01 mayo 2011

UN MUNDO AL REVÉS

La prensa ha publicado estos días un artículo de Sabino Cuadra con el título “Érase una vez una lobita buena” que hace referencia a la conocida poesía de Goytisolo. Es triste pensar que la falta de originalidad no lo hace menos oportuno. Todos los días encontramos muestras de lo que Sabino nos recuerda. Ahí están las asombrosas (por no decir algo ofensivo) declaraciones de la señora Cospedal, Secretaria General del Partido Popular, que reclamaba la ilegalización de Bildu ante las próximas elecciones que se celebran dentro del ya muy restrictivo y antidemocrático, totalitario dirían algunos, régimen constitucional del reino de España.

Resulta sorprendente que una de las personas que quedaría ilegalizada, si el sistema político español accede a las presiones de la tal Cospedal, sería el actual alcalde de Gernika, la ciudad bombardeada hace 74 años por la Legión Condor bajo las órdenes del ejército sublevado el 18 de julio de 1936. Los generales Franco y Mola no sólo conocían la acción, sino que la habían planificado y ordenado. Fueron responsables directos de aquella atrocidad. Hoy es el día en que Alemania ha pedido perdón a Gernika por el brutal bombardeo, ya que alemanes fueron sus ejecutores inmediatos. Hoy es, también, el día en el que ningún gobierno del Estado español, ni ninguna institución del mismo, ha hecho lo propio.

Todo el actual sistema político español está basado en esa continuidad de poderes e instituciones que simbólicamente representa ese hecho de no haber pedido perdón por dichos actos criminales dirigidos contra la población civil. Entre ellos y en primera fila se encuentra, precisamente, el partido del que la señora Cospedal es Secretaria General. Resulta sangrante que la heredera política de quienes bombardearon Gernika en 1937 reclame en 2011 la ilegalización del alcalde actual de aquella villa, sin haber pasado nunca por una fase de solicitud pública de perdón y de arrepentimiento.

Por un lado puede parecer que estamos volviendo a una especie de punto de partida tras un largo recorrido en el que las cosas se complicaron por culpa de “los violentos” y en el que, los que quieren ejercer de compañeros de viaje de tales descarriados en su actual trayectoria, se ven por ello “contaminados”. Condenados, por lo mismo, a las tinieblas exteriores. La realidad es otra. No ha habido periplo. No hay una “vuelta”, ya que nunca ha habido una “ida”.

De pocos sistemas como del régimen español se puede decir con tanta propiedad la conocida frase del Príncipe de Salina en Il Gatopardo de Lampedusa: “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Y al final todo sigue donde estaba. El régimen de Franco se pudo maquillar e incluso travestir después de la muerte del dictador en su cama, pero la estructura social, económica y política profunda del Estado sigue estando en las mismas manos.

Los hijos de los que bombardearon Gernika son los que hoy piden la ilegalización de su alcalde. José Mari Gorroño, con el aire de quien no acaba de creérselo, lo ha dicho: “que dios nos coja confesados”. Es la frase justa de quien ha vivido toda su existencia con la memoria de los bombarderos en el cielo. Puede parecer un sarcasmo, pero es la cruda realidad de un sistema político totalitario surgido de la guerra y la muerte de inocentes, en el que impera la corrupción y la arbitrariedad. Y en el que la señora Cospedal aparece como la amenaza que asoma en el horizonte. Tantos años a vueltas con el terrorismo, es hora de preguntarse: las bombas de Gernika, ¿de quién son? ¿A quién amenazan?


Angel Rekalde y Luis M. Martínez Garate