21 abril 2009

IMPOSICIÓN DE LOS IDIOMAS

En una entrevista publicada en el periódico Noticias de Gipuzkoa del 21 de abril Terry Davis, Secretario General del Consejo de Europa, afirma que: “Si uno tuviera que imponer el idioma a la gente debiera hacerlo de una manera lo suficientemente atractiva para que esa gente quiera aprender el idioma. Obligando a aprender estás reconociendo tu debilidad, es un reconocimiento de que no eres capaz de atraer a la gente.”

¿Obligar como signo de debilidad? ¿Eran débiles los imperios chino, romano, español o británico cuando impusieron sus idiomas en los amplísimos territorios y poblaciones que estaban bajo su dominio? ¿Era débil el Estado francés cuando impuso a sangre y fuego la destrucción de lo que según ellos no eran más que “patois”? Es evidente que el Estado francés era más poderoso que el español y así mientras el primero fue capaz de aniquilar hasta su casi exterminio idiomas como el occitano en todas sus variantes, el bretón, el catalán o el euskera, principalmente, el segundo tuvo menos éxito en ”la promoción atractiva de su lengua”, aunque también lo intentara con ahínco.

Cabe la posibilidad de que Davis se refiera únicamente a las lenguas “no importantes” y dé por supuesto que las “importantes” no tienen que justificar su imposición, ya que es algo natural y “compañero del imperio”, que diría el inefable Nebrija. Las primeras, algo así como “reliquias etnológicas”, tendrían que “seducir” (Josu Jon dixit) a sus hipotéticos futuros hablantes.

Lo que sucede es que la imposición de las lenguas “importantes” es invisible, se produce como algo “natural”, se hace la labor “sin que se note el cuidado”. Un caso en este sentido, y del que procede la expresión, se encuentra en la "Instrucción secreta" que el fiscal del Consejo de Castilla, don José Rodrigo Villalpando, trasmitió a los corregidores del Principado de Cataluña el 29 de enero de 1716:

"...pero como a cada nación parece que señaló la naturaleza su idioma particular, tiene en esto mucho que vencer el arte y se necesita de algún tiempo para lograrlo, y más cuando el genio de la nación como el de los catalanes es tenaz, altivo y amante de las cosas de su país, y por esto parece conveniente dar sobre esto instrucciones y providencias muy templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note el cuidado..."

El autoodio inducido desde los púlpitos en los que predican los valedores de la lenguas “importantes” produce frases extremas como la famosa de Unamuno: "lo mejor que podría aportar el vascuence a la humanidad es desaparecer". La principal tarea de quienes persiguen nuestra lengua consiste en presentarla como “de poco valor”, o directamente inútil, para vivir en el mundo actual.

El problema es que contra campañas de ese estilo poco se puede hacer exclusivamente con el voluntarismo personal, factor necesario pero no suficiente. Una vez más se muestra la necesidad de un Estado propio como elemento imprescindible para lograr su normalización efectiva. Con Navarra como Estado independiente al norte del Pirineo, en el reinado de Juana III de Albret y bajo su protección, se publicó la traducción al euskera del Nuevo Testamento por Joanes de Leizarraga, con lo que nuestra lengua pasó a ocupar un lugar entre las lenguas de cultura. Hoy, simplemente, se trata de lograr que de nuevo sea lengua “importante”, como idioma oficial de la República de Navarra.