19 septiembre 2012

LA URGENTE INDEPENDENCIA



Es clásica la distinción entre lo que es importante y lo que es urgente. Muchas veces se ha reflexionado sobre la importancia de lograr un Estado propio para poder consolidar políticamente los principales anhelos de nuestra sociedad. Es evidente para muchos de nosotros la importancia que tiene un Estado para lograr la normalización de una lengua, Ya sabemos que con eso no basta, pero también que es condición necesaria. Otro tanto puede decirse sobre la enseñanza de la historia, la transmisión, la ubicación de los lugares de memoria de una sociedad. En una frase, en el afianzamiento y proyección de su identidad a futuro.

De lo que no se ha debatido es de su urgencia. En el momento presente hay dos motivos por los que la independencia se ha convertido en urgente. La primera es la necesidad de solucionar el gravísimo problema de los presos y exiliados. Hoy en día no se percibe en nuestra sociedad la capacidad de ejercer una fuerza suficiente sobre los estados español y francés para cambiar su política en este sentido. Un Estado vasco soberano e independiente dentro de Europa tendría una capacidad de negociar este problema con España y Francia varios órdenes de magnitud superior que los movimientos y presión que ejerce nuestra inerme sociedad actual frente a las losas de sus legislaciones, judicaturas y ejecutivos. Un Estado vasco tendría capacidad para negociar soluciones, resolver extradiciones, recuperar a sus exiliados, etc.

Hay otro motivo que provoca la urgencia de lograr un Estado propio que aúna dos circunstancias que se están produciendo simultáneamente, no por casualidad, en nuestro entorno más próximo. Una es la marcha imparable de Cataluña hacia su independencia. Los años de ninguneo, expolio económico, persecución de su lengua y cultura y, en suma, de humillaciones sin cuento, han conducido a que la sociedad civil catalana se haya puesto en marcha, haya iniciado un proceso muy claro y, previsiblemente, rápido hacia el Estado propio y haya arrastrado en el mismo (un millón y medio de manifestantes se dice pronto…) a sus políticos catalanistas más tibios.

El otro es la debilidad total del Estado español. La crisis mundial se ha cebado en sus eslabones más débiles (¡quién se lo iba a decir a Lenin!). España es uno de ellos y no el menor. En mi opinión la efervescencia catalana no es ajena a este hecho. Su ventaja es que se han colocado dentro de la tendencia general (Québec, Escocia, Flandes…) y han sabido aprovechar el quebranto de España.

Nosotros deberíamos ser capaces de aprovechar todas las olas, la internacional, la propia derrota de España, el aliento catalán, la urgencia que requiere el problema de nuestros presos y exiliados y la necesidad de ser independientes para seguir existiendo en el mundo con una cierta tranquilidad, aun dentro de sus convulsiones y problemas. En un mundo en el que los agentes políticos siguen siendo los estados, ser sujeto exige tener uno propio. Ya que no se puede vivir al margen de un Estado, en lugar de depender de dos que nos son hostiles es mejor hacerlo de uno propio. No solucionará todos los problemas de inmediato, pero los hará más sencillos y con una solución más próxima.

Opino que el momento de la declaración unilateral no puede ser diferido. Por eso me resulta extraño que en ninguna de los programas electorales para la próxima convocatoria de la CAV aparezcan referencias a la independencia, ya no sólo a su necesidad, algo obvio, sino, sobre todo, a su imperiosa urgencia.

Pienso también que el nuevo Estado debe recoger en su primera declaración de independencia y en sus bases jurídicas internacionales la soberanía arrebatada injustamente al Estado de los vascos, Navarra. Más todavía, su legitimidad internacional sigue viva y creo que es el momento de ejercerla. 

Eneko Urliaga

Noticias de Navarra (2012/09/21)