09 septiembre 2011

HISTORIA, MEMORIA Y MANIPULACIÓN


Toda la historia está escrita desde el presente, tomando en cuenta el conjunto de conflictos e intereses contrapuestos que se manifiestan en la sociedad desde la que se escribe. La historia es ciencia, pero es una ciencia muy especial. La selección de los hechos sobre los que un historiador pretende investigar y descubrir sus orígenes, evolución, conflictividad, consenso o desencuentro posteriores y sus resultados no es inocente. Tampoco lo son los límites espaciales y temporales que obligatoriamente debe poner a su investigación. Cualquier hecho histórico ocurrido en cualquier lugar está relacionado, tanto en la escala temporal, con hechos que le precedieron y colaboraron o participaron en su ocurrencia, como en la espacial, con acontecimientos que sucedían en su entorno geográfico más o menos próximo. Es imposible investigar a la vez todo sobre un hecho, todo sobre sus antecedentes y todo sobre lo que sucedía en el resto del mundo al mismo tiempo.

La selección de hechos que hace cualquier historiador no es nunca inocente, siempre responde a unos intereses sociales determinados. Por eso la historia, aunque sea con mayúsculas y se llame ciencia, no es neutral, sino que responde a los intereses y al conflicto del presente desde el que se la estudia. En este sentido, Raymond Aron, 1964, comentaba, Cada sociedad tiene su historia y la reescribe a medida que ella misma cambia. El pasado sólo queda fijo definitivamente cuando no hay futuro. Los hechos a estudiar siempre se eligen desde el debate político del presente. Como afirmó Edward Said, 2000, La escritura de la historia es el mejor camino para dar su definición a un país y la identidad de una sociedad es en gran parte función de la interpretación histórica, campo en el que se enfrentan las afirmaciones que se discuten y las contra afirmaciones.

Normalmente la memoria histórica es la base sobre la que se sustenta la selección de hechos que se ofrecen para la investigación histórica. Ahora bien, cuando en un conflicto hay vencedores y vencidos la memoria juega un papel ambiguo. Según Walter Benjamín, 1938, la memoria de los vencidos es la única vía para el resarcimiento de la derrota cuando ésta es considerada injusta. Si los dominados relegan la situación y hechos en los que fueron vencidos, el olvido constituye una segunda derrota que, según Benjamin, puede ser definitiva. La memoria es un factor emancipador de primer nivel. Por eso, los triunfadores tratan de hacer que los vencidos olviden la memoria de sus derrotas, que la tengan desdibujada o directamente tergiversada y sustituida por la impuesta desde el campo vencedor.

Se suele afirmar, con razón, que son los vencedores quienes escriben la historia y ésta es su principal arma. Sus historiadores tienden a dejar de lado muchas de las prácticas que caracterizan al método científico de la historia para lograr una versión favorable a los intereses de quienes triunfaron. La selección de hechos a investigar suele ser tendenciosa y, con frecuencia, los análisis de fuentes y archivos que realizan sesgados, parciales o simplemente manipulados. El documento recientemente descubierto por la historiadora Idoia Arrieta, 2011, sobre la conquista y ocupación de la Navarra marítima, Urzainqui y Olaizola, 1998, o País Vasco Occidental en 1200, en el que la propia denominación de conquista referida a San Sebastián aparece ocultada, con dolo, por parte del burócrata español de turno a las órdenes del político correspondiente al transcribir el documento, constituye en nuestro caso, el último ejemplo conocido de esta manipulación.

Otra expresión frecuente de la falta de rigor histórico sucede al no contextualizar bien, en su entorno geográfico y temporal, los hechos históricos y ofrecer una interpretación finalista de los mismos de modo casi constante. En el caso de Navarra es clara la manipulación que supone hablar permanentemente de su vocación hispánica, incluso desde etapas muy anteriores al surgimiento de la idea nacional española. Las historias de Navarra que nos ofrece el nacionalismo español, sobre todo las realizadas desde sus intereses en la propia Comunidad Foral del presente, son ejemplos reiterados de esta carencia de rigor.

El ofrecer juicios de valor sobre acontecimientos pasados con criterios históricos o sociales del momento actual, es otro de los fallos de método habituales en este tipo de historias. Un buen ejemplo lo constituye el tomar como referencia permanente para los límites de Navarra los de la actual demarcación administrativo política que supone la Comunidad Foral de ese nombre. Se pueden encontrar narraciones de la historia del reino de Navarra en la época de Sancho III el Mayor a comienzos del siglo 11, cuando ni tan siquiera lo era de Navarra sino de Pamplona, con unas mugas al norte que coinciden con precisión con las actuales entre los estados español y francés. Es reconocido, en cualquier ámbito relacionado con la historia medieval de Europa, que las posesiones de este rey se extendían de forma amplia por el norte del Pirineo. También lo es que la actual delimitación de mugas entre ambos estados procede de la Paz de los Pirineos datada en 1659, que en 1868 tuvo lugar un importante arreglo de límites entre los dos estados y, que fue modificada por última vez ¡en 1984!, con motivo de la construcción de la carretera de Roncal a Arette.

La historia ayuda y colabora a rectificar los excesos que la memoria de los vencidos había podido transformar en mitos. Pero también, y sobre todo, a desmontar toda la construcción de su falsificación u ocultación por parte de quienes resultando vencedores habían obtenido el dominio y expolio de los derrotados. Como dice Albert Balcells, 2008, la memoria y la historia cumplen dos funciones distintas en los procesos sociales, del mismo modo que la sociología o la ciencia política tienen objetivos diferentes de los propios de la acción social o política. La ciencia de la historia cumple un papel análogo al de las ciencias sociales y políticas, mientras que la memoria se encuentra mucho más próxima del activismo social o político. La historia se mueve de modo principal a través de la razón, mientras que la memoria lo hace, sobre todo, por la emotividad. La memoria tiene como base el testimonio y se expresa mediante rituales o ceremonias, la historia, por el contrario, pretende expresarse a través de un método científico.

La manipulación de la historia es un hecho común por parte de quienes sabiéndose vencedores pretenden la tergiversación, olvido o sustitución de la memoria de los vencidos. No se puede bajar la guardia ante la reiteración de sus interpretaciones poco rigurosas. No por repetir mil veces una mentira se convierte en verdad. La inexistencia de una obra breve, sencilla y actualizada de la historia de los vascos, sobre todo desde una perspectiva política propia, me ha llevado a escribir una síntesis histórica del conjunto de Vasconia considerada como sujeto histórico, a plantearla desde su propia centralidad y no como satélite que gira en torno a otros planetas ni como retazos aislados de las historias de los estados que actualmente nos dominan. He intentado mostrar a Navarra como el Estado histórico de los vascos; su máxima construcción política como Estado independiente y soberano. He tomado por hilo conductor su cultura social particular, especificada en el sistema Jurídico consuetudinario propio, también conocido como Derecho Pirenaico, codificado a lo largo de los siglos 12 y 13 en textos conocidos como Fuero Viejo o Fuero General. El pueblo construyó el reino, el reino devino Estado y el reino Estado nacionalizó la propia sociedad vasca, Lacarra, 1976. Sin su Estado histórico, Navarra, difícilmente hablaríamos hoy, en el siglo 21, de nación vasca.

Publicado en Euskonews 591, 2011/09/09-16