23 mayo 2010

HISTORIA DE UN DESCONOCIMIENTO

Comunicación presentada al Congreso Euskal Herria-Países Catalanes, celebrado en Gasteiz del 10 al 12 de mayo de 2010.

1.- INTRODUCCIÓN

Recientemente se publicó un libro, suficientemente conocido en los ámbitos intelectuales de los Países Catalanes aunque, por desgracia, ignorado en el País Vasco, consistente en una larga entrevista a Joan F. Mira realizada por Pere Antoni Pons (2009).

Conviene indicar que Joan Francesc Mira (1984 y 2008, por ejemplo) es un referente intelectual de primer orden, no sólo del País Valenciano, sino de todo el ámbito de los Países Catalanes, por sus reflexiones sobre temas tan actuales como el hecho nacional, la identidad y otros muchos, tanto a nivel nacional como internacional.

Como consecuencia de su lectura extraje la idea del enorme desconocimiento que existe en los Países Catalanes sobre la realidad histórica y política del País Vasco. Como consecuencia escribí un artículo publicado por diversos medios digitales de los Países Catalanes, Página 26 , por ejemplo:

La Comunicación que presento a este Congreso responde, precisamente, a la necesidad de subsanar la ignorancia mutua, obviamente desde la perspectiva vasca.


2.- RELACIONES CULTURALES Y POLÍTICAS EN EL SIGLO XIX

La relación histórica fundamental de Vasconia siempre ha sido con la Cataluña estricta y muy escasa o nula con el País Valenciano u otros territorios de los Países Catalanes. En esta relación se pueden distinguir dos fases principales: la anterior al surgimiento del nacionalismo moderno con Arana Goiri y la posterior al mismo.

Todavía, justo en la fase anterior a Arana Goiri, las relaciones de Vasconia con el mundo catalán se establecen entre personalidades de la Asociación Eúskara de Navarra, como Campión y Olóriz..

Poco después (1888) Campión y Olóriz iban a mantener cordial relación y grande influencia en el catalanismo. El propio Prat de la Riba, figura cumbre, inspiró sus primeros escritos en la Cartilla foral de Navarra (1894), de Olóriz. (Etayo Zalduendo, 2004: 319)

Sobre la relaciones entre la Asociación éuskara de Navarra, los ya citados Campión y Olóriza además de Iturralde y Suit y Olave, con Cataluña y principalmente con personalidades como Pí y Margall y Víctor Balaguer, en primer lugar, y Mañé y Flaquer y Valentí Almirall un poco más tarde. Es de destacar la especial relación del éuskaro Serafín Olave con Pí y Margall, ambos unidos por su republicanismo federal. (Sánchez-Prieto / Nieva Zardoya, 2004: 147-181)

El fundador de la Asociación euskara de Navarra, Iturralde y Suit, pasó el final de su vida en Barcelona, donde falleció en 1909.

La familia Arana Goiri se trasladó en 1893 a Barcelona. Allí, sobre todo Luis Arana, hermano de Sabino y más que probable ideólogo inicial del movimiento nacional vasco moderno, tuvo su formación política y cultural.

A partir del momento en que surge el bizkaitarrismo (Juramento de Larrazabal en 1893) protagonizado por ambos hermanos y germen del posterior Partido Nacionalista Vasco, desde los Países Catalanes se percibe lo vasco principal, y casi exclusivamente, a través de Euzkadi primero y Euskadi en la etapa posterior a la muerte del general Franco y se acepta sin crítica la identificación de País Vasco con Euskadi y las tres históricas Provincias Vascongadas. Comúnmente, y hasta la etapa actual, se asume Navarra como una realidad diferente de “lo vasco”.


3.- NECESIDAD DE RECTIFICAR LA PERSPECTIVA

La perspectiva antes indicada responde hoy en día, sobre todo, al proyecto global del nacionalismo español y es aceptada como “normal” desde los Países Catalanes. En el presente trabajo intento desmontar esta construcción ideológica, creada a su medida y según sus intereses.

3.1.- Tres modelos para concebir Vasconia y explicar su proceso histórico.

La autopercepción de los vascos ha evolucionado históricamente siguiendo básicamente tres modelos o paradigmas: La interpretación de la realidad de Vasconia, tras la conquista de la parte sur del reino, la Alta Navarra, por Castilla a comienzos del siglo XVI se ha realizado en las edades moderna y contemporánea, fundamentalmente desde tres planteamientos diferentes que, aun siendo consecutivos cronológicamente, siguen coexistiendo, con mayor o menor fuerza, en el imaginario colectivo de nuestro pueblo. Estos tres planteamientos o modelos se pueden resumir en: el paradigma “foral”, el “bizkaitarra” y el “navarro”.

3.1.1.- Paradigma foral

Es el que presenta, por una parte, las primitivas relaciones entre el reino de Castilla y las Provincias como “pactadas” y, por otra, con el Reino tras la conquista, como una “incorporación aequae principal”, es decir de igual a igual, también “pactada”. Desde la perspectiva de las Provincias Vascongadas, un importante representante, ya en el siglo XVI, de esta visión es el historiador de la monarquía de los Austrias (Cronista oficial de Felipe II de España) Esteban de Garibay. También lo es Manuel Larramendi S.J., en el XVIII, así como parte del pensamiento de la tradición carlista en los siglos XIX y XX.

3.1.2.- Paradigma bizkaitarra

Es el que surge tras la derrota de la defensa del sistema foral vasco en las guerras carlistas. Arana Goiri, consciente de los movimientos nacionales en la Europa de su época, no rechaza el modelo foral, pero lo supera incorporándolo en una visión nacional. Arana, desde una perspectiva bizkaitarra y con una insuficiente reflexión sobre la realidad navarra da, no obstante, un paso de gigante. Afirma que los vascos no somos españoles ni franceses, que somos sencillamente vascos, que constituimos una nación y que tenemos derecho a nuestra independencia, a nuestro Estado propio.

3.1.3.- Paradigma navarro

Xaho, durante la primera guerra carlista, percibió o intuyó, como pone de manifiesto en su libro “Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos” (1865), la centralidad de Navarra en Vasconia. Posteriormente este enfoque se nutrió de los estudios y trabajos realizados por las personas que formaron la “Asociación Eúskara de Navarra” (1878-1886), como Arturo Campión, Juan Iturralde y Suit, Hermilio de Oloriz, Serafín Olave Estanislao Aranzadi y otros (Jimeno Jurío, 2007).

Anacleto de Ortueta, ya en el siglo XX, con su obra “Nabarra y la unidad política vasca” (1931), y su afirmación rotunda de la centralidad política de Navarra para el conjunto vasco; Federico Krutwig con su “Vasconia” (1962), quien con la mirada puesta en la “Gran Vasconia” constató su plena coincidencia con la máxima extensión del reino navarro y Pierre Narbaitz con “Navarra, o cuando los vascos tenían reyes” (1978) son aportaciones básicas. En la época más reciente ha sido fundamental “La Navarra marítima” (Urzainqui / Olaizola, 1998). Posteriormente Iñaki Sagredo, con los cuatro volúmenes de su trabajo sobre los “Castillos que defendieron un Reino” (2006-2009), obra en la que se superponen de forma precisa los datos arqueológicos sobre los castillos, la toponimia vasca y la territorialidad política del reino de Pamplona-Navarra.

Hasta el primer tercio del siglo XX, fue la parte de Navarra que conservaba su referencia nominal al Estado independiente de los vascos, quien llevó la voz cantante en las reivindicaciones políticas de la Vasconia ibérica (D’Oihénart, 1656) frente al Estado español. En la época de los intentos de consolidación de su Estado unitario, la “intelligentsia” hispana pronto se percató de la trascendencia política de la realidad y alcance internacional de Navarra y, tras los episodios bélicos del siglo XIX y la famosa Gamazada (1894) de su final, decidió la necesidad de neutralizar sus veleidades emancipadoras. Para ello utilizó infinidad de medios: legales, paralegales e ilegales, pero todos ellos ilegítimos. Hasta llegar a la política actual de Upn a la que, de inmediato, se sometió el PsoE. En todos ellos, la “razón de Estado”, español, obviamente, se impuso con claridad.

Todo lo citado en el párrafo anterior se desarrollaba, a comienzos del siglo XX, sobre una sociedad con graves carencias y limitaciones, consecuencia del esfuerzo bélico del siglo anterior. Las guerras y conflictos con su secuela de muertes, exilios, emigraciones masivas, conflictividad social, empobrecimiento general y delincuencia, provocaron un proceso profundo de postración y decadencia. En resumen, actuaban sobre un grupo humano desestructurado y, en gran medida, inerme.

Esta estrategia del Estado español se aprovechó también, sobre todo en la etapa conocida como “Transición” tras la muerte del General Franco, de los favores que sus “enemigos” les ofrecían en bandeja. Como ejemplo fundamental en este sentido tenemos la famosa disposición Transitoria Cuarta de la Constitución española de 1978. El planteamiento de “incorporación de ‘Navarra’ a ‘Euskadi’” no se podía haber hecho de forma más torpe, suponiendo que lo hubieran redactado quienes pretendían la reunificación e independencia de Vasconia. La simple pretensión de “incorporar” la parte simbólica, política, territorial, histórica y, durante mucho tiempo, demográficamente más importante del conjunto vasconavarro, el “reino”, al resto del país, hasta ese momento denominado en su parte ibérica (D’Oihénart, 1656) como “las Provincias”, resultaba un planteamiento, cuando menos, poco oportuno y con nulas posibilidades de prosperar en el territorio sudpirenáico denominado como Alta Navarra. Todo ello, además, bajo un nombre rechazado, Euzkadi, casi desde su invención por Arana Goiri (Campión, 1907).

Cuando Arana Goiri se vio en la necesidad de asignar una denominación política al país de los vascos, inventó la palabra Euzkadi sin percibir, posiblemente, que la organización política de mayor rango que había creado nuestro pueblo era un Estado que funcionó en igualdad de condiciones que el resto de estados europeos, con plena soberanía, durante muchos siglos y que su nombre ya estaba inventado: era Navarra. Cuando Sabino Arana creó banderas y símbolos para que el país se sintiera identificado y motivado como nación, principalmente la bicrucífera o ikurriña, ignoró todos los símbolos que, también durante siglos, habían representado a su Estado: el reino, primero de Pamplona y posteriormente de Navarra. Navarra ha sido la única organización política independiente y soberana de Vasconia, ha sido realmente el Estado de los vascos. Euskal Herria es la denominación del país, como pueblo, en relación con su lengua y cultura, pero su nombre político ha sido Navarra.

3.2.- Cuatro conclusiones provisionales

Opino que Navarra es un paradigma capaz de explicar y permitir una comprensión adecuada de muchos hechos que son realidades operativamente eficaces en la actualidad. Sin duda, pienso que el reino de Navarra, en su condición de único estado de pleno derecho a nivel internacional creado por los vascos, fue la organización social y política que permitió la supervivencia de nuestro país en condiciones aceptables, a pesar de los episodios de conquista, desmembración y violencia generalizada sufridos.

A modo de hipótesis, creo poder afirmar que la subsistencia secular de Navarra como Estado independiente propició o, cuando menos, facilitó:

a) La pervivencia del Sistema foral vasco tal y como se presentaba a finales del siglo XVIII. Sin la consolidación política del reino durante tan larga etapa histórica y la plasmación del sistema jurídico propio en leyes del más alto rango, seguramente no habría existido, o aparecería de forma muy distinta y empobrecida.

b) El mantenimiento de una sociedad vasca viva y con un fuerte sentido de pertenencia, prevaleciendo sobre las fronteras impuestas, tras las conquistas, por las monarquías española y francesa primero, y los estados español y francés más tarde; sociedad y pueblo reconocidos en cualquier instancia internacional, tanto científica como cultural, social o política.

c) La continuidad hasta nuestros días del vascuence como lengua viva. Sin el apoyo otorgado por las más altas instituciones del reino soberano durante el siglo XVI, mediante la traducción por ejemplo, del Nuevo Testamento por Lizarraga o Leiçarraga (1571), nuestra lengua difícilmente hubiera superado el tránsito a la modernidad como lengua de cultura. No se puede olvidar tampoco la pervivencia del Sistema foral vascongado como soporte social y político de la continuidad de la lengua vasca hasta nuestra época.

d) El planteamiento político nacional de Arana Goiri, por lo menos con la radicalidad que lo hizo. Creo, asimismo, que se puede afirmar con claridad que sin la pervivencia secular del reino de Navarra, Arana Goiri, su pensamiento claro está, no habría existido. Y, también, que es altamente probable que sin Arana Goiri tampoco se hubiera perfilado y concretado el paradigma navarro en su versión actual. El resultado es consecuencia de un bucle de realimentación positivo.

En cualquier caso de trata de cuatro hipótesis que podrán ser probadas, en parte o en su conjunto, o, en el mismo sentido, invalidadas o refutadas (Popper, 1994). El estudio de procesos políticos paralelos en otras zonas de Europa me lleva a intuir su corrección básica en general, sobre todo de las más controvertidas como pueden ser las referentes a la pervivencia del sistema foral y a la vitalidad de la lengua vasca. En este sentido son muy interesantes los planteamientos de Zuazo (2008) sobre la coincidencia en el tiempo de los procesos de desmembración del reino de Navarra con el surgimiento, o una mayor diferenciación de formas preexistentes, a lo largo de la Edad Media de los actuales dialectos vascos. De hecho, parece bastante probable poder concluir que una situación de unidad política, con organización propia independiente, como lo fue el reino de Navarra en este caso, se asocia a unificación o, cuando menos a no dispersión, lingüística.


4- LA MEMORIA Y EL PRESENTE

Las conquistas y ocupaciones no prescriben, por lo menos mientras las sociedades dominadas sigan considerando injustos y no sometidos a derecho tales actos. Por eso es importante saber que los vascos sí hemos tenido un Estado independiente. De este modo, al recordarlo, nuestra autoestima, nuestra dignidad, como sociedad se ve reforzada y la estrategia necesaria para el logro de la propia emancipación se podrá constituir más fácilmente. Incluso puede ser una base objetiva para su reclamación en instancias jurídicas internacionales.

La insumisión, la rebeldía, el apego a la equidad, la valoración del trabajo y de la palabra dada, el apoyo a las causas justas de cualquier rincón del mundo y muchas otras, son características incluidas en nuestra cultura social y política. Estas señas no se adquieren por “ciencia infusa” en un momento puntual del devenir histórico. Proceden del acervo de generaciones con una organización social y política asentada y equilibrada para su época, aun con las lógicas tensiones internas y externas propias de cualquier grupo humano. Organización sometida, más tarde, a profundos, convulsos y largos conflictos bélicos productos de la ocupación y resistencia consecuente.

A pesar de todo, la sociedad vasca del siglo XXI, sin Estado propio, sigue presentando unas características, fácilmente percibidas desde el exterior, que la diferencian de sus vecinas España y Francia. Para lograr la emancipación no basta con las características que objetivamente nos diferencian de nuestros vecinos. Es necesario, sobre todo, desmontar el edificio ideológico en el que se basa, desde la conquista, la justificación de su dominio.

Los conquistadores aplicaron con precisión el famoso “manual del ocupante”, que aunque no se halle escrito en ningún sitio con tal nombre, sí existe en la práctica. Consiste fundamentalmente en controlar la sociedad ocupada, sustituir lengua y cultura propias, provocar la amnesia colectiva y construir una nueva versión de los hechos violentos de modo que aparezcan como “uniones voluntarias”, “pacificaciones”, “progreso económico”, etc., realizadas mediante “pactos” y “acuerdos”. Como consecuencia de todo ello se inicia un proceso de asimilación e integración en la estructura de las sociedades dominantes. Muchos pueblos han sucumbido en esta fase. No obstante, cuando el sistema impuesto contraría las formas de ser, de hablar y de actuar de los propios del país, se produce rechazo y, ante actos violentos de asimilación y si se tiene capacidad suficiente, se responde con violencia de nivel estratégico, como es el caso de las guerras del siglo XIX, conocidas como Carlistas.

Los esfuerzos españoles por anular la conciencia de la sociedad dominada, su memoria, en el territorio que hoy conserva el nombre de Navarra han sido y son violentos y pertinaces. Un caso concreto y muy grave para nuestro pueblo, lo constituye la trivialización del contenido real del concepto “Navarra”. Para los autodenominados como navarros, hasta no hace demasiado tiempo, tenía un inequívoco valor político. Su contenido realzaba la realidad de un Estado independiente que fue conquistado, ocupado y sometido, aunque la propaganda española, con el vergonzante asentimiento de algunas elites colaboracionistas con los dominadores, lo reconvertía en “unión aeque principal” o en “pacto entre iguales”. Se trata de la misma monserga que justificaba el estatus foral de las Provincias Vascongadas, ocultando la realidad de su conquista y desgajamiento del reino. Del mismo modo se ha ignorado también el origen navarro, el reino de Pamplona, de La Rioja, ocupada por Castilla en una etapa anterior, en siglo XII.

La forzada transición de “reino a provincia” fue en un principio muy mal aceptada por lo que quedaba nominalmente del Estado navarro en el XIX (Rodríguez Garraza, 1968). En menos de un siglo su asimilación había sido muy fuerte. Sólo así se puede explicar la participación de importantes sectores, que habían sido resistentes a la misma en dicha época (principalmente el carlismo), en la rebelión militar-fascista de 1936. Cierto es que su sociedad sufrió en el XIX gravísimas pérdidas demográficas y llegó al XX con un relativo retraso, dentro del contexto europeo, en los procesos de industrialización, a pesar de sus evidentes avances en la modernización del mundo agrícola. La propaganda española achacaba estos desfases a su “obsoleto régimen foral”, cuando ellos, su sistema político, eran los auténticos responsables de tal situación.

No obstante, el conjunto de agravios a los que históricamente se había visto sometida la sociedad navarra permanecía de algún modo como “memoria” en nuestra colectividad y era, precisamente, un factor de cohesión y de fuerza política. No era solamente historia escrita sino, sobre todo, memoria de agravios pasados, con capacidad de intervención en la actividad política y social del presente.

La realidad es, aunque parezca una contradicción, que lo que hoy se denomina como Navarra no es realmente Navarra. Es una reducción (forzada), una desfiguración de la Navarra real. Tan lejana queda de Navarra, como visión política de Vasconia, la actual CFN, como la denominada, también en la jerga política española, CAV. En ambos casos se están aceptando las denominaciones impuestas por el ocupante. En este sentido es importante consultar la obra de Sorauren “Historia de Navarra, el Estado vasco” (1998).

Hay autores que contraponen el concepto de “Historia”, como concepto científico y estable, con el de “Memoria”, como cuestión interna y generadora de actividad y fuerza liberadora. Para esta visión, la “Historia” consiste en el proceso de acceso al conocimiento de los hechos que constituyeron las sociedades que nos precedieron. Muchos autores han criticado su pretensión de “objetividad” y una de las objeciones más importantes, y válidas para su logro, es que cada cual busca e investiga en la Historia según los intereses del presente con objeto de justificar su realidad actual. Tal actitud sesga ya definitivamente su pretensión de objetividad. La Historia oficial española busca siempre una pretendida convergencia hacia la unidad de las diversas “regiones” que hoy, según ellos, son España, aunque en épocas anteriores hayan constituido estados independientes. Nosotros buscamos, lógicamente ya que lo consideramos real, todos los testimonios que documenten nuestra independencia pasada y narren los procesos de conquista, ocupación y sometimiento que sufrimos.

El concepto de “Memoria” es básico. La memoria de los dominados, de los vencidos, no aparece en la “Historia” y si aparece es como parte fagocitada, recuperada, por la Historia de los vencedores. Nuestra “Memoria” de agravios y sometimientos es larga. Hay memorias permanentes como la de la conquista de 1512, pero que por desgracia no están operativas en la mente de todos los navarros con la fuerza crítica necesaria. El olvido, por parte de los vencidos, de la memoria de su derrota, de los elementos que la soportan, sean narraciones, historias o leyendas o bien sean lugares de recuerdo o geografías de memoria, supone una segunda derrota, tal vez definitiva, de la sociedad que sufrió la primera desde el punto de vista militar y político.


5.- EL ESTADO NAVARRO: PRESENTE Y FUTURO

Considero que lo que anteriormente he denominado como “Paradigma navarro” constituye el modelo que permite explicar más profundamente y con mayor rigor la trayectoria histórica de nuestro pueblo en su conjunto, por lo menos desde la constitución del reino en el siglo IX hasta los conflictos de los siglos XIX y XX. Pero opino, además, que el “Paradigma navarro” tiene mucho que aportar a la comprensión de la realidad actual del conjunto de Vasconia y a su proyecto de futuro, como Estado independiente.

El rapidísimo sesgo, la deriva, que está tomando la actual situación política del Estado español no hace sino confirmar la imperiosa necesidad del alejamiento de la misma por nuestra parte. Quienes llevamos muchos años manifestando la imposibilidad de una estructura democrática basada en el unitarismo del actual Estado español, en la consideración de que la soberanía popular reside en lo que los españoles consideran que es su “nación”, incluyendo forzosamente en ella a catalanes, gallegos y navarros, no podemos seguir manteniendo la actual farsa con la que se manifiesta su régimen político en el concierto internacional. Ellos la quieren validar como “democrática”, cuando es en realidad totalitaria.

La Constitución española de 1978 es una manifestación formal del contenido profundo de la realidad política que conforma la “constitución real” del Estado español. Los detalles, como su renombrado artículo 8º en el que se coloca a las fuerzas armadas como garantes de la unidad de la patria (española), por muy fuertes que parezcan, son un simple reflejo de la estructura política y social básica del régimen y de su origen.

Tras la “transición” española vinieron varias oleadas de independencias nacionales, en Europa sobre todo, con la reorganización política que supuso la caída del muro de Berlín y el derrumbe de los sistemas políticos del Este europeo, conocidos hasta ese momento como regímenes comunistas. Montenegro, en 2006, fue la penúltima en lograr su independencia. La siguiente, Kosovo en 2007. ¿Cuál será la próxima? ¿Escocia? ¿Los Países Catalanes? ¿Navarra, para cuándo?

La memoria histórica de haber sido conquistados se mantiene en la sociedad de la actual Alta Navarra (conocida vulgarmente como CFN), mientras que es muy escasa en la denominada como Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV). Pero la propaganda oficial del Estado español aprovechó, todo hay que decirlo, algunos graves errores políticos que en la ya citada “transición” protagonizaron los diversos partidos autodenominados nacionalistas vascos, que pretendían “incorporar” o “absorber”, a “Navarra” en la CAV. De ahí se ha seguido, en parte ya que tiene antecedentes tan remotos como la conquista de 1200, la falsa tesis que contrapone “Navarra” con “País Vasco” o a “vascos” con “navarros”. Y bien sabemos que una mentira repetida con insistencia acaba pasando por verdad. Sobre todo si se controlan los medios de comunicación y el sistema educativo.

Sectores importantes de la actual sociedad de la Alta Navarra mantienen una cierta conciencia política diferenciada con relación a la del resto del Estado español en cuanto a su lengua originaria, cultura y modos de vida propios en general, a pesar de la disolución que ha sufrido por la fortísima presión de los ya citados y sucesivos sistemas educativos y de los medios de propaganda, añadido todo ello a la represión política del propio régimen. La sociedad vascongada, en cambio, la que presenta una mayor penetración “nacionalista vasca”, mantiene un nivel relativamente alto de conciencia en los aspectos lingüístico-culturales, pero un desolador desconocimiento de su realidad histórica. Aunque, por desgracia, tampoco se puede decir que la actual sociedad de la CFN tenga un gran conocimiento de su propia historia.

Los españoles siempre han considerado Navarra como una cuestión de Estado, desde su conquista principal en 1512 hasta hoy. El desarrollo de la Primera Guerra Carlista en el territorio de la Alta Navarra supuso un enorme desgaste demográfico y económico. Tras la misma quedó una sociedad inerme, diezmada por la guerra y el exilio. La frontera del territorio en que se hablaba euskera retrocedió rápidamente, en beneficio del castellano por supuesto, en más de 40 Km. en pocos años (Angel Irigaray, 1974). El proceso aculturizador provocado por las autoridades españolas fue efectivo desde el punto de vista lingüístico. No tanto desde la perspectiva política propia, memoria en el sentido antes indicado, que ha seguido considerando la realidad de la existencia de un reino independiente y conquistado como algo arrebatado o, cuando menos perdido, pero siempre deseable de recuperar.

La actual política del Estado español sobre Navarra se analiza normalmente con una perspectiva coyuntural o cortoplacista, en función de los estrechos intereses partidarios. Esto da, en ocasiones, mucho juego y permite a nuestra imaginación construir grandes e ideales edificios. La triste realidad es que el actual sistema político español está creado precisamente contra Navarra y contra la nación catalana. Respetando su “democracia”, en su letra y en su trasfondo, nunca conseguiremos, ni unos ni otros, nuestra realización nacional plena. Siempre seremos elementos dispersos y subordinados, minoritarios en suma, a su voluntad “general”. Es necesario aportar por nuestra parte un importante plus social y político que fuerce el cambio de unas reglas de juego que, desde su interior y con los medios que ellas mismas permiten, aparecen como inamovibles.

La existencia objetiva de un pueblo no garantiza su supervivencia. Es necesario además, como afirma Ariznabarreta (2007), que ejerza poder, que tenga voluntad de ser y que lo manifieste explícitamente en su actividad cotidiana, social y política. Ese es el principal atributo, también objetivo, que caracteriza a un pueblo.

La necesidad real de lograr un Estado propio para ser y actuar en el mundo actual con nombres y apellidos propios, para mejor garantizar la buena supervivencia de nuestra sociedad y su patrimonio (lingüístico, cultural, social, económico etc.), para poder expresar nuestra solidaridad efectiva con otros “desposeídos de la tierra”, unida a las referencias históricas que configuran nuestra cultura política obtienen una respuesta coherente y positiva, precisamente, mediante el “paradigma navarro”. Nuestro “estado” en Europa y en el mundo, pienso que deberá ser precisamente el Estado navarro.


6.- EPÍLOGO: NAVARRA Y EL PAIS VALENCIANO

En muchas ocasiones, sobre todo desde los Países Catalanes, se plantea una posible semejanza entre la situación presente en el País Valenciano y la de lo que actualmente, según la actual organización política y administrativa del Estado español, se denomina como Comunidad Foral de Navarra (CFN).

Es indudable el paralelismo en la línea política de asimilación que sigue el Estado español, considerándola como “cuestión de Estado”, en ambos territorios. Tanto desde el punto de vista de política lingüística como de menosprecio de su propio patrimonio histórico y cultural. Es obvio el intento, en ambos casos, de provocar la división de las respectivas naciones, vasca y catalana, y azuzar las divisiones internas.

Hasta ahí las afinidades pueden funcionar, pero no hay mucho más. Las diferencias históricas y de conciencia producen realidades bastante lejanas entre sí. Evidentemente puedo hablar con más conocimiento de causa sobre la situación navarra que sobre la valenciana.

Navarra es el eje simbólico, histórico y político de Euskal Herria, mientras que el País Valenciano se construye como un apéndice del Principado de Cataluña en el siglo XIII, institucionalizado por Jaume I como reino, y que, poco a poco va logrando un desarrollo social, cultural y político cada vez más fuerte y con más personalidad, llegando Valencia, en algunos momentos, a eclipsar a Barcelona.

Pienso que los Países Catalanes, por lo menos el Principado de Cataluña, el País Valenciano y “Les Illes” se pueden concebir perfectamente como una federación de entidades políticas de rango semejante. En el caso navarro, las entidades que tras las sucesivas conquistas conforman lo que se puede conocer hoy como Euskal Herria, proceden, precisamente de la desagregación del Estado navarro, y son producto de conquistas y ocupaciones seculares, como se puede comprobar en la cronología histórica adjunta a esta Comunicación (Irujo, 1950).


7.- RESUMEN

Navarra constituye un modelo de lo que es un Estado conquistado, ocupado y dominado, con las correspondientes consecuencias sobre su sociedad nacional. Los modos de acción de los poderes castellanos, que enseguida se convirtieron en españoles, para derrotar la resistencia y asimilar su población tras la conquista en 1512-1524, son modélicos y predecesores de otras ocupaciones posteriores, en Canarias y América. En este sentido son fundamentales las obras de Huici Goñi (1993) y las de Esarte Muniain (2001 y 2007). Sobre la evolución de la lengua vasca son muy importantes los trabajos de Irigaray (1974) y Jimeno Jurio (1997 y 1998, sobre todo).

Por otra parte, la historia y la realidad política de Navarra pueden constituir el paradigma de un país, conocido desde tiempos remotos como Vasconia y que tras la derrota y asimilación de su Estado independiente, se ha llamado también, en textos clásicos de su literatura (por ejemplo: Pérez Lazarraga, 1564-67, Lizarraga o Leiçarraga, 1571 o Axular, 1643), como Euskal Herria.

El resumen del planteamiento que presento en esta Comunicación consiste en considerar Euskal Herria como el nombre lingüístico, étnico o cultural que se otorgan los vascos a sí mismos; mientras que el nombre de su Estado histórico es el de Navarra. Lo que sencillamente equivale a decir que los vascos son navarros desde el punto de vista político, como los lusos son portugueses.


8.- ANEXO

BREVE CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DE NAVARRA (Irujo, 1950)

824
Eneko Aritza, rey de Pamplona o, cuando menos, jefe militar. Durante la dinastías Aritza y Jimena se completa la territorialidad del reino y su dominio sobre los territorios vascones, con excepción de los acupados por los musulmanes, Banu Qasi, parientes de los primeros. Su plenitud tiene lugar con Sancho Garcés III “el Mayor”.

1035
Batalla de Atapuerca. Comienza la gran presión de Castilla y derrota y muerte del rey García Sánchez III “el de Nájera”. El reino pierde los territorios de Oña y Bureba.

1076
Muere asesinado el rey Sancho Garcés IV en Peñalén tras conspiración palaciega. Castilla y Aragón invaden el territorio navarro y lo ocupan durante 30 años. El rey de Aragón se convierte en rey de Pamplona.

1106
Alfonso I “el Batallador” recupera Vascongadas y el Estado propio.

1127
Pacto de Tamara en el que las mugas del reino vuelven a la situación de 1016.

1134
Al morir Alfonso I “el Batallador” Castilla ocupa La Rioja, hasta hoy. Durante este siglo las guerras continúan sin fin y las mugas sufren continuos cambios.

1177
Laudo arbitral de Londres entre Navarra y Castilla. Malmasin pasa a poder castellano

1200
La parte occidental de Navarra cae en poder de Castilla hasta nuestros días.

1460-63
Castilla ocupa la Sonsierra (La Guardia, San Vicente de la Sonsierra etc.) hasta hoy.

1512
El territorio que sigue llamándose Navarra es ocupado militarmente por Castilla.

1512-1524
Tras varios intentos de recuperación del reino, en 1521 su ejército es derrotado en Noain. La Alta Navarra queda en poder de Castilla hasta hoy. En la Baja Navarra y Bearne se mantiene el ejercicio soberano del poder por los reyes de Navarra.

1589
Enrique III de Navarra comienza a reinar en Francia como Enrique IV.

1620
Su hijo, Luis XIII de Francia, mediante el “Decreto de la Unión” provoca la unificación de los reinos de Navarra y Francia. Ocupación militar de Baja Navarra y Bearne.


9.- BIBLIOGRAFÍA

Agerre Azpilikueta (Axular), Pedro. “Gero”. Burdeos 1643. Pamplona 2003. Diario de Navarra.

Apat –Echerbarne, A. Seudónimo, véase Irigaray, Angel.

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Axular, Pedro. Ver Agerre Azpilicueta, Pedro.

Campion, Arturo. “Sobre el nuevo bautizo del país Basko”, “Defensa del nombre antiguo de la lengua de los Baskos”, “Sobre los nombres de la antigua Baskonia” y “Segunda defensa del nombre antiguo de la lengua de los Baskos” en la “Revista Internacional de los Estudios Vascos”. Paris 1907.

Esarte Muniain, Pedro. “Navarra, 1512-1530. Conquista, ocupación y sometimiento militar, civil y eclesiástico”. Pamplona-Iruñea 2001. Editorial Pamiela.

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