14 julio 2014

NESTOR


Néstor, que a todos superaba en el consejo…

¡Vigilad así, hijos míos! No sea que alguno se deje vencer del sueño y demos ocasión para que el enemigo se regocije. (Néstor)

ILÍADA

Se nos ha ido, a los noventa años, uno de los grandes del arte vasco del siglo XX. Al tener noticia de su muerte he recordado al Nestor clásico, el de la Ilíada y la Odisea. El narrado por el aedo Homero. En ambas epopeyas, el personaje presentado por Homero aparece siempre como el consejero experto y equilibrado, la persona de experiencia a la que todos atienden y siguen sus juicios y que, cuando no lo hacen, pronto se percatan de su error. Tal fue el caso de Agamenón al privar a Aquiles de Briseida, del que presto tuvo que retractarse para deshacer la cólera y lograr su reincorporación a las huestes aqueas frente a Troya.

Nuestro Nestor, Basterretxea, ha fallecido hoy. Amigo de Jorge Oteiza con el que colaboró en tantos proyectos, fue uno de los parteros de la gran renovación artística iniciada entre nosotros en la segunda mitad del siglo pasado. También nuestro Nestor ejerció, como el clásico descrito por Homero, la labor asesora, aconsejante, a quienes, más jóvenes, se acercaban al magisterio de su experiencia.

Este breve recuerdo no pretende hacer una exposición de sus méritos en el campo de las artes plásticas. Otros, expertos, lo pueden hacer con mucha mayor capacidad. Intento recomponer el compromiso militante que siempre mantuvo Nestor con su patria. Es hora de abandonar complejos y de valorar el patriotismo como una virtud cívica de primera magnitud, sobre todo en una tesitura como la nuestra. Vivimos en una situación no democrática. Una  nación que no disfruta del estatus normal del que gozan otras de su entorno. Una nación sometida a dos estados que, en la práctica, actúan como enemigos.

En contextos normales, el Estado es una herramienta de construcción social. Provee las instancias básicas para la convivencia de las personas y grupos bajo su control. Ofrece educación, cultura, sanidad, infraestructuras de todo tipo. Promueve el valor y uso de la lengua o lenguas que se hablan en su territorio. Tiene la capacidad de hacerlo visible en el concierto internacional.

Nuestro caso es, precisamente, el contrario. Nuestra lengua y cultura habrían desparecido si tal cuestión dependiera de los estados a los que estamos subordinados. Nuestra presencia internacional es irrisoria. Algo, poco, se salva de esta persecución gracias a los sistemas de convenio y concierto económico con el Estado español, mantenidos a duras penas y que navegan en mares cada vez más procelosos.

Nestor fue un incorruptible. Siempre estuvo con la gente de su pueblo, siempre se sintió incorporado en ese anhelo de recuperación de Navarra como el Estado de todos los vascos. Siempre se definió como un “navarro de Bermeo”. Sirvan estas líneas como un pequeño homenaje desde Nabarralde a una persona, un artista, que participaba de su mensaje y que, con su esfuerzo personal y artístico, siempre lo apoyó de forma incondicional y desinteresada.

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