29 septiembre 2006

LAS COSAS EN SU SITIO

Y un sitio para cada cosa. Eso es un aforismo popular para indicar el orden que debe respetar cualquier lugar en que se archiven, o simplemente se guarden, “cosas”. “Cosas” en el sentido antes indicado son normalmente objetos materiales, pero se puede aplicar perfectamente también a situaciones o eventos, es decir a cuestiones que suceden, existen en el tiempo y en el espacio, pero que no son objetos materiales.

En este sentido tenemos sucesos recientemente ocurridos y que se han concretado en unas “maniobras militares” del ejército español en tierra vasca. Estos acontecimientos realizados con un gran despliegue de medios y de símbolos (uniformes, banderas etc.) han provocado diversas reacciones. Por una lado los ayuntamientos afectados han protestado por no tener su consentimiento para llevarlas a cabo. Por otro, el gobierno de Gazteiz las ha considerado “inoportunas”. Un sector importante de la población ha mostrado su descontento e, incluso, su oposición.

Da la sensación de que vivimos en un país que no es consciente de su realidad. Desde que a finales del siglo XII y, sobre todo, desde comienzos del XVI en que la mayor parte del reino navarro fue conquistado y ocupado por las tropas de Castilla, en ningún momento hemos dejado de tener “por encima”, más o menos explícitamente según coyunturas históricas, en nuestra vertiente ibérica el peso o la larga sombra del ejército español y del francés en la aquitana. Esto constituye un hecho que es necesario poner en su sitio en el momento de realizar cualquier análisis de nuestra realidad social, económica y política.

No se pueden olvidar durante la etapa posterior a la conquista, en los siglos XVII y XVIII, las múltiples situaciones en que se manifestó con virulencia como fue en la construcción de la Ciudadela de Pamplona, para la que se reclutó violentamente mano de obra autóctona con el fin de realizar una defensa militar española destinada a serlo frente a los naturales del país. En este sentido en Catalunya se ofrece una circunstancia paralela con la construcción de la ciudadela de Montjuich, frente a la propia población de Barcelona.

Lo fue también en el siglo XIX, bien explícitamente, durante las guerras carlistas; lo fue asimismo en la etapa que comenzó con la rebelión de 1936 y siguió con la dictadura del general Franco. En otras ocasiones ha podido parecer que se suavizaba e incluso se disfrazaba de “democracia” a partir de la mal llamada “transición” tras su muerte.

En esa etapa se consideró a Navarra (evidentemente la Navarra provincia española desde 1841 y no toda Navarra como expresión política de Vasconia) como “cuestión de Estado” y se urdieron todas las artimañas posibles para desgajar la parte sur de nuestro país en dos trozos: CFN y CAV. Esta es una estrategia militar en el pleno sentido de la palabra. ¡Y parece que no nos hemos dado cuenta! O, por lo menos, los que se definen como “agentes políticos” actúan como si no se hubieran percatado de ello.

Pienso que en ningún momento la ocupación militar ha dejado de estar vigente, por lo que más que extrañarnos de unas maniobras militares concretas deberíamos actuar siendo conscientes de todas las consecuencias que entrañan los hechos antes reseñados.

Y como colofón tenemos las declaraciones del presidente del gobierno español, señor Rodríguez Zapatero, en las que afirma, con énfasis, que cualquier “proceso” debe darse en una situación de “total ausencia de violencia”. Estamos de acuerdo con esas palabras, pero ¿dónde deberían estar, o mejor no estar, para que ese proceso tuviera lugar, real y democráticamente, el ejército español, las fuerzas de “orden público” etc.? Por eso decimos “las cosas en su sitio”, sin olvidar el “un sitio para cada cosa”. En España tienen cuarteles suficientes para acuartelarlos, valga la redundancia.

04 septiembre 2006

YO TAMBIÉN QUIERO UN ESTADO PROPIO

A través de este comentario quiero manifestar mi adhesión a la campaña que se realiza durante la presente semana (del 4 al 10 de septiembre) en Catalunya con el título de "Jo també vull un Estat propi". Desde aquí expreso tanto mi ambición de que Euskal Herria constituya su propio Estado, Navarra, como el deseo de que Catalunya, los Países Catalanes, consigan lo mismo para su sociedad. La campaña propone titular así todos los artículos que escriban durante la misma las personas que quieran efectivamente que Catalunya tenga su propio Estado.

Cuando países como los nuestros han sido conquistados y los estados dominantes se erigen en sus "administradores", en ambos casos España y Francia, y se han dedicado sistemáticamente a borrar sus respectivas señas de identidad (patrimonio inmaterial) y a detraer sus recursos (humanos, financieros etc.), poco se puede esperar de ellos en cualquier aspecto relacionado con nuestros intereses en la aceleradamente cambiante situación del mundo.

Como las razones generales: lingüísticas, culturales, de cohesión social ante las inmigraciones masivas que se han producido y siguen imparables, las políticas de telecomunicaciones y otras muchas, son semejantes en ambos países, voy a aportar algunas especificidades propias por las que Vasconia necesita, si quiere sobrevivir dignamente en el mundo actual, de su propio Estado:

1.- Un desarrollo centrado y equilibrado no puede estar vinculado a los territorios a los que la estrategia de la dominación ha sometido al País Vasco. Una ordenación del territorio eficaz y eficiente tiene que contemplar nuestra nación en su globalidad. Planteando la necesidad de un puerto y un aeropuerto de primer orden para cada provincia o territorio sólo se consigue la desunión y desvertebración humana y territorial. Esto necesita afrontarse y debatirse desde el Estado propio como algo que afecta al conjunto nacional.

2.- Los gravísimos problemas por los que transita nuestro sector pesquero, sometido a los intereses de dos administraciones contrapuestas entre sí y a las que, evidentemente, los intereses del sector vasco les resultan insignificantes, requieren una política estatal propia.

3.- La política del agua supeditada en la vertiente ibérica de Vasconia a los intereses españoles en el sector, a través de la Confederación Hidrográfica del Ebro, queda al albur del irracional uso de la misma que determinadas áreas del mismo manifiestan con descaro (campos de golf, urbanizaciones de unifamiliares etc. frente a carencias flagrantes en suministros urbanos con fines domésticos y sanitarios). Su gestión desde el Estado propio y la negociación "entre iguales", de Estado a Estado, se percibe como la única solución viable que no suponga nuestra expolio.

4.- La gestión del transporte, tanto de personas como de mercancías, debe someterse a un cambio de paradigma radical en todo el mundo ("desarrollado", sobre todo). Dada la complejidad geográfica de Euskal Herria y para posibilitar un cambio a escala humana, centrado, eficaz y ahorrador de energía, la mejor y, probablemente única, solución es el Estado propio.

¿Para qué seguir?

Simplemente somos adultos, somos maduros, necesitamos la independencia y la queremos ya. Y eso en el mundo actual sólo tiene un nombre: el Estado propio.

VASCONIA, PRESENTE Y FUTURO: LA HISTORIA

Las sociedades están en construcción permanente o, mejor se podría decir también, que están en “reconstrucción”, ya que todo grupo humano que constituye una sociedad diferenciada se edifica en interacción constante sobre personas y grupos de diversos intereses, creencias, edades, educación... que han asumido, por un lado, la pertenencia al mismo grupo y, por otro, sus divergencias internas. Siempre se construye sobre algo preexistente, nunca se parte de cero. Siempre hay una lengua, una organización social previa, unos conflictos internos y externos que permiten tanto la autorreferencia como la heterorreferencia de cualquier sociedad.

En ese sentido, nunca se da el conocimiento aséptico de la evolución que ha conducido a la situación actual y que permite su modificación permanente; siempre es un conocimiento mediado. Antiguamente eran las historias, leyendas o mitos fundacionales que se transmitían oralmente y reforzaban determinadas solidaridades mientras que, en los casos de conquistas, destruían otras. Desde que se empezó a escribir lo que hoy se llama la “Historia”, también se transmiten, eso sí bajo el académico paraguas protector de universidades e institutos, las historias, leyendas o mitos fundacionales que asimismo refuerzan determinadas solidaridades mientras siguen destrozando otras.

Hoy, además, se establecen jerarquías: las sociedades dominantes con estatus político garantizado e instituciones académicas propias y reconocidas, frente a las sociedades sometidas y que no gozan de tales atributos. Atributos que les permitirían poder definir sus propias historias, leyendas y mitos, investigar sobre ellos y contrastarlos con datos arqueológicos, lingüísticos, archivísticos o procedentes de cualquier otro tipo de fuentes y que, por ello además de por obvias razones políticas, se ven obligadas a girar en la órbita de las sociedades que las dominan.

De esta forma, se producen dos fenómenos interesantes:

1.- Las sociedades dominantes, “importantes”, tienen Historia científica que demuestra sus raíces, antigüedad y estirpe y que justifica el derecho a su existencia con normalidad. Los grupos humanos sometidos, sociedades “sin importancia”, sólo tienen “mitos originarios”, “leyendas fundacionales”, “tradición oral”, nunca equiparables a la Historia de sus ocupantes en su mismo plano y son condenadas, por lo mismo, a ser dependientes de las primeras.

2.- Se forma un circuito de retroalimentación positiva en el que las sociedades “normales”, “importantes”, es decir dominantes, son, cada vez, más “normales” e “importantes”, y las “no importantes”, sometidas, se pueden hundir progresivamente en su ignorancia, en su autoodio y, en suma, en su miseria.

Pero si algo caracteriza también a la especie humana es su capacidad de rebeldía y solidaridad. Una sociedad conquistada y dominada por otra, percibe como injusta tal situación y, si tiene capacidad militar o política, se rebela contra ella. Si en el conflicto sale victoriosa recupera su estatus de “normalidad”; si no lo logra, entra en la órbita de la sociedad ocupante y pasa a ser dominada y minorada. Pero todavía no todo está perdido. Mientras esta situación se perciba desde los dominados como “anormal” hay esperanza. A veces la percepción deja de ser subjetiva y entonces se encienden todas las alarmas, ya que el proceso de asimilación, aunque muchos datos objetivos sigan manifestando su “anormalidad”, se encuentra próximo a su conclusión,

Siempre es preciso hacer intervenir un factor de primera magnitud: la autoestima y el deseo de madurez, de emancipación, característico de cualquier sociedad (y, por supuesto, persona) madura. Lograrlo supone un gran esfuerzo, ya que los medios que la sociedad dominante emplea para justificar su ocupación como “normal” son inmensos: todo su sistema educativo y propagandístico además del aparato represivo directo están a su servicio.

Estimo que en esta tesitura la sociedad dominada ha de pasar a (auto)considerarse como “normal” aunque políticamente no lo sea y que debe luchar por recuperar su patrimonio (organización social, lengua, historia etc.) y enfrentarlo sin complejos al que trata de imponer la sociedad dominante. Es el primer paso para lograr su emancipación.

Vasconia necesita fortalecer el conocimiento del patrimonio propio desde su propia centralidad, sobre todo en el campo de la Historia, para reforzar su autoestima. Reforzar la autoestima es elemento básico para lograr su despertar del letargo complaciente en el que se encuentra sumergida, ya que el tiempo se nos escapa.

En mi opinión, debemos despertar para ser conscientes de la necesidad de la emancipación, de la independencia, de la libertad. Y confiar que en ese buen caldo de cultivo surja la iniciativa política que permita su arribe a buen puerto y nos permita, imponiéndose a los intereses asimilacionistas, llegar a ser o, mejor retornar a lo que ya fuimos a través del reino de Navarra, un sujeto político activo, un Estado, en el convulso y conflictivo mundo actual.

03 agosto 2006

VASCOS HOY: UNAS REFLEXIONES

Acabo de leer el artículo de José Manuel Bujanda Arizmendi que con el título “Vascos hoy” publica el Grupo Noticias (Noticias de Álava de 3 de agosto de 2006). Tras su lectura creo necesario plantear varias reflexiones. Las expongo a continuación:

1.- Bujanda afirma que con el llamado Abrazo de Bergara de 25 de octubre de 1839 “se inauguró así en su crudeza histórica el proceso de desencaje entre lo vasco y lo español...” No sé exactamente qué quiere decir Bujanda, pero tengo la extraña sensación de que la fecha de 1512 no indica para él nada que tenga que ver con “el proceso de desencaje entre lo vasco y lo español”. ¡Pues venga Dios y lo vea! Si la conquista a sangre y fuego del único Estado independiente que hemos tenido los vascos no es una fecha importante en el “desencuentro vasco-español”, que nos ilustre con otra más importante.

No pretendo restar importancia a 1839, pero creo que reducir el contencioso vasco a los conflictos del siglo XIX es simplificar el problema y, además, en nuestra contra. No entiendo cómo desde posiciones que dicen defender la nación vasca se puede dejar de lado y menospreciar la conquista del único Estado soberano y propio que hemos tenido. ¿O es que el reino de Navarra no era un Estado vasco?

2.- Parecen muy bonitos y atractivos todos los deseos que plantea Bujanda para el futuro de los vascos. Sin embargo hay uno que me sorprende: ¿en virtud de qué razón política, social, económica o de cualquier otra índole, tenemos los vascos que saber “... encontrar un futuro compartido con los vecinos más próximos...”? Son precisamente los nacionalismos de nuestros “vecinos más próximos” los que no sólo han buscado con pertinacia la destrucción de nuestras señas de identidad (historia, lengua y patrimonio en general) sino que, además, en el momento presente no manifiestan ninguna intención de cambio en los mismos asuntos y en otros tan acuciantes como los que plantean el del sector pesquero y tantos más.

Pienso que tenemos que estar abiertos a colaborar con todas las naciones de Europa y del mundo, pero en plano de igualdad, es decir de Estado a Estado. Y además sin ninguna preferencia por quienes nos han sometido violentamente a siglos de sumisión.

3.- Me gustaría que Bujanda aclarase qué entiende por “Euskadi” o por “Euskadi de hoy”. En la terminología española oficial Euskadi equivale al territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco e incluye exclusivamente a las provincias de Araba (sin Trebiñu), Bizkaia y Gipuzkoa. En la terminología clásica del nacionalismo vasco, desde Arana Goiri, equivale a Euskal Herria y Bujanda usa este último término para indicar “su división en dos estados y tres administraciones diferentes”, cosa que no dice de Euskadi. ¿Es lo mismo Euskadi que Euskal Herria? ¿Son dos realidades distintas? ¿Qué son cada una?

En cualquier caso, y como conclusión, pienso que nuestro futuro en Europa y en el mundo sólo se puede garantizar asumiendo nuestro pasado con todo su rico patrimonio (político, lingüístico, cultural etc.) y proyectando hacia el futuro las necesidades que plantea cualquier sociedad madura. El requisito más importante para que una sociedad desarrollada sobreviva sin problemas es que se emancipe, que sea independiente. Y eso en el mundo actual equivale a que tenga su Estado propio. Cuando se invente otra solución política y la adopten Francia, España y el resto de Estados de la Unión Europea, por ejemplo, podremos comenzar a hablar de la obsolescencia del Estado y de las otras opciones.

02 agosto 2006

GIPUZKOA ¿INDEPENDIENTE?

Sigo con gran interés los debates que se están desarrollando recientemente en Gipuzkoa sobre infraestructuras, tanto que el 30 de abril pasado escribí una reflexión sobre el proyecto de puerto exterior de Jaizkibel. Fue publicada en este blog , en la página web de Nabarralde y en Gara.

Ahora se nos ha servido la polémica sobre la ampliación del aeropuerto de Hondarribia. Parece que la misma no sólo no satisface a los residentes de la comarca de Txingudi (Irun, Hondarribia etc.) por las incomodidades aparejadas, ruidos etc., sino que puede afectar gravemente a un entorno ambiental de gran interés ecológico y paisajístico.

Da la sensación que quienes defienden ambas infraestructuras conciben a Gipuzkoa como una realidad aislada y que debe ser autosuficiente por sí misma. Por la misma razón habría que plantearse que Gipuzkoa debería tener todo tipo de servicios, industrias y hasta producciones agrícolas y ganaderas... en un territorio que supera justamente los mil kilómetros cuadrados. ¿O hay, en la trastienda, otro tipo de intereses?

Mi opinión es que, ante estos problemas, siempre es necesario tener una perspectiva nacional a la vez que local y, por supuesto, global. En nuestro mundo ni tan siquiera una nación puede “disfrutar” de todos y cada uno de los servicios y productos necesarios para su supervivencia y desarrollo; debe especializarse en aquéllos que le produzcan ventajas comparativas sin conducirla al colapso y... negociar y comerciar con las demás el resto.

Los planteamientos “provincialistas” que pretenden hacer de cada “territorio” de nuestro país un ente autosuficiente, casi una nación completa, colaboran, desde mi punto de vista, con la estrategia de la dominación. Somos un país que, tras seculares procesos de conquista y dominación, se ha visto reducido a “territorios” aislados, cada uno con una administración diferente. A partir de la territorialidad del reino de Navarra, fue Castilla, quien ocupó primero La Rioja y Bizkaia, después Araba y Gipuzkoa, más tarde la Sonsierra, para culminar con la conquista del reino soberano (1512-1521). En una etapa posterior fueron España y Francia quienes se repartieron nuestros habitantes y territorio. Luego, dentro de la organización del Estado español fuimos separados en dos “comunidades autónomas”. Nuestros dominantes imponen la estrategia de la división, y los enfrentamientos inducidos entre “navarros” y “vascos” o, en otra escala, entre “vizcaínos” y “guipuzcoanos”, se enmarcan en esa estrategia.

Una cuestión preferencial es la vertebración del territorio en su conjunto, que dote a nuestra sociedad de las infraestructuras de comunicaciones, mediante ferrocarril preferentemente, que permitan su conexión interna de manera sencilla y barata, no contaminante ni derrochadora de energía.

Nuestro país tiene aproximadamente 20.000 kilómetros cuadrados de superficie. Tiene dos buenos puertos sobre el mar de Bizkaia (Bilbao y Baiona) y cinco aeropuertos (Bilbao, Gazteiz, Biarritz, Iruñea... y Hondarribia). Todo ello es más que suficiente para satisfacer sus necesidades de comunicaciones y transporte por tales vías. De lo que adolece escandalosamente es de un sistema de ferrocarril moderno y adaptado a sus necesidades que permita un uso eficiente y eficaz de los puertos y aeropuertos ya existentes.

En cuanto al sistema de carreteras y al transporte de mercancías por las mismas no es necesario insistir en su práctico colapso, además del despilfarro energético que suponen, por ser un dato generalmente aceptado. Esta es otra razón para proyectar la imperiosa necesidad del replanteamiento de nuestras infraestructuras de ferrocarril.

No estoy hablando del tren de alta velocidad. Para nuestra vertebración interna, en cuanto a transporte de personas y mercancías, es suficiente con una infraestructura rápida (de velocidad no superior a 150 Km/h), pero que una los puntos estratégicamente importantes con buenos servicios. El TAV puede ser necesario como vía de acceso al exterior (resto de Europa, España, Catalunya y Portugal), pero pienso que debería tener el menor impacto posible sobre todo en territorios de orografía complicada como son Gipuzkoa, Bizkaia y las zonas de montaña en general. El planteamiento de cualquier nuevo ferrocarril debería también aprovechar al máximo las infraestructuras ya existentes. Aunque todo ello repercutiera en los picos reales de velocidad.

Otra cuestión muy relacionada con las comunicaciones de personas y mercancías, y que tiene cada vez un peso específico mayor en nuestro mundo, son las telecomunicaciones y todos los aspectos relacionados con lo que hoy se denomina como tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Pero esto da de sí para otro artículo, que espero se escriba a su debido tiempo.

Nuestro país, Vasconia, es en su conjunto viable para tener un lugar en Europa y en el mundo y ser competitivo, sobre todo si es capaz de dotarse de la herramienta política fundamental, que es el Estado propio. En la actual organización del mundo, el Estado es el único instrumento que permite realizar lo anteriormente expuesto con bastantes garantías de éxito. Pero el hecho de que no lo tengamos aquí y ahora no implica que renunciemos al mismo. Por eso a todas las personas, asociaciones empresariales, sindicatos, organizaciones de base, grupos de presión, partidos políticos etc. que pueden tener una visión nacional habría que exigirles que, por lo menos en estos aspectos concretos, la tengan de verdad y con todas sus consecuencias.

Se trata de asuntos, como en el de la lengua, la educación, la pesca y tantos otros, a los que sólo desde la consecución de un Estado propio se puede dar la respuesta satisfactoria, pero que no se pueden dejar “para entonces” y que hay que abordar desde ahora, sin olvidar tal perspectiva. Pienso que los agentes sociales que se autoconsideren “nacionales” habrían de tener como horizonte la recuperación del Estado propio y adoptar la estrategia política necesaria para su logro. Por esta razón, ante el día a día y los problemas concretos no se deberían tomar decisiones que contradigan o cuestionen ese objetivo. Lo mismo que tampoco se puede estar “de brazos cruzados” mientras no se consiga. Nadie nos lo va a otorgar gratuitamente: ni la Unión Europea, ni las Naciones Unidas; menos aun España y Francia. La tarea es fundamentalmente nuestra.

En mi opinión, la referencia estatal propia más sencilla para los vascos es la del único Estado libre que hemos tenido: Navarra; Estado anulado progresiva y violentamente por España y Francia. Planteo su recuperación como nuestro objetivo democrático fundamental y pienso que todas las decisiones que se tomen desde cualquier institución o grupo de poder sólo tendrán valor político con esa perspectiva y así podrán ser capaces de superar la crónica y triste desilusión que comienza a apoderarse de nuestra sociedad.

07 julio 2006

SOBRE LA REALIDAD Y LA POLÍTICA

La polémica sobre el currículo es la “punta del iceberg” de un debate mucho más profundo, ideológico y político. Para comprender la realidad de una sociedad no es suficiente con la descripción de sus aspectos concretos, uno de los cuales sería el educativo y, dentro del mismo, el currículo. El sistema educativo está inmerso activa y pasivamente dentro del contexto social, ideológico y político. Pienso que no se ha escamoteado el currículo, simplemente se ha profundizado en aspectos que lo condicionan de forma muy importante.

Voy a intentar resumir en puntos concretos algunas de las cuestiones de divergencia con Ramón Zallo:

1.- Pienso que Zallo confunde lo que el llama Realidad con mayúscula y la equipara con el conocimiento mediado (aquí sí que hay “mediaciones”) y condicionado por los aparatos de todo tipo (educacionales, mediáticos, coercitivos etc.) de los estados dominantes. A la realidad opino que se debe acceder mediante la investigación en todo el entramado de relaciones sociales y, sobre todo, debe relativizar la “objetividad” de su posicionamiento. La percepción de la realidad, ya desde Marx, responde a los intereses sociales de quien la analiza.

2.- Debo reiterar, en el mismo sentido, que Zallo se mueve en los parámetros de la dominación. Las identidades sobre las que trabaja la “sociología cuantitativa” (evidentemente más allá del bien y del mal) no sólo no son “neutras”, sino que tienen una enorme carga ideológica y política. Con los “datos objetivos” de este tipo de sociología pasa algo muy semejante a lo que sucede con los votos en las sociedades dominadas. Sólo se puede votar lo que los dominantes permiten en su propio sistema y con sus propias reglas de juego. Lo cual no quiere decir que tanto unas como otros no tengan valor para conocer la realidad de una sociedad, pero hay muchos más factores que se deben sopesar y tener en cuenta para acceder a un conocimiento más profundo.

3.- Opino que Zallo juega el papel de “reductor” de las reivindicaciones de nuestra sociedad. Las reduce, de manera semejante a como lo hacen determinados sectores del PNV, a lo que él juzga, otra vez por encima del bien y del mal, como “lo posible”. Y tras despacharlas como “imposibles”, por utópicas, plantea la pregunta retórica de “cómo se crea un Estado ahora ya!”. Para colmo, afirma que “faltan los agentes y los actores”. Es muy revelador de su papel en este juego, en el que sirve de freno y distracción de las muchas capacidades de nuestra sociedad.

4.- En este sentido, me apena profundamente la visión que tiene Ramón Zallo de la sociedad de la CFN. La equiparación que hace entre el número (una valoración puramente cuantitativa) de euskaldunes y de emigrantes sería ofensiva si no fuera ignorante. Parece que Zallo no se ha enterado de la visión política de Navarra como Estado independiente durante muchos siglos, de la memoria histórica que esto representa para la sociedad de la CFN, del valor social y político que supone para su autoestima y de su función movilizadora. Esta perspectiva supera, cuantitativa y cualitativamente, con amplitud el peso numérico de los euskaldunes en la CFN. Tal aspecto es ignorado, cuando no menospreciado, desde la muchos sectores de la CAV y de la propia CFN. Pero no creo que estemos en condiciones de tirarnos los trastos unos y otros en beneficio de quienes nos dominan.

5.- Zallo tergiversa el concepto de estrategia. Estrategia es, de algún modo, una articulación de medios y fines. Una estrategia sin fines claros se pierde en el oportunismo y eso es lo que, según creo, le sucede a Zallo. Y, para mí, es evidente que todos los medios, el corto plazo, la táctica, la gestión del currículo, etc., etc., sólo tienen un sentido político real si se enmarcan en una estrategia propia de recuperación del Estado. Ahí es, en mi opinión, donde Zallo naufraga ya que no sólo no se lo plantea como objetivo estratégico, sino que lo margina. Desde mi propia posición, u otras semejantes, nunca hemos dicho que menospreciemos ni el corto plazo, ni el día a día, pero contemplados siempre dentro de una perspectiva que consideramos estratégica.

6.- Zallo habla de “pasos que puedan ir en la buena dirección”. Pero, ¡señor mío!, si eso es precisamente lo que queremos. Pero para eso es necesario coincidir en definir cual es la “buena dirección”. Y ahí, me temo que haya también alguna divergencia. Para nosotros el objetivo de la consecución del Estado propio es democráticamente irrenunciable. Otra cosa es que en las distintas fases del conflicto se pueda llegar a situaciones “intermedias” como serían fórmulas federales o confederales. Repito, no es nuestro objetivo, pero si llegan, serán bienvenidas. No somos de los que opinan que “cuanto peor, mejor”.

7.- En la interpretación que da Zallo del soberanismo creo que se produce una importante confusión entre la realidad política del Estado español y los deseos que tiene de que fuera de otro modo. El ejemplo de las andanzas de ERC en el tripartito catalán y en su relación con el gobierno del Estado español en la gestación del Estatuto de Catalunya dejan bien claros los márgenes de maniobra. Y no son, precisamente confederales, ni tan siquiera federales. Siguen siendo unitaristas al viejo estilo.

8.- Quiéralo o no Ramón Zallo el choque social ya existe y no es precisamente cediendo posiciones, siendo “buenos”, como se ganan los conflictos que intencionadamente se plantean como juegos “de suma cero”. Pienso que no es así y que España y Francia saldrían ganando en calidad democrática si Vasconia fuese independiente. Pero ellos, sus respectivos nacionalismos, parece que no lo perciben de este modo y fuerzan un juego de suma cero: lo que tú ganas, yo lo pierdo. Será triste, pero es así. Y nuestra capacidad demográfica no nos permite actuar como misioneros para “convertir” a españoles y franceses al nuevo “juego”.

9.- Tengo muy claro quienes son nuestros adversarios y dónde se ubican sus guarniciones; son los defensores a ultranza del unitarismo de los estados bajo los que se encuentra repartida nuestra sociedad. En mi opinión, aquí Zallo se despista un poco. Lo que pretendemos quienes somos miembros de Iturralde y trabajamos a través de Nabarralde, es precisamente que entre todos aquellos grupos, movimientos, asociaciones personas etc. que estén próximos en su visión de Euskal Herria, se organice un debate democrático en el que los asuntos antes expuestos, y otros muchos, salgan a la luz. Nosotros aportamos nuestro punto de vista, y lo debatiremos con quien haga falta.

10.- Pienso que una sociedad adulta y con autoestima se independiza como las personas. Desde Iturralde y a través de Nabarralde trabajamos en que nuestra sociedad, Vasconia entera, adquiera el nivel de autoestima (mediante el reconocimiento de su patrimonio, historia etc.) necesario y suficiente para exigir su emancipación, su independencia. Y pienso que esto sólo puede venir de la mano del Estado propio.

11.- Quiero terminar estas puntualizaciones con el agradecimiento a Ramón Zallo como agente de un debate, desde mi punto de vista, positivo y enriquecedor. Quiero también agradecer a los medios que han servido de vehículo al mismo, bien sean electrónicos, como Izaro News y Nabarralde, bien sea en la prensa escrita, como Berria.

04 julio 2006

SOBERANÍA Y PAZ

Hace ya mucho tiempo y, sobre todo desde el 22 de marzo pasado, en que la “cuestión vasca” ha quedado reducida a un “proceso de paz”. Parece que, tal y como se plantea, el problema central es lo que se conoce como “pacificación”.

La primera, y obvia, reflexión conduce a pensar como aquel que decía “muerto el perro se acabó la rabia”. Los “violentos” han decidido cesar en su actividad y buscan un “aterrizaje”, un acomodo, en una sociedad perfectamente “normalizada” y “democrática”.

Es evidente que, implícitamente, quienes así piensan nunca han considerado en profundidad las claves violentas que se ocultan (mejor, que se pretenden ocultar) tras el contencioso vasco. A lo sumo reducen la violencia producida por el Estado español en las últimas décadas a la incesante tortura o a episodios de chapuza cuartelera como el de los GAL.

No es nuestra intención restar un ápice a la importancia de todos ellos, pero sí la de profundizar un poco más en las raíces del problema. Es necesario devanar la madeja hacia atrás, para llegar a una comprensión de la realidad actual. La violencia sobre nuestro país es un hecho estructural que perdura desde muchos siglos antes. Puede haber quien diga que la historia no vale para nada y que remontarse siglos atrás a nada conduce. El problema está en que esas personas deberían establecer un criterio para indicar donde se produce el corte a partir del cual, y hacia atrás, ya no es necesario mirar.

Suponemos que muchos de quienes opinan así pensarán que es bueno conocer las barbaridades del régimen del General Franco que alumbró el actual tras una indolora (para sus representantes) “transición”. Claro está que sin profundizar en la Guerra de 1936-39, o en la Mundial de 1939-45, mal podríamos entender el régimen de Franco. La Guerra tampoco tendría sentido sin la 2ª república española. Y es evidente que la Dictadura del general Primo de Rivera desvelará claves importantes de la misma. En este sentido, todos los conflictos del siglo XIX, comenzando para nosotros por las Guerras Carlistas, y siguiendo por las desamortizaciones, el sistema de propiedad de la tierra, la organización de un ejército humillado en los procesos de independencia de América, nos proporcionan muchas explicaciones necesarias para entender el siglo XX en el Estado español.

También es evidente que sin estudiar el “descubrimiento”, conquista y explotación de América, sin profundizar en el absolutismo monárquico, sin analizar los decretos de “Nueva Planta” relativos a los Países Catalanes a comienzos del siglo XVIII, nos encontraríamos cojos para explicar el siglo XIX de dicho Estado.

El régimen político de Castilla (hegemónico en la Monarquía española y soporte del futuro nacionalismo español) no se puede comprender sin estudiar los conflictos medievales entre los reinos de la Península Ibérica, comenzando por la famosa “reconquista”.

Lo mismo podremos decir de los diversos conflictos ocurridos en Vasconia durante los siglos XVIII y XIX, que no se pueden analizar al margen del origen de su Sistema Foral. Y este sistema procede directamente del régimen político de la Monarquía navarra, conquistado y minorado por Castilla. A su vez, el sistema jurídico-político de Vasconia hunde sus raíces en el derecho consuetudinario de los pueblos pirenaicos ...

¿Quién es capaz de marcar el punto de corte? ¿Lo puede hacer sin que manifieste claramente y a flor de piel los intereses políticos que en el momento actual le llevan a tomar esa opción?

La raíz de nuestro conflicto se hunde en los procesos de agresión y ocupación llevados a cabo en etapas de larga duración por los estados español y francés. Estos procesos si no hubieran producido reivindicaciones, conflictos y guerras, podrían ser “agua pasada” y, a lo sumo, curiosidades para la investigación histórica. Pero no es el caso. Por eso cuando anteriormente planteábamos la pregunta retórica de dónde cortar el hilo de la historia, respondíamos que cada cual lo corta de acuerdo con sus intereses políticos actuales. Y esto es muy significativo.

En ese sentido es imprescindible que para resolver realmente el contencioso vasco se profundice en sus causas. De otra forma se logrará un espectro, un simulacro de paz, pero no una Paz con mayúsculas.

Otro aspecto importante es la perspectiva de Theodor W. Adorno, que basaba su ética en la memoria, necesaria para hacer justicia con aquellos que ya no tienen voz y poder construir un futuro más justo.

En este sentido debemos considerar nuestro papel en el mundo actual. Nuestra sociedad se encuentra desestructurada e incapaz de hacer frente con éxito a los retos que se le plantean. Por no tener no tiene garantizada la pervivencia normal de su lengua privativa, el euskera. Ante la mayor parte de los conflictos internacionales se ve representada (más preciso sería decir sustituida) por los intereses de los estados entre los que se encuentra dividida, que se han manifestado pertinazmente opuestos a los nuestros.

El origen radical (de raíz, repetimos) de esta situación no se puede descubrir sin una profundización en el proceso histórico y pensamos que la solución democrática que lleve a una Paz (con mayúsculas) tiene que venir de la mano de la soberanía para una sociedad consciente de sí misma y de su puesto en el mundo actual, con sus intereses y solidaridades, con sus aportaciones y préstamos al acervo universal. Esta sociedad ha mantenido, con mayor o menor éxito político, una permanente reclamación ante su sometimiento. No hay saltos en el vacío y los anteriores conflictos trajeron los actuales.

Por eso nos sorprende tanto que hoy en día esos agentes sociales que se llaman partidos políticos sólo hablen de “pacificación” y no de “soberanía” como un elemento democrático estructuralmente básico e imprescindible para lograrla de manera permanente y estable. Una de las pocas voces que lo han defendido claramente procede del dirigente sindical José Elorrieta.

Es hora ya de que nuestra potente sociedad civil se movilice con este objetivo y desenmascare la timidez, falsa prudencia, miedo, ¿o algo peor?, que se trasluce de los planteamientos y actitudes de quienes, según el manual, deberían ser la vanguardia en defensa de los intereses de una sociedad: los partidos políticos.

Y para terminar, pensamos que la libre disposición, autodeterminación, soberanía o como se le quiera llamar, tiene una concreción muy clara: nuestra constitución en un Estado, Navarra, en pie de igualdad con el resto de los estados europeos, desde el último llegado, Montenegro, hasta el primero, Alemania.

Firman este texto:

Luis María Martínez Gárate
Tasio Agerre Herrero
Marisol Ronkal Azanza
Mikel Sorauren de Gracia
José Miguel Martínez Urmeneta
Humberto Astibia Aierra

Miembros de ITURRALDE

01 julio 2006

IDEOLOGIA ETA POLITIKA HEZKUNTZA SISTEMETAN

XIX. mendearen amaieran Jules Ferryk, Frantziako Estatuan, eskola bateratu baten beharra planteatu zuenetik, hezkuntza sistemaren oinarri izango zenarena, ez dago inolako errugaberik arlo horretan. «Abertzale jatorrak» sortzea zen hezkuntzaren helburua, eta hizkuntzaren, kulturaren eta «betiko» Frantziaren balioen irakaskuntzan zetzan curriculuma; gainera, Renanen tesiekin egiten zuen bat eta, horien arabera, Frantziako «nazioaren» izenean, ahaztu egin behar zen batasunera heltzeko erabilitako indarkeria.
Nazioa eta estatua bi gizarte errealitate dira. Herria, gizartea, nazio bihur daiteke. Eta horrek gainerako herrialdeekiko harremanetan arrakasta badu, estatu bihurtzera hel daiteke. Helburu hori lortuta, estatuak finkatzen ditu oinarri izan duen nazioaren ezaugarriak. Frantziari dagokionez, batez ere; izan ere, horren monarkiaren jatorri absolutistak izaera unitarista eta totalitarioa eman zion iraultzaren ondorioz sortutako estatuari, oraindik orain ere baduena. Espainiari dagokionez, berriz, maisua imitatzen saiatzen den ikaslea da hori, horren bikaintasuna lortzen ez badu ere.
Garai jakin bateko gatazka politikoen eta koiuntura jakin batean horien inguruan hartutako erabakien ondorio da ikastetxe «ofizialetako» hezkuntza. Ez da sekula horietatik kanpo egon, eta are gutxiago horien gainetik. Gure nahiak edo interesak gizarte errealitatearekin ez nahasten saiatu behar dugu, setatia baita hori Marx zaharrak zioenez.
Arazo larria da indarkeriaren «legezko» monopolioa duenaren -estatua- planteamenduak «ez politikotzat» hartzea beti, eta gizarte zibilarenak, berriz, «ideologiko» edo «politikotzat», eta horiei karga peioratibo handia ematea.
Gure gizartea «askotarikoa» dela pentsatzea da estatu propioa dutenen eta ez dutenen arteko planteamendu distantziakide horien akatsa, nahiz eta azken horiek ere Estatua nahi eta horren beharra ikusi. Nafarroako (Euskal Herriko) gizartea ez da askotarikoa, Suitzakoaren neurrian. Suitzako gizartea gizarte normalizatua da. Estatu konfederala du, eta kantonamendutan banatuta dago; horiek, gainera, askatasun handia dute arlo askotan. Baina gizarte demokratikoa da batez ere, estatuaren kanpo erakundeen mende ez dagoena. Gurea, berriz, gizarte desegituratua da; konkista, okupazio eta murrizte prozesuek «askotariko» itxura eman badiote ere, pluraltasun hori ez dago subiranotasunaren mende, kanpoko interes arrotzena baizik; gehienetan, gainera, horren egituratzearen beraren kontra daudenena.
Nafarrok badakigu Fernando Buesak zer-nolako «erabakia» hartu zuen Hezkuntza sailburu zenean. Eta hortxe datza arazoa (edo arazoak), hain zuzen. Espainiako eta Frantziako estatuetan oso erantzun zakarra eragiten du hizkuntz edo kultur pluraltasunaren inguruko edozerk eta, ondorioz, gai dira berriz ere konkistarako deia egiteko. Hori helburu politiko ez badut ere, estatu konfederal edo federala edukiz gero, benetan demokratikoa, inolako oldarkortasunik gabe jorra genitzake arazo horiek, eta bidezko akordioetara ere hel gintezke. Espainiako Estatuari dagokionez ERCk Katalunian egin duen apustuak alde eztabaidaezinik izan badu, aukera hori bideraezintzat ematea izan da hori, orain arte, bederen.
Ikastolak erabat desager zitezen nahi zuen Fernando Buesak. Horren alde borrokatu zen, eta emaitzak onak ere lortu zituen hein batean. Espainiakoa bezalako erregimen politiko batean, baina, jarrera nazionala erabat uztea da hori Nafarroaren ikuspegitik, hori suntsitzea helburu eta harrotasun dutenen onerako.
Nafarrok badakigu zuk esandako guztia, Zallo jauna; izan ere, sinatzaile honen iritziz, Baskoniako herritar guztiak gara nafarrak, zentzu politikoan. Uste dut, gainera, Euskal Herriko herritarrak sailkatzeko erabili dituzun irizpideak menderatzaileen parametroetan daudela: euskaldun «nazionalistak» eta «ez nazionalistak», «euskaldunak» eta «nafarrak», «euskaldunak» eta «espainolak», «nafarrak» eta «euskaldunak», «nafarrak» eta «frantsesak» eta abar, ad nauseam.
Badakigu guztiok estatua ez dela munduko subjektu politiko agente bakarra, baina badakigu, era berean, estatu propiorik gabe ez garela ia ezer. Zergatik onartzen dute EBn maltera edo esloveniera eta ez katalana, askoz ere lagun gehiagok dakitena? Gure arrantzaleek zergatik ez dute ahots propiorik; zergatik mintzatu behar dira Espainiako eta Frantziako ordezkarien bidez? Ez al da bidezkoagoa pentsatzea Bizkaiko Golkoak -batasun ekologiko, geologiko eta soziala- ahaleginak bateratu beharko lituzkeela arrantza eta bestelako «baliabideak» (antropozentrikoa bada ere, egungo errealitatea ongi islatzen duen hitza erabiliz) hobeto ustiatzeko, Espainiaren eta Frantziaren interesak alde batera utzita?
Konplexurik gabeko nazio bati buruz ari gara, Zallo jauna. Oso erraza da nazio horri «etnizista» edo «komunitarista» kontzeptu peioratiboak aplikatzea, hitz horiek mintzagai dugun nazioa bahituta daukatenentzat egokiagoak ez ote diren galdetu gabe. Beste Nafarroako Estatu bat, Baskoniako herritar guztien estatua, sortzea da nire helburua, bai eta Iturralden lanean ari diren beste lagun askorena ere; izan ere, herritar horiek ez dute sekula beren ondare edota historia arbuiatu; ez dute sekula onartu ez okupazioa, ez eta Frantziak eta Espainiak ondoren egindako ordezkatzeak ere.
Konkista eta okupazioan dago gaur egungo gatazken jatorria egiazkoa eta sakona, eta gatazken erroa zein den ezagutu gabe ezin dira horiek konpondu. Hori ezagutzeak gure gizarteari kontzientzia nahikoa eman diezaion nahi dut, lehen adierazitako helburuak lortzeko beharra azter dezan beharrezko autoestimuarekin. Eta XXI. mendeko gizarteak, herritar askeek osatutakoak, aurrekari propio gisa onartuko ditu foru sistema eta Arana Goiriren planteamenduak, baina ez da horietara mugatuko.
Euskal nazio berrian, Nafarroako estatuan eta munduko beste edozein estatu demokratikotan, konstituzioan errespetatu beharko dira nortasun linguistiko eta kultural guztiak. Baina nortasun ezaugarri guztiak errespetatu behar dira lehenik eta behin; euskara edo gure herriak antolatzeko erabili izan dituen moduak besteak beste. Konkista garaitik, zapaldu eta suntsitu egin dituzte horiek estatuek, eta berdin jarraitzen dute egun ere.

22 junio 2006

IDEOLOGÍA Y POLÍTICA EN LOS SISTEMAS EDUCATIVOS

Desde que Jules Ferry planteó en el Estado francés, a finales del siglo XIX, la necesidad de una escuela unificada como base de un sistema educativo cuya finalidad fundamental fuera la de crear “buenos patriotas” y en la que el currículo consistía en la enseñanza de la lengua, cultura y valores de la Francia “eterna”, adoptando además la tesis de Renan por la que en aras de la “nación” francesa era necesario olvidar los violentos procesos mediante los que se logró su unificación, ya nada ni nadie es inocente en este campo. Y menos aún en el Estado español.

La nación y el Estado son dos realidades sociales que se realimentan. Un pueblo, una sociedad, pueden llegar a constituirse en un hecho nacional. Si esta realidad tiene éxito político en su relación con otras naciones puede llegar a constituirse en Estado. Una vez logrado tal objetivo, es el Estado el que reafirma de modo inequívoco los atributos de la nación sobre la que se construyó. Especialmente en el caso francés en el que el origen absolutista de su monarquía trasladó al Estado surgido de la Revolución una vocación unitarista y totalitaria que aún conserva. El caso español es el del aprendiz que imita al maestro sin alcanzar su perfección.

La enseñanza que se imparte en las escuelas “oficiales” es una resultante de los conflictos políticos de una determinada época y de su resolución en una coyuntura concreta. Nunca ha estado al margen ni, menos aún, por encima de los mismos. Hay que procurar evitar el error de confundir nuestros deseos, o nuestros intereses, con la realidad social que, como decía el viejo Marx, es tozuda.

Un problema muy serio lo constituye el hecho de que los planteamientos que surgen de quien posee el monopolio “legítimo” de la violencia, el Estado, siempre son calificados como de “no políticos”, mientras que los que florecen a partir de la sociedad civil, en oposición a los mismos, son calificados, con una fuerte carga peyorativa, de “ideológicos” o “políticos”.

Considerar que nuestra sociedad es “plural” constituye otro de los errores de bulto de los planteamientos aparentemente equidistantes entre quienes poseen su Estado propio y los que no lo tienen, aunque lo desearan y fueran conscientes de la necesidad de tenerlo. La sociedad navarra (vasca) no es una sociedad plural en el mismo sentido que lo puede ser la sociedad suiza. La sociedad suiza es una sociedad normalizada en la que existe un Estado confederal y unos cantones con una enorme independencia práctica en muchísimos aspectos; pero, sobre todo, es una sociedad democrática y no sometida a instancias estatales externas. La nuestra, por el contrario, es una sociedad desestructurada en la que los procesos de conquista, ocupación y minoración han llevado a una apariencia de “pluralidad”, pero una pluralidad que no está controlada por su propia soberanía sino por intereses ajenos, extraños y, en la mayor parte de las ocasiones, opuestos a su propia estructuración.

Los navarros conocemos la “resolución” que hizo Fernando Buesa como Consejero de Educación en Vitoria. Y es ahí precisamente donde radica el problema, o los problemas. El Estado español, como el francés, es un Estado en el cualquier asomo de pluralidad lingüística o cultural provoca unas reacciones alérgicas de tal calibre que son capaces de cualquier llamada a una nueva reconquista. Aun no siendo éste mi objetivo político, en un Estado confederal o federal, realmente democrático, podríamos tratar todos estos problemas sin agresividad y con posibilidad de acuerdos equitativos. Si algo ha tenido de indiscutible la apuesta de ERC en Catalunya con relación al Estado español, ha sido el desenmascarar la inviabilidad de esta opción, por lo menos hasta el momento actual.

Fernando Buesa quería que de las Ikastolas desapareciera hasta la “I”. Luchó por ello y, en parte, obtuvo sus frutos. Pero en un régimen político como el español, tal planteamiento desde el punto de vista navarro, supone un abandono total de las posiciones nacionales en beneficio de quienes tienen como objetivo y orgullo su destrucción.

Los navarros, señor Zallo, conocemos todo lo que nos dice, porque, en opinión de quien suscribe, navarros, en el sentido político, somos todos los ciudadanos de Vasconia. Considero además que sus criterios de clasificación de la ciudadanía de Euskal Herria corresponden a los parámetros de la dominación: vascos “nacionalistas” y “no nacionalistas”, “vascos” y “navarros”, “vascos” y “españoles”, “navarros” y “vascos”, “navarros” y “franceses” y así ad nauseam.

Todos sabemos que el Estado no es el único sujeto político agente en el mundo, pero también todos somos conscientes que, en el mismo, sin Estado propio no se es casi nada. ¿Por qué a nivel de la UE se reconoce el maltés o el esloveno y no el catalán que lo hablan infinidad de personas más? ¿Por qué nuestros arrantzales no tiene voz propia sino vicaria a través de los estados español y francés? ¿No parece más razonable pensar que la unidad ecológica -geológica, biológica y social- que es el mar de Bizkaia debería aunar sus esfuerzos en pro de una explotación razonable y sostenible de la pesca y otros “recursos” (por emplear un término que, aunque antropocéntrico, refleja bastante bien la realidad actual) al margen de los intereses de los estados español y francés?

Señor Zallo, estamos hablando de una nación sin complejos. Una nación a la que es muy fácil aplicar los conceptos peyorativos de “etnicista” o “comunitarista” sin profundizar en que los mismos se aplican con mucho mayor propiedad a las naciones que la tienen secuestrada. Mi aspiración, y la de muchas otras personas que trabajamos desde Iturralde, es la de construir el nuevo Estado navarro, el Estado de todos los ciudadanos de Vasconia, ciudadanos que nunca renegaron de su patrimonio y de su historia, que nunca reconocieron la ocupación ni las sucesivas suplantaciones institucionales practicadas por los estados francés y español.

En la conquista y ocupación se manifiesta el origen real y profundo de los conflictos actuales y sin conocer el origen radical -de raíz- de los conflictos es imposible resolverlos. Deseo que dicho conocimiento permita acceder a nuestra sociedad a un nivel de conciencia suficiente para que, con la necesaria autoestima, valore la necesidad de la consecución de los objetivos antes expuestos. Y una sociedad de ciudadanos libres en pleno siglo XXI podrá reconocer como antecedentes propios tanto el Sistema Foral como los planteamientos de Arana Goiri, pero nunca se podrá reducir a los mismos.

En la nueva nación vasca, en el Estado navarro, como en cualquier Estado democrático del mundo, todas las identidades lingüísticas y culturales deberán ser respetadas en su sistema constitucional. Pero el primer respeto debe ser también para las señas de identidad que, como el euskera o las formas de organización social en las que históricamente se ha expresado nuestro pueblo, han sido perseguidas y arrasadas por los estados que desde la conquista hasta hoy continúan en la misma labor.

31 mayo 2006

EUSKAL CURRICULUMA, RAMON ZALLOREN ARABERA

Orain gutxi (2006/05/12), Euskal Curriculuma erabat izeneko artikulua argitaratu zuen Ramon Zallok hainbat hedabidetan.

Sozializazio elementu ezinbestekoa da hezkuntza sistema giza talde guztientzat. Horren bitartez, horren garapena kontrolatzen eta zuzentzen duten sektoreen ustez belaunaldi berrientzat -orokorrean eta errealitatearen ikuspegi zehatza kontuan hartuta- garrantzitsuak izan daitezkeen eskema edo ereduak sortzen edo aplikatzen dira.

Horrek gatazkak eragin ditzake edozein gizartetan. Bai, gerta daiteke hainbat gertaera historiko azaltzeko orduan interpretazio desberdinak edo guztiz kontrakoak egitea. Har ditzagun, adibide gisa, Errusiako iraultzaren inguruko bertsioak. Gizartea iraultzaren bidez aldatzeko asmoz, langileek klase berri gisa izandako funtzioa azpimarra dezakete horietako batzuek; beste batzuek, berriz, faktore ekonomikoak eta sistema demokratikoa Errusian finkatu ez izana, feudalismoaren zamaren eta industrializazio eskasaren ondorioz.

Interpretazioak nazio ikuspegitik nahiko homogeneoa den eta estatu propioa duen gizarte baten bilakaerari buruzkoak badira, «solidaritate nazionalera» joz konpon daitezke desberdintasun horiek. Desberdinak izango dira bertsioak, bai, baina bateragarriak. Zallok bere artikuluan dioen bezala, ikuspegi «integratzaileetara» ere hel daiteke horiekin.

Hori normalizatu gabeko gizarte batean gertatuz gero, baina, nazio kontzientzia berezia duen batean, alegia, horren errealitatea ukatzen duen nazio bakarreko estatu baten edo batzuen mende dagoen batean, askoz ere sakonagoa eta larriagoa bihurtzen da arazoa. Kasu horretan, nazio nagusiaren «solidaritate inperiala» da «solidaritate nazional» bakarra. Mendeko nazioa «ez da existitzen» (legez bederen) eta, beraz, ezin du elkartasun hori eskatu.

Zentzugabea da pentsatzea hezkuntza ideologien gainetik egon daitekeela; batez ere gure kasuan, mendean hartutako gizarte nazional batean bizi baikara. Gauza bat da hezkuntza eta curriculum proiektuak alderdien aukera politikoen gainetik egotea, baina kutsu ideologikoa edukiko dute horiek beti, horixe da errealitatea. Edozein hezkuntza sistemarentzat oinarrizkoa da nortasuna, ordea, eta gai horretan ezinekoa da neutral izatea. Gainera, ideologiaren aurrekoa da hori. Ziurtzat ematen dute hori ideologiek, guk, lurtarrok, arnasten dugun airea bezala.

Ramon Zallok darabiltzan publiko eta pribatu kontzeptuen kritika bat ere erantsi beharko litzaieke orain arteko gogoetei. Mendeko gizarte batean, estatu nagusiak inposatutakoari deitzen zaio publiko, eta pribatu, berriz -gure kasuan, ikastolen mugimenduari dagokionez, bederen-, mendeko gizarte zibil horretatik sortzen diren elkarteei. Ez al litzateke bidezkoagoa esatea ikastolak hezkuntza publikoaren ardatz izango direla normalizazio politikoa, independentzia eta estatu propioan islatuko den subiranotasuna lortzen ditugunean?

Bien bitartean, nahiago dut publikotzat hartu gure indarraren barru-barrutik sortzen dena, estatu nagusiek proposatutako hezkuntza planak onartu nahi ez izate horretatik.

Ramon Zalloren jarrera horrek, distantziakidea ez izateaz gain ongitik eta gaizkitik haratago dagoenak, ez du laguntzen eztabaida argitzen. Ezta Espainiaren eta Frantziaren nortasun inposizio horren aurkako txerto eta botika izango den curriculum propioa garatzen ere.

Bi estatu horien aurka egonarazten gaituen gatazka ukatzen edo gutxienez ezkutatzen duen planteamendu horrekin, horien hezkuntza sistemen ustezko neutraltasunaren -gezurrezkoa- alde baino ez da egiten. Ondo dakite horiek zein den beren betebeharra. Eta eraginkorrak dira. Guk txoritan jarraitzen dugu, bien bitartean.

Ziri hori sartzen badigute, mesede txikia egingo dugu gure gizarteak bere nortasuna gorde dezan eta Europan eta munduan elkartasunean gara dadin. Garai batean izan baziren ere, gaur egun existitzen ez diren gizarteen zerrendan sartuko gara.

24 mayo 2006

EL “CURRÍCULO VASCO” SEGÚN RAMÓN ZALLO

Recientemente (12/05/2006) en diversos medios de información se publicó un artículo, firmado por Ramón Zallo, cuyo título era “Un ‘currículo vasco’ integral”.

El sistema educativo es en cualquier grupo humano un elemento fundamental de socialización. A través del mismo se construyen y reproducen los esquemas o patrones que los sectores que controlan y rigen su desarrollo deciden que deben ser significativos para las nuevas generaciones, tanto en la perspectiva general como en la visión concreta de su realidad.

Esto, de por sí, puede generar conflictos en cualquier sociedad. En efecto, a la hora de exponer determinados hechos históricos es posible dar interpretaciones distintas e inclusos opuestas. Pongamos por caso las diversas versiones sobre la revolución rusa. En unas se puede hacer hincapié en el papel del proletariado como clase emergente y con vocación de transformar revolucionariamente la sociedad; en otras se puede insistir en factores de tipo económico y de falta de consolidación del sistema democrático en Rusia, con un pesado lastre “feudal” y escasa industrialización.

Cuando las interpretaciones se realizan sobre la evolución de una sociedad relativamente homogénea desde el punto de vista nacional y con Estado propio, dichas divergencias pueden solventarse apelando, precisamente, a la “solidaridad nacional”. Serán versiones diferentes, pero que pueden convivir. Con ellas incluso se puede llegar, como dice Zallo en su artículo, a visiones “integradoras”

Si la situación se produce en una sociedad “no normalizada”, en una sociedad con conciencia nacional diferenciada y sometida a la soberanía de uno, o varios, estados mononacionales que niegan su realidad, el problema adquiere unas características más profundas y serias. En este caso, la única “solidaridad nacional” que se permite es la “solidaridad imperial” de la nación dominante. La nación dominada “no existe” (al menos “de derecho”), por lo que no puede reclamar eficazmente esa solidaridad para sí.

Es absurdo pensar que una educación pueda mantenerse por encima de las ideologías, sobre todo en un caso como el nuestro en el que vivimos en una sociedad nacional dominada. Una cuestión es que los proyectos educativos y curriculares estén más allá de las opciones políticas partidistas y otra, real, que siempre tendrán un sesgo ideológico. Pero en la cuestión básica para cualquier sistema educativo como es el de la identidad, la neutralidad es imposible. Y este aspecto es, además, preideológico. Las ideologías existentes en cualquier sociedad lo dan por supuesto, como los animales terrestres damos por supuesto el aire que respiramos.

A las reflexiones ya expuestas habría que añadir una crítica al aparato conceptual que maneja Zallo sobre lo público y lo privado. En una sociedad sometida, en la que se denomina público a lo que impone el Estado dominante y privado (por lo menos, en nuestro caso, referido al movimiento de Ikastolas) a los organismos que surgen de la propia sociedad civil dominada, ¿no sería más justo decir que las Ikastolas corresponden al núcleo potencial de una enseñanza pública el día que alcancemos nuestra normalización política, nuestra independencia, nuestra soberanía plasmada en un Estado propio? Yo, mientras tanto, prefiero considerar como público aquello que surge de lo más profundo de nuestra propia vitalidad y de resistencia a la asimilación propuesta por los planes educativos de los estados dominantes.

El angélico posicionamiento, falsamente equidistante y más allá del bien y del mal, de Ramón Zallo, no conduce precisamente a clarificar el debate. Tampoco a lograr el desarrollo de un currículo propio que actúe como vacuna y medicina frente a la doble imposición identitaria hispano-francesa que padecemos.

Con un planteamiento que niega, o por lo menos oculta, el conflicto radical que nos opone a ambos estados, no se hace más que favorecer la supuesta, y falaz, neutralidad de sus sistemas educativos. Ellos son plenamente conscientes de su función. Y la ejercen con eficacia. Nosotros, mientras tanto, seguimos en la inopia.

Si caemos en esa trampa flaco favor haremos al conjunto de nuestra sociedad para su supervivencia con sus propias señas de identidad y para su desarrollo solidario en el conjunto de Europa y del mundo. Pasaremos fácilmente a engrosar el gran número de sociedades que fueron, pero que ya no son.

02 mayo 2006

NAVARRA: COYUNTURA POLÍTICA Y ESTADO

En la actual coyuntura política se habla mucho de Navarra. Se habla mucho desde fuera y, en general, con muy poco conocimiento de causa, cuando no con mala intención, sobre todo desde España. Incluso desde países que se deberían considerar amigos, como Catalunya y en prensa teóricamente catalanista, se encuentran “perlas” en las que se habla de ”privilegios”, “insolidaridad” etc. refiriéndose al actual régimen foral de la CFN. En esta reflexión voy a esbozar una síntesis breve de las posiciones que se plantean internamente, desde la propia Navarra.

Por un lado, encontramos a quienes sacan pecho y vociferan sobre las especificidades, esencias y “estatus inamovible” de su versión de Navarra. Esta interpretación refleja la continuidad de la situación de conquista y minoración iniciada hace muchos siglos. Pienso que no llevan razón quienes conceden a sus portavoces el honor de ser considerados “navarros”. Son herederos y valedores de la traición y venta del reino, del Estado propio y sus instituciones. No son navarros, son españoles.

Por otro, están quienes encerrados en una visión cortoplacista de la situación y completamente subyugados por los movimientos tácticos, no aspiran más que a desbancar a quienes hoy ocupan los asientos en el llamado Gobierno de Navarra, institución que en el territorio de la actual CFN gestiona los intereses del Gobierno del Estado español. En apariencia, en ningún momento se plantean una perspectiva a medio o largo plazo de la ubicación de Navarra en Europa y en el mundo. No presentan un proyecto de reconstrucción nacional, necesario para lograr el acceso de Navarra al puesto que precisa para sobrevivir democrática y solidariamente en la actual situación.

Existen, también, aquellos que, considerándose abertzales, piensan que Navarra no es más que una pieza más del puzzle necesario para construir una Euskal Herria, que, suponemos, consideran debe ser independiente; pero, ¡ojo!, con el mismo rango que el resto de “herrialdes”. Olvidan un hecho tan fundamental para la propia autoconciencia y autoestima de quienes hoy se consideran navarros, como que Navarra ha sido en la historia el único Estado independiente que hemos tenido los vascos. Hecho que bien trabajado, además, puede ser de gran trascendencia en el campo de la política internacional.

Aparecen, además, quienes ahora enarbolan la bandera de Navarra y la reivindican para todo nuestro país, pero sin apenas referencias explícitas a la imperiosa necesidad que, para subsistir de forma digna, democrática y solidaria, estimo necesita nuestro pueblo, mediante su acceso internacional a la categoría de Estado soberano, independiente, distinto de España y Francia; y a su mismo nivel.

Estamos, también, "last but not least", quienes pensamos que nuestra sociedad, ocupada, dominada y minorada, necesita alcanzar su mayoría de edad, su emancipación. Y que debe exigir, desde todos los sectores sociales, en todo su territorio y en todos los foros, su propia soberanía, su estatalidad plena. Que es preciso usar los medios adecuados para alcanzar este objetivo. Que nuestra sociedad necesita dotarse de los instrumentos sociales y políticos necesarios para movilizar adecuadamente su propia capacidad y lograrlo. Por ahí va el mundo; y mal nos irá si no seguimos ese camino. Pienso yo.

30 abril 2006

JAIZKIBEL

Paseaba esta mañana luminosa de finales de abril por el monte Ulia en Donostia en dirección hacia Pasaia. El camino, junto a unos espléndidos acantilados sobre el mar de Bizkaia, es fantástico. La compañía y el graznido de las gaviotas escoltan permanentemente al caminante ya alejado de los ruidos urbanos.

Hay un momento de la ruta en el que se presentan, magníficos, los impresionantes taludes del siguiente monte hacia el norte, mucho más alto, sobre el Cantábrico: Jaizkibel. Y así se llega hasta la fantasmagórica aparición del Faro de la Plata, que anuncia, a mar y tierra, la bocana del puerto pasaitarra, del estuario del río Oiartzun.

Según contemplaba de más cerca la belleza de Jaizkibel y su contraste con el mar, iban agolpándose en mi cabeza las posibles imágenes que podía presentar una visión tan espléndida, dentro de muy poco tiempo, si los descabellados proyectos seudodesarrollistas que pretenden imponer la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno de Gazteiz (¿mejor Vitoria?) tomaran cuerpo.

Su pretensión es crear un “puerto exterior”, me da exactamente igual que esté pegado a los acantilados que el hecho de que construyan una isla artificial en sus cercanías, para... Y ahí está el quid de la cuestión: ¿para qué?

Con una visión realmente nacional, de Euskal Herria, de la Navarra entera, sería necesario comenzar por analizar seriamente la necesidad de un proyecto tan faraónico. Nuestro país, dadas sus dimensiones y estructura social y productiva, más necesita una vertebración de comunicaciones con mercancías basada en el ferrocarril que macropuertos. Tenemos Bilbo y Baiona, ya construidos y en funcionamiento, y pienso que lo necesario es comunicar bien con ellos. Pero un elemento fundamental para llegar a esa conclusión consiste en tener una visión del país entero, con sus especificidades, sus ventajas locales y globales en todos los sentidos: industrial, de servicios (incluyendo el turismo), paisajístico, ecológico etc.

¿Qué sentido tiene destrozar un trozo de costa, que es virgen en muchos sentidos, para introducir un elemento destructivo que no colabora a su desarrollo integral y equilibrado? La única respuesta que me viene a la mente son las ambiciones “provinciales” de Gipuzkoa. Y dentro de ellas, como fundamentales, las de aquellos que se dedican al “cemento”, a la construcción.

Otra cosa es ver qué intereses de partidos políticos están detrás.

14 abril 2005

ES EL MOMENTO

A propósito del artículo “ES EL MOMENTO” (Diario de Noticias 14 de abril de 2005), efectivamente es el momento de hacer un alto en el camino “hacia no se sabe dónde” y reflexionar sobre la crítica situación de nuestra Navarra.

Es el momento de considerar que nuestra nación y nuestro estado histórico están siendo sometidos a una formidable operación de acoso y derribo en todos los terrenos. Que es necesario decir basta. Y enderezar el rumbo.

Es el momento de pensar que nuestra sociedad, Navarra entera, Euskal Herria, no se divide en “vascos y navarros”, “vasquistas y españolistas”, que la sociedad navarra es una, por conciencia, por historia ... y por necesidad frente al futuro. Que todos los navarros somos lingüística y culturalmente vascos y que todos los vascos somos políticamente navarros.

Es el momento de reflexionar que nuestra pluralidad, como todas, sólo tiene sentido dentro de un contexto más amplio. La autoestima nos exige referir nuestra variedad al conjunto de nuestra sociedad y no a las de los estados dominantes.

Como consecuencia, también es el momento de recuperar nuestra propia centralidad y perspectiva ante el mundo y ante la interpretación de la historia. Navarra no es “parte” de otros estados. Es parte de Europa, sí, pero del mismo modo que lo son Alemania, España o Francia, o como lo serán Escocia, Flandes o los Países Catalanes.

Es el momento de ver la situación desde una perspectiva nacional. Nuestra sociedad es muchísimo más que el conjunto de partidos “vasquistas”. Por supuesto que todos ellos forman parte, pero no en exclusiva ni, me atrevería a decir, mayoritariamente de la misma. Otra cuestión es la responsabilidad que deberían de afrontar en este proceso.

Es el momento de concretar esta perspectiva nacional en una unidad de acción en todos los campos en que se juega nuestro futuro y, sobre todo, en el más importante que es el político. Sociedad civil, sindicatos y partidos deben manifestarse a la altura de las extremas circunstancias en que nos encontramos.

Por ello, es el momento de recordar que para que la unidad de acción política sea algo más que “buenos deseos” o “voluntarismo puro”, es necesario que se defina el objetivo a conseguir, y que tal objetivo sea de alcance estratégico suficiente. De otro modo, se pierde la perspectiva y se llega a falsas uniones que pueden saltar hechas añicos al primer conflicto o explotar a la menor chispa. Este es el riesgo que corren las coaliciones electoralistas coyunturales u otro tipo de alianzas en las que los objetivos no se correspondan con la necesidad social. La ilusión es buena y necesaria, pero no suficiente.

Es el momento de afirmar que ese objetivo estratégico, en la actual etapa histórica de nuestro país, de Europa y del mundo, no es otro que la (re)constitución de nuestro Estado propio. Navarra ha sido el único Estado independiente que hemos tenido los vascos. Ese Estado fue conquistado y sometido; sus gentes, perseguidas y, en muchas ocasiones, exterminadas. La recuperación de su memoria histórica no es la única, ni la más importante, justificación de su reivindicación, pero es soporte imprescindible para la recuperación de la autoestima necesaria para hacer frente con éxito a los retos del mundo actual y poder sobrevivir con nuestras propias señas de identidad.

Es asimismo el momento de olvidarse tanto de “capillitas” como de falsas solidaridades. La mayor y mejor aportación que podemos hacer los vascos hacia el resto de sociedades del Planeta, incluyendo las de nuestros estados dominantes, consiste en lograr nuestra emancipación e independencia. No se puede ejercer una solidaridad efectiva desde el sometimiento y la dependencia; ni pueden ser libres los pueblos que oprimen a otros.

Es el momento de decir lo más alto posible que cualquier otro objetivo de rango inferior no va a permitirnos una existencia “cómoda” en el mundo. Una existencia que desarrolle plenamente nuestro patrimonio: lengua, historia, derecho etc. y lo ponga al servicio y solidaridad de todo el Planeta.

Es, volviendo al comienzo, el momento de realizar una autocrítica generalizada y de convocar un profundo debate, real y abierto, sin oportunismos, estrechez de miras ni intereses a corto plazo, que nos permita un “cambio de rumbo” real y efectivo. Que sea ilusionante y capaz de movilizar la potente y amplia energía que expresa nuestra sociedad.

Es el momento en que, como dijo Shakespeare, Navarra sea de verdad “la admiración del mundo”.

16 marzo 2005

CARLISMO

Periódicamente los medios de comunicación españoles resucitan el asunto del carlismo y, curiosamente, casi siempre en relación con lo que ellos denominan como “nacionalismo vasco”.

Esta vez es Daniel Reboredo desde el “Diario Vasco”. Una vez más les delata la ideología nacionalista (esta sí, de verdad) española que profesan con fervor. Según ellos, el carlismo es un puro movimiento reaccionario que en el enfrentamiento con la modernidad representa a los sectores más atrasados. Al principio dijeron que era puramente dinástico, más tarde que religioso; en otras ocasiones movimiento de pequeños propietarios conservadores, a veces un levantamiento de campesinos...

Son muy pocos los que niegan una especie de continuidad entre el carlismo y lo que denominan como “nacionalismo vasco”. Reboredo basa esa continuidad en el integrismo religioso que ambos movimientos políticos parece, en su opinión, que practican.

Al señor Reboredo y corifeos habrá que recordarles:

1.- Que los autodenominados “liberales españoles” eran en su generalidad tan meapilas como los carlistas. Y que ninguno de ellos fue tan librepensador y “liberal” como el carlista José Agustín Xaho.

2.- Que el “liberalismo” español no existía en el sentido propio que a la sazón se le daba en Europa. Eran una cuadrilla de propietarios y compradores de bienes desamortizados, herederos y beneficiarios de las prebendas de la monarquía absoluta de austrias y borbones.

3.- Que el asalto a los últimos reductos del Estado navarro, el llamado Sistema Foral, está en la base del conflicto permanente que ha mantenido Vasconia con España durante los siglos XIX, XX y lo que llevamos del XXI.

En resumen, que el carlismo es un movimiento prenacional, en el que la sociedad defensora del sistema político de Vasconia, residuo de las instituciones del reino independiente o Estado de Navarra conquistado y ocupado por Castilla, se opone con todos los medios a su alcance a su asimilación e integración en la “nación” española.

11 marzo 2005

¿SIN ESTADO?

Leo en el diario AVUI de 11/03/2005 un artículo de Jordi García Petit con este mismo título.

El artículo es una encendida defensa del “estatu quo” de Cataluña, y supongo que del resto de Países Catalanes y, por supuesto de Vasconia y Galicia, tal como está organizado en el actual “Estado español de las autonomías”.

Ridiculizando las posiciones de quienes defienden la necesidad de un Estado propio para los Países catalanes y luchan políticamente por conseguirlo, dice que quienes defienden la necesidad de un Estado catalán piensan que “...(sin Estado) la comunidad humana catalana sería como una especie de limaco colectivo que iría por la vida sin caparazón institucional”.

García Petit defiende que la Generalitat es un poder público, que es Estado, que es una parte del gobierno del Estado y que, por ello, Cataluña ya tiene Estado con “soberanía” sobre su territorio. Pero claro está, es una parte ... ¡del Estado español!

García Petit “olvida” el pequeño problema que supone el hecho de que es el propio Estado español el que desde siglos atrás ha ejercido sobre las naciones “periféricas” de la península una permanente presión, que se tradujo en conquista y destrucción de sus instituciones propias y desembocó en un intento, conseguido en parte, de asimilación y aniquilamiento, del que solo logró librarse Portugal. Su lengua y cultura, su patrimonio en general, han sido perseguidos con astucia y saña, cuando no con violencia directa.

Quienes en esta etapa histórica gobiernan el Estado español no reniegan de sus antecesores. No reniegan del franquismo ni de la estructura unitaria de su Estado en la que no hay más soberanía que la del “pueblo español” del cual catalanes y navarros formamos parte obligada por el “justo derecho de conquista”.

Hoy en día en nuestro mundo la única institución reconocida nivel internacional como sujeto político es el Estado y es la única con capacidad de decidir sobre cuestiones tan vitales como las lingüísticas, educativas, ecológico-paisajísticas y sobre tantas otras que antes se denominaban, desde una perspectiva excesivamente antropocéntrica, como “recursos”.

Si queremos vivir, “ser”, con dignidad y personalidad propias, necesitamos nuestro propio Estado, navarros y catalanes, catalanes y navarros, tanto da. Cada uno el suyo. En una Europa democrática y en un mundo más justo.

LA HISTORIA ¿PARA QUÉ?

Hay quienes piensan que la Historia no “sirve” para nada. Probablemente utilizan una versión muy utilitarista del verbo “servir”. La Historia es la memoria de las sociedades humanas. Lo mismo que una persona puede “vegetar” pero no progresar y desarrollarse sin memoria, las sociedades que pretendan ser participativas y creativas en el entorno mundial, han de reconocer su patrimonio, y, como elemento fundamental del mismo, su historia.

Cualquier sociedad que se pretenda cohesionada y que quiera construir un futuro para sus ciudadanos reconoce su patrimonio, investiga su historia y la enseña y difunde.

En nuestra situación de sociedad conquistada, dominada y minorada nuestros ocupantes explican no sólo “su historia” sino que también nos “fabrican” la “nuestra”. La nuestra, la real, queda oculta y tergiversada. Cuando no nos mienten descaradamente.

Ellos utilizan la suya para reforzar su propia cohesión y “conseguir” la nuestra en su seno. El conocimiento de la historia real sirve como elemento emancipador en sociedades dominadas como la nuestra. Hay que conocer las raíces próximas y lejanas de los conflictos que nos oponen a nuestros conquistadores y dominantes.

Navarra fue conquistada, fue ocupada y dominada. Los conflictos que hasta hoy oponen a Euskal Herria con España y Francia hunden sus raíces en aquellos procesos de conquista. No lo podemos olvidar, ya que la única forma de resolver bien un problema consiste en plantearlo correctamente.

Vasconia con todo su patrimonio necesita para su supervivencia, en Europa y en el mundo, tener un Estado en pie de igualdad con el resto de estados. La recuperación de su Estado histórico, Navarra, es una buena vía para lograrlo.

La ignorancia, inducida por los medios de nuestros ocupantes (escuela, medios de comunicación y propaganda, coerción etc.) provoca sumisión y autoodio. La recuperación del conocimiento de nuestro patrimonio e historia, reforzando nuestra autoestima y la consiguiente capacidad de organización, puede ser el soporte de nuestra liberación.

08 marzo 2005

MÚSICA Y AUTOESTIMA

El asunto va del programa de mano de una representación de ballet. La obra en cuestión es Carmen (la de Bizet, obviamente, pero en versión ballet). El lugar de representación, el Kursaal de Donostia.

Cita, textual, de la presentación de don José (el amante Carmen y vasco, como ella) y de la propia Carmen:

"José, el vasco, procede de una región cuyos estrictos códigos morales se basan en el antiguo sistema feudal. Carmen, la gitana, vive en una ciudad más moderna e industrializada..."

Carmen es también vasca, lo que indica, en contra de lo que intenta transmitir el autor del texto, que la sociedad vasca, pese a todas las conquistas y despojos anteriores, es en el siglo XIX una sociedad plural, una sociedad que acoge e integra, en lo posible, muchas "culturas" y "modos de vida". Y eso es, precisamente, la cultura vasca y su riqueza.

El autor del texto comentado resalta un aspecto que, además, es erróneo y tendencioso, cuando no malintencionado. Mucho habría que hablar del "antiguo sistema feudal" en Vasconia. Es la forma más sencilla de menospreciar la independencia de los vascos a través de su único Estado independiente: Navarra.

¿Dónde está la autoestima del patronato que gestiona el Kursaal donostiarra para haber evitado lo que no sólo es un error de interpretación, sino un desprecio por la propia historia?

05 marzo 2005

MATRÍCULAS DE COCHES

Acabo de encontrar dos coches con las "nuevas" matrículas impuestas por el Ministerio del Interior español. Una era CFN, la otra DGS. Curiosas ambas.

La primera, CFN, es Comunidad Foral de Navarra. Esa Navarra que nos quieren vender como la "Navarra real". Cuando propusieron este modelo de matrículas parecía que determinados nombres, malsonaltes, "oficiales" (¿hay diferencia?) se iban a suprimir. Pues CFN no se ha suprimido; queda como "un apelativo más" dentro del conjunto de matrículas españolas de coches. Navarra es mucho más que la corta, reducida y castrada "comunidad foral". Es una nación conquistada y un Estado secuestrado. Y desde España queda como una simple "matrícula" de automóvil.

La segunda, DGS, es el símbolo de la famosa "Dirección General de Seguridad" del franquismo. Puede ser signo de que sigue existiendo, que está viva. Y si no, que se lo pregunten a los inculpados en el proceso 18/98. Es hora de repetir, una vez más, que el actual régimen es prolongación del franquismo y que la famosa "transición" de los años setenta del pasado siglo, fue, en realidad, una transición "intratotalitaria": el totalitarismo franquista dio paso al totalitarismo postfranquista.

En Euskal Herria y Países Catalanes, por lo menos, el modo de sufrir el unitarismo del Estado español en uno y otro caso ha podido variar formalmente, pero no en el fondo. El sujeto de la soberanía sigue siendo el "pueblo español" del cual formamos parte obligada por el "justo derecho de conquista".

La Vasconia histórica, y la historia es hasta hoy (recordar "El presente como Historia" de Paul M. Sweezy), se oculta y tergiversa. El mañana está soportado por la voluntad de quienes asumen la historia del momento como responsabilidad actual y futura.

En este sentido, para la recuperación de la memoria histórica y la puesta en valor de nuestro patrimonio, una dirección importante es la de Nabarralde .

MÚSICA CON VARIACIONES

Reconozco que la música siempre me ha acompañado. Me ha proporcionado emociones gozosas desde muy joven. Recuerdo la primera vez que escuché la quinta sinfonía de Schubert a la Orqusta Santa Cecilia de nuestra capital, Iruñea, dirigida por Javier Bello Portu. No tendría 16 años. Muy poco más tarde, en Donostia, escuché una "propina" de la Orquesta de la Radio Televisión francesa, dirigida por Charles Munch, que me puso los pelos como escarpias. Al día siguiente la obra estaba en el programa y era... ¡la obertura de Los Maestros Cantores, de Wagner!

Hoy sigo escuchando música en esta Vasconia de nuestros pecados y me encuentro con que el "buque insignia" de nuestras orquestas, pomposamente llamada "Orquesta Sinfónica de Euskadi", no tiene rubor en incluir en su programa, en una obra de estreno, el siguiente texto: "Lehen aldiz interpretaturiko obra, estreinaldia Espainian. Obra interpretada por primera vez, estreno en España". Y esto en los programas que interpreta en Bilbo, Donostia y Gazteiz y, por supuesto, en Iruñea. Evidentemente para los gestores de "nuestra" orquesta estas cuatro ciudades son... España.

Y no se lo pierdan, la interesantísima idea de contextualizar cada obra en su época, aun conteniendo datos realmente significativos, está trufada de otros, relacionados con la historia de España, que no viene a cuento. O bueno, vienen a cuento para recordarnos que para ellos, los gestores, estamos en España.

¡Quousque tandem...!