11 febrero 2011

CAMÕES Y ETXEPARE

Hacia 1572 Luis de Camões publicó Os Lusiadas, un poema épico que nombra por primera vez en la literatura escrita al pueblo portugués. Según la leyenda recogida por el humanista André de Resende, este pueblo descendía de Luso, hijo del dios Baco, que conquistó por las armas el territorio que luego, y por tal razón, sería Lusitania, es decir el Portugal histórico.

No se sabe con certeza dónde nació Camões, si en Lisboa o en Coimbra. Parece que fue en 1524, dentro de una familia venida a menos, de la baja nobleza, y llevó una vida azarosa y complicada, vinculada con el hampa lisboeta. De esta ciudad tuvo que escapar varias veces. En una de ellas, en Ceuta, ciudad ocupada por Portugal desde 1415, perdió un ojo. En 1553 marchó a Oriente y en la India escribió el gran poema de la nación portuguesa. En 1570 regresó a su tierra.

En 1578, Camôes se enteró de la terrible derrota de Portugal en la batalla de Alcazarquivir, donde el rey Sebastián murió y el ejército portugués fue destruido por completo. Felipe II aprovechó este fracaso para conquistar Portugal y añadir su imperio a la monarquía española. Las tropas hispanas se aproximaban a Lisboa. En ese momento el poeta escribió al capitán general de Lamego que estaba contento no sólo de morir en su país, sino con él. Murió en 1580, año en que Felipe II se apoderó de Portugal.

En el momento en que Camões escribió Os Lusiadas, Portugal era un Estado poderoso y rico, con un importante imperio colonial, sostenido en su supremacía marítima. La conciencia de esa hegemonía queda perfectamente reflejada en el poema y en el éxito fulgurante que tuvo en su momento en Portugal. Precisamente, tras la conquista de Felipe II, esa conciencia expresada con fidelidad por Camões constituyó una de las bases de la resistencia nacional al dominio español.

Durante años se fue incubando la rebelión en Portugal. En 1640, tras la revuelta que siguió al intento del Conde-Duque de Olivares de usar tropas portuguesas frente a los catalanes alzados por su independencia, consiguió Portugal la suya, con apoyo británico. Como curiosidad, a partir de esa fecha, Portugal fue independiente mientras que Ceuta siguió perteneciendo a España.

Camões perteneció por formación y gusto al Renacimiento y al humanismo extendido en Europa durante el siglo XVI. Precisamente uno de los principales exponentes europeos de este pensamiento lo constituye Margarita de Navarra. Margarita nació en 1492 y falleció en 1549. Casó en 1527 con Enrique II de Albret, rey de Navarra tras la muerte de sus padres Juan y Catalina, que reinaban en los territorios libres de Navarra y Bearne tras la conquista y ocupación de la Alta Navarra por las tropas españolas de Fernando de Aragón y Castilla, y de su nieto, el emperador Carlos.

La Baja Navarra junto con el Bearne constituían los estados libres gobernados por la monarquía navarra y conocieron en esa época un gran esplendor cultural. Su cabeza visible fue Margarita. Los principales humanistas y reformadores europeos pasaron por su corte en Pau. Su nivel intelectual fue tan alto que el propio Shakespeare basó en ella su obra Love’s Labour’s Lost (“Trabajos de amor perdidos”), en la que aparece la trillada frase de que “Navarra será la admiración del mundo”.

Tras la muerte del rey Enrique, en 1555, le sucedió en el trono de Navarra su hija Juana III de Albret. Gracias a su iniciativa el euskera llegó a la modernidad mediante la traducción del Nuevo Testamento realizada en 1571 por Joanes de Leizarraga. En aquella época la traducción de la Biblia a las lenguas vulgares constituía un elemento fundamental en esa transición.

Años antes, en 1545, se había editado en Burdeos un libro de poemas de contenido variopinto, Linguae Vasconum Primitiae, escrito por el clérigo Bernat Etxepare, que nació en 1480 en Eiheralarre, cerca de Donibane Garazi. Fue el primer libro que se conoce impreso en euskera. Es decir, tanto el primer texto en euskera que conoció la imprenta como la primera traducción de la Biblia correspondiente al Nuevo Testamento fueron realizados por personas que pertenecían a Navarra, un Estado europeo independiente. En el segundo caso, por el encargo expreso de sus gobernantes.

Ninguna referencia a Camões o a su obra, Os Lusiadas, se puede entender sin una mención al contexto en que fue producida, escrita y publicada. Ningún autor riguroso trataría este tema sin un conocimiento mínimo de su tiempo. Nunca una exposición en la que se presentaran obras literarias del renacimiento portugués, comenzando por la obra de Camões, sería descrita al margen de la potencia comercial y política de Portugal, de las amenazas a su independencia por parte de España, ni del mantenimiento de la conciencia propia y del anhelo de la recuperación de su independencia.

Todo eso se ha hecho en Gasteiz con la exposición organizada por el llamado “Gobierno vasco” y denominada “Euskara jalgi adi plazara”. Pero no es sólo que quienes la organizan oculten todo esto. Quienes transmiten la noticia en los medios también lo hacen. Ni siquiera la prensa que publica en euskera ha mostrado el mínimo rigor de esta contextualización. Podía haber sucedido perfectamente que a mediados del siglo XVI un extraterrestre pasara por Iparralde, que hubiera aprendido la lengua de los nativos y que, antes de volver a su planeta, pasando por Burdeos la hubiese dejado en una imprenta.

Nos hubiera gustado titular este artículo “Etxepare y Navarra”, pero en estos términos nadie lo entendería. Visto lo visto, tal vez hubiera sido más apropiado “Etxepare en tierra de nadie”. Y, como eso no existe, al fin habría tenido que ser español o francés.

Este silencio referido, por sistema, a las claves de nuestro patrimonio, sea histórico, político, cultural o arquitectónico si se da el caso, nos conduce inexorablemente a la aculturación más nefasta y a la integración progresiva en los universos culturales dominantes, el español y el francés. Perdemos de vista quiénes somos, de dónde venimos, qué hemos sido o qué nos han hecho. La historia vasca, nuestra mera presencia, se vela tras una cortina de inexistencia. Nuestras obras no tienen autoría. Literalmente, no somos nadie. Y así nos va.

Angel Rekalde y Luis M. Martínez Garate

2 comentarios:

J. Bustillo dijo...

Suscribo todo lo escrito, en fondo y forma. La envidia de la virtud portuguesa, única nación que ha logrado librarse del yugo hispano, solo nos traerá bondades.

Shaudin Melgar-Foraster dijo...

Un artículo realmente interesante. ¡Muchas gracias!