03 mayo 2009

ESTAMOS EN EL SIGLO XXI

Realmente me resulta difícil aceptar que se pueda plantear, aquí y ahora, una opción dinástica como salida democrática a la dura situación de Euskal Herria en el momento actual. La única posibilidad real de emancipación pienso que debe surgir de la fuerza social del mismo pueblo, sin buscar legitimidades monárquicas, o de cualquier otro tipo, sustitutorias de su propia capacidad.

Es evidente que no se puede hablar, en abstracto, de formas de gobierno, pero ese es un debate de otras épocas históricas. Hoy las monarquías no sólo son formas obsoletas, sino que, principalmente, conllevan un estigma de origen. No existen legitimidades "de origen". Tal planteamiento suena al rancio tradicionalismo de Vázquez de Mella con su teoría de la doble legitimidad, "de origen" y "de ejercicio". Por mucho que una determinada familia descienda, genéticamente, de una dinastía que reinó en el Estado navarro, ese origen no tiene validez alguna en nuestra época. Más aún cuando su aparición acontece tras un silencio de siglos.

La única legitimidad real procede de un pueblo con conciencia y voluntad de serlo. Todo lo demás nos encierra en una reivindicación legitimista decimonónica y que sólo nos conduce a una posición inviable desde un punto de vista democrático y que, además, nos llevaría a un desprestigio político fácil de utilizar por nuestros tradicionales enemigos.

Nadie puede reemplazar a la propia sociedad, al propio pueblo, y a su fuerza. Máxime cuando en este caso sus representantes no constituyen precisamente un modelo de conocimiento de sus orígenes, historia y perspectivas universales; y sé de lo que estoy hablando. Considero que su intromisión es puro oportunismo y, como ya se ha dicho, utilizable con facilidad en contra de nuestra libertad.

Cuando los vascos logremos recuperar nuestro Estado independiente, Navarra, podremos plantearnos, si hay quien lo propone, nuestra forma de gobierno. Si será una república (confederada, federal, unitaria o cualquier otra) o una monarquía. Pero eso constituye, en todo caso, un debate posterior.

Mientras tanto tiene que ser el pueblo el que lleve la iniciativa.

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