05 noviembre 2012

VASCONIA Y SU INDEPENDENCIA



La independencia de sus naciones es un fantasma que nunca ha dejado de recorrer Europa. Hubo momentos en el siglo XX en los que, además, barría todo el mundo. Hoy parece que se ha vuelto a recoger en este Viejo Continente, sobre todo en su parte occidental, en la que se apoya en un viento que, parece, sopla a su favor. En efecto, Escocia, Cataluña, Flandes… son naciones que esprintan hacia su logro. En Vasconia florece la retórica independentista pero falla su concreción en una hoja de ruta capaz de llevarla a cabo con eficacia. En nuestra sociedad prevalecen la grandilocuencia y el tremendismo verbales de sus partidarios y se anteponen a la practicidad de los programas políticos concretos.

En la actualidad hay dos tendencias que confluyen en dar soporte a los empeños de estas naciones. Por un lado el lastre que suponen para Europa los estados grandes y corruptos de su espacio mediterráneo, como Italia o España. Por otro, la mejor capacidad de gestión y menor espacio para la corrupción, de los estados de pequeña dimensión, como Holanda o Dinamarca. Tenemos la tendencia a nuestro favor.

En nuestro país hay sectores para los que la historia y su forma concreta en cada sociedad, la memoria, no tiene valor frente a lo que denominan como su “voluntad” presente. Son personas y grupos que olvidan que la sociedad es un proceso en reconstrucción permanente, pero que nunca parte de cero. En los conflictos actuales se concentran cientos de años de luchas, derrotas y frustraciones. Su desconocimiento y el de los mecanismos que nos han conducido al presente y al proyecto de futuro que podamos imaginar, engendrarán todavía más desilusión y nos llevarán, en mi opinión, una vez más al fracaso.

Existen otros que basan el futuro en los derechos imprescriptibles de una nación conquistada, ocupada y subordinada en un largo proceso histórico de minoración y que fían su resolución a tribunales internacionales, como si se tratara de un asunto de justicia formal. No se percatan de que todos estos hechos, por violentos e injustos que hayan sido, sólo tienen valor si la sociedad del presente tiene capacidad y fuerza suficientes para ponerlos en valor y ejercerlos.

En este 500 aniversario de la ocupación de la parte más importante, demográfica y territorialmente, del Estado de los vascos, Navarra, se ha hecho desde muy variadas instancias sociales una importante labor de recuperación de la memoria histórica, de reame moral, de ambición para afrontar un futuro libre y soberano.

También este año ha aparecido un libro de gran interés para el conocimiento de un proyecto ideado en la etapa napoleónica por el político labortano, Joseph Garat. Con motivo de la ocupación de la península Ibérica por sus tropas, Napoleón planteó una especie de “zona de exclusión” entre el sur de los Pirineos y el Ebro. Cataluña, Aragón, Navarra y Vizcaya fueron “zonas de gobernación especial” (militar cuando menos), al margen del propio reino de España, en manos de su hermano José.

En esta coyuntura, Garat imaginó un Estado vasco, asociado a Francia pero independiente, que incluiría a las poblaciones de ambos lados del Pirineo. Al pensar que los vascos descendían de los fenicios inventó su nombre: “Nueva Fenicia”. Presentó su plan a Napoleón, quien si bien no lo acogió negativamente tampoco lo hizo con demasiado entusiasmo. La posterior “caída en desgracia” del labortano y la ulterior derrota militar del emperador, hicieron que su proyecto no pasara de tal.

Con este pretexto, Iñigo Bolinaga nos ofrece un trabajo formalmente análogo a su anterior “El testamento”. Se trata de una narración novelada, con estilo ameno y ágil, con mucho diálogo y que se lee de un tirón. Lo que es una buenísima señal, sobre todo cuando no hay que descubrir ni al asesino ni la trama de intereses oculta. La situación política de la época, en Francia, en España y en Europa en general, aparece muy bien reflejada. Por detrás hay una gran labor de documentación.

Todo lo que cuenta Bolinaga es historia: los personajes y los hechos. Las palabras concretas puestas en sus bocas no serán exactamente las que dijeron, pero están en el campo de la verosimilitud. Yo he disfrutado particularmente de la conversación entre Joseph Garat y Alexander von Humboldt, geógrafo, expedicionario y hermano pequeño de Wilhelm, el primer lingüista moderno en interesarse seriamente por el euskera.

Este trabajo nos introduce en un tiempo que para Europa fue muy convulso y en el que es importante conocer que se manejó la hipótesis de una Vasconia independiente. Así lo fue, soberana, hasta los inicios de la modernidad, en los que vio frustrada su evolución por los intereses de los dos estados absolutos e imperiales que la rodeaban. En aquella época quienes hacían la política, fundamentalmente, eran los notables, mientras que el pueblo sufría sus consecuencias  En los siglos XIX y XX son las masas quienes toman el protagonismo político. Es el pueblo el que persigue su emancipación a través de los movimientos democráticos y sociales, entre los que surge, con gran peso, el de la libertad de las naciones sometidas a los diversos imperios.

Conocer un hito, poco estudiado, del camino hacia la liberación refuerza nuestra autoestima. Es un arma –atractiva y provechosa- añadida a la lucha por nuestra emancipación que debemos agradecer a Iñigo Bolinaga.


Referencia bibliográfica

Bolinaga, Iñigo
“La alternativa Garat. El proyecto napoleónico de crear un Estado vasco”
Donostia-San Sebastián 2012.
Editorial Txertoa