27 agosto 2007

MÚSICA Y POLÍTICA

La Quincena Musical constituye la cúspide de los eventos musicales que a lo largo de cada año acontecen en Donostia. El pasado jueves 23 de agosto asistí a un recital de la soprano fiterana María Bayo, incluido en su programación.

Cuando, hace meses, se presentó el programa general y encontré su intervención no dudé en el interés del concierto. En la presentación aparecía, textual y exclusivamente: “obras de G. Bizet, H. Berlioz y selección de zarzuela”.

Una persona amiga, ya me había indicado desde Bilbao sobre la precariedad del programa que María Bayo realizaba en esta temporada. Y, además, de su sesgo político. También conocía algunas críticas desde Catalunya, concretamente del festival de Perelada.

Al llegar al auditorio Kursaal y leer el programa completo, intuí una primera parte interesante y una segunda, en cierto modo, “folklórica”. En efecto, la primera obra del programa era la superclásica, en todos los sentidos del término, “Sinfonía en Do Menor” de George Bizet con orquesta limpia, sin voz. Una preciosidad.

A continuación, dos obras de Berlioz, ahora sí, con María Bayo. La primera, una exquisita aria de la ópera “Béatrice et Bénedict”, creo que maravillosamente cantada; la segunda, un Bolero de “Zaide” que encaja a la perfección en lo que se conoce habitualmente como “españolada” y que, aunque no soy crítico musical sino un simple aficionado, me pareció muy pobre.

En mi opinión, la segunda parte del recital ofreció también un escaso balance, sobre todo desde el punto de vista de la programación seleccionada. La piezas orquestales de Jerónimo Giménez insertas en la primera línea del nacionalismo musical español del siglo XX, los intermedios de “Las Bodas” y “El Baile de Luís Alonso” respectivamente, son fragmentos de una buena factura y agradables de escuchar. Por el contrario, la música de la Obertura de “La Marsellesa” de Ruperto Chapí me pareció fuera de lugar. Obligar al público donostiarra al trágala que supone el escuchar el himno nacional francés y uno de sus cánticos emblemáticos como es el: “Ah ça ira, ça ira, ça ira...” en una pobre orquestación, es muy triste. Por lo que corresponde a las obras cantadas en esta segunda parte... demasiado “folklore” (en el peor sentido de la palabra) también. Posiblemente con la excepción cubana de “Cecilia Valdés”.

Sobre este concierto se me ocurren dos reflexiones que se superponen. Una, puramente musical, en la que aprecio un programa que desmerece tanto de la propia María Bayo, como de la Quincena Musical de Donostia. En este sentido recuerdo un precioso recital en el Victoria Eugenia en el que interpretó los “Cuatro líeder” de Richard Strauss; difícilmente olvidaré la primera ópera que le escuché en el Arriaga bilbaíno, “El Barbero de Sevilla”, y tantas otras a lo largo de su carrera. Recuerdo, también, un recital en el Baluarte de Iruñea con música de zarzuela del siglo XVIII, música española también pero alejada de ese género seudofolklórico que se ha denominado como “españolada”; y bastantes otras.

Cuando se prepara un programa musical no se puede hacer abstracción de la realidad social y política en la que se va a producir el evento. La música española me puede gustar igual que la italiana, checa o vasca, siempre que sea buena. Pero cuando se propone un programa mediocre, y esta es la segunda reflexión, en la que en la actual situación de Vasconia lo único que se enaltece es el nacionalismo, a través de las ya citadas “españoladas”... pues qué quieren que les diga: no me gusta. Y, además, me parece una provocación gratuita.