27 febrero 2012

PARADIGMA FORAL Y BIZKAITARRA



Leído el artículo de Juan Karlos Pérez ('El fuero de Vizcaya', Deia) es necesario convenir que lo que afirma es cierto y que responde a lo que ha sido la realidad histórica del Señorío de Vizcaya, por lo menos desde el siglo XV hasta nuestros días. A una conclusión diferente se llegaría si consideráramos al conjunto de la nación vasca y un periodo de tiempo más amplio. El trabajo constituye un modelo de lo que es el paradigma foral o el bizkaitarra a la hora de enfocar nuestra historia, nuestra situación en el mundo y nuestras perspectivas futuro.


La historia de los vascos comienza mucho antes de que Vizcaya acceda al estatus de “sujeto político”, siempre relativo por su subordinación a la monarquía de Castilla. El mismo autor lo reconoce al hablar, por una parte, de su dependencia de la Chancillería de Valladolid en los aspectos judiciales y, por otra y muy significativa, en su explicación a la razón por la que los fueros tenían que estar escritos “en castellano”, para que el señor de Vizcaya –rey de Castilla- los pudiera entender. En ambos casos se manifiesta con claridad el diferente rango político de Castilla, Estado soberano, y Vizcaya, como entidad aneja y supeditada al mismo.

La euforia del foralismo bizkaitarra expresada por Juan Karlos Pérez descubre las limitaciones de su planteamiento y se ubica en una territorialidad y nacionalidad hispana, no en una realidad nacional y estatal del conjunto vasco. Las “realidades jurídico políticas” de las que habla Juan Karlos Pérez, por el contrario, asientan sus orígenes en el primitivo Derecho Pirenaico, hecho recogido por el propio José Antonio de Aguirre en su carta de 1946 a Ceferino de Jemein, en la que trata con profundidad estos asuntos y reconoce el origen pirenaico de la organización política vasca, centrada primero en el reino de Pamplona y en el de Navarra posteriormente.

El Fuero Antiguo y el Fuero General de Navarra expresan una filosofía política semejante a la del de Vizcaya, sólo que con algo más de dos siglos de anticipación. Y, además, constituían el soporte de un Estado europeo independiente, soberano, y que fue la máxima expresión política que los vascos construyeron a lo largo de su historia.

Desde una perspectiva nacional, pienso que no se puede despachar la guerra de banderizos con la consideración de un simple conflicto interno, en un “intento de unos de sobreponerse sobre otros”. Además de que el fenómeno, que se produjo en el conjunto de lo que entonces eran Vascongadas (Vizcaya junto con Alava y Guipúzcoa), tuvo una relación directa tanto con los conflictos del siglo XII, cuando, como indica Aguirre en el texto de su carta a Jemein, se produjo la traición a Navarra de los Haro y los Guevara y su paso al servicio de Castilla, como con la conquista, en 1200, de Alava, el Duranguesado y las tres tenencias navarras que posteriormente constituirían Guipúzcoa.

Otra forma en que se expresa el “paradigma foral” en este artículo y su olvido del hecho nacional vasco, y su consiguiente incardinación hispana, se produce por partida doble. Por un lado, menciona las libertades de Castilla y la guerra de las Comunidades, pero no hace referencia alguna a hechos contemporáneos, tan trascendentales para Vasconia, como la conquista y ocupación de Navarra por España, ni del decisivo papel que jugó la derrota de los comuneros en Villalar en la de los navarros en Noain en junio de 1521. En efecto la derrota de los comuneros supuso la posibilidad para Castilla de disponer de todos sus efectivos militares contra Navarra. Por otra parte, cuando habla de “Castilla y Levante”. En una perspectiva europea global se conoce como “Levante” a las tierras del Oriente Medio. Cuando Juan Karlos Pérez habla de “Levante” parece que se quiere referir a un país con nombre y apellidos, el País Valenciano, al que los españoles han arrebatado nombre y personalidad, para convertirlo en una denominación geográfica relativa a su “centro”, Madrid.

La ideología que subyace al artículo es de sometimiento, el punto de vista del colonizado que se vanagloria de su dependencia y subordinación. Aunque no aparezca con claridad, el texto es un híbrido entre el foralismo decimonónico de los carlistas y el bizkaitarrismo de Arana Goiri y expresa con claridad las limitaciones de ambos modos de ver la realidad vasca. Es una ideología que acepta y celebra su dependencia y subordinación.

Termina el artículo con una pregunta retórica cuya mejor respuesta es otra, directamente política y que afecta de pleno a la realidad actual vasca: ¿Por qué no plantear directa y rotundamente la exigencia de un Estado propio?