26 septiembre 2009

EL GOL DE ARENYS DE MUNT

El principal acierto de la consulta de Arenys de Munt (AM) del pasado domingo 13 de septiembre fue proclamar que sería un referéndum. Según el editorial de Racó Català, periódico digital catalán: “(fue) una maniobra genial. Porque francamente, lo de Arenys no pasaba de ser una encuesta, una votación que fácilmente podría haber pasado desapercibida un domingo cualquiera. Pero una encuesta no habría tenido el efecto deseado. En cambio llamarle referéndum desencadenó la histeria española, despertó la brunete mediática cavernaria, puso a todo el mundo en alerta, incluso a la maquinaria jurídica española”…“además con centenares de corresponsales europeos y mundiales haciendo de espectadores pasmados. El independentismo ha ganado esta batalla mediática”.

Es difícil pasar por estas circunstancias de Cataluña, y no compararlas con nuestra desangelada realidad vasca. El trasfondo del paralelismo de ambos procesos históricos y la presencia del enemigo común están ahí. También las diferencias, por supuesto. Sin embargo, las miradas que se han dirigido a AM han sido, a menudo, relativizadas entre nosotros por la distancia, e incluso se podría decir que por el escaso aprecio. Como del Plan Ibarretxe. Diríamos, ¡bah!, ya conocemos a los catalanes, eso no va a ninguna parte.

A nuestro entender, es una visión parcial y, nos tememos, muy desenfocada por nuestra propia miopía. No vamos a elevar la consulta de AM a la categoría de acto fundacional o al inicio de una estrategia definitiva. Pero sí que ha sido un acto inteligente y que se ha resuelto con más habilidad que muchas de nuestras torpes iniciativas cotidianas. De hecho, desde el Plan Ibarretxe a la ilegalización de cualquier acto u organización, uno de nuestros lastres es que vivimos siempre pendientes de la agenda oficial; es la nuestra una política de seguimiento, de reacción, de falta absoluta de imaginación y de iniciativa.

De entrada el debate que se ha impuesto en AM es más fértil, más centrado y de recorrido más largo que la mayoría de las polémicas estériles en que estamos enfangados a diario. El acto de AM ha colocado la perspectiva de la independencia en medio del escenario, sin divagaciones ni músicas celestiales. Independencia, Estado propio, en mayúsculas.

Que vaya a salir, o no, algo de ahí es otro cantar. Es harina de otro costal. Y dependerá de cómo se sucedan los acontecimientos. Pero ya este emplazamiento es una victoria de los intereses catalanes, una visión clara de sus objetivos estratégicos, una definición de su voluntad, una llamada de atención de lo que está en juego.

Otro punto a valorar es el soporte de la consulta, sustentada en la sociedad civil. Con un sistema político agusanado, lastrado por su marco estatal, controlado por el mecanismo regulador de una prensa bien aleccionada, financiado por el engranaje institucional, legal.... que el acto de AM se haya emplazado en el terreno local, en el ámbito municipal, desde la iniciativa social, es uno de sus grandes triunfos.

El ‘referendum’ de AM ha puesto, de paso, a cada uno en su lugar. A los partidos, a los políticos, los periodistas, al sistema judicial... Ha ofrecido una foto de familia de la esperpéntica democracia española: el PP de la mano del PSOE, los jueces y la Falange, cada uno en su función y con el obligado reparto de papeles. Todos retratados con el mismo rictus de pánico (hispánico), de furia y amenaza, por lo que pudiera suceder.

Y, no lo minusvaloremos, el desarrollo de la consulta ha roto esos mitos estrafalarios que circulan desde siempre: la identificación de la independencia con la irracionalidad, con el fanatismo, con la violencia desatada, con el caos, con las berzas... En AM una sociedad culta, sosegada, madura, ha mostrado y demostrado que la burricie, la intolerancia y la visceralidad caen del lado de los unionistas españoles.

Aunque hay mucho más, un aspecto imprescindible, a valorar, es el del resultado. Hemos leído que no es sustancial. Por supuesto que no es vinculante, ni sirve –hoy por hoy- para nada. Pero que un 40% de la población se manifieste por la independencia, precisamente en medio de esa absoluta falta de normalidad, con la presión del estado español, con la amenaza nada sutil de la presencia falangista, la prohibición judicial, la descalificación del presidente de la Generalitat, la falta de costumbre y de garantías de actuar en democracia real...y que pese a todo un sector cuantitativamente notable de la población exprese esa decisión clara y resuelta, es un acto político tremendamente significativo. Si con todo el peso español de la historia reciente estas cosas se dan así, con un cambio de circunstancias, en cualquier momento favorable, el peso de la opción votada puede ser definitivo.

Esta virtualidad es la que ha escenificado AM: la posibilidad real, racional, sin tragedias ni sainetes, de la independencia catalana. Por encima de falanges, del sistema político, de instituciones corruptas, de serviles medios de comunicación y demás. Con un canto en los dientes nos podríamos dar aquí.
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P.S.: Las realidades cotidianas (acuciantes muchas veces), enfrentándolas a las cuestiones abstractas, se nos dice, lejanas, de los intereses de la población real, responden en el fondo a la trágica situación de una nación que depende de dos estados cuyo interés histórico ha consistido en su olvido (por el norte) o en su expoliación (por el sur). Poco de bueno podemos esperar de ambos para solucionar satisfactoria y democráticamente los problemas que llaman “reales”: crisis, paro, vivienda y no digamos violencia o terrorismo. Nuestra asignatura pendiente consiste en centrar el debate en su punto crucial: la necesidad del Estado propio.

Angel Rekalde y Luis Mª Mtz Garate