19 septiembre 2017

CATALUNYA: TAMBIÉN ES NUESTRA LUCHA

Se avecinan momentos históricos, cruciales, de los que transforman la historia de las naciones. Y, como ocurre en estos casos, son acontecimientos cargados de esperanzas pero también de amenazas para las gentes que los promueven.
Tras años de denuncias ciudadanas, movilizaciones multitudinarias, reclamaciones y la natural frustración por no ver atendidas sus demandas, la situación en Catalunya ha dado paso a un escenario inquietante. El referéndum de 1-O está ahí delante, como un horizonte de autodeterminación tangible; y a la vez, la inminencia y la certeza de su resolución ha desatado las peores tradiciones del Estado español. Vemos a jueces que emiten condenas, que prohíben derechos fundamentales, reunión, información, voto, a fiscales que abren procesos inquisitoriales; la Guardia Civil ha salido a la calle, a asaltar imprentas, a detener, a imponerse, en su mejor estilo de cuerpo represor de motines; los gobernantes no se cortan en sus advertencias y admoniciones… La maquinaria de castigo, un estado de excepción, o de sitio, o de guerra si hiciera falta, está en el aire. No está declarado, puede ser cualquier cosa, lo que los gobernantes del Estado consideren.
El conflicto está servido. La sociedad catalana, en un proceso de protesta pacífica y concienciación, de movilización pero también de argumentación y debate, se orienta a la construcción de un Estado propio, que le asegure su futuro. Pero el Gobierno español se ha cerrado en banda en todo momento, y se ha negado a cualquier argumentación, a facilitar cualquier negociación o contemplar siquiera la menor alternativa a estas pretensiones.
Conocemos la historia. Por mucho que se empeñe, España no es una nación; ni siquiera una nación de naciones, como a veces, en un rizar el rizo, se pretende. El Estado español es el resultado de una herencia que no prescribe; es la evolución de un imperio genocida, que no ha conocido ninguna interrupción en su núcleo, más allá de las colonias que a lo largo de siglos se independizan, que la desgarran y rompen. Y ello explica sus actitudes. Como en la fábula de la rana y el escorpión, se diría que los comportamientos se llevan en los genes. En estos momentos queda patente, lo dice en su Constitución, en su Carta Magna, que el principal artículo del Estado es el de la ‘indisolubilidad de la patria’. Cada independencia de una colonia ha sido, para el español, un trozo de España que se muere. No hay naciones en realidad en su ordenamiento; no hay libertades; no hay derechos; no hay ciudadanía. Todo se resume en esa unidad indivisible.
Podemos mirarnos en el espejo de Catalunya. Su lucha es la nuestra, la misma lucha contra el imperialismo que impregna los ministerios, los poderes y las esencias españolas. La justicia, el ejército, la prensa, los intelectuales… todo un régimen se posiciona al alimón contra la ‘colonia’ que aspira a ser independiente. En ese espejo catalán vemos que también nuestras libertades y derechos están en juego, que son libertades provisionales, que sirven mientras nadie toque el nervio del Estado, esa unidad esencial constituyente.
Como gentes libres, que aspiramos a un Estado libre, propio, proclamamos nuestra solidaridad y nuestro apoyo a Catalunya en sus reivindicaciones. Defendemos su derecho a ejercer la Autodeterminación sin violencia ni coacciones exteriores. Denunciamos la actitud totalitaria del Estado español y su conculcación permanente de Derechos Fundamentales.

Visca Catalunya independent!
Los primeros firmantes de este texto son:
Anastasio Agerre
Luis Mª Martínez Garate
Angel Rekalde
Para adherirse o ver la lista completa en Nabarralde

02 septiembre 2017

JOANIKOT PASTORALA

Este verano, el 30 de julio y el 6 de agosto, se representó la Pastoral Joanikot en las poblaciones de Altzai y Lakarri de Zuberoa. Varios miles de personas presenciaron la representación (se calcula que unas 3.000 en la primera y 2.500 en la segunda); y se prevé que el próximo 10 de septiembre se volverá a representar en la Sala Baluarte de Pamplona.

Con un guión de la escritora zuberotarra Joana Etxart, esta escenificación popular narra la historia personal del capitán Joanikot que, en origen partidario del bando beaumontés, a la vista de las atrocidades de la tropa española tras la conquista de Navarra, se pasó al campo de los insurrectos y defendió la fortaleza de Donibane Garazi frente a la fuerza imperial. Apresado tras la derrota, fue (como nos explica Pello Esarte en su obra sobre la conquista de 1512) conducido a Pamplona, condenado, paseado por las calles, colgado, descolgado, decapitado y descuartizado, “poniendo su cabeza en lo alto de la horca”.

La pastoral, como cuenta Joana Etxart, es un homenaje a los defensores de Navarra, no tanto en la persona de reyes y reinas, habituales figuras de representación política, que hoy se nos atragantan, sino a través de la lucha de personajes populares, con menos intereses privativos y más comprometidas con la causa colectiva.

Pello Esarte detalla las circunstancias que rodean la historia y la intervención de Joanikot en la insurrección de 1521, su captura y la venganza hispana. “En agosto de 1521 Luis de Beaumont –condestable de Navarra, conde de Lerín y vizconde de Farfany- llegó a desempeñar el cargo de lugarteniente del virrey y capitán general, en ausencia del conde de Miranda y como tal acudirá a la toma de San Juan de Pie de Puerto al mando del ejército”. Recordamos que el relato nos sitúa en la tercera etapa de la guerra de Navarra, en el levantamiento colectivo facilitado por la insurrección de los Comuneros de Castilla y la liberación del país a cargo del ejército dirigido por el general Asparrots. En aquel entonces, “mientras tanto, la fortaleza de San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi), a cuyo frente figuraba el capitán Johanot de Arbela o Arbeloa, Juanicot, acompañado de navarros como Juan Remíriz de Baquedano y Juan de Jaso, resistió el bombardeo al que sometió la artillería castellana durante 21 días. Tras ellos, la plaza cayó conquistada al asalto de la caballería de Diego de Vera. El enfrentamiento armado entre las partes se saldó con la muerte de 300 defensores del fuerte. El alcaide de la fortaleza, Juanicot, fue apresado junto a sus compañeros y las cuatro banderas, y conducidos a Pamplona”.

La suerte de Joanikot fue trágica, ya que los españoles se ensañaron con él por su resistencia. Esarte nos cuenta: Respecto al alcaide de la fortaleza, el capitán Juanicote, y según el relato de un espía: el 25 de este mes (agosto de 1521) fue traído a Pamplona (…) el cual vino prisionero en manos del capitán Villars”. Su ejecución se efectuó al día siguiente.

El capitán Martín de Ursúa testimonió que el único delito del capitán Joanikot fue el de defender la fortaleza con sueldo de los ‘franceses’. Según su posterior testimonio vio: en la ciudad de Pamplona al dicho Juanicot, arrastrarlo, justiciándolo y después que lo justiciaron vio sus cuartos desperdigados (…) fuera de los portales de Pamplona.

La historia quedó registrada, documentada como una cumplida venganza; lo confirman algunos testigos de la ejecución de la sentencia, como el notario de la Corte, Miguel de Arbizu, que señaló haber visto al reo ‘pasar por la calle a ser ajusticiado’, o Sancho de Estella, que manifestó la crueldad y atrocidad del castigo infligido a Juanikote: “vio (este testigo) que lo tajaron e hicieron cuartos.” (Pello Esarte)

El relato de Joana Etxart goza de algunos aciertos, que pocas veces encontramos en estas historias recreadas, que le dan fuerza e interés. Por ejemplo, es una narración que se centra en Navarra, que toma a nuestro país como eje de la historia, y sitúa así la trama, las posiciones de los personajes, sus intereses y referencias. Ello nos permite, de esta manera, observar un escenario que pocas veces reconocemos, como es un país en su realidad perdida, sin divisiones territoriales, en una recreación de lo que entonces era. Es, pues, una epopeya navarra, en unos términos que hoy se nos escapan.

Por la Pastoral de Etxart, a diferencia de tantas versiones poco contextualizadas, circulan muchos de los personajes relevantes de la época histórica, tanto de Navarra como de Castilla, y así nos encontramos con la presencia parlante de protagonistas tales como el cardenal Cisneros, o incluso vascongados como Iñigo de Loiola o el duque de Nájera.

En Altzai y Lakarri participaron en la escenificación de la Pastoral más de 90 actores locales, entre ellos 15 niños. Jean Pierra Rekalt se hizo cargo de la dirección y Jean Louis Aranburu fue el responsable del canto y la música. La representación de esta obra en el Baluarte de Pamplona es una oportunidad excepcional para acercarnos a nuestro pasado, a nuestra cultura, a una visión de nosotros mismos que nos hace buena falta.

Angel Rekalde / Luis María Martinez Garate 

NOTICIAS DE NAVARRA 2017/09/02