varios, estados mononacionales que niegan su realidad, el problema adquiere unas características más profundas y serias. En este caso, la única “solidaridad nacional” que se permite es la “solidaridad imperial” de la nación dominante. La nación dominada “no existe” (al menos “de derecho”), por lo que no puede reclamar eficazmente esa solidaridad para sí.
Es absurdo pensar que una educación pueda mantenerse por encima de las ideologías, sobre todo en un caso como el nuestro en el que vivimos en una sociedad nacional dominada. Una cuestión es que los proyectos educativos y curriculares estén más allá de las opciones políticas partidistas y otra, real, que siempre tendrán un sesgo ideológico. Pero en la cuestión básica para cualquier sistema educativo como es el de la identidad, la neutralidad es imposible. Y este aspecto es, además, preideológico. Las ideologías existentes en cualquier sociedad lo dan por supuesto, como los animales terrestres damos por supuesto el aire que respiramos.
A las reflexiones ya expuestas habría que añadir una crítica al aparato conceptual que maneja Zallo sobre lo público y lo privado. En una sociedad sometida, en la que se denomina público a lo que impone el Estado dominante y privado (por lo menos, en nuestro caso, referido al movimiento de Ikastolas) a los organismos que surgen de la propia sociedad civil dominada, ¿no sería más justo decir que las Ikastolas corresponden al núcleo potencial de una enseñanza pública el día que alcancemos nuestra normalización política, nuestra independencia, nuestra soberanía plasmada en un Estado propio? Yo, mientras tanto, prefiero considerar como público aquello que surge de lo más profundo de nuestra propia vitalidad y de resistencia a la asimilación propuesta por los planes educativos de los estados dominantes.
El angélico posicionamiento, falsamente equidistante y más allá del bien y del mal, de Ramón Zallo, no conduce precisamente a clarificar el debate. Tampoco a lograr el desarrollo de un currículo propio que actúe como vacuna y medicina frente a la doble imposición identitaria hispano-francesa que padecemos.
Con un planteamiento que niega, o por lo menos oculta, el conflicto radical que nos opone a ambos estados, no se hace más que favorecer la supuesta, y falaz, neutralidad de sus sistemas educativos. Ellos son plenamente conscientes de su función. Y la ejercen con eficacia. Nosotros, mientras tanto, seguimos en la inopia.
Si caemos en esa trampa flaco favor haremos al conjunto de nuestra sociedad para su supervivencia con sus propias señas de identidad y para su desarrollo solidario en el conjunto de Europa y del mundo. Pasaremos fácilmente a engrosar el gran número de sociedades que fueron, pero que ya no son.
El sistema educativo es en cualquier grupo humano un elemento fundamental de socialización. A través del mismo se construyen y reproducen los esquemas o patrones que los sectores que controlan y rigen su desarrollo deciden que deben ser significativos para las nuevas generaciones, tanto en la perspectiva general como en la visión concreta de su realidad.
Esto, de por sí, puede generar conflictos en cualquier sociedad. En efecto, a la hora de exponer determinados hechos históricos es posible dar interpretaciones distintas e inclusos opuestas. Pongamos por caso las diversas versiones sobre la revolución rusa. En unas se puede hacer hincapié en el papel del proletariado como clase emergente y con vocación de transformar revolucionariamente la sociedad; en otras se puede insistir en factores de tipo económico y de falta de consolidación del sistema democrático en Rusia, con un pesado lastre “feudal” y escasa industrialización.
Cuando las interpretaciones se realizan sobre la evolución de una sociedad relativamente homogénea desde el punto de vista nacional y con Estado propio, dichas divergencias pueden solventarse apelando, precisamente, a la “solidaridad nacional”. Serán versiones diferentes, pero que pueden convivir. Con ellas incluso se puede llegar, como dice Zallo en su artículo, a visiones “integradoras”
Si la situación se produce en una sociedad “no normalizada”, en una sociedad con conciencia nacional diferenciada y sometida a la soberanía de uno, o varios, estados mononacionales que niegan su realidad, el problema adquiere unas características más profundas y serias. En este caso, la única “solidaridad nacional” que se permite es la “solidaridad imperial” de la nación dominante. La nación dominada “no existe” (al menos “de derecho”), por lo que no puede reclamar eficazmente esa solidaridad para sí.
Es absurdo pensar que una educación pueda mantenerse por encima de las ideologías, sobre todo en un caso como el nuestro en el que vivimos en una sociedad nacional dominada. Una cuestión es que los proyectos educativos y curriculares estén más allá de las opciones políticas partidistas y otra, real, que siempre tendrán un sesgo ideológico. Pero en la cuestión básica para cualquier sistema educativo como es el de la identidad, la neutralidad es imposible. Y este aspecto es, además, preideológico. Las ideologías existentes en cualquier sociedad lo dan por supuesto, como los animales terrestres damos por supuesto el aire que respiramos.
A las reflexiones ya expuestas habría que añadir una crítica al aparato conceptual que maneja Zallo sobre lo público y lo privado. En una sociedad sometida, en la que se denomina público a lo que impone el Estado dominante y privado (por lo menos, en nuestro caso, referido al movimiento de Ikastolas) a los organismos que surgen de la propia sociedad civil dominada, ¿no sería más justo decir que las Ikastolas corresponden al núcleo potencial de una enseñanza pública el día que alcancemos nuestra normalización política, nuestra independencia, nuestra soberanía plasmada en un Estado propio? Yo, mientras tanto, prefiero considerar como público aquello que surge de lo más profundo de nuestra propia vitalidad y de resistencia a la asimilación propuesta por los planes educativos de los estados dominantes.
El angélico posicionamiento, falsamente equidistante y más allá del bien y del mal, de Ramón Zallo, no conduce precisamente a clarificar el debate. Tampoco a lograr el desarrollo de un currículo propio que actúe como vacuna y medicina frente a la doble imposición identitaria hispano-francesa que padecemos.
Con un planteamiento que niega, o por lo menos oculta, el conflicto radical que nos opone a ambos estados, no se hace más que favorecer la supuesta, y falaz, neutralidad de sus sistemas educativos. Ellos son plenamente conscientes de su función. Y la ejercen con eficacia. Nosotros, mientras tanto, seguimos en la inopia.
Si caemos en esa trampa flaco favor haremos al conjunto de nuestra sociedad para su supervivencia con sus propias señas de identidad y para su desarrollo solidario en el conjunto de Europa y del mundo. Pasaremos fácilmente a engrosar el gran número de sociedades que fueron, pero que ya no son.
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Currículo,
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Sistema Educativo
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