06 octubre 2014

2016: UNA OPORTUNIDAD PARA LA CULTURA VASCA

A poco más de un año de distancia de que Donostia se convierta en capital europea de la cultura, la sociedad Motako Gaztelua y Nabarralde han organizado una mesa redonda (en el Museo San Telmo) con el título “Donostia, Europako hiriburu euskaldunena”.

Efectivamente, Donostia es la ciudad que tiene el mayor número de vascoparlantes de Europa (y del mundo). Cuestión que no es baladí, sobre todo cuando se erige, como punto de mira, en “capital europea de la cultura”. Sería lógico que las propuestas que se barajasen tuvieran al euskera y a la cultura vasca como eje de sus actividades. Desgraciadamente no es así y esa carencia centró la mesa redonda, con la participación de Joxe Manuel Odriozola y Pako Aristi –dos destacados intelectuales del país- para debatir sobre la situación que determina esta notable incongruencia. Se trataba de alcanzar una perspectiva más amplia, siempre desde la situación conflictiva que supone poseer una cultura minorizada, sin Estado propio y sometida a uno adversario que trabaja en su contra. Se incorporó a la mesa la escritora Patricia Gabancho, desde su posición catalana.

Tras la intervención de los ponentes se estableció un debate entre ellos, al que siguieron algunas preguntas del público presente.

Joxe Manuel Odriozola planteó la distinción entre cultura nacional y cultura étnica. La cultura nacional tiene como apoyo un Estado. Una cultura sin Estado se mantiene como étnica y su lengua cede terreno ante la del ocupante, que termina imponiéndose y sustituyendo a la propia. En este sentido, en el caso vasco no puede hablarse de cultura nacional. No es nacional en su territorio. La sociedad vasca actual no funciona en euskera y responde a lo que el ponente definió un “modo subordinado de socialización”. Sus manifestaciones, teatro, música, bertsolarismo, etc., son expresiones secundarias y supeditadas a las dominantes hispano-francesas.

Ya en el coloquio, citó la definición de cultura que daba Koldo Mitxelena como todo lo referente a las costumbres de vida, trabajo y relaciones entre las personas que conforman una sociedad. Las manifestaciones artísticas, científicas y técnicas son, evidentemente, cultura; pero no constituyen su elemento básico. No representan su corpus central ni garantizan la supervivencia de un pueblo. Citó el caso de Occitania, con un premio Nóbel de literatura –Frédéric Mistral-, en el que la situación lingüística está en fase práctica de extinción: conseguir un premio Nobel no es garantía de supervivencia lingüística ni cultural.

Odriozola destacó que Riga, Letonia, es la capital europea de la cultura de 2014. Claro está que se trata de la capital de un Estado y tiene control sobre su propia cultura a pesar de la fortísima rusificación sufrida durante la etapa soviética. Desde el restablecimiento de la independencia en 1989 esta sociedad ha forzado la recuperación lingüística del letón y ha tratado de implicar a los rusófonos en su programa cultural.

Normalmente las naciones minorizadas son débiles y disponen de escasa capacidad de respuesta frente a los embates de los estados uniformizadores. Son los casos de Bretaña y Galicia. Cataluña en cambio si ha tenido una gran capacidad de reacción y recuperación, pero ha estado unido a un progresivo proceso político de gran radicalidad democrática.

Patricia Gabancho, que nunca había estado en Donostia anteriormente, quedó extrañada, dijo para comenzar, de que en sus recorridos urbanos no hubiera encontrado referencias a la lengua ni a la cultura o a la historia propias. Dejaba entrever que una ciudad con esta carencia comenzaba con mal pie su andadura como “capital europea de la cultura”.

En cuanto a su propio país, se preguntó si se puede ser catalán sin hablar su lengua. No existe sociedad sin identidad y la identidad catalana tiene como tronco central su idioma. Por eso la actual ofensiva de acoso y derribo del Estado español contra el catalán en el País Valenciano, Islas y Franja del Ponent es un ataque directo a la propia nación.

Gabancho resumió las fases de recuperación de la personalidad catalana tras la derrota de 1714: económica, a finales del XVIII con la Junta de Comercio; lingüística y de dignidad y autoestima, con la Renaixença en el XIX; y política, con el catalanismo del siglo XX.

Expuso las razones por las que el actual proyecto político autonomista no puede cumplir sus objetivos en términos lingüísticos y de identidad, pero tampoco en los relacionados con infraestructuras y economía en general. Los catalanes no pueden ser una sociedad normalizada, no pueden hacer una vida ‘normal’ en España.

En el coloquio Patricia Gabancho planteó que el bilingüismo lleva a la biculturalidad y que, curiosamente, los escritores de Cataluña adscritos a la cultura española se posicionan en contra del actual proceso hacia la independencia catalana. Por el contrario, resaltó la importancia que en el momento actual está teniendo dicho proceso, un proyecto colectivo, sobre la reactivación de la lengua propia.

Pako Aristi reflexionó sobre las muchas cosas que se pueden hacer hoy en Euskal Herria, nación sin Estado propio, en el campo cultural. Consideró que la cultura vasca para existir exige tres condiciones: lengua, territorialidad y la existencia de una comunidad cultural. Frente a ello, a lo largo de siglos se ha provocado la fragmentación institucional del territorio y la sustitución lingüística.

Para revertir este proceso y acceder a una recuperación lingüística y cultural, planteó tres requisitos: el primero, amor a la lengua, a la cultura, al país; el segundo, la fuerza para defenderlo con cohesión; y el tercero, la inteligencia necesaria para formalizarlas.

En paralelo con lo expuesto por Odriozola habló del caso letón y de la labor desarrollada por la Unión de Escritores de Letonia; pero, sobre todo, del papel de la independencia política, de la finalización del proceso de rusificación y del respaldo al conocimiento obligatorio del letón. Con este objetivo se impuso el conocimiento del letón como condición para el acceso a la ciudadanía, con la exigencia de determinados plazos para acceder al mismo. Todo ello con la participación de la propia sociedad letona. Sobre esta cuestión, expuso también las políticas de memoria llevadas a efecto, como es el caso del “Museo de la Ocupación”, en el que se presentan las barbaridades practicadas durante la etapa de dominación rusa.

Presentó también el caso Noruego frente a las políticas, primero danesa y posteriormente sueca, de sustitución lingüística. Aristi afirmó que frente a más ocupación se reacciona con una mayor radicalidad lingüística.

También en el coloquio recalcó la necesidad de la independencia como factor fundamental de normalización lingüística y cultural, citó a Txillardegi –“con Estado propio quizás se salve el euskera, pero sin Estado está condenado a desaparecer”- y al caso citado por Odriozola sobre el Nóbel de 1904 a Mistral añadió el de Rabindranath Tagore en 1913, como únicos caso de premio Nóbel a lenguas no oficiales de ningún Estado: el occitano y el bengalí respectivamente.