30 marzo 2011

TESTAMENTOS REALES


La reciente aparición del trabajo de Iñigo Bolinaga El Testamento supone una lectura renovada de la conquista de Navarra en 1512. Poco se ha escrito sobre este asunto en clave narrativa con tanto rigor histórico como el relato de Bolinaga.


La desazón y el apremio de los gobernantes de Castilla tras los procesos bélicos en los que sus ejércitos conquistaron y ocuparon los territorios navarros, aunque siempre fuera bajo el señuelo de incorporaciones “voluntarias” o “de igual a igual”, es un asunto al que los navarros de hoy deberíamos prestar más atención. Efectivamente, tanto tras la conquista de su parte occidental en 1200, de la que se habló desde Castilla como “voluntaria entrega”, como la de la oriental en 1512-29, de la que se dijo fue “equae principal” (“entre iguales”), tenemos constancia histórica de sus remordimientos de conciencia.


Sabemos perfectamente que ambos acontecimientos históricos estaban motivados por las ambiciones políticas de Castilla. En ambas situaciones primó el interés de su Estado sobre cualquier consideración de justicia. En el primer caso, en 1200, reinando en Castilla Alfonso VIII, se trataba, entre otras cuestiones, tanto de lograr un acceso al mar como el de negárselo a Navarra. En el segundo, en 1512, el objetivo era evitar la existencia de un Estado independiente en la zona pirenaica occidental que el incipiente imperio español consideraba estratégico para sus ambiciones europeas y peligroso por su independencia y relaciones, sobre todo, con la monarquía francesa. Reinaba en España Fernando II de Aragón y IV de Castilla.


Es conocido que en 1204, ante una grave enfermedad, Alfonso VIII de Castilla hizo un testamento en el que prometía devolver a Navarra todo lo que ocupó en 1200, si “Dios le devolvía la salud”. Don Alfonso recuperó la salud pero olvidó por completo la promesa hecha en situación tan delicada.


En 1512, Fernando, llamado el Católico, ocupó Navarra e inició una guerra para lograr estabilizar su dominio. Fernando falleció en 1516 y su nieto y sucesor, el emperador Carlos, continuó la ocupación del reino. Carlos dictó testamento en 1554 en Bruselas, en el que constaba:


En lo que toca al reino de Navarra, nos remitimos a lo que va escrito en una hoja suelta, firmada de nuestro nombre, inclusa en este testamento, y aquello mandamos que se cumpla como cláusula y parte de él.

La hoja suelta desapareció, aunque existe una copia del siglo XVII en la que se afirma que decía:


En lo que toca al reino de Navarra… para mayor seguridad de nuestra conciencia encargamos y mandamos al serenísimo Príncipe don Felipe, mi hijo y sucesor en todos nuestros reinos y señoríos, que haga mirar y con diligencia examinar y averiguar ella; y sinceramente, si de justicia y razón seré obligado a restituir el dicho reino…


Felipe II llegó a las puertas de la muerte sin haber resuelto nada al respecto, pero en 1597, último año de su vida, parece que tuvo algún escrúpulo y encargó a su vez a su hijo Felipe que abriera una encuesta y debate sobre el citado asunto. Felipe II murió en septiembre de 1598 y, ya en noviembre, Felipe III convocó un “consejo de expertos”, cuya lista estaba prácticamente cerrada en las disposiciones testamentarias de Felipe II. Esta junta dictaminó el 28 de noviembre de 1598 que todo estaba en orden, que la conquista había sido justa, oportuna y políticamente provechosa, para Castilla, obviamente. Las almas del emperador Carlos y de su hijo Felipe II podían descansar tranquilas en el cielo; y la de Felipe III, tras descargar su conciencia, en la tierra.

El dictamen de los expertos se conserva en los archivos en forma de texto, que como todos los escritos oficiales y más aún los del siglo XVI, resulta tedioso. Con base en el contenido del dictamen y a sus amplios conocimientos de historia, como profesional que es, Iñigo Bolinaga ha construido una magnífica fabulación de los debates que sostuvieron durante aquel mes de noviembre los comisionados. Bolinaga pone en boca de todos y cada uno de ellos las razones que favorecían a Navarra y las que Castilla utilizaba para respaldar su agresión. La narración es amena, de una gran frescura, a pesar de mantener con precisión los conceptos y expresiones de la época en la que se desarrolló el debate. Además, responde a una construcción histórica ajustada a la realidad. Es destacable la ironía que utiliza Bolinaga cuando da forma a los razonamientos justificativos de la conquista.


Considero un acierto la publicación de este trabajo y su divulgación para dar a conocer de modo informal las tramas y tretas de los episodios de 1512-29, de gran importancia. Es “como” una novela ya que su estilo narrativo no es el habitual de un historiador profesional. Los diálogos de los expertos protagonistas son evidentemente inventados, pero el relato es fiel a una realidad histórica que nos han intentado ocultar a los navarros durante muchos siglos. Merece ser leído con calma y ocupar un puesto destacado en nuestra biblioteca.


Merece la pena destacar que, a diferencia de otros reyes, Fernando nunca tuvo remordimientos ni escrúpulos.



Referencia bibliográfica

Bolinaga, Iñigo. “El Testamento. Cómo zanjó Castilla la cuestión sobre la legitimidad de la conquista de Navarra”. Andoain, 2011. Txertoa

24 marzo 2011

LA INEFABLE INFINITUD DE SANTI LEONE

“Beharbada Nafarroaren konkistak badu bere alde ona ere. Euskaldun guziok batuko zituen (edo ez) Estatu baten faltan, guzion iruditerian habia egin lezakeen balizko Estatu erdi-mitikoa dugu” (Memoriaren konkista. Berria).

Decía Einstein que hay dos cosas infinitas; el universo y la estupidez humana. “Y del universo no estoy seguro”.

Por suerte Leone se ha propuesto que de la memez humana no tengamos la menor duda. Con lo ingenioso que es (irudimentsu, alardea literalmente de sí mismo) está claro que invierte toda su imaginación en demostrar que puede ir más lejos que Einstein en sus mejores conjeturas.

No me imagino a los judíos especulando con que el Holocausto tuvo su lado positivo (¡Tus muertos!). Ni a los armenios calculando el aspecto beneficioso de su genocidio turco. Ni a los nativos de América valorando la porción de suerte que les cayó encima con la aparición de las naves de Colón en sus costas y su inminente exterminio. Pero debo suponer que la infinitud que proponía Einstein da para mucho.

Es curioso el predicamento que tiene Leone en el mundo abertzale y euskaltzale, y que tan animosamente utiliza para arrojar piedras al propio tejado del país. Resulta inquietante que todas sus aprensiones metafísicas en estos lugares de la memoria histórica le asalten por el lado de Nabarralde y de quienes valoran que Euskal Herria haya tenido un lugar en la historia en términos de independencia, soberanía, presencia internacional y estas ocurrencias. Y en cambio no se le escape el menor comentario cuando el nacionalismo español y el navarrismo de tradición cunetera están celebrando con todos sus medios y recursos la conquista de 1512, o la vinculan con la batalla de las Navas de Tolosa, victoria rancia de la cristiandad contra el sarraceno, efeméride racista donde las haya. En esos vomitivos eventos el ingenio de Leone sólo ve pulgas en los esfuerzos de Nabarralde por despertar una conciencia crítica que nos permita entender los orígenes de la situación actual y nuestra ubicación (indeseada en mi caso) en el Reyno de España.
Resulta divertido que ahora distinga en Nabarralde entre buenos y malos (zintzoak eta besteak); como otros nos han clasificado –en esta larga travesía- entre duros y blandos, moderados y radicales... Esperemos que esta clasificación objetivadora no llegue a la conclusión habitual de quienes, cuando descubren en el horizonte una turba de contrarios, acaban pensando que el único indio bueno es el indio muerto.

Preocupante, de verdad, que Berria le publique sus gracias.

Josemi Mtz Urmeneta

Completamente de acuerdo,
Luis María Martínez Garate

SANTI LEONEREN IRUDIMEN IRUDIMENTSUA

“Beharbada Nafarroaren konkistak badu bere alde ona ere. Euskaldun guziok batuko zituen (edo ez) Estatu baten faltan, guzion iruditerian habia egin lezakeen balizko Estatu erdi-mitikoa dugu” (Memoriaren konkista. Berria)

Einsteinek zioenez, bi gauza dira infinituak: unibertsoa eta giza ergelkeria. “Eta unibertsoarenaz ez nago ziur”.

Santi Leonek, baina, giza ergelkeriari dagokionez zalantzarik izan ez dezagun nahi du itxuraz. Hain irudimentsua izaki (hala dio harro-harro), irudimena Einstein baino urrunago irits daitekeela frogatzeko erabiltzen du, antza.

Izan ere, ez ditut irudikatzen juduak Holokaustoaren alde onari buruz espekulatzen (bai zera!). Ez eta armeniarrak turkoek eragindako genozidioaren alderdi onuragarria kalkulatzen ere. Ez eta Ameriketako indioak, Kolonen ontziek ekarritako sarraskien ondoren, beren zorte ona aintzakotzat hartzen ere. Einsteinek aipatzen zuen infinitutasunak halako gauzak dakartza, ordea.

Bitxia da Leonek mundu abertzale eta euskaltzalean duen ospea, herriaren teilatura harriak alaiki botatzeko erabiltzen duena. Gogaikarria da oroimen historikoari buruz dituen irudipen eta ustekeria metafisiko guztien jomuga Nabarralde eta Euskal Herriak historian bere lekua izan duela (independentzia, subiranotasun, nazioarteko presentzia eta abarri dagokionez) uste dutenak izatea. Eta, aitzitik, txintik ez esatea nazionalismo espainola eta tradizio faxistako nabarrismoa bere baliabide eta bitarteko guztiekin 1512ko konkista ospatzen ari direnean, edota Navas de Tolosako gudua goraipatzen hasten direnean, sarrazenoen aurkako kristiandadearen garaipen zaharmindua alegia, ospakizun erabat arrazista, ezer izatekotan. Ekitaldi okaztagarri horien aurrean, baina, gure gaurko egoeraren sorburua eta Espainiako Erreinuan dugun lekua (nahi ez duguna) ulertzeko kontzientzia kritikoa pizteko Nabarraldek egiten duen ahalegina erretolika hutsa da Leone irudimentsuarentzat. Gauza barregarria da orain Nabarralden “zintzoak eta besteak” bereiztea, beste zenbaitek ere, ibilbide luze eta gogor honetan, horrela sailkatu baigaitu: gogorrak eta bigunak, moderatuak eta erradikalak... Espero dezagun sailkapen hori ez iristea, urrutian arerio piloa ikusten dutenean, indio zintzo bakarra indio hila dela pentsatzen dutenen ondorioetara.

Kezkagarria, benetan, Berriak xelebrekeria horiek argitaratzea.

Josemi Mtz Urmeneta

Erabat ados nago,
Luis María Martínez Garate

22 marzo 2011

EL INNOMBRABLE

Con este título cerró Samuel Beckett en 1953 la trilogía que constituye una de sus obras más importantes (“El innombrable”, junto con “Mohillo” y “Malone muere”). En el caso de la invención de Beckett, lo que no se puede nombrar es un algo que existe, piensa y reflexiona, pero que no tiene forma o, si la tiene, es indefinida, aunque es capaz de hablar consigo mismo. Aquí, con el mismo título, vamos a intentar una aproximación a una fábula distinta; a una ficción que podría tomar forma concreta, a una quimera que en sí misma ni piensa ni reflexiona, pero sobre la que algunos intereses tangibles y próximos piensan, especulan y manipulan.

Podemos hablar sobre un supuesto lugar situado en la costa de un mar en el que otrora se avistaban, y posteriormente se cazaban, ballenas. La ubicación de sus acantilados lo facilitaba. Su altura sobre el mar y la ausencia de edificaciones importantes los hacía bellos, pero también estratégicos. Militares ocupantes utilizaban parte de sus tierras desde bastante tiempo atrás como campo para sus ejercicios bélicos. Tras sus acantilados se ocultaba la desembocadura de un pequeño río que al transformarse en ría a la proximidad del mar, fue convertido, gracias a la laboriosidad de la sociedad que habitaba su entorno, en un puerto de primera magnitud, por supuesto también ficticio.

Estos hipotéticos lugares, incluido el puerto, formaban parte de una imaginada nación que había sido independiente, pero que fue despojada de su ilusorio Estado y sometida a unos aparentes poderes extranjeros que consiguieron subordinarla y trocearla en artificiosos territorios cuyas identidades particulares fueron atizadas para lograr enfrentarlas entre sí, mientras su conjunto aceptaban dócilmente la sumisión al benevolente Estado que la había conquistado.

El ficticio pueblo conquistado tenía una fuerte personalidad y una cultura social y política consistente. Su sociedad había logrado un buen nivel de desarrollo económico, del que un ejemplo era el propio puerto que se encontraba protegido por los estratégicos acantilados. Pero había otros muchos ejemplos de su etérea actividad. Concretamente, en el mundo de los puertos de mar tenía otros dos en sus proximidades, en la misma figurada nación, bien equipados y dispuestos a prestar los servicios necesarios para competir eficazmente en la prodigiosa y utópica época en la que sucedían los hechos narrados.

Además de su sumisión a unos estrictos intereses extranjeros, la imaginada nación había generado una prodigiosa casta de constructores que habían hecho del ladrillo y el cemento su medio principal de amasar fabulosas riquezas. En ese fantástico mundo y en la legendaria nación de la que hablamos había sucedido un fenómeno que los fatuos expertos de la época llamaban crisis. Fenómeno que afectó de forma importante a la portentosa casta constructora.

La asombrosa casta comenzó a hacer rumiar su magín y encontró lo que los alquimistas medievales hubieran llamado sin dudar su piedra filosofal. “Vamos a edificar un puerto de dimensiones colosales” se dijeron, discípulos de los antiguos judíos que narra el Génesis (11,4), “para seguir enriqueciéndonos”. Y definieron un plan en el que se horadaría el monte innominado, desde el interior hacia el mar y bajo los acantilados que antes avistaron ballenas y barcos, amigos y enemigos, y se construiría un enorme “puerto exterior”. No les importaba el servicio que su proyecto pudiera reportar al pueblo que vivía en aquella imaginada nación. Tampoco se plantearon si la fantástica obra que planeaban construir era necesaria, ni los destrozos paisajísticos y ecológicos, esos sí reales, que pudiera a acarrear, ni los costes sociales, también tangibles y ciertos, que posiblemente produjera sobre la sociedad concreta que albergaban aquellos viejos (desde el punto de vista geológico) acantilados y el antiguo (desde el histórico) puerto. Sólo les preocupaba su insaciable voracidad de cemento y ladrillo y su sed de enriquecimiento. Recordaban al viejo Marx, cuando decía proféticamente: “¡acumulad, acumulad, he ahí la ley y los profetas!”

¿Todo lo narrado es pura invención, simple fábula? ¿O sencillamente innombrable? El tabú tampoco se puede mencionar, ni tocar. Y de eso hablamos.


Notas
1.- Si alguien a estas alturas alguien sigue sin aclararse de qué estoy hablando, puede consultar mi blog en el que con el título de “Una piedra en el camino” aparece un texto muy explícito. Fue enviado, sin éxito de publicación, a los periódicos que normalmente se publican en el figurado territorio en el que se encuentran los acantilados imaginarios y el puerto ficticio. ¡Qué poca imaginación tienen nuestros periódicos!

2.- De la prensa del domingo 20 de marzo de 2011: Diario Vasco, Noticias de Gipuzkoa

27 febrero 2011

¡CARAMBA, QUÉ COSAS LEES!


Víctor Alexandre
Escritor y periodista
“¡Caramba, qué cosas lees!”, me han dicho algunas personas, en Cataluña, al verme con el libro “Síntesis de la historia de Navarra”, de Luis Martínez Garate. No, no había nada peyorativo en el comentario. Simplemente les llamaba la atención que alguien como yo, que no soy vasco, me interesara por la historia de otro país. Creo que habrían dicho lo mismo si el libro hubiese sido una síntesis de la historia del Tíbet o del Senegal. Es decir, que lo que sorprende es que alguien pueda sentir interés por la historia de un país que no es el suyo. Es un prejuicio que denota apatía hacia las realidades que consideramos lejanas, no hay duda, pero está tan extendido que nos parece normal. De todos modos, hay algo mucho más grave que todo eso. Algo muy propio de las naciones sin Estado, o, como diría el historiador Tomás Urzainqui, de las naciones que en realidad son estados secuestrados por otros estados. Me refiero al desconocimiento de la propia historia. Fijémonos que son mayoría los catalanes y vascos que ignoran la historia de su país, más allá de un par de episodios o fechas relevantes. Saben más cosas, naturalmente, pero se trata más bien de cuestiones de carácter cultural que, además, les resulta muy difícil desligar de España –si son catalanes o vascos del sur– o de Francia –si son del norte. Son demasiados años de escuchar el mismo mensaje oficial y de vernos sometidos a la formación del espíritu nacional español.

Sin embargo, una cosa es lo que nos han obligado a interiorizar y otra muy distinta la realidad histórica. No hay más que ver a que extremos está llegando la alianza nacionalista española en Euskadi entre el Partido Socialista y el Partido Popular. Franco estaría orgulloso de ellos. Nada más llegar al poder –amordazando antes a un sector de la sociedad vasca– han comenzado a llenar el país de banderas españolas y a criminalizar, despreciar o folklorizar todo lo que es euskaldun, aislando las ikastolas, españolizando la enseñanza, llevando a cabo una caza de brujas en las emisoras vascas contra la izquierda abertzale y el PNV y desarrollando un programa de desnaturalización del país. No se podía esperar otra cosa, teniendo un nacionalista español como lehendakari.

A pesar de ello, no creo que haya motivos para sentirse intimidado. Basta con darse cuenta que alguien que necesita prohibir el voto a una parte de la ciudadanía para poder ganar unas elecciones no sólo es un totalitario, también es un tigre de papel, un alfeñique cuyo poder tiene los días contados. Al fin y al cabo, su fuerza se nutre únicamente de todo cuanto ignoramos de nosotros mismos. O, dicho de otro modo, es nuestra propia ignorancia lo que nos debilita. Por suerte, hay diversas maneras de invertir esa tendencia, y una de ellas es el libro que he mencionado de Luis Martínez Garate.

“Síntesis de la historia de Navarra”, publicado por Nabarralde, tiene, de inmediato, dos grandes valores. En primer lugar, combate la ignorancia; y, en segundo, transforma en autoestima la inseguridad inherente a esa ignorancia. Es obvio que el nombre de Navarra, en este caso, no se refiere tan sólo a la parte del país que hoy lleva ese nombre, sino a todo el pueblo vasco: “Todos los navarros somos, lingüística y étnicamente, vascos. También todos los vascos somos navarros desde el punto de vista político”. En el libro, además de los datos y la narración de los diversos episodios que configuran la historia de Euskal Herria –“Un reino soberano”, “La evolución vascongada”, “La conquista de 1512”, “Una cultura que asombró al mundo”, “El ataque a los fueros y su destrucción”...–, Martínez Garate hace reflexiones muy interesantes que me gustaría aproximar al lector. Esta es una de ellas: “La percepción que tiene cualquier sociedad sobre los hechos o lugares que marcaron hitos de su vida común es lo que constituye la memoria histórica y los lugares de memoria que la definen. Cuando la memoria se refiere a situaciones de injusticia, opresión o sufrimiento y dolor tiene, para los que las soportan, un valor reivindicativo que les permite acceder a la reparación de los agravios padecidos y a su liberación. Los vencedores tienden a borrar o desfigurar la memoria de los derrotados. Si lo logran, han triunfado en una segunda, y tal vez definitiva, ocasión. La labor de la historia consiste en poner en su sitio a la memoria, sobre todo en un caso como el nuestro, en el que la manipulación de los hechos por parte de los vencedores ha buscado por todos los medios la distorsión de nuestra memoria y su integración en su sistema cultural, social y político”.

Y esta es otra de las reflexiones: “El valor de la historia estriba en llegar al conocimiento del proceso que nos ha permitido construir el ‘nosotros’ actual, con la lengua y patrimonio que poseemos; con la cultura social y política que define nuestra sociedad y los conflictos en los que participamos y, tantas veces, sufrimos. En resumen, consiste en acceder a una explicación y comprensión de quiénes y por qué somos así, aquí y ahora, y servir de apoyo para la proyección del porvenir que necesitamos construir. Es una forma de aclarar algo tan importante, al mismo tiempo que denostado por los que la tienen ya garantizada por su propio Estado, la propia identidad. Ninguna sociedad sin una percepción clara de su identidad tiene futuro”.

Un libro de consulta necesaria y un magnífico antídoto contra quienes afirman que la nación de los vascos es España. Es decir, el nacionalismo español y su corte vasca de aduladores.

BERRIA 27/02/2011

Versión en euskera
Versión en catalán

ARRAIOA, HORI DA HORI IRAKURGAIA!


Victor Alexandre
Idazlea eta kazetaria

Arraioa, hori da irakurgaia darabiltzazuna!», esan izan didate zenbaitek, Katalunian, Luis Martinez de Garateren Síntesis de la historia de Navarra (Nafarroako historiaren laburpena) liburuarekin ikusi nautelarik. Ez, ez zegoen ezer gaitzesgarririk haien iruzkinetan. Besterik gabe, atentzioa ematen zien, esaterako, nik, euskalduna ez izanda, beste herrialde batekiko jakin-mina izatea. Uste dut beste horrenbeste esango lidaketela Tibeteko edo Senegalgo historiari buruzko liburu bat izango balitz ere. Alegia, harrigarria da norbaitek berea ez duen beste herrialde batekiko jakin-mina sentitzea. Aurreriritzi bat da, urrutikotzat dauzkagun errealitateekiko apatiaren adierazgarri; ez dago horren zalantzarik, baina normala iruditzen zaigu, hain baitago zabaldua. Nolanahi ere, bada hori baino askoz ere larriagoa den zerbait. Estaturik gabeko nazioek oso berezkoa duten ezaugarri bat, edo, Tomas Urzainki historialariak esango lukeenez, egiaz beste estatu batzuek bahituta dauzkaten estatuena. Norbere historiari buruzko ezjakintasunaz ari naiz. Errepara diezaiogun katalan eta euskaldun gehienek ez dakitela beren herrialdeko historiaren berri, pasarte eta data nabarmen pare batez harago. Askoz kontu gehiago dakizkite, jakina, baina kultura alorrekoak dira, nolabait; gainera, oso nekez bereizten dituzte Espainiatik —katalanak edo Hegoaldeko euskaldunak baldin badira— edo Frantziatik —Iparraldekoak baldin badira—. Urte gehiegi dira, beti mezu ofizial berbera entzuten eta geure burua espiritu nazional espainola eratzera behartuta ikusten.

Hala ere, kontu bat da nahitaez barneratu digutena, eta oso besterik, errealitate historikoa. Ikusi besterik ez dago Euskadin noraino iristen ari den aliantza nazionalista espainola, alderdi sozialistaren eta alderdi popularraren artekoa. Horietaz harro egongo litzateke Franco. Boterera iritsi orduko —aurrez euskal gizarteko sektore bat isilarazita—, herrialdea bandera espainolez josten hasi dira, eta euskalduna den guztia kriminalizatzen, gutxiesten eta folklore bihurtzen, ikastolak bakartuta, irakaskuntza espainolduta, euskal irratietan ezker abertzalearen eta EAJren aurkako sorgin ehizan jardunda, eta herrialdea desnaturaltzeko programa bat garatuta. Ezin espero zen besterik, nazionalista espainol bat izanda lehendakari.

Hala eta guztiz ere, ez dut uste kikilduta sentitzeko motiborik dagoenik. Konturatu besterik ez dago totalitario bat dela hauteskundeak irabazteko herritarren zati bati boza galarazi beharra daukan hori; are, paperezko tigre bat, erkin halako bat, zeinaren botere egunak bakanak baitira. Haren indarrak, azken batean, geure buruaz ez dakigun guztia du bazka bakar. Edo, bestela esanda, geure ezjakintasunak ahultzen gaitu. Zorionez, modu asko daude joera halakoa iraultzeko, eta horietako bat da arestian aipatu dudan liburua, Luis Martinez de Garaterena.

Síntesis de la historia de Navarra Nabarralde-k argitaratu du, eta, behinik behin, balio handi bi ditu. Lehenik, ezjakintasuna borrokatzen du; eta, bigarrenik, buruestimu bihurtzen du ezjakintasunak berezkoa duen segurtasunik eza. Begien bistakoa da Nafarroaren izena bera ez dagokiola bakarrik gaur egun izen hori duen herrialde zatiari, baizik eta euskal herri osoari: «Nafar guztiok euskaldunak gara, hizkuntza eta etnia aldetik. Halaber, eskaldun guztiok ere nafarrak gara, politika ikuspegitik». Liburuan, Euskal Herriaren historia osatzen duten hainbat datu eta pasarte ageri dira —Erresuma subirano bat, Bilakaera baskongadoa, 1512ko konkista, Mundua harritu zuen kultura bat, Foruen kontrako erasoa eta haien desegitea…—; baina horiez gainera, hainbat gogoeta jakingarri egiten ditu Martinez Garatek, eta horiexen berri eman nahi nioke irakurleari. Hona hemen bat: «Edozein gizartek bere ohiko bizimoduan mugarriak izan diren egintzei eta lekuei buruz duen pertzepzioak osatzen du oroitzapen historikoa eta hura definitzen duten leku oroigarriak. Oroitzapenak injustizia, zapalkuntza, sufrimendu eta oinaze egoerak badakartza gogora, aldarri balioa du hark erasandako pertsonentzat, eta oroitzapenari esker eskuratu ahal izango dute pairatutako laidoengatiko ordaina, bai eta haietatik libratzea. Garaileek, berriz, garaituen oroitzapena ezabatzeko edo desitxuratzeko joera izan ohi dute. Lortuz gero, garaile izango dira bigarrengoz eta, beharbada, behin betiko. Historiaren zeregina da dagokion tokian jartzea oroitzapena; esate baterako eta batik bat, gure kasuan, egintzak kosta ahala kosta manipulatuz oroitzapena desitxuratu nahi izan baitigute garaileek, beren kultura, gizarte eta politika sisteman txertatzeraino».

Eta bada beste gogoeta bat ere: «Honetan datza historiaren balioa: jakitea behingoz zer prozesuk ahalbidetu digun eratzea gure gaur egungo gu-a, gure hizkuntza eta ondare eta guzti; gure gizartea definitzen duten gizarte eta politika kultura eta guzti; eta partaide gaituzten eta, makina bat alditan, pairatzen ditugun gatazkak eta guzti. Laburbildurik, lortzea azaltzen eta ulertzen nortzuk garen eta zergatik garen honelakoak, orain eta hemen, eta laguntzea ikusarazten eratu beharra daukagun etorkizuna. Bide bat da argitzeko hain garrantzitsua den zerbait —baina, aldi berean, nori bere Estatuak bermatua dienek hain laidoztatua—: norbere izaera. Ezein gizartek ez du etorkizunik, baldin eta ez badu bere izaerari buruzko pertzepzio argirik».

Kontsulta liburu ezinbestekoa, eta euskaldunen nazioa Espainia dela diotenen aurkako antidoto bikaina. Alegia, nazionalismo espainolaren eta haren euskal gorte lausengariaren kontrakoa.

(Erredakzioan itzulia)

BERRIA 2011/02/27

11 febrero 2011

CAMÕES Y ETXEPARE

Hacia 1572 Luis de Camões publicó Os Lusiadas, un poema épico que nombra por primera vez en la literatura escrita al pueblo portugués. Según la leyenda recogida por el humanista André de Resende, este pueblo descendía de Luso, hijo del dios Baco, que conquistó por las armas el territorio que luego, y por tal razón, sería Lusitania, es decir el Portugal histórico.

No se sabe con certeza dónde nació Camões, si en Lisboa o en Coimbra. Parece que fue en 1524, dentro de una familia venida a menos, de la baja nobleza, y llevó una vida azarosa y complicada, vinculada con el hampa lisboeta. De esta ciudad tuvo que escapar varias veces. En una de ellas, en Ceuta, ciudad ocupada por Portugal desde 1415, perdió un ojo. En 1553 marchó a Oriente y en la India escribió el gran poema de la nación portuguesa. En 1570 regresó a su tierra.

En 1578, Camôes se enteró de la terrible derrota de Portugal en la batalla de Alcazarquivir, donde el rey Sebastián murió y el ejército portugués fue destruido por completo. Felipe II aprovechó este fracaso para conquistar Portugal y añadir su imperio a la monarquía española. Las tropas hispanas se aproximaban a Lisboa. En ese momento el poeta escribió al capitán general de Lamego que estaba contento no sólo de morir en su país, sino con él. Murió en 1580, año en que Felipe II se apoderó de Portugal.

En el momento en que Camões escribió Os Lusiadas, Portugal era un Estado poderoso y rico, con un importante imperio colonial, sostenido en su supremacía marítima. La conciencia de esa hegemonía queda perfectamente reflejada en el poema y en el éxito fulgurante que tuvo en su momento en Portugal. Precisamente, tras la conquista de Felipe II, esa conciencia expresada con fidelidad por Camões constituyó una de las bases de la resistencia nacional al dominio español.

Durante años se fue incubando la rebelión en Portugal. En 1640, tras la revuelta que siguió al intento del Conde-Duque de Olivares de usar tropas portuguesas frente a los catalanes alzados por su independencia, consiguió Portugal la suya, con apoyo británico. Como curiosidad, a partir de esa fecha, Portugal fue independiente mientras que Ceuta siguió perteneciendo a España.

Camões perteneció por formación y gusto al Renacimiento y al humanismo extendido en Europa durante el siglo XVI. Precisamente uno de los principales exponentes europeos de este pensamiento lo constituye Margarita de Navarra. Margarita nació en 1492 y falleció en 1549. Casó en 1527 con Enrique II de Albret, rey de Navarra tras la muerte de sus padres Juan y Catalina, que reinaban en los territorios libres de Navarra y Bearne tras la conquista y ocupación de la Alta Navarra por las tropas españolas de Fernando de Aragón y Castilla, y de su nieto, el emperador Carlos.

La Baja Navarra junto con el Bearne constituían los estados libres gobernados por la monarquía navarra y conocieron en esa época un gran esplendor cultural. Su cabeza visible fue Margarita. Los principales humanistas y reformadores europeos pasaron por su corte en Pau. Su nivel intelectual fue tan alto que el propio Shakespeare basó en ella su obra Love’s Labour’s Lost (“Trabajos de amor perdidos”), en la que aparece la trillada frase de que “Navarra será la admiración del mundo”.

Tras la muerte del rey Enrique, en 1555, le sucedió en el trono de Navarra su hija Juana III de Albret. Gracias a su iniciativa el euskera llegó a la modernidad mediante la traducción del Nuevo Testamento realizada en 1571 por Joanes de Leizarraga. En aquella época la traducción de la Biblia a las lenguas vulgares constituía un elemento fundamental en esa transición.

Años antes, en 1545, se había editado en Burdeos un libro de poemas de contenido variopinto, Linguae Vasconum Primitiae, escrito por el clérigo Bernat Etxepare, que nació en 1480 en Eiheralarre, cerca de Donibane Garazi. Fue el primer libro que se conoce impreso en euskera. Es decir, tanto el primer texto en euskera que conoció la imprenta como la primera traducción de la Biblia correspondiente al Nuevo Testamento fueron realizados por personas que pertenecían a Navarra, un Estado europeo independiente. En el segundo caso, por el encargo expreso de sus gobernantes.

Ninguna referencia a Camões o a su obra, Os Lusiadas, se puede entender sin una mención al contexto en que fue producida, escrita y publicada. Ningún autor riguroso trataría este tema sin un conocimiento mínimo de su tiempo. Nunca una exposición en la que se presentaran obras literarias del renacimiento portugués, comenzando por la obra de Camões, sería descrita al margen de la potencia comercial y política de Portugal, de las amenazas a su independencia por parte de España, ni del mantenimiento de la conciencia propia y del anhelo de la recuperación de su independencia.

Todo eso se ha hecho en Gasteiz con la exposición organizada por el llamado “Gobierno vasco” y denominada “Euskara jalgi adi plazara”. Pero no es sólo que quienes la organizan oculten todo esto. Quienes transmiten la noticia en los medios también lo hacen. Ni siquiera la prensa que publica en euskera ha mostrado el mínimo rigor de esta contextualización. Podía haber sucedido perfectamente que a mediados del siglo XVI un extraterrestre pasara por Iparralde, que hubiera aprendido la lengua de los nativos y que, antes de volver a su planeta, pasando por Burdeos la hubiese dejado en una imprenta.

Nos hubiera gustado titular este artículo “Etxepare y Navarra”, pero en estos términos nadie lo entendería. Visto lo visto, tal vez hubiera sido más apropiado “Etxepare en tierra de nadie”. Y, como eso no existe, al fin habría tenido que ser español o francés.

Este silencio referido, por sistema, a las claves de nuestro patrimonio, sea histórico, político, cultural o arquitectónico si se da el caso, nos conduce inexorablemente a la aculturación más nefasta y a la integración progresiva en los universos culturales dominantes, el español y el francés. Perdemos de vista quiénes somos, de dónde venimos, qué hemos sido o qué nos han hecho. La historia vasca, nuestra mera presencia, se vela tras una cortina de inexistencia. Nuestras obras no tienen autoría. Literalmente, no somos nadie. Y así nos va.

Angel Rekalde y Luis M. Martínez Garate

17 enero 2011

UNA PIEDRA EN EL CAMINO









Jaizkibel de nuevo. No sé hasta que punto la crisis que sufrimos habrá influido en los faraónicos proyectos que pretendían horadar Jaizkibel y construir un macropuerto en su costa y seguirán vigentes para quienes controlan la obra pública en Gipuzkoa. Desconozco si los habrán abandonado por su inviabilidad económica y su nula, o negativa, rentabilidad incluso desde el pacato punto de vista del desarrollismo más obsoleto, más allá de los beneficios directos e inmediatos derivados de su construcción.

Una vez más, aprovechando una luminosa mañana de este mes de enero, he paseado por el camino que conduce desde Donostia hasta Pasaia por Ulia. He contemplado de nuevo los fantásticos acantilados de Jaizkibel, casi a plomo, sobre nuestro mar de Bizkaia. Y he vuelto a sentir la nausea que produce el ver algo tan hermoso, tan querido y tan “nuestro”, como una presa en manos de especuladores sin escrúpulos, capaces de arrebatarnos uno de los paisajes más espléndidos de nuestro país para su lucro privado e inmediato.

No es sólo, que también lo es, la perspectiva desde la que nuestros antepasados avistaban las ballenas en su transitar por el Cantábrico, con el objetivo claro de su captura como elemento fundamental de supervivencia. Es, sobre todo, la de un paisaje hermoso, sin desmesura, acorde con la perspectiva de una nación de regular dimensión espacial, no muy grande, pero con nervio suficiente para plantear su persistencia en el mundo actual.

Desde mi punto de vista, Jaizkibel es un lugar en el que el paisaje se percibe como un elemento de identidad de primer orden. Tiene la ya citada perspectiva de lugar marcado históricamente, así como una belleza especial. El paisaje es territorio, una porción de espacio, sí, pero es espacio percibido por una sociedad concreta, con su cultura. Y no sólo percibido, sino creado, recreado, contemplado, preservado y, que debería ser, tenido en cuenta en cualquier futura planificación territorial, en la cual incluyo, obviamente, la paisajística.

Joan Nogué en su reciente libro “Paisatge, territori i societat civil”, ganador el pasado 2010 del “Premi d’assaig Joan Fuster", afirma:

El paisaje es el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza; es la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado; es el rostro del territorio. Y no sólo en lo referente a su dimensión material, sino también a su dimensión espiritual y simbólica. Las sociedades humanas, a través de su cultura, transforman los medios naturales originarios en paisajes culturales, caracterizados no solamente por una determinada materialidad (formas de construcción y tipos de cultivos, por ejemplo), sino también por la traslación al mismo paisaje de sus valores, de sus sentimientos. El paisaje es, por tanto, un concepto enormemente impregnado de connotaciones culturales, de valores, y se puede interpretar como un dinámico código de símbolos que nos habla de la cultura de su pasado, de su presente y quizás también de su futuro.

En el mismo trabajo, Nogué cuenta cómo cuando el Ministerio español del Medio Ambiente proyectó una obra faraónica, un gran dique y puerto exterior, para Ciutadella (Menorca), tuvo muchas alegaciones de tipo técnico y jurídico, pero una de las alegaciones que tuvo más soporte decía:

Uno de los principales atractivos del puerto de Ciutadella es su gran belleza. La imagen del entorno de la entrada del puerto, todavía sin transformar, constituye un patrimonio de primer orden que Ciutadella ha de conservar. La construcción de un dique en la bocana cambiaría radicalmente la actual vista hacia el mar desde la ciudad y se perderían por siempre jamás espectáculos de gran belleza, como las puestas de sol…

Y concluye Nogué:

No es, en efecto, un argumento técnico, ni tampoco jurídico. No necesita un especial soporte técnico ni se sustenta en ninguna premisa científica… (el argumento) tiene una fuerza y una trascendencia enormes, porque pone sobre la mesa… lo que realmente está en juego: el sentido del lugar, la íntima comunión del individuo con un paisaje determinado.

En este sentido, mantengo que, aun siendo válidos todos los argumentos ecológicos, económicos y políticos contra el puerto exterior de Jaizkibel, el de más peso, inmediato y desgraciadamente irreversible, es desde mi punto de vista, el paisajístico. El paisaje, como ya se ha expresado, en un elemento identitario de primer orden, pero, además, es un factor importantísimo de bienestar social, de equilibrio psicológico personal y colectivo. Hasta ahora no ha sido considerado con el interés debido. Ha sido marginado como algo superfluo y partícipe del lujo o de las cuestiones propias de la sociedad de la abundancia. Hoy se ve que no es así.

Como casi todas las cuestiones de trascendencia social su conservación, gestión y planificación requiere las herramientas necesarias que sean capaces de pasar del puro voluntarismo y de la constatación de una necesidad a la efectividad y práctica reales. Mientras sigamos formando parte de unos estados que tienen como una de sus tareas negarnos los instrumentos que permiten desarrollar nuestras capacidades en estos terrenos, tenemos un futuro negro. Sólo en un ámbito de democracia pueden ser bien resueltos estos problemas. Por lo mismo, pienso que un Estado propio, como elemento democrático básico, es condición necesaria para dar pasos efectivos en este sentido, desde una perspectiva nacional propia.


Nota

La primera imagen corresponde a una vista de los acantilados de Jaizkibel tomada de internet. En las dos imágenes siguientes aparecen dos de los proyectos de puerto exterior. El primero es lo que llaman "puerto isla", mientras que el segundo sería un puerto convencional, anexo a la costa y son fáciles de encontrar en la red. La cuarta, es una fotografía realizada por el autor del blog el domingo 16 de enero de 2011. Debido a la situación de la mar y a la hora en que fue tomada, hacia las 11 de la mañana, no es una imagen excesivamente clara, pero tiene el valor de reflejar lo que percibí en ese momento.


Referencia bibliográfica

Nogué, Joan. “Paisatge, territori i societat civil”. València 2010. Edicions 3 i 4

12 enero 2011

ORÍGENES DE UN CONFLICTO



La mayor parte de los que hoy en día hablan sobre la memoria histórica en Vasconia tienen una perspectiva muy limitada de la misma. Esa perspectiva viene marcada y acotada precisamente por quienes la ponen en valor desde el contexto hispano. Se realiza con preferencia desde una perspectiva de lo que se denomina convencionalmente como la “izquierda” española. Su alcance no llega más allá de la sublevación militar y guerra subsiguiente iniciadas en 1936.

En este contexto son muchos los historiadores y políticos españoles que han apreciado como inicio del llamado “conflicto vasco”, precisamente esa confrontación y la victoria del fascismo en España. Aunque consideren que sus orígenes datan de la etapa anterior, centrada fundamentalmente en el desarrollo industrial de Bizkaia y en el pensamiento “ruralista” y “racista” (según dichos autores) de Sabino Arana Goiri. Es decir, consideran que el “conflicto” tiene un origen en cierto modo artificial. Que los intereses de los sectores “pequeño burgueses” vascos unidos a la tradición rural y religiosa del carlismo en su oposición a la “modernidad” derivada de la industrialización, constituyen el origen del nacionalismo vasco teorizado por Arana Goiri.

Según tales autores, la segunda república española estaba en el camino de su solución mediante el Estatuto, con la consideración de que los conflictos internos del país, entre “nacionalistas” y “carlistas”, así como su acendrado catolicismo (el “Gibraltar vaticanista” al decir de Indalecio Prieto) la hicieron inviable. Olvidan, por supuesto, su continuo torpedeo desde las instancias de poder hispanas.

Es evidente que la lejanía en el tiempo distorsiona, en parte, la memoria histórica, pero no por ello deja de existir y de ejercer, en el caso de actos sufridos de violencia e injusticia, su función liberadora. En este sentido la referencia a la foralidad y a su defensa a través de las guerras del siglo XIX, conocidas como carlistas, es un elemento básico en la configuración de la identidad moderna del pueblo vasco. Todo este entramado reivindicativo ha sido convenientemente ocultado o tergiversado por los intereses del unitarismo español. Los orígenes reales del conflicto, centrados en la cuestión foral y todo que ésta suponía en relación a los modos de producción, relaciones sociales y de vida en general, fueron, y siguen, silenciados. Los manuales de historia de España, sus textos escolares y universitarios y, sobre todo, lo difundido por sus medios de comunicación de masas llevan a una percepción de lo ocurrido favorable a sus intereses y, por ello, contraria a la realidad de los nuestros.

Los orígenes del conflicto, por lo menos en la modernidad, hay que centrarlos en el ataque al sistema foral vasco iniciado, desde dos perspectivas complementarias, en la última etapa de la monarquía borbónica española de finales del siglo XVIII. Una fue práctica, con las políticas de Godoy en contra del propio sistema y otra, teórica, en la que, con Llorente sobre todo, se desmontaba la teoría pactista que sustentaba ideológicamente el sistema foral y lo convertía en privilegio otorgado graciosamente por los reyes; reversible, por lo mismo, en cuanto el Estado tuviera a bien desmontarlo. En cierto sentido Llorente tenía razón. El sistema foral, tal como se desarrolló tras las conquistas castellanas para la parte occidental de Navarra, más tarde provincias Vascongadas, a partir de la conquista de 1200 y sobre todo de su institucionalización en las mismas en el siglo XV, y a partir de la guerra de ocupación de su territorio oriental (1512-29), consistía en una especie de armisticio capaz de garantizar una gobernabilidad estable. Nunca se basó en pactos sino que fue fruto de derrotas militares, ocupaciones armadas y sustituciones institucionales.

Reducir la memoria histórica de nuestro pueblo a la guerra de 1936 constituye un atentado a nuestra realidad histórica y colabora en su proceso de integración en el sistema político español. Por supuesto la memoria de esta etapa es fundamental y es necesario recuperarla plenamente; pero no es suficiente. Su referencia no explica fehacientemente el conflicto. El trabajo “Los orígenes del conflicto”, recientemente escrito por Mikel Sorauren y publicado por Nabarralde, constituye un hito importante en el acercamiento a una realidad histórica que ha dado soporte a una memoria de mucho más largo recorrido y con más capacidad de construcción identitaria que la de 1936.

Referencia bibliográfica

Sorauren, Mikel
“Los orígenes del conflicto”
Pamplona – Iruñea 2010
Nabarralde.

10 diciembre 2010

EUSKAL HERRIA SÍ ES SUJETO DE DERECHO

Según la resolución 1514 (XV) de la ONU de 14 de diciembre de 1960, “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”. Es evidente que hay que definir al “pueblo” en cuestión, al que se pueda aplicar esta resolución.

En un sentido amplio y de uso común el término vasco Euskal Herria denota al pueblo vasco. En su origen (Leizarraga, 1571; Pérez de Lazarraga, 1588-89 y; Axular, 1643, por ejemplo) se refería en general a la población de los territorios que tenían al euskera como lengua común, aunque no fuera la lengua hablada por la totalidad de sus habitantes.

A partir de la incorporación del término Euskal Herria a los textos escritos en lengua vasca, que coincide curiosamente con la etapa que sigue a la conquista de Navarra, y la pérdida de soberanía del Estado creado por los vascos, el retroceso territorial de la lengua vasca, inducido por los poderes políticos españoles y franceses, fue progresivo. Pero el término no se perdió. Simplemente modificó su uso. Pasó de designar exclusivamente el hecho lingüístico a denotar una realidad cultural.

La población vasca presentaba en aquella época, y mantiene hoy en día, un conjunto de características culturales, sociales y políticas que, unidas a las lingüísticas originales, la convierten en una innegable realidad social diferenciada que ha llegado, mal que bien, al siglo XXI. Esa realidad, objetiva y reconocida por personalidades tan importantes como Voltaire, Víctor Hugo o Wilhelm von Humboldt, es un dato adquirido. Si, además, a principios del siglo XXI presenta voluntad política de constituirse en sujeto político como Estado independiente, tiene en la citada resolución de la Organización de Naciones Unidas un innegable soporte de derecho.

No obstante hay algo más y, tal vez, de importancia decisiva. Que el pueblo vasco haya llegado al siglo XXI con evidente conciencia de su realidad y con voluntad de permanencia y futuro, requiere explicar y comprender el por qué de esa persistencia. La voluntad por parte de una sociedad de actuar como sujeto político exige una definición (una identidad), un autorreconocimiento y poseer una cultura política cualificada y desarrollada a lo largo de su historia. Ese proceso es conocido generalmente como nacionalización. Normalmente un pueblo adquiere en plenitud la categoría de nación cuando accede a su Estado propio.

El pueblo vasco, en su desarrollo interno y en sus relaciones con otros pueblos a lo largo de los siglos, creó una organización política que fue el reino de Pamplona primero y de Navarra, después. La realidad de ese Estado que ejerció su soberanía y su presencia en el orden internacional a lo largo de la historia de Europa generó un evidente proceso de nacionalización interna.

Cuando el Estado de los vascos fue conquistado, ocupado y sometido a procesos de minoración y subordinación, había llevado a cabo ya muchas tareas que las naciones que se pueden considerar realmente sin Estado siguen teniendo pendientes. El Estado de Navarra supuso el reconocimiento internacional para la nación vasca. Es evidente que, a nivel internacional, cualquier nación tiene derecho a su propio Estado, pero para eso tiene que existir dicha nación. Y hoy la nación vasca existe, fundamentalmente, porque hubo un Estado que la forjó.

El haber constituido un Estado independiente no otorga, de por sí, derechos a la sociedad dominada. Es la entidad que se autodefine como sujeto quien los reclama, quien se los autootorga y quien los debe de ejercer. Euskal Herria, en cuanto pueblo, es sujeto de derecho a nivel internacional. En la medida en que lo reclame, tiene el derecho a la libre disposición, el primero de los derechos democráticos. Pero la conciencia de ese derecho no le viene dada por ciencia infusa ni por gratuita donación divina, sino que procede de la cultura política que desarrolló el propio reino navarro, basada en el antiguo Derecho Pirenaico en realimentación permanente con las necesidades y problemas de cada época.

Mientras la conquista y ocupación sigan siendo consideradas como injustas por la sociedad dominada a través de su memoria histórica, la recuperación de las instituciones propias constituye un elemento de primer orden para plantear su reivindicación a nivel jurídico internacional. La reparación de injusticias (como bien explicó Walter Benjamin) que la memoria histórica reclama, refuerza un derecho que ya existe en plenitud aunque no hubiera habido un Estado independiente previo. La clave es que sin Navarra, ese Estado independiente previo, con alta probabilidad no hubieran existido los conflictos del siglo XIX, las guerras carlistas, ni el planteamiento nacional de Arana Goiri. Y también nos atreveríamos a afirmar, casi con seguridad, que el euskera habría pasado a engrosar la lista de lenguas muertas durante el mismo siglo.

Los derechos pertenecen a la sociedad subordinada y se pueden ejercer siempre que en su conflicto con las sociedades dominantes se constituya en sujeto político y, además, tenga capacidad estratégica de llevarlos a cabo. No obstante, debemos ser conscientes de que la capacidad de acceso a la tal condición, en nuestro caso por lo menos, tiene su origen en los procesos de ocupación de siglos cuyo efecto no ha prescrito, precisamente por la “voluntad demostrada de sus pobladores”, como consta ya en el Laudo Arbitral de Londres de 1167, refiriéndose a la restauración del reino por García Ramírez (1134-1150), una de las primeras muestras de nuestra cultura política. Basta con seguir las tramas de nuestra historia para comprobar este hecho en todos sus términos.

Los derechos son propios, en exclusiva, de la sociedad actual. Y así debemos contemplarlos y entenderlos. Pero también debemos saber que su conciencia y ejercicio no pueden prescindir del continuo de su reivindicación histórica, que es lo que ha constituido la identidad que somos en el presente y que seguirá en transformación de acuerdo con las respuestas que ofrezcamos a los retos de nuestro mundo. La garantía de que esto se haga de modo democrático pasa, en nuestra opinión, por el ejercicio incondicional del derecho a la libre disposición y su forma más simple e inmediata a través de la recuperación del Estado histórico de los vascos: Navarra.

ANEXOS

A) Resoluciones XV Asamblea General ONU (1960-61)

En la Resolución 1514 (XV), en sus páginas 66 y 67 se afirma:

2. All peoples have the right to self-determination; by virtue of that right they freely determine their political status and freely pursue their economic, social and cultural development.

Y traducido al español:

2. Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural.

B) Una traducción al español del conjunto de la resolución 1514 (XV)

Firman también este texto Tasio Agerre y Angel Rekalde

09 diciembre 2010

PORROTAK EZ AHAZTEKO


Euskal Herriaren «egitura politikoaren historia» ehun orrialdetan laburbildu du Luis Maria Martinez Garatek ‘Síntesis de la historia de Navarra’ dibulgazio liburuan.

Ainhoa Oiartzabal
BERRIA, 2010eko abenduaren 5a


“Euskal Herriak historikoki nazioa osatu izana ez da kasualitatea; gizarteak berak prozesu historiko luze bat izan du, eta prozesu horrek eraman du Euskal Herria nazio izatera”. Luis Maria Martinez Garateri (Iruñea, 1949) ez dio balio Euskal Herriaren independentziaren aldarrikapena soilik borondate kontua dela esateak; borondate hori prozesu historiko baten emaitza da beretzat, eta, gauzak bere lekuan jartzeko, behar-beharrezko da prozesu horren nondik norakoak ezagutzea. Historia bera, hitz batean. Horiek horrela, Síntesis de la historia de Navarra ehun orrialdeko liburua argitaratu du Nabarralderen bidez. Dibulgazio lan horretan, historiaurretik hasi eta XX. mende hasiera arteko Euskal Herriaren antolaketa politikoaren historia jaso du batik bat.

Nabarralderen nahiz Iturralde ikerketa elkartearen sortzaileetako bat da Martinez Garate. Besteak beste, Tomas Urzainki eta Mikel Sorauen adituen bidetik jo dute bere ikerketek. «Hau da, Nafarroako Erreinuak antolatu duela euskal gizartea». Martinez Garateren arabera, Nafarroako Erresumaren ardatzean mugitu baita Euskal Herriko historia politikoa eta soziala.

Munduko beste nazioetan bezala, Euskal Herriaren kasuan ere aurrena herri bat osatu zen, «giza talde bat», eta gero erato zuen estatua: Iruñeko Erresuma, VIII. mendearen amaiera aldera. Hortik eratorri zen Nafarroako Erresuma. «Hortik aurrera eta ondoko nazioekin edukitako harreman ostean, eraiki zen gaur egungo Euskal Herria». Euskal Herria antolaketa etniko eta linguistikoa da beretzat, eta Nafarroako Erresuma da haren antolaketa politikoa.

Memoria historikoa

Bizirik irauteko, edozein gizartek memoria historikoa behar duela uste du Martinez Garatek. «Eta porrotak jasan dituen gurea bezalako gizarte batean, memoria historikoa ezinbestekoa da bere askapenerako ». Walter Benjamin filosofoaren esana bere egiten du Martinez Garatek: «Irabazleen inposizioz bere porrotak ahazten dituen gizartea bi bider izaten da garaitua». Horren haritik, bi urte barru Nafarroan jasandako konkistarik garrantzitsuenaren 500. urtemuga dela gogorarazi du. «Baina 1200. urtean beste porrot handi bat ere izan zen: Euskal Herriaren mendebaldeko lurraldeak Gaztelaren menera igaro baitziren».

Gertaera horiek ahazteak Euskal Herria berriro ere beste porrot baten atarian jarriko duela uste du Martinez Garatek. «Konkistaren ostean lurralde bat okupatu eta bertako bizilagunak azpian hartu dituen konkistatzailea beti saiatzen da inposizioaren historia desagerrarazten. Memoria historikoa galdu dadin saiatzen da, edo, behintzat, historia desitxuratzen. Faltsukeriak sinestaraztea ere lor dezake». Osotasunean esplikatzen ez den historiaren adibide dira ere, haren ustez, Euskal Herriko zazpi lurraldeei buruz argitaratzen diren lan askoren tesiak eta Zazpiak bat leloa: «Herrialde bakoitza egitura independente gisa aurkezten dute, eta bai, historiaren zenbait alditan hala izan da. Baina jatorria edo ardatza Nafarroako Erresumak osaturiko estatua dute».

Martinez Garateren arabera, Nafarroako Erresumak osaturiko estatua izan da euskaldunek historian zehar inoiz eraiki duten antolaketa politikorik gorena, eta egitura horrek berezko cultura politiko eta soziala sortu zuela dio. Hala, beren izatea antolatzeko eta defendatzeko giza talde baten ekimenez sortutako egitura berak nazioaren kohesioan zein bertako bizilagunen identitatean eragin zuela zehaztu du.

Baina identitatearen sorrera eta haren garapena ez da historian kateaturik gelditzen; identitatea etengabe aldatzen ari dela dio Síntesis de la historia de Navarraliburuaren egileak, eta identitate sendoa edukitzea ezinbestekoa dela edozein gizartek bere etorkizuna kohesionaturik eta arrakastarekin antolatu dezan. «Horregatik ez du balio esatea gaur egun euskaldunok independente izateko borondatea dugula. Garrantzizkoena da ezbairik gabe, izaten segitzeko borondaterik ez duen gizarte bat nekez izando baita etorkizunean. Baina borondate hori prozesu historiko baten emaitza da».


“Gizarte batek memoria historikoa izatea ezinbestekoa da bere askapenerako”

“Gaur egungo borondatea prozesu historiko baten emaitza da”

LUIS MARIA MARTINEZ GARATE
Nabarralderen sortzailea eta liburuaren egilea

03 diciembre 2010

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "SÍNTESIS DE LA HISTORIA DE NAVARRA"



Martínez Gárate: "El Reino de Navarra es el eje político del pueblo vasco"



El autor pamplonés edita con Nabarralde el libro "Síntesis de la historia de navarra". La publicación busca "recuperar nuestra memoria" a través del proceso de construcción de la historia vasca.

El autor pamplonés afincado en San Sebastián Luis Mª Martínez Gárate ha mirado al pasado de Navarra con la intención de "recuperar nuestra memoria histórica", necesaria, dice, para construir una identidad fundamentada en lo que somos realmente y no en lo que los vencedores, que son quienes escriben la historia, nos han dicho que somos.

"Cuando una sociedad, como es el caso de la navarra, se ve sometida a procesos de ocupación y dominio por parte de otros estados, como España y Francia, empieza a ponerse en riesgo la memoria histórica de esa sociedad. Porque lo primero que hacen esos estados es borrarla, o tergiversarla, engañarnos de alguna manera. Por eso he creído conveniente reescribir la historia de Navarra, y hacerlo de forma sencilla y asequible a la gente", cuenta Martínez Gárate en alusión a su libro Síntesis de la historia de Navarra, editado por Nabarralde y que el propio autor presentó ayer en el Koldo Mitxelena de San Sebastián, en un acto en el que participaron también la directora de Diario de Noticias de Gipuzkoa, Arantxa Zugasti, y el catedrático de Historia Medieval José Luis Orella.

La publicación, a la venta al precio de 12,8 euros y en la que ha colaborado el Doctor en Historia José Javier López Antón, nace como contrapunto a todas esas obras que parten de la perspectiva histórica clásica que obvia a Navarra en el proceso de construcción de la historia vasca, "cuando ha sido el territorio vasco por excelencia". "La construcción política más importante que han hecho los vacos es el Reino de Navarra, ese es el eje político del pueblo vasco. Todos los navarros somos, lingüística y étnicamente, vascos, pero también todos los vascos somos navarros desde el punto de vista político", defiende el escritor pamplonés, quien no sólo recoge en su libro la conocida ocupación de 1512, sino que también destaca otra conquista "de la que casi nunca se habla": la de 1200. "En ese año el Reino de Navarra fue sometido a una ocupación en su parte occidental por parte de Castilla y su entonces rey Alfonso VIII, quien conquistó el Duranguesado (Vizcaya), Álava, Laburdi y los territorios que luego serían Guipúzcoa", cuenta Luis Martínez Gárate, quien subraya que "ni Vizcaya ni Guipúzcoa existen de siempre como tales. La primera la constituían varios territorios y la segunda eran tres tenencias del Reino de Navarra".

Para el autor de Síntesis de la historia de Navarra, obra que incluye un anexo con una docena de mapas que orientan al lector en el proceso de construcción de la historia vasca, la característica primordial y que no debe olvidarse del Reino de Navarra es "el hecho de que fue un estado idependiente, probablemente el único de Europa, que no marca su territorio con relación a las invasiones bárbaras, sino con relación a una población que ya estaba desde el neolítico. Y en su organización social y política quedó reflejada una tradición viva, basada en el Derecho Pirenaico, según el cual la costumbre es la que hace la ley. Esa era la norma que regía en nuestro estado, a diferencia del resto de estados de Europa que surgen en la Baja Edad Media, que se regían por un derecho mucho más autoritario, basado en una verticalidad a partir del jefe, etcétera", afirma Martínez Gárate, quien reconoce que él no aporta ningún hallazgo novedoso en su libro, "todo lo que recopilo son hechos que están en investigaciones y archivos. La memoria debe estar soportada por el método científico de la historia", dice. Y recuerda la importancia de recuperar esa memoria porque "la memoria hace la identidad, y una sociedad sin identidad es una sociedad desarmada, sin futuro". En el caso concreto de Navarra, opina que "debemos aspirar a ser un estado para defender nuestra vida como algo diferenciado. Sólo así lograremos ser sujeto en el mundo actual".

Paula Echeverria

La noticia en Noticias de Navarra

La historia de una nación dividida

Síntesis de la historia de Navarra es el título del libro que presentó ayer Luis Martínez Garate, cofundador de Nabarralde, en el Koldo Mitxelena de Donostia. Una obra que recoge la historia de la nación vasca. Una "síntesis" que pretende "aproximarse a la trabazón entre los diversos territorios en los que se encuentra dividida actualmente nuestra nación". Al acto acudieron el catedrático de Historia Medieval José Luis Orella y la directora de NOTICIAS DE GIPUZKOA, Arantzazu Zugasti.

La noticia en Noticias de Gipuzkoa

22 noviembre 2010

NAVARRA ES NUESTRA HISTORIA


Aunque pueda parecer contradictorio, el móvil principal de esta “Síntesis de la historia de Navarra” ha sido la preocupación por el porvenir de nuestro país, por el proyecto de futuro que pueda tener nuestra sociedad. Es evidente que el futuro de cualquier sociedad tiene que ser definido por ella misma y debe ser ella también quien busque los medios y estrategia para lograrlo. Pero es su situación, sus relaciones internas y con otros agentes externos en un momento dado de la historia, la que condiciona los objetivos que es capaz de proponerse. Una sociedad nunca se planteará fines que no estén previamente interiorizados en su pensamiento colectivo, en su cultura social y política. Por eso es fundamental la comprensión de la trayectoria que ha conducido al punto en el que se proyecta un objetivo tan importante como es el de la independencia política.

Hoy y aquí se plantea con frecuencia que el derecho del pueblo vasco, de Euskal Herria, a su independencia, a la constitución de un Estado propio en Europa y en el mundo, se basa exclusivamente en la voluntad de su sociedad. Esta aseveración suele ir normalmente unida a otras como que “el haber sido un Estado independiente no proporciona ningún plus de legitimidad” o que “la historia no otorga derechos”. Este tipo de afirmaciones pienso que deben ser matizadas. La historia no otorga derechos, cierto, pero nos permite conocer las sendas por las que cualquier sociedad se ha ido constituyendo a lo largo de los años y de los siglos, los avatares por los que ha pasado, las penalidades y expolios que ha sufrido, en resumen, los conflictos en los que se ha visto inmersa. Todo este conjunto posibilita comprender por qué somos como somos, aquí y ahora. En suma, nuestra identidad actual.

Un grupo social que se percibe como diferenciado genera unos modos específicos de plantear y resolver los conflictos que son normales en cualquier grupo humano. Estos surgen de factores geográficos y ecológicos en general, pero también y sobre todo de las relaciones de propiedad y poder dentro del propio grupo. En este proceso se genera una cultura social. El hecho de que Euskal Herria se haya constituido históricamente en nación no es un acontecimiento puntual, es el resultado de una larga trayectoria que comienza con la existencia de un pueblo que poco a poco toma conciencia de sí, sobre todo en sus contactos con otros pueblos. La coexistencia, pacífica o conflictiva, con ellos conduce a la creación de una organización política que se superpone a la previa organización social y la reformula. La nación surge y se estructura en las relaciones, tantas veces conflictivas, con otras sociedades próximas.

Cuando una sociedad ha sufrido derrotas, como es caso de la navarra, y se ha visto ocupada y subordinada por otras, tiene en la memoria histórica un elemento fundamental para plantear su liberación. Por eso los intereses del conquistador se centran, sobre todo, en la reinterpretación de la memoria de los vencidos, bien mediante su reemplazo o anulación completa, bien por la asimilación, camuflaje o tergiversación del conjunto de su patrimonio.

Walter Benjamin decía que los grupos humanos, sociedades, pueblos o clases sociales, que olvidan sus derrotas, normalmente por imposición de los triunfadores, son doblemente vencidos. La primera vez en la derrota en sí y la segunda, a través del olvido, de la pérdida de la memoria de su derrota y de los elementos que la soportan, sean narraciones, historias o leyendas o bien sean lugares de recuerdo. Esto supone, tal vez, el fracaso definitivo de la sociedad que sufrió la primera capitulación desde el punto de vista militar y político. La memoria histórica pretende evitar la segunda derrota y procurar su reparación. Para eso tiene que existir una sociedad con voluntad y capacidad de recordar lo sucedido, reivindicarlo y llevar a cabo su resarcimiento.

La memoria debe estar soportada por el método científico de la historia. En general, la distorsión, el ocultamiento o el engaño al que los vencedores someten a los derrotados se suele basar en una visión de la historia narrada por escritores a su servicio y nuestro caso no es una excepción. Por consiguiente, es clara la necesidad de conocer el proceso que nos ha conducido a ser la sociedad que somos, con sus vicios y virtudes, con sus conflictos internos y externos, pero sobre todo con unas características específicas: una lengua particular que, además de ser propia, resulta de gran interés científico y un importante patrimonio, material e inmaterial, en el que sobresale una cultura política muy arraigada y de profundos valores democráticos.

Sin un conocimiento centrado en el propio sujeto social, la nación, no se puede establecer el sistema de referencias necesario para incorporar las exigencias de un mundo globalizado entre las que hoy se encuentran algunas tan acuciantes como las migraciones, las deslocalizaciones de empresas y tantas otras. La historia y su recepción social en forma de memoria histórica es el soporte de cualquier identidad. En mi opinión, sólo a través de una identidad asumida colectivamente con claridad podremos aspirar a una sociedad cohesionada, garantía para poder vivir en una situación de libertad y justicia, solidaria y libre, mediante el acceso a un Estado propio.

La mayor parte de las obras que se han escrito sobre la historia de nuestro pueblo se han hecho como yuxtaposición de las historias parciales de cada uno de los “territorios” que hoy consideramos como los componentes del espacio en el que vivimos los vascos del siglo XXI. Se trata del tradicional “zazpiak bat” a través del que muchos perciben nuestra existencia y en el que cada parte actual se considera como un ente histórico y social independiente, casi atemporal, sin una trama conductora capaz de tejer todos los hilos y de crear la red capaz de ofrecer una perspectiva consistente de la realidad vasca.

Esta “síntesis” pretende aproximarse a la trabazón entre los diversos territorios en los que se encuentra dividida actualmente nuestra nación, con base en su eje central concretado en la máxima expresión política soberana que el pueblo vasco ha construido a lo largo de la historia: el reino de Navarra. Navarra fue un Estado europeo a lo largo de muchos siglos y en su organización social y política quedó reflejada toda una tradición viva, basada en el Derecho Pirenaico. Al mismo tiempo, el Estado navarro fue capaz de nacionalizar a la propia sociedad vasca y construir, en ese difícil equilibrio entre sociedad y Estado, una cultura política de gran profundidad e interés histórico

Cuando este trabajo habla de Navarra se refiere a la expresión política del pueblo vasco o Euskal Herria. Euskal Herria expresa la dimensión lingüística y étnica de nuestra sociedad, mientras que Navarra lo hace desde una perspectiva política. Todos los navarros somos, lingüística y étnicamente, vascos, pero, también, todos los vascos somos navarros desde el punto de vista político. Navarra es nuestra presencia política en el mundo

Referencia bibliográfica

Martínez Garate, Luis María
“Síntesis de la historia de Navarra”
Pamplona-Iruñea, 2010
Edición de Nabarralde

02 octubre 2010

UN AÑO DESPUES EN MIRAMAR

Justo un año después de la mesa redonda celebrada en el Palacio de Miramar de Donostia con el título Zer ari da gertatzen Catalunyan?, en la que participaron Salvador Cardús, Toni Strubell, Francesc Homs y Jaume Renyer, Salvador Cardús ha vuelto a Miramar para ofrecer su visión de la realidad política de Cataluña en el momento presente. El mes de marzo nos acompañó también en el Koldo Mitxelena de Donostia y en el Palacio del Condestable de Iruñea de la mano de Nabarralde. En esta última ocasión lo hacía en calidad de invitado de la Diputación de Gipuzkoa.

La situación política de Cataluña está evolucionando rápidamente en un proceso del que no es fácil vislumbrar la salida. Posiblemente sea Salvador Cardús una de las personas que con más tino pueden analizar la cambiante realidad catalana y plantear hipótesis sobre su horizonte. La intervención del conferenciante se completó con un coloquio con las personas asistentes. En la presente crónica se incluyen las partes del coloquio sin especificarlas como un desarrollo independiente.

Salvador Cardús dividió su exposición en tres apartados: el primero con una exposición de hechos significativos; el segundo, de su análisis y el tercero con el horizonte que, a partir de ambos, se puede prever en un plazo medio.

1º.- Hechos recientes que reflejan la extraordinaria aceleración de las novedades en curso

En primer lugar, Cardús citó el Pregón del poeta Joan Margarit con motivo de las fiestas de la Mercé en Barcelona. Fue, explicó, un discurso abierto al independentismo, que en boca de un escritor no caracterizado por su nacionalismo catalán precisamente y muy próximo a sectores de la cultura española ya que él mismo comenzó y sigue escribiendo en español, sorprendió a todos comenzando por el propio alcalde. Un discurso de esas características podía ser esperable, por ejemplo, de una persona como Jaume Cabré, Premi d’Honor de les Lletres Catalanes de este año, pero no de Joan Margarit.

En segundo, las movilizaciones producidas a lo largo de este año por las consultas sobre la independencia de Cataluña. Consultas celebradas sin ningún soporte oficial ni de los medios de mayor difusión del país. Incluso se podría hablar del boicot previo por su parte, aunque, tras su celebración, se vieron obligados a sumarse al reconocimiento de su éxito.

El tercer aspecto destacado que citó el conferenciante fue el cambio acontecido en los discursos de personalidades relevantes de círculos asociados o, por lo menos próximos, al PSC como Josep Ramoneda y Ferrán Mascarell. Ambos hablan ya, sin eufemismos, de independencia y de Estado propio para Cataluña.

En cuarto y último lugar, destacó la reciente encuesta del “Racómetro”, elaborado por la cadena de radio RAC1 perteneciente al grupo del Conde de Godó, al igual que La Vanguardia, no caracterizado precisamente por ser proclive a la independencia de Cataluña. El resultado da un 49% favorable a la independencia, frente a un 41% contrario. Como dato interesante ofreció que, según la misma encuesta, el 33% de votantes del PSC son favorables a esta opción.

Como complemento de los hechos citados, Cardús pasó a relatar los principales hitos y protagonistas de lo que él denominó como la “batalla” del nuevo Estatut. Hizo hincapié en la paradoja que ha supuesto que un Estatuto, que estaba planteado para garantizar 25 años sin sobresaltos relativos a las competencias de Cataluña y de “normalidad” política, ha provocado el efecto contrario. El ciudadano medio percibe la vía estatutaria como muerta y nadie es capaz de hacer una oferta política concreta a un plazo superior a cuatro años.

Otro apunte que hizo en este apartado fue la referencia a la enorme involución autonómica que se experimenta en España. Como anécdota relató que, en una reunión de universidades del Estado, Gregorio Peces-Barba propuso que se debería incorporar en todas las carreras universitarias una asignatura denominada “Constitución y convivencia”.

2º.- Análisis a partir de los datos

La característica más clara del paisaje que se dibuja en Cataluña es que la política institucional tiene una absoluta falta de credibilidad; no sabe qué decir pero, sobre todo, no sabe qué hacer. Se equivocan quienes afirman, como Montilla, que hay una “desafección” a la política, ya que, por el contrario, las convocatorias a referéndum y manifestaciones como la del 10 de julio pasado demuestran que sí hay un enorme interés por la política, pero que los partidos políticos quedan fuera de juego.

A continuación analizó las propuestas que hacen los diferentes partidos de cara a las elecciones del próximo mes de noviembre. El PSC se presenta como la garantía de la no separación de Cataluña y de la “no fractura” de su sociedad. Con lo que sitúa la independencia en el centro del debate. El PP quiere que no se repita el tripartito y que CiU no pueda imponer condiciones que llevaran a la independencia. Éstos, a su vez, sitúan también la independencia como centro del debate. CiU plantea como objetivo el logro de un Concierto Económico análogo al de los vascos, aunque parecen no ser conscientes de que eso es algo que España no lo puede soportar. Artur Mas se define como independentista pero, al mismo tiempo, afirma que la sociedad catalana “no está madura” para la independencia. ¿No será que quien debe madurar es CiU? Con todo, pueden obtener la mayoría absoluta. ERC no sabe salir de la confusión generada tras la batalla del Estatut que ellos mismos contribuyeron a generar. Plantean la convocatoria de un referéndum por la independencia en los próximos cuatro años, sin percatarse de su inviabilidad legal. ICV presenta como objetivo un Estado catalán dentro de una España federal y plurinacional, cuestión a todas luces inviable por imposible.

Como elementos nuevos en el panorama electoral de Cataluña aparecen las propuestas del independentismo de nuevo cuño que, por otra parte, no resultan muy atractivas. En efecto: se presenta dividido y con una competencia interna destructiva. Constituye una oferta de discurso muy pobre, de hecho Solidaritat no tenía hasta ahora declaración política y la está elaborando actualmente Se percibe como una oferta sin líderes consistentes.

3º.- Horizontes que se pueden percibir para un plazo algo más largo, de unos 5 a 10 años

El primero sería la constitución de una España federal. Desde hace un siglo y medio, cuando se intentó la primera experiencia federal en España, no ha funcionado nunca. Se ha demostrado que hay algo sustantivo en el proyecto nacional español que lo impide de raíz. Es un horizonte imposible.

El segundo sería, en expresión catalana, “anar tirant” que es algo así como “ir o seguir tirando”. Esta cultura de la resignación ante la fatalidad lleva necesariamente a la disolución nacional de Cataluña y, afirma Cardús: “lo que no consiguieron 40 años de dictadura lo lograrán 40 años de democracia española”. Con esta pasividad se ha conseguido, por ejemplo, que en el mundo audiovisual Cataluña esté hoy en peores condiciones que en los años 80 del pasado siglo, con una enorme competencia frente a cadenas privadas que emiten sin ningún requisito lingüístico, cultural ni territorial, con una TV3 surgida en aquella época y apenas renovada.

El tercer horizonte es la independencia. Es la única salida, aunque sólo sea por exclusión del resto. El problema es que no hay programa ni organización ni discurso ni estrategia ni líderes. No obstante, el panorama del independentismo no es tan negro. Así, por ejemplo, está en permanente actividad el Cercle Catalá de Negocis, conformado por empresarios independentistas y que publica periódicamente sus estudios y conclusiones. Entre ellos, cómo la globalización ha conducido a Cataluña a una dependencia mucho menor del mercado español. Hoy en día el 33% de la producción catalana se exporta a Europa, otro 33% va al mercado interno y el resto, a España. También está el colectivo EMMA que, integrado por economistas y expertos voluntarios, responde a cualquier información incorrecta o sesgada sobre Cataluña en la prensa internacional. El independentismo actual está conformado por personas jóvenes, de entre 25 y 40 años y con mayoría de mujeres.

Salvador Cardús percibe la independencia, la constitución de un Estado propio, como la única posibilidad de sobrevivir como sociedades diferenciadas, tanto la catalana como la vasca, en el mundo presente y, sobre todo, en la actual organización política y económica de Europa. Ante este reto, el independentismo debe plantear a qué tipo de estructura estatal aspira para encajar bien en esa Europa. Es imprescindible que ofrezca una estructura ligera, ágil y que genere sinergias. Debe ser un independentismo maduro, educado y estable. Un independentismo que no vaya a la contra, que no sea antiespañol ni busque ajustes de cuentas o practique el resentimiento. Ha de ser un independentismo riguroso en la estrategia y generoso con todos los sectores sociales capaces de conformarlo. Debe ser un independentismo que también hable inglés.

19 septiembre 2010

COMBATES POR LA MEMORIA

Si no nos tomamos el tiempo indispensable para examinar el pasado, nos faltará la perspicacia necesaria para comprender el presente y dar rumbo al futuro, pues el pasado nunca nos abandona y el futuro ya está aquí.
Lewis Mumford

Lucien Febvre, uno de los historiadores más importantes del pasado siglo, fundador junto con Marc Bloch de la escuela de los Annales, experto en el siglo XVI y autor de la obra más completa escrita hasta hoy en día sobre nuestra reina Margarita de Navarra, “Amour sacré, amour profane”, cuenta entre sus trabajos uno titulado “Combats pour l'histoire”, una selección de textos del propio autor, editada en 1953. En el mismo, Febvre reivindica lo que hubo de militante en su vida. Esa militancia fue, sobre todo, para reclamar el estatus de la historia como “estudio científicamente elaborado”, alejado de las visiones ideologizadas que en el primer tercio del siglo XX representaban, sobre todo, Spengler o Toynbee. Febvre no consideraba la historia como “ciencia”, sino como un estudio o investigación que debía responder a un método, ese sí, “científicamente elaborado”.

Otro historiador, contemporáneo y catalán, de reconocido prestigio, Albert Balcellls, en su trabajo sobre “Els llocs de memoria dels catalans”, analiza el valor de la memoria histórica y considera que mientras la historia responde a un método científico y, por lo mismo, apela a la razón, la memoria histórica es algo que se reclama del sentimiento de una sociedad y que representa una voluntad de reivindicación de agravios pasados y de la consecuente movilización para lograr su reparación. “Donde hay trauma hay memoria y experiencia, pero no hay historia. La historia establece una ruptura entre presente y pasado, genera el distanciamiento para liberarse del pasado tras afrontarlo”, afirma. La memoria, según Balcells, equivale al activismo social y político; la historia, por el contrario, se asemeja a los tratados de ciencia política o sociología.

Una y otra, historia y memoria, se necesitan. No son dos formas contrapuestas de ver la realidad de una sociedad, sino complementarias. La memoria histórica corre el riesgo de desbarrar, de basarse en mitos con poco fundamento, y, por lo mismo, apartarse de la realidad de lo acontecido. La historia, con su método científico, debe encargarse de reconducir el proceso de la memoria, a través de la interpretación del archivo que se conserva de los hechos, a un conocimiento ajustado a lo que se puede saber de lo sucedido, por supuesto desde la perspectiva actual. De todas formas, la historia, a pesar de su método científico, no es algo neutro. Siempre está planteada desde los intereses del presente y los dos autores citados, Febvre y Balcells, hacen hincapié en este hecho en las obras citadas. La selección de los casi infinitos campos sobre los que investigar se realiza siempre desde los intereses presentes y desde la impronta del propio historiador. Ya solo por este hecho no es imparcial. En este conflicto amor-odio entre historia y memoria, la historia puede dar la sensación de una objetividad lejana y parecer fría, en la que los hechos narrados se pueden percibir como ajenos, mientras que la memoria es propia, es afectividad y sentimiento.

Cuando una sociedad ha sufrido derrotas, como es caso de la navarra, y se ha visto ocupada y subordinada por otra, u otras, tiene en la memoria histórica un elemento fundamental para plantear su liberación, pero siempre soportada por el método científico de la historia. Por eso los intereses del conquistador, del ocupante, se centran principalmente en dos aspectos. El primero, la exégesis de la historia mediante la búsqueda de los hechos que le son favorables y la relativización o puesta en cuestión de los contrarios a sus intereses. El segundo, y casi de mayor trascendencia, mediante la reinterpretación de la memoria histórica de los vencidos, bien mediante su reemplazo o anulación completa, bien por la asimilación, camuflaje o tergiversación del conjunto de su patrimonio. En este sentido, el papel de la memoria histórica es insustituible. Walter Benjamin decía que los grupos humanos: sociedades, pueblos, clases sociales etc., que olvidan sus derrotas, normalmente por imposición de los triunfadores, son doblemente vencidos. La primera vez en la derrota en sí y la segunda, a través del olvido, de la pérdida de la memoria de su derrota y de los elementos que la soportan, sean narraciones, historias o leyendas o bien sean lugares de recuerdo. Esto supone, tal vez, el fracaso definitivo de la sociedad que sufrió la primera capitulación desde el punto de vista militar y político. La memoria histórica pretende evitar la segunda derrota y procurar su reparación. Para eso tiene que existir una sociedad con voluntad y capacidad de recordar lo sucedido, reivindicarlo y llevar a cabo su resarcimiento.

La Sociedad de Estudios Iturralde nació en 1994 como una iniciativa para evitar la progresiva, acuciante, pérdida, tergiversación y deterioro del patrimonio de Navarra. En su entorno se organizó Nabarralde como instrumento para difundir el pensamiento sobre el que Iturralde llevaba ya varios años de trabajo. Iturralde, y por consiguiente Nabarralde, considera el patrimonio como un conjunto de bienes, materiales e inmateriales, que constituyen el activo de cualquier sociedad, en este caso la navarra. Nabarralde plantea también como necesaria la investigación para descubrir caminos de puesta al día y perspectivas de futuro para su recuperación. Toda sociedad se basa en un patrimonio heredado, un activo, pero debe gestionarlo para su evolución y desarrollo acordes con las necesidades de su época. La historia, el archivo documental que la soporta, es evidentemente patrimonio, pero tanto o más lo es la memoria histórica. La primera, con su aparato crítico y su distancia con relación a los hechos que narra e interpreta, normalmente queda al alcance de una relativa minoría; mientras que la memoria es decididamente popular. Los agravios infligidos a una sociedad y que se recuerdan como tales, son parte esencial de su patrimonio y, además, el principal activo para su liberación.

La memoria de un reino europeo, independiente y soberano, conquistado y ocupado en largos y complejos procesos históricos por sus vecinos, no se ha perdido por completo entre nosotros. No obstante, en la sociedad actual, en la que la transmisión oral se diluye a pasos de gigante y es sustituida, a través de iconos programados por unos medios bajo el control de los poderes reales del mundo, como son los estados constituidos y los intereses económicos globales, corre un grave riesgo. La vía para encaminar la solución de los problemas de toda índole que afectan a la sociedad vasca en el presente, como el lingüístico, el económico o, tal vez el definitivo, la cohesión social, y otros muchos, pasan, en nuestra opinión, por el acceso de Vasconia al estatus de soberanía que representa, aquí y ahora, un Estado independiente. La voluntad de ser no surge de la nada, nace de una sociedad fuerte que recibió su cohesión gracias al Estado que el pueblo vasco supo construir y mantener durante siglos de historia, el Estado navarro.

Porque fuimos, somos y porque somos, seremos
Joxemiel Barandiaran

16 julio 2010

SENTENCIA SOBRE ESPAÑA

La reciente sentencia del Tribunal Constitucional (TC) del reino de España sobre el Estatut de Catalunya ha provocado notables reacciones sociales y políticas de las que, sin ninguna duda, la más importante ha sido la manifestación de Barcelona del sábado 10 de julio.

Mucho se ha escrito ya sobre la sentencia y cada cual lo ha hecho pretendiendo llevar el agua a su molino, pero la mayor parte de las reflexiones inciden sobre su influencia en la constitución política de la nación catalana, de su posible articulación en una España distinta, o de la contradicción que supone intentar un encaje con quienes no quieren a Cataluña de otra forma que asimilada lingüística y culturalmente, socialmente minorada y políticamente sumisa al modelo uniforme que plantea el nacionalismo español.

No obstante, su texto no debe ser leído exclusivamente como sentencia de la institución judicial del más alto nivel en el Estado español sobre el estatuto de una de sus comunidades autónomas, sino que debe ser analizado como una reflexión social y política de España sobre sí misma, como nación y como Estado. La sentencia es, en realidad, una Sentencia sobre España. No en vano la expresión más repetida es la de: (Cataluña) “integrada en la indisoluble unidad de la nación española, como establece la Constitución”.

Es importante plantear esa visión general, ese autoanálisis, que España hace sobre sí misma, para saber donde y en qué momento nos encontramos los vascos. Es importante, desde la nación Navarra, hacer una lectura propia, analizar el contexto político en el que se ha producido y prever las repercusiones que va a tener indudablemente en nuestro inmediato futuro.

No se puede decir que la “Sentencia sobre España” presente novedades importantes con respecto al discurso de fondo de la sacralizada Constitución española de 1978. La definición del proceso constituyente que realiza el TC español se basa en la misma petición de principio de aquélla: la preexistente -¿eterna?- nación española se presupone como origen de la soberanía del pueblo que se constituye como Estado, el español, que, a su vez, da sentido a la nación española.

Así, al tratar sobre la “ciudadanía” la sentencia deja muy clara la realidad subordinada de Cataluña, al decir que “la ciudadanía catalana (navarra, en nuestro caso) no es sino una especie del género ‘ciudadanía española’, a la que no puede ontológicamente contradecir”. Reafirma lo ya dicho en la citada constitución de 1978 en su artículo 1.2.: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.”; y en el 2: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.”

La Sentencia reafirma la ambigüedad ya existente en la Constitución de 1978 sobre el concepto de “nación”. La reflexión del tribunal español presenta dos conceptos completamente distintos soportados por una misma voz. En un sentido está la nación con valor jurídico, España y, en otro subordinado, está la nación como "la auto-representación de una colectividad como una realidad nacional en sentido ideológico, histórico o cultural”, pero sin valor jurídico, aplicable no sólo al caso de Cataluña, sino también al de Navarra. Así afirma textualmente: “De la nación puede, en efecto, hablarse como una realidad cultural, histórica, lingüística, sociológica y hasta religiosa. Pero la nación que aquí importa es única y exclusivamente la nación en sentido jurídico-constitucional. Y en ese específico sentido la Constitución no conoce otra que la Nación española”.

Es una sencilla forma de establecer, en realidad de mantener, dos categorías de naciones: las de primera división y las de segunda. Parafraseando a Orwell, “todas las naciones son iguales, pero unas son más iguales que otras”.

Este principio tiene consecuencias directas en varios campos. Así en el del idioma propio. La Sentencia anula el carácter “preferente” con el que el Estatut describía al catalán. De esta forma, zanja con su pretensión inicial de discriminar al castellano en el acceso a puestos administrativos regidos por concursos públicos y oposición. Afirma que el deber de conocer el catalán, o cualquier otra lengua hablada en el territorio de su Estado, como el euskara o el gallego, "no es jurídicamente exigible con carácter generalizado" y que no podrá "imponerse" en la administración y en los medios públicos. Según el TC, "el derecho a ser atendido en cualquiera de dichas lenguas sólo puede ser exigible en las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos". Pero, según el mismo, con la salvedad de que "sería contrario a la Constitución si el Estatuto pretendiera derivar de la cooficialidad de la lengua catalana su cualidad de medio de comunicación jurídicamente válido respecto de poderes públicos no radicados en el territorio de la Comunidad Autónoma de Catalunya".

Sobre el ámbito privado del uso del catalán, el TC recuerda que el deber de disponibilidad lingüística de las entidades privadas, empresas o establecimientos abiertos al público "no puede significar la imposición a éstas, a su titular o a su personal de obligaciones individuales de uso de cualquiera de las dos lenguas oficiales de modo general, inmediato y directo en las relaciones privadas".

Se confirma de nuevo la diglosia y la sumisión dentro del Estado español de cualquier otra lengua a la oficial: el español, o castellano, como utilizan ellos en la Sentencia. Aquí también la liga tiene dos divisiones.

En cuanto al sistema educativo, deja claro que no se puede excluir al castellano como lengua vehicular del sistema educativo: “Nada impide que el Estatuto reconozca el derecho a recibir la enseñanza en catalán y que ésta sea lengua vehicular y de aprendizaje en todos los niveles de enseñanza. Pero nada permite que el castellano no sea objeto de idéntico derecho ni disfrute, con la catalana, de la condición de lengua vehicular en la enseñanza”.

Otro aspecto muy importante en los que se reafirma un creciente unitarismo de la organización del estado son los relativos a emigración, asunto sobre el que la Sentencia dice que la inmigración es una materia reservada exclusivamente al Estado. La Generalitat tendrá, no obstante, determinadas potestades en materia de inmigración, siempre que se ciñan a actuaciones con carácter asistencial y social y que "en ningún caso" podrán relegar la competencia exclusiva del Estado.

Cosa análoga sucede con el recordatorio de que el Poder Judicial es único para toda España. El Constitucional español considera un “evidente exceso” la creación de un Consejo de Justicia para Cataluña en el Estatut. El TC mantiene la obligación de circunscribir a las autonomías dentro de la competencia del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Asimismo rechaza la pretensión del Estatut de considerar al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) como “la última instancia jurisdiccional” de todos los procesos y recursos iniciados en Cataluña. El Alto Tribunal limita la pretensión inicial y afirma que el TSJC es sólo la última instancia en el espacio jurisdiccional catalán, sin perjuicio de las competencias en materia de unificación de la doctrina y otras que la legislación reserva al Tribunal Supremo.

Otro aspecto importante de la sentencia lo constituye la reafirmación de la inamovilidad de la organización provincial del Estado español. Una aspiración histórica de Cataluña desde la entrada en vigor de la misma es la reconstitución de su forma tradicional de organización interna bajo la denominación de “veguerías”. En este punto el Constitucional español permitirá llamar veguerías a las actuales provincias catalanas, sin que varíe su actual delimitación geográfica. Por consiguiente, las Diputaciones provinciales se podrán llamar Consejos de veguerías.

Sobre las relaciones internacionales, el TC avala las acciones externas de la Generalitat, pero reserva al Estado la política de las relaciones internacionales. Dentro de la competencia estatal está el deber de informar a las autonomías si emprende acciones que incidan en sus “intereses regionales”.

En otros aspectos, como la capacidad de organizar referéndums o las competencias exclusivas en Cataluña de su “Síndic de Greuges” (“Defensor del Pueblo”), la sentencia deja muy claro que la última palabra la tienen los poderes del Estado español.

Como resumen, el TC confirma que los Estatutos de Autonomía son normas subordinadas a la Constitución, que no admite igual o superior, y a la que, por tanto, están jerárquicamente sometidos en todos los órdenes. El TC defiende así la posición de supremacía de la Constitución como norma fundamental del ordenamiento jurídico español, en el que los estatutos se integran bajo la forma de ley orgánica en términos de "subordinación absoluta" a la Carta Magna. ¡Qué más queda por decir!