12 marzo 2008

MÚSICA, MAESTRO KAHANE

Constato clara y distintamente, como diría Descartes, que un elemento tan aparentemente "apolítico" como es la música, en muchas ocasiones se ve acompañado de poderosas cargas de política "profunda".

Quienes sigan las entradas de este blog comprobarán que, efectivamente, hay varios comentarios críticos referentes al ámbito musical, casi todos en relación con los programas. En algunos se trata del programa del concierto en sí mismo y de su inoportunidad política, mientras que en otros, fundamentalmente en conciertos de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, la mención crítica la recibe el redactor de los programas.

Hoy, con un cierto retraso, el comentario va por la "actuación" en el escenario de un director. Estoy hablando del concierto, ofrecido por la Fundación Kursaal junto con Cultura Musical en Donostia, del pasado viernes 7 de marzo de 2008.

El programa era espléndido y la Orquesta de Cámara de Los Ángeles lo bordó. La actuación del pianista Uri Caine, de primera, y su director, también. El único pero estriba en sus intervenciones orales. Efectivamente, Jeffrey Kahane tanto al comienzo del concierto como al final, justo antes de la "propina", y expresándose ambas situaciones en un correctísimo español, expresó unos comentarios claramente políticos. Soy el primero en deplorar, criticar, desautorizar y lo que haga falta, el atentado de Arrasate, pero de ahí a tener que aceptar sus palabras sobre la pertenencia de Donostia, y por lógica extensión del conjunto de nuestro país, a España, median muchas leguas de distancia.

Lo siento, pero no estamos para comulgar con ruedas de molino. Kahane ese viernes no estaba "en España". Donostia, villa de fundación navarra en el siglo XII, no es España. Mal que les pese a muchos, el conjunto de Vasconia tampoco; recordemos que Navarra fue conquistada y ocupada por las armas; y aún seguimos. Y al señor Kahane, persona con alto nivel cultural y, supongo, sin intención de meterse en política, le aconsejo que se informe de la realidad de la sociedad ante la que habla antes de abrir la boca.