Los españoles están viendo las orejas al lobo. Tras mucho tiempo de mofa y menosprecio de Cataluña, se la han encontrado respondona. No es fácil saber aprovechar las fuerzas propias de una forma eficaz y eficiente para lograr la emancipación nacional. Menos lo es todavía cuando la nación dominante se expresa a través de un Estado que, tanto a lo largo de siglos de historia, como en la actualidad, ha sido de todo menos democrático. Pero han iniciado un camino que pronto puede estar en un punto de “no retorno”. Se lo deseo de todo corazón a los catalanes y creo que debemos darles nuestra solidaridad incondicional.
Pienso que la mejor forma de expresar ese apoyo sería concretándolo en una acción política de emancipación en paralelo. Para España, mantener dos frentes abiertos en simultáneo constituiría un envite demasiado fuerte. Ya le sucedió en el siglo XVII con la guerra simultánea frente a Portugal y a Cataluña. Los portugueses triunfaron, mientras que los catalanes no. Tal vez no tuvieran los mejores aliados, ya que los franceses iban a lo suyo y de la guerra correspondiente sacaron buena tajada y el Rosselló y parte de la Cerdanya pasaron a sus manos, a las de su férreo unitarismo que siempre ha intentado borrar toda memoria histórica, toda seña de identidad, de los pueblos ocupados.
Cataluña ha emprendido un camino que esperemos sea el acertado. Nosotros, por el contrario, parece que no somos capaces de otear el horizonte, de percibir por dónde corren los vientos en Europa y en el mundo. En una palabra, permanecemos desde hace mucho tiempo en una situación de enquistamiento y, lo que es peor, con una clara tendencia a la involución.
Lo he repetido muchas veces, no quiero idealizar Cataluña ni creo que nuestras respectivas situaciones sean semejantes. Nuestras propias historia y cultura social y política tienen paralelismos y semejanzas pero, también, aspectos muy diferentes, comenzando por la situación lingüística. Ambas son sociedades con un tejido asociativo muy fuerte, con una cultura de comunidad y solidaridad muy importante. En el aspecto lingüístico, los Países Catalanes han mantenido su lengua propia prácticamente por todo su territorio, con la excepción de pequeñas partes del País Valenciano. En nuestro caso, el retroceso geográfico y humano del euskera viene de muy atrás. Es cierto que hay enormes bolsas de inmigración no integradas, pero eso se produce en ambos países.
Creo que frente a la cerrazón del unitarismo hispano, hay que recordar que en España no hay federalistas “de verdad” (puede que haya alguno de boquilla), la única solución positiva es escapar de esa “cárcel de pueblos” que es España. Para que haya federalismo tiene que haber, por lo menos, dos partes que se quieran federar. Y de eso nada hay en España. Por lo mismo, son palabras huecas e intentos vanos de marear la perdiz todos los discursos para justificar un “acomodo” en España o “cautivarla”. España no admite otra cosa que la subordinación, la integración incondicional, la asimilación.
Se ha estudiado el asunto desde el punto de vista económico, tecnológico, de investigación e innovación. Desde todos esos planteamientos nuestra independencia no sólo se plantea como viable, sino también conveniente. Pero es, sobre todo, a la hora de mantener una sociedad integrada, capaz de incorporar a la misma a todas aquellas personas que han llegado y llegan de diferentes procedencias y de afrontar con éxito los retos que plantea la sociedad de la información desde la propia personalidad y cultura. La libertad de la sociedad y el mantenimiento de sus lazos y relaciones de solidaridad y cooperación son, al mismo tiempo, elementos básicos para su desarrollo armónico y en equilibrio con la tierra.
No basta con hablar de “independencia” como una palabra fetiche. La independencia no tiene, aquí y ahora, otra forma que la de un Estado propio. Este debate en Cataluña actualmente está en la calle y en cualquier medio de comunicación, digital o escrito. Entre nosotros está clamorosamente ausente. Y no debe estarlo por más tiempo. Nuestra sociedad tiene potencia archidemostrada para hacer muchas cosas. Concretando, en tiempos recientes, la creación de las ikastolas, la puesta en marcha del movimiento cooperativo o el capacidad de sacar periódicos nuevos de la noche a la mañana. Hay que saber aprovecharla. Y obtener el máximo rendimiento político.
Es hora de decir basta y de parar actividades que pretenden sustituir esa capacidad, ese poder, por vías delegadas. Esos caminos están desacreditados y en franco retroceso. Cuanto antes terminen mejor. La participación incondicional, como partidos, en el sistema político español ha demostrado todas sus limitaciones y la involución real a que nos llevan. Lo que algunos denominan “lucha armada”, en realidad un conflicto de ínfimo nivel estratégico y perfectamente asumido por el contrario, sirve únicamente para distraer las fuerzas de una juventud solidaria y generosa y encerrarla en las cárceles españolas y francesas, sin ningún logro político real. También en este campo sólo hay retrocesos, sin contar con su utilización propagandística internacional, en nuestra contra evidentemente, por parte de los poderes de ambos estados.
Tenemos capacidad para expresar nuestra fuerza y concretar el camino a la recuperación de nuestro Estado, el navarro por supuesto. Esta será nuestra mejor manifestación solidaria con todo el mundo y, también con Cataluña. España volverá tener dos frentes abiertos, pero dos frentes de verdad, no de pacotilla y palabrería vana.
Cuando vascos y catalanes, o catalanes y vascos, que tanto da, lo logremos, entonces se encontrará, de veras, España en su soledad. Con su territorio, población y recursos reales.
Opiniones y puntos de vista sobre Navarra como perspectiva política de Euskal Herria y de la Vasconia histórica en el mundo actual y sobre cualquier aspecto que afecte al presente y futuro del planeta Tierra, su biodiversidad, y el papel de la inteligencia humana en todo ello, "Nos guste o no, estemos o no preparados, somos la mente y los guardianes del mundo vivo". (Edward O. Wilson)
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30 diciembre 2009
ESPAÑA EN SU SOLEDAD
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23 julio 2009
JOAN FRANCESC MIRA, DE NOU
Ja fa algun temps (octubre 2008) vaig escriure un petit reportatge sobre l'obra de Joan Francesc Mira (València 1939). D’aleshores ençà he llegit també diversos treballs d'aquest autor. En primer lloc he completat la seva trilogia sobre la ciutat de València: "Els treballs perduts" (1989), "Purgatori" (2003) i "El professor d'història" (2008). Són tres novel•les independents entre si però unides per l’eix que representa la ciutat de València en tres etapes diferents i en tres espais diversos, amb una molt interessant construcció . Donats els meus limitats coneixements de la llengua catalana, crec que molt ben escrites. Òbviament no aspiro a escriure un comentari ni tan sols fer una crítica de la trilogia; només pretenc senyalar que l'he llegit i que, la seva lectura, m’ha resultat molt plaent.
L'últim que ha caigut a les meves mans, relacionat amb Mira, ha estat un preciós llibre de converses (sis dies, ni més ni menys!)amb el nostre autor realitzat per Pere Antoni Fons. És una revisió molt completa de la biografia de l'escriptor en aspectes tant personals com intel•lectuals. No és la meva intenció exposar en aquest breu comentari un resum de la llarga trajectòria del pensador valencià, sinó senzillament anotar unes precisions en les dues ocasions en què, en les esmentades converses, apareix Navarra. La primera és sobre la pròpia història del nostre regne i la segona constitueix un aclariment respecte la seva manera de percebre la realitat nacional de Navarra en l'etapa actual.
A les pàgines 84 i 85 de les converses, Joan F. Mira afirma que "els bascos són un component originari de Castella com a entitat política i, per tant, del que posteriorment ha estat Espanya: històricament, i en aquest sentit, no hi ha res més espanyol que això. A més, no ha existit mai una nació basca com a entitat política definida: no ha existit mai un Regne de Vasconia, per exemple, tal com han existit un Regne de València, un Principat de Catalunya i un Regne d'Aragó, amb fronteres clarament definides , duanes, parlaments, moneda ... Va existir el Regne de Navarra, que era una cosa de límits variables, el qual Regne de Navarra, però, no incloïa els territoris que actualment són Euskadi, que era senyories del Regne de Castella ".
Una mica més endavant, a la mateixa pàgina 85, assevera: "Costa trobar una gent més espanyola que els navarresos en totes les etapes de la història d'Espanya dels segles XIX i XX: des dels carlins fins als “Tercios de raquetes” de la guerra civil ".
En ambdós paràgrafs Mira accepta, sense fer-ne la més mínima crítica, la versió oficial (espanyola) de la Història de Navarra. Afirmar, com ho fa el nostre escriptor, que "el Regne de Navarra era una cosa de límits variables", em sembla molt fort. També eren "variables" les mugas dels regnes de Castella, Aragó o França. I, per descomptat les del Principat i el Regne de València. Per què eren "variables"? Perquè hi havia tot un conjunt d'interessos en joc entre els diferents pobles i monarquies d'Europa en les quals les guerres dirimien límits i mugas i, sobretot, perquè no hi havia arribat Westfàlia (1648) ni la "pau" de "Els Pirineus" ( 1659) que és quan es van fer absolutament impermeables les fronteres entre els estats europeus.
Quan es va restaurar el Regne de Navarra en el segon terç del segle XII, el seu territori abastava La Rioja i el que després es va constituir com les Províncies Vascongadas. I van ser els interessos expansionistes de Castella els que van conquerir, en primer lloc La Rioja i Biscaia per mitjà de la família Lope de Haro i, ja en 1200, el Duranguesado, Àlaba i el territori que més tard seria Gipuzkoa. No hi van haver "voluntàries entregues". Hi va haver conquestes en tota la regla.
El Regne de Pamplona amb Sancho III "el Major", primer, i el de Navarra, després de la restauració de García Ramírez IV, va ser el nucli polític que vertebrà històricament a Vasconia. ¡És clar que Navarra va tenir fronteres "variables"! Al final ni les va tenir, quan la part que quedava com Navarra independent fou conquerida i ocupada per Castella al sud (1512) i per França al nord (1620). ¿Fronteres variables? ¡Sí!, pel just dret de conquesta.
El dret propi, conegut per molts com Pirinenc, ben aviat es va veure codificat com "Fur General", en el primer terç del segle XIII davant l'arribada a Navarra de la dinastia Xampanya que els desconeixia per complet i que era molt més propera, en la seva forma de concebre la vida social i política, a l'absolutisme dels reis francesos.
Navarra ha constituït històricament un territori amb població completament hostil a l'ocupant castellà. La Ciutadella de d’Iruñea, edificada des de l'etapa de Felip II (1571) d'Espanya, constitueix un element similar a la de Barcelona en una etapa posterior, construït contra la pròpia població. Han pretès vendre’ns la idea que era "defensa contra l'invasor francès". Però això no és cert. Els naturals van ser obligats a treballar en la seva construcció però no van participar mai en activitats militars, sempre en mans de les forces ocupants.
Una altra qüestió a considerar seriosament és el fet que, essent Navarra un territori que durant la guerra de 1936-39 no va tenir front militar, va patir pràcticament 3.500 afusellats, o simplement assassinats, entre elements no addictes al "glorioso alzamiento" militar-feixista. Tampoc s'ha d'oblidar la marginalització i persecució a què es va veure sotmès el carlisme en la postguerra per part del règim del general Franco.
Més endavant, a la pàgina 96, parlant sobre el finançament de Catalunya, Mira diu textualment que "Navarra té una quasi sobirania fiscal, i això no ha produït ni consolidat cap mena de nacionalisme navarrès". El simple fet de consultar els resultats de qualsevol enquesta sociològica en la qual es reculli l'adscripció identitària dels enquestats reflecteix, tossudament, la realitat que sistemàticament són majoria els qui s'identifiquen com "només navarresos" o "més navarresos que espanyols", enfront dels que ho fan com a "més espanyols que navarresos" o "només espanyols". Són resultats semblants als que s'obtenen en la Comunitat Autònoma del País Basc (CAV), només que substituint els termes "navarrès" i "basc".
Una qüestió diferent és que aquesta realitat social no hagi quallat en un moviment polític nacional modern hegemonic, mentre que sí que ho va fer en Bizkaia a través dels germans Arana Goiri. En qualsevol cas el plantejament nacional basc de Sabino Arana pateix d'un enorme desconeixement de la realitat històrica de Navarra i els seus plantejaments beuen directament de la historiografia hispana, de manera similar a com ho fa Joan F. Mira a la nostra època.
A dia d’avui, en què sense complexos i davant les urgents necessitats i reptes que planteja l'etapa actual, som molts els que percebem la independència, l'Estat propi, com a imprescindible per a sobreviure com a subjecte social i polític en el món. Som molts, a més a més, els qui ho plantegem des de la perspectiva de Navarra. De manera semblant a Catalunya i València, els espanyols ens varen arrabassar el nostre Estat per conquesta, ocupació i subordinació posteriors. Pensem que la nostra millor oportunitat consisteix a recuperar l'Estat històric dels bascos: Navarra.
Agradezco la traducción del texto a los amigos del colectivo Català Sempre
INDIRECTE 2009/007/29
L'últim que ha caigut a les meves mans, relacionat amb Mira, ha estat un preciós llibre de converses (sis dies, ni més ni menys!)amb el nostre autor realitzat per Pere Antoni Fons. És una revisió molt completa de la biografia de l'escriptor en aspectes tant personals com intel•lectuals. No és la meva intenció exposar en aquest breu comentari un resum de la llarga trajectòria del pensador valencià, sinó senzillament anotar unes precisions en les dues ocasions en què, en les esmentades converses, apareix Navarra. La primera és sobre la pròpia història del nostre regne i la segona constitueix un aclariment respecte la seva manera de percebre la realitat nacional de Navarra en l'etapa actual.
A les pàgines 84 i 85 de les converses, Joan F. Mira afirma que "els bascos són un component originari de Castella com a entitat política i, per tant, del que posteriorment ha estat Espanya: històricament, i en aquest sentit, no hi ha res més espanyol que això. A més, no ha existit mai una nació basca com a entitat política definida: no ha existit mai un Regne de Vasconia, per exemple, tal com han existit un Regne de València, un Principat de Catalunya i un Regne d'Aragó, amb fronteres clarament definides , duanes, parlaments, moneda ... Va existir el Regne de Navarra, que era una cosa de límits variables, el qual Regne de Navarra, però, no incloïa els territoris que actualment són Euskadi, que era senyories del Regne de Castella ".
Una mica més endavant, a la mateixa pàgina 85, assevera: "Costa trobar una gent més espanyola que els navarresos en totes les etapes de la història d'Espanya dels segles XIX i XX: des dels carlins fins als “Tercios de raquetes” de la guerra civil ".
En ambdós paràgrafs Mira accepta, sense fer-ne la més mínima crítica, la versió oficial (espanyola) de la Història de Navarra. Afirmar, com ho fa el nostre escriptor, que "el Regne de Navarra era una cosa de límits variables", em sembla molt fort. També eren "variables" les mugas dels regnes de Castella, Aragó o França. I, per descomptat les del Principat i el Regne de València. Per què eren "variables"? Perquè hi havia tot un conjunt d'interessos en joc entre els diferents pobles i monarquies d'Europa en les quals les guerres dirimien límits i mugas i, sobretot, perquè no hi havia arribat Westfàlia (1648) ni la "pau" de "Els Pirineus" ( 1659) que és quan es van fer absolutament impermeables les fronteres entre els estats europeus.
Quan es va restaurar el Regne de Navarra en el segon terç del segle XII, el seu territori abastava La Rioja i el que després es va constituir com les Províncies Vascongadas. I van ser els interessos expansionistes de Castella els que van conquerir, en primer lloc La Rioja i Biscaia per mitjà de la família Lope de Haro i, ja en 1200, el Duranguesado, Àlaba i el territori que més tard seria Gipuzkoa. No hi van haver "voluntàries entregues". Hi va haver conquestes en tota la regla.
El Regne de Pamplona amb Sancho III "el Major", primer, i el de Navarra, després de la restauració de García Ramírez IV, va ser el nucli polític que vertebrà històricament a Vasconia. ¡És clar que Navarra va tenir fronteres "variables"! Al final ni les va tenir, quan la part que quedava com Navarra independent fou conquerida i ocupada per Castella al sud (1512) i per França al nord (1620). ¿Fronteres variables? ¡Sí!, pel just dret de conquesta.
El dret propi, conegut per molts com Pirinenc, ben aviat es va veure codificat com "Fur General", en el primer terç del segle XIII davant l'arribada a Navarra de la dinastia Xampanya que els desconeixia per complet i que era molt més propera, en la seva forma de concebre la vida social i política, a l'absolutisme dels reis francesos.
Navarra ha constituït històricament un territori amb població completament hostil a l'ocupant castellà. La Ciutadella de d’Iruñea, edificada des de l'etapa de Felip II (1571) d'Espanya, constitueix un element similar a la de Barcelona en una etapa posterior, construït contra la pròpia població. Han pretès vendre’ns la idea que era "defensa contra l'invasor francès". Però això no és cert. Els naturals van ser obligats a treballar en la seva construcció però no van participar mai en activitats militars, sempre en mans de les forces ocupants.
Una altra qüestió a considerar seriosament és el fet que, essent Navarra un territori que durant la guerra de 1936-39 no va tenir front militar, va patir pràcticament 3.500 afusellats, o simplement assassinats, entre elements no addictes al "glorioso alzamiento" militar-feixista. Tampoc s'ha d'oblidar la marginalització i persecució a què es va veure sotmès el carlisme en la postguerra per part del règim del general Franco.
Més endavant, a la pàgina 96, parlant sobre el finançament de Catalunya, Mira diu textualment que "Navarra té una quasi sobirania fiscal, i això no ha produït ni consolidat cap mena de nacionalisme navarrès". El simple fet de consultar els resultats de qualsevol enquesta sociològica en la qual es reculli l'adscripció identitària dels enquestats reflecteix, tossudament, la realitat que sistemàticament són majoria els qui s'identifiquen com "només navarresos" o "més navarresos que espanyols", enfront dels que ho fan com a "més espanyols que navarresos" o "només espanyols". Són resultats semblants als que s'obtenen en la Comunitat Autònoma del País Basc (CAV), només que substituint els termes "navarrès" i "basc".
Una qüestió diferent és que aquesta realitat social no hagi quallat en un moviment polític nacional modern hegemonic, mentre que sí que ho va fer en Bizkaia a través dels germans Arana Goiri. En qualsevol cas el plantejament nacional basc de Sabino Arana pateix d'un enorme desconeixement de la realitat històrica de Navarra i els seus plantejaments beuen directament de la historiografia hispana, de manera similar a com ho fa Joan F. Mira a la nostra època.
A dia d’avui, en què sense complexos i davant les urgents necessitats i reptes que planteja l'etapa actual, som molts els que percebem la independència, l'Estat propi, com a imprescindible per a sobreviure com a subjecte social i polític en el món. Som molts, a més a més, els qui ho plantegem des de la perspectiva de Navarra. De manera semblant a Catalunya i València, els espanyols ens varen arrabassar el nostre Estat per conquesta, ocupació i subordinació posteriors. Pensem que la nostra millor oportunitat consisteix a recuperar l'Estat històric dels bascos: Navarra.
Agradezco la traducción del texto a los amigos del colectivo Català Sempre
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13 julio 2009
JOAN FRANCESC MIRA, DE NUEVO
Hace ya algún tiempo (octubre de 2008) escribí un pequeño reportaje sobre la obra de Joan Francesc Mira (Valencia 1939). De entonces acá he leído varios trabajos más de este autor. En primer lugar he completado su trilogía sobre la ciudad de Valencia: “Els treballs perduts” (1989), “Purgatori” (2003) y “El profesor d’història” (2008). Son tres novelas independientes entre sí pero cuyo eje es la ciudad de Valencia en tres etapas distintas y en tres espacios diversos. Se trata de tres novelas independientes, con una muy interesante construcción y, dados mis limitados conocimientos de la lengua catalana, creo que muy bien escritas. Como es obvio no aspiro a escribir un comentario ni, mucho menos, una crítica de la trilogía, sólo pretendo indicar que la he leído y que he disfrutado mucho.
Lo último que ha caído en mis manos relacionado con Mira ha sido un precioso libro de conversaciones (¡seis días, nada menos!) con nuestro autor realizado por Pere Antoni Fons. Es una revisión muy completa de la biografía del escritor en aspectos tanto personales como intelectuales. No es mi intención exponer en este breve comentario un resumen de la larga trayectoria del pensador valenciano, sino sencillamente puntualizar las dos situaciones en las que en las citadas conversaciones aparece Navarra. La primera es sobre la propia historia de nuestro reino y la segunda constituye una aclaración a su modo de percibir la realidad nacional de Navarra en la etapa actual.
En las páginas 84 y 85 de las conversaciones Joan F. Mira afirma, traduzco del catalán, “los vascos son un componente originario de Castilla como entidad política y, por tanto, de lo que posteriormente ha sido España: históricamente, y en este sentido, no hay nada más español que eso. Además, no ha existido nunca una nación vasca como entidad política definida: no ha existido nunca un Reino de Vasconia, por ejemplo, tal y como han existido un Reino de Valencia, un Principado de Cataluña y un Reino de Aragón, con fronteras claramente definidas, aduanas, parlamentos, moneda… Existió el Reino de Navarra, que era una cosa de límites variables, el cual Reino de Navarra, sin embargo, no incluía los territorios que actualmente son Euskadi, que era señoríos del Reino de Castilla”.
Un poco más adelante, en la misma página 85, asevera: “Cuesta encontrar una gente más española que los navarros en todas las etapas de la historia de España de los siglos XIX y XX: desde los carlistas hasta los ‘Tercios de requetés’ de la guerra civil”.
En ambos párrafos Mira acepta, sin el menor atisbo de crítica, la versión oficial (española) de la Historia de Navarra. Afirmar como lo hace nuestro escritor que “el Reino de Navarra era una cosa de límites variables”, me parece muy fuerte. También eran “variables” las mugas de los reinos de Castilla, Aragón o Francia. Y, por supuesto las del Principado y el Reino de Valencia. ¿Por qué eran “variables”? Porque había todo un conjunto de intereses en juego entre los distintos pueblos y monarquías de Europa en los que las guerras dirimían límites y mugas y, sobre todo, porque no había llegado Westfalia (1648) ni la “paz” de “Los Pirineos” (1659) que es cuando se hicieron absolutamente impermeables las fronteras entre los estados europeos.
Cuando se restauró el Reino de Navarra en el segundo tercio del siglo XII su territorio abarcaba La Rioja y lo que después se constituirían como las Provincias Vascongadas. Y fueron los intereses expansionistas de Castilla los que conquistaron, en primer lugar La Rioja y Bizkaia por medio de la familia Lope de Haro y, ya en 1200, el Duranguesado, Araba y el territorio que más tarde seria Gipuzkoa. No hubo “voluntarias entregas”. Hubo conquistas en toda la regla.
El Reino de Pamplona con Sancho III “el Mayor”, primero, y el de Navarra, tras la restauración de García Ramírez IV, fue el núcleo político que vertebró históricamente a Vasconia. ¡Claro que Navarra tuvo fronteras “variables”! Al final ni las tuvo, cuando la parte que quedaba como Navarra independiente fue conquistada y ocupada por Castilla en el sur (1512) y por Francia en el norte (1620). ¿Fronteras variables? ¡Sí!, por el justo derecho de conquista.
El Derecho propio, conocido por muchos como Pirenaico, se vio codificado de forma muy temprana, como “Fuero General”, en el primer tercio del siglo XIII ante la llegada a Navarra de la dinastía de Champaña desconocedora total del mismo y mucho más próxima en su forma de concebir la vida social y política al absolutismo de los reyes franceses.
Navarra ha constituido históricamente un territorio con población completamente hostil al ocupante castellano. La Ciudadela de Iruñea, edificada desde la etapa de Felipe II (1571) de España, constituye un elemento, similar a la de Barcelona en una etapa posterior, construido contra la propia población. Nos han pretendido vender la idea de que era “defensa contra el invasor francés”. Pero eso no es cierto. Los naturales fueron obligados a trabajar en su construcción pero no participaron nunca en actividades militares, siempre en manos de las fuerzas ocupantes.
Otra cuestión a considerar seriamente es el hecho de que siendo Navarra un territorio que durante la guerra de 1936-39 no tuvo frente militar, sufrió prácticamente 3.500 fusilados, o simplemente asesinados, entre elementos no adictos al “glorioso” alzamiento militar-fascista. Tampoco se debe olvidar la marginalización y persecución a que se vio sometido el carlismo en la posguerra por parte del régimen del general Franco.
Más adelante, en la página 96, hablando sobre la financiación de Cataluña, Mira dice textualmente que “Navarra tiene una cuasisoberanía fiscal, y eso no ha producido ni consolidado ningún nacionalismo navarro”. El simple hecho de consultar los resultados de cualquier encuesta sociológica en la que se recoja la adscripción identitaria de los encuestados refleja tozudamente la realidad de que sistemáticamente son mayoría quienes se identifican como “solo navarros” o “más navarros que españoles”, frente a los que lo hacen como “más españoles que navarros” o “solo españoles”. Son resultados semejantes a los que se obtienen en la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV), solo que sustituyendo los términos “navarro” y “vasco”.
Una cuestión distinta es que esta realidad social no haya cuajado en un movimiento político nacional moderno hegemónico, mientras que sí lo hizo en Bizkaia a través de los hermanos Arana Goiri. En cualquier caso el planteamiento nacional vasco de Sabino Arana adolece de un enorme desconocimiento de la realidad histórica de Navarra y sus planteamientos beben directamente de la historiografía hispana, de modo similar a como lo hace Joan F. Mira en nuestra época.
Hoy es el día en que, sin complejos y ante las urgentes necesidades y retos que plantea la etapa actual, somos muchos los que percibimos la independencia, el Estado propio, como imprescindible para sobrevivir como sujeto social y político en el mundo. Somos muchos, además, quienes lo planteamos desde la perspectiva de Navarra. De modo similar a Cataluña y Valencia, los españoles nos arrebataron nuestro Estado por conquista, ocupación y subordinación posteriores. Pensamos que nuestra mejor oportunidad consiste en recuperar el Estado histórico de los vascos: Navarra.
Reseña bibliográfica:
Pons, Pere Antoni
“La vida, el temps, el món: sis dies de conversa amb Joan F. Mira”
València 2009
Publicacions de la Universitat de València
Lo último que ha caído en mis manos relacionado con Mira ha sido un precioso libro de conversaciones (¡seis días, nada menos!) con nuestro autor realizado por Pere Antoni Fons. Es una revisión muy completa de la biografía del escritor en aspectos tanto personales como intelectuales. No es mi intención exponer en este breve comentario un resumen de la larga trayectoria del pensador valenciano, sino sencillamente puntualizar las dos situaciones en las que en las citadas conversaciones aparece Navarra. La primera es sobre la propia historia de nuestro reino y la segunda constituye una aclaración a su modo de percibir la realidad nacional de Navarra en la etapa actual.
En las páginas 84 y 85 de las conversaciones Joan F. Mira afirma, traduzco del catalán, “los vascos son un componente originario de Castilla como entidad política y, por tanto, de lo que posteriormente ha sido España: históricamente, y en este sentido, no hay nada más español que eso. Además, no ha existido nunca una nación vasca como entidad política definida: no ha existido nunca un Reino de Vasconia, por ejemplo, tal y como han existido un Reino de Valencia, un Principado de Cataluña y un Reino de Aragón, con fronteras claramente definidas, aduanas, parlamentos, moneda… Existió el Reino de Navarra, que era una cosa de límites variables, el cual Reino de Navarra, sin embargo, no incluía los territorios que actualmente son Euskadi, que era señoríos del Reino de Castilla”.
Un poco más adelante, en la misma página 85, asevera: “Cuesta encontrar una gente más española que los navarros en todas las etapas de la historia de España de los siglos XIX y XX: desde los carlistas hasta los ‘Tercios de requetés’ de la guerra civil”.
En ambos párrafos Mira acepta, sin el menor atisbo de crítica, la versión oficial (española) de la Historia de Navarra. Afirmar como lo hace nuestro escritor que “el Reino de Navarra era una cosa de límites variables”, me parece muy fuerte. También eran “variables” las mugas de los reinos de Castilla, Aragón o Francia. Y, por supuesto las del Principado y el Reino de Valencia. ¿Por qué eran “variables”? Porque había todo un conjunto de intereses en juego entre los distintos pueblos y monarquías de Europa en los que las guerras dirimían límites y mugas y, sobre todo, porque no había llegado Westfalia (1648) ni la “paz” de “Los Pirineos” (1659) que es cuando se hicieron absolutamente impermeables las fronteras entre los estados europeos.
Cuando se restauró el Reino de Navarra en el segundo tercio del siglo XII su territorio abarcaba La Rioja y lo que después se constituirían como las Provincias Vascongadas. Y fueron los intereses expansionistas de Castilla los que conquistaron, en primer lugar La Rioja y Bizkaia por medio de la familia Lope de Haro y, ya en 1200, el Duranguesado, Araba y el territorio que más tarde seria Gipuzkoa. No hubo “voluntarias entregas”. Hubo conquistas en toda la regla.
El Reino de Pamplona con Sancho III “el Mayor”, primero, y el de Navarra, tras la restauración de García Ramírez IV, fue el núcleo político que vertebró históricamente a Vasconia. ¡Claro que Navarra tuvo fronteras “variables”! Al final ni las tuvo, cuando la parte que quedaba como Navarra independiente fue conquistada y ocupada por Castilla en el sur (1512) y por Francia en el norte (1620). ¿Fronteras variables? ¡Sí!, por el justo derecho de conquista.
El Derecho propio, conocido por muchos como Pirenaico, se vio codificado de forma muy temprana, como “Fuero General”, en el primer tercio del siglo XIII ante la llegada a Navarra de la dinastía de Champaña desconocedora total del mismo y mucho más próxima en su forma de concebir la vida social y política al absolutismo de los reyes franceses.
Navarra ha constituido históricamente un territorio con población completamente hostil al ocupante castellano. La Ciudadela de Iruñea, edificada desde la etapa de Felipe II (1571) de España, constituye un elemento, similar a la de Barcelona en una etapa posterior, construido contra la propia población. Nos han pretendido vender la idea de que era “defensa contra el invasor francés”. Pero eso no es cierto. Los naturales fueron obligados a trabajar en su construcción pero no participaron nunca en actividades militares, siempre en manos de las fuerzas ocupantes.
Otra cuestión a considerar seriamente es el hecho de que siendo Navarra un territorio que durante la guerra de 1936-39 no tuvo frente militar, sufrió prácticamente 3.500 fusilados, o simplemente asesinados, entre elementos no adictos al “glorioso” alzamiento militar-fascista. Tampoco se debe olvidar la marginalización y persecución a que se vio sometido el carlismo en la posguerra por parte del régimen del general Franco.
Más adelante, en la página 96, hablando sobre la financiación de Cataluña, Mira dice textualmente que “Navarra tiene una cuasisoberanía fiscal, y eso no ha producido ni consolidado ningún nacionalismo navarro”. El simple hecho de consultar los resultados de cualquier encuesta sociológica en la que se recoja la adscripción identitaria de los encuestados refleja tozudamente la realidad de que sistemáticamente son mayoría quienes se identifican como “solo navarros” o “más navarros que españoles”, frente a los que lo hacen como “más españoles que navarros” o “solo españoles”. Son resultados semejantes a los que se obtienen en la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV), solo que sustituyendo los términos “navarro” y “vasco”.
Una cuestión distinta es que esta realidad social no haya cuajado en un movimiento político nacional moderno hegemónico, mientras que sí lo hizo en Bizkaia a través de los hermanos Arana Goiri. En cualquier caso el planteamiento nacional vasco de Sabino Arana adolece de un enorme desconocimiento de la realidad histórica de Navarra y sus planteamientos beben directamente de la historiografía hispana, de modo similar a como lo hace Joan F. Mira en nuestra época.
Hoy es el día en que, sin complejos y ante las urgentes necesidades y retos que plantea la etapa actual, somos muchos los que percibimos la independencia, el Estado propio, como imprescindible para sobrevivir como sujeto social y político en el mundo. Somos muchos, además, quienes lo planteamos desde la perspectiva de Navarra. De modo similar a Cataluña y Valencia, los españoles nos arrebataron nuestro Estado por conquista, ocupación y subordinación posteriores. Pensamos que nuestra mejor oportunidad consiste en recuperar el Estado histórico de los vascos: Navarra.
Reseña bibliográfica:
Pons, Pere Antoni
“La vida, el temps, el món: sis dies de conversa amb Joan F. Mira”
València 2009
Publicacions de la Universitat de València
12 febrero 2009
UNA MIRADA SOBRE PORTUGAL
A raíz de una excursión por el río Duero en su transcurrir entre los estados español y portugués, por la zona conocida como “Arribes del Duero”, y siguiendo hasta su desembocadura en el Atlántico, en Oporto “el puerto”, comencé el verano pasado la lectura de los dos libros en portugués que reseño al final de esta reflexión. Los he terminado a lo largo del resto de 2008, junto con alguna novela de Eça de Queiroz que no había leído todavía. Durante el recorrido por la zona de arte rupestre paleolítico de Foz Côa, muy interesante, la guía que nos condujo a admirar los grabados en las rocas de la ribera del río Côa, comentó que la obra más interesante de Eça era, en su opinión, “La ciudad y las sierras”. La leí con el mismo interés que antes había leído “Los Maias” y, a continuación, “La ilustre casa de Ramírez”.
Una de las primeras cuestiones que se plantean al hablar sobre Portugal desde el Estado español es el porqué de la tremenda ignorancia que tienen los españoles de la historia, lengua y cultura de su país vecino. Tal ignorancia se ve acompañada, normalmente, de un cierto menosprecio. Un ejemplo clamoroso se encuentra en los mapas meteorológicos que ofrecen las televisiones españolas, “olvidan” Portugal sistemáticamente; su mapa es sustituido por una mancha blanca en la que no puede ocurrir ningún tipo de fenómeno, ni atmosférico siquiera. También es cierto que, a la inversa, suceden fenómenos similares aunque no idénticos. En efecto, en cualquier lugar turístico de Portugal se puede encontrar la información necesaria en inglés, francés o italiano, pero es raro, muy raro, encontrarla en español.
El origen del Estado portugués es más tardío que otros de Europa como el franco, pero también que el navarro o que el astur-leonés, por hablar de reinos ubicados, en parte al menos, en la Península Ibérica. Data de los siglos XI-XII. Por el contrario, su proceso de “nacionalización” por parte de su Estado es muy precoz. En este sentido, es significativo el hecho de que en tan temprana fecha como 1296 adopta la lengua vulgar en documentos oficiales. Hay historiadores portugueses que afirman que Portugal como nación fue creada por su Estado, ya que, en la práctica, no tenía un sustrato lingüístico o cultural previo; su identidad fue “construida” desde la organización política. Considero difícil que la realidad fuera tan radical, pero parece que tampoco falta razón a quienes afirman tal cosa.
En el mismo sentido, la victoria de Aljubarrota contra Castilla (1385) se propone como fecha para indicar el fin de la Edad Media y el origen o base del Estado moderno. Este triunfo supuso un acto de afirmación nacional y para Portugal es su fecha fundacional, marcada siempre por su conflictiva relación con Castilla y, posteriormente, con España.
Las ambiciones expansionistas de Castilla en su salida, muy posterior en el tiempo, de la Edad Media a finales del siglo XV, la llevaron no sólo a culminar la “reconquista” contra los musulmanes con la ocupación el reino de Granada, sino a iniciar su expansión transatlántica, comenzando por las Islas Canarias y continuando en América. Del mismo modo actuaron en Europa, con la conquista y ocupación de estados estratégicos como Navarra o partes importantes de la Península Itálica, con con la hipotética excusa de su “peligroso apoyo” a Francia. La expansión imperial portuguesa por oriente fue más comercial y menos territorial que la castellana en Europa, Canarias y América. No obstante, una vez en conflicto con Castilla en América, Portugal construyó el imperio brasileño, aunque con unas características bastante diferentes, en algunos sentidos por lo menos, del español.
Tras la muerte del último descendiente de la Casa de Avis, el Cardenal Enrique, en 1580, el rey español Felipe II se consideró con los “mejores derechos” para reinar en Portugal. Un ejército español, bajo mando del duque de Alba, invadió las tierras lusas (1580-1581), tomó Lisboa y derrotó en la batalla de Alcántara (1580) al prior de Ocrato, sobrino de Enrique, quien se refugió en la corte de Francia. Felipe II se trasladó a Lisboa y, en las cortes de Tomar (1581), fue reconocido rey de Portugal. ¿No suena todo lo anterior a un proceso muy conocido entre nosotros, que tuvo lugar aproximadamente setenta años atrás?
En historia hay que evitar las visiones finalistas, ya que constituyen un riesgo peligroso. Podemos pensar que Portugal es hoy un Estado porque ese era su destino histórico. Lo mismo se puede decir de quienes creen que el destino histórico de Navarra era su incorporación y pertenencia a España. Ninguna de ambas afirmaciones es cierta. Tan Estado era Navarra como Portugal; ambos perdieron su independencia a manos de Castilla-España. Los portugueses lograron recuperarla a mediados del siglo XVII, Navarra todavía no lo ha conseguido.
Dentro del proceso de expansión política de Castilla durante los reinados de la Casa de Austria, sobre todo con Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares, se produjo un intento de uniformización de la monarquía española, que, tras la unión dinástica de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (y Cataluña), había adoptado una apariencia “federal”. En la misma época, a mediados del siglo XVII, la situación europea era muy convulsa. El centro de Europa se vio sacudido por la “Guerra de los Treinta años“, guerra con un fuerte componente religioso, pero sobre todo político por el control sobre los estados alemanes.
En el difícil equilibrio del siglo XVII, Portugal, que no había renunciado a su independencia, y Cataluña, que la veía peligrar gravemente, se enfrentaron a Castilla. Como resultado de todos estos conflictos se obtuvo, por un lado, la victoria de Portugal sobre España y su emancipación, y la derrota de Cataluña y su partición entre España y Francia (el Rosselló y la Cerdanya pasaron a manos francesas), por otro. Esta derrota constituyó el preludio de lo que fue el desastre acontecido tras la “Guerra de Sucesión” española, producto de la desaparición del último rey Austria a comienzos del XVIII y la entronización de los borbones en la monarquía española con sus “Decretos de Nueva Planta”. A través de los mismos se suprimieron las instituciones políticas catalanas y valencianas y se produjo una muy fuerte persecución contra su lengua y cultura. Por último, “last but not least”, en 1648 se firmó la Paz de Westfalia que dio lugar, en cuanto a sus contenidos, atribuciones y competencias, al sistema de estados europeos vigente en gran parte hasta nuestros días.
La sociedad portuguesa del XVII mostró tener una gran vitalidad. Un ejemplo, prácticamente desconocido entre quienes hemos sido “educados” en el sistema español, lo constituye la personalidad fuera de serie de Antonio Vieira. Vivió casi 90 años, todos ellos dentro del siglo XVII, la mayor parte del tiempo en Brasil, donde fue defensor infatigable de los derechos de los indígenas y combatió contra su explotación y esclavización. Participó activamente en la política portuguesa y siempre defendió a los judíos. Fue un gran escritor barroco y miembro de la Compañía de Jesús. Una vez más encontramos el olvido, o menosprecio, español por lo portugués.
La “Ilustración” portuguesa del XVIII entró de lleno en el estándar europeo, sobre todo con la personalidad del Marqués de Pombal, también prácticamente desconocido desde España. Otro aspecto relativamente poco conocido fue la emancipación de Brasil. No fue producto de guerras de liberación como el caso de las colonias españolas. Los procesos revolucionarios del Portugal de principios del siglo XIX provocaron la huida de la monarquía a Brasil. De algún modo, la colonia dejó automáticamente de serlo, en ella se instaló el aparato del Estado y se convirtió en metrópoli. Cuando se restauró la monarquía en Portugal, Brasil siguió su propio camino independiente sin mayores traumas.
Los siglos XIX y XX supusieron una gran decadencia para Portugal y el abandono de las señas de identidad que habían caracterizado positivamente su cultura. Su colonialismo en Angola y Mozambique se fue transformando en un elemento retardatario social, cultural y políticamente. El retraso económico era manifiesto. El muy largo régimen autoritario de Oliveira Salazar en el siglo XX culminó este proceso. La necesidad de modernización y racionalización del salazarismo llevó a que los militares encabezaran la llamada “revolución de los claveles“, ocurrida en 1975, y una de cuyas primeras decisiones fue la descolonización de sus posesiones en África.
Siempre se ha dicho que para saber de los entresijos de una sociedad es imprescindible conocer las obras literarias, novelas sobre todo, que se han escrito sobre la misma. Para conocer Portugal y su sociedad, tal y como se percibía a finales del siglo XIX y principios del XX, es necesario leer a Eça de Queiroz. Tanto sus primera obras (“El primo Basilio”, “El crimen del padre Amaro”, por ejemplo) como las más reflexivas sobre la identidad portuguesa citadas al comienzo.
En Portugal encontramos la realidad de una nación hermana que ha sufrido conflictos, semejantes a los nuestros en unos casos y diferentes en otros, pero que siempre ha tenido el mismo enemigo principal: el sistema político castellano y su heredero, el español. España se ha desinteresado y ha menospreciado a Portugal, pero nosotros no debemos olvidarlo. No sólo no somos españoles, sino que España ha realizado todos los esfuerzos que ha tenido en su mano para lograr nuestra desaparición y asimilación. Portugal tuvo, históricamente, una sociedad fuerte, una cultura política influenciada por la británica y, por lo mismo, democrática, y una conciencia nacional muy profunda. Nos puede servir de ejemplo y elemento de reflexión para encarar las tareas que debemos afrontar para lograr ocupar de nuevo nuestro puesto, en Europa y en el mundo, como sujeto político, como Estado libre.
LECTURAS
Sobre historia de Portugal:
Birmingham, David. “Historia de Portugal”. Cambridge 1995. Cambridge University Press.
Oliveira Marques de, A. H. “Breve história de Portugal”. Lisboa 1995. Editorial Presença.
Una reflexión sobre la identidad portuguesa:
D’Oliveira Martins, Guilherme. “Portugal. Identidade e diferença”. Lisboa 2007. Editorial Gradiva.
Obras de Eça de Queiroz:
Existen muchas versiones de las obras de Eça en español, algunas fáciles de conseguir, otras no tanto. En cualquier caso, las bibliotecas públicas suelen tener bastantes títulos.
Una de las primeras cuestiones que se plantean al hablar sobre Portugal desde el Estado español es el porqué de la tremenda ignorancia que tienen los españoles de la historia, lengua y cultura de su país vecino. Tal ignorancia se ve acompañada, normalmente, de un cierto menosprecio. Un ejemplo clamoroso se encuentra en los mapas meteorológicos que ofrecen las televisiones españolas, “olvidan” Portugal sistemáticamente; su mapa es sustituido por una mancha blanca en la que no puede ocurrir ningún tipo de fenómeno, ni atmosférico siquiera. También es cierto que, a la inversa, suceden fenómenos similares aunque no idénticos. En efecto, en cualquier lugar turístico de Portugal se puede encontrar la información necesaria en inglés, francés o italiano, pero es raro, muy raro, encontrarla en español.
El origen del Estado portugués es más tardío que otros de Europa como el franco, pero también que el navarro o que el astur-leonés, por hablar de reinos ubicados, en parte al menos, en la Península Ibérica. Data de los siglos XI-XII. Por el contrario, su proceso de “nacionalización” por parte de su Estado es muy precoz. En este sentido, es significativo el hecho de que en tan temprana fecha como 1296 adopta la lengua vulgar en documentos oficiales. Hay historiadores portugueses que afirman que Portugal como nación fue creada por su Estado, ya que, en la práctica, no tenía un sustrato lingüístico o cultural previo; su identidad fue “construida” desde la organización política. Considero difícil que la realidad fuera tan radical, pero parece que tampoco falta razón a quienes afirman tal cosa.
En el mismo sentido, la victoria de Aljubarrota contra Castilla (1385) se propone como fecha para indicar el fin de la Edad Media y el origen o base del Estado moderno. Este triunfo supuso un acto de afirmación nacional y para Portugal es su fecha fundacional, marcada siempre por su conflictiva relación con Castilla y, posteriormente, con España.
Las ambiciones expansionistas de Castilla en su salida, muy posterior en el tiempo, de la Edad Media a finales del siglo XV, la llevaron no sólo a culminar la “reconquista” contra los musulmanes con la ocupación el reino de Granada, sino a iniciar su expansión transatlántica, comenzando por las Islas Canarias y continuando en América. Del mismo modo actuaron en Europa, con la conquista y ocupación de estados estratégicos como Navarra o partes importantes de la Península Itálica, con con la hipotética excusa de su “peligroso apoyo” a Francia. La expansión imperial portuguesa por oriente fue más comercial y menos territorial que la castellana en Europa, Canarias y América. No obstante, una vez en conflicto con Castilla en América, Portugal construyó el imperio brasileño, aunque con unas características bastante diferentes, en algunos sentidos por lo menos, del español.
Tras la muerte del último descendiente de la Casa de Avis, el Cardenal Enrique, en 1580, el rey español Felipe II se consideró con los “mejores derechos” para reinar en Portugal. Un ejército español, bajo mando del duque de Alba, invadió las tierras lusas (1580-1581), tomó Lisboa y derrotó en la batalla de Alcántara (1580) al prior de Ocrato, sobrino de Enrique, quien se refugió en la corte de Francia. Felipe II se trasladó a Lisboa y, en las cortes de Tomar (1581), fue reconocido rey de Portugal. ¿No suena todo lo anterior a un proceso muy conocido entre nosotros, que tuvo lugar aproximadamente setenta años atrás?
En historia hay que evitar las visiones finalistas, ya que constituyen un riesgo peligroso. Podemos pensar que Portugal es hoy un Estado porque ese era su destino histórico. Lo mismo se puede decir de quienes creen que el destino histórico de Navarra era su incorporación y pertenencia a España. Ninguna de ambas afirmaciones es cierta. Tan Estado era Navarra como Portugal; ambos perdieron su independencia a manos de Castilla-España. Los portugueses lograron recuperarla a mediados del siglo XVII, Navarra todavía no lo ha conseguido.
Dentro del proceso de expansión política de Castilla durante los reinados de la Casa de Austria, sobre todo con Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares, se produjo un intento de uniformización de la monarquía española, que, tras la unión dinástica de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (y Cataluña), había adoptado una apariencia “federal”. En la misma época, a mediados del siglo XVII, la situación europea era muy convulsa. El centro de Europa se vio sacudido por la “Guerra de los Treinta años“, guerra con un fuerte componente religioso, pero sobre todo político por el control sobre los estados alemanes.
En el difícil equilibrio del siglo XVII, Portugal, que no había renunciado a su independencia, y Cataluña, que la veía peligrar gravemente, se enfrentaron a Castilla. Como resultado de todos estos conflictos se obtuvo, por un lado, la victoria de Portugal sobre España y su emancipación, y la derrota de Cataluña y su partición entre España y Francia (el Rosselló y la Cerdanya pasaron a manos francesas), por otro. Esta derrota constituyó el preludio de lo que fue el desastre acontecido tras la “Guerra de Sucesión” española, producto de la desaparición del último rey Austria a comienzos del XVIII y la entronización de los borbones en la monarquía española con sus “Decretos de Nueva Planta”. A través de los mismos se suprimieron las instituciones políticas catalanas y valencianas y se produjo una muy fuerte persecución contra su lengua y cultura. Por último, “last but not least”, en 1648 se firmó la Paz de Westfalia que dio lugar, en cuanto a sus contenidos, atribuciones y competencias, al sistema de estados europeos vigente en gran parte hasta nuestros días.
La sociedad portuguesa del XVII mostró tener una gran vitalidad. Un ejemplo, prácticamente desconocido entre quienes hemos sido “educados” en el sistema español, lo constituye la personalidad fuera de serie de Antonio Vieira. Vivió casi 90 años, todos ellos dentro del siglo XVII, la mayor parte del tiempo en Brasil, donde fue defensor infatigable de los derechos de los indígenas y combatió contra su explotación y esclavización. Participó activamente en la política portuguesa y siempre defendió a los judíos. Fue un gran escritor barroco y miembro de la Compañía de Jesús. Una vez más encontramos el olvido, o menosprecio, español por lo portugués.
La “Ilustración” portuguesa del XVIII entró de lleno en el estándar europeo, sobre todo con la personalidad del Marqués de Pombal, también prácticamente desconocido desde España. Otro aspecto relativamente poco conocido fue la emancipación de Brasil. No fue producto de guerras de liberación como el caso de las colonias españolas. Los procesos revolucionarios del Portugal de principios del siglo XIX provocaron la huida de la monarquía a Brasil. De algún modo, la colonia dejó automáticamente de serlo, en ella se instaló el aparato del Estado y se convirtió en metrópoli. Cuando se restauró la monarquía en Portugal, Brasil siguió su propio camino independiente sin mayores traumas.
Los siglos XIX y XX supusieron una gran decadencia para Portugal y el abandono de las señas de identidad que habían caracterizado positivamente su cultura. Su colonialismo en Angola y Mozambique se fue transformando en un elemento retardatario social, cultural y políticamente. El retraso económico era manifiesto. El muy largo régimen autoritario de Oliveira Salazar en el siglo XX culminó este proceso. La necesidad de modernización y racionalización del salazarismo llevó a que los militares encabezaran la llamada “revolución de los claveles“, ocurrida en 1975, y una de cuyas primeras decisiones fue la descolonización de sus posesiones en África.
Siempre se ha dicho que para saber de los entresijos de una sociedad es imprescindible conocer las obras literarias, novelas sobre todo, que se han escrito sobre la misma. Para conocer Portugal y su sociedad, tal y como se percibía a finales del siglo XIX y principios del XX, es necesario leer a Eça de Queiroz. Tanto sus primera obras (“El primo Basilio”, “El crimen del padre Amaro”, por ejemplo) como las más reflexivas sobre la identidad portuguesa citadas al comienzo.
En Portugal encontramos la realidad de una nación hermana que ha sufrido conflictos, semejantes a los nuestros en unos casos y diferentes en otros, pero que siempre ha tenido el mismo enemigo principal: el sistema político castellano y su heredero, el español. España se ha desinteresado y ha menospreciado a Portugal, pero nosotros no debemos olvidarlo. No sólo no somos españoles, sino que España ha realizado todos los esfuerzos que ha tenido en su mano para lograr nuestra desaparición y asimilación. Portugal tuvo, históricamente, una sociedad fuerte, una cultura política influenciada por la británica y, por lo mismo, democrática, y una conciencia nacional muy profunda. Nos puede servir de ejemplo y elemento de reflexión para encarar las tareas que debemos afrontar para lograr ocupar de nuevo nuestro puesto, en Europa y en el mundo, como sujeto político, como Estado libre.
LECTURAS
Sobre historia de Portugal:
Birmingham, David. “Historia de Portugal”. Cambridge 1995. Cambridge University Press.
Oliveira Marques de, A. H. “Breve história de Portugal”. Lisboa 1995. Editorial Presença.
Una reflexión sobre la identidad portuguesa:
D’Oliveira Martins, Guilherme. “Portugal. Identidade e diferença”. Lisboa 2007. Editorial Gradiva.
Obras de Eça de Queiroz:
Existen muchas versiones de las obras de Eça en español, algunas fáciles de conseguir, otras no tanto. En cualquier caso, las bibliotecas públicas suelen tener bastantes títulos.
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06 octubre 2008
JOAN FRANCESC MIRA
En nuestra tierra supongo que muy poca gente conocerá la existencia de Joan Francesc Mira. Y es normal. Aquí, como en toda la geografía que ocupa el poder del Estado español, sólo son conocidos los escritores que escriben en su lengua oficial y, sobre todo, si forman parte de su “pesebre nacional”. Es evidente que la prensa tampoco favorece, a través de sus “suplementos culturales” literatura o ensayo escritos en idiomas hablados en el Estado español distintos del “superoficial”.
Incluso cosa parecida sucede con las obras de estos autores aunque hayan sido traducidas al español. Normalmente, en el ámbito de la narrativa, de Catalunya sabemos de Josep Plà, aunque, posiblemente, no hayamos leído nada del mismo; tal vez también se conozca a Mercè Rodoreda. En este sentido, una obra como “El quadern gris” (“El cuaderno gris”) es una maravilla literaria, como lo pueda ser “Plaça del diamant” (“Plaza del diamante”). Pedrolo, en la vía de novela y teatro, es otro gran autor, también un gran desconocido fuera de Catalunya. El valenciano Joan Fuster es, casi con total seguridad, el ensayista de mayor nivel que ha escrito en los diversos países del Estado español durante el siglo XX.
Un escritor que continúa la saga de buenos escritores en lengua catalana es Joan Francesc Mira (Valencia 1939). Autor de estupendos ensayos y muy buenas narraciones. Como narración, consistente y extensa, sólo he leído una novela, “Purgatori” (Barcelona, 2003), de la que hay traducción al español (obviamente “Purgatorio”) y me pareció francamente buena.
La formación humanística de Mira le ha conducido a pasear por los campos de la traducción, al catalán por supuesto, de clásicos como “La Divina Comedia” del Dante o los Evangelios, trabajos recibidos con entusiasmo unánime en los ámbitos culturales de los Países Catalanes.
Esa misma formación, unida a un fuerte compromiso político con su País Valenciano, le ha llevado a escribir ensayos sobre teoría social, lingüística y política del hecho nacional con un nivel altísimo. Sólo he podido leer dos de sus principales obras en este campo: “Crítica de la nació pura” (Valencia 1984) y “En un mon fet de nacions” (Palma de Mallorca, 2008), por desgracia, no traducidas al español. Y merecen el esfuerzo que supone leer en una lengua que, a pesar de conocerla en cierto modo, no domino.
Recientemente he terminado la lectura del segundo libro y me han parecido magníficas sus reflexiones sobre “identidad”, “pueblo”, “lengua”, “territorio” y “conciencia”. El autor habla siempre desde su perspectiva, desde un País Valenciano absolutamente negado desde el poder político del Estado español y sus sucursales “locales”; un país sumido en un profundo autoodio. Sería muy interesante el que sus planteamientos llegaran al nuestro, mediante la traducción, o traducciones, correspondientes y fuera conocido. Pienso que merece el esfuerzo.
Para cerrar este breve comentario, traduzco sin más dos párrafos de su capítulo “Identitat i territori: els cercles de la consciència” (“Identidad y territorio: los círculos de la conciencia”):
“… En cualquier caso, sea el que sea el poder definidor que actúe con más eficacia, esta eficacia se basa en el hecho, recordado al principio, de que la delimitación de la pertenencia es una de las pocas necesidades universales de todas las culturas y sociedades humanas: los individuos necesitan ser alguna cosa, formar parte de algún ámbito que los defina como miembros de un grupo, e incluso, salvo alguna muy rara excepción, como miembros de un grupo territorial. Hablar de identidad, por tanto, no es una moda, ni un subproducto de los nacionalismos y regionalismos más o menos ‘étnicos’, tanto si estos fenómenos se valoran positivamente como si no. De hecho, parece como si el mismo concepto de identidad fuera, para algunos sectores de opinión supuestamente ‘universalistas’, una idea peligrosa: como si cualquier identidad colectiva o de grupo (territorial, cultural, ‘étnica’ o de pueblo, histórica, ‘nacionalitaria’… cualquiera que no corresponda a la definida por el siempre liberal, moderno y progresista espacio de un estado constituido) fuera un invento artificioso y perverso destinado sobre todo al cierre y al enfrentamiento, e incluso a negar la humanidad básica de los individuos. Pensar eso es tanto como ignorar que el soporte básico de la identidad se encuentra en la necesidad básica de pertenencia: es ignorar que todo el mundo, siempre, necesita alguna mediación entre su propia singularidad y la universalidad de la especie. Hecho y dicho, ¿quién puede no ser nada? ¿Quién puede ser únicamente él mismo, sólo un individuo? El solipsismo cultural y social es una imposibilidad humana (si se mira bien es inhumana, porque nuestra especie no es ‘solitaria’ como los osos sino ‘comunitaria’ como el conjunto de primates), y en la práctica no pasa de constituir una fantasía de algún intelectual desencarnado que en su soberbia se piensa autosuficiente en su propia individualidad… que por eso mismo él considera superior y privilegiada, tanto si es explícitamente consciente, como si no.”
Y más adelante:
“… El poderoso problema de ‘crear identidad’ actúa, por consiguiente (…) y pasa, sobre todo, por la educación escolar más clásica: algunos de los lectores deben recordar, sin duda, aquella fotografía del primer día de escuela, en el cual el chaval se colocaba tras una mesa y delante de un mapa de España, y quedaba así enmarcado para siempre en el único espacio de pertenencia verdaderamente importante que le había sido asignado. La criatura llegaba al colegio a los seis años, y el colegio le proporcionaba dos formas de identidad: una directa y visible, reflejada en la foto de la clase reunida en el patio, posiblemente la primera forma experimentada de ‘identidad de grupo’ fuera de la familia; otra indirecta pero poderosa y decisiva, a través de la proyección, cargada de simbolismo, del propio retrato sobre el mapa de España. Con aquella superposición de la propia imagen infantil y de la ‘imagen de la patria’, se suponía que tenía que quedar bien clara y fijada la identidad territorial básica del pequeño individuo. El chaval no estaba retratado ante una reproducción de su ciudad, o de un mapa de su municipio, ni mucho menos -¡cómo podía serlo!- ante un mapa del País Valenciano, en su caso, sino ante la imagen del estado-patria. Era como decirle explícitamente, en aquella primera ‘foto oficial’ e institucionalizada de su vida: tú eres eso que representa el mapa, este mapa (territorio, estado, nación, patria…) es el que te identifica, esta es la identidad que tienes por encima de cualquier otra, y ser eso –español, evidentemente- es la única cosa importante. Después venían, como es bien conocido y como todavía pasa a menudo de manera más indirecta y sutil, todos los refuerzos necesarios en forma de banderas, canciones, interpretación de la historia, personajes heroicos y grandes nombres del arte o la literatura”.
No hay que añadir nada más.
Incluso cosa parecida sucede con las obras de estos autores aunque hayan sido traducidas al español. Normalmente, en el ámbito de la narrativa, de Catalunya sabemos de Josep Plà, aunque, posiblemente, no hayamos leído nada del mismo; tal vez también se conozca a Mercè Rodoreda. En este sentido, una obra como “El quadern gris” (“El cuaderno gris”) es una maravilla literaria, como lo pueda ser “Plaça del diamant” (“Plaza del diamante”). Pedrolo, en la vía de novela y teatro, es otro gran autor, también un gran desconocido fuera de Catalunya. El valenciano Joan Fuster es, casi con total seguridad, el ensayista de mayor nivel que ha escrito en los diversos países del Estado español durante el siglo XX.
Un escritor que continúa la saga de buenos escritores en lengua catalana es Joan Francesc Mira (Valencia 1939). Autor de estupendos ensayos y muy buenas narraciones. Como narración, consistente y extensa, sólo he leído una novela, “Purgatori” (Barcelona, 2003), de la que hay traducción al español (obviamente “Purgatorio”) y me pareció francamente buena.
La formación humanística de Mira le ha conducido a pasear por los campos de la traducción, al catalán por supuesto, de clásicos como “La Divina Comedia” del Dante o los Evangelios, trabajos recibidos con entusiasmo unánime en los ámbitos culturales de los Países Catalanes.
Esa misma formación, unida a un fuerte compromiso político con su País Valenciano, le ha llevado a escribir ensayos sobre teoría social, lingüística y política del hecho nacional con un nivel altísimo. Sólo he podido leer dos de sus principales obras en este campo: “Crítica de la nació pura” (Valencia 1984) y “En un mon fet de nacions” (Palma de Mallorca, 2008), por desgracia, no traducidas al español. Y merecen el esfuerzo que supone leer en una lengua que, a pesar de conocerla en cierto modo, no domino.
Recientemente he terminado la lectura del segundo libro y me han parecido magníficas sus reflexiones sobre “identidad”, “pueblo”, “lengua”, “territorio” y “conciencia”. El autor habla siempre desde su perspectiva, desde un País Valenciano absolutamente negado desde el poder político del Estado español y sus sucursales “locales”; un país sumido en un profundo autoodio. Sería muy interesante el que sus planteamientos llegaran al nuestro, mediante la traducción, o traducciones, correspondientes y fuera conocido. Pienso que merece el esfuerzo.
Para cerrar este breve comentario, traduzco sin más dos párrafos de su capítulo “Identitat i territori: els cercles de la consciència” (“Identidad y territorio: los círculos de la conciencia”):
“… En cualquier caso, sea el que sea el poder definidor que actúe con más eficacia, esta eficacia se basa en el hecho, recordado al principio, de que la delimitación de la pertenencia es una de las pocas necesidades universales de todas las culturas y sociedades humanas: los individuos necesitan ser alguna cosa, formar parte de algún ámbito que los defina como miembros de un grupo, e incluso, salvo alguna muy rara excepción, como miembros de un grupo territorial. Hablar de identidad, por tanto, no es una moda, ni un subproducto de los nacionalismos y regionalismos más o menos ‘étnicos’, tanto si estos fenómenos se valoran positivamente como si no. De hecho, parece como si el mismo concepto de identidad fuera, para algunos sectores de opinión supuestamente ‘universalistas’, una idea peligrosa: como si cualquier identidad colectiva o de grupo (territorial, cultural, ‘étnica’ o de pueblo, histórica, ‘nacionalitaria’… cualquiera que no corresponda a la definida por el siempre liberal, moderno y progresista espacio de un estado constituido) fuera un invento artificioso y perverso destinado sobre todo al cierre y al enfrentamiento, e incluso a negar la humanidad básica de los individuos. Pensar eso es tanto como ignorar que el soporte básico de la identidad se encuentra en la necesidad básica de pertenencia: es ignorar que todo el mundo, siempre, necesita alguna mediación entre su propia singularidad y la universalidad de la especie. Hecho y dicho, ¿quién puede no ser nada? ¿Quién puede ser únicamente él mismo, sólo un individuo? El solipsismo cultural y social es una imposibilidad humana (si se mira bien es inhumana, porque nuestra especie no es ‘solitaria’ como los osos sino ‘comunitaria’ como el conjunto de primates), y en la práctica no pasa de constituir una fantasía de algún intelectual desencarnado que en su soberbia se piensa autosuficiente en su propia individualidad… que por eso mismo él considera superior y privilegiada, tanto si es explícitamente consciente, como si no.”
Y más adelante:
“… El poderoso problema de ‘crear identidad’ actúa, por consiguiente (…) y pasa, sobre todo, por la educación escolar más clásica: algunos de los lectores deben recordar, sin duda, aquella fotografía del primer día de escuela, en el cual el chaval se colocaba tras una mesa y delante de un mapa de España, y quedaba así enmarcado para siempre en el único espacio de pertenencia verdaderamente importante que le había sido asignado. La criatura llegaba al colegio a los seis años, y el colegio le proporcionaba dos formas de identidad: una directa y visible, reflejada en la foto de la clase reunida en el patio, posiblemente la primera forma experimentada de ‘identidad de grupo’ fuera de la familia; otra indirecta pero poderosa y decisiva, a través de la proyección, cargada de simbolismo, del propio retrato sobre el mapa de España. Con aquella superposición de la propia imagen infantil y de la ‘imagen de la patria’, se suponía que tenía que quedar bien clara y fijada la identidad territorial básica del pequeño individuo. El chaval no estaba retratado ante una reproducción de su ciudad, o de un mapa de su municipio, ni mucho menos -¡cómo podía serlo!- ante un mapa del País Valenciano, en su caso, sino ante la imagen del estado-patria. Era como decirle explícitamente, en aquella primera ‘foto oficial’ e institucionalizada de su vida: tú eres eso que representa el mapa, este mapa (territorio, estado, nación, patria…) es el que te identifica, esta es la identidad que tienes por encima de cualquier otra, y ser eso –español, evidentemente- es la única cosa importante. Después venían, como es bien conocido y como todavía pasa a menudo de manera más indirecta y sutil, todos los refuerzos necesarios en forma de banderas, canciones, interpretación de la historia, personajes heroicos y grandes nombres del arte o la literatura”.
No hay que añadir nada más.
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24 abril 2008
LA NUEVA CATALUNYA
Víctor Alexandre, escritor y periodista catalán, llegó a convertirse en un buen amigo gracias a que una tercera persona, también amigo, me obsequió en el año 2000 con un ejemplar de “Jo no sóc espanyol” (1999). Leí las entrevistas del libro de un tirón y me quedé “enganchado” con su autor. En una entrevista parece que el elemento fundamental es la persona entrevistada, pero si quien la realiza es alguien con criterio y además, como es el caso de Víctor, brillante y buen escritor, el éxito se lo llevan prácticamente a un 50%. Posteriormente, en 2003, se tradujo al español como “Yo no soy español”.
Me propuse conocer al autor de una obra tan interesante, seria, comprometida y con un título tan provocativo. A través de su editorial, Proa–Enciclopèdia Catalana, lo conseguí fácilmente. A partir de este momento nuestra relación ha sido fluida y se ha convertido en una buena amistad. He seguido con gran interés sus siguientes títulos: “Despullant Espanya” (2001), “Despullats” (2003), “Senyor President” (2004), “El cas Carod” (también traducido al español) (2004) “TV3 a traïció” (2006) entre otras. Cuando publicó “La paraula contra el mur” (2006) consideré que su tema sobrepasaba el interés estricto de los Países Catalanes y podía ser útil como instrumento dialéctico en cualquier otro país sometido al nacionalismo español, como lo es Vasconia. A través de Nabarralde y la editorial Pamiela hicimos posible su traducción al euskera y hoy se puede leer “Hitza hormaren kontra” (Iruñea 2007)
Acaba de aparecer una nueva obra de Víctor y con un formato similar al de “Jo no sóc espanyol”, es decir un libro de entrevistas. Se trata de “Nosaltres, els catalans” (Barcelona, 2008, editorial Pòrtic). El trabajo consiste en veinte entrevistas a personas que tienen una característica común y es no ser de origen catalán, ser lo que se llama comúnmente “emigrantes”, inmigrantes desde el punto de vista catalán. Es un texto fascinante al que se le puede aplicar el mismo criterio que a “Jo no sóc espanyol” y las aportaciones del entrevistador son equiparables a las de los entrevistados, si no más en algunas ocasiones.
Para empezar, el título de la última obra de Víctor merece un comentario. Tiene mucha miga que una obra que se dedica en su totalidad a recoger opiniones y puntos de vista de personas no nacidas en Catalunya y procedentes de otras culturas tenga un título similar a la que Joan Fuster escribió en 1962: “Nosaltres, els valencians”. La obra de Fuster es una reflexión profunda sobre el País Valenciano, sobre su historia, su entramado social en la época en que fue escrito y sus perspectivas de futuro; en su obra Fuster trata, en resumen, de sacar a la luz las características propias (lengua, cultura, usos etc.) de Valencia y sus pobladores. En otros tiempos se hubiera dicho su “esencia”. Hace falta, por parte de Víctor, valor y confianza en sí mismo y en el propio país para utilizar un modelo semejante en el título de su libro.
Víctor Alexandre parte de un hecho real e irreversible como lo es la masiva inmigración recibida por los Países Catalanes en los últimos sesenta años. Primero fueron migraciones desde España, hoy lo son de todas las partes del planeta.
La sociedad catalana es abierta, con una cultural social y democrática fuerte y, salvo casos extremos de ghettos o bolsas de inmigrantes aislados, consigue el milagro de integrar en su ámbito lingüístico y cultural a muchos de los “nouvinguts”, de los recién venidos. La seña de identidad que (auto)define con más consistencia a la sociedad catalana es el uso de lengua. Es decir que cuando un “nouvingut” habla catalán y lo utiliza en sus relaciones cotidianas se considera, por parte de la sociedad de acogida, como “propio”.
En teoría lo dicho resulta muy bonito, pero terriblemente inocente. En los niveles de inmigración en que nos movemos, pretender que una nación no normalizada, un país sin ese instrumento fundamental de integración y cohesión que es el Estado, pueda lograr resultados de éxito resulta bastante utópico. No obstante el reto que se plantea Víctor es explicar cómo una sociedad cívica fuerte (como lo es la catalana) puede acceder a logros importantes en el campo de la integración aun sin disfrutar de Estado propio.
Las entrevistas son variopintas en todos los sentidos. Hay personas de todos los continentes, con inclusión de Australia, son hombres y mujeres a mitades (diez y diez). Hay una gran variedad de trabajos y profesiones y el abanico de edades es también muy amplio. También son diversos los lugares en que viven los entrevistados: el Principado, las Baleares, el País Valenciano y el Rosellón, es decir todos los territorios de lengua catalana salvo la aragonesa “Franja de Poniente” y Alghero en Cerdeña. Todos presentan un elemento común: el haber aceptado a los Países Catalanes como su nación adoptiva, el catalán como su idioma de vida y la cultura catalana como un referente básico.
Yo había leído antes el libro de Patrícia Gabancho “El preu de ser catalans” (Barcelona 2007) y me había sorprendido su conocimiento de la sociedad catalana, de su lengua y cultura, tratándose sobre todo de una persona argentina de nacimiento y formación. Su opción, tratándose de alguien hispanohablante, no es desgraciadamente tan habitual y su caso es excepcional por el nivel de implicación que manifiesta. La entrevista con Patrícia Gabancho rompe el hielo en el libro de Víctor. Es una entrevista magnífica, tal vez la más potente del libro.
Los retos que plantea Víctor a todos los entrevistados siempre se refieren a su origen, a su trabajo y a su opción vital en Cataluña. No todas las entrevistas tiene el mismo nivel ni el mismo interés; supongo que la posición y las expectativas del lector influirán mucho en la valoración de los resultados individuales. En cualquier caso ofrecen una información muy valiosa sobre la situación y los conflictos de sus países de origen (distintos países africanos, Irlanda, Sudáfrica, Irak, Palestina, etc.)
Los caminos por los que discurre el devenir de nuestro mundo, con las migraciones como fenómeno cotidiano y cada vez más amplio, así como la situación de los Países Catalanes como “nación sin Estado” obligan a que sea la propia sociedad cívica la que tome sobre sus hombros responsabilidades que en las naciones “normales” son realizadas por el Estado. La catalana se muestra como una sociedad bastante fuerte, aunque con importantes carencias de autoestima. Así se percibe, por lo menos a través de las opiniones de los entrevistados. Le falta, como a la nuestra, la vasco-navarra, ese plus que supone la capacidad de concretar una estrategia válida hacia la independencia. Ambas adolecen de un planteamiento político que acierte en el meollo de la cuestión y sea capaz de movilizar coordinadamente sus fuerzas respectivas (que son muchas en ambas situaciones) de manera efectiva en el logro de su Estado propio en Europa y en el mundo.
Estos “nouvinguts” que se integran en la cultura catalana, que adoptan como suya su lengua y que asumen su trayectoria y memoria histórica, forman parte fundamental de los Países Catalanes del presente y del futuro; de ahí el título de la obra: “Nosaltres, els catalans”.
"Nosaltres, els catalans"
Víctor Alexandre
Barcelona 2008
Raval Edicions SLU, Pòrtic
Me propuse conocer al autor de una obra tan interesante, seria, comprometida y con un título tan provocativo. A través de su editorial, Proa–Enciclopèdia Catalana, lo conseguí fácilmente. A partir de este momento nuestra relación ha sido fluida y se ha convertido en una buena amistad. He seguido con gran interés sus siguientes títulos: “Despullant Espanya” (2001), “Despullats” (2003), “Senyor President” (2004), “El cas Carod” (también traducido al español) (2004) “TV3 a traïció” (2006) entre otras. Cuando publicó “La paraula contra el mur” (2006) consideré que su tema sobrepasaba el interés estricto de los Países Catalanes y podía ser útil como instrumento dialéctico en cualquier otro país sometido al nacionalismo español, como lo es Vasconia. A través de Nabarralde y la editorial Pamiela hicimos posible su traducción al euskera y hoy se puede leer “Hitza hormaren kontra” (Iruñea 2007)
Acaba de aparecer una nueva obra de Víctor y con un formato similar al de “Jo no sóc espanyol”, es decir un libro de entrevistas. Se trata de “Nosaltres, els catalans” (Barcelona, 2008, editorial Pòrtic). El trabajo consiste en veinte entrevistas a personas que tienen una característica común y es no ser de origen catalán, ser lo que se llama comúnmente “emigrantes”, inmigrantes desde el punto de vista catalán. Es un texto fascinante al que se le puede aplicar el mismo criterio que a “Jo no sóc espanyol” y las aportaciones del entrevistador son equiparables a las de los entrevistados, si no más en algunas ocasiones.
Para empezar, el título de la última obra de Víctor merece un comentario. Tiene mucha miga que una obra que se dedica en su totalidad a recoger opiniones y puntos de vista de personas no nacidas en Catalunya y procedentes de otras culturas tenga un título similar a la que Joan Fuster escribió en 1962: “Nosaltres, els valencians”. La obra de Fuster es una reflexión profunda sobre el País Valenciano, sobre su historia, su entramado social en la época en que fue escrito y sus perspectivas de futuro; en su obra Fuster trata, en resumen, de sacar a la luz las características propias (lengua, cultura, usos etc.) de Valencia y sus pobladores. En otros tiempos se hubiera dicho su “esencia”. Hace falta, por parte de Víctor, valor y confianza en sí mismo y en el propio país para utilizar un modelo semejante en el título de su libro.
Víctor Alexandre parte de un hecho real e irreversible como lo es la masiva inmigración recibida por los Países Catalanes en los últimos sesenta años. Primero fueron migraciones desde España, hoy lo son de todas las partes del planeta.
La sociedad catalana es abierta, con una cultural social y democrática fuerte y, salvo casos extremos de ghettos o bolsas de inmigrantes aislados, consigue el milagro de integrar en su ámbito lingüístico y cultural a muchos de los “nouvinguts”, de los recién venidos. La seña de identidad que (auto)define con más consistencia a la sociedad catalana es el uso de lengua. Es decir que cuando un “nouvingut” habla catalán y lo utiliza en sus relaciones cotidianas se considera, por parte de la sociedad de acogida, como “propio”.
En teoría lo dicho resulta muy bonito, pero terriblemente inocente. En los niveles de inmigración en que nos movemos, pretender que una nación no normalizada, un país sin ese instrumento fundamental de integración y cohesión que es el Estado, pueda lograr resultados de éxito resulta bastante utópico. No obstante el reto que se plantea Víctor es explicar cómo una sociedad cívica fuerte (como lo es la catalana) puede acceder a logros importantes en el campo de la integración aun sin disfrutar de Estado propio.
Las entrevistas son variopintas en todos los sentidos. Hay personas de todos los continentes, con inclusión de Australia, son hombres y mujeres a mitades (diez y diez). Hay una gran variedad de trabajos y profesiones y el abanico de edades es también muy amplio. También son diversos los lugares en que viven los entrevistados: el Principado, las Baleares, el País Valenciano y el Rosellón, es decir todos los territorios de lengua catalana salvo la aragonesa “Franja de Poniente” y Alghero en Cerdeña. Todos presentan un elemento común: el haber aceptado a los Países Catalanes como su nación adoptiva, el catalán como su idioma de vida y la cultura catalana como un referente básico.
Yo había leído antes el libro de Patrícia Gabancho “El preu de ser catalans” (Barcelona 2007) y me había sorprendido su conocimiento de la sociedad catalana, de su lengua y cultura, tratándose sobre todo de una persona argentina de nacimiento y formación. Su opción, tratándose de alguien hispanohablante, no es desgraciadamente tan habitual y su caso es excepcional por el nivel de implicación que manifiesta. La entrevista con Patrícia Gabancho rompe el hielo en el libro de Víctor. Es una entrevista magnífica, tal vez la más potente del libro.
Los retos que plantea Víctor a todos los entrevistados siempre se refieren a su origen, a su trabajo y a su opción vital en Cataluña. No todas las entrevistas tiene el mismo nivel ni el mismo interés; supongo que la posición y las expectativas del lector influirán mucho en la valoración de los resultados individuales. En cualquier caso ofrecen una información muy valiosa sobre la situación y los conflictos de sus países de origen (distintos países africanos, Irlanda, Sudáfrica, Irak, Palestina, etc.)
Los caminos por los que discurre el devenir de nuestro mundo, con las migraciones como fenómeno cotidiano y cada vez más amplio, así como la situación de los Países Catalanes como “nación sin Estado” obligan a que sea la propia sociedad cívica la que tome sobre sus hombros responsabilidades que en las naciones “normales” son realizadas por el Estado. La catalana se muestra como una sociedad bastante fuerte, aunque con importantes carencias de autoestima. Así se percibe, por lo menos a través de las opiniones de los entrevistados. Le falta, como a la nuestra, la vasco-navarra, ese plus que supone la capacidad de concretar una estrategia válida hacia la independencia. Ambas adolecen de un planteamiento político que acierte en el meollo de la cuestión y sea capaz de movilizar coordinadamente sus fuerzas respectivas (que son muchas en ambas situaciones) de manera efectiva en el logro de su Estado propio en Europa y en el mundo.
Estos “nouvinguts” que se integran en la cultura catalana, que adoptan como suya su lengua y que asumen su trayectoria y memoria histórica, forman parte fundamental de los Países Catalanes del presente y del futuro; de ahí el título de la obra: “Nosaltres, els catalans”.
"Nosaltres, els catalans"
Víctor Alexandre
Barcelona 2008
Raval Edicions SLU, Pòrtic
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Cataluña,
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