25 septiembre 2013

EUSKAL BIDEA

Caminante no hay camino; se hace camino al andar (A. Machado)

Tras comprobar en la Diada la fortaleza que demuestra la “Vía Catalana a la Independencia”, a través de la Asamblea Nacional (ANC), comentamos con algunos de la organización: ¿Cómo habéis logrado esta movilización descomunal, reunir tanta gente y con semejante orden? Es evidente que para conseguirlo se precisa la firme voluntad de una nación que, harta de España, quiere ser sujeto político con urgencia. Pero, en un sentido práctico, nos respondieron: hemos contado con 30.000 voluntarios. Desde la red “Independentistak”, uno de los presentes exclamó: ¡Ya nos gustaría reunir esa cifra en una manifestación!

Nos quedamos un tanto perplejos. ¿Sería impensable en nuestro país reunir 30.000 personas en una manifestación por la independencia? Más lejos aún, ¿no habría capacidad para encontrar esa cifra de voluntarios, si se planteara un proceso nítido, bien encaminado...? Pensamos que la respuesta es afirmativa, que hay entre nosotros ese mismo potencial (salvando las distancias proporcionales con Catalunya), o más. Claro está, con una serie de condiciones previas.

Quizás por ello hemos visto con mucho interés la iniciativa que presenta la Izquierda Abertzale. “Eraiki dezagun elkarrekin Euskal Etxea”, o con más brevedad, lo que llaman la “Vía Vasca”, en paralelo a la “Vía Catalana” que organizó la Diada del pasado 11 de septiembre, por la independencia de Cataluña, con más de 400 kilómetros de cadena humana.

De entrada, un punto sensato de esta propuesta es que no pretende realizar algo mimético a lo catalán. Las copias no siempre salen como el original. Las condiciones de partida son también distintas. Ya era hora de que alguien planteara en nuestro país una “vía” propia por la independencia; llevamos demasiado tiempo enredados en pleitos y conflictos que siempre son urgentes, candentes, pero no nos permiten avanzar, en las últimas décadas, un solo paso: presos, fiscalidades, gestión de instituciones, basuras, subidas y bajadas de banderas... Todo muy serio; pero sin movernos del sitio. Ya está bien; un objetivo claro: la independencia.

Otro capítulo, también acertado, es su llamada a la sociedad civil, a que ocupe su posición central sin dejarse suplantar y gobernar por las organizaciones burocráticas al uso, partidos y sindicatos. Si ello fuera posible, eludiríamos la camisa de fuerza de los ritmos electorales, el fuego cruzado entre facciones por la hegemonía, los intereses sectarios, la fijación cortoplacista de los objetivos, los protagonismos innecesarios, etc, etc, etc.  Con tales presupuestos, si se cumplen, sí vemos posible recuperar una capacidad de intervención que nos permita abordar retos equivalentes al de esa reciente Diada.

Una cuestión añadida, en la que entramos poco convencidos, es el llamamiento a que esta “vía” dé cabida a todos los ciudadanos, tanto a los que hoy están a favor como a los que están en contra de la independencia. Vocación de unidad, encomiable cuando menos. Por supuesto, a todos nos entusiasma la posibilidad de activar los distintos sectores del espectro ideológico al unísono; pero las cosas no funcionan en abstracto, y la unidad, como el camino, se construye paso a paso. No tiene mucho sentido hablar de aproximación de posturas y acercamiento si empezamos la casa por el tejado; si convocamos al enemigo, al contrario acérrimo a cualquier atisbo de soberanía para nuestra sociedad, y no somos capaces de convencer o dejar sitio al más cercano. Se apuesta por una vía que reúna a soberanistas y no soberanistas, pero tal vez sería más natural reunirnos antes quienes compartimos sentimientos y pensamientos. Quienes estamos abiertamente por la independencia; quienes creemos en la existencia (y el derecho a ser y decidir) de nuestro pueblo, quienes nos sentimos vascos, navarros, sometidos, con la urgencia de existir en el concierto del mundo con un lugar propio... Y luego, ya veremos.

Otra condición que nos preocupa y, en el contraste del éxito de la Diada, no vemos que se cuide, es que se necesita hablar sobre ello. Nuestro país lleva demasiado tiempo atascado, inmerso en procesos agotados, en un callejón sin salida, y no vemos que nadie trabaje otros horizontes. Si queremos independencia y proponemos una “Vía Vasca” para alcanzarla hay que pensarla, urdirla, debatirla, cargarla de razones, sugerir ideas, objetivos, iniciativas, propuestas... Hay que motivar a la población. Y entre nosotros no vemos ese debate. Se habla de proceso de paz, de nuevo estatuto... pero nada de ello nos orienta hacia lo que necesitamos. Hay que debatir de las ventajas de la independencia, de la dura carga de seguir bajo el despotismo de Estados ajenos, tan corruptos como España y tan jacobinos como Francia, de los retos de construir un Estado propio.

Por eso, saludamos con alegría la declaración de la Izquierda Abertzale en pro de la Vía Vasca, y quedamos a la espera de que nos aclare estas dudas, de que inicie los pasos, o simplemente los facilite, de que abra puertas al campo, y se inicie un proceso que nos acerque hacia la independencia. Como decía Machado, caminante son tus huellas el camino y nada más. Sin pasos no hay camino; nada más.