01 junio 2014

OSASUNA

Osasuna. La salud. ¡A la suya señores! Osasuna es también el nombre del principal equipo de fútbol de Pamplona. Parece que en los últimos tiempos ambas acepciones del término, como sustantivo y como nombre propio de un club, andan por caminos revueltos.

La salud, el sistema sanitario, sea Osasunbidea u Osakidetza, está sufriendo profundos recortes que repercuten inexorablemente sobre la calidad del servicio que recibe el “paciente”; ¡uy!, ¡perdón! el “cliente”, que es la forma políticamente correcta de denominarlo en la actualidad.

Los recortes han producido estragos en muchos de los servicios que se creían garantizados por el “estado del bienestar”. Y, de modo alarmante, se han cebado en el sistema sanitario. Atención primaria, especialidades, listas de espera crecientes, etc. producen una grave sensación de impotencia y malestar… ¡en el cliente!, que es precisamente aquél de quien decían que siempre tenía razón. Parece que la tenía de bastante más calidad cuando era simplemente… paciente.

No obstante esta deriva sobre el deterioro del sistema sanitario, quisiera hacer una reflexión sobre el contenido del nombre propio. Se ha dicho muchas veces que el Club Atlético Osasuna es el único equipo de Vasconia que participa normalmente en la primera división de la liga española, hasta este año en que ha descendido a segunda, que llevaba un nombre en euskera. En efecto, ni el Athletic, ni la Real (¡vaya título democrático!), ni el Deportivo Alavés tienen nombre vasco.

Parece que los recortes asociados a la crisis, unidos a una gestión pésima, de la que no me encuentro capaz de hablar dada mi nula afición a ese espectáculo de masas que se conoce como fútbol profesional, han provocado su descenso de categoría.

Aprovechando eso de que “a perro flaco todo son pulgas” ahora resulta que Osasuna se ha convertido en el receptáculo de todas las obleas por parte de los sectores que, con pleno autoodio, aborrecen de lo propio. Ya se han escuchado voces que dicen que Osasuna no es lo más importante para Navarra (cosa, por otra parte, cierta), que el equipo de fútbol de una ciudad lleva “normalmente” su nombre (como ejemplos: Sevilla, Salamanca etc.) y otras muestras de menosprecio hacia… ¡Osasuna! Es decir que, por un lado, Osasuna es prescindible y que, por otra, lo obligado es que haya un equipo de fútbol en la Liga española que lleve el nombre de su ciudad, obviamente Pamplona.

Cuando hablamos de fútbol, aquí y ahora, estamos visualizando un mapa, nos estamos sintiendo “acogidos” por lo que ese mapa contiene de nacionalismo, dicen que banal, pero que de banal tiene muy poco. El espectáculo fútbol, “la liga”, es uno de los medios de nacionalización más potente de que disponen quienes controlan el poder en el marco del Estado español.

Incluso esa pequeña motita de polvo que puede empañar su “una, grande y libre” o su “Navarra foral y española”; ese mínimo desajuste que constituye el hecho de que haya tres equipos de fútbol vascos sin nombre vasco y que el único que lo lleva sea el de un territorio que ellos afirman que no lo es, les produce tal desasosiego, lo consideran tan importante desde el imaginario simbólico, tanto español como navarro, que tiene todos los visos de que creen llegada la hora de prescindir del mismo.

Si me pusiera serio diría que, si lo llegan a perpetrar, sería un atentado más (¡y van…!) contra el acervo pamplonés y de todos de los navarros, porque Osasuna es signo de salud, lingüística claro, pero sobre todo de memoria y patrimonio.