04 abril 2013

EL CIERRE DE LA HISTORIA

Ante la lectura del editorial de Gara del pasado 1 de abril, en relación con Aberri Eguna, he experimentado una primera sensación de perplejidad y otra, posterior, de enfado. En mi opinión, Gara incurre en reducciones graves y entra en un camino que lleva a la desorientación social y que es peligroso, sobre todo, por la ascendencia que tiene el diario en muchos sectores de nuestro país.

El editorialista afirma: "Para dar ese salto (el tránsito del ser nación al ser estado), tienen que llevar añadida una oferta sólida de un futuro mejor para toda la ciudadanía”. Es decir, centra el futuro político de Euskal Herria en cuestiones socioeconómicas y en una “gestión más justa y eficaz de lo que lo hacen ahora Madrid y Paris”. Con este argumento Gara aparca el elemento fundamental que constituye el motor de cualquier sociedad que aspire a ser nación y reduce su complejidad a un problema de bienestar material, a un conflicto económico-social.

Es sabido que el Estado es la herramienta fundamental para garantizar el desarrollo equilibrado, la cohesión y los derechos de personas y grupos de cualquier nación. Lo es también para que ésta sea un sujeto político en el mundo. Cuando una nación se encuentra sometida a un Estado extraño que actúa más como enemigo que como garante de los derechos y desarrollo de su sociedad, debe aspirar a lograr su Estado propio. Este es nuestro caso.

El logro de la independencia, del Estado propio, en una situación de dominio como el que ejercen los estados español y francés sobre Euskal Herria, supone una lucha política de primer orden.: Ante ella, desarmarse de argumentos que nos avalan, que explican las condiciones de dominación que determinan el presente, que movilizan a buena parte de grupos y personas de nuestra nación, es una postura que no tiene justificación. La memoria histórica es un patrimonio colectivo que refuerza la conciencia nacional y constituye el soporte de nuestra identidad; apostar por la desmemoria significa desnacionalizarse. Sin una lectura propia de la historia, principalmente la de su Estado, Navarra, no se entiende la realidad nacional en su conjunto, ni se explica la partición a que ha sido sometida durante siglos. La amnesia no supone un hueco dentro de la sociedad que olvida sus referentes, la olvidada memoria propia será invadida casi al instante por la de los que desde hace siglos quieren imponer las naciones que nos ocupan.

Los elementos pragmáticos que cita Gara son muy importantes y pueden tener gran efecto sobre sectores no identificados directamente con los elementos simbólicos de la nación, y que pueden asumir acríticamente el relato impuesto por quienes nos han dominado. No obstante, esta parte de la población nunca será la que lleve la iniciativa en un proceso emancipador. No será su base dinámica. Constituye un sector que apoyará el proceso y se sentirá cómodo en un Estado propio, pero que no será su pionero. Los elementos materiales por sí solos no tienen capacidad de movilización más que en situaciones extremas.

Por último, cuando Gara afirma “si la independencia se consigue o no va a depender de la adhesión masiva y libre de las personas”, comete el error de pensar que se puede producir una adhesión “libre” a un proyecto político de liberación sin conocimiento de la trayectoria que ha originado los problemas actuales. El papel de la memoria histórica es imprescindible para tener un relato propio que los explique y nos permita comprenderlos y así reivindicar la propia identidad del presente, como heredera de los conflictos anteriores. La memoria es un factor insustituible de reivindicación y, también, para la reparación de injusticias antiguas. Para tomar decisiones libres es necesario, entre otras cuestiones, conocer lo sucedido desde un punto de vista centrado en la propia sociedad.

Con editoriales de este tipo lo único que se consigue es favorecer la debilidad del pensamiento social y político propio y, por lo mismo, ponerlo en manos de la ideología dominante, del nacionalismo, sea español o francés. Es una línea roja que no se debería cruzar.